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EL SENTIDO DE LA JUSTICIA

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El sentido de la justicia

Hablar del sentido de la justicia es hablar de un sentimiento innato y muy importante para el ser humano, que lleva implícito la puesta en práctica de algunos valores que la complementan, como pueden ser la rectitud, la fortaleza y la misericordia. Todos ellos forman un conjunto armonioso que dotan al ser de la claridad suficiente para actuar debidamente en cada circunstancia de la vida.

Ser justo implica hacer lo correcto en el momento oportuno y obviando aquellos intereses que benefician sólo a una parte; porque, en realidad, la justicia auténtica siempre favorece a todos, aunque algunas veces pueda parecer lo contrario.

La justicia consiste en el respeto de los derechos de cada uno.
(Libro de los Espíritus, pregunta 875).

Ser justo implica el que cada quien reciba lo que le corresponde con arreglo a sus méritos y acciones. El justo no mira exclusivamente por sí mismo y sus intereses. Su visión global, como parte de una sociedad, de un colectivo, le hace ver las cosas desde una perspectiva integradora y común.

Ser justo, pues, significa también aceptar con naturalidad y sin rebeldía las consecuencias que se desprenden de los actos que ejecutamos.

La justicia viene determinada por dos factores: la ley humana y la ley natural.

La ley humana, grosso modo, ha ido variando según las épocas y las costumbres; su imperfección es directamente proporcional al desarrollo moral y cultural de sus habitantes.

Básicamente, desde tiempos remotos la sociedad se ha dividido en dos clases: los superiores y los inferiores; aquellos que mandan y los otros, mucho más numerosos, que son los que obedecen. Los superiores, detentando desde un principio todo el poder y con la intención de mantener sus privilegios, dictaron unas leyes que les beneficiaban, ya que eran ellos mismos los que legislaban.

Con el paso del tiempo, y tras largas etapas de sacrificios por parte del pueblo y de tener que soportar duras represiones, una vez que la claridad del progreso fue avanzando y la ignorancia impuesta se fue sacudiendo, creció el clamor, se perdió el miedo para revindicar la igualdad ante la ley y luchar por eliminar los privilegios de unos en perjuicio de otros. Proclamando a viva voz: ¡Todos somos iguales ante la ley! Algo que sobre el papel todos reconocen, pero que en la vida real dista mucho de que se ponga en práctica.

A día de hoy, todavía nos encontramos con que existen muchas leyes por mejorar; otras no se aplican adecuadamente cuando se trata del poder político o económico. Esto queda reflejado cuando observamos cómo actúan los poderosos que han cometido irregularidades, la forma en que vierten toda una red de influencias para escapar del peso de la ley, ejerciendo presiones sobre los jueces para entorpecer su labor, reprobándolos cuando no son afines a sus intereses; buscando resquicios por donde escapar a sus responsabilidades, aquellas de las que tienen que dar cuentas a la sociedad; o también buscando la manera de anular o desacreditar la pruebas que pudieran incriminarlos.

También ocurre otra cosa hoy día, por desgracia, y es el escuchar por parte de algunos que forman parte de las clases dirigentes: “Esto que se ha hecho es legal pero posiblemente no sea moral”. O dicho de otro modo, y para excusarse: “Nosotros hemos hecho algo que se ajusta a la legalidad vigente; si las leyes son imperfectas, no es nuestra culpa… ” Dándole la espalda a la responsabilidad ético-moral, a los deberes con los ciudadanos para administrar bien los recursos comunes.

Como es fácil adivinar, la justicia humana ha avanzado por imperativo del progreso. Sin embargo, le queda un largo camino que recorrer para ser mucho más ecuánime e igualitaria, donde todos los ciudadanos sin excepción se puedan sentir identificados y bien amparados.

Por otro lado se encuentra la ley natural o ley divina. A través de ella, el ser humano comprende que hay una justicia infinitamente más perfecta que la de los hombres, y es la de Dios. Y es Él, en última instancia, quien juzga los méritos o deméritos de cada actuación humana.

La auténtica justicia se basa claramente en la ejecución de un principio que el Maestro Jesús expresó de manera inigualable: “Como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos”. (Lucas, 6:31). Para ello hace falta la práctica del amor al prójimo y la caridad, para que sea plena. En este precepto se deben de sustentar las relaciones humanas. Es la guía perfecta que no se equivoca, porque nadie atentaría voluntariamente contra sí mismo; nuestra conciencia, cuando está limpia y no se encuentra empañada por las pasiones o defectos, nos exige unas obligaciones, unas tareas a realizar para con el semejante.

No puede estar manchada por nuestras pasiones ancestrales, como lo fue en el pasado con mayor crudeza, y actualmente ocurre todavía en muchos lugares de nuestro mundo: el ojo por ojo y diente por diente. Nunca debe ser la justicia punitiva sino reparadora. No puede buscar la condena o la eliminación del sujeto, puesto que quien juzga con rectitud no busca culpables sino responsables de unos actos; y es por ello que quien ha cometido un error o una injusticia debe, en primer lugar, comprender el daño que ha infligido a la sociedad, y en segundo término restaurar o corregir, a ser posible, el daño causado.

Si no es capaz de dominarse a sí mismo, debe de ser tratado en los lugares adecuados para su rehabilitación el tiempo necesario, sin límites preestablecidos, hasta que demuestre con su comportamiento que ha mudado de actitud. Por tanto, las condenas perpetuas, o muchísimo peor, la pena de muerte, deberán ser algún día eliminadas de nuestra sociedad. Esto es algo que para muchos, sobre todo para los materialistas que piensan que no hay nada después de la vida o que sólo se vive una vez, les cuesta admitir.

No obstante, con el progreso social y moral se irán corrigiendo las malas práxis. Para ello tendrá mucha repercusión la comprensión de la realidad espiritual, de las leyes espirituales que nos rigen, como es la ley de causa y efecto, donde cada quien recibe en función de sus obras; la ley de la reencarnación, donde todas las acciones se eslabonan en las diferentes existencias, pasando a vivir aquello que no hemos hecho bien, o a reparar con una nueva existencia las lecciones mal aprendidas; o la ley del amor, que es la guía segura de comportamiento, viendo a todos como a verdaderos hermanos, devolviendo bien por mal, perdonando, comprendiendo… Todo ello, en el marco de poseer una confianza absoluta en el Dios Padre, infinitamente justo y bueno.

No obstante, en el otro extremo, la venganza siempre será contraria a la justicia. Esta se apoya en las pasiones descontroladas, y quien la practica se pone al mismo nivel de quien ejecutó el mal. El justiciero no cree o no piensa en la justicia de Dios y ve insuficiente la de los hombres. Puede satisfacer sus ambiciones del momento, pero se genera una responsabilidad con las leyes divinas, le sumerge en una espiral de deudas-sufrimiento de la que tan sólo el perdón y la compasión le pueden sacar.

El mal es, pues, un estado temporal producto de la ignorancia y de la fragilidad humanas; es propio de los mundos como el nuestro, mundos inferiores. Por otra parte, el sentido de la justicia, así como los demás valores que lleva implícitos, serán en el futuro la norma general de convivencia, y formará uno de los pilares más importantes desde donde se construirán las sociedades del mañana. La tolerancia y la comprensión serán el faro que iluminará las conciencias de todos. La hipocresía o la apariencia del bien serán desterradas de este mundo. Las personas se esforzarán por demostrar total coherencia entre sus palabras y sus hechos, única manera de ganarse el reconocimiento y la respetabilidad general.

 

El sentido de justicia por: José M. Meseguer
© Amor, Paz y Caridad, 2018

 

Ser bueno es fácil; lo difícil es ser justo.
Victor Hugo (1802-1885). Novelista francés.

SOLIDARIDAD ENTRE LOS DIFERENTES MUNDOS

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Solidaridad entre los diferentes mundos

Volviendo al siglo XIX, el insigne codificador espírita, continuando con esa nueva visión de la vida y de aquello que nos rodea, dedica un capítulo en la obra “El Evangelio según el Espiritismo” al tema de la pluralidad de mundos habitados. En el III, con el título “Hay muchas moradas en la casa de mi Padre”,  profundiza en el tema en el apartado titulado: “Diferentes categorías de mundos habitados”; aquí nos habla de los diferentes niveles evolutivos de los planetas y de sus humanidades, dividiéndolos de la forma siguiente:

  • Mundos primitivos.- Destinados a las primeras encarnaciones del alma humana.
  • Mundos de expiación y prueba.- En donde el mal domina y de los que cuesta mucho salir.
  • Mundos regeneradores.- En donde las almas que aún tienen que corregirse adquieren nuevas fuerzas, progresando sin entorpecimientos, tan sólo teniendo que lidiar con las deficiencias propias.
  • Mundos felices.- En donde el bien adquiere una dimensión superior, sobrepujando definitivamente al mal.
  • Mundos divinos.- Morada de los espíritus purificados, en donde el bien reina sin mezcla alguna.

Posteriormente, en el apartado INSTRUCCIONES DE LOS ESPÍRITUS, el espíritu de San Agustín incide especialmente en los mundos de Expiación y Prueba, como el nuestro actual; y sobre los mundos de regeneración, explicando grosso modo sus características principales desde el punto de vista espiritual y moral, para pasar, por último, en el apartado titulado “Progresión de los mundos”, a afirmar: “Ha llegado (la Tierra) ya a uno de sus periodos de transformación, en que de mundo de expiación va a pasar a un mundo regenerador; entonces los hombres serán en ella felices, porque reinará la ley de Dios” (San Agustín, París, 1862).

Como podemos observar, está hablando del proceso planetario que está sufriendo actualmente la Tierra. Una Transición Planetaria que elevará a este mundo a uno de  categoría superior, con todo lo que ello implica. Las humanidades progresan, es la ley, pero los mundos que las albergan también. No pueden estar indefinidamente sujetos a un rol, a una categoría; esto iría en contra de la ley de la evolución; del mismo modo  que, en un pasado remoto, este globo fue promovido de Mundo Primitivo a Mundo de Expiación y Prueba.

Por otro lado, un mundo de regeneración, además de las características ya mencionadas, posee una de gran importancia, y es la posibilidad real de un contacto físico con otras civilizaciones.

También, en la obra del mismo autor “LA GÉNESIS”, en el capítulo 6, apartado “LA VIDA UNIVERSAL”, ítem 54, afirma: “Sabemos con certeza, que las obras de Dios son creaciones del pensamiento y la inteligencia, y que los mundos son la residencia de los seres que los contemplan y descubren en ellos, tras los velos, el poder y la sabiduría de quien los creó. Pero lo que interesa conocer es que las almas que los pueblan son solidarias entre sí”.   

¿De qué clase de solidaridad nos están hablando?

A continuación, en el ítem 56, agrega: “Si esos astros, que se armonizan en sus vastos sistemas, son habitados por inteligencias, no lo son por seres extraños unos de los otros, sino por seres marcados en la frente con el mismo destino, que deben reencontrarse en algún momento de acuerdo a sus funciones de vida y se buscarán según sus mutuas simpatías”.

Como explica Kardec en los párrafos anteriores, existe una solidaridad entre los mundos, conexiones que nos vinculan unos a otros, aunque todavía no seamos capaces de entenderlo plenamente. Todo se armoniza en el Universo conformando una unidad de miras, en sus diferentes escalas con un propósito superior.

