Aspectos Mediúmnicos

GUÍAS, PROTECTORES Y FAMILIA ESPIRITUAL

En el devenir de las diferentes existencias vamos creando lazos afectivos de variada naturaleza; familiares, compañeros de viaje, que por simpatía o incluso por disputas o malquerencias, hemos ido creando unos vínculos que perduran en el tiempo y en el espacio. Estos lazos sirven para que en el ejercicio de la fraternidad y la solidaridad universal, colaborar unos con otros, ayudándose y apoyándose en el camino de la evolución, rescatando deudas del pasado o con la finalidad de compensar errores y faltas personales; siempre en la línea ascendente que proporciona la colaboración mutua. Sirven también para aprovechar la capacidad de trabajo de los que se encuentran temporalmente libres en el espacio, en su deseo de ayudar a los que se encuentran ligados a una materia física. De hecho, suelen ser compromisos que se pactan antes de encarnar.

Si bien la ayuda de esas entidades espirituales abarca todas las facetas de la vida humana, cuando hablamos de asistencia en relación a la mediumnidad, esta es un tanto especial y hemos de considerar unas diferenciaciones claras. Una cosa son los guías espirituales y otra distinta son los protectores o asistentes espirituales.

Los protectores o asistentes se encargan de la ayuda individual del médium, están ligados al desarrollo de sus facultades y comprometidos con su evolución y trabajo posterior; son los más cercanos a la materia. Mantienen unos vínculos que les facilita una intervención más directa. Su grado de elevación es como mínimo igual al encarnado – no hay que olvidar que no poseen materia y eso les confiere una visión de las cosas mucho más amplia y una ventaja muy grande -. Aunque en la mayoría de los casos, suele ser superior al protegido. Aquí entrarían los que hemos mencionado al principio; familiares del pasado, espíritus afines con vínculos anteriores, etc.

Las características de los guías son distintas; se trata de espíritus elevados cuya misión es coordinar y ejecutar la planificación espiritual previamente asumida por el médium antes de encarnar. Conocen sus deudas, la trayectoria espiritual de las últimas existencias y en base a ello obran en consecuencia con sabiduría. Con ellos también se ha podido tener un parentesco o relación en el pasado.

Según Edgar Armond, en su obra Mediumnidad, nos habla de dos tipos de guías espirituales. Por un lado, los “Guías de encarnación” –ligados al individuo solamente en relación a los acontecimientos de una vida en el plano material-, y “Guías de Evolución” –ligados a periodos más o menos largos de sus vidas anteriores.-

              Por lo general, durante el desarrollo de una mediumnidad, casi todo el peso recae sobre los protectores; siendo estos los encargados del desenvolvimiento, desarrollo de la sensibilidad, fluidez, y sobre todo concienciación de la tarea encomendada; haciendo especial hincapié en la transformación moral que eleve la sintonía espiritual del médium, y de ese modo, facilitarles la tarea a ellos. Al mismo tiempo ajustando mente –espíritu- y cuerpo, para la realización de la misión a realizar con materia física exitosamente.

Suele ser un proceso más o menos largo, dependiendo del punto en que se encuentre el médium en desarrollo y de sus condiciones espirituales. Obviamente, si se trata de una facultad impuesta y el médium no está por la labor de cooperar, el trabajo se complica exponencialmente, siendo presa fácil de espíritus de baja condición moral, de mistificadores que pueden provocar, no solo complicaciones espirituales, sino también perturbaciones psíquicas, depresiones profundas  y desequilibrios obsesivos; y en casos extremos, numerosas dificultades materiales: enfermedades, accidentes, entorpecimientos de variada índole, etc.

En el caso de la mediumnidad de prueba o voluntaria, el desarrollo, aunque puede no estar exento de algunas dificultades, suele tener un proceso muy distinto, aunque la dificultad estriba, como ya hemos comentado anteriormente, en la concienciación personal, en el trabajo interior inspirado por esas mismas entidades espirituales colaboradoras, que aprovechan distintos momentos de nuestra vida para de una forma más o menos sutil orientarnos y de ese modo, salvaguardar la libertad de elección. Sin embargo, las debilidades y defectos, así como el peso de la materia y de las circunstancias que la envuelven, pueden provocar que el médium se deje llevar por la comodidad, olvidando su compromiso, distrayéndose de las tareas importantes, relativizando o devaluando el trabajo espiritual.

En estos casos, la parte negativa, ante la amenaza de la aparición de una buena facultad, de nuevo foco de luz, redoblan sus esfuerzos para explotar las debilidades humanas, sobre todo de aquellos incautos que invigilantes no se conciencian de la importancia de la tarea encomendada. Por encima de todo, hay dos obstáculos por donde se diluyen las más altas aspiraciones espirituales de los médiums, que son el fanatismo y el endiosamiento. Una vez se ha caído en sus redes resulta muy complicado salir.

En el caso de los médiums naturales es diferente, el trabajo fructífero acumulado en las diferentes existencias facilita sobremanera el desarrollo casi imperceptible de las facultades. El grado moral alcanzado en el pasado abre las puertas a una comunicación más directa con sus guías y protectores. Aunque no están exentos de errores y equivocaciones, suelen ser espíritus que traen una misión importante relacionada con la colectividad.

