Aspectos Mediúmnicos

CONTRADICCIONES EN LA MEDIUMNIDAD

Uno de los argumentos que esgrimen los adversarios del espiritismo en lo que respecta a la práctica mediúmnica es la falta de aparente solidez en los mensajes que se reciben, a las contradicciones que ellos observan en las comunicaciones recibidas en distintos puntos, dando una imagen de falta de uniformidad, o dicho de una forma un poco más vulgar: “Que los espíritus no se ponen de acuerdo”.

Esta es una interpretación muy superficial de la realidad, si bien hay casos donde se manifiestan errores, mixtificaciones, falacias, etc., dejando en evidencia la falta de seriedad de algunos grupos y la clase de espíritus que les inspiran. Sin embargo, de esa pequeña minoría no se pueden extraer conclusiones globales, porque seguramente nos vamos a equivocar, del mismo modo que, por ejemplo, existen médicos que cometen errores injustificables, aquellos que no practican la medicina con el rigor y la seriedad que su importante labor les demanda. No digamos ya quienes se presentan como facultativos sin poseer titulación académica alguna. De esta circunstancia lamentable no se pueden sacar conclusiones generalistas o desconfiar de todo un gremio, más bien al contrario, comprender que se trata de una minoría  que tarde o temprano llega a ser descubierta, denunciada y apartada de una digna profesión que no les corresponde ejercer.

La práctica de la mediumnidad, siendo algo más sutil y resbaladiza que otros campos de trabajo, no por ello significa que no pueda ser menos rigurosa y concreta. Como todo en la vida, es necesario aplicar el sentido común, el espíritu crítico y la experiencia acumulada para calibrar con mesura y justicia los mensajes que del mundo espiritual se puedan recibir.

A los grupos mediúmnicos serios no les importa rechazar aquellos comunicados que puedan resultar confusos, dudosos o erróneos. Una de las primeras reglas fundamentales para la buena praxis es la prudencia, el análisis riguroso de todas las comunicaciones para establecerse un criterio claro, puesto que el exceso de confianza conduce al error; por tanto, no se puede bajar la guardia en ningún momento.

Existen dos filtros fundamentales a la hora de valorar los mensajes recibidos a través de la mediumnidad. Por un lado, lo que hemos expuesto ya, es decir, un estudio y análisis riguroso para determinar la calidad del mensaje, y el otro filtro, el más importante de todos, la práctica del bien, el trabajo interior de perfeccionamiento. Esta última es la base fundamental para ganarse la confianza y el auxilio de las entidades benefactoras y alejar a las malas.

Ahora bien, la pregunta sería: Si una misma entidad espiritual envía un mensaje a dos centros espíritas distintos, ¿por qué hay casos en que difieren entre sí?

El Libro de los Médiums le dedica un capítulo completo a las contradicciones y las supercherías. En él nos hace importantes reflexiones respecto a este tema, nos aclara que las contradicciones proceden de dos frentes: los hombres y los espíritus.

También nos indica que, como es obvio, los espíritus superiores no se contradicen nunca. Se trata más bien de un problema de forma más que de fondo. Lo que significa que, según las personas y su nivel de comprensión, cultural,  de experiencias, etc., les llega de una forma u otra.

En todos los casos, los espíritus superiores ejercen una verdadera pedagogía en los grupos  mediúmnicos. Las posibles ideas equivocadas que pueden conducir a cometer errores las corrigen gradualmente actuando con prudencia, respetando el libre albedrío, muchas veces disfrazando los consejos para no restar el mérito a las conclusiones a las que puedan llegar tras un análisis más profundo de sus mensajes; puesto que, como ya sabemos, ellos no son apuntadores. Actúan con delicadeza para no perturbar o crear una situación de rechazo ante algo que, en múltiples ocasiones, se ha de ir asimilando poco a poco. Una luz muy fuerte podría deslumbrar, cegar, y hasta incluso provocar confusión.

Efectivamente, desde un primer momento podrá parecer que comulgan con sus ideas, pero con el paso del tiempo y en la medida en que se trabaja por el mejoramiento en general, se puede observar cómo van madurando y tomando relieve las nuevas ideas por encima de las viejas.

 “No hay que confundir con una contradicción aquello que no suele ser sino una fase de la elaboración de la verdad” (Libro de los Médiums, capítulo XXVII; 301-3).