Ellos, como nosotros, son espíritus en evolución, pero ya han superado determinadas etapas; lo que no ocurre todavía en nuestro mundo, en donde somos retenidos como parte del aprendizaje y consecuencia de nuestras limitaciones evolutivas temporales. En la medida en que dichas civilizaciones han ido progresando en todos los ámbitos del ser, la libertad de movimientos se ensancha, las posibilidades de trabajo en conjunto también, producto de la madurez y la capacitación adquirida durante muchos siglos. Es a partir de ese momento cuando se está en condiciones de superar las barreras físicas y tecnológicas, las distancias entre los mundos para socorrer, auxiliar, colaborar. Traducir, en una palabra, el amor universal emanado por nuestro Padre en hechos concretos y palpables. Tareas que requieren de intervenciones físicas para su realización, tanto en mundos de su mismo nivel evolutivo como en otros más rezagados. Eso sí, respetando siempre el libre albedrío de todos ellos y sin perturbar aquellas civilizaciones que no poseen un conocimiento espiritual avanzado, o que no están en disposición de entender todavía ni de valorar ese tipo de “solidaridad universal”.

Por otro lado, es a través del campo de la mediumnidad donde también se ha podido constatar esta realidad que nos ocupa, recogiendo valiosas informaciones dignas de estudio y análisis. Es significativa la pregunta 188 del “LIBRO DE LOS ESPÍRITUS”, en donde a pie de página encontramos una ampliación a la respuesta de los espíritus, realizada por Allan Kardec, a propósito de la longevidad humana en otros planetas: “Las condiciones de longevidad tampoco son en todas partes las mismas que en la Tierra y la edad no puede compararse. Una persona que había desencarnado hacía algunos años, fue evocada, y dijo que estaba encarnada hacía ya seis meses, en un mundo cuyo nombre nos es desconocido…”

Es decir, el espíritu comunicante estaba encarnado en otro planeta, poseía una materia física, y la había dejado momentáneamente para testimoniar en el que había sido su mundo hasta hacía pocos años.

El estudio de la mediumnidad y sus múltiples variedades nos demuestra que espíritus encarnados pueden, por la facultad de aportes por ejemplo, manifestarse en cualquier lugar. Pueden, como en ese caso concreto, dejar sus cuerpos físicos en los lugares de origen, o incluso en las naves interplanetarias, para acudir espiritualmente a realizar una labor en nuestro plano físico, como lo haría cualquier espíritu libre. Ejemplos han existido en nuestro mundo; de estar su materia en reposo en un lugar concreto y manifestarse en otro. Lógicamente se comprende que para ello se necesitan ciertas facultades y un grado importante de elevación moral y espiritual.

Solidaridad entre los diferentes mundos por: José M. Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

 

LOS EGOS EN LOS CENTROS ESPIRITISTAS

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Los egos en los centros espiritistas

La palabra “ego”, desde el punto de vista de la psicología, es definida generalmente como: Parte consciente del individuo, mediante la cual cada persona se hace cargo de su propia identidad y de sus relaciones con el medio.

El ego en principio no es malo; parte de una necesidad natural y cumple con una función vital; el problema surge cuando deriva o degenera en aspectos de la personalidad o del comportamiento que perjudican a uno mismo y a la convivencia con los otros, entorpeciendo la buena sintonía y el trabajo en común.

El investigador chileno Iván Durán Garlick, autor del libro “El Ego”, nos habla en su obra de la necesidad de evolucionar a partir del conocimiento que podamos adquirir sobre el tipo o tipos de egos que puedan existir en nuestra personalidad. Establece una serie de variantes en el comportamiento, de las que vamos a mencionar solo algunas:

Ego SABELOTODO: Es aquel ego que siempre cree tener la razón; le gusta dar consejos sobre todo, siempre contesta aunque no sepa, cree tener respuesta para todo, no se puede quedar callado.

Ego INSACIABLE: Es el ego “centro de mesa”. No le gusta pasar desapercibido, hace cualquier cosa para llamar la atención.

Ego PRESTIGIOSO: Es el ego que busca aplausos, reconocimiento y admiración en todo lo que hace. Siempre quiere ser el mejor. Frecuentemente le dice a los demás: “te lo advertí”, “yo sabía”, “te lo dije, pero tú nunca me escuchas”, etc.

Ego MANIPULADOR: Es aquel ego astuto que siempre se las arregla, ya sea tergiversando, acomodando, engañando, mintiendo o justificando para que las cosas resulten siempre a su favor.

También existen otras variantes, según el autor, como pueden ser el ego sordo, que es aquel que nunca escucha, le gusta hablar solo a él; o el orgulloso, que es competitivo, discutidor y que no le gusta perder; o el ego premental (silencioso), es aquel que calladamente tiene un discurso paralelo, es criticón, hipócrita y enjuiciador.

Con mayor o menor intensidad, todos nos podemos sentir identificados con uno o varios tipos de egos como los mencionados anteriormente. Desde un punto de vista espiritual, cuando nos referimos a la buena convivencia y a las actividades dentro de un grupo espírita, los personalismos suponen un perjuicio significativo para alcanzar los objetivos de concordia y de fraternidad que la doctrina nos exige.

Ante esta dificultad bastante común, podemos recurrir a las exhortaciones que nos aporta el insigne espírita Miguel Vives, conocido como “el apóstol del espiritismo”, en su obra (*) Guía Práctica del Espiritista. En ella nos aporta ideas muy valiosas para reflexionar y poner en práctica:

1.-“Por más que sepa, no alcanzará nunca la infalibilidad; así, pues, siempre podrá equivocarse…”

Las personas tenemos unos límites que debemos saber identificar. No somos infalibles, no lo sabemos todo y, por tanto, nos podemos equivocar perfectamente. De ahí la conveniencia de la moderación y la prudencia.

2.-“…no hará nunca ni alardes de saber, ni de poseer facultades y menos considerarlas extraordinarias, sino exponer sus ideas y sus opiniones de una manera prudente, sensata y con oportunidad”.

No tratar de “pontificar” con nuestras opiniones, esperando, por ejemplo, a ser siempre los últimos en darla, buscando el reconocimiento o el aplauso ajeno, sino todo lo contrario, hemos de ser uno más; sabiendo escuchar y apreciar los conocimientos, las experiencias y las opiniones de los demás, pero no de una manera fingida. Si deseamos que nos valoren debemos de empezar por valorar el trabajo y el punto de vista de nuestros compañeros, aunque podamos no estar de acuerdo en algún caso.

Como nos dice Miguel Vives, las facultades también pueden llegar a ser un punto de vanidad que el verdadero trabajador en la obra espiritual no se puede permitir. No existen médiums infalibles, y un exceso de confianza puede llevar fácilmente a la mixtificación e incluso a la fascinación. Tampoco convertirse en punto de referencia respecto a su sensibilidad, de forma que pueda llamar la atención sobre los demás en aquello que percibe. Prudencia y moderación siempre, también en el campo mediúmnico.

 3.-“…la humildad es siempre un ejemplo constante de buenas formas y nunca compromete ni es causa de disturbios ni rencillas…”

La humildad juega un papel importante a la hora de combatir el egocentrismo. El no considerarnos superiores por nuestro saber, o por considerar que nuestra experiencia está por encima del resto de compañeros, es fundamental. La humildad genera confianza y acercamiento entre las personas.

4.-“No hay trabajo más noble que el de atraerse el amor leal y sincero de sus hermanos…”

El amor de los compañeros nace del esfuerzo que hacemos por colocarnos en su lugar, desde el respeto y la sencillez. No es tan importante el amor que esperamos de los demás, sino más bien el que podamos dar a través de los hechos; ahí es donde se demuestra que comprendemos el mensaje renovador y trabajamos por la unión de todos. No es tarea fácil; si así lo fuera, el mundo estaría lleno de grupos espíritas y espiritualistas que vivirían en armonía y en paz. Sin embargo, esos egos de los que estamos hablando son los que destruyen, desalientan, provocan conflictos, disensiones, etc., provocando en casos extremos la disolución de las mejores expectativas de edificación espiritual.

La teoría nos la sabemos; muchos espiritistas, incluso, la plasman de forma impecable en artículos, conferencias y en la elaboración de libros especializados; pero, al final, topamos con los entresijos de la convivencia y las tareas en común, que dejan patentes nuestras deficiencias y dificultades. La puesta en práctica de la teoría aprendida y de la que no tenemos dudas es uno de los desafíos más difíciles del ser humano.

5.-“Los que más influyen en un Centro Espírita, son los que han de vivir más alerta…”

El fuerte debe  sostener al débil y no aprovecharse de su debilidad. En casi todos los grupos, existen personas con un mayor conocimiento o con un mayor empuje y entusiasmo a la hora de afrontar las realizaciones, los proyectos en común. Es por ello que debe de existir una vigilancia especial por parte de esas personas, porque son el foco de las miradas del resto, y su responsabilidad está por encima de la mayoría. No porque sean mejores, sino porque su compromiso, su claridad tiene el objetivo de iluminar a sus compañeros; pero desde el comedimiento, la delicadeza; sin robarles el espacio que necesitan. Sirviéndoles de estímulo para que aporten sus valores e iniciativas y se sientan útiles y valorados. Como nos lo indica el propio Miguel Vives en el siguiente extracto:

6.-“Los que destacan por su comprensión sobre la mayoría, pueden sacar un gran bien de su misión y elevarse a gran altura espiritual,… pero pueden contraer una gran responsabilidad, si la inteligencia y superioridad que tienen la emplean para satisfacer miras y opiniones personales…”

Sin duda, la mejor medicina para suavizar o evitar que el ego nos juegue malas pasadas es la renuncia de una parte del yo en beneficio del nosotros; no existe mejor antídoto que ese. Pensar que tan solo somos un pequeño eslabón en un conjunto de aros que forman la cadena; si un eslabón se debilita, la cadena se resiente y hasta se puede romper.

En definitiva, no debemos darnos excesiva importancia; somos necesarios pero no imprescindibles. La vida nos muestra con suma facilidad cuan frágiles somos. Una pequeña enfermedad, un accidente doméstico nos pueden dejar en el dique seco durante una temporada, dejando de participar en aquello en lo que nos considerábamos muy importantes. Es por ello que resulta impostergable potenciar el trabajo en equipo, evitando los protagonismos y vanidades; repartiendo responsabilidades y, a ser posible, que sean varias personas las que cumplan una misma función, para no dejar caer todo el peso del trabajo sobre una única persona, y en un momento dado el grupo se pueda ver afectado.

Vamos a terminar este artículo con una frase de la misma obra de referencia, Guía Práctica del Espiritista, para que nos pueda servir de análisis y reflexión:

7.-“Siempre debe considerarse el espiritista inferior a sus hermanos y dispuesto a ser el servidor de todos…”

Los egos en los centros espiritistas por:  José M. Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

 

(*) Miguel Vives, Guía Práctica del Espiritista; Capítulo: “Lo que debe ser el espiritista entre sus hermanos y en los Centros Espiritistas”.

PLURALIDAD DE MUNDOS HABITADOS

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Pluralidad de mundos habitados

No existe filosofía de vida más completa que la que nos proporciona el ESPIRITISMO. La doctrina codificada por Allan Kardec nos traza con una claridad meridiana el rumbo seguro, la certeza indudable que nos guía hacia la consecución de los objetivos superiores de la misma VIDA.

Ante todo, nos sitúa en el mapa de la Creación. Preguntas fundamentales, como son ¿de dónde vengo?, ¿quién soy?, ¿hacia dónde camino?, son respondidas por la doctrina espírita desde tres ángulos que se coordinan y complementan: En primer lugar desde un punto de vista filosófico, analizando todas las cuestiones vitales desde el raciocinio, la lógica. En segundo lugar, desde un punto de vista científico, ante los constantes avances de la misma, corroborando por las múltiples comprobaciones y experiencias de todo tipo de que la vida continúa después del túmulo. Y por último, desde un punto de vista espiritual, de consecuencias ético morales.

