Aspectos Mediúmnicos

DIFICULTADES EN EL INTERCAMBIO MEDIÚMNICO

La mediumnidad está ligada a dos grandes leyes, ya conocidas desde la más remota antigüedad, como son la Ley de Vibración y la Ley de Afinidad.

La primera nos muestra que nada está en reposo y que todo vibra en el Universo: los minerales, los vegetales, los animales y, como no, también los seres humanos.

Los pensamientos y sentimientos vibran en una u otra frecuencia en función de su naturaleza positiva o negativa, repercutiendo sobre uno mismo y sobre todo aquello que le rodea. La ciencia a través de la física cuántica nos lo demuestra actualmente. Por ejemplo, se sabe que el ADN no es algo inmutable y que los genes se pueden ver alterados por nuestras emociones y forma de pensar o sentir, también está demostrado que la salud y la enfermedad tiene mucho que ver con el tenor mental y emocional.

La segunda ley, la de Afinidad, actúa por atracción, es decir, el semejante atrae al semejante. De tal forma que los pensamientos positivos, como pueden ser, de bondad, comprensión, amor, etc., atraen a seres que vibran en esa misma sintonía positiva y, por el contrario, los de naturaleza inferior; de odio, rencor, envidia, maledicencia, etc., atraen a espíritus que vibran en idéntica condición.

Por tanto, cuando hablamos de intercambio mediúmnico, hay que tener en cuenta estas dos grandes leyes, porque de ese modo podremos entender mejor los procesos y dificultades en ese intercambio, y la naturaleza de lo que se recibe.

En primer lugar nos hemos de fijar en el papel que juegan los espíritus superiores y los escollos que han de afrontar para conseguir llegar hasta nuestro plano, tan materializado y grosero. Hay que tener en cuenta que su vibración es sutilísima, en algunos casos se trata de espíritus que no encarnan desde hace mucho tiempo. Se encuentran, por tanto, alejados del ambiente espiritual terrestre, por lo que se ven obligados a realizar grandes esfuerzos de reducción vibratoria para acercarse a la nuestra.

Por utilizar un símil, es  como si se tratara de un viajero delicado que vive en ambientes limpios y sanos, tuviera que descender a una mina muy profunda para desarrollar una labor de auxilio y rescate, aportando ayuda y consejos muy valiosos para los mineros que allí trabajan; acostumbrados a un lugar en donde el calor sofocante, el aire escaso, muy viciado, y otros elementos tóxicos, forman parte de esa atmósfera. Sin duda que al viajero le resultaría muy difícil y no podría soportar por mucho tiempo dicho ambiente.

No obstante, pese a las grandes dificultades por las que han de atravesar los espíritus superiores, su trabajo abnegado lo realizan con gusto, no les importa los sacrificios y los esfuerzos cuando observan buena voluntad por parte de los encarnados, o cuando el orgullo, la vanidad y el materialismo no suponen un muro infranqueable; aunque sus mensajes puedan llegar sesgados, manipulados o con interferencias propias (del mismo médium), o ajenas (de los espíritus engañosos). Incluso, cuando se trata de médiums apartados del camino, los enviados de lo Alto, redoblan los esfuerzos para encontrar la manera de hacerse oír, llegar a aquellos que necesitan urgentemente orientaciones y un cambio de rumbo en sus vidas, muchas veces sin éxito.

Aunque existen, como es lógico, distintos niveles evolutivos, según el grado de elevación y progreso realizado, es en función de las necesidades y de la tarea que ha venido a realizar el futuro médium; el que unas veces sean asignadas las protecciones, o en otros casos, sean los propios espíritus bienhechores los que piden desarrollar una labor con determinados espíritus endeudados, por los lazos que les unen de otras vidas. De ese modo, se trata de un compromiso adquirido previamente con ciertos espíritus, para ayudarles antes  de su descenso a la materia para realizar un trabajo en común, que consiste en el auxilio a otras almas y, al mismo tiempo, que le pueda servir de rescate de los errores cometidos en el pasado. Estas protecciones, aunque puedan poseer una elevación significativa, se preparan previamente para permanecer en labor sacrificial, muy próximos a los ambientes densos de la materia, junto a encarnados que traen un compromiso de cierta importancia.

En el mundo espiritual son los seres pertenecientes a los planos más elevados los que determinan la perfecta coordinación y organización para que cada quien, cumpla, en base a su nivel y compromiso, las tareas que les competen, partiendo desde lo más elevado y descendiendo progresivamente hasta llegar al último eslabón que es el médium, el ser encarnado. Cada quien realiza su cometido en ese mundo espiritual. Es una cadena en donde, a mayor elevación, se le asigna una tarea más complicada y de responsabilidad, y a menor elevación, una tarea acorde a sus capacidades.

