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MALAS CONDUCTAS EN LOS CENTROS ESPíRITAS

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Malas conductas en los centros espíritas

“Los Centros Espíritas deben ser “la cátedra del Espíritu de Verdad”, porque de no tener el espíritu de luz su cátedra, tendría su influencia el espíritu del error, y desgraciados de aquellos espiritistas que están bajo la influencia del espíritu de tinieblas, que poco, muy poco, adelantarán en la vía de progreso. Por eso, se han visto Centros Espiritistas que han caído en aberraciones graves, porque a causa de su falta de examen, o por no seguir una conducta adecuada a las circunstancias, han sido dominados por influencias perversas y han contraído tremendas responsabilidades en lugar de progresar y perfeccionarse”. (Guía Práctica del espiritista, Miguel Vives).

Incorporarse a un grupo espírita es una responsabilidad. Acudimos para adquirir conocimientos, a convivir fraternalmente con los compañeros y a aportar nuestro granito de arena con el esfuerzo y trabajo diario. No obstante, deben de existir unas normas, unas directrices que todos deben de asumir y respetar para su correcto funcionamiento, pero sobre todo, una meta por encima de todas las demás. Como nos indica el maestro Allan Kardec: “Al verdadero espírita se le reconoce por los esfuerzos que realiza por mejorarse y dominar sus malas inclinaciones”.

Es normal que se cometan errores en base a la inexperiencia o a las mismas taras morales que todos, en mayor o menor medida, poseemos. Sin embargo, la buena voluntad y predisposición, la tolerancia, la comprensión, la bondad, la empatía, etc., nos tienen que llevar a crear un clima por el cual todas las dificultades habrían de ser superadas, al menos sin generar conflictos que pudieran dañar las relaciones entre sus miembros o, lo que sería peor, crear una mala imagen de cara al exterior, demostrando un comportamiento que desdiga los planteamientos espirituales que se predican.

Pero ¿qué ocurre cuando ese comportamiento no se ajusta a lo que la doctrina espírita nos dicta? ¿Qué ocurre cuando se suscitan malas praxis, malos ejemplos que minan la convivencia, generan mal ambiente y perjudican los intereses, las metas espirituales del conjunto? ¿Se deben de tolerar? ¿En un grupo espírita cabe todo, todo vale?

Seguramente sea esta una de las cuestiones más delicadas con las que nos podemos encontrar; no obstante, hay que afrontarlas con claridad y con caridad, con la debida prudencia para no equivocarse y perjudicar o confundir a nadie. Sobre todo en aquellos que poseen cargos o responsabilidades definidas dentro del grupo.

En el Evangelio según el espiritismo, de Allan Kardec, en el capítulo X Bienaventurados los misericordiosos, nos encontramos con unas enseñanzas de los espíritus muy claras respecto al derecho o no para corregir al semejante. Nos dicen en el ítem 19: “…cada uno de vosotros debe trabajar para el progreso de todos, y sobre todo de aquellos cuya tutela se os ha confiado; pero hay una razón para hacerlo con moderación, con un fin útil…, es un deber que la caridad manda cumplir con toda prudencia posible…”

Y añade en el ítem 20: “No está prohibido ver el mal cuando el mal existe, y aun habría inconveniente en ver por todas partes el bien; esta ilusión perjudicaría al progreso”.

En el ítem 21 concluyen diciendo algo muy importante: “Si las imperfecciones de una persona solo dañan a ella misma, nunca hay utilidad en hacerlas conocer; pero si pueden ocasionar perjuicio a otro es preferible el interés de la mayoría al de uno sólo. Según las circunstancias, descubrir la hipocresía y la mentira puede ser un deber, porque vale más que un hombre caiga que no muchos vengan a ser su escarnio y sus víctimas”.

Como podemos ver, se trata de una cuestión muy delicada que exige la máxima prudencia y delicadeza. Sin embargo, quedan aclaradas sus premisas con los párrafos anteriores. Nos hablan de la responsabilidad que tenemos con nuestro prójimo; de que, según los casos, puede ser un deber que la caridad obliga, ya que no se puede mirar hacia otro lado cuando está en juego la buena convivencia y el alcance de  los objetivos que a nivel colectivo se han propuesto como meta.

En primer lugar, y antes de nada, debemos examinarnos a nosotros mismos, puesto que las imperfecciones nos juegan malas pasadas a todos. Si observamos malas praxis, primero debemos comprobar si no estaremos pecando de lo mismo, puesto que con mucha facilidad llegamos a proyectar sobre nuestros semejantes los propios defectos, viendo en los demás aquello de que adolecemos. También hay que tener muy en cuenta las relaciones que mantenemos con los demás; si existe algún poso de malquerencia, resentimiento o cualquier otro tipo de sentimiento contrario a la caridad, en cuyo caso es muy posible que nuestro juicio y valoración no sean los adecuados.

Si el corazón está limpio y la situación que está viviendo nuestro compañero de viaje es muy evidente, entonces es cuando hay que plantearse una línea de actuación para que, de la mejor forma posible y procurando no herir a nadie, se pueda solucionar el problema.

Por lo general, estas situaciones no se suelen producir de la noche a la mañana; hay tiempo para el análisis tranquilo y sereno. Sin embargo, no podemos eludir la responsabilidad con argumentos como: “¡Quién soy yo para juzgar!”; “hay otras personas más preparadas que yo”; “no tengo autoridad moral para ello”; etc. O la excusa cómoda de decir: “Aquí vengo a sentirme bien y no a cargar con más problemas de los que tengo”.

Un error muy común es el de confundir prudencia con comodidad o incluso cobardía moral. La prudencia siempre es buena consejera, no obstante, el daño y el perjuicio que determinados comportamientos pueden provocar al conjunto exigen actuaciones enérgicas y contundentes.

Hay también una idea que nos puede rondar pero que tampoco es del todo cierta, y es aquella de: “Ya lo solucionarán los hermanos espirituales que nos dirigen”. Ellos no pueden resolver lo que nos corresponde; pueden ayudar, pero la responsabilidad es siempre nuestra. En la medida en que se trabaja y nos esforzamos, ellos ayudan.

¿Cuál sería, por tanto, el procedimiento para actuar en caso de que alguien no estuviera actuando debidamente, causando un perjuicio al grupo? Dependiendo de la gravedad y de las circunstancias, lo normal sería primero hablar con la persona afectada. Con la debida delicadeza, y sin acusaciones ni reproches, preguntarle el motivo de esos determinados comportamientos y la impresión que causa en uno mismo y el perjuicio que puede estar ocasionando a los demás. Si la conversación es franca y de buena predisposición por ambas partes, seguramente se habrá solucionado el problema.

Si no es así, si existe negligencia, hipocresía, doblez o falsedad, el siguiente paso sería hablar con algunos compañeros, preguntarles si han observado lo mismo y darles las debidas razones así como explicar la reunión mantenida con la persona afectada. De ese modo, la responsabilidad se reparte y se busca concienciar a otros miembros del grupo de la situación que se ha generado. A partir de ese momento, consensuar una línea de actuación respecto a esta persona para que mude de comportamiento.

Puede darse una situación mucho más complicada y conflictiva, y es que los compañeros no estén en disposición de buscar una solución en común, por diferentes motivos: falta de interés, miedo, prejuicios, cobardía, comodidad, etc.

Si no mejora la situación, el último paso sería plantearlo en la asamblea general. Exponer con serenidad y claridad los motivos del caso y los pasos dados hasta ese momento, poniendo de relieve la necesidad de convenir con la persona afectada un cambio de rumbo, un cambio de actitud.

Finalmente, y como nos explicaba en el párrafo del principio Miguel Vives, cuando es “el espíritu del error” el que domina al grupo espiritual, y no existe voluntad de cambio ni predisposición a corregir conductas nocivas o equivocadas, es mejor variar el rumbo y buscar alternativas de trabajo en otros ambientes u otros grupos. Lamentablemente, uno no se puede hacer cómplice ni connivente con actitudes o comportamientos alejados de la solidaridad y la fraternidad cristiana. Sobre todo, cuando se ha buscado por todos los medios la manera de solucionarlo.

Es muy poco frecuente llegar hasta esos extremos, pero se han dado casos, y nadie está exento de crisis de esta naturaleza, que cuando no se controlan o no se perciben pueden llegar a un punto de no retorno. Cuando se quiere solucionar es demasiado tarde y el daño es irreparable.

Por lo tanto, la negligencia también se paga, del mismo modo que un constipado no tratado y no dándole la importancia que merece se puede convertir en algo grave, cuando se podría haber resuelto en el momento adecuado y sin demasiado esfuerzo.

Por consiguiente, tenemos una responsabilidad unos con otros, debemos velar por el buen funcionamiento del grupo al que pertenecemos. Las situaciones incómodas, difíciles y hasta delicadas no son una casualidad. Vivimos en un campo de pruebas donde se deben ejercitar tanto el corazón como la mente para encontrar un equilibrio que nos enriquezca y le pueda servir a nuestros semejantes. Sólo cuando afrontamos con valentía y coraje los desafíos que la vida nos plantea es cuando nos fortalecemos y andamos con paso firme y seguro, hasta culminar la tarea encomendada antes de encarnar. Como nos decía una persona muy sabia: “Sólo llegarán los más valientes”.

 

Malas conductas en los centros espíritas por:  José Manuel Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

¿SE PUEDE PERDER LA MEDIUMNIDAD?

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¿SE PUEDE PERDER LA MEDIUMNIDAD?

¿Las facultades son para toda la vida? ¿Se puede perder la mediumnidad? Vamos a profundizar en ello en las siguientes lineas. Espiritualmente sabemos lo que hemos firmado, a los compromisos que nos hemos atado para cumplir con cuerpo físico en una nueva experiencia terrenal; pactos que implican a seres espirituales que también se comprometieron a ayudarnos en el transcurso de la vida.

Sin embargo, una vez aquí olvidamos a nivel consciente dichos compromisos. Nos van surgiendo señales, evidencias a lo largo de la vida, aunque esto depende de cada caso. Despiertan de modo que seamos capaces de percibir que hay un camino a recorrer, una tarea a realizar. Buscamos respuestas a los síntomas, a los fenómenos mediúmnicos. Analizamos, estudiamos, dialogamos para comprender lo que nos está pasando, y de ese modo encontrar la forma más adecuada para llevar adelante esos compromisos. Existen elementos comunes a todas las facultades para su desenvolvimiento eficaz y adecuado, pautas a seguir de orden moral, de instrucción, de disciplina interna para encauzarse correctamente.

Posteriormente, la realidad y los hechos nos colocan a cada uno en su sitio. La mediumnidad, siendo para una inmensa mayoría una herramienta de rescate urgente de numerosos errores y equivocaciones del pasado, y sabiendo las imperfecciones que todavía nos dominan, supone para el espíritu encarnado uno de los desafíos más grandes con los que tiene que lidiar en esta decisiva etapa evolutiva, lo que se traduce en un número bastante significativo en caídas y ascensiones, éxitos y fracasos, alegrías y tristezas, y también, en algunos casos, en perder la mediumnidad temporal o definitiva del ejercicio de la facultad mediúmnica.

Nos estamos refiriendo a la interrupción no voluntaria de un proceso mediúmnico desarrollado y consolidado. Pero ¿cuáles pueden ser las causas? ¿Esas interrupciones son temporales o para toda la vida?

Aunque pueden existir grandes similitudes, no existen dos casos iguales. La justicia y la sabiduría divina es infinita, hay que ser conscientes de que las casualidades o el azar, en lo que respecta a la mediumnidad, no existen. Nuestra visión es muy limitada, sobre todo con materia física; además, nuestras imperfecciones, debilidades o falta de conocimiento nos colocan muchas veces en una posición muy vulnerable. No obstante, nos encontramos al abrigo de la misericordia divina que jamás nos abandona; nos aporta en cada momento, no lo que consideramos que necesitamos, sino aquello que realmente nos conviene para el progreso y evolución.

La suspensión de la mediumnidad nos puede evitar grandes males, por cuanto, cuando no estamos lo suficientemente maduros, cuando nuestra inconsciencia nos lleva por malos derroteros, cuando las dinámicas de trabajo, consecuencia de los defectos y debilidades no son las correctas, las protecciones pueden considerar conveniente una interrupción temporal o definitiva, dependiendo de los casos y las circunstancias de cada médium.

Otras veces, es disminuido el desarrollo de cierta sensibilidad, cierta mediumnidad para potenciar otras que se ajustan mejor a las características del sensitivo. Es decir, en ocasiones se produce una manifestación de varios canales abiertos; no obstante, los buenos videntes, aquellos que están lo suficientemente experimentados, no se atreven a pronosticar cuál va a ser el tipo de mediumnidad que va a ejercer porque, aunque pueda tener avanzada una de ellas, puede ser paralizada en un momento dado para potenciar otra que estaba más rezagada.

Ahora bien, las causas, como planteábamos al principio, de la suspensión de la mediumnidad pueden ser muy variadas, dependiendo de los tipos y circunstancias. Por ejemplo, en el caso de la facultad de sanación puede ocurrir que el médium caiga en el mercantilismo, aceptando la voluntad o el cobro por sus servicios. En estos casos, los espíritus superiores, los amigos del otro plano que se comprometieron a realizar una tarea abnegada y sacrificial, no están por la labor de colaborar en acciones que fomentan el materialismo. Tras un periodo de tiempo prudencial en que las advertencias, toques de atención por parte de los protectores, y los propios entorpecimientos consecuencia del comportamiento del médium comienzan a aparecer, se retiran para dar paso a otras entidades inferiores, de carácter moral bajo, que les van a conducir hacia el descalabro total; en muchos casos, a la pérdida total de la facultad.