Además, hay que tener en cuenta lo que supone el trabajo en común, es decir, progresan los médiums y progresan los protectores y guías. No obstante, se puede dar la circunstancia de que, en base al libre albedrío del médium, este se desvíe de sus tareas, haciendo oídos sordos a las recomendaciones, advertencias y avisos que irá recibiendo. En estos casos, las protecciones deberán de tomar una decisión, o bien continuar con su trabajo, o bien abandonar a su suerte a su protegido ante la falta de respuesta positiva y acumularse los errores. Dicho de otro modo, en la balanza se sopesa el mal ejemplo del médium, con la tarea positiva que pueda estar desarrollando con la ayuda del plano espiritual.  ¡Cuántos sensitivos pese a su mala conducta, continúan recibiendo la inspiración de lo Alto para ayudar a las gentes! ¡Cuántos curanderos en el ejercicio mercantilista de su facultad, continúan recibiendo ayuda espiritual para beneficio de los enfermos del cuerpo y del alma!

Sin embargo, no siempre es así, en la mayoría de los casos, ante las dificultades casi insalvables que presentan con su conducta los médiums desviados, los guías y protectores optan por apartarse, dando paso a una turba de entidades espirituales más afines, de bajo tenor vibratorio que van a seguir desviándole del rumbo en dirección al error, la fantasía, el fanatismo e incluso al ridículo.

Por fortuna también se dan casos totalmente contrarios. Médiums moralizados que se responsabilizan de su trabajo espiritual, abrazándolo cada día con mayor fuerza y entusiasmo; sacrificando muchas veces el descanso que su tiempo libre les permite, renunciando al ocio y la vida plácida a cambio de una actitud de trabajo abnegado. Esta clase de mediums, como instrumentos dóciles, se prestan siempre a hacer el bien recibiendo orientaciones apenas sin darse cuenta para la realización de distintas tareas. En estas circunstancias, la ayuda espiritual se multiplica. Otros hermanos espirituales afines, ansiosos por trabajar y colaborar con los encarnados se vuelcan para ampliar las posibilidades de éxito. Incluso, se puede dar la circunstancia de que algún protector pueda ser sustituido por otro más especializado, más preparado para las tarea y proyectos en marcha. Es en pocas palabras, explotado en el buen sentido de la palabra, puesto que existe a nuestro alrededor una gran cantidad de necesidades que atender y cubrir. Se convierten en la voz y las manos del mundo espiritual superior, brindando el consuelo y la esperanza para muchos afligidos y desorientados. Como dice el evangelio Lucas; 10; 2: “La mies es mucha, pero los obreros pocos”.

Por lo tanto, las mejores herramientas con las que el médium puede y debe trabajar, si quiere conseguir el éxito en su trabajo en común con sus protectores y guías son las siguientes:

  • Paciencia: Especialmente al inicio, ya que el desarrollo de una facultad requiere de su tiempo pues no existen dos facultades iguales. Hay que confiar en los protectores y en su trabajo, demostrando el deseo sincero de colaboración y entrega.
  • Constancia: Sabiendo que los resultados, más pronto o más tarde habrán de llegar.
  • Discernimiento: Hay que analizar todo, hay que estudiar, observar, dialogar con gente experimentada para conocer sus diferentes puntos de vista. No dar por hecho o cierto nada que no resista un análisis riguroso. Si algo está equivocado rechazarlo y si algo queda dudoso o poco claro, hay que aparcarlo.
  • Prudencia: Para no lanzar las campanas al vuelo, sobre todo cuando se empiezan a cosechar algunos resultados satisfactorios, cuidando no caer en fanatismos ni endiosamientos, como hemos comentado anteriormente. Los primeros resultados positivos, aunque dejen entrever la buena senda no garantizan éxitos futuros, puesto que hay riesgo de caer en nuevos errores y desviarse del camino.
  • Disciplina: Utilizando un método a cumplir con rigor y esfuerzo. Ellos se comprometen a cumplir con su parte pero nosotros debemos corresponderles en idéntica medida. No hay que olvidar nunca que se trata de un trabajo en común.
  • Y por último; Lealtad: Lealtad a un compromiso, lealtad a una causa que de una forma u otra nos comprometimos a llevar a buen puerto. Es el compromiso con el Maestro para llevarlo hasta las últimas consecuencias. Él no nos va a fallar y nosotros no podemos fallarle. Así de sencillo y así de claro.

Si cultivamos todos esos valores, además de una disciplina moral como pauta de comportamiento, como estilo de vida; entonces la ayuda de los protectores, asistentes, y de los guías, será mucho más patente.

El hecho de venir con una materia conlleva muchos riesgos, muchas dificultades, empero, si se consigue el objetivo y en la balanza sobrepujan las buenas obras a las malas, habremos rescatado numerosas deudas del pasado que nos permitirá retornar al mundo espiritual con alegría y satisfacción. Los amigos, hasta ese momento invisibles, nos recibirán con los brazos abiertos por los éxitos en común logrados.

Pensemos en ello y consideremos si merece la pena el esfuerzo.

 

José M. Meseguer

© 2017, Amor, Paz y Caridad

Anteriores Artículos

LA EDUCACIÓN AL SERVICIO DE LOS VALORES

Siguientes Artículos

LA MUERTE ¿NOS CAMBIA?

Sin Comentarios

Deja tu opinión