Carta dirigida a ...

CARTA A UN AMIGO SOBRE EL SUICIDIO

Mi muy estimado amigo:

Espero que a la llegada de esta carta todavía no se haya producido un desenlace fatal en tu vida. Comprendo en parte tu enorme tribulación, y digo en parte, porque no me voy a arrogar el privilegio de saber tus más íntimos sufrimientos, tus más desagradables preocupaciones.

Estás al límite, sientes que ya no puedes más. Consideras que la vida no te ha dado lo que es justo, y si alguna vez lo has tenido, piensas que te lo han arrebatado sin piedad.

Antes de que tomes una decisión, permíteme querido amigo que te exponga brevemente algunas consideraciones.

La Tierra se formó hace aproximadamente 4.500 millones de años. En su origen los elementos que formaban parte de su masa, se agitaban buscando muy lentamente acomodarse, en un proceso que ha durado millones de años con una finalidad última, la de albergar vida. Posteriormente esa propia vida se fue diversificando hasta la misteriosa aparición del ser humano, para que éste, a su vez, pudiera desarrollar sus capacidades, fruto de su trabajo y libertad. Es importante saber que no estamos hablando del azar, porque no puede existir orden en la naturaleza sin una causa inteligente.

Gracias a la evolución de ese gran proyecto nacido hace tanto tiempo, el ser humano ha podido desenvolverse, ha desarrollado grandes cotas de progreso en casi todos los órdenes de la vida. Ese “Gran Arquitecto” que se ha tomado tanto trabajo en acogernos y facilitarnos un hogar, no lo ha podido hacer con el objetivo último de hacer felices a unos y de perturbar a otros, haciéndolos sufrir, condenándolos a vivir en el fracaso y la frustración; sería absurdo, sin sentido.

Esta reflexión nos puede ayudar un poco para ver las cosas desde otro ángulo. Centrados en nuestros problemas, encerrados en nuestro caparazón personal, no nos permitimos la posibilidad de observar la vida desde otro prisma mucho más amplio, más realista. Y digo realista, porque muchas veces asociamos equivocadamente realismo con desgracia o cualquier otra cosa de carácter negativo. Nos acostumbramos a esa clase de mirada, de análisis nefasto y degradante.

Invariablemente, tanto el dolor como los reveses de la vida han de tener una finalidad trascendente. Formamos parte de ese gran proyecto universal y el hombre es su pieza fundamental. Es quien posee inteligencia, sentimientos, ingenio y un sinfín de capacidades. ¡Cuantos ejemplos tenemos alrededor y no nos damos cuenta! Personas con graves problemas que han sabido resarcirse, salir airosos, con dignidad y la cabeza bien alta.

A pesar de que el mundo está lleno de sufrimiento, también está lleno de personas valientes que están superándolo”. – Hellen Keller

Pensar también  que no todo ha sido dolor y angustia ¡Y qué decir de los buenos momentos en la vida ya olvidados! O las situaciones difíciles de las que hemos salido airosos, achacándolo a la “buena suerte”, al “azar”, a la “casualidad”… ¡Qué pronto olvidamos!

Es fundamental mi querido amigo valorar lo que uno ha conseguido, no colocar el foco exclusivamente en aquello que preocupa o angustia.

Las preocupaciones son como un vaso de agua que apenas pesa sostenido con la mano. Si lo mantenemos durante mucho tiempo en la misma posición termina por cansar e incluso agotar. Lo mismo ocurre con nuestras preocupaciones. Hay que regenerar, oxigenar los pensamientos para poder proseguir con optimismo. Hay que confiar, pero tampoco podemos esperar resultados diferentes con comportamientos idénticos.

“La mente es como un paracaídas… Solo funciona si la tenemos abierta” (Albert Einstein)

Además, olvidamos que existen personas que nos quieren y apoyan, también seres invisibles que nos asisten. Es como una mano oculta que nos sostiene; nos evita muchas cosas pero permite otras que por alguna razón debemos pasarlas.

Si, efectivamente, es la escuela de la vida. Nacimos por y para algo.

La vida es muy corta y todos los acontecimientos que vivimos son pasajeros. Sólo nos quedarán sus enseñanzas y las buenas obras.

