Apartado espírita

LA FAMILIA MATERIAL ¿OBSTÁCULO O AYUDA?

El estudio de la doctrina así como las experiencias vividas a lo largo de los años nos permiten hacer una reflexión muy oportuna sobre la diferencia entre los compromisos materiales y los espirituales, así como su importancia. La controversia o la duda nos pueden venir de algunas situaciones y conflictos que se pueden generar en torno a la familia y la forma de solucionarlos correctamente, como por ejemplo, el tiempo que les debemos dedicar, y por otro lado, el tiempo que nos puede quedar para destinarlo en el desarrollo de un ideal y la consecución de unos determinados objetivos espirituales.

 De esta forma, el descubrimiento de un ideal superior que nos llena interiormente, nos puede inclinar a salirnos de nuestra rutina habitual, y a replantearnos el estilo de vida así como los hábitos en las relaciones sociales y familiares. Aunque debemos partir de una base: “La espiritualidad se ha de vivir en todo momento y en toda circunstancia; forma parte del propio ser.”

Actuar con mesura, con equilibrio, tomando las decisiones correctas, no es fácil por cuanto que, en la balanza se conjugan varios factores a favor y en contra. Sólo el paso del tiempo con sus experiencias, aciertos y errores, es como se va aprendiendo a distinguir lo que es esencial de lo accesorio, lo importante de lo intrascendente, lo útil de lo inútil.

Es muy difícil que todos los miembros de una familia compartan las mismas inquietudes espirituales, y por tanto; encontrar una armonía y una homogeneidad familiar es, algunas veces complicado. Ante todo, se debe de realizar una labor en casa, primero explicando lo que uno hace y cuáles son las motivaciones que nos han inducido a buscar un camino espiritual. También haciendo comprender que esta circunstancia no va a suponer un perjuicio para nadie. Y sobre todo, demostrar con hechos la transformación moral, los cambios de conducta a mejor; de tal modo que la familia pueda observar una evolución positiva en nosotros; natural, sin fanatismos, con alegría de vivir, transmitiendo entusiasmo y valores alrededor.

Sin embargo, puede surgir otra amenaza que nos puede provocar algún conflicto familiar, y este es con motivo de las habladurías, de los comentarios despectivos que  se pueden suscitar en la calle, en nuestro entorno social, respecto a las actividades en el centro espiritual o grupo espírita; sobre todo en poblaciones pequeñas con algún arraigo religioso, muy tradicionalista e intolerante. Los seres queridos, ante esta situación, se pueden sentir muy incómodos generándose una situación en el hogar complicada que hay que saber llevar, manteniéndose firmes para no dejar que los prejuicios del entorno nos condicionen y minen las nobles aspiraciones.

En este como en otros casos, pueden quedar patentes las diferencias de criterio, de convicciones y de objetivos en la vida de unos y otros. Por tanto, no se debe ceder ante los prejuicios, el miedo “al qué dirán”. Somos espíritus con libre albedrío y debemos de tomar nuestras decisiones sin pensar en presiones externas. Ahora bien, también es conveniente valorar la conveniencia de aplicar, según las circunstancias, la pedagogía adecuada para no provocar enfrentamientos, disensiones; actuando con inteligencia y prudencia.

Con esto último quiero decir que muchas veces, se anteponen equivocadamente ideas, y preconceptos que la gente no los entiende porque los tiene asociados a otras de carácter negativo; como por ejemplo el tema de la mediumnidad y los espíritus, producto de herencias culturales y religiosas del pasado. En estos casos, puede ser más conveniente actuar con una cierta psicología, enfocando las ideas desde otros puntos de vista o con otros matices, para que puedan ser mejor comprendidas y así mejor aceptadas. Esto no significa renunciar a nada sino más bien, una oportunidad de manifestar tolerancia, evitando conflictos innecesarios, aplicando una buena política con vistas a un futuro, en donde pueda existir una mayor comprensión, una cierta madurez que permita aceptar sin problemas ciertas ideas.

Otra de las trabas que puede surgir en algún caso, es aquel que pone de manifiesto las imperfecciones humanas, es decir, la intolerancia, el rechazo y las incomprensiones de los seres más queridos referente a esas nuevas ideas. Nos estamos refiriendo al poco valor y trascendencia que algunos miembros de la familia pueden hacer de esa nueva postura ante la vida, forzando y provocando situaciones, producto de la confianza y cercanía, para desviarnos de aquello que consideran intrascendente y utópico, buscando motivos de índole familiar o tareas domésticas de dudosa premura, que ponen a prueba la solidez y la determinación para proseguir con un trabajo que le llena el alma y le proporciona plenitud.