La mediumnidad, seria y responsable, continúa ofreciendo generosa, en distintos puntos del mundo, abundante caudal de consuelos, esperanzas, conocimientos y reflexiones que animan al cambio y nos aseguran la certeza de un Más Allá, no tan abstracto o ambiguo como nos lo habían presentado los movimientos religiosos convencionales. De todo ello, se desprende un compromiso impostergable de reforma íntima, abriéndose un campo maravilloso de posibilidades, de nuevas metas personales y colectivas ante el vasto horizonte que se asoma.

Fundamentalmente son seis los pilares básicos que sostienen al Espiritismo:

  • La existencia de un Dios Todopoderoso.
  • La inmortalidad del alma.
  • Reencarnación y vidas sucesivas.
  • Comunicabilidad de los espíritus y su relación con los encarnados.
  • La moral de Jesús.
  • Pluralidad de Mundos Habitados (1).

Es precisamente en el último punto, “PLURALIDAD DE MUNDOS HABITADOS”, donde nos vamos a detener para analizarlo con mayor profundidad.

En la pregunta nº 55 del LIBRO DE LOS ESPÍRITUS, Kardec interroga a los espíritus: ¿Todos los globos que giran en el espacio están habitados?

Y los espíritus responden: “Sí, y el hombre de la Tierra se halla lejos de ser (como cree) el primero en inteligencia, bondad y perfección. Sin embargo, hay seres humanos que se consideran muy grandes e imaginan que este pequeño globo es el único que posee el privilegio de tener seres racionales. ¡Orgullo y vanidad! Piensan que Dios creó el Universo para ellos solos…”

A continuación, el maestro Kardec amplía la respuesta de los espíritus, argumentando como  absurdo y de bastante ceguera mental el considerar nuestro planeta como el único reducto del Universo capaz de albergar vida inteligente. Como si Dios se hubiera limitado en el vasto campo de la Creación a una inmensidad inútil, a un conglomerado de galaxias, soles y estrellas con la única finalidad de servir de “adorno” para disfrute de los habitantes de un pequeño planeta, una minúscula mota de polvo llamada Tierra.

Sin ninguna duda, Allan Kardec fue, desde el punto de vista filosófico y científico, un pionero bastante osado, ya que anticipó realidades referentes al cosmos, incidiendo en puntos que en aquella época eran impensables. La cosmovisión en el siglo XIX era muy limitada, el instrumental de observación se encontraba en desarrollo. Cabe reseñar que, durante la segunda mitad de ese mismo siglo, se incorpora la fotografía al campo de trabajo astronómico y se funda la astrofísica.

En esa misma época existía una posición al respecto, bastante rígida por parte de la religión católica, asumida por una mayoría, en donde se nos hablaba de un Dios antropomórfico que en seis días creó la Tierra, tal y como explica el primer libro del Antiguo Testamento. También se sirvieron del mismo libro “El Génesis” para explicar el origen del hombre, concretándose en Adán y Eva  y su consiguiente pecado original; así como el  paraíso perdido.

Posiciones completamente antagónicas, irreconciliables, que provocaron un distanciamiento aún mayor entre ciencia y religión, así durante muchos años hasta bien entrado el siglo XX. Incluso, todavía hoy persiste en determinadas iglesias la creencia en la Biblia, como la palabra indiscutible de Dios.

Sin embargo, a lo largo de la historia nos podemos encontrar con alguna obra fuera de la ortodoxia establecida, como ocurrió en el año 1440. El Cardenal Nicolás de Cusa, en su obra “Docta ignorantia”, argumentaba que: “en cada región celestial podemos encontrar habitantes que, aun siendo distintos de nosotros en su naturaleza, deben su origen al poder creador de la divinidad”. En pleno siglo XV, donde predominaba la persecución permanente de la herejía y el fanatismo religioso campaba a sus anchas, este ilustre clérigo desafió los convencionalismos, defendiendo la teoría de la rotación de la Tierra, la pluralidad de los mundos y la existencia de seres en todos los astros del Universo.

 

Pluralidad de mundos habitados por:   José M. Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

 

EL ESPIRITISMO Y LOS LÍMITES DE LA CIENCIA

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El espiritismo y los límites de la ciencia

En una época en que la ciencia se encuentra más cerca que nunca de constatar la realidad espiritual, no es menos cierto que, como humanos que somos, todavía estamos expuestos a seguir cayendo en los viejos errores y debilidades propias de nuestra naturaleza limitada.

Los espíritus, al transmitir los conocimientos que quedaron reflejados en la codificación espírita, ya advertían de la necesidad de asumir con prudencia la existencia de unos límites que impiden la comprensión total de ciertas cuestiones trascendentes, puesto que la materia física supone un filtro demasiado pesado todavía, además de nuestro atraso moral y espiritual, para llegar al fondo, a la esencia de determinadas cosas. Como es obvio, la ciencia también se ve afectada por esos condicionantes naturales, totalmente humanos, que no podemos perder de vista. (1)La ciencia ha sido dada al hombre para su adelanto en todas las cosas, pero él no puede sobrepasar los límites que Dios ha fijado”.

Con esto no pretendemos rebajar la importancia de los avances científicos en los distintos campos, o que nos debamos parar ante las dificultades, puesto que los verdaderos límites solo los conoce Dios; y de la misma manera que ciertas verdades pueden estar más o menos vetadas a la comprensión humana, tampoco sabemos en qué momento se pueden ir descorriendo algunos velos que las ocultan.

No obstante, entre aquellos que trabajan en el campo intelectual y científico, se encuentran muchos a quienes el orgullo ciega de tal manera, que no están dispuestos a admitir límites de ningún tipo. Consideran su ciencia y su saber como el punto más elevado del conocimiento humano. Desprecian aquello que les sobrepasa o no pueden controlar, sobre todo si se trata de algo que supera su comprensión mental. (2) “Esa tendencia a creerse por encima de todo, con frecuencia sólo los conduce a negar aquello que, por no estar a su alcance, podría rebajarlos”… “Toman su inteligencia para medir la inteligencia universal, y se consideran aptos para comprenderlo todo, razón por la cual no creen en la posibilidad de lo que no comprenden”.

Esa actitud les hace caer en aquello que ellos mismos han criticado durante siglos, y son las posturas dogmáticas y reduccionistas, es decir, no aceptar de facto aquello que catalogan como imposible, “anomalías aisladas”, o cuya interpretación consideran compleja. Como algunos fenómenos no encajan con sus verdades científicas, su postura es de rechazo y los consideran fuera de la realidad. Sobre todo, estamos hablando de aquellas cuestiones que están relacionadas con el campo espiritual y lo que concierne al Más Allá, la mediumnidad, la vida después de la vida, la reencarnación, etc.

Sin embargo, muchos científicos que investigan los fenómenos paranormales, o los temas relacionados con la otra vida, han llegado a conclusiones abrumadoramente favorables a su existencia sin entrar en conflicto con las leyes naturales; o dicho de otra forma, alejados de lo milagroso o fantástico. Sus conclusiones y su trabajo minucioso desarrollado durante muchos años de observación e investigación están ahí. Sin pretender imponerlo a nadie o que se pudieran ver como verdades absolutas, lo presentan a la opinión pública y a los especialistas para que saquen sus propias conclusiones. Ellos están convencidos y son honestos al afirmar públicamente la realidad espiritual que han constatado. Aparte de divulgar su trabajo y tratar de explicarlo de la mejor manera posible, poco más pueden hacer. Sin embargo, otros incautos rechazan o critican sin molestarse en conocer ni investigar; se consideran árbitros absolutos de todo el conocimiento humano. (3) se atribuyen suficiente experiencia y sabiduría como para creer en cosas que, según ellos, son buenas para las personas simples, y consideran pobres de espíritu a los que las toman en serio”.

No obstante, hay otros investigadores y científicos prejuiciosos que se  limitan a presentar sus investigaciones pero no se atreven a juzgarlas; marcando una distancia interpretativa de los hechos para evitar el ser rechazados, etiquetados o no tomados en serio; siendo muy cuidadosos para no manifestar claramente sus opiniones particulares, en algunos casos favorables a una realidad espiritual, y de ese modo evitar ser el epicentro de las críticas de la comunidad científica a la que pertenecen, y también ante el riesgo de perder el estatus social que poseen.

Para salir de “dudas” hay que salir primero de ciertas “certezas”.

Por otra parte, además de las dificultades mencionadas que suponen tanto la vanidad como el orgullo a la hora de acercarnos a una mayor comprensión de la realidad espiritual, existen otros escollos importantes que tienen que ver con el lenguaje y su utilización precisa y práctica. Estamos hablando del uso adecuado de las palabras y sus acepciones correctas. Muchas veces usamos una misma palabra para expresar distintas ideas, lo cual puede llevar a la confusión. También la causa puede estar motivada por las limitaciones del lenguaje, ante el problema de que no existan palabras concretas para definir determinadas cuestiones espirituales. Por otro lado, el hecho de tratar de definir algo implica limitar o condicionar la esencia de eso mismo; no nos estamos refiriendo a cosas simples, sino a ideas complejas, sobre todo las de carácter espiritual.

En este último punto, por parte del propio mundo de los espíritus, les resulta muy complicado acercarnos a la comprensión de su realidad, la misma con la que nos encontraremos cuando volvamos al punto de origen, fuera del cuerpo físico. Sobre todo porque el lenguaje humano, construido en torno a las realidades materiales, carece de las palabras adecuadas que ayuden a la comprensión espiritual; lo cual les obliga a realizar un esfuerzo comparativo, bien sean metáforas, ejemplos, aproximaciones, etc. Con facilidad caemos en el error de confundir la parte por el todo, o el de tomar al pie de la letra las ideas sin tener en cuenta el carácter figurado de las expresiones. (4) “…sabed que hay cosas por encima de la inteligencia del más inteligente de los hombres, para las cuales vuestro lenguaje, limitado a vuestras ideas y sensaciones, carece de expresiones”.

Además, pesan mucho las connotaciones religiosas y los prejuicios que envuelven a ciertas palabras. Ciertos divulgadores que trabajan en el campo meramente científico prefieren sustituir en sus argumentos algunos vocablos, como por ejemplo: Dios, espíritu, extraterrestres o mundo espiritual, por otras expresiones como pueden ser: Principio Cósmico, ente individual, otras dimensiones o mundos paralelos, etc. También el motivo puede residir en la búsqueda constante por plasmar más fehacientemente unas ideas que pertenecen a un determinado contexto argumental, tratando de evitar confusiones o errores, y a ser posible que puedan ser aceptadas y comprendidas por un mayor número de personas de cualquier condición o creencia.

Hasta ahora hemos hablado de límites, pero esto no significa que estemos desprovistos de suficientes conocimientos para transitar con éxito por la vida, sino todo lo contrario. Esta circunstancia supone para el hombre un desafío, una prueba de fe, de paciencia y de perseverancia. La historia nos demuestra claramente la evolución del pensamiento humano y lo mucho que cuesta romper con los prejuicios y las barreras que nosotros mismos nos creamos. Al mismo tiempo, podemos reconocer que los avances en el pensamiento humano que en determinados momentos nos han llegado por distintas vías, bien para traernos nuevos avances científicos y tecnológicos o para recordarnos algunos principios espirituales olvidados o mal comprendidos, han llegado siempre en el momento más adecuado, pese a que han tenido que recorrer un duro camino hasta su reconocimiento y aceptación. Todavía hoy día la lucha continúa, alimentada por una crisis de valores y de identidad que nos arrastra y confunde.

Por tanto, reconocer que existen campos por explorar y ciertas verdades que nos sobrepasan todavía, no supone ningún desprecio a la inteligencia humana y a sus posibilidades, todo lo contrario; significa un desafío para ir trabajando e ir creciendo día a día. A poco que observemos la naturaleza y todo aquello que nos rodea, nos daremos cuenta de lo mucho que nos queda por aprender y descubrir.