El endiosamiento también es otra lacra que conduce al fracaso a muchas facultades, ya no sólo de curación sino de cualquier otro tipo; y es la tentación de creer que es el médium el que posee las cualidades por méritos propios, atesorando un don divino que le permite realizar cosas extraordinarias donde otros, pobres mortales, no son capaces. En estos casos, la suspensión de la mediumnidad le recuerda al médium que no es él, sino los seres espirituales bienhechores, los que realizan la verdadera labor espiritual.

La pereza egoísta, o la falta de motivación, la falta de interés por el trabajo espiritual que pueda redundar en un beneficio para nuestro prójimo, también puede ser suficiente motivo para la suspensión de una facultad. Obviamente, los hermanos espirituales nobles no están para perder el tiempo con personas inconsecuentes e improductivas; si encuentran a otro médium con mejor predisposición se unen a él para llevar a cabo las tareas comprometidas entre ambos planos. No hay que olvidar que el progreso durante el proceso de intercambio mediúmnico es recíproco, es decir, progresa tanto el médium como la asistencia espiritual.

Otro escollo muy similar al anterior consiste en ciertas rutinas, o lo que es lo mismo, la falta de interés por estudiar, analizar y aplicar en la vida diaria los consejos que se esfuerzan por transmitirnos los hermanos espirituales, a través de, por ejemplo, las psicografías. Muchas veces, nuestras tendencias y preocupaciones materiales nos desvían del foco espiritual, del interés por aprender y por mejorar. Ellos, con mucha paciencia, tacto y prudencia, tratan de conducirnos para que atendamos las necesidades, los compromisos más urgentes a nivel espiritual. Sin embargo, cuando hacemos oídos sordos, cuando tras escuchar o leer sus mensajes rápidamente pasamos a otras cosas, para ellos es una desilusión. Y esa falta de interés también puede desembocar en una suspensión temporal para provocar una reflexión o, simplemente, para dar tiempo a asimilar todas las informaciones y consejos que hayamos podido recibir.

Las protecciones espirituales no están para pasar el rato ni para entretener; tampoco es una obligación en donde les podamos exigir, puesto que con sus mensajes atienden a los principales principios de solidaridad y de caridad, enseñando a quien no sabe, o recordándonos aquello que hemos olvidado o descuidado. Es un verdadero acto de amor por su parte, amor abnegado por cuanto para algunos de ellos supone un sacrificio grande descender hasta nuestro plano grosero para transmitir, con dificultad, un mensaje que puede llegar más o menos adulterado por el médium.

Al mismo tiempo, no todos los casos de suspensión de una facultad obedecen a posibles errores o conductas desviadas, ni muchísimo menos. Hay ocasiones en que es simplemente para otorgarle al médium un descanso material, bien debido a otros asuntos que la persona debe de resolver, o porque padece algún tipo de enfermedad que imposibilita el ejercicio natural y eficiente del intercambio mediúmnico. Esto es algo que debe juzgar la protección espiritual cuando lo considera necesario o conveniente.

Y por último, la suspensión de la facultad puede obedecer a algo tan necesario para nuestra evolución como es el ejercicio de la paciencia y la perseverancia. Paciencia para no perder la fe y confiar en unos resultados, y perseverancia para demostrar al mundo espiritual superior que nuestro compromiso con ellos es firme, a prueba de cualquier dificultad o duda que nos pudiera surgir. Ellos no pueden depositar su confianza para desarrollar un trabajo importante a personas inconsistentes, irresponsables, o que ante el primer escollo con que se encuentran se echan para atrás y se desaniman o abandonan.

Para finalizar, es importante recalcar que los motivos que llevan a las protecciones espirituales a suspender o retirar una facultad están siempre justificados. Si es así, e independientemente de las posibles causas, hay que seguir trabajando en mejorar, en superar las limitaciones que suponen nuestros defectos y debilidades; ser honestos, nobles, laboriosos, con buena predisposición para que, llegado el momento, se nos puedan volver a abrir las puertas a un trabajo que previamente firmamos, y para que la comunicación entre los dos planos, como simples intermediarios, sea lo más limpia y fructífera posible.

 

¿Se puede perder la mediumnidad? por: José M. Meseguer

© 2018, Amor, Paz y Caridad

LOS ENEMIGOS INVISIBLES

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Tras la muerte del Maestro Jesús, el cristianismo naciente trató de organizarse para divulgar a los cuatro vientos la buena nueva. Seguidores del Maestro se pusieron manos a la obra para trabajar en la nueva concepción del mundo. Era la luz que disipaba las tinieblas, un rayo de esperanza que llenaba los corazones de aquellas almas nobles y sencillas. Se trataba del reino de Dios; sin embargo, el trabajo se presentaba duro y muy difícil.

La religión dominante, que se encontraba en clara decadencia, reaccionó en primer lugar con rechazo y hasta con violencia para, posteriormente, en base a intereses políticos, sociales y territoriales, adoptar la nueva religión cristiana, pero adaptándola a su conveniencia. Era cuestión de tiempo perfilar la doctrina que debía envolver al evangelio, su nueva interpretación y su puesta en escena.

Las nuevas autoridades eclesiásticas arrebataron la sencillez y la simplicidad de los primeros días. Se arrogaron el privilegio, la potestad de decidir sobre los demás, estableciendo jerarquías religiosas con poder para administrar e interpretar lo que consideraban la palabra de Dios escrita en unos Evangelios seleccionados entre distintas obras y también en el Antiguo Testamento. Durante las primeras etapas, los distintos emperadores del Imperio Romano fueron los encargados de promover los diversos Concilios que habrían de regular y distinguir lo verdadero de lo falso, amenazando de excomunión y de anatema a aquellos disidentes que osaran cuestionarlos o contradecirlos.

Aquellos religiosos dogmáticos y autoridades de la época, como muchos otros posteriores, al desencarnar continuaron con los mismos vicios y actitudes, fruto de sus pasiones y defectos descontrolados. No les importó desviar a las masas confiadas e ignorantes del verdadero camino predicado por el Maestro Jesús. Aquel comportamiento religioso pervivió, salvo notables excepciones, durante siglos, adaptándose a las distintas épocas y circunstancias. Afortunadamente los tiempos han cambiado, y las mentalidades de las gentes, también.

No obstante, algunos de ellos, al dejar su cuerpo físico, comprendieron su error, el rumbo equivocado que les había llevado al precipicio, solicitando a la misericordia divina volver para nuevas tentativas de reparación, bien dentro de las religiones a las que perjudicaron o al abrigo de la doctrina espiritista. Sin embargo,  las imperfecciones morales siguen jugando malas pasadas, sobre todo a aquellos que, por sintonía espiritual, se dejan arrastrar psíquicamente por aquellas autoridades eclesiales retrógradas, enemigos invisibles que continúan desde el espacio tratando de manipular para que fracase cualquier tentativa de cambio o renovación espiritual.

Es en la obra de Manuel P. de Miranda “Senderos de Liberación”, psicografiado por Divaldo Pereira Franco, donde nos encontramos con lo siguiente: “Sucede que gran número de esos conductores religiosos están vinculados a los sicarios espirituales, que los mantienen en dependencia psíquica, explotados, para que preserven el estado de cosas conforme se encuentra”.

Y añade: “Cuando las doctrinas libertadoras se presentan empuñando las antorchas del discernimiento, sus más fervorosos seguidores, divulgadores y realizadores, son perseguidos, asediados con aflicciones y tormentos, para que desistan, desanimen o se sometan a los mentirosos patrones de los triunfos terrenales”.

En otra obra titulada “Diálogo con las sombras”, de Herminio C. Miranda, profundiza aún más en este último punto: “El movimiento espirita moderno, especialmente en Brasil, cuenta con enorme cantidad de antiguos sacerdotes, arrepentidos de sus desatinos pasados, procurando, en nueva encarnación, lavar las manchas de crímenes hediondos que cometieron. Para los antiguos compañeros, entretanto, son tránsfugas despreciables que hay que aplastar, apóstatas que tienen que ser destruidos, heréticos que precisan callar a toda costa”.

Esos antiguos compañeros, como denomina H.C. Miranda, que se sienten traicionados por sus colegas del pasado ante ese cambio de actitud, buscan denodadamente incentivarles sus defectos, sus debilidades, generándoles entorpecimientos de todo tipo, conflictos para que se desanimen o caigan en las redes del fanatismo, del personalismo o el endiosamiento; y de ese modo, fracasen en sus buenos propósitos de renovación espiritual.

Además, debido a su sensibilidad mediúmnica, cuando fallan la vigilancia y el trabajo interior, especialmente los dirigentes espiritas corren el riesgo de convertirse en presa fácil de esas entidades fanáticas que sutilmente los pueden llegar a manipular. Sin levantar sospechas, los  pueden encaminar hacia conductas excluyentes y exclusivas traduciéndose en, por ejemplo, un excesivo celo por el control doctrinario, marcando unas pautas a sus afiliados, tanto en las asociaciones de carácter local como en las federaciones y confederaciones de grupos que dirigen, con una ausencia de tolerancia o flexibilidad; buscando una unificación sumisa entre asociaciones y no una verdadera unión, aquella que respeta la idiosincrasia, las características particulares de cada lugar y cultura, olvidando muchas veces la necesaria libertad de actuación y  de democracia, que significa valorar y contar con todos a la hora de decidir; incentivando un sometimiento ciego que anula la creatividad nacida del discernimiento y del análisis, en una vuelta a los orígenes de las religiones dogmáticas, aquellas que fracasaron y que actualmente buscan su lugar en la sociedad.

Otros se caracterizan por su tendencia al intelectualismo, donde sobrepuja la razón al sentimiento, dejando los valores morales en un segundo plano. Son estudiosos y teóricos ortodoxos, no obstante, consecuencia de sus fuertes tendencias de su pasado dogmático, están acostumbrados a trabajar sobre unas directrices y estructuras rígidas; por ese motivo, se sienten muy incómodos e inseguros con las innovaciones. Cuando les llegan otras formas de ver las cosas, aunque no afecten a los principios básicos doctrinarios, lo consideran como una amenaza y no como una posible aportación enriquecedora, inherente al progreso.

Son los mismos que fomentan el mercantilismo, olvidando la gratuidad de la mediumnidad, de la divulgación altruista que permite dar un ejemplo de generosidad y de entrega a los demás, y no una mera especulación con el argumento de que es necesario financiar proyectos cada vez más ambiciosos.

Aquellos espíritus ahora desencarnados, que en épocas pretéritas condujeron a la religión cristiana de forma equivocada, buscan denodadamente conducir a la doctrina espirita hacia ese mismo destino fatal, puesto que la consideran producto del diablo. Son los enemigos camuflados del Cordero, del Cristo redivivo.

El espíritu  Emmanuel también incide en este aspecto, recordando los compromisos y deberes, muchas veces olvidados por algunos médiums y dirigentes espiritas: “Casi siempre, los médiums son espíritus que caen de las cimas sociales, por los abusos de poder, de autoridad, de fortuna y de inteligencia, y que regresan al planeta terráqueo para sacrificarse en favor del gran número de almas que desviaron de las sendas luminosas de la fe, de la caridad y de la virtud”.

Precisamente, el espiritismo nos habla de un problema que está llegando a ser pandémico en nuestros días: se trata de la obsesión y las diferentes formas en que se puede manifestar, sobre todo en su grado de fascinación, que es aquella ilusión inducida por un espíritu en el pensamiento del médium y que distorsiona o llega a paralizar el juicio sano y equilibrado.

Desde el momento en que bajamos la guardia y alimentamos pensamientos contrarios a nuestro prójimo, aquellos que generan desconfianza y división, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que hemos entrado en sintonía mental con esas fuerzas negativas.

Ante este problema, no queda otro antídoto que la oración y la vigilancia. Apelar al sentimiento; tener la suficiente humildad para comprender que podemos estar equivocados, y la necesidad de escuchar a los demás a través de un diálogo constructivo y enriquecedor. Solo así será posible evitar grandes errores que pudieran arrastrarnos a nosotros y a los demás.

Estamos en plena eclosión que marca el signo de los tiempos, la Gran Transición de la que nos hablan desde hace muchos años; la selección de los de “la derecha” y los de “la izquierda”.

Por ese motivo, los compañeros en el ideal no pueden actuar con tibieza alegando que el problema es de otros; sobre todo si las consecuencias de dichas acciones negativas arrastran a todo un grupo o a una institución. Si se observan comportamientos desviados de la fraternidad y el entendimiento mutuo, hay que exponerlos y aclararlos para reconducir la situación, de lo contrario nos convertimos, aun sin quererlo, en cómplices, con una cuota de responsabilidad de la que tendremos que dar cuentas el día de mañana.

 

Los enemigos invisibles por: José Manuel Meseguer

©2018, Amor, Paz y Caridad

LA TERAPIA DE LA DESOBSESIÓN

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La terapia de la desobsesión

Terapia de la desobsesión

 “Entre los escollos con que tropieza la práctica del espiritismo hay que incluir, en primera línea, a la obsesión, vale decir, el dominio que algunos espíritus suelen ejercer sobre ciertas personas… Y si logran dominar a alguien, se identifican con el espíritu de esa persona, conduciéndola como si se tratara realmente de un niño.”

(Libro de los médiums; Capítulo XXIII, 237).

 

Cuando hablamos de la desobsesión, pensamos en los casos motivados por enemigos del pasado, en pesadas deudas kármicas; sin embargo, la obsesión es un problema que abarca diferentes grados y matices.

Sin duda, todos estamos sometidos a influencias de todo tipo. Vivimos en una verdadera atmósfera psíquica, producto de la suma de todos los pensamientos que interactúan unos sobre otros; tanto de encarnados sobre encarnados como de espíritus desencarnados sobre quienes tenemos una materia física. Por ley de afinidad vamos atrayendo compañías espirituales sin darnos cuenta, en función a como pensamos y actuamos, incentivando y potenciando esas mismas ideas bien positivas o negativas; generándonos paz y armonía o, en los otros casos, desequilibrio y confusión.

