Aspectos Mediúmnicos

FACULTADES MEDIÚMNICAS EN LA INFANCIA

¿Es peligrosa la mediumnidad en la más tierna infancia? ¿Es perjudicial o beneficiosa? ¿Una manifestación aislada en el niño significa necesariamente una facultad a desarrollar?

No hay motivos de peso para impedir el normal desenvolvimiento de las facultades mediúmnicas en los niños, cuando estas se manifiestan espontáneamente y de forma natural. Existen múltiples casos de niños y adolescentes que demuestran gran capacidad y hasta una cierta madurez precoz en las tareas espirituales, en el ejercicio de una mediumnidad… Serenidad, aplomo, comprensión, etc., y otros tantos valores que dejan patente el bagaje acumulado en el pasado, el trabajo desarrollado en anteriores existencias.

Algunos de los médiums más celebres del pasado y del presente se iniciaron con sus experiencias bastante jóvenes. Por citar sólo algunos muy significativos: tenemos a la médium londinense Florence Cook (1856-1904), que comenzó con las materializaciones de Katie King a la edad de 15 años, y rigurosamente investigada por el Premio Nobel William Crookes. La señorita Ermance Dufaux, gran médium que a la edad de 14 años psicografió varias obras, como por ejemplo La Historia de Juana de Arco dictada por ella misma y la Historia de Luis XI(*); esta última obra es destacada por el propio Allan Kardec por su gran valor histórico y documental. También Eusapia Paladino (1854-1918), la médium italiana comenzó con 14 años sus primeras manifestaciones. Debemos mencionar a Francisco Cándido Xavier (1910-2002), el famoso médium brasileño; de pequeño ya veía a los espíritus con toda naturalidad, amigos invisibles para el resto de las personas; como también le ocurrió a su compatriota Divaldo Pereira Franco, que a la edad de 4 años comenzó a tener videncias, observó a su abuela materna desencarnada, (nunca la conoció, ya que había fallecido en el parto de su propia madre), y describiéndola ante el asombro de su madre y su tía.

Teniendo en cuenta que estamos hablando de menores, se trata de una grave responsabilidad, una cuestión delicada; sin embargo, hay que afrontarla sin miedo pero con prudencia. En primer lugar, observar y analizar al niño, viendo lo mejor para él y su entorno familiar y social, facilitándole un ambiente didáctico de realizaciones, de aprendizaje, de alegría; en donde no se vea cohibido, presionado o forzado a desarrollar algo que no le convenza o le haga sentir mal.

También hay que valorar si se trata de manifestaciones esporádicas o de algo que tiene una continuidad, un sentido de peso. No hay que olvidar que el espíritu del niño no se termina de acoplar a la materia hasta alrededor de los siete años, lo que significa que, hasta aproximadamente esa edad, se encuentra expuesto a percibir sensaciones o manifestaciones del otro plano de la vida. En esa etapa, el espíritu encarnado se encuentra mucho más cerca de su origen espiritual que de su realidad actual con la materia física; los lazos todavía no están consolidados; lo cual no significa que en el futuro vaya a desarrollar facultades u otras experiencias de tipo mediúmnico.

Además, ese tipo de “vivencias puntuales” también pueden tener un sentido espiritual trascendente, una “siembra para el futuro”. No hay que olvidar que, en esa etapa infantil, el espíritu está mucho más sensible y abierto para recibir estímulos, experiencias y, sobre todo, descubrir nuevas cosas, por la receptividad natural del niño. El día de mañana, aunque los derroteros de la vida le lleven por otros caminos poco espirituales o alejados de las creencias trascendentes o religiosas, las experiencias vividas de pequeño le van a dejar un poso, una brecha interior, por donde podrá constatar, a poco que se pare a analizar, la realidad espiritual que le envuelve. Vendrá a ser como una sugerencia sutil, un llamado a la conciencia más profunda, con capacidad para sobrepasar los prejuicios o los preconceptos acumulados a lo largo de su vida. Del mismo modo, las experiencias vividas podrían significar un punto de referencia, un auxilio en momentos de duda, o una invitación para la toma de decisiones sobre el camino a tomar, las ideas que se debe replantear. No se trata de creer por creer en base a lo que otros han vivido, sino de aquello que él mismo experimentó y sobre lo que no le cabe la menor duda o autoengaño.

Muchos otros, sin embargo, por su atraso evolutivo, por los prejuicios acumulados a lo largo de su existencia o por la falta de compromiso, de espiritualidad, o también, dejándose llevar por las tendencias materiales y su creciente presencia en la vida diaria, desaprovechan una oportunidad muy valiosa, menospreciando por completo lo vivido en la tierna infancia, quedando como algo difuso, hasta dudoso, como si de un sueño se tratara, de una alucinación pasajera, o como algo aislado que se encuentra escondido en el baúl de los recuerdos, en el inconsciente profundo.

El mundo espiritual superior es muy generoso con nosotros, en función de nuestras necesidades y características; no escatima esfuerzos por trasladarnos la semilla oportuna para que nos acerque a la realidad espiritual, hacia un despertar de la conciencia dormida, una invitación a la reflexión, al cambio de rumbo; una mirada hacia el interior, que es donde se encuentra la esencia de una verdad que estamos llamados a descubrir. Puede ser a través de la videncia de un ser querido fallecido, una voz clara pero invisible que traslada un mensaje, etc. Se trataría de una referencia que nos demuestra a nivel personal la existencia de la vida después de la vida, la pervivencia del espíritu, la existencia de algo trascendente que, de alguna manera, se ha podido tocar u observar. También puede ser una señal-recordatorio de lo efímera que es la vida física.

Al mismo tiempo, no podemos olvidar el momento evolutivo que está viviendo nuestro mundo, una Transición Planetaria, en donde se está produciendo desde hace varias décadas, tal y como nos anuncia la espiritualidad por diferentes fuentes, una migración hacia nuestro plano de espíritus muy adelantados, procedentes de otras dimensiones y mundos más avanzados, así como otros que pertenecen a nuestra órbita terrestre, y que, gracias al nivel evolutivo alcanzado con su esfuerzo, les permite ayudar en estos momentos de transición. Los niños índigo, los niños cristal, así como otros de características especiales, llegan a demostrar unas capacidades poco comunes, tanto en inteligencia como en otros aspectos de carácter espiritual.

No obstante, en el capítulo XVIII del Libro de los Médiums, ítem 222, nos encontramos con la siguiente argumentación: “Aun en las condiciones más propicias, será preferible que un niño dotado de la facultad mediúmnica no la ejerza sino bajo la mirada de personas con experiencia que le enseñen, con su ejemplo, el respeto debido a las almas de los que vivieron en el mundo. Según esto, se ve que la cuestión de la edad está subordinada tanto a las condiciones del desarrollo físico como a las de carácter o madurez moral”.

En resumen: “No se debe forzar el desarrollo de una facultad en los niños cuando no es espontánea, y en todos los casos se ha de emplear con gran moderación” (Allan Kardec).

 

Facultades mediúmnicas en la infancia por:     José M. Meseguer

© 2018, Amor, Paz y Caridad

(*)Extraído de la Revista Espirita de marzo de 1858; Confesiones de Luis XI.

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