Concluiremos con la siguiente idea: son mucho más graves y preocupantes los límites que inconscientemente el propio hombre se marca a sí mismo, aquellos que parten de los prejuicios, de las pasiones y defectos; también, cuando se deja arrastrar por las corrientes dogmáticas, tanto las que proceden del terreno religioso como el de algunos sectores científicos. Junto a todo eso, las tendencias materialistas y el vivir de espaldas a la vida espiritual, dificulta todavía más la comprensión de la realidad que nos envuelve, y entorpece la búsqueda de la verdad trascendente.

 

El espiritismo y los límites de la ciencia por:   José M. Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

 

  1. – Libro de los Espíritus; ítem 19.
  2. – El Evangelio según el Espiritismo; cap. VII, ítem 2.
  3. – El Evangelio según el Espiritismo; cap. VII, ítem 2.
  4. – Libro de los Espíritus; ítem 13.

CONCLUSIONES SOBRE LA MEDIUMNIDAD

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Conclusiones sobre la mediumnidad

A lo largo de estos últimos meses hemos hecho un recorrido por algunos de los aspectos que conciernen a la mediumnidad y que hemos considerado importantes. Siempre hemos tomando como referencia la obra fundamental de Allan Kardec, El libro de los Médiums, que es el mejor tratado experimental sobre el tema que existe. Nuestra finalidad ha sido aportar nuestro granito de arena, orientando, aclarando algunas cuestiones y poniendo de relieve algunos de los escollos más importantes para aquellos que deseen estudiar la doctrina espírita y que además posean aptitudes para el desenvolvimiento de alguna facultad.

En los diversos artículos hemos analizado algunos problemas que se le presentan a numerosos médiums, como son el endiosamiento y el fanatismo; también la fascinación, que es un grado de perturbación obsesiva, consecuencia muchas veces de la falta de análisis y vigilancia. Hemos abordado la importancia de aplicar la prudencia en todos los casos como la mejor terapia para evitar la mixtificación, la fantasía, así como el fanatismo anteriormente mencionado.

Hemos recalcado la conveniencia de estar permanentemente formándose, adquirir conocimientos para poder aprovechar mejor las experiencias y entender con mayor claridad el campo en el que nos movemos; analizando las comunicaciones recibidas, sopesando, comparando y dejando a un lado aquello que nos pudiera parecer dudoso o poco claro. Para ello es necesario conocer, como hemos tratado de explicar de algún modo, la mecánica del mundo espiritual, de cómo actúan los espíritus en función de su elevación e intereses. Los espíritus elevados jamás se molestan cuando de una forma sana y noble se busca la verdad y se analizan sus mensajes, cuestionando los puntos que no pudieran estar claros, y solicitando con toda la humildad las aclaraciones necesarias y oportunas sobre los temas propuestos.

No podemos olvidar que la mediumnidad la ejercen personas normales y corrientes, con sus deficiencias, defectos y limitaciones. No son seres con un don especial, tocados por la mano de Dios para realizar una misión redentora para la Humanidad. Son, en una inmensa mayoría, espíritus endeudados; tocados, eso sí, por la misericordia Divina para que, a través del ejercicio desinteresado de una facultad, poder rescatar con mayor rapidez las numerosas deudas que se arrastran del pasado; un pasado oscuro, lleno de despropósitos y errores cometidos sobre nuestros semejantes.

Otro aspecto en el que hemos incidido claramente ha sido el que los espíritus, por el hecho de estar en el mundo espiritual, no lo saben todo. La actitud de ser analíticos supone evitarnos desengaños, pérdidas de tiempo, desilusiones; evitando bascular de la credulidad sistemática a la duda permanente; nos referimos a esa clase de duda que genera inseguridad y desanima a proseguir por este camino.

El hecho de ejercer la mediumnidad supone asumir la responsabilidad y el compromiso de mantener limpio el canal de comunicación con el mundo invisible. Para ello hace falta un esfuerzo por controlar las malas inclinaciones, rechazando pensamientos contrarios a la caridad y el amor. Sin duda, un trabajo imprescindible para elevar el tono vibratorio; sólo así podremos ganarnos la simpatía de espíritus trabajadores en el bien, de esa ingente cantidad de colaboradores de la labor del Cristo en esta fase decisiva de la humanidad, en plena Transición Planetaria.

En la Introducción de la obra de León Denis “En lo invisible” nos encontramos con la reflexión siguiente: “Si queréis manifestaciones de un orden elevado, esforzaros por elevaros vosotros. Lo más bello y más grande de la experimentación es la comunicación con el mundo superior, y esta no la logra el más sabio, sino el más digno, el mejor, el que tiene más paciencia, más conciencia, más moralidad”.

Por lo tanto, la tarea requiere de personas decididas, responsables. Avanzando bajo tres premisas indispensables para que la tarea en común con los espíritus nobles sea eficiente y fructífera. A saber: Vigilancia, disciplina y constancia.

Como ya hemos comentado en alguna ocasión: “A las facultades se las prueba en todo”. Es una verdadera carrera de fondo, donde se deben ir desarrollando numerosas cualidades y corrigiendo errores cuando estos se produzcan. Pero no todo son luchas, escollos, dificultades; también está la satisfacción al obtener unos resultados positivos; el observar cómo se avanza en la tarea encomendada gracias a la ayuda que se les presta a numerosas personas, aportándoles consuelo, esperanza, y la luz del conocimiento al aclararles sus dudas. Los médiums están llamados a ser los intermediarios fieles entre los dos planos, derramando ese caudal de luz de la manera y forma en que los planos superiores nos lo reclaman. Empero, esto tiene un coste, y es el precio del trabajo, del esfuerzo diario.

Otro aspecto que también hemos tratado ha sido la evolución en la mediumnidad. El hombre progresa, se sensibiliza, vive en un entorno complejo, y en función de las necesidades, el mundo espiritual provee de las herramientas necesarias para afrontar los desafíos actuales. Son aproximadamente 150 años de experiencias en el campo mediúmnico desde que se publicó el Libro de los Médiums, y como dijo su Codificador, “El Espiritismo, marchando con el progreso, nunca será desbordado ni quedará rezagado; porque si nuevos descubrimientos le demostraran que está en el error en un punto dado, se modificará en este punto, y si una nueva verdad se revelara, la aceptaría” (“La Génesis”, Cap. I, núm. 55). No sólo se refería el noble codificador al apartado científico o filosófico, sino en todos los sentidos, incluida la mediumnidad.

Es por ello que nos hemos decidido a hablar de las denominadas facultades de elevación, que son aquellas que recogen los pensamientos de los asistentes a un trabajo mediúmnico para ser impulsadas, por decirlo de alguna manera, hacia los planos más elevados y que consecuentemente se reciba la respuesta necesaria. Esto obedece a la situación de turbación, de crisis espiritual que está viviendo el planeta, situación excepcional que requiere de una mayor energía para contrarrestar el ambiente denso que nos ha tocado vivir, y para optimizar la suma de pensamientos de los participantes en los trabajos mediúmnicos.

Por otro lado, existe lo que se consideran las facultades de incorporación modernas, de las cuales también hablamos en esta sección, cuyo cometido obedece a la misma problemática global. Consiste esta facultad especializada en ser un vehículo, que podríamos denominar exprés, donde determinadas entidades desencarnadas, cuyo estado es de desorientación y de cierta perturbación, puedan recibir durante un instante un fogonazo de luz al mismo tiempo que pasan por esa materia, para que comprendan que ya no pertenecen al mundo de las almas encarnadas. Esa experiencia, que dura apenas un segundo, les sensibiliza, y al mismo tiempo les sirve a los espíritus auxiliadores como plataforma para, posteriormente, poder completar su trabajo de rescate para numerosísimos espíritus que se encuentran en una situación de estancamiento espiritual. La ventaja que supone este tipo de facultades es que, sin necesidad de hablar, se puede ayudar a cientos de espíritus en un mismo trabajo mediúmnico y en muy poco tiempo.

Hay que decir que son facultades complementarias a las convencionales, unas no anulan a las otras; puesto que, como es lógico, existen otro tipo de entidades espirituales cuya perturbación requiere de un diálogo y, sobre todo, permanecer un tiempo vinculado a una materia que no es la suya, para provocarles una reacción y así poder ser esclarecidos.

Y por último, no podemos olvidar que los verdaderos protagonistas, aquellos que llevan el peso del trabajo espiritual, son los propios espíritus benefactores. Son nuestros guías, espíritus familiares, trabajadores en suma en la labor del Maestro Jesús, quienes traen un compromiso con los médiums; estos últimos como la parte visible en una tarea conjunta, para expandir el mensaje de amor a través del ejercicio de la caridad y anunciar la buena nueva al mundo.

Esperamos que con con esta sección que concluye hayamos podido contribuir para esclarecer algunas dudas. No obstante, aconsejamos el estudio serio y pormenorizado de las obras básicas de la codificación espirita, entre ellas la ya mencionada “EL LIBRO DE LOS MÉDIUMS”, así como otras complementarias que forman parte también de la doctrina espirita.

Conclusiones sobre la mediumnidad por:  José M. Meseguer

© 2018, Amor, Paz y Caridad

 

Del mismo modo que el buen barro es moldeado por el alfarero para conseguir la obra que desea, el futuro médium debe prepararse para ser una buena materia prima en manos del Mundo Superior.

LA LEY DE SOCIEDAD

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La ley de sociedad

La ley de sociedad, como ley moral, nos impele a comprender que el hombre ha sido creado para relacionarse con el resto de seres humanos. Además, si observamos la naturaleza, esta es extraordinariamente armónica en la medida en que descubrimos cómo interactúan y se complementan los distintos reinos entre sí, mineral, vegetal, animal y hominal, formando un todo equilibrado, aunque todavía estemos lejos de comprender con toda su profundidad el progreso que de ello se deriva.

Al mismo tiempo, el hombre, que también forma parte de la naturaleza, posee inteligencia, discernimiento, libertad para decidir; sin embargo, no posee todas las facultades para llegar a ser autosuficiente; necesita aprender y complementarse de aquellas cualidades, de aquellos valores que poseen los demás. De lo que se concluye que una vida completamente solitaria sería contraria al progreso, antinatural y extremadamente difícil.

Lynne McTaggart, periodista y divulgadora americana, afirma: “Los últimos descubrimientos que se han hecho en toda una diversidad de disciplinas –desde la neurociencia y la biología hasta la física cuántica- ponen de manifiesto que el impulso más básico de la naturaleza no es la competencia, como sostenía la teoría evolutiva clásica, sino la integración de la totalidad”. Es decir: “Los seres vivos, incluidos los seres humanos, tenemos la necesidad instintiva de conectarnos, prácticamente por encima de cualquier otro impulso, e incluso arriesgando la vida por ello”.

Lo que se traduce en una necesidad perenne del prójimo y del entorno. La solidaridad y la cooperación mutua forma parte de nuestro ADN, desde que fuimos creados en dirección a la eternidad. Dios, en su sabiduría, nos crea sencillos e ignorantes, todo un proyecto por construir en el transcurso de los tiempos. Somos como diamantes en bruto para pulir día a día, pero nunca hasta el punto de alcanzar un estado que nos haga prescindir de los demás.

Por tanto, hemos sido creados para crecer colaborando los unos con los otros. Las relaciones humanas son inherentes y necesarias para el hombre desde que nace con cuerpo físico hasta que muere. Comenzando por el entorno familiar, que nos acoge desde un primer momento, con una dependencia que es total en las primeras etapas, para dar paso posteriormente a un más amplio abanico de relaciones sociales, sea en el colegio, en el trabajo, amigos, etc., así hasta el final de nuestros días.