Los más preocupantes son aquellos catalogados por Kardec como de fascinación, definiéndolo como “Una ilusión producida por la acción directa del espíritu sobre el pensamiento del médium, y que de algún modo paraliza su juicio…”. A veces, resulta complicado saber si nos encontramos ante un caso de obsesión; no obstante, existen indicios que nos pueden poner en alerta.

Es bastante común, cuando se organizan conferencias, charlas, reuniones, e incluso cuando acuden al centro espirita personas para resolver dudas o problemas, el encontrarse algunas de ellas con una desorientación y desequilibrio bastante claros. Son aquellas que exponen sus conflictos o dudas y preguntan pero, en algunos casos, apenas dejan hablar porque interrumpen las respuestas; que creen saber porque han oído o leído algo, pero mezclan fantasía con medias verdades. Todo ello puede ser un síntoma de las “malas compañías espirituales” que poseen sin darse cuenta.

Algunos de los síntomas que se pueden percibir al hablar con estas personas pueden ser los siguientes:

  • Ideas erróneas. Fantasía, medias verdades, mezcla de ideas inconexas.
  • Falta de atención. Dispersión mental.
  • Fijaciones mentales. Bucle de ideas repetitivas.
  • Autocompasión. Falta de confianza en uno mismo. Ideas negativas.
  • Rebeldía. La culpa de los otros. Injusticias. Resentimiento.

Otros directamente, cuando acuden buscando consejo y orientación, ya son conscientes de que algo no va bien, sienten la presencia y la influencia clara de seres invisibles que les inducen a transitar por caminos tortuosos, con entorpecimientos y dificultades en la vida que el afectado no considera normales. También con manifestaciones mediúmnicas espontáneas que dejan patente el problema sin ningún género de dudas.

La mejor psicoterapia para estos casos consiste en atender a estas personas fraternalmente, con bondad, con paciencia, pero con firmeza, indicando que la principal premisa para comenzar a resolver su conflicto consiste, una vez ha expuesto su problema, en escuchar atentamente las aclaraciones que se le van a dar y poner los medios necesarios para resolver su conflicto. Hacerle ver que su problema no se soluciona con fórmulas mágicas, ni con pases, ni con trabajos especiales o milagrosos. La llave y la puerta de salida la tiene el paciente. Nosotros podremos orientar, pero el esfuerzo le compete exclusivamente a él, salvo en los casos más graves.

Con las palabras del orientador inspiradas por los buenos espíritus, aclarando dudas y conceptos, ofreciéndole nuevas ideas que le den otra visión del problema, se busca modificar la estructura psíquica de la persona perturbada, siendo esto la mejor forma de iniciar su recuperación.

La clave se encuentra en las palabras de Joanna de Ângelis: “Todo empieza en el pensamiento. Toda vez que un pensamiento fuera perturbador, substitúyalo por otro que sea positivo”.

Si son capaces de salir de esa espiral negativa, sustituyendo los pensamientos perniciosos por otros más saludables y optimistas, el proceso de autocura, de desobsesión, estará en marcha favorablemente. Pero para ello se requiere constancia; esto se traduce, por ejemplo, en acudir regularmente al centro espírita para escuchar y participar de las actividades, aunque sea como oyente. Durante su estancia, el mundo espiritual aprovecha para trabajar la parte psíquica y espiritual del obsesado, así como también a los obsesores.

La oración juega un papel fundamental. Como reza el evangelio: “Pedid y se os dará”. De esta forma, se puede establecer un puente que rompa los lazos perniciosos con estas entidades malévolas, entrando en contacto con la fuente divina de amor a través de sus mensajeros; restableciendo poco a poco el equilibrio, adquiriendo fuerzas para rechazar sus embestidas, retomando el control sobre uno mismo amparado por la confianza absoluta en lo Alto.

Son variadas las tareas que realizan las entidades positivas, o equipo espiritual, sobre el recinto de reunión que es el centro espírita. También en los lugares en que ocasionalmente se pudiera celebrar una actividad doctrinaria y de estudio, esto es, acudiendo previamente al recinto, para higienizar psíquicamente y magnéticamente el lugar donde se va a celebrar. Allí se crea un “cordón de seguridad” que las entidades negativas y obsesoras no pueden traspasar. Al quedarse fuera, tratarán de controlar a distancia, mentalmente, a su víctima; y si no les es posible, entonces aguardan su salida para retomar la influencia nociva.

En lo que respecta sobre la terapia de desobsesión, se puede decir que existen dos procesos simultáneos muy importantes. Por un lado, el atendimiento fraterno, las palabras que se le puedan trasladar a la persona con problemas; y por otro, la gran labor por parte de las entidades benefactoras que estudian el caso, siendo ellos mismos generalmente los inductores de dicha visita para aportarle la solución adecuada. Toman nota de los perseguidores del paciente para que, cuando sea posible, recogerlos y llevarlos a trabajos específicos de desobsesión, sea en ese mismo centro o en otro que ellos consideren apto para dichas sesiones mediúmnicas.

Para conseguir el éxito en esta empresa, es imprescindible la implicación de todos los trabajadores espíritas; esto se traduce en un trabajo diario, tanto a nivel personal, de reforma intima, de la adquisición de los conocimientos básicos, como también de un esfuerzo común para convertir el centro espírita en un remanso de paz y de fraternidad mutua. El trabajo especializado de las entidades superiores, si se encuentra dinamitada por pensamientos desequilibrados de los propios componentes del grupo, si existen rencillas, rencores, resentimientos, desconfianza o incluso cualquier modalidad de fanatismo, complica sobremanera el trabajo de las entidades benefactoras. Podemos tener grandes proyectos para ayudar en las tareas de auxilio espiritual; sin embargo, la principal premisa, la más ingrata y que menos gusta por el sacrificio que representa, es la renuncia a los egos, a los personalismos; el esfuerzo por conseguir la unión de todos, trabajando para que se puedan dar las condiciones adecuadas para poder ayudar con eficacia a nuestros semejantes.

De esta manera, y sin apenas darse cuenta, los trabajadores espíritas pueden hacer una gran labor sin ningún tipo de protagonismo innecesario, puesto que al comprender la mecánica del trabajo que realiza el mundo espiritual con los problemas de obsesión, se despeja cualquier duda y traslada un mensaje de seguridad. Es decir, actuar con sencillez y deseos de ayudar al prójimo, además de una buena base de conocimientos, es más que suficiente para realizar un trabajo de desobsesión de calidad. La clave consiste en convertirse en instrumentos dóciles y sin afán de protagonismo, conscientes de que la verdadera labor, como ya hemos comentado en otras ocasiones, le pertenece a ellos, que son los que saben de la verdadera dimensión de los problemas actuales y pasados de las personas que acuden a nosotros pidiendo ayuda.

En resumen, el bien siempre sobrepuja al mal, pero hay que buscar los medios para conseguirlo. Alimentando la razón con el conocimiento espiritual, la unión y el trabajo interior de cada uno, se estará contribuyendo a que la parte espiritual positiva encuentre el marco ideal donde poder atraer a todas aquellas almas perdidas, desorientadas, que necesitan de la luz del amor y del conocimiento clarificador. Esta es la tarea importante que nos atañe y ese es el compromiso que firmamos antes de encarnar.

 

La terapia de la desobsesión por: José Manuel Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

EL RELEVO GENERACIONAL EN LOS GRUPOS ESPIRITAS

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El relevo generacional en los grupos espíritas.

EL RELEVO GENERACIONAL.- ¡Es natural! Las personas aparecen y trabajan en una determinada época, debido a una fuerte motivación e inquietud espiritual para llevar a cabo unos ideales superiores, bien continuando la labor de otros que los precedieron, o creando desde la nada, a partir de un núcleo de personas que se van uniendo con las mismas inquietudes, un camino a recorrer en común hacia la consecución de unos objetivos que suelen durar toda una vida. En el transcurso de la misma, unos se cansan o cambian de rumbo y desaparecen. Otros continúan, y con el tiempo se van agregando otras personas que quedan seducidas por los ideales del conjunto.

En este artículo no nos vamos a centrar en dichos líderes o precursores y su aportación a la colectividad, sino en el “día después”. Es decir, cuando tras su importante labor, dejan el cuerpo físico y quedan los seguidores del grupo espiritual sin su referente, sin su cabeza visible que durante tantos años ha contribuido para la consolidación de una tarea, quizás el espejo donde mirarse.

Empezaremos por recordar al líder por excelencia, al maestro Jesús. Él avisó de su calvario, anunció las dudas y traiciones; sin embargo, apeló a la unidad, informándoles con autoridad de que “nunca estarían solos”, “Él permanecería siempre con sus discípulos”. La historia nos confirma que, efectivamente, todo lo que el Maestro vaticinó se cumplió a rajatabla. La obra parecía descabezada y a sus fieles discípulos les entraron las amargas dudas y, sobre todo, un miedo profundo ante la incertidumbre y las amenazas que se cernían de persecución y muerte sobre todos ellos. Analizándolo con perspectiva, y desde un punto de vista humano y objetivo, podemos concluir que sus reacciones fueron muy naturales; probablemente, la mayoría de nosotros tampoco habríamos reaccionado de una forma ideal. Sin embargo, pese a los múltiples errores que cometieron en aquellas horas fatales, posteriormente, con el paso del tiempo supieron comprender y sobreponerse a sus dudas y vacilaciones. El propio Maestro Jesús les dio claras muestras de la inmortalidad del alma con sus manifestaciones, haciéndose visible para dar testimonio de su mensaje imperecedero, lo cual supuso un revulsivo que ya no amedrentó a los confusos y debilitados discípulos, reaccionando de forma admirable, prosiguiendo con su tarea hasta el fin de sus días.

En lo que respecta a los grupos espíritas, hay que tener muy en cuenta que, por lo general, suelen estar compuestos por personas muy heterogéneas, con distintas sensibilidades, con diferentes grados de compromiso, y también, hay que admitirlo, con distintas fallas morales a controlar y resolver, puesto que somos humanos. Del mismo modo, no se puede juzgar a la ligera el trabajo de los líderes o fundadores, puesto que muchas veces es el mismo entorno el que los endiosa, interpretando mal su papel y el de los demás. La unión y la fraternidad deben de primar por encima de todo, lo que se traduce en que lo colectivo ha de sobrepujar a lo individual.

Si no se han sentado unas buenas bases colectivas, si ha girado todo en torno a la persona o personas fundadoras, posteriormente resultará más complicado marcar unas directrices que ayuden a resolver los conflictos y dificultades que puedan surgir. Quizás algunas puedan ser repetición de otras ya vividas, pero la experiencia demuestra que sólo se repiten las que no están asimiladas, a las que hay que añadir otras pruebas-desafíos, que son retos a trabajar y superar para ir ampliando el campo de experiencias y de crecimiento espiritual colectivo. Cada época y cada momento tiene sus motivaciones, nos exige análisis y voluntad de cambio, adaptarse a la nueva realidad y a las nuevas circunstancias. En pocas palabras: “Aprender a caminar solos y no llevados de la mano de nadie.” Ahí es donde reside la verdadera madurez.

De esto último hemos de significar que no cabe el planteamiento de que: “Como todo funcionaba tan bien con nuestro fundador, no podemos permitir que cambie nada para no desviarnos del camino”, confundiendo la prudencia natural, que es una virtud, con el miedo a equivocarse, a asumir riesgos ante el cruce de caminos que se nos pueda colocar delante, en el que cada opción tiene sus ventajas y sus desventajas. A veces es más cómodo no tomar decisiones a la espera de que sean otros los que las tomen, o dejar que sea el tiempo con sus circunstancias el que nos clarifique el camino. Un tiempo que, la mayoría de veces, no resuelve nada, más bien complica y enquista los problemas.

El relevo generacional también puede poner de relieve un principio muy antiguo: “Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si quieres probar el carácter de un hombre, dale poder.” (Abraham Lincoln). El afán de protagonismo y el personalismo son rémoras que hacen mucho daño a los grupos espíritas. Aquellos que no saben abrir la mano, dar participación, construir desde la humildad, valorando las opiniones y la experiencia de todos (puesto que todos pueden aportar algo al conjunto), haciéndoles partícipes, permitiéndoles que puedan sentirse útiles y valorados, pueden destruir en poco tiempo lo construido durante muchos años de esfuerzos y sacrificios. Y qué decir de los jóvenes, dejándoles su espacio y la posibilidad de aportar sus ideas renovadoras y audaces.

Arropar, promover o destacar en exceso a algún compañero de grupo sobre los demás puede suponer, al contrario de lo que se persigue con buena intención, el convertirlo en una persona más vulnerable.

Los líderes y fundadores deben de ser inspiradores, referentes que estimulen el esfuerzo, la constancia, un espejo donde reflejarnos, pero nada más. No son dioses, no son infalibles. Su ejemplo y tenacidad suele ser admirable, no obstante, tampoco están exentos de errores, de fallas, puesto que también están sometidos a las vicisitudes de la vida como todo el mundo. Debemos, por tanto, quedarnos con lo bueno, conscientes del largo camino que nos queda por recorrer. También valorar que la unión no suma sino que multiplica. Si existe verdadera fraternidad, nobleza y buena voluntad por parte de todos, es mucho más complicado equivocarse. No corren tiempos para las demostraciones individuales, sino para desarrollar trabajos en común, bien organizados y encauzados hacia un mismo fin colectivo.

Serán los resultados posteriores el mejor aval, el mejor estímulo. Permaneciendo fieles a los objetivos espirituales, que son los pilares donde se sostiene el edificio, el trabajo diario y la constancia ofrece sus frutos más pronto o más tarde. De esa manera, el centro espírita con sus componentes se convierte en un ser vivo que actúa, aprende, rectifica cuando se equivoca, se levanta ante las adversidades, se esfuerza por mejorar, no se cansa de hacer el bien, que busca iniciativas que mejoren la transmisión de los ideales nobles, que disfruta de los logros obtenidos y comparte las alegrías y las satisfacciones.