Darnos cuenta de que la vida es una escuela, venimos a aprender y desarrollar unas aptitudes concretas:

Necesitamos comprender antes que juzgar.

Persistir antes que abandonar.

Luchar antes que rendirse.

Mantener la esperanza antes que perder la fe.

Y confiar siempre en un futuro mejor…

Tenemos unos recursos internos inimaginables. A veces nos falta la fe en nosotros mismos. No nos sabemos valorar, considerar las cosas que acumulamos buenas, de los éxitos logrados. Tenemos una memoria muy frágil.

Pensar en quitarse la vida con la esperanza de la “nada” es absurdo. Hemos de tener presente que como dijo Cosme Mariño: “El cuerpo es un vehículo, no es la vida en sí misma.

Y que además, algo muy importante:

“Somos un gran proyecto de amor”.

Desde el punto de vista material, como comentaba anteriormente, se nos preparó el terreno. Y desde el punto de vista espiritual, almas amorosas, dedicadas, nos auxilian, nos alientan, nos inspiran con una voz íntima, dirigida al interior del alma que dice: “Vamos”, “adelante”, “un poco más”, “lucha hijo mío”, “no desesperes”,  “se fuerte mi amor”…..

Dejarse llevar por pensamientos derrotistas, negativos, albergando sentimientos de culpa, sin oponer una firme voluntad más optimista, no conduce a nada bueno. Es como la tierra fértil que si no se ara y se cuida, muy pronto empiezan a aparecer malas hierbas, y estas crecen sin cesar, haciendo cada día más difícil su eliminación y entorpeciendo la posibilidad de los buenos cultivos.

Ya sé que los grandes errores y las desgracias acobardan y paralizan pero no olvides que “nadie te puede juzgar”, “nadie te puede condenar”. Por todo ello, es necesario alejar el sentimiento de culpa. Comprender que no somos culpables, somos responsables de nuestros actos.

Mi querido amigo, tomar esa decisión fatal es cortar de raíz todos aquellos parabienes que la misericordia divina nos proporciona. ¡Somos todavía tan ciegos!

Es eliminar de cuajo una planificación cuidadosamente elaborada para hacernos crecer en sabiduría y fortaleza. Es abortar la asistencia de esos seres amorosos que en base a ese acto extremo se romperían bruscamente. Es en una palabra, desconectar de las experiencias más urgentes para crecer hacia la plenitud, puesto que ese es nuestro destino final.

Es como escupir en la mano de quien te da de comer, es como sacudir de un puñetazo a quien nos sostiene para que no nos caigamos.

¿Y qué es lo que queda? El vacío superlativo, la angustia sin límites, el sufrimiento de ver que los problemas no se resuelven solos, actuando como la cabeza de avestruz bajo tierra. Es volver a la casilla de salida.

La vida es pura energía, y como sabes, ni se crea ni se destruye, sólo se transforma. La nada no existe.

Somos libres de actuar como nos plazca, sin embargo, no podemos escapar de nosotros mismos, de las  consecuencias de nuestros actos, tanto para el bien como para el mal.

¿Cómo podemos ser tan brutos de correr un riesgo tan grave de quitarse la vida sin tener el más mínimo conocimiento, la más leve seguridad de lo que nos aguarda después de la muerte?

La ignorancia del pasado hizo creer que el suicidio era un acto de honra, un acto de valor y coraje. Hoy día, debido al materialismo embrutecedor, a una educación muy deficiente en valores y proyectos edificantes de vida, se observa entre el estupor y la confusión una grave enfermedad social que cada día siega las posibilidades de muchas personas.

Nadie, a su paso por la vida está exento de sufrimientos y tribulaciones.

Por todo ello, esfuérzate por llevar tu carga con dignidad.

Te pido por favor que recapacites.

¡No tengas prisa por tomar una decisión de esa envergadura!

¡Concédete otra oportunidad!

¡Quiérete mucho más!

Ese “Gran Arquitecto Universal” sabe que tu destino final es el éxito. Él  cree en ti.

Yo creo en ti.

Tú ¿por qué no?

 

 

Carta a un amigo sobre el suicidio por:José Manuel Meseguer

                                                                                        ©2017, Amor, Paz y Caridad

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