“Los vínculos sociales son necesarios al progreso y los lazos de familia estrechan esos vínculos sociales. He aquí por qué los lazos familiares constituyen una ley de la Naturaleza. Dios ha querido que los hombres aprendieran así a amarse como hermanos”. (Pregunta 774; Libro de los Espíritus).

Sin embargo, en las primeras etapas de la evolución humana, somos llevados de la mano, por decirlo de algún modo, por aquellas herramientas que sustituyen provisionalmente aquellas otras que se encuentran en estado latente, y que deberemos desarrollar en el transcurso de las distintas vidas, en un camino muy largo de experiencias evolutivas. Empezando por el instinto, que nos marca un camino, el límite de nuestras necesidades y la búsqueda de lo imprescindible para vivir; nos empuja también a la vida de relación para poder sobrevivir ante las dificultades.

Las pasiones también cumplen una función muy importante en las primeras etapas; “son palancas que multiplican las fuerzas del hombre y lo ayudan en la realización de los objetivos de la providencia” (Allan Kardec). En la medida en que se desarrolla la inteligencia en las distintas existencias y el espíritu va adquiriendo experiencia, el instinto se aminora, las pasiones se van controlando y son sustituidas por otras expresiones del alma más depuradas, pero siempre en permanente conexión con los demás seres.

Una vez dejamos el cuerpo físico, las relaciones continúan y se estrechan aún más, puesto que ya no existe una materia que limite y condicione. El espíritu, a partir de ese momento, amplía su campo de percepción y, de ese modo, adquiere mayor facilidad para comunicarse e interactuar con su entorno natural; aunque esto depende, claro está, de su grado de evolución espiritual y de la elevación moral adquirida.

Sin duda, hemos sido creados para el progreso en común, para la convivencia como medio para perfeccionarnos a cada instante; cruzándonos en el camino con otros que siempre nos pueden aportar algo, y que a su vez han vivido sus propias experiencias, muchas de ellas distintas a las nuestras; poniendo de manifiesto sus capacidades, aquellas que han podido desarrollar en el devenir del tiempo y de las múltiples vidas.

Debido a nuestra escasa evolución espiritual, existen vínculos del pasado que nos obligan a reparar errores cometidos en anteriores existencias. Son compromisos muy específicos con otras personas, sean del entorno familiar o social. Son relaciones que se establecen previamente, antes de encarnar, y en las que nos comprometimos a solucionar dichos errores, en una nueva oportunidad con cuerpo físico; poniendo en práctica y desarrollando la ley de amor con todas sus vertientes: de tolerancia, de caridad, de comprensión, de perdón…

Por otra parte, junto a la necesidad de relacionarnos para no vivir como los egoístas, existen otras leyes espirituales que complementan la convivencia, la vida en sociedad; y una de ellas es la ley de afinidad. Según es nuestra forma de pensar y sentir, así atraemos y nos relacionamos con otras personas que son afines a nuestros gustos y tendencias. Además, proveniente de la parte invisible, nos rodeamos de espíritus que nos inspiran, tanto para lo positivo (espíritus buenos) como para lo negativo (espíritus inferiores); en una lucha que depende de la propia voluntad para decidir cuál es el camino que queremos recorrer. Por lo tanto, nunca estamos completamente solos.

De ese modo, la afinidad de tendencias y pensamientos hace que las personas se reúnan y organicen con un objetivo común, sea de carácter intelectual, científico, espiritual o de signo benéfico y solidario; dependiendo de las inquietudes y las necesidades del entorno en el que se desenvuelven. Esto redunda en un progreso general, en el crecimiento y bienestar de las personas que habitamos este globo.

Como vamos viendo, Dios nos provee de todo aquello que necesitamos para progresar, nos concede la libertad para buscar y decidir; nos aconseja a través de sus mensajeros; empero, nos deja todo el mérito del resultado, fruto del trabajo, del esfuerzo personal y colectivo.

En otro orden de cosas, las vidas de aislamiento que algunas religiones propugnan como meritorias son completamente contraproducentes, y hasta pueden, incluso, llegar a provocar una cierta desconexión con la realidad exterior, aquella que nos envuelve. Ante esta postura, y aunque la intención pueda ser buena, subyace un cierto egoísmo inconsciente al evitarse los inconvenientes y las vicisitudes propias de la vida de relación, y esto, lógicamente, no puede ser agradable a Dios.

Efectivamente, si hablamos de la práctica del bien, no cabe duda de que también se puede realizar con el pensamiento; no obstante, el bien más agradable a Dios, el que más nos enriquece y nos ayuda a crecer espiritualmente, es aquel que realizamos directamente con acciones sobre el prójimo.

Del mismo modo, el mejor estímulo para crecer y la mejor forma de averiguar aquellas cosas de carácter moral que todavía debemos de mejorar, las vamos a encontrar en las relaciones sociales. Son las reacciones que nos provocan los demás con su comportamiento lo que nos debe llevar a plantearnos en qué punto estamos y aquello que nos falta para vivir en plenitud y armonía moral y espiritual. Siendo todos nosotros diferentes y en distintos grados de evolución, se nos suscitan enormes posibilidades, multitud de situaciones que provocan en nosotros reacciones para analizar y valorar.

Por lo tanto, la ley de sociedad es una ley moral básica, imprescindible para la evolución del ser. Como nos dice el propio Allan Kardec en la respuesta a la pregunta 768: “Ningún ser humano tiene facultades completas. Mediante la unión social los hombres se complementan recíprocamente a fin de asegurar su bienestar y progresar”.

 

Ley de sociedad por:  José Manuel Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

LA MEDIUMNIDAD EN LOS ANIMALES

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La mediumnidad en los animales

La mediumnidad en los animales

El tema de la mediumnidad en los animales todavía hoy día causa una cierta controversia, producida por la confusión que existe sobre la relación espiritual, si así queremos llamarlo, entre los animales y el hombre.

Hemos de partir del hecho de que los espíritus, para que se pueda producir un fenómeno mediúmnico, necesitan actuar sobre el periespíritu del médium, tomando de su cerebro los elementos precisos para dar forma a aquello que nos quieren transmitir.

Alguien podrá argumentar que algunos animales demuestran unas aptitudes fuera de lo común, que son capaces de comprender cosas imposibles para otros animales o incluso, en casos excepcionales, al de su propia especie. Sin embargo, aunque pudieran estar muy adiestrados, es evidente que comprenden pero nunca reproducen el pensamiento humano.

La ley de afinidad juega un papel capital, por cuanto el semejante atrae al semejante. Los periespíritus de los humanos, al poseer una naturaleza idéntica, permiten que puedan interactuar mutuamente, algo imposible con los animales. Por tanto, no poseen ninguna aptitud para mezclarse, fusionarse con el soplo divino, el espíritu humano en sí.

A este respecto, encontramos importantes aclaraciones respecto a este tema y a su evolución en la propia codificación espírita.

En la pregunta número 597 del Libro de los Espíritus, al preguntar si el alma de los animales es similar a la del hombre, responden: «Es también un alma, si así lo queréis. Ello depende del sentido que se dé a esta palabra. Pero es inferior a la del hombre. Hay entre el alma de los irracionales y la humana tanta distancia como la que existe entre el alma del hombre y Dios».

Aquí entramos en una cuestión de la imperfección del lenguaje, producto de nuestro estado evolutivo actual. No pueden existir palabras precisas sobre cuestiones que ignoramos o no conocemos en profundidad; ese es el motivo por el cual nos dicen: “Es también un alma, si así lo queréis…” Sin embargo, marca una distancia descomunal entre el alma del hombre con la de los animales.

Además, encontramos en el capítulo XXII, 236, del Libro de los Médiums, la siguiente aclaración de Erasto: «Los hombres siempre tienen propen­sión a exagerarlo todo; unos, no hablo ahora de los materialistas, niegan un alma a los animales y otros se la atribu­yen, por decirlo así, semejante a la nues­tra. ¡Por qué querer confundir de este modo lo perfectible con lo imperfectible…!

En la número 593 del Libro de los Espíritus, al preguntar si los animales solo obran por instinto, Kardec comenta, tras la respuesta espiritual, lo siguiente: «Si algunos de entre ellos son susceptibles de cierta educación, su desarrollo intelectual confinado en todos los casos dentro de estrechos límites, se debe a la acción del hombre sobre una naturaleza flexible, porque no hay ningún progreso que realicen por sí mismos. Pero ese adelanto será efímero y meramente individual, por cuanto el animal librado a sus propios recursos no tarda en volver a colocarse dentro de los lindes trazados por la Naturaleza».

Hemos de incidir sobre ciertos puntos que son importantes; uno de ellos es la dificultad en el lenguaje, como expresábamos anteriormente, así como el estado evolutivo y material del hombre. Mientras poseamos materia física, es muy difícil por no decir imposible entender ciertas cosas; el mundo espiritual está cansado de repetirlo. Esta circunstancia les obliga a realizar un gran esfuerzo para aproximarnos a la comprensión de la vida en el plano espiritual y su relación con el nuestro. Su generosidad y amor altruista es total, sin embargo, para ayudarnos a comprender, han de recurrir a similitudes, alegorías, ejemplos o aproximaciones que tan solo nos permiten tener una ligera idea sobre ciertas cosas, pero sin poder llegar a la esencia de las mismas; otras muchas están todavía totalmente vetadas al hombre. El error está en la literalidad, es decir, en tomar al pie de la letra muchas de las explicaciones que se nos ofrecen sin un análisis y reflexión profundos, sin darle el enfoque o el sentido adecuado, conscientes de los límites que poseemos.

De ahí que se nos hable del entorpecimiento que supone el fanatismo, o el orgullo y la vanidad, en la búsqueda de la verdad. Pensar que tenemos inteligencia y capacidad para todo y que no puede haber nada que se nos resista, es motivo suficiente para caer en la trampa ilusoria de nuestras imperfecciones que desembocan en el error. Esta circunstancia provoca el rechazo de los espíritus superiores, inspirando a otros que son más humildes y no perdiendo el tiempo tratando de esclarecer a quienes se atribuyen mucha importancia.

En la pregunta 613 del mismo Libro de los Espíritus, Kardec hace la siguiente reflexión: «En cuanto a las misteriosas relacio­nes que existen entre el hombre y los animales, es ese -repetimos- el secreto de Dios, como otras muchas cosas cuyo conocimiento actual no interesa en modo alguno para nuestro adelanto, y sobre las cuales sería inútil insistir».

En la revista espírita de marzo de 1858, nº 3, nos encontramos con un interesante artículo que habla con amplitud de la vida en el planeta Júpiter. En aquel nos habla del alto grado de perfección de su humanidad, si lo comparamos con la Tierra, cumpliendo allí los animales unas funciones que serían impensables en nuestro mundo. Con el título: Júpiter y algunos otros mundos, a propósito de la constitución física de los espíritus que lo habitan, Kardec aclara: “Los animales no están excluidos de este estado progresivo (comparado con la Tierra), sin por ello aproximarse al del hombre…” “El hombre es para ellos una divinidad”.

Y respecto a los animales y sus funciones en aquel planeta, Kardec afirma: “Son espíritus consagrados a la animalidad, quizá durante mucho tiempo, quizá para siempre, ya que no todos los espíritus están de acuerdo sobre este punto, y la solución del problema parece pertenecer a los mundos más elevados que Júpiter; pero cualquiera que sea su futuro, no hay que equivocarse sobre su pasado”.