Ser conscientes también de nuestras limitaciones, sobre todo en el campo de la mediumnidad. Grupos hay que, de entrada, desde su fundación y en el transcurso de los años, han descartado el ejercicio de las facultades mediúmnicas por los riesgos y dificultades del momento; otros han desarrollado dicha actividad espiritual sin problemas; sin embargo, con el paso del tiempo las circunstancias pueden cambiar. En cada etapa de grupo es necesario realizar una valoración seria y rigurosa. Si se ha practicado la mediumnidad con buenos resultados, pero se observa una degradación, o que los resultados ya no son los adecuados, es preferible desistir, aunque sea temporalmente. También puede ocurrir lo contrario, desde su fundación haber renunciado a su práctica, pero observar que se dan actualmente las condiciones para la práctica de este trabajo de intercambio entre los dos planos. Es muy importante siempre valorar las situaciones y ser flexibles, actuando con sentido útil y práctico; asumiendo los retos cuando exista consenso y merezca la pena, y absteniéndose cuando los riesgos sobrepujen a las posibles ventajas.

Para ir concluyendo, recordar este axioma: Todos somos necesarios pero nadie imprescindible. La tarea se desarrolla en muchos frentes. Cada grupo espiritista de buena voluntad, e implicado en la tarea renovadora, es como una pequeña chispa de luz destinado a iluminar el inmenso campo de trabajo que se descubre ante nuestros ojos. Todos esos pequeños focos de luz están interconectados, puesto que la dirección espiritual en todo el globo terráqueo es única. Se trata del Maestro Jesús, como gobernador de esta humanidad, quien dirige y coordina a los miles, quizás millones de espíritus de luz que están a su servicio en la gran tarea redentora de este planeta. Es la gran transición planetaria que, definitivamente, lo ha de convertir en un remanso de paz y de amor.

Cada uno de los elementos que formamos parte de un grupo debemos de sentirnos importantes, porque el hecho de pertenecer al mismo significa que “hemos sido llamados”; de esto no nos puede quedar la más mínima duda. Depende de nuestro esfuerzo personal el que cada vez nos podamos sentir más identificados con dicha tarea, un trabajo singular con el sello particular de cada uno que, unido al resto, supone una garantía de éxito en la consecución de los ideales espirituales, en la materialización de aquellas inquietudes que nos movieron en un principio y nos llevaron a buscar un camino. Los fundadores, los líderes, nos facilitaron ese camino; ahora nos toca a nosotros dar un paso adelante. ¿Estamos dispuestos a hacerlo?

 

El relevo generacional en los grupos espíritas por:  José Manuel Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

IDENTIDAD Y LENGUAJE DE LOS ESPÍRITUS

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Identidad y lenguaje de los espíritus

6. Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios. Porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.

(San Juan, epístola I, cap. IV, versículo 1). (“El Evangelio según el Espiritismo”)

Para poder comprobar la identidad de los espíritus y la naturaleza buena o mala de los comunicados que mediúmnicamente se puedan recibir, es imprescindible, en primer lugar, desarrollar el sentido analítico, la capacidad crítica que nace principalmente del sentido común, reforzado y argumentado por la experiencia y los conocimientos espirituales que a lo largo del tiempo vamos adquiriendo. Es concretamente durante el aprendizaje cuando hace falta desarrollar, si no se tiene conseguido ya, la capacidad analítica, para desmenuzar y razonar los postulados que vamos descubriendo y no caer en fanatismos ni en creencias vacías, evitando aprender de memoria o aceptar las ideas o conceptos sin más. Lo que significa que no podemos pretender aplicar, en los trabajos mediúmnicos, algo a lo que no estamos acostumbrados en el diario vivir, durante el proceso de aprendizaje y estudio de la doctrina espírita. Por lo tanto, es muy conveniente adquirir desde el principio buenos hábitos, una buena metodología de trabajo, aplicando para todo el buen sentido.

Esto se sustancia en la reflexión siguiente: Yo creo en ciertas ideas, no porque lo diga una personalidad dentro del espiritismo o porque lo digan los espíritus, o porque lo diga Allan Kardec, o Amalia Domingo Soler. Yo creo porque, cuando me planteo unas ideas, unos postulados, una vez analizados y estudiados los asimilo y hago propios, porque he sido capaz de llegar a las mismas conclusiones. Me puedo equivocar, pero siempre será una responsabilidad mía, no heredada de otros.

Al mismo tiempo, me apoyo y sirvo de las experiencias personales y colectivas; de la observación de las mismas, sacando sabrosas conclusiones que han de servir para evitar futuros errores y ajustar el rumbo por el cauce adecuado. Se trata de un binomio fundamental: conocimiento y experiencia, fruto del trabajo, del esfuerzo y de la constancia.

Los espíritus en general no lo saben todo, ni son infalibles; nosotros tampoco, ni tenemos la medida exacta de las cosas como para calibrar al cien por cien todas ellas. Estamos en el camino de la iluminación interior y nos falta todavía un trecho muy grande para alcanzar algo que se pueda asemejar a la sabiduría. Sin embargo, tenemos no solo el derecho, sino la obligación también, de someter al tamiz de la razón los mensajes que podamos ir recibiendo, con la debida prudencia y reserva.

No podemos aceptar todos los mensajes como buenos y profundos, como tampoco solemos considerar como excelente cualquier libro que llegue a nuestras manos que hable de un tema espiritual. De todos se puede aprender algo; no obstante, a los comunicados espirituales hay que darles el valor que merecen, aceptando aquellos que nos aporten algo positivo, y rechazando aquellos que puedan estar confusos, enrevesados, de carácter ampuloso o sin sustancia.

Respecto a la identidad de los espíritus, esto es algo casi imposible de comprobar. Normalmente, salvo excepciones puntuales, evitan dar su nombre para no estimular la vanidad ni el endiosamiento en el caso de que hayan sido personajes importantes del pasado. Para ellos, la identidad es irrelevante. Bien es cierto que lo que muchas veces se han considerado como santos por la historia de las religiones, en realidad no lo fueron tanto; pueden ser inexactitudes intencionadas, exageraciones, deformaciones de la realidad en un momento histórico puntual. Individuos que quizás, en algunos casos, llegaron a ser fanáticos de una causa, con sus pasiones y defectos como la mayoría de los mortales.

Además, como es obvio, existen en el mundo espiritual millares de espíritus que poseen una elevación y una sabiduría. Sin embargo, algunos de ellos han pasado por nuestro mundo sin quedar reflejados en la historia. Existencias oscuras, anónimas, de sacrificio, renuncia; olvidados por todos, exceptos por aquellos que recibieron el beneficio de sus cualidades, el fruto de su amor incondicional. Por lo tanto, a la hora de presentarse, lo que menos les preocupa es su nombre común, ya que a nosotros no nos puede aportar nada. Si eligen uno es para que podamos identificarlo y dirigirnos a él. Otros optan por decir: “Soy un hermano que viene a traeros un mensaje”. Lo verdaderamente importante es, como hemos dicho, aquello que inspiran y enseñan; sobre eso es donde hay que incidir.

A buen seguro la identidad es lo de menos, excepto cuando se trata de seres cercanos ya fallecidos, a los que el Padre concede y permite manifestarse por alguna razón de peso, como puede ser una prueba de la inmortalidad del alma, fortalecer la fe, la esperanza en el porvenir o levantar el ánimo en las aflicciones.

2º “Se juzga a los espíritus por su lenguaje y por sus acciones. Las acciones de los espíritus son los sentimientos que inspiran y los consejos que dan.”

(Libro de los Médiums; 267)

Los espíritus muy elevados se expresan con enorme sencillez pero con profundidad. Nunca adulan para no estimular la vanidad; tampoco dan órdenes o tratan de imponerse. Dicen mucho en pocas palabras, nunca hacen ostentación de su saber o elevación, y cuando algo lo desconocen no tienen pudor en reconocerlo. En sus mensajes cada palabra, cada frase, merece un análisis concienzudo, y se alegran cuando así se hace.

Como ya hemos visto en otros artículos de esta sección, también las características del médium tienen mucho que ver con el resultado final de la comunicación. Depende de la sintonía y afinidad que sea capaz de establecer el espíritu con el médium. También  la tipología puede influir, aunque no necesariamente es determinante, a saber: si es consciente, semiconsciente o, en los casos más excepcionales, totalmente inconsciente.

En otras ocasiones, cuando se analiza detenidamente el mensaje, se puede comprobar la mezcla de ideas, es decir, una parte pertenece al espíritu comunicante y otra parte pertenece al subconsciente del médium. Por tanto, influyen y mucho las condiciones del médium, estado de ánimo, condición moral, el grado de equilibrio, etc., para facilitarle o no el trabajo a los espíritus superiores. Es sencillamente una cuestión de sintonía espiritual; a mayor elevación del espíritu más dificultades tienen para penetrar la franja vibratoria grosera, densa de la parte material, lo  cual complica más la fidelidad y utilidad del mensaje recibido. Muchas veces se ven abocados a renunciar a la posibilidad de transmitirnos preciosos consejos, por la sencilla razón de que los escollos son tan grandes que los resultados apenas van a poder ser apreciados.

Por el contrario, los espíritus engañosos, vulgares, hablan de todo con seguridad aunque sus ideas no valgan más que las nuestras. Suelen ser opiniones personales, intencionadas, que no aportan nada, aunque las revistan de palabras o ideas aparentemente trascendentes para ganarse la confianza de la gente.

Tampoco podemos admitir la idea de que “aportan poco pero tampoco dicen nada malo”. No se puede caer en el conformismo ni dar por bueno cualquier comunicado. El tiempo es un regalo divino que no se puede desperdiciar escuchando a espíritus con verborrea insulsa, con mensajes irrelevantes de aquellos que buscan llamar la atención, aunque lo puedan hacer de manera inconsciente y sin mala intención.

Para evitarlos, hay que trabajar y esforzarse para despertar el interés de los espíritus superiores. Ellos están siempre prestos a ayudar, a realizar un esfuerzo y un sacrificio, pero cuando viene secundado por la buena voluntad, por el sincero interés por aprender, por mejorar. Cuando advierten en algún grupo la falta de interés por superarse, la tendencia a la rutina, conformismo o comodidad, se apartan y dejan paso a esos espíritus ociosos que están dispuestos a llamar la atención; si es el caso, a distraer y entretener las reuniones banales.

También hay que ser muy cuidadosos con el uso de los mensajes recibidos. No es raro encontrar en las redes sociales algún mensaje mediúmnico de algún grupo espírita. Aquellos que los publican deben de apelar siempre a la prudencia. Por lo general, los comunicados de cada grupo son para estudio y análisis interno, ya que suelen tocar los aspectos más necesarios para la evolución del grupo espiritual, sus problemas y necesidades del momento. No es descartable que algún día sea conveniente hacer público algún mensaje que se pudiera recibir, en función del momento y las circunstancias. No obstante, existen muchas formas de hacer llegar a la gente las posibles enseñanzas recibidas de lo Alto.

Para finalizar, recordemos los consejos de San Luis en el Libro de los Médiums, nº 266, y que nos sirven de resumen de todo lo expuesto:

“Cualquiera que sea la confianza legítima que os inspiren los espíritus que presiden vuestros trabajos, la recomendación que no nos cansaríamos de repetir y que tendríais que tener siempre en la memoria cuando os entregáis a vuestros estudios, es que penséis y maduréis, que sometáis a la prueba de la razón más severa todas las comunicaciones que recibís; que no descuidéis, desde que un punto os parezca sospechoso, dudoso u obscuro, pedir las explicaciones necesarias para poderos fijar con precisión.”

 

Identidad y lenguaje de los espíritus por: José Manuel Meseguer

©2017, Amor, Paz y Caridad

DESAFECTOS E INGRATITUDES

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Desafectos e ingratitudes

En las relaciones humanas los sentimientos desempeñan un rol muy importante; como dice Kardec: «La Naturaleza ha puesto en el hombre la necesidad de amar y ser amado. Uno de los goces mayores que le son concedidos en la Tierra es el encontrar corazones que simpaticen con el suyo…»

Nadie transita por la existencia física sin tener que abordar dificultades de todo tipo. Las más amargas son las que tienen relación con las ingratitudes e incomprensiones.

Nos formamos unas expectativas naturales de aquello que esperamos conseguir con el trabajo en común con nuestros semejantes. Después, en el transcurso de la vida, de las relaciones humanas, nos encontramos con los escollos propios de las imperfecciones morales que a todos nos afectan. Sin embargo, las que más duelen son las que tienen que ver con la falta de nobleza, la falta de sinceridad, el no conocer realmente a quién tienes al lado para trabajar en pos de un ideal. Traiciones, murmuraciones, desconsideraciones, hipocresía, etc., son alfilerazos que duelen sobremanera.

Vivimos con una máscara natural, que es aquella con la que tratamos de causar una buena imagen a los demás; no obstante, con el diario vivir, con el paso del tiempo, la convivencia y las situaciones de la vida van descubriendo nuestra verdadera personalidad, lo que realmente somos.

Las relaciones humanas se deben basar en un amor traducido básicamente en el respeto y  la confianza, especialmente cuando nos referimos a relaciones más estrechas y cercanas. Cuando esa confianza se resquebraja por cualquier desencuentro, cuando la forma de actuar no se corresponde con las palabras y, sobre todo, cuando existe hipocresía, deslealtad, desconsideración o la búsqueda de satisfacer intereses egoístas, es cuando la relación se resiente, provocando una distancia difícil de vencer.