Dentro de lo que son las distintas posibilidades de auxilio espiritual, en lo que es la manifestación de la misericordia divina, y en su labor de socorrer a los más necesitados, algunos espíritus superiores, renunciando temporalmente a sus ambientes de dicha y plenitud, optan por encarnar, y así trasladar directamente el mensaje puro y renovador, siendo verdaderas antenas vivas y ejemplo para los demás, un foco de luz que contagia a quienes se les acercan con buena voluntad. No podemos olvidar a los grandes avatares de todas las épocas, muchos desconocidos para la historia oficial, y otros de renombre como, Hermes, Buda, Krishna, Jesús, Francisco de Asís, Antonio de Padua, Teresa de Ávila, etc.

Volviendo a esa labor de intercambio, hemos de destacar el verdadero ejercicio de tolerancia, paciencia y comprensión que realizan los protectores, porque apenas escuchamos sus consejos. La mayoría de médiums e incluso de grupos, solemos hacer oídos sordos a sus recomendaciones, pensando que son para los demás, o que son reflexiones bellas, producto de ideales muy lejos de alcanzar, sin darnos cuenta de la necesidad de trasladarlo al mundo de lo concreto, de aquello que vivimos día a día.

 ¡Cuántos grupos mediúmnicos escuchan los mensajes con curiosidad y rápidamente pasan a hablar de otras cosas domésticas! ¡Cuántos médiums olvidan rápidamente las recomendaciones recibidas, sin realizar el pertinente análisis y sin detenerse a desmenuzar los consejos vertidos por los espíritus superiores! Olvidando separar la paja del grano, esforzándose por captar, entre todos, primero, a través del diálogo constructivo; y luego, cada uno en la intimidad de su ser, las enseñanzas del día. Muchas veces repetitivas, por cuanto no hacemos suficiente caso de los consejos de quienes nos conocen y saben perfectamente cuales son nuestros compromisos, de aquello que se ha de corregir para que el médium, así como el resto de componentes del grupo, se pueda ver beneficiado por una transformación moral impostergable.

El carácter sutil y genérico que muchas veces tienen los mensajes, cumple la tarea de dejarnos el mérito a nosotros de su comprensión y aplicación en la vida cotidiana. Son pistas que pueden facilitar el trabajo de auto-examen, para encontrar aquellas deficiencias concretas que debemos de corregir y mejorar.

Su amor abnegado les impermeabiliza de cualquier sentimiento de frustración cuando observan poca atención en sus recomendaciones; puesto que la compasión, producto de su amor limpio, les hace comprender las dificultades de sus tutelados, consecuencia de nuestro atraso evolutivo y de la poca consistencia, o si lo preferimos decirlo de otro modo, la poca fuerza espiritual que todavía albergamos.

Esto no es óbice para que en los grupos de trabajo, cuando un médium se encuentra muy desviado de la línea correcta, y los esfuerzos que realizan los planos sutiles ya no dan resultado y, además se corre el riesgo de contaminar y perjudicar al resto de componentes, es entonces cuando la providencia divina provoca circunstancias que ponen al descubierto sus defectos, como nos señala el propio Allan Kardec, forzando a la toma de una decisión definitiva; o el cambio sincero o el verse apartado de dichas actividades para no seguir perjudicando al resto.

Cuando el problema va más allá, y se encuentra generalizado entre la mayoría de componentes del trabajo mediúmnico, entonces los espíritus bienhechores se apartan, y  se suele encargar la propia parte negativa, los espíritus engañosos, de desnaturalizar y desviar del rumbo, hasta alcanzar límites que suelen desembocar finalmente en su disolución.

Por todo ello, es muy urgente el hacer un esfuerzo para elevar el tenor vibratorio, para facilitarles la labor a los espíritus abnegados que fielmente nos acompañan en todo momento. No podemos olvidar nunca, que la mediumnidad no es un privilegio sino que es el producto de la misericordia divina, que actúa como un padre con sus hijos para rescatarlos del error, del sufrimiento y de la ignorancia. Ellos hacen todo lo que pueden, ahora somos nosotros, los que debemos de someter nuestros defectos para elevarnos y aproximarnos a su ayuda redentora. Pongámonos  pues manos a la obra.

 

José M. Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

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