Apartado espírita

LOS EGOS EN LOS CENTROS ESPIRITISTAS

La palabra “ego”, desde el punto de vista de la psicología, es definida generalmente como: Parte consciente del individuo, mediante la cual cada persona se hace cargo de su propia identidad y de sus relaciones con el medio.

El ego en principio no es malo; parte de una necesidad natural y cumple con una función vital; el problema surge cuando deriva o degenera en aspectos de la personalidad o del comportamiento que perjudican a uno mismo y a la convivencia con los otros, entorpeciendo la buena sintonía y el trabajo en común.

El investigador chileno Iván Durán Garlick, autor del libro “El Ego”, nos habla en su obra de la necesidad de evolucionar a partir del conocimiento que podamos adquirir sobre el tipo o tipos de egos que puedan existir en nuestra personalidad. Establece una serie de variantes en el comportamiento, de las que vamos a mencionar solo algunas:

Ego SABELOTODO: Es aquel ego que siempre cree tener la razón; le gusta dar consejos sobre todo, siempre contesta aunque no sepa, cree tener respuesta para todo, no se puede quedar callado.

Ego INSACIABLE: Es el ego “centro de mesa”. No le gusta pasar desapercibido, hace cualquier cosa para llamar la atención.

Ego PRESTIGIOSO: Es el ego que busca aplausos, reconocimiento y admiración en todo lo que hace. Siempre quiere ser el mejor. Frecuentemente le dice a los demás: “te lo advertí”, “yo sabía”, “te lo dije, pero tú nunca me escuchas”, etc.

Ego MANIPULADOR: Es aquel ego astuto que siempre se las arregla, ya sea tergiversando, acomodando, engañando, mintiendo o justificando para que las cosas resulten siempre a su favor.

También existen otras variantes, según el autor, como pueden ser el ego sordo, que es aquel que nunca escucha, le gusta hablar solo a él; o el orgulloso, que es competitivo, discutidor y que no le gusta perder; o el ego premental (silencioso), es aquel que calladamente tiene un discurso paralelo, es criticón, hipócrita y enjuiciador.

Con mayor o menor intensidad, todos nos podemos sentir identificados con uno o varios tipos de egos como los mencionados anteriormente. Desde un punto de vista espiritual, cuando nos referimos a la buena convivencia y a las actividades dentro de un grupo espírita, los personalismos suponen un perjuicio significativo para alcanzar los objetivos de concordia y de fraternidad que la doctrina nos exige.

Ante esta dificultad bastante común, podemos recurrir a las exhortaciones que nos aporta el insigne espírita Miguel Vives, conocido como “el apóstol del espiritismo”, en su obra (*) Guía Práctica del Espiritista. En ella nos aporta ideas muy valiosas para reflexionar y poner en práctica:

1.-“Por más que sepa, no alcanzará nunca la infalibilidad; así, pues, siempre podrá equivocarse…”

Las personas tenemos unos límites que debemos saber identificar. No somos infalibles, no lo sabemos todo y, por tanto, nos podemos equivocar perfectamente. De ahí la conveniencia de la moderación y la prudencia.

2.-“…no hará nunca ni alardes de saber, ni de poseer facultades y menos considerarlas extraordinarias, sino exponer sus ideas y sus opiniones de una manera prudente, sensata y con oportunidad”.

No tratar de “pontificar” con nuestras opiniones, esperando, por ejemplo, a ser siempre los últimos en darla, buscando el reconocimiento o el aplauso ajeno, sino todo lo contrario, hemos de ser uno más; sabiendo escuchar y apreciar los conocimientos, las experiencias y las opiniones de los demás, pero no de una manera fingida. Si deseamos que nos valoren debemos de empezar por valorar el trabajo y el punto de vista de nuestros compañeros, aunque podamos no estar de acuerdo en algún caso.

Como nos dice Miguel Vives, las facultades también pueden llegar a ser un punto de vanidad que el verdadero trabajador en la obra espiritual no se puede permitir. No existen médiums infalibles, y un exceso de confianza puede llevar fácilmente a la mixtificación e incluso a la fascinación. Tampoco convertirse en punto de referencia respecto a su sensibilidad, de forma que pueda llamar la atención sobre los demás en aquello que percibe. Prudencia y moderación siempre, también en el campo mediúmnico.