Resulta significativo que, considerando según ellos el planeta Júpiter como uno de los más adelantados de nuestro sistema solar, nos diga Allan Kardec que: “… la solución del problema parece pertenecer a los mundos más elevados que Júpiter…”

Y concluye: “Así, de cualquier lado que se lo mire, la armonía del Universo se resume siempre en una sola ley: el progreso por todas partes y para todos, para el animal como para la planta, para la planta como para el mineral…”

En conclusión, esta es una de las cuestiones de la que no merece la pena dedicarle demasiado tiempo. No obstante, de lo que no podemos dudar es de que la mediumnidad es un fenómeno imposible en los animales. Las percepciones que puedan poseer pertenecen a sus sentidos, en algunos casos más agudos que los del hombre, pero sin atribuirles propiedades o facultades que no poseen. Dios les ha dotado cualidades de sociabilidad para aquellos que acompañan al hombre, pero nada más.

Algún día se descorrerán los velos que ocultan muchas verdades. Mientras tanto, Dios nos dota de la suficiente inteligencia, claridad y conocimiento para desarrollar aquello que nos resulta más urgente para nuestro progreso espiritual, empezando por aquello que más nos cuesta a todos, y es el desarrollo del amor incondicional y el perdón en todas sus facetas. Ese es el gran reto, el escalón principal a subir en estos momentos cruciales en la humanidad.

 

La mediumnidad en los animales por:     José Manuel Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

EL PAPEL DE LA MUJER

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El papel de la mujer

Durante muchos siglos, las religiones administradas por los hombres han ocupado un espacio en la sociedad dominando todas sus facetas. Eran los encargados de controlar el conocimiento, las creencias, la fe, los usos y costumbres del pueblo llano. Su jerarquía se arrogaba el derecho a decidir las pautas, los comportamientos, lo que estaba bien y lo que estaba mal; incluso en lo que respecta a la familia y el rol que debía jugar el hombre, pero sobre todo el papel de la mujer, según la interpretación que ellos realizaban de las “sagradas escrituras”. Eso hoy día, salvo en países con otras creencias, culturas y costumbres, ha quedado en desuso.

En occidente y desde hace bastante tiempo, los representantes religiosos ya no tienen el poder ni se les reconoce la suficiente autoridad moral para decidir lo que deben de hacer unos y otros. La libertad religiosa, la facilidad de acceso a la educación, una mayor cultura de la población, así como las tecnologías que han acercado la información global a todos los rincones del mundo, nos han trasladado a un escenario de libertad pero desprovisto de un criterio y un rumbo claro.

La desorientación, la confusión que se vive hoy día producto de una crisis de valores generalizada, afecta a todos los estamentos de la sociedad, sobre todo aquellos que son más sensibles por su importancia y por el papel decisivo que juegan en nuestras vidas. Nos referimos al rol que desempeña la mujer en la construcción de la familia y en aquellos valores que la sostienen.

Precisamente en este último punto, respecto al papel de la mujer y su función tan importante en la vida, ya nos hablaba la doctrina espírita hace siglo y medio, siendo totalmente vigentes sus postulados hoy día. Ya por el año 1856, los espíritus aclaraban sin lugar a dudas las funciones de la mujer y del hombre y la igualdad de derechos entre ambos, tal y como recoge la obra El Libro de los Espíritus. Hablamos de una época en que la situación, sobre todo del sexo femenino, era de total discriminación. Tuvieron que pasar muchas décadas y arduas luchas para ir colocando, en justicia, cada cosa en su lugar. Hoy día, aún queda un largo camino por recorrer, conquistas por alcanzar, sobre todo en algunos países donde la mujer sigue siendo un objeto sexual y es considerada como un ser inferior.

En los hombres poco adelantados desde el punto de vista moral la fuerza constituye el derecho. (Pregunta 818 del Libro de los Espíritus).

Hemos olvidado que el espíritu carece de sexo. El encarnar en el sexo femenino o masculino depende de las necesidades evolutivas del ser, porque cada uno de ellos le aporta lo que el otro no tiene.

Allan Kardec interroga a los espíritus sobre este punto en la pregunta 817 del Libro de los Espíritus: El hombre y la mujer ¿son iguales ante Dios y poseen los mismos derechos?

¿Acaso Dios no concedió a ambos la inteligencia del bien y el mal y la facultad de progresar?

Independientemente del sexo, todos los seres humanos poseemos inteligencia para distinguir el bien del mal, así como la capacidad de progreso. Por tanto, tenemos una responsabilidad individual. Además, debe de existir una igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, pero por lo general, no de funciones. Es necesario que cada uno de ellos tenga su lugar específico. Las peculiaridades físicas, tanto del hombre como de la mujer, están acordes a sus funciones particulares para que ambos puedan ayudarse a superar las pruebas de la existencia.

Ciertamente, el hombre y la mujer se complementan, del mismo modo en que Dios provee a cada sexo de las características adecuadas para un trabajo espiritual y material en común, muy necesario para ambos.

Pero ¿cuáles son las cualidades de la mujer? ¿Qué pueden aportar a la sociedad?

Entre sus cualidades más importantes se destacan la paciencia, la ternura, la bondad, la sensibilidad; también una intuición o sexto sentido que les permite tomar ventaja para percibir las necesidades ajenas, especialmente del entorno familiar y afectivo. Esta última cualidad tan sutil, utilizada correctamente, es una herramienta poderosísima para hacer el bien a los demás; usada para el mal, para satisfacer su propio interés egoísta, supone un entorpecimiento muy grande, puesto que llega a confundir y arrastrar a otros, y también le perjudica sobremanera a ella misma en su progreso espiritual.

Sin duda, la mujer está perfectamente capacitada para realizar grandes obras en el campo espiritual e intelectual. Ejemplos hay de sobra en todos los ámbitos a lo largo de la historia que no hace falta enumerar aquí. También es la gran protagonista en el hogar como esposa y madre, está llamada a ser un referente de amor y cariño, aportando la paz y armonía indispensable para que la convivencia sea fructífera en uno de los pilares fundamentales de la sociedad que es la familia.

Las mujeres son las que traen los hijos al mundo; su relación tan íntima con ellos les confiere un papel de vital importancia en su crecimiento y educación. Son la primera luz que los ilumina, son su punto de apoyo, su sostén, su principio fundamental para que ellos empiecen a descubrir lo que les rodea y a caminar con seguridad en el sendero de la vida.

“La mujer es el alma del hogar; ella es la que representa los elementos de dulzura y de paz con la humanidad”. Después de la muerte – León Denis.

Por tanto, la mujer, mejor que nadie, puede aplicar la psicología e intuición que posee para conseguir la unión familiar. Sin renunciar a su personalidad y a la firmeza de carácter, puede al mismo tiempo adoptar una postura de saber ceder o callar cuando la ocasión lo requiera, evitando un protagonismo que en múltiples ocasiones no necesita; ahí reside su principal fuerza y valor. También, en algunos casos, utilizar esa sabiduría tan particular, consecuencia de su amor incondicional para colocarse en un segundo plano, y de ese modo, poner en valor el trabajo de su cónyuge; al mismo tiempo el hombre tiene la obligación de saber reconocer el papel y el trabajo de ellas.

Se trata de una labor abnegada que la corriente materialista actual es incapaz de entender ni de asumir, de tal forma que hoy día, en lugar de poner de relieve las cualidades extraordinarias de la mujer, se menosprecian y se conmina a todo lo contrario. Desposeemos a la mujer de esos valores para que adopte una postura a la defensiva, en actitudes reivindicativas que la muevan en una dirección contraria a su naturaleza. De ese modo, tanto el hombre como la mujer quedan desprovistos de signos diferenciadores e identitarios. Algo que en principio debería enriquecer y complementar, es causa de enfrentamientos y disputas.

Fruto de esa confusión, se mezcla todo y se cuestiona todo. Este comportamiento, que nace incluso desde la educación en algunas escuelas, conduce al caos, a la ignorancia, a la falta de unas señas de identidad, tanto para los hombres como para las mujeres, que les ayuden a construir, a trabajar en una dirección concreta. Es el derecho a decidir no se sabe muy bien el qué, sin pararse a pensar cuáles son nuestras necesidades reales, las obligaciones, las tareas e incluso los compromisos que nacen del verdadero amor.

Se trata de una marea, de una corriente de pensamiento descontrolado y de carácter materialista cien por cien, que ignora por completo las palabras “compromiso”, “responsabilidad”, “deber”. Olvidando que previamente el espíritu medita, estudia y analiza su pasado para luego decidir la condición en la que va a venir con un nuevo cuerpo físico. Una vez aquí, ya con materia física, se nos vela el pasado para que no pueda condicionar o interferir en las tareas actuales. Por tanto, el sexo con el que venimos esta motivado por razones evolutivas de mucho peso; no es producto del azar, un capricho o un accidente donde pueda caber el victimismo.

En una balanza, mirando los beneficios espirituales que puede reportar el venir como hombre o como mujer, en líneas generales no hay color. Sin duda, el papel a desarrollar por la mujer se traduce en un progreso exponencialmente mucho mayor que el del hombre, si es capaz de cumplir con sus compromisos. Tal y como recoge también la obra de León Denis Después de la muerte: “Los espíritus afirman que, encarnándose con preferencia en el sexo femenino, el alma se eleva con más rapidez, de vidas en vidas hacia la perfección”.

Ahora bien, como nos indica en la misma obra el insigne espírita francés León Denis: “Sería absurdo tomar como pretexto los goces futuros para perpetuar las iniquidades sociales”. Necesitamos trabajar para superar las desigualdades e injusticias de género, mejorando la educación que corrija las deficiencias y los malos hábitos, marcándonos un camino que engrandezca a la mujer, porque de ello vamos a salir beneficiados todos, sin ninguna duda.

“La emancipación de la mujer sigue al progreso de la civilización”.
(Pregunta 822a, Libro de los Espíritus)

Hace falta también la claridad que nos proporciona el conocimiento espiritual, pero desde el respeto y la tolerancia a otras formas de ver las cosas. No obstante, firmeza para mantenerse en aquellos postulados que nos hagan mejores, que potencien las cualidades del ser humano, aunque puedan estar mal vistas por las corrientes de moda que menosprecian y condenan interesadamente un pensamiento distinto al suyo. Vivir acorde a esos principios superiores para ponerlos en práctica, tratando de ser un ejemplo donde libremente se puedan mirar todos aquellos que buscan respuestas y un camino claro y certero. Haciendo valer el precepto del Maestro Jesús: «El que tenga ojos, que vea, el que tenga oídos, que oiga». Mateo 13:1-9.

 

El papel de la mujer por: José Manuel Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

CONTRADICCIONES EN LA MEDIUMNIDAD

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Contradicciones en la mediumnidad

Uno de los argumentos que esgrimen los adversarios del espiritismo en lo que respecta a la práctica mediúmnica es la falta de aparente solidez en los mensajes que se reciben, a las contradicciones que ellos observan en las comunicaciones recibidas en distintos puntos, dando una imagen de falta de uniformidad, o dicho de una forma un poco más vulgar: “Que los espíritus no se ponen de acuerdo”.

Esta es una interpretación muy superficial de la realidad, si bien hay casos donde se manifiestan errores, mixtificaciones, falacias, etc., dejando en evidencia la falta de seriedad de algunos grupos y la clase de espíritus que les inspiran. Sin embargo, de esa pequeña minoría no se pueden extraer conclusiones globales, porque seguramente nos vamos a equivocar, del mismo modo que, por ejemplo, existen médicos que cometen errores injustificables, aquellos que no practican la medicina con el rigor y la seriedad que su importante labor les demanda. No digamos ya quienes se presentan como facultativos sin poseer titulación académica alguna. De esta circunstancia lamentable no se pueden sacar conclusiones generalistas o desconfiar de todo un gremio, más bien al contrario, comprender que se trata de una minoría  que tarde o temprano llega a ser descubierta, denunciada y apartada de una digna profesión que no les corresponde ejercer.