El verdadero espirita debe vivir con un espíritu siempre conciliador, de perdón de las faltas ajenas como necesita perdón de las propias; en un clima de tolerancia y comprensión puesto que todos cometemos fallos y somos muy imperfectos todavía. No obstante, pueden existir obstáculos difíciles de superar cuando la diferencia de objetivos e intereses son muy grandes, y son aquellos que buscan adaptar los ideales y las personas a su gusto y conveniencia. Aquellos que aparentan mirar por el bien de todos pero buscan el beneficio propio.

Tampoco el planteamiento puede ser: “Yo traigo una misión a cumplir y necesito de un grupo para culminarla”. Lo correcto sería: “El grupo trae una misión en conjunto y yo soy un colaborador que he de contribuir en favor de sus objetivos, porque de esa forma se benefician todos y me beneficio yo también.” Las fuerzas no se suman sino que se multiplican.

El mundo espiritual superior nos brinda oportunidades a todos para superarnos. Luchar contra los personalismos desarrollando la generosidad, superando el afán de protagonismo con la humildad, aprender a servir en lugar de servirse de los demás. Sólo de esa manera se podrá conseguir la armonía y unión necesarias para avanzar en un frente común, sin conflictos ni amarguras.

También existe otro tipo de relaciones dañinas, de profundo desequilibrio, y es el caso de personas que, siendo amigas, alguna de ellas siente algo especial por la otra y se ilusiona con la esperanza de que esa amistad se pudiera convertir algún día en una relación más íntima y profunda; no obstante, la otra parte se aprovecha y utiliza sus sentimientos para satisfacer el egoísmo y vanidad personal, tomándose la relación como algo banal, ya que juega con la ventaja de no sentir lo mismo; considerando las atenciones que recibe como un derecho adquirido por su valía, olvidando que la otra parte actúa movida quizás en parte por una ilusión o una debilidad que no es capaz de ver ni dominar. La persona que resulta beneficiada debe de hacer un análisis sincero para no perjudicar a nadie, reuniendo el coraje suficiente para definir y aclarar los sentimientos, trazando un camino de amistad sana sin más; y planteándolo, si fuera el caso, con la debida delicadeza para no herir, pero sobre todo, no confundir a la otra parte. Tomando, si es necesario y por el bien de los dos, la debida distancia para relacionarse equitativamente con el resto de sus compañeros o amigos.

Sin duda alguna, muchas veces hablamos de los defectos y su enorme impacto en nuestra evolución, pero nos olvidamos de las debilidades, que son otros aspectos no menos nocivos que condicionan sobremanera nuestra forma de percibir la realidad y las relaciones humanas. Debilidades con los hijos, en los matrimonios entre los mismos cónyuges, en la relación, como hemos comentado ya, entre amigos de diferentes sexos.

Las debilidades poco tienen que ver con la inteligencia u otro tipo de facultades innatas del ser. Por el contrario, aquel espíritu equilibrado y lúcido que tiene claro sus objetivos y que confía y ama incondicionalmente, se le suele hacer, como vulgarmente se dice, la piel de elefante. Esto significa que sufre y lamenta profundamente las incomprensiones e ingratitudes por parte de las personas queridas, muchas veces las de mayor confianza; no obstante, se sobrepone y es capaz de proseguir en su camino tomando distancia emocional y sentimental.

Esas mismas debilidades unidas a un exceso de confianza y a una falta de análisis nos pueden hacer caer en un cierto “autoengaño”, debido a que solemos tener algunos “esquemas mentales blindados”. Es decir, aquello que vemos u oímos encaja tan poco con la imagen idealizada que tenemos que mentalmente no lo procesamos. Las pistas que nos van surgiendo no se corresponden con las creencias previamente establecidas. Cuando esos indicios toman otra dimensión más rotunda y clara, dejando en entredicho nuestra forma de pensar, es cuando hacemos el comentario de: “Se nos ha caído la venda de los ojos”. Para ello a veces tiene que pasar mucho tiempo, incluso años. Un golpe desagradable pero necesario. Forma parte del aprendizaje en la escuela de la vida, no para vivir con resentimiento ni amargura, sino para extraer sabias conclusiones enriquecedoras. Una de ellas, como dijo una persona muy sabia: “Hay que ir con el corazón en la mano pero con el puño cerrado”.

Todo ese tipo de dificultades se le pueden presentar a cualquier persona que tiene intención de seguir por un camino espiritual. Son pruebas, golpes que deben de fortalecer, reforzar en lugar de debilitar. También hay que tener en cuenta que no todos se encuentran en un mismo grado de evolución. Y “a quien más se le ha dado más se le exigirá”. Se trata de una responsabilidad que hay que asumir con todas las consecuencias. Es lo que firmamos antes de encarnar.

En la faceta de la amistad y el compañerismo es muy importante valorar a la otra parte; no creerse superior ni tener aspiraciones de dominio o control sobre los demás, más bien todo lo contrario, saber reconocer la valía ajena y las cualidades atesoradas para ser testigos y colaboradores a la vez de su florecimiento al exterior. Además, ser agradecidos por la ayuda y atenciones que nos hayan dispensado, la mayoría de las ocasiones, al menos es preferible verlo así, no merecidas.

En el aspecto sentimental resulta de gran utilidad el tacto y la delicadeza en las relaciones, marcar unas pautas razonables para no confundir ni prestarse a engaños, ya que, como sabemos los espíritas, este tipo de percances los podemos arrastrar en el futuro por medio de la ley de causa y efecto, teniendo que sufrir lo que hayamos hecho padecer a los demás.

“El ingrato tendrá vergüenza y remordimientos” Pregunta: 938; (Libro de los Espíritus).

El que sufre las consecuencias de la ingratitud o de los afectos contrariados también puede entresacar sabias consecuencias del mismo, aprendiendo a adquirir fortaleza, a utilizar más la inteligencia y equilibrarla respecto a los sentimientos, desarrollando la capacidad de análisis para valorar las situaciones y actuar con la debida prudencia, necesaria para evitar este tipo de impactos en la medida de lo posible. También para aprender a disculpar y perdonar siempre.

“La ingratitud representa una prueba para vuestra persistencia en realizar el bien.” Pregunta 937; (Libro de los Espíritus).

Desgraciadamente, la falta de trabajo interior y de unos objetivos claros y honestos en la vida facilitan el que se produzcan esos cuadros de amarga sorpresa y dolor moral resultantes de, por ejemplo, los fraudes entre socios de una empresa, críticas mordaces a espaldas del compañero o amigo, amores fallidos al ser utilizados los sentimientos y debilidades ajenas para beneficio propio, acusaciones y falsos testimonios de quienes proclamaban anteriormente una sincera amistad, y un sinfín de situaciones que para los espiritas no ha de haber lugar.

Kardec recibe las siguientes respuestas de lo Alto referentes al asunto: “Nosotros os enseñamos que sintáis lástima por los ingratos y los amigos infieles, porque serán más desgraciados que vosotros. La ingratitud es hija del egoísmo, y el egoísta ha de encontrar más tarde corazones insensibles como él mismo lo fue…” (Libro de los Espíritus, pregunta 937).

Es por ello vital estudiarnos a nosotros mismos, ver si en alguna circunstancia estamos pecando de ingratos, si le damos más valor a unas personas sobre otras, o si estamos hiriendo con nuestra forma de proceder los sentimientos de alguien para rectificar inmediatamente, esforzándonos por ser cada día más nobles, más limpios. De ese modo, llegado el momento de rendir cuentas a lo Alto, no tendremos que avergonzarnos de actitudes o comportamientos desleales. Actuando según los principios morales es como podremos construir relaciones sentimentales y de amistad sinceras, de las consideradas vulgarmente para toda la vida.

 

Desafectos e ingratitudes por: José Manuel Meseguer

© 2017 Amor, Paz y Caridad

 

«El hacer bien a villanos es echar agua al mar. La ingratitud es hija de la soberbia».    

Miguel de Cervantes

DIÁLOGO CON LOS ESPÍRITUS

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Diálogo con los espíritus

En el intercambio mediúmnico, una de las facetas más importantes es la del diálogo que se puede establecer entre el portavoz o portavoces del grupo y los espíritus que se manifiestan.

Allan Kardec nos aclara en el Libro de los Médiums, que no hay que esperar las comunicaciones de una forma pasiva, es decir, que sean siempre los espíritus los que deban explayarse en sus disertaciones sin participar lo más mínimo con preguntas. Y añade: “No cabe la más mínima duda de que los espíritus ofrecen instrucciones espontáneas de muy alto vuelo, y que no estaría bien que las descuidásemos, pero hay explicaciones que con frecuencia habría que esperar muchísimo tiempo antes de obtenerlas, si no fuese porque las pedimos.” Y añade: “A no ser por las preguntas que les hemos planteado, El Libro de los Espíritus y el Libro de los Médiums estarían aún por escribirse, o al menos serían mucho más incompletos de lo que son.” (Capítulo XXVI; 287).

Es muy importante ser previsores y concretar, en la medida de lo posible, las preguntas que se desean realizar a los seres espirituales, teniendo muy en cuenta tanto la forma como el fondo para que el diálogo sea ordenado y con un sentido lógico que permita desglosar uno o varios temas de forma coherente y útil. Si el tema propuesto por el hermano espiritual suscita interrogantes y no ha habido ocasión para expresarlas, no está de más analizar y estudiar posteriormente la comunicación, y si se considera conveniente, estructurar unas preguntas a la espera de una nueva oportunidad para exponerlas. El mundo espiritual, siendo previsor y atendiendo el interés sincero y la intención noble de aprendizaje, salvo que existan motivos de causa mayor que se nos puedan escapar, ellos mismos buscarán el momento para que puedan ser formuladas dichas preguntas.

A los espíritus superiores no les mueve la vanidad ni el amor propio, sino que su afán consiste en ayudarnos en el crecimiento espiritual, estimulando el aprendizaje, y sobre todo, la localización y superación de nuestras imperfecciones; ese es su interés fundamental. No obstante, se alejan o no contestan a las preguntas fútiles, o aquellas movidas por la curiosidad, o también las que tratan de poner a prueba su valía, olvidando el axioma de que el mensaje dibuja las características del mensajero. Es por ello que, no les molestan las pesquisas y las indagaciones razonables sobre el tema expuesto porque las consideran justas y necesarias; pero pretender, como así pueden actuar algunos poco experimentados, garantizarse la autenticidad del ser manifestante con preguntas para ponerlos a prueba, además de una falta de tacto y respeto, supondría una manifestación clara de desconocimiento de la mecánica espiritual. Por poner un ejemplo, es como si un señor respetable, culto y noble, que con buena voluntad se prestara a darnos una explicación, dudáramos de su identidad pidiéndole un documento personal acreditativo o que nos mostrara títulos oficiales que demostraran su cualificación académica.

Por otra parte, tampoco se prestan a intervenir en discusiones o debates de grupo cuando las posiciones pudieran estar enfrentadas y sobre todo si se trata de cuestiones materiales. En esos casos suelen demostrar gran prudencia; dejan toda la responsabilidad y la libertad de obrar y decidir entre los componentes del grupo, no inmiscuyéndose en sus problemas cotidianos. Ellos no están para sustituir lo que debe representar un esfuerzo de entendimiento y una obligación para las personas que colaboran y participan en el grupo mediúmnico. Si en algún caso comentan algo, será espontáneamente y con carácter conciliador, recordando por encima de todo, la necesidad de que primen los valores morales, imprescindibles en un grupo, para que este sea capaz de funcionar y avanzar; cualidades como son: la tolerancia, el respeto, la comprensión, la caridad, la fraternidad, etc.

Al otro lado de la balanza se encuentran los espíritus engañosos y de condición moral inferior; se suelen manifestar con aires de grandeza, algunos con una aureola mística, otros con una verborrea repetitiva extensa pero sin contenido sustancial. Ese tipo de espíritus se suelen sentir incómodos cuando se les pregunta, por el riesgo de caer en contradicciones o en falacias.

Aunque esto ya lo hemos analizado en otros artículos, no está de más recordar la necesidad de estar muy atentos para no dejarse engañar; los buenos médiums no están exentos de este tipo de comunicaciones apócrifas. El mundo espiritual superior las permite para que no nos relajemos, no nos consideremos infalibles y para estimular el estudio y el análisis de los mismos. Precisamente, el hábito de comentar y analizar con los compañeros de trabajo las comunicaciones así como las respuestas a las preguntas formuladas, es una garantía para evitar, en la medida de lo posible, ser engañados, y al mismo tiempo son una fuente de información, de crecimiento espiritual que no se puede desaprovechar.

Hay que incidir en la prudencia respecto al tipo de preguntas que deseamos formular. Algunas son imposibles como son las relacionadas con fechas concretas futuras, con acontecimientos que están por suceder. El mundo espiritual superior es capaz de prever los acontecimientos con meridiana claridad, sin embargo, los plazos y sobre todo las fechas, están supeditados al libre albedrío de las personas, a los derroteros, decisiones y caminos que decidamos transitar los seres humanos. A ellos les resulta casi imposible concretar en el tiempo, porque estamos hablando de distintas dimensiones, la espiritual y la material, en donde el concepto de espacio y tiempo varía notablemente. Casi siempre, salvo rarísimas excepciones, desconocen el momento exacto de los acontecimientos, sin embargo los ven aproximarse como si los observaran desde una ventana que les permite tener una perspectiva de lo que ocurre aquí abajo.