Está claro que, como decíamos al principio, se debe buscar siempre un equilibrio en todas las cosas. Hay que valorar si los compromisos familiares son realmente necesarios y los estamos cubriendo adecuadamente, o por el contrario, se puede estar cayendo en el error de un cierto abandono de los mismos por negligencia o fanatismo. Por lo tanto, no es bueno adoptar posturas extremas ni en un sentido ni en otro. Hay que discernir siempre con claridad para no caer en lagunas o debilidades que nos puedan provocar “cargos de conciencia” ni sentimientos de culpa que debilitan y desorientan. Debemos saber en cada momento el terreno que pisamos, con la suficiente lucidez como para adoptar las resoluciones adecuadas y que no causen un perjuicio a nadie, pero que tampoco nos desvíen del compromiso espiritual que traemos.

“Convivir en familia, desde el cariño, el respeto y la delicadeza, no significa necesariamente concordar siempre con sus planteamientos ni con su escala de valores.”

Ahora bien, con todo lo expuesto no pretendemos significar que la familia no sea importante, al contrario, lo es y mucho. El matiz se encuentra en el orden de prioridades, en cubrir la necesidad del momento. También en la interpretación que cada quien hace de la realidad atendiendo a su escala de valores y a las necesidades reales. En cualquier caso, quien más sabe y tiene, es quien más debe de dar.

Pensar más bien, en comprender que en ser comprendido, sabiendo ceder cuando sea necesario. Demostrando respeto y tolerancia hacia los demás; aunque tolerar no significa contentar siempre a todos, esto es imposible. No podemos olvidar nunca que, aunque formamos parte de una familia, somos espíritus individuales, estamos de paso, traemos un compromiso impostergable.

Algunas veces, el abandono de las actividades espirituales no obedece a ningún motivo familiar o personal, más bien, tiene que ver con los problemas internos en los grupos: La falta de flexibilidad en su funcionamiento, el no dar pie a los jóvenes para que manifiesten su personalidad a través de sus iniciativas e ilusiones. La falta de fraternidad, de comprensión, de diálogo entre los componentes, puede crear un clima de desencanto, de falta de motivación que empuje a muchos, a buscar excusas para no acudir a las actividades, a frecuentar el centro.

En otros casos las obligaciones materiales y familiares son una excusa para quitarse de en medio, para quedar bien ante los compañeros de ideal, disimulando la falta de interés respecto a ciertas actividades que puedan suponer un cierto sacrificio, en beneficio de otras que si pueden interesar más, como por ejemplo, las actividades mediúmnicas. Son personas con creencias superficiales, que les mueve más la curiosidad y el deseo de entretenimiento que una verdadera inquietud de aprendizaje y de reforma interior.

Existe un axioma que dice: “Hace más el que quiere que el que puede”. El mundo espiritual no nos pide cosas imposibles. Cuando existen entorpecimientos es porque necesitamos desarrollar un trabajo esencial, previo, para poder alcanzar otras metas. Son muchas veces pruebas, o asuntos pendientes mal resueltos en el pasado, que tocan a la puerta para ser solucionados. No se puede construir una casa desde el tejado. Hay que hacer cimientos fuertes, sólidos para que el edificio resista. La parte negativa también toma parte, creando entorpecimientos, dificultades, desencuentros con los compañeros para erosionar y desmoralizar, sobre todo a los que empiezan; todavía frágiles e inseguros.

El mundo espiritual superior lo permite porque saben que, de un mal se puede sacar un bien, siempre que se haga la lectura adecuada y se pongan los recursos convenientes para conseguirlo. Lo fácil está al alcance de cualquiera, el camino espiritual no es el caso. Se precisa demostrar con hechos el grado de responsabilidad y de compromiso, ya que las entidades espirituales superiores no están para perder el tiempo. Quieren personas decididas, humildes, sencillas y trabajadoras. Sólo así, se puede pensar en conseguir logros significativos.

 

LA FAMILIA MATERIAL ¿OBSTÁCULO O AYUDA? por: José Manuel Meseguer

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