La práctica de la mediumnidad, siendo algo más sutil y resbaladiza que otros campos de trabajo, no por ello significa que no pueda ser menos rigurosa y concreta. Como todo en la vida, es necesario aplicar el sentido común, el espíritu crítico y la experiencia acumulada para calibrar con mesura y justicia los mensajes que del mundo espiritual se puedan recibir.

A los grupos mediúmnicos serios no les importa rechazar aquellos comunicados que puedan resultar confusos, dudosos o erróneos. Una de las primeras reglas fundamentales para la buena praxis es la prudencia, el análisis riguroso de todas las comunicaciones para establecerse un criterio claro, puesto que el exceso de confianza conduce al error; por tanto, no se puede bajar la guardia en ningún momento.

Existen dos filtros fundamentales a la hora de valorar los mensajes recibidos a través de la mediumnidad. Por un lado, lo que hemos expuesto ya, es decir, un estudio y análisis riguroso para determinar la calidad del mensaje, y el otro filtro, el más importante de todos, la práctica del bien, el trabajo interior de perfeccionamiento. Esta última es la base fundamental para ganarse la confianza y el auxilio de las entidades benefactoras y alejar a las malas.

Ahora bien, la pregunta sería: Si una misma entidad espiritual envía un mensaje a dos centros espíritas distintos, ¿por qué hay casos en que difieren entre sí?

El Libro de los Médiums le dedica un capítulo completo a las contradicciones y las supercherías. En él nos hace importantes reflexiones respecto a este tema, nos aclara que las contradicciones proceden de dos frentes: los hombres y los espíritus.

También nos indica que, como es obvio, los espíritus superiores no se contradicen nunca. Se trata más bien de un problema de forma más que de fondo. Lo que significa que, según las personas y su nivel de comprensión, cultural,  de experiencias, etc., les llega de una forma u otra.

En todos los casos, los espíritus superiores ejercen una verdadera pedagogía en los grupos  mediúmnicos. Las posibles ideas equivocadas que pueden conducir a cometer errores las corrigen gradualmente actuando con prudencia, respetando el libre albedrío, muchas veces disfrazando los consejos para no restar el mérito a las conclusiones a las que puedan llegar tras un análisis más profundo de sus mensajes; puesto que, como ya sabemos, ellos no son apuntadores. Actúan con delicadeza para no perturbar o crear una situación de rechazo ante algo que, en múltiples ocasiones, se ha de ir asimilando poco a poco. Una luz muy fuerte podría deslumbrar, cegar, y hasta incluso provocar confusión.

Efectivamente, desde un primer momento podrá parecer que comulgan con sus ideas, pero con el paso del tiempo y en la medida en que se trabaja por el mejoramiento en general, se puede observar cómo van madurando y tomando relieve las nuevas ideas por encima de las viejas.

 “No hay que confundir con una contradicción aquello que no suele ser sino una fase de la elaboración de la verdad” (Libro de los Médiums, capítulo XXVII; 301-3).

Esto lo podemos observar fácilmente en algunos grupos espíritas que practican la mediumnidad. Partimos de la base de que la sociedad ha ido cambiando con el paso de las décadas. Los grupos espíritas, como es lógico, también. Ya no se trabaja en el campo espírita y mediúmnico como se actuaba en un pasado remoto,  ha existido una evolución natural. Ahora bien, ¿esa evolución ha sido simultánea en todos los grupos? ¿Existen todavía grupos que trabajan como en otras épocas porque no han conocido otras formas de actuar? ¿Cómo se corrige esto? ¿Y sus guías espirituales, qué les dicen, aprueban su comportamiento, su manera de llegar a la sociedad? ¿Para el mundo espiritual qué es más importante, qué es lo que más valoran?

Estas son preguntas delicadas, difíciles de responder, porque sería entrar a juzgar lo que otros hacen, y eso es algo que no nos compete. Cada uno debemos mirar hacia nuestro interior, haciendo una verdadera autocrítica. Sin embargo, el mundo espiritual superior despliega sus falanges de espíritus bienhechores tratando de orientar, de la mejor forma posible, el camino que a cada uno de nosotros le corresponde recorrer.

“Todos los espíritus tienen su tarea, asignada por Dios. Y la cumplen dentro de las condiciones que juzgan convenientes para el bien de aquellos que reciben sus mensajes” (Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 301-3).

Hay que ser conscientes de que nos cuesta mucho cambiar, en todos los sentidos de la vida. Las tradiciones, los usos y costumbres, las viejas ideas son sustituidas muy lentamente. Podemos encontrar señales a nuestro alrededor que nos muestran un camino, pero sólo estamos preparados para ver aquello que encaja con nuestras creencias, lo demás lo ignoramos o simplemente no lo vemos, y esto es independiente del grado cultural o incluso moral. Abrazamos con entusiasmo unas ideas y las interpretaciones que algunos pensadores venerables realizan, pero a veces nos olvidamos de algo muy importante, y es el construirnos un criterio propio.

“La misión de los espíritus consiste en destruir el error, pero sólo de una forma gradual” (Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 301-4).

El poseer unas convicciones profundas no significa que no debamos ser flexibles y estar abiertos a nuevas ideas, a otras formas que profundicen y hasta corrijan aquello en lo que podamos estar equivocados. No podemos hablar de flexibilidad a la sociedad para que acepten las ideas espíritas siendo nosotros los primeros en no serlo, sería una contradicción y hasta un mal ejemplo. Es por ello que el mundo espiritual nos habla constantemente de análisis pormenorizado y, sobre todo, de dar un ejemplo de conducta recta y noble.

“Estudiad, comparad, ahondad. Os lo repetimos sin cesar; el conocimiento de la verdad tiene ese precio” ((Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 301-4).

Para ir concluyendo, los obstáculos que impiden una uniformidad en los mensajes, o una claridad que evite contradicciones o supercherías, tienen que ver con tres elementos fundamentales. En primer lugar, con la insuficiencia del lenguaje, que no permite precisar con rigor aquellas cosas que no tienen un nombre definido; habría que utilizar palabras o términos que no existen en el lenguaje actual, lo cual obliga a los espíritus a realizar comparaciones o aproximaciones más o menos acertadas para que nos podamos hacer una idea. Por desgracia, esas comparaciones o similitudes que ellos utilizan muchas veces, tras un análisis superficial, las tomamos al pie de la letra, con lo cual nos estamos equivocando.

En segundo lugar, la imperfección del vehículo del que se sirven. Esto puede ser por distintas razones, como por ejemplo: la insuficiente afinidad entre el médium y el espíritu que se comunica, o la falta de conocimientos del sensitivo que ayuden al espíritu a elaborar su mensaje de manera más eficaz.

En tercer lugar, la interpretación libre de los mensajes sin el debido examen y cuidado, para que no se puedan filtrar ideas equivocadas o malas interpretaciones que lleven a la confusión o al error.

En definitiva, la clave se encuentra en la siguiente idea transmitida por los propios espíritus: “No pedir al espiritismo más de lo que puede y debe daros; su objetivo es el mejoramiento moral de la humanidad” (Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 303-1).

 

Contradicciones en la mediumnidad por:  José Manuel Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

EL PRECIO DE UN IDEAL

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El precio de un ideal
American Civil Rights activist Rosa Parks (center, in dark coat and hat) waits to board a bus at the end of the Montgomery bus boycott, Montgomery, Alabama, December 26, 1956. (Photo by Don Cravens/The LIFE Images Collection/Getty Images)

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El precio de un ideal cuesta el sacrificio del idealista

 (Joanna de Ângelis).[/infobox]

El 1 de diciembre de 1955, en un autobús regular de la ciudad norteamericana de Montgomery (Alabama), una señora de 42 años llamada Rosa Parks se negó a ceder su asiento a un blanco que ni tan siquiera lo había pedido, fue el propio chófer del autobús quien la instó para que lo hiciera, creando un problema donde no lo había. La actitud de firmeza de la señora Parks, una mujer de color negro que se dedicaba a la costura y además colaboraba con la Asociación Nacional para el Avance del Pueblo de Color, le supuso la detención por la policía y el pasar la noche en un calabozo, así como posteriormente condenada a pagar una multa de 14 dólares por la infracción a las leyes discriminatorias de la época. Este incidente supuso un punto de inflexión en la lucha por la igualdad en Estados Unidos, un movimiento contra la segregación racial liderado por un joven de 26 años llamado Martin Luther King. Ella nunca se imaginó que un acto simple, espontáneo pero tenaz, como fue negarse a acatar una injusticia social, tendría las consecuencias relevantes que luego tuvo.

La historia está llena de actos de valentía, demostraciones de coraje que han llegado a cambiar el curso de los acontecimientos, dejando patente que el progreso y el avance de la humanidad cuestan un precio, fruto del trabajo y del tesón de personas comprometidas, entusiastas de un ideal, que luchan por un mundo mejor. El caso de la señora Rosa Parks, una persona corriente, desconocida hasta entonces, es un ejemplo de inspiración donde mirarnos.

Nos maravillamos de este caso como de otros que han tenido una significación especial en la historia, olvidando que el secreto de su éxito social se encuentra en el sacrificio y en la renuncia; continuando con paso firme donde otros se paraban. Superando incertidumbres, miedos y afrontando los riesgos de su época. Algunos pagaron un alto precio para llegar a culminar su obra. Por citar algunos ejemplos: Gandhi fue asesinado tras una vida de lucha pacífica por la independencia de la India. Nelson Mandela llegó a ser presidente de Sudáfrica, aunque previamente estuvo encarcelado durante 27 años, trabajó por la reconciliación social. El propio Martin Luther King, murió a manos de un francotirador el 3 de abril de 1968, precisamente en estas fechas se cumple el 50 aniversario del trágico suceso. No podemos pasar por alto a Domitila Barrios de Chungara líder obrera boliviana, luchó contra la explotación de los mineros, lideró una huelga de hambre que supuso la caída del régimen dictatorial del general Hugo Banzer.

Atrás en el tiempo, durante el siglo XIX, nos encontramos con otro ejemplo admirable aunque diferente a los anteriores. El mismísimo codificador de la doctrina espírita, el pedagogo francés Allan Kardec. Tuvo que salir de su restringido círculo de trabajos y proyectos hasta ese momento para abrazar incondicionalmente una obra de gran magnitud que le demandaba todo su esfuerzo y atención; renunció a su paz, descanso y tranquilidad. Además, tuvo que soportar el dolor de las incomprensiones y críticas injustificadas de personas a quienes apreciaba. Una labor en la que puso en serio riesgo su salud por el número de horas que le dedicaba al día, tal y como el mismo mundo espiritual le llegó a advertir. Lo sacrificó todo en beneficio de la “causa” hasta el final de su existencia.

No necesariamente hace falta pasar por situaciones límite, casos extremos o heroicos para sostener y avanzar en la consecución de un ideal noble. La vida nos ofrece oportunidades sencillas, simples, que cuando se van aprovechando se convierten en pasitos importantes que nos acercan al objetivo.

Mantenerse en las luchas diarias sin desanimarse ni variar de rumbo tiene un gran valor. Es precisamente ahí, una vez ha pasado el entusiasmo inicial y aparecen las primeras dificultades, donde otros abandonan o cambian de directrices.

Son aquellos entusiastas que le roban parte de su tiempo merecido al descanso para seguir edificando en el mismo punto donde otros descansan o se distraen. Son aquellos que forjan en su mundo interior unos valores, donde otros ven utopías o conquistas muy lejanas. Se trata, sin duda, de unas realizaciones que invariablemente les hacen crecer y llegan a contagiar a los demás.

