Aspectos Mediúmnicos

EL HECHO MEDIUMNICO

Reflejo muy pálido de lo que son las organizaciones de los planos superiores de la espiritualidad,  lo son algunos grupos y asociaciones en la Tierra. En dichas regiones llenas de bondad y sabiduría se asocian, se reúnen para trabajar, asistidos a su vez por otros más elevados, y así sucesivamente hasta alcanzar a la fuente primera, la esencia pura, la causa primera de todas las cosas que es Dios. Del mismo modo, de Él parte, como un torrente inagotable, toda la energía, toda la luz para que el universo continúe su progresión sin límites, para que todas sus criaturas evolucionen en una única dirección; hacia la grandeza, hacia la perfección. La parte material es el último eslabón, el final de la cadena.

Por tanto, la vida en general y la humana en particular, es en cierto modo un hecho mediúmnico, un intercambio permanente. Nosotros todavía ciegos y sordos, no somos capaces todavía de captar la envergadura del trabajo que se desarrolla a nuestro alrededor, siendo muchas veces colaboradores más o menos inconscientes.

Nunca estamos solos. Nuestros éxitos, fruto del trabajo y del esfuerzo, se encuentran respaldados por entidades anónimas que jamás aparecerán como protagonistas. Nadie les recordará en el plano físico, sus nombres no serán citados; dando un ejemplo de abnegación, de renuncia, demostrando una elevación por encima de las vanidades humanas.

Aprovechan el impulso, el esfuerzo, el arduo trabajo material de los encarnados para verter e inspirar su sabiduría, y de ese modo contribuir para completar y perfeccionar las iniciativas humanas en todos los campos del saber.

Son aquellos seres que nos aman, bien por vínculos familiares, afectivos del pasado, o también especialistas, trabajadores invisibles que se interesan por nuestros proyectos, colaborando con ellos; muchas veces, previo compromiso de colaboración mutua, antes de encarnar.

Su objetivo, impulsar el progreso en todos los órdenes de la vida; sobre todo, en el aspecto moral del ser. Induciendo con las sugestiones que nos envían, para que seamos mejor hoy que ayer. Ayudando en la superación de los entorpecimientos y escollos personales, para dar paso al desarrollo de nuestras capacidades, nuestras potencialidades, en el cumplimiento de una misión concreta.

Todos traemos un compromiso en la vida muy importante. El nuestro es el más valioso porque es intransferible. Se trata de un trabajo específico que ha de repercutir en uno mismo y en los demás. Tenemos libertad para cumplirlo o rechazarlo, desarrollar una o varias facetas. Aunque los llevamos grabados en la conciencia, no recordamos los compromisos para no condicionarnos, sin embargo el tiempo es oro. No sabemos de cuánto tiempo disponemos para su realización, aunque a priori, siempre es suficiente. Otra cosa son los entorpecimientos y la voluntad por desarrollarlos. Podemos perder el tiempo olvidando que una existencia con materia es una oportunidad única, singular. ¡Es tanto lo que se puede hacer!

Efectivamente, las ideas e iniciativas que nos surgen pueden estar sugeridas por esas entidades que nos consideran dignos de llevarlas a cabo. Si no encuentran la fuerza o el entusiasmo suficiente, buscarán a otros para su ejecución. El progreso busca su camino, como el agua de un río se abre paso entre las rocas y los arbustos. De ese modo, todos, de una manera sencilla, desde nuestra pequeñez, contribuimos sin darnos cuenta al progreso general.

Es la solidaridad, es la Fraternidad Universal actuando, fruto de la manifestación de la ley del Amor. Son los lazos invisibles que nos conectan unos con otros, estableciendo una conexión, una corriente sólo interrumpida por la prevalencia del mal temporal, del desequilibrio, de la falta de vigilancia y atención; fruto de la ignorancia y del atraso.

Superada esta difícil etapa, la armonía y los vínculos naturales con el prójimo se van perfeccionando. La energía positiva, en lugar de polarizarse sobre uno mismo, fluye cada vez con más fuerza hacia los otros, generando mucho bien, sabiduría, amor en acción.