Nos estamos refiriendo a los acontecimientos mundiales que afectan a la humanidad. No existe un fatalismo que convierta en algo inamovible los acontecimientos futuros. Sabemos que nos encontramos en pleno proceso de Cambio de Ciclo Planetario, y para ello, los espíritus superiores son claros respecto al resultado final que debe de acontecer, pero cautos y prudentes en otros pormenores o detalles. Su intención es la de concienciar para que nos ajustemos urgentemente a los nuevos parámetros morales y espirituales que nos permitirán formar parte de esa nueva humanidad prometida. No obstante, su intención no está en generar miedo o ansiedad, sino inquietud, reflexión, por cuanto, los cambios morales, de actitud espiritual no se realizan de la noche a la mañana. Siendo espíritus tan inferiores en la escala evolutiva, nos cuesta mucho avanzar y progresar, es por ello que, el mundo espiritual no hable de urgencia, de apremio, porque nadie excepto Dios sabe cuándo se producirán esos cambios definitivos. Un proceso global que, sin duda alguna, ya se está produciendo en el planeta de manera irreversible.

Esa misma prudencia nos debe llevar también a ser cautos respecto a lo relacionado con las existencias anteriores. Salvo que espontáneamente puedan manifestar alguna información, no debe de ser un motivo de indagación ni preocupación este tema. Cuando revelan algo al respecto suele ser porque lo consideran que puede ser útil para uno o varios miembros del grupo, y siempre con una finalidad constructiva. La curiosidad en este apartado no tiene ningún valor práctico. Generalmente, si estamos aquí es porque hemos cometido errores en el pasado y venimos a depurarlos, es lo único que le importa al espíritu y es su finalidad fundamental, lo demás es accesorio y anecdótico.

Respecto a ciertos asuntos materiales como pueden ser conflictos familiares, ellos no nos pueden eximir de las pruebas que como todo el mundo estamos expuestos; no somos una excepción. Sin embargo, a través de la oración y sin alterar la dinámica y el interés general del grupo, podemos realizar alguna pregunta mentalmente, por si el mundo espiritual superior, sobre todo los espíritus familiares que nos asisten, tuvieran autorización para hacernos alguna indicación, pero siempre desde la discreción y el recogimiento, sin ninguna pretensión. Comprendiendo que hay cosas que deben seguir su curso, han de madurar. Muchas veces no dependen de uno; o simplemente son pruebas que debemos de dirimir nosotros, ejercitando la inteligencia y ciertas cualidades, paciencia, tolerancia, resignación muchas veces, etc. Sin olvidar que aunque el trabajo mediúmnico finalice, los espíritus bienhechores que nos aprecian, si tienen permiso y lo consideran justo y necesario, buscarán la forma de orientarnos o de facilitarnos la solución al problema, de manera que ya no represente un entorpecimiento para uno mismo ni para los demás.

Para ir concluyendo, es importante destacar a nivel general la necesidad de ajustar las preguntas a un contexto que sea realista, sin pedir explicaciones o aclaraciones que atañen a nuestro esfuerzo, trabajo, análisis y estudio. No somos seres excepcionales, estamos expuestos a los mismos interrogantes, a los mismos problemas y vicisitudes que el resto de mortales. Dios actúa siempre con sabiduría y con justicia para todos por igual. Todo tiene un porque y un motivo de ser, para que ejercitemos, como hemos comentado ya, la inteligencia, la paciencia, la resignación, la fe, la constancia, y la esperanza.

La doctrina espirita nos proporciona un tesoro de informaciones y de posibilidades que nadie en una sola existencia es capaz de aprovechar al cien por cien. Esa es la principal fuente de donde debemos beber, sin pretender reescribirla o someter al mundo espiritual a un trabajo que nos compete exclusivamente a nosotros. Ellos no son apuntadores y nosotros no somos unos privilegiados; al contrario, la misericordia divina nos concede la posibilidad de sacarnos de la inoperancia y de la lentitud de progreso a la que muy probablemente hemos estado instalados durante mucho tiempo. Es un regalo, pero que si no se aprovecha bien se puede convertir en una responsabilidad más, en un agravante que nos puede pesar en el futuro; por tanto, no nos podemos descuidar. Esforcémonos por convertir la mediumnidad en un instrumento fecundo de progreso.

 

Diálogo con los espíritus por:Diálogo con los espíritus por: José Manuel Meseguer

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CIENCIA, PREJUICIOS Y ESPIRITUALIDAD

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Ciencia, prejuicios y espiritualidad

¿Qué sabemos de la realidad? ¿La realidad es algo concreto, inmutable? ¿Estamos plenamente capacitados para percibirla en su plenitud o tenemos limitaciones que nos condicionan? ¿Su percepción ha sido siempre la misma o a lo largo de la historia ha ido cambiando? ¿Cómo puede superar sus límites el hombre para percibirla cada vez con mayor claridad?

Son preguntas difíciles de contestar, al menos, desde un punto de vista que pueda satisfacer a todas las diferentes formas de pensar e interpretar lo que nos rodea. A día de hoy no existen respuestas categóricas, sobre todo, a tenor de los importantes avances en el campo de la física cuántica y en otras disciplinas científicas que nos muestra una realidad más compleja y amplia de lo que se pensaba. El catedrático en física cuántica José Ignacio Latorre, afirmó en una entrevista: «La realidad es un concepto sutil. Existe en la medida en que la miras. Acercarte a conocerla… la condiciona, ¡la crea!». A lo que podríamos añadir: La realidad se descubre ante nosotros en función del grado de conciencia desarrollado.

No vamos a centrarnos en aspectos científicos porque no es el objetivo de este artículo. La reflexión que vamos a tratar de desarrollar gira en torno a las ideas preconcebidas que los seres humanos nos formamos sobre ciertos temas trascendentes, bien sea en nombre de la ciencia y de la lógica; y que pueden llegar a suponer muros infranqueables que nos alejan, en lugar de acercarnos a la verdad.

 De ese modo, cualquier cosa que se aparte de lo establecido o reconocido oficialmente por la comunidad científica, es catalogado como irreal, dogmático, fantasioso y hasta incluso, en casos extremos, como patológico. Sobre este último punto, tenemos el ejemplo del prestigioso escritor Víctor Hugo, quien publicó hace más de 150 años una obra titulada «Lo que dicen las mesas parlantes», en donde recoge algunas comunicaciones mediúmnicas, supuestamente de personajes ilustres del pasado como son Platón, Shakespeare, Galileo, y un largo etcétera. Puesto que para la comunidad intelectual, sus obras literarias son de una calidad incuestionable, el hecho de que fuese aficionado a la mediumnidad y al espiritismo, como no entra dentro de la lógica convencional y mayoritaria, algunos justificaron «su desvarío» con una posible patología denominada «parafrénia fantástica»; enfermedad mental que suele avanzar hacia ideas «extravagantes y alucinaciones».

La vida está llena de ejemplos que ponen en entredicho las versiones materialistas y reduccionistas respecto a la vida después de la vida física. No se puede aplicar una misma fórmula para todo, simplificar y justificar aquello que requiere otros enfoques, otras visiones más amplias. Es el gran problema de los prejuicios; olvidando el hecho de que aunque ciertas personas se les puedan considerar como autoridades intelectuales, también se pueden equivocar, no son infalibles. Es cierto que cada quien percibe una parte de la realidad para la que está capacitado. No es sólo una cuestión intelectual, sino que intervienen muchos más factores. Sería un error considerar exclusivamente la inteligencia y los conocimientos, como única forma de alcanzar la sabiduría; intervienen otros elementos que conforman al ser humano y lo engloban, que tienen que ver con la parte emocional, los sentimientos, las experiencias de vida e incluso la condición moral.

Por el hecho de ser considerados como ilustrados en alguna o varias disciplinas científicas sus opiniones pueden ser importantes, a considerar, pero no son infalibles. Si se parte desde una posición categórica e incuestionable, se corre el peligro de convertirse en aquello que dicen combatir racionalmente. Sería necesario que aclararan si lo que están manifestando son impresiones particulares o hablan con conocimiento de causa.

Hagamos un alto en el camino; por un momento, rechacemos cualquier idea preconcebida. Partamos de cero y planteémonos una hipótesis de trabajo y estudio. Supongamos que la vida espiritual es una realidad incuestionable y que cuando morimos biológicamente pasamos a vivir en otro plano. Si esto, como sería razonable, ocurre desde que el mundo es mundo, ¿de cuántos espíritus estaríamos hablando que han cruzado a lo largo de la historia el umbral? Siendo así, los miles, millones de espíritus que conforman el otro lado: ¿Formarían sus humanidades, una organización, unas actividades como ocurre en este plano físico? ¿Se encontrarían aislados por barreras infranqueables sin ninguna capacidad de manifestarse, o incluso de evolucionar, de progresar? ¿Sería lógico que ambas realidades fueran incompatibles e inaccesibles cuando la ciencia nos demuestra cada día que todo está interconectado? ¿Esas mismas humanidades, por la simpatía, y sobre todo, por los seres queridos que dejan aquí, tendrían motivos para esforzarse en demostrarnos que hay vida después de la vida material o carecería de interés para ellos? ¿Y por último, algo tan importante y trascendente como es el conocimiento de la vida en sus múltiples manifestaciones, merece nuestra atención o es preferible mirar hacia otro lado ignorándolo?

Desconocer algo no significa que no exista. Cada ser humano pone el foco de su atención hacia donde se siente más cómodo, más identificado. Tenemos unas limitaciones de variada índole que nos condiciona la percepción de la realidad y de la vida. Una de ellas, quizás la más importante, es que apenas nos conocemos interiormente. A nivel personal nos enfrentamos a tres realidades. La primera, cómo nos vemos a nosotros mismos; la segunda, cómo nos ven los demás; y la tercera, como somos realmente.

“Nuestros pensamientos y sentimientos también desempeñan un papel a la hora de determinar cómo funciona el universo y cómo lo percibimos. El modo en que pensamos tiene consecuencias físicas en lo que percibimos, hecho que ha dado pie a una revolución tanto en física como en la filosofía y la investigación de la conciencia.” (Cardiólogo y científico holandés Pim Van Lommel)

Somos un proyecto de crecimiento, aprendizaje, de asimilación de experiencias; ser conscientes de ello nos debe de colocar en una posición de prudencia y humildad.

El mundo espiritual ha llamado desde siempre y llama también hoy con fuerza a nuestras puertas. El campo espiritual y los fenómenos que pueden generar no son anomalías, o hechos aislados, tampoco han sido o son siempre el producto de imaginaciones sobreexcitadas ni de supersticiones fantásticas. Somos en esencia una energía que irradia a partir de un cuerpo biológico compuesto por millones de células, que mueren muchas de ellas diariamente, siendo reemplazadas por otras.

Veamos dos ejemplos de la amplísima gama de fenómenos que están al alcance de cualquiera para su estudio y análisis.

El estudio de las ECM (Experiencias cercanas a la muerte), nos introduce en un campo muy vasto, en donde existen miles de testimonios de personas de todo el mundo que han sufrido una experiencia de este tipo, narran la vivencia de una realidad muy intensa, profunda; trasladando a nuestro campo de experiencia, aspectos de la vida que hasta ahora pertenecían al terreno exclusivo de la filosofía, la teología o de las creencias religiosas.  Justificar estas experiencias como alucinaciones o desvaríos mentales, sería muy poco serio y riguroso. Existe una casuística enorme, rica en matices, que nos muestra una realidad poco explorada hasta hace unas cuantas décadas. Incluso, reputados investigadores, médicos y psiquiatras de prestigio mundial se han visto salpicados directa o indirectamente por este fenómeno global. Ahí está el famoso caso del neurocirujano Eben Alexander, profesor en Harvard, quien sufrió una experiencia límite, estuvo en coma por una meningitis en el año 2008, durante la cual, vivió una experiencia fuera del cuerpo. Se le mostró una realidad espiritual a la que él había manifestado a lo largo de su vida gran escepticismo e incredulidad. A raíz de dicha experiencia, publicó una obra titulada: La Prueba del Cielo. Declaró en una entrevista: “La vida tras la muerte existe y la ciencia debe tomarlo en serio.” 

También resulta destacable la magnífica labor del investigador italiano Marcello Bacci sobre la Transcomunicación Instrumental. Recabó durante varios años miles de grabaciones de seres ya fallecidos, registrando sus voces desde una vieja radio de válvulas fuera de sintonía. Estableciendo incluso un diálogo con un equipo de trabajo del «otro lado«, bajo la dirección de una entidad espiritual denominada «el Sabio»; quien se encargaba de dirigir las sesiones desde el laboratorio situado en la localidad de Grosseto (La Toscana). Distintos investigadores independientes fueron testigos de las sesiones llegando a la conclusión de que no existía ningún tipo de fraude, interferencia o intervención material que pudiera justificar dicho fenómeno.

En ocasiones, según quienes traten estos temas, se cuidan mucho del uso de una nomenclatura u otra; de ese modo, todo queda reducido a una cuestión semántica. Se sienten más cómodos con unas palabras que con otras para definir determinadas cosas por las connotaciones que suponen algunas de ellas. Por ejemplo, hablar de espíritu, vida espiritual, Dios, inmortalidad; supone un problema para algunos; sin embargo, cuando se habla de conciencia, energía pensante, vida en otra dimensión, universo paralelo y conciencia cósmica; es mejor aceptado por una mayoría. En el fondo se está hablando de los mismos conceptos.

Son, sin duda, caminos aparentemente distintos pero que están condenados a converger algún día. La ciencia con sus descubrimientos está dando pasos de gigante. La espiritualidad, si es capaz de prescindir del fanatismo y del dogmatismo, se encontrará también en la línea adecuada para reunirse en un punto donde se puedan cohesionar definitivamente los conceptos científicos y filosóficos; las ideas que configuren un camino común a seguir, que nos acerque a una realidad global y aglutinadora.

 

Ciencia prejuicios y espiritualidad por: José M. Meseguer

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AYUDA A LOS ESPÍRITUS SUFRIENTES 2

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Ayuda a los espíritus sufrientes 2
Fotograma de la película: Astral city.