El fruto del trabajo constante y permanente mantenido en el tiempo es el que provoca el respeto y la admiración de la gente. No se trata de metas imposibles o utópicas; no obstante, resulta más fácil ver sus logros como algo especial, casi mágico, antes que la culminación de un esfuerzo, un espejo donde mirarnos.

Nos resulta más sencillo crear mitos alrededor de esas personas o considerarlas como líderes carismáticos. El ejemplo de la señora Parks es significativo, de ser despreciada por mucha gente blanca y condenada por las autoridades, pasó con el tiempo y por la fuerza de los acontecimientos posteriores, a convertirse en un icono, recibiendo el reconocimiento social a través de homenajes e incluso condecoraciones; algo que ella en  ningún momento buscaba.

El valor de lo conseguido es proporcional al esfuerzo realizado.

Son numerosas las personas que abrazan nobles filosofías sin la suficiente convicción o fuerza necesaria, sin la debida determinación para asumir los inconvenientes, dificultades y luchas que tendrán que librar. No se puede pretender alcanzar unos resultados, al menos de una forma inmediata, cuando se trata de una tarea que requiere tiempo, dedicación, maduración. Para ello es necesario persistir desde el desprendimiento, renunciando al ego y sus apegos para convertirse en fieles servidores de una causa, pero en la parte de la obra, de la tarea, donde uno se pueda sentir más identificado, más capacitado.

Los compromisos son para cumplirlos y llevarlos hasta las últimas consecuencias. Los trabajos a medias, sin prestarles la debida atención o la importancia que merecen, son el escenario en el que se mueven muchas personas que pululan alrededor de doctrinas o filosofías teóricamente edificantes. Son aquellos que promueven iniciativas, forman parte de directivas, asumen cargos, imparten charlas informativas, asisten a reuniones de trabajo, pero a la hora de la verdad, en el momento de concretarla, se diluyen en un abanico de excusas, de motivos más o menos justificados, posponiendo la tarea o delegando en otros.

Lo fácil, lo que supone poco esfuerzo, está al alcance de cualquiera.

Las ideas superiores que en estos casos uno llega a defender o representar se convierten en algo parecido a un barniz exterior que brilla, pero no significan apenas nada, puesto que no están secundadas con unos hechos, unos verdaderos resultados fruto de un trabajo.

Al no estar en disposición para adaptarse a las exigencias que la tarea exige, automáticamente se bajan las expectativas, llegan las justificaciones y se busca la manera de acomodar las ideas al modo de vivir y no al contrario. Como dice Blaise Pascal: “Si no actúas como piensas, vas a terminar pensando como actúas”.

No podemos pretender avanzar en el camino del progreso sin sacar la fuerza de voluntad, sin sobreponerse ante los errores o caídas inevitables, encarando las dificultades y pruebas con la debida confianza en el porvenir. Por tanto, abrazar un ideal superior significa que estamos dispuestos a pagar un precio al asumir todas sus consecuencias. Muy pocos están dispuestos a renunciar a sus comodidades, sus tendencias, o incluso a su modus vivendi para adaptarse a las necesidades que el ideal le exige; lo que la solidaridad, la fraternidad e incluso la caridad le demandan con respecto a sus semejantes; no digamos ya con sus compañeros de tareas espirituales.

“El hombre de bien es perseverante, y está siempre dispuesto a realizar la labor comenzada”. Despierte y sea feliz; pág. 73; psicografía Divaldo Pereira.

Para el verdadero trabajador no caben excusas, no abandona porque significaría un fracaso; sería como posponer las obligaciones pactadas antes de encarnar para más adelante, quizás en esta misma vida, o quizás en otra; retardando su progreso, su camino evolutivo, y manteniéndose en el estado de “conciencia dormida”, con la única diferencia de que, al no haber aprovechado esta oportunidad, la voz de la conciencia le dejará patente a través de un malestar interior su falta de compromiso, la falta de voluntad para seguir adelante.

Como nos dice un mentor espiritual en respuesta a una pregunta, en el libro de los Médiums, 301, párrafo 10: “Querríais tenerlo todo sin trabajo. Sabed que no hay campo donde no crezcan malas hierbas, que el agricultor debe extirpar”.

Finalizamos con la misma idea de la mentora Joanna de Ângelis con la que hemos iniciado este artículo: El precio de un ideal cuesta el sacrificio del idealista. Los grandes avances en todos los campos logrados por esta humanidad han sido conquistados aplicando esta fórmula. Aparte del dolor que es el aguijón que nos impulsa hacia el progreso, no existe otra forma más clara y rápida para avanzar. Por lo tanto, no nos engañemos con fantasías o espejismos.

 

El precio de un ideal por:      José Manuel Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

FACULTADES MEDIÚMNICAS EN LA INFANCIA

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Facultades mediúmnicas en la infancia

Facultades mediúmnicas en la infancia

¿Es peligrosa la mediumnidad en la más tierna infancia? ¿Es perjudicial o beneficiosa? ¿Una manifestación aislada en el niño significa necesariamente una facultad a desarrollar?

No hay motivos de peso para impedir el normal desenvolvimiento de las facultades mediúmnicas en los niños, cuando estas se manifiestan espontáneamente y de forma natural. Existen múltiples casos de niños y adolescentes que demuestran gran capacidad y hasta una cierta madurez precoz en las tareas espirituales, en el ejercicio de una mediumnidad… Serenidad, aplomo, comprensión, etc., y otros tantos valores que dejan patente el bagaje acumulado en el pasado, el trabajo desarrollado en anteriores existencias.

Algunos de los médiums más celebres del pasado y del presente se iniciaron con sus experiencias bastante jóvenes. Por citar sólo algunos muy significativos: tenemos a la médium londinense Florence Cook (1856-1904), que comenzó con las materializaciones de Katie King a la edad de 15 años, y rigurosamente investigada por el Premio Nobel William Crookes. La señorita Ermance Dufaux, gran médium que a la edad de 14 años psicografió varias obras, como por ejemplo La Historia de Juana de Arco dictada por ella misma y la Historia de Luis XI(*); esta última obra es destacada por el propio Allan Kardec por su gran valor histórico y documental. También Eusapia Paladino (1854-1918), la médium italiana comenzó con 14 años sus primeras manifestaciones. Debemos mencionar a Francisco Cándido Xavier (1910-2002), el famoso médium brasileño; de pequeño ya veía a los espíritus con toda naturalidad, amigos invisibles para el resto de las personas; como también le ocurrió a su compatriota Divaldo Pereira Franco, que a la edad de 4 años comenzó a tener videncias, observó a su abuela materna desencarnada, (nunca la conoció, ya que había fallecido en el parto de su propia madre), y describiéndola ante el asombro de su madre y su tía.

Teniendo en cuenta que estamos hablando de menores, se trata de una grave responsabilidad, una cuestión delicada; sin embargo, hay que afrontarla sin miedo pero con prudencia. En primer lugar, observar y analizar al niño, viendo lo mejor para él y su entorno familiar y social, facilitándole un ambiente didáctico de realizaciones, de aprendizaje, de alegría; en donde no se vea cohibido, presionado o forzado a desarrollar algo que no le convenza o le haga sentir mal.

También hay que valorar si se trata de manifestaciones esporádicas o de algo que tiene una continuidad, un sentido de peso. No hay que olvidar que el espíritu del niño no se termina de acoplar a la materia hasta alrededor de los siete años, lo que significa que, hasta aproximadamente esa edad, se encuentra expuesto a percibir sensaciones o manifestaciones del otro plano de la vida. En esa etapa, el espíritu encarnado se encuentra mucho más cerca de su origen espiritual que de su realidad actual con la materia física; los lazos todavía no están consolidados; lo cual no significa que en el futuro vaya a desarrollar facultades u otras experiencias de tipo mediúmnico.

Además, ese tipo de “vivencias puntuales” también pueden tener un sentido espiritual trascendente, una “siembra para el futuro”. No hay que olvidar que, en esa etapa infantil, el espíritu está mucho más sensible y abierto para recibir estímulos, experiencias y, sobre todo, descubrir nuevas cosas, por la receptividad natural del niño. El día de mañana, aunque los derroteros de la vida le lleven por otros caminos poco espirituales o alejados de las creencias trascendentes o religiosas, las experiencias vividas de pequeño le van a dejar un poso, una brecha interior, por donde podrá constatar, a poco que se pare a analizar, la realidad espiritual que le envuelve. Vendrá a ser como una sugerencia sutil, un llamado a la conciencia más profunda, con capacidad para sobrepasar los prejuicios o los preconceptos acumulados a lo largo de su vida. Del mismo modo, las experiencias vividas podrían significar un punto de referencia, un auxilio en momentos de duda, o una invitación para la toma de decisiones sobre el camino a tomar, las ideas que se debe replantear. No se trata de creer por creer en base a lo que otros han vivido, sino de aquello que él mismo experimentó y sobre lo que no le cabe la menor duda o autoengaño.

Muchos otros, sin embargo, por su atraso evolutivo, por los prejuicios acumulados a lo largo de su existencia o por la falta de compromiso, de espiritualidad, o también, dejándose llevar por las tendencias materiales y su creciente presencia en la vida diaria, desaprovechan una oportunidad muy valiosa, menospreciando por completo lo vivido en la tierna infancia, quedando como algo difuso, hasta dudoso, como si de un sueño se tratara, de una alucinación pasajera, o como algo aislado que se encuentra escondido en el baúl de los recuerdos, en el inconsciente profundo.

El mundo espiritual superior es muy generoso con nosotros, en función de nuestras necesidades y características; no escatima esfuerzos por trasladarnos la semilla oportuna para que nos acerque a la realidad espiritual, hacia un despertar de la conciencia dormida, una invitación a la reflexión, al cambio de rumbo; una mirada hacia el interior, que es donde se encuentra la esencia de una verdad que estamos llamados a descubrir. Puede ser a través de la videncia de un ser querido fallecido, una voz clara pero invisible que traslada un mensaje, etc. Se trataría de una referencia que nos demuestra a nivel personal la existencia de la vida después de la vida, la pervivencia del espíritu, la existencia de algo trascendente que, de alguna manera, se ha podido tocar u observar. También puede ser una señal-recordatorio de lo efímera que es la vida física.

Al mismo tiempo, no podemos olvidar el momento evolutivo que está viviendo nuestro mundo, una Transición Planetaria, en donde se está produciendo desde hace varias décadas, tal y como nos anuncia la espiritualidad por diferentes fuentes, una migración hacia nuestro plano de espíritus muy adelantados, procedentes de otras dimensiones y mundos más avanzados, así como otros que pertenecen a nuestra órbita terrestre, y que, gracias al nivel evolutivo alcanzado con su esfuerzo, les permite ayudar en estos momentos de transición. Los niños índigo, los niños cristal, así como otros de características especiales, llegan a demostrar unas capacidades poco comunes, tanto en inteligencia como en otros aspectos de carácter espiritual.

No obstante, en el capítulo XVIII del Libro de los Médiums, ítem 222, nos encontramos con la siguiente argumentación: “Aun en las condiciones más propicias, será preferible que un niño dotado de la facultad mediúmnicas no la ejerza sino bajo la mirada de personas con experiencia que le enseñen, con su ejemplo, el respeto debido a las almas de los que vivieron en el mundo. Según esto, se ve que la cuestión de la edad está subordinada tanto a las condiciones del desarrollo físico como a las de carácter o madurez moral”.

En resumen: “No se debe forzar el desarrollo de una facultad en los niños cuando no es espontánea, y en todos los casos se ha de emplear con gran moderación” (Allan Kardec).

 

Facultades mediúmnicas en la infancia por: José M. Meseguer

© 2018, Amor, Paz y Caridad

(*)Extraído de la Revista Espirita de marzo de 1858; Confesiones de Luis XI.