Esto lo podemos observar fácilmente en algunos grupos espíritas que practican la mediumnidad. Partimos de la base de que la sociedad ha ido cambiando con el paso de las décadas. Los grupos espíritas, como es lógico, también. Ya no se trabaja en el campo espírita y mediúmnico como se actuaba en un pasado remoto,  ha existido una evolución natural. Ahora bien, ¿esa evolución ha sido simultánea en todos los grupos? ¿Existen todavía grupos que trabajan como en otras épocas porque no han conocido otras formas de actuar? ¿Cómo se corrige esto? ¿Y sus guías espirituales, qué les dicen, aprueban su comportamiento, su manera de llegar a la sociedad? ¿Para el mundo espiritual qué es más importante, qué es lo que más valoran?

Estas son preguntas delicadas, difíciles de responder, porque sería entrar a juzgar lo que otros hacen, y eso es algo que no nos compete. Cada uno debemos mirar hacia nuestro interior, haciendo una verdadera autocrítica. Sin embargo, el mundo espiritual superior despliega sus falanges de espíritus bienhechores tratando de orientar, de la mejor forma posible, el camino que a cada uno de nosotros le corresponde recorrer.

“Todos los espíritus tienen su tarea, asignada por Dios. Y la cumplen dentro de las condiciones que juzgan convenientes para el bien de aquellos que reciben sus mensajes” (Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 301-3).

Hay que ser conscientes de que nos cuesta mucho cambiar, en todos los sentidos de la vida. Las tradiciones, los usos y costumbres, las viejas ideas son sustituidas muy lentamente. Podemos encontrar señales a nuestro alrededor que nos muestran un camino, pero sólo estamos preparados para ver aquello que encaja con nuestras creencias, lo demás lo ignoramos o simplemente no lo vemos, y esto es independiente del grado cultural o incluso moral. Abrazamos con entusiasmo unas ideas y las interpretaciones que algunos pensadores venerables realizan, pero a veces nos olvidamos de algo muy importante, y es el construirnos un criterio propio.

“La misión de los espíritus consiste en destruir el error, pero sólo de una forma gradual” (Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 301-4).

El poseer unas convicciones profundas no significa que no debamos ser flexibles y estar abiertos a nuevas ideas, a otras formas que profundicen y hasta corrijan aquello en lo que podamos estar equivocados. No podemos hablar de flexibilidad a la sociedad para que acepten las ideas espíritas siendo nosotros los primeros en no serlo, sería una contradicción y hasta un mal ejemplo. Es por ello que el mundo espiritual nos habla constantemente de análisis pormenorizado y, sobre todo, de dar un ejemplo de conducta recta y noble.

“Estudiad, comparad, ahondad. Os lo repetimos sin cesar; el conocimiento de la verdad tiene ese precio” ((Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 301-4).

Para ir concluyendo, los obstáculos que impiden una uniformidad en los mensajes, o una claridad que evite contradicciones o supercherías, tienen que ver con tres elementos fundamentales. En primer lugar, con la insuficiencia del lenguaje, que no permite precisar con rigor aquellas cosas que no tienen un nombre definido; habría que utilizar palabras o términos que no existen en el lenguaje actual, lo cual obliga a los espíritus a realizar comparaciones o aproximaciones más o menos acertadas para que nos podamos hacer una idea. Por desgracia, esas comparaciones o similitudes que ellos utilizan muchas veces, tras un análisis superficial, las tomamos al pie de la letra, con lo cual nos estamos equivocando.

En segundo lugar, la imperfección del vehículo del que se sirven. Esto puede ser por distintas razones, como por ejemplo: la insuficiente afinidad entre el médium y el espíritu que se comunica, o la falta de conocimientos del sensitivo que ayuden al espíritu a elaborar su mensaje de manera más eficaz.

En tercer lugar, la interpretación libre de los mensajes sin el debido examen y cuidado, para que no se puedan filtrar ideas equivocadas o malas interpretaciones que lleven a la confusión o al error.

En definitiva, la clave se encuentra en la siguiente idea transmitida por los propios espíritus: “No pedir al espiritismo más de lo que puede y debe daros; su objetivo es el mejoramiento moral de la humanidad” (Libro de los Médiums, Capítulo XXVII; 303-1).

 

Contradicciones en la mediumnidad por:  José Manuel Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

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