 3.-“…la humildad es siempre un ejemplo constante de buenas formas y nunca compromete ni es causa de disturbios ni rencillas…”

La humildad juega un papel importante a la hora de combatir el egocentrismo. El no considerarnos superiores por nuestro saber, o por considerar que nuestra experiencia está por encima del resto de compañeros, es fundamental. La humildad genera confianza y acercamiento entre las personas.

4.-“No hay trabajo más noble que el de atraerse el amor leal y sincero de sus hermanos…”

El amor de los compañeros nace del esfuerzo que hacemos por colocarnos en su lugar, desde el respeto y la sencillez. No es tan importante el amor que esperamos de los demás, sino más bien el que podamos dar a través de los hechos; ahí es donde se demuestra que comprendemos el mensaje renovador y trabajamos por la unión de todos. No es tarea fácil; si así lo fuera, el mundo estaría lleno de grupos espíritas y espiritualistas que vivirían en armonía y en paz. Sin embargo, esos egos de los que estamos hablando son los que destruyen, desalientan, provocan conflictos, disensiones, etc., provocando en casos extremos la disolución de las mejores expectativas de edificación espiritual.

La teoría nos la sabemos; muchos espiritistas, incluso, la plasman de forma impecable en artículos, conferencias y en la elaboración de libros especializados; pero, al final, topamos con los entresijos de la convivencia y las tareas en común, que dejan patentes nuestras deficiencias y dificultades. La puesta en práctica de la teoría aprendida y de la que no tenemos dudas es uno de los desafíos más difíciles del ser humano.

5.-“Los que más influyen en un Centro Espírita, son los que han de vivir más alerta…”

El fuerte debe  sostener al débil y no aprovecharse de su debilidad. En casi todos los grupos, existen personas con un mayor conocimiento o con un mayor empuje y entusiasmo a la hora de afrontar las realizaciones, los proyectos en común. Es por ello que debe de existir una vigilancia especial por parte de esas personas, porque son el foco de las miradas del resto, y su responsabilidad está por encima de la mayoría. No porque sean mejores, sino porque su compromiso, su claridad tiene el objetivo de iluminar a sus compañeros; pero desde el comedimiento, la delicadeza; sin robarles el espacio que necesitan. Sirviéndoles de estímulo para que aporten sus valores e iniciativas y se sientan útiles y valorados. Como nos lo indica el propio Miguel Vives en el siguiente extracto:

6.-“Los que destacan por su comprensión sobre la mayoría, pueden sacar un gran bien de su misión y elevarse a gran altura espiritual,… pero pueden contraer una gran responsabilidad, si la inteligencia y superioridad que tienen la emplean para satisfacer miras y opiniones personales…”

Sin duda, la mejor medicina para suavizar o evitar que el ego nos juegue malas pasadas es la renuncia de una parte del yo en beneficio del nosotros; no existe mejor antídoto que ese. Pensar que tan solo somos un pequeño eslabón en un conjunto de aros que forman la cadena; si un eslabón se debilita, la cadena se resiente y hasta se puede romper.

En definitiva, no debemos darnos excesiva importancia; somos necesarios pero no imprescindibles. La vida nos muestra con suma facilidad cuan frágiles somos. Una pequeña enfermedad, un accidente doméstico nos pueden dejar en el dique seco durante una temporada, dejando de participar en aquello en lo que nos considerábamos muy importantes. Es por ello que resulta impostergable potenciar el trabajo en equipo, evitando los protagonismos y vanidades; repartiendo responsabilidades y, a ser posible, que sean varias personas las que cumplan una misma función, para no dejar caer todo el peso del trabajo sobre una única persona, y en un momento dado el grupo se pueda ver afectado.

Vamos a terminar este artículo con una frase de la misma obra de referencia, Guía Práctica del Espiritista, para que nos pueda servir de análisis y reflexión:

7.-“Siempre debe considerarse el espiritista inferior a sus hermanos y dispuesto a ser el servidor de todos…”

Los egos en los centros espiritistas por:  José M. Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

 

(*) Miguel Vives, Guía Práctica del Espiritista; Capítulo: “Lo que debe ser el espiritista entre sus hermanos y en los Centros Espiritistas”.

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