Continuando el artículo anterior que trataba sobre el interesante tema: Ayuda a los espíritus sufrientes. Hablaremos ahora de algunas de las innumerables situaciones en las que se pueden encontrar las personas que abandonan su cuerpo físico, y en la misma línea, abordaremos también el capítulo relativo al contacto y diálogo que sería adecuado mantener con esos espíritus necesitados que acceden a los trabajos de ayuda.

Partimos de la base de que para poder ayudar, primero hay que escucharles, y determinar las características de su problema, para de ese modo, concretar el tipo de ayuda y orientación que necesitan. Esto no significa que se pudiera asemejar a una especie de interrogatorio por parte del adoctrinador, preguntando detalles del todo irrelevantes que no aportan nada positivo ni le ayuda en nada a la entidad perturbada. Hay que dejarles hablar pero con mesura, con equilibrio, siendo tratados con amor y comprensión, con delicadeza pero al mismo tiempo con firmeza cuando la ocasión lo requiera.

En líneas generales, resulta conveniente que lleguen a comprender su situación real, que perdieron su cuerpo físico y que se encuentran en una nueva fase de su camino evolutivo. Es habitual que los colaboradores espirituales aprovechen ese momento en que el orientador les informa sobre su separación del cuerpo físico para proyectar en su mente la imagen del cuerpo abandonado y en descomposición, lo que genera un fuerte choque emocional que les hace reaccionar y asumir la realidad del cambio.

Otros desencarnados, al comprender que ya no pertenecen al plano terrenal, se sienten fuertemente preocupados por la situación de los seres queridos que dejaron en la Tierra ¡¡Que va a ser de ellos!! Ante esta situación, les recordaremos que no estamos solos y que la misericordia del Padre ampara y alcanza a todas sus criaturas por igual, porque todos somos hijos suyos, creados por Él a su imagen y semejanza espiritual.

Durante esa transición, resulta muy necesario para los desencarnados desligarse psicológica y emocionalmente de los seres queridos y las cosas que dejaron atrás en la Tierra. Esta separación psicológica y emocional les facilita en gran medida su desprendimiento del cuerpo físico y una más rápida adaptación a la nueva realidad. Mientras tanto les están esperando los familiares y amigos que les antecedieron en el tránsito.

El sentimiento de culpa por los errores cometidos en la vida física, también es muy común para ciertos desencarnados. Muchos son rescatados de zonas del umbral donde han sido severamente castigados y sometidos. Es decir, organizaciones del mal que atrapan a ciertos incautos que por sintonía vibratoria no han sido capaces de salir del pozo que ellos mismos se han construido con sus graves faltas, viéndose obligados a someterse a estas entidades perversas, que se arrogan la autoridad ficticia de juzgar y condenar a los otros implacablemente. En esta ocasión, el adoctrinador con cierta bondad debe ayudarle a romper con el pasado, mirar hacia el futuro reparador con optimismo, haciéndole comprender que ha sido rescatado para no volver nunca más a esos lugares. Para ello, necesita revestirse de una actitud positiva, de fe y oración para fortalecer el espíritu.

Otro grupo de entidades muy necesitadas, suelen ser la de aquellos que han sido clérigos, sacerdotes, obispos, o cualquier otro tipo de autoridad eclesiástica. Muchos de ellos, dominados por sus férreas creencias y pensando en su posición religiosa destacada, esperan ansiosos la presencia de los ángeles guardianes o del mismísimo maestro Jesús para recibirlos en el cielo. Cuando su comportamiento a lo largo de su vida no ha sido acorde a lo que predicaban, se encuentran, al cruzar el umbral, con una realidad muy decepcionante; incluso algunos más rebeldes no están por la labor de admitirla. En estos casos, sin pretender entrar en discusiones espirituales o teológicas, el orientador debe recordarles la importancia de la humildad y la omnipresente bondad de Dios en el camino de la perfección; hacerles ver que los verdaderos méritos no se encuentran en los fastos mundanos, sino en el recto proceder, las buenas obras y el amor a los semejantes. Por lo general, la intervención de un ser muy querido que se encuentra en una buena posición espiritual, consigue sensibilizarlo, reduciendo su orgullo y la aceptación de su nuevo destino.

También resultan curiosos los casos de aquellos nobles del pasado, personas de una posición social destacada, que al ser conducidos al trabajo mediúmnico se sorprenden de que, a pesar de la cantidad de misas que tienen pagadas no hayan recibido lo que consideran que les corresponde. Al comentarles que no es eso importante sino las obras de bien, suelen argumentar las importantes cantidades de dinero que han donado a la iglesia para la construcción de iglesias, conventos o altares; creyendo de esa manera, que van a alcanzar de una manera fácil y rápida el cielo prometido. Su orgullo les ciega, para lo cual se requiere paciencia y comprensión, explicándoles la necesidad de la humildad para someterse a la voluntad de Dios; tomando conciencia de que todos somos hermanos, pero sin privilegios, y que las posesiones materiales así como los títulos son transitorios. Solo nos llevamos las buenas obras, ese es el verdadero tesoro. También resulta significativo, que al finalizar el dialogo, suelen percibir a espíritus que estuvieron con ellos en la tierra, generalmente súbditos que quizás menospreciaron, esperándoles sonrientes, llenos de bondad, con los brazos abiertos. Demostrando tanto a ellos como a nosotros, lo poco que significa la posición social o el tipo de trabajo desarrollado en el plano físico para el espíritu.

Queremos recalcar el papel que juegan siempre los seres queridos ya desencarnados, el hecho de que pasen por una materia los espíritus sufrientes, y puedan permanecer durante breves momentos en otro cuerpo físico que no es el suyo, además de las palabras amables y amorosas del adoctrinador, sirven de puente fundamental para superar las barreras que les separaba de sus afectos y/o familiares más queridos, ya desencarnados. En la inmensa mayoría de los casos, se produce la sensibilización necesaria que les permite captar su presencia, para ser reconducidos y llevados al lugar que les corresponde para su recuperación definitiva, ya lejos de la mesa mediúmnica y del plano físico.

Huelga decir, que la mayor parte del trabajo de ayuda está desarrollado por los componentes del equipo espiritual, sin menoscabo de la valiosa colaboración del equipo humano y la oración colectiva, imprescindible para alcanzar la inspiración, la claridad y la lucidez necesarias.

Existe otro tipo de entidades espirituales que disfrazándose de entidades sufrientes o espíritus elevados, algunos actuando sin mala fe, no aportan nada ni están por la labor de recibir algo positivo porque no les interesa. Se cuelan, o mejor dicho, las entidades espirituales superiores que dirigen al grupo mediúmnico lo permiten como experiencia, y para probar la capacidad de análisis o el grado de fanatismo en que ha podido incurrir un grupo de trabajo. Otra causa puede estar, en ciertas personas del mismo equipo, que por descuido, negligencia o falta de control, se han convertido en “puertas abiertas” a la parte negativa.

En cualquier caso, se necesita de una cierta honestidad, rigor y humildad por parte de los médiums y los asistentes para reconocer estas falencias. A dichas entidades se les debe de tratar con bondad pero con firmeza, haciéndoles comprender que el grupo está para otras necesidades más urgentes y no para pasar el tiempo inútilmente. Hay que tratar de que entren en razón o de lo contrario invitarles a que abandonen el trabajo. Muchas veces hace falta paciencia, constancia para persuadir a dichas entidades de que no se pueden sentir cómodas porque son descubiertas en cada ocasión que tratan de camuflarse en otras supuestas entidades sufrientes o elevadas.

Si la situación se prolonga en el tiempo y no se soluciona, es preferible, en muchas ocasiones, suspender temporalmente los trabajos y recurrir a la oración fervorosa por parte de todos los asistentes, haciendo un autoanálisis sincero de cada uno de los miembros del grupo, para corregir tendencias y actitudes que pudieran favorecer este tipo de manifestaciones improductivas.

No podemos dejar de lado a los espíritus obsesores, que no están dispuestos a perdonar y se empecinan en continuar vengándose y persiguiendo a sus víctimas. No olvidemos que ante sus ojos, la implacable persecución está más que justificada por los perjuicios recibidos. Como no les es posible acceder a la memoria de sus vidas pasadas, no tienen la capacidad para determinar la justicia de sus padecimientos pasados. Es necesario explicarles con cariño y firmeza que la única y verdadera justicia es la de Dios, que con su actitud de venganza no conseguirán nada y que muy al contrario, incrementarán sus deudas y serán más desgraciados. Hacerles ver la necesidad de salir de su espiral de odio y venganza, que es el único camino para aliviar su dolor; conseguir el perdón y el olvido de las ofensas. Deben saber que su permanencia en esta situación (que creen privilegiada) es limitada, y que su víctima dejará en algún momento de serlo, y que se verán solos ante su miseria moral. Por mucho que les pese, su insistencia en el mal será inútil y solo servirá para agravar su condición.

Por otra parte, debemos destacar que, por encima de las circunstancias de cada caso, la caridad es mutua; más de ellos hacia nosotros que viceversa, por la sencilla razón de que nos encontramos todavía en la retaguardia espiritual, llenos de defectos y debilidades. Por lo tanto, no poseemos autoridad moral para dar lecciones o adoctrinar sobre aspectos que ni tan siquiera tenemos superados. En realidad, escuchando sus experiencias, sus desgracias, estamos recogiendo una información valiosa que nos ha de servir para comprender que: “Si no variamos de rumbo o no estamos atentos a nuestro interior, dejándonos llevar por la comodidad o las tendencias materiales, nos puede pasar lo mismo que a ellos.”

Hasta aquí, hemos resumido algunos de los casos con los que nos podemos encontrar, existen muchos más, no obstante, por encima de todo, es necesario insistir en la necesidad de elevar nuestro patrón vibratorio, a través de una conducta moral recta, honesta, sin personalismos o vanidades estériles. Esta será la mejor garantía, junto al discernimiento, el análisis y el diálogo con nuestros compañeros, para mejorar día a día, e ir superando los obstáculos y las dificultades que la experiencia mediúmnica nos pueda presentar. No olvidemos que además de tratarse de una caridad hacia nuestros semejantes, es también un rescate necesario de nuestro pasado lleno de faltas y de un aprendizaje fundamental.

AYUDA A LOS ESPÍRITUS SUFRIENTES 2 por: José M. Meseguer

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Transcribimos las palabras de Sebastián de Arauco en su libro “Tres Enfoques sobre la Rencarnación” cuando habla de los espíritus sufrientes:

“Estos, arrepentidos de sus graves errores y maldades y torturados por las acusaciones de su propia conciencia superior, que les presenta en cuadros fluídicos, visiones torturadoras de las maldades y sufrimientos que causaron, visiones de las que no pueden librarse (pues son proyectadas en su propia mente como si fuese una pantalla de cine) y que les llevan a un estado de desesperación tal que claman intensamente desde el astral inferior poder librarse de esa tortura. Son seres evolucionados intelectual y volitivamente pero que han vivido en el error y en la maldad. Y estos clamores (ondas pensamiento) son captados en las esferas superiores por los espíritus que las habitan y que vibran en amor fraterno. Al recibir la llamada, acuden en su auxilio y les hacen ver que su condición es consecuencia de sus propios actos pasados. Cuando estos seres llegan a asumir las consecuencias de sus errores, generalmente se arrepienten. Si este arrepentimiento es verdadero (a los seres superiores no se les puede engañar porque pueden leer en su mente como en un libro abierto) se comienzan entonces los preparativos de rescate de ese plano de sufrimiento (astral inferior).”

LEY DE CONSERVACIÓN

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Ley de conservación

Todas las leyes naturales contribuyen al progreso de la humanidad. La ley de conservación nos da la medida de lo necesario y lo superfluo a través de las herramientas que poseemos como son, el instinto, la inteligencia o la intuición

En primer lugar, el instinto es la manifestación más básica de todos los seres vivos que existen sobre el planeta. En el hombre, siendo una inteligencia no racional, nos induce al bien ya que no se extravía nunca. Nos dota de la capacidad para la búsqueda de la supervivencia y la conservación de la vida. Nos advierte de peligros, y se puede manifestar a través del miedo a lo desconocido; también por medio del dolor. Nos preserva de situaciones que pueden poner en riesgo nuestra integridad física.

“Dios no podría dar al hombre la necesidad de vivir sin darle los medios” Libro de los Espíritus; 704.

En segundo lugar, la inteligencia nos ayuda a discernir la medida de las cosas, a ponderar nuestras necesidades y la forma de cubrirlas. En este punto nos diferenciamos del resto de los seres vivos. Además, la inteligencia nos dota de «responsabilidad» en nuestras acciones; nos lleva a tener que tomar decisiones, teniendo que asumir las consecuencias de nuestros actos. Se alimenta de algo muy importante, que es la «experiencia».

Por último, la intuición nos dota de otra posibilidad, de algo sutil, inexplicable para los materialistas, que consiste en actuar según nos dicta una voz interior, por decirlo así, que nos inclina a obrar de un modo u otro, sin que necesariamente se haya tenido que razonar el asunto. Puede ser el producto de las experiencias vividas por uno mismo en existencias pasadas, o la inspiración de otras entidades, como puede ser nuestro guía espiritual, para que tomemos una decisión acertada; dejando la decisión final y el mérito a uno mismo.

“… Sólo lo necesario es útil; lo superfluo no lo es nunca.” El Libro de los Espíritus, 704.

Sin embargo, cada individuo tiene una forma distinta de calibrar las necesidades propias, en función del progreso alcanzado, y distorsionado por el grado de egoísmo y orgullo que todavía subyace en su interior. En este sentido juega un rol fundamental el materialismo o la espiritualidad desarrollada en las diferentes existencias físicas vividas.