La inspiración llega por diversos medios. La mente trabaja y se conecta. Estudia, analiza, deduce, amplía. Se crea, en una palabra, el caldo de cultivo para que la respuesta llegue, la tarea se concretice. Tras un comienzo más o menos dudoso, va tomando forma, aparecen ideas con las que no se contaba, consecuencia de la inspiración espiritual que nos llevan en una dirección concreta. Es como recorrer un camino planificado, estudiado, sin embargo van surgiendo de una manera espontánea novedades que enriquecen, que complementan la labor; así sucesivamente hasta su objetivo final.

Además, durante el sueño reparador, la mente espiritual continúa trabajando. Aflojados los lazos con el cuerpo, el espíritu que goza de mayor libertad, intercambia ideas con otras entidades, continúa aprendiendo, comprende mejor. Sin los lazos materiales, ve con mayor claridad cualquier posible error fruto del cansancio o de las vicisitudes que conlleva la materia densa. Recibe consejos, orientaciones; recibe también impulso, inyecciones de entusiasmo, de fuerza, de vitalidad.

Somos médiums en potencia ahora más que nunca. El siglo XIX fue el despertar, el siglo XX del estudio y su desarrollo; el siglo XXI será el de la eclosión definitiva de la mediumnidad.

El hecho difícil y doloroso de la transición planetaria está acelerando los procesos. Por un lado, encarnando espíritus venidos de otra dimensión más evolucionada, y otros que con su compromiso mediúmnico han tomado conciencia de su labor y se encuentran trabajando, con un alto sentido de la responsabilidad, para llevar a cabo sus tareas espirituales.

Paralelamente hay que contar con un numeroso grupo de médiums que se encuentran, por diversas causas, a merced de ciertas entidades negativas, perturbadoras, que a través de sus malas artes, fascinan, perturban, entorpecen y obstaculizan cualquier avance personal o colectivo. Estos se encuentran en todas partes, dentro y fuera de la doctrina espírita.

Son médiums endeudados, rehenes de sus propios defectos, aprovechados por dichas entidades en su propio beneficio, torpedeando, obstaculizando y desanimando para que no se avance en ninguna faceta espiritual. Creando intrigas, desconfianzas, desunión, para que abandonen el barco, desanimados y desorientados, y que sólo queden los afines a su causa poco noble. Apartando de sus conductas, como si de una utopía se tratara, la indulgencia, la tolerancia y el respeto que merecen todos sus compañeros de viaje. Unos valores que salen de sus bocas, pero no parten del corazón.

Son también aquellos que conocen muy bien la teoría, justifican sus faltas, sus errores. Siendo muy condescendientes consigo mismos pero intransigentes y exigentes con los demás.

Olvidando que formar parte de una tarea espiritual, dentro de un grupo, es una misión que previamente se solicitó y rogó insistentemente, muchas veces haciendo méritos, en ese mismo plano espiritual, para ser admitidos en la tarea sacrificial terrena, entre una ingente cantidad de candidatos ávidos de progreso… ¿Y qué ocurre después? Pues que, una vez llegados aquí muchos olvidan, se distraen, o se dejan arrastrar por sus egos, por sus imperfecciones. Es una valiosísima oportunidad no bien aprovechada o incluso perdida.

Vamos a concluir este artículo con el pensamiento del inigualable Leon Denís donde expresa con gran maestría algunas ideas muy interesantes: “Centenares de espíritus superiores se reúnen por encima de nosotros y dirigen el movimiento espiritualista, inspeccionando, inspirando a los médiums, derramando sobre los grupos y sobre los hombres de acción, las vibraciones de su voluntad, las irradiaciones de su genio.

Conozco a varios grupos que poseen una asistencia de este orden. Por la pluma, por los labios de sus médiums, los espíritus guías hacen oír sus exhortaciones, sus consejos, y a pesar de las imperfecciones del centro, a pesar de las sombras que debilitan y velan las irradiaciones de su pensamiento, es siempre un encanto penetrante, una alegría del corazón, un gran consuelo, poder saborear la belleza de sus enseñanzas escritas, oír los acentos de sus voces que nos llegan como un eco lejano de las esferas celestes.” (En lo Invisible; cap. V).

Seamos dignos merecedores de las vibraciones de esos seres de luz a través del trabajo abnegado y del esfuerzo. Ese es nuestro compromiso y ese es nuestro deber.

 

El hecho mediumnico por: José Manuel Meseguer

© 2017, Amor, Paz y Caridad

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