Los Extraterrestres bajo la óptica Espiritista

PLURALIDAD DE MUNDOS HABITADOS

No existe filosofía de vida más completa que la que nos proporciona el ESPIRITISMO. La doctrina codificada por Allan Kardec nos traza con una claridad meridiana el rumbo seguro, la certeza indudable que nos guía hacia la consecución de los objetivos superiores de la misma VIDA.

Ante todo, nos sitúa en el mapa de la Creación. Preguntas fundamentales, como son ¿de dónde vengo?, ¿quién soy?, ¿hacia dónde camino?, son respondidas por la doctrina espírita desde tres ángulos que se coordinan y complementan: En primer lugar desde un punto de vista filosófico, analizando todas las cuestiones vitales desde el raciocinio, la lógica. En segundo lugar, desde un punto de vista científico, ante los constantes avances de la misma, corroborando por las múltiples comprobaciones y experiencias de todo tipo de que la vida continúa después del túmulo. Y por último, desde un punto de vista espiritual, de consecuencias ético morales.

La mediumnidad, seria y responsable, continúa ofreciendo generosa, en distintos puntos del mundo, abundante caudal de consuelos, esperanzas, conocimientos y reflexiones que animan al cambio y nos aseguran la certeza de un Más Allá, no tan abstracto o ambiguo como nos lo habían presentado los movimientos religiosos convencionales. De todo ello, se desprende un compromiso impostergable de reforma íntima, abriéndose un campo maravilloso de posibilidades, de nuevas metas personales y colectivas ante el vasto horizonte que se asoma.

Fundamentalmente son seis los pilares básicos que sostienen al Espiritismo:

  • La existencia de un Dios Todopoderoso.
  • La inmortalidad del alma.
  • Reencarnación y vidas sucesivas.
  • Comunicabilidad de los espíritus y su relación con los encarnados.
  • La moral de Jesús.
  • Pluralidad de Mundos Habitados (1).

Es precisamente en el último punto, “PLURALIDAD DE MUNDOS HABITADOS”, donde nos vamos a detener para analizarlo con mayor profundidad.

En la pregunta nº 55 del LIBRO DE LOS ESPÍRITUS, Kardec interroga a los espíritus: ¿Todos los globos que giran en el espacio están habitados?

Y los espíritus responden: “Sí, y el hombre de la Tierra se halla lejos de ser (como cree) el primero en inteligencia, bondad y perfección. Sin embargo, hay seres humanos que se consideran muy grandes e imaginan que este pequeño globo es el único que posee el privilegio de tener seres racionales. ¡Orgullo y vanidad! Piensan que Dios creó el Universo para ellos solos…”

A continuación, el maestro Kardec amplía la respuesta de los espíritus, argumentando como  absurdo y de bastante ceguera mental el considerar nuestro planeta como el único reducto del Universo capaz de albergar vida inteligente. Como si Dios se hubiera limitado en el vasto campo de la Creación a una inmensidad inútil, a un conglomerado de galaxias, soles y estrellas con la única finalidad de servir de “adorno” para disfrute de los habitantes de un pequeño planeta, una minúscula mota de polvo llamada Tierra.

Sin ninguna duda, Allan Kardec fue, desde el punto de vista filosófico y científico, un pionero bastante osado, ya que anticipó realidades referentes al cosmos, incidiendo en puntos que en aquella época eran impensables. La cosmovisión en el siglo XIX era muy limitada, el instrumental de observación se encontraba en desarrollo. Cabe reseñar que, durante la segunda mitad de ese mismo siglo, se incorpora la fotografía al campo de trabajo astronómico y se funda la astrofísica.

En esa misma época existía una posición al respecto, bastante rígida por parte de la religión católica, asumida por una mayoría, en donde se nos hablaba de un Dios antropomórfico que en seis días creó la Tierra, tal y como explica el primer libro del Antiguo Testamento. También se sirvieron del mismo libro “El Génesis” para explicar el origen del hombre, concretándose en Adán y Eva  y su consiguiente pecado original; así como el  paraíso perdido.

Posiciones completamente antagónicas, irreconciliables, que provocaron un distanciamiento aún mayor entre ciencia y religión, así durante muchos años hasta bien entrado el siglo XX. Incluso, todavía hoy persiste en determinadas iglesias la creencia en la Biblia, como la palabra indiscutible de Dios.

Sin embargo, a lo largo de la historia nos podemos encontrar con alguna obra fuera de la ortodoxia establecida, como ocurrió en el año 1440. El Cardenal Nicolás de Cusa, en su obra “Docta ignorantia”, argumentaba que: “en cada región celestial podemos encontrar habitantes que, aun siendo distintos de nosotros en su naturaleza, deben su origen al poder creador de la divinidad”. En pleno siglo XV, donde predominaba la persecución permanente de la herejía y el fanatismo religioso campaba a sus anchas, este ilustre clérigo desafió los convencionalismos, defendiendo la teoría de la rotación de la Tierra, la pluralidad de los mundos y la existencia de seres en todos los astros del Universo.

 

Pluralidad de mundos habitados por:   José M. Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

 

Anteriores Artículos

LA DEMOCRACIA

Siguientes Artículos

EN LA OTRA ORILLA

Sin Comentarios

Deja tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.