Por ejemplo, en el goce de los bienes terrestres, cuanto mayor es el nivel espiritual, menos importancia se le da a las cosas materiales; estas son observadas como un medio y no como un fin en sí mismo. Las posesiones materiales adquieren en ese punto otro cariz, como herramienta de trabajo, instrumentos de los que se sirve el espíritu para su progreso y el de los demás. Esto no significa que no hayan de ser disfrutadas, sino que somos responsables de su administración, puesto que son concesiones temporales de cuyo uso tendremos que dar cuentas el día de mañana.

No obstante, para los espíritus inferiores, poco evolucionados, la riqueza y los bienes son una finalidad, no un medio para proporcionar bienestar también a sus semejantes. Obviamente, el Padre nos provee con generosidad para que no nos falte lo necesario, pero está en el abuso la causa de todos los males. Todo ello provocado por un defecto material que en mayor o menor medida nos afecta a todos: el egoísmo. Esta lacra nos impide ser solidarios con nuestros semejantes, caritativos cuando la ocasión lo requiere, previsores cuando hay peligro de escasez, etc…

Hoy día vivimos en un mundo dominado por la publicidad y el consumismo. La técnica consiste en vendernos emociones para que compremos objetos, con lo cual la esperada felicidad es excesivamente fugaz y no colma las necesidades reales del ser. Poseer casas, yates, coches de lujo, un amplio patrimonio económico, etc., no son suficientes para dotar de felicidad interior al ser humano si no se encuentra mentalmente y espiritualmente equilibrado. Muchos de ellos se encuentran vacíos, con relaciones familiares rotas, con unos hijos que no valoran lo que tienen puesto que no les ha costado ningún esfuerzo. Las consultas de los psicólogos y los psiquiatras se encuentran llenas de personas con importantes conflictos mentales y emocionales, pese a que lo han conseguido todo a nivel material, pero que no han encontrado el tiempo para equilibrarse interiormente; escuchar, entre otras cosas, su voz interior que le demanda unos determinados objetivos en la vida.

Por otra parte, es una enorme falacia justificar el hambre en el mundo, como argumentan algunos, porque no hay suficiente para todos, debido a la superpoblación en el planeta, cuando el grueso de la riqueza mundial se va concentrando cada vez más en unos pocos privilegiados, favorecidos por unas leyes injustas creadas por ellos mismos. Si el hombre se preocupara por el bien común, se ahorraría muchas desgracias y cometería menos injusticias. Hay que proveer de todo lo necesario a quienes no disponen de los medios o de la posibilidad de adquirirlos por sí solos. Tenemos la obligación moral de proteger y amparar a los más desfavorecidos, puesto que todos somos hermanos, formamos parte de un núcleo social en donde no somos ajenos los unos de los otros. La convivencia y la solidaridad nos deben de llevar a preocuparnos y ocuparnos por el bienestar general.

“Hay sitio para todos bajo el sol, pero a condición de que cada cual ocupe el que le corresponde y no el de los demás.”

“La naturaleza no puede ser responsable por los vicios de la organización social y por las consecuencias de la ambición y el amor propio” Allan Kardec (Libro de los Espíritus; 707)

La corrupción de los poderosos, el despilfarro de las élites políticas y económicas, la falta de previsión y de responsabilidad de muchos círculos de poder, dejan patente las señales inequívocas de un sociedad enferma, carente de ideales, de un rumbo que se debería de plasmar en una «educación» basada en unos valores comunes, al margen de creencias religiosas o intereses mezquinos, partidistas e inmediatistas.

Según nos dice la sabiduría china: “Si piensas en el próximo año, planta maíz. Si piensas en la próxima década, planta un árbol. Pero si piensas en el próximo siglo, educa a la gente.”

También conviene significar el progreso que supone para la humanidad el trabajo voluntario de todos aquellos que se sacrifican por los demás, comprometiendo su bienestar y confort, trasladándose a países de conflicto y graves carencias, para desarrollar un trabajo de asistencia sanitaria o de otro tipo, de forma generosa y altruista. Ese tipo de privaciones sí que tienen un sentido superior, agradable a Dios, puesto que supone el poner en práctica la caridad en su más bella expresión.

Tenemos ejemplos sublimes de renuncia como expresión de una forma de entender la vida, siendo consecuentes con unos ideales y unos objetivos por encima de cualquier otra cosa. Ahí está un Francisco de Asís, “el trovador de Dios”, que en un momento de despertar espiritual y de lucidez rompió con todo para dar paso al nuevo hombre que dormía en su interior, llevando una vida de servicio y privaciones. Teresa de Calcuta, que pese a las dificultades, supo mantener con firmeza su objetivo de ayuda a los desheredados de la India, los parias y olvidados por la sociedad, promoviendo una obra que todavía perdura hoy día con mucha fuerza en aquel país. Y como no, el inigualable Jesús de Nazaret, cuyo mayor sacrificio fue el renunciar a su dicha para descender a los planos más groseros de la materia, en un mundo turbulento como el nuestro, dando un ejemplo de amor, bondad, tolerancia y perdón sin límites.

Podemos decir que, la ley de conservación tiene una finalidad muy importante; nos da la medida de lo necesario para preservar el preciado tesoro que es la vida. No olvidemos que tanto esta ley como el resto de leyes divinas obedecen a un plan consistente en el equilibrio y la armonía universal, contribuyendo así al progreso general del Universo. En pocas palabras, un mecanismo perfecto propio de un Creador perfecto.

Aquellos que ya poseemos cierto conocimiento sobre las leyes espirituales que nos rigen y su funcionamiento, tenemos la impostergable obligación de ajustarnos a ellas, pues son la guía perfecta que nos conduce al progreso y a la evolución sin fin.

Para concluir, la ley de conservación nos enseña a valorar la vida, a disfrutarla, a prolongarla todo lo posible para compartir, construir, trabajar y crecer; nos impele a vivir en armonía con todo aquello que nos rodea, a aprovechar el tiempo. Es un instinto natural, muy sabio, inherente a todas las criaturas que merece su análisis y consideración.

José M. Meseguer

© 2017, Amor, Paz y Caridad

 

“No hay cosa que los humanos traten de conservar tanto, ni que administren tan mal, como su propia vida.”  (Marco Tulio Cicerón)

AYUDA A LOS ESPÍRITUS SUFRIENTES 1

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Ayuda a los espíritus sufrientes
Fotograma de la película "Nosso Lar"

Entre las múltiples tareas encomendadas al ejercicio de la mediumnidad se encuentra la ayuda a los espíritus sufrientes; aquellos que encontrándose en el mundo extra físico, por diversas causas, necesitan un auxilio que les saque de su situación espiritual de bloqueo, rebeldía o ignorancia.

No vamos a hacer en este artículo un análisis exhaustivo de las condiciones espirituales en las que se encuentran las almas de aquellos que abandonan el cuerpo físico, ni de los diferentes órdenes de espíritus. Existe bibliografía muy extensa al respecto, empezando por las obras de Allan Kardec; El Libro de los Espíritus, donde nos habla de la escala espiritista, o también El cielo y el infierno, donde en su segunda parte recoge testimonios de espíritus en diferentes condiciones espirituales, explicando su situación temporal; sus sensaciones, pensamientos, sentimientos, etc.

No obstante, vamos a reproducir algunas ideas básicas que expone el insigne codificador en otra de sus obras; ¿Qué es el espiritismo?; en el capítulo número III, respecto a la muerte y a la situación de las almas al dejar su cuerpo físico: “En el momento de la muerte al pronto todo está en confusión, necesita el alma algún tiempo para reconocerse; está como aturdida…la memoria de lo pasado le vuelven a medida que se borra la influencia de la materia…

El tiempo de turbación que sigue a la muerte es muy variable; puede ser de horas o incluso de años…

La sensación que el alma experimenta en aquel momento es también muy variable, depende de si ha sido una persona de bien o más bien materializada…”

En base a los conocimientos y a la experiencia acumulada podemos aportar algunas ideas respecto a este tema, dejando por sentado de antemano que, el verdadero trabajo de ayuda lo realizan los hermanos espirituales superiores.

Partiendo de ese punto, nos podemos dar cuenta fácilmente que, aquellos espíritus que son llevados a las reuniones mediúmnicas para su esclarecimiento, son seleccionados minuciosamente para tal fin; son espíritus que por sus características necesitan un contacto próximo con la materia y con los encarnados para su desbloqueo espiritual; al mismo tiempo, comprender su estado y prestarse a una nueva fase de recuperación en lugares adecuados, adaptados a sus necesidades más perentorias.

Por un lado están aquellas almas que despiertan a la vida espiritual en plenitud y llenos de felicidad, que son aquellos que han persistido en el bien y han controlado sus malas inclinaciones; para quienes el transito es como un ligero sueño, desembarazándose de un cuerpo pesado y molesto que ya no necesitan.  Y por otro, están aquellos que viven distintos procesos en donde pueden necesitar en algún momento de su transición, el esclarecimiento que les permita adquirir lucidez y de ese modo salir del bloqueo espiritual que les impedía avanzar. Esto significa que hay espíritus que encuentran la luz, la claridad a su situación con, simplemente, escuchar alguna conferencia de índole espiritual, a otros les es suficiente con acudir a una reunión mediúmnica y observar lo que allí acontece y se habla.

Muchos espíritus, con más dificultades que los anteriores, necesitan pasar por una materia, un cuerpo físico, para recibir un fogonazo de luz que les permita reconocerse, y sin necesidad de hablarles, comprender que durante un instante han estado en un cuerpo que no es el suyo, para, a partir de ahí, completar su esclarecimiento en el mundo espiritual por sus seres queridos ya desencarnados, o  por especialistas en estas funciones abnegadas.

Hay también un grupo muy numeroso de espíritus en condiciones lamentables, que necesitan un diálogo directo con el adoctrinador; aquella persona del equipo mediúmnico que desempeña esta labor, aprovechando la fuerza espiritual, las vibraciones y los pensamientos de sus compañeros de equipo, en sintonía con los trabajadores del otro lado.

Pueden ser espíritus que son recogidos en el instante de su muerte; desconcertados, aturdidos.

Algunos no comprenden que, de repente, nadie les haga caso, nadie de su familia les hable; vagando de un lugar a otro, o quedándose en sus lugares favoritos como si todavía estuvieran encarnados.

Muchos son recogidos del umbral, de las zonas purgatoriales donde permanecen durante mucho tiempo por afinidad vibratoria. Son aquellos que han vivido por y para la vida material; han podido hacer daño a sus semejantes o simplemente han vivido para sí mismos, sin aportar nada a los demás.

También están el caso de los obsesores, espíritus perversos, líderes de las sombras; o de aquellos que simplemente no han perdonado las afrentas del pasado y se creen con el derecho de cobrárselas indefinidamente, causando tormento a sus ahora, víctimas. En estos casos, es muy frecuente que sean obligados a acudir una o varias veces al trabajo mediúmnico, dependiendo de la situación de cada obsesor en particular, su grado de rebeldía, para ser poco a poco sensibilizados; respirando y viviendo, aunque sea momentáneamente, un ambiente armónico, equilibrado, que les ayude a recapacitar; y con la ayuda de seres amorosos, muchas veces los propios familiares del pasado, efectuar ese cambio fundamental en sus vidas.

Menos complicado resulta con aquellas almas de buena fe que esperan un cielo con sus ángeles, que no tienen conocimiento alguno del tránsito a la otra vida y las circunstancias que la envuelven; y puesto que tienen por educación y cultura religiosa otra visión del más allá, creen no estar muertos, sin embargo muchas piezas de la nueva realidad no les encajan y se quedan aturdidos, desorientados y hasta angustiados.

No podemos olvidar tampoco a los ateos, aquellos que a lo largo de su vida se mostraron escépticos, reacios a aceptar nada después de la vida. La sorpresa es mayúscula, necesitando en muchos casos, ayuda espiritual.

Por todo ello, ha de resultar lógica y razonable la idea de que, un conocimiento espiritual como el que nos aporta la doctrina espírita, puede ser de gran ayuda en el tránsito de la muerte a la nueva vida.

Sin embargo, es muy importante recalcar que, por encima de todo: “…La turbación que sigue a la muerte nada tiene de penoso para el hombre de bien; está en calma y es semejante, en un todo, a la que acompaña a un despertar apacible.” (¿Qué es el espiritismo? Allan Kardec.)

Lo que significa que, por encima de las creencias o de los conocimientos, están los hechos, los sentimientos, las buenas obras; el tipo de vida que la persona ha llevado a lo largo de su existencia física. Si realmente ha sabido aprovechar el tiempo en tareas edificantes, con sentido de la responsabilidad y del deber.

Al mismo tiempo, en todas las situaciones, la oración sentida les resulta muy útil a los desencarnados, sobre todo a  los sufrientes, pues dependiendo de su situación, les sirve de alivio, estímulo y de amparo para sobrellevar su carga mucho mejor.

Como nos indica en la misma obra de referencia, en el ítem 161: “La oración está recomendada por los buenos espíritus y además es solicitada por los que sufren… El alma por la cual se ora experimenta alivio… por la oración se le lleva al arrepentimiento y al deseo de hacer lo que le es necesario para ser feliz…”

En el próximo artículo continuaremos hablando sobre este tema, pero más concretamente sobre el tipo de diálogo recomendable para con los espíritus sufrientes, esperando aportar algunas ideas generales, sencillas que puedan ser útiles, pero sin ninguna pretensión, puesto que existen obras, como comentábamos al principio, que desarrollan con gran lucidez y maestría esta temática. Además de los mencionados El Libro de los Espíritus y El Cielo y el Infierno de Allan Kardec, podríamos citar, Diálogo con las sombras de Herminio de C. Miranda; Senderos de Liberación de M. Filomeno de Miranda; Trabajo Mediúmnico (Desafíos y Posibilidades) de Carlos y Vera Campetti, o La Obsesión-el Pase-el Adoctrinamiento de J. Herculano Pires, entre otros.

 

Ayuda a los espíritus sufrientes por:   José M. Meseguer

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