Apartado espírita

EL ESPIRITISMO Y LOS LÍMITES DE LA CIENCIA

En una época en que la ciencia se encuentra más cerca que nunca de constatar la realidad espiritual, no es menos cierto que, como humanos que somos, todavía estamos expuestos a seguir cayendo en los viejos errores y debilidades propias de nuestra naturaleza limitada.

Los espíritus, al transmitir los conocimientos que quedaron reflejados en la codificación espírita, ya advertían de la necesidad de asumir con prudencia la existencia de unos límites que impiden la comprensión total de ciertas cuestiones trascendentes, puesto que la materia física supone un filtro demasiado pesado todavía, además de nuestro atraso moral y espiritual, para llegar al fondo, a la esencia de determinadas cosas. Como es obvio, la ciencia también se ve afectada por esos condicionantes naturales, totalmente humanos, que no podemos perder de vista. (1)La ciencia ha sido dada al hombre para su adelanto en todas las cosas, pero él no puede sobrepasar los límites que Dios ha fijado”.

Con esto no pretendemos rebajar la importancia de los avances científicos en los distintos campos, o que nos debamos parar ante las dificultades, puesto que los verdaderos límites solo los conoce Dios; y de la misma manera que ciertas verdades pueden estar más o menos vetadas a la comprensión humana, tampoco sabemos en qué momento se pueden ir descorriendo algunos velos que las ocultan.

No obstante, entre aquellos que trabajan en el campo intelectual y científico, se encuentran muchos a quienes el orgullo ciega de tal manera, que no están dispuestos a admitir límites de ningún tipo. Consideran su ciencia y su saber como el punto más elevado del conocimiento humano. Desprecian aquello que les sobrepasa o no pueden controlar, sobre todo si se trata de algo que supera su comprensión mental. (2) “Esa tendencia a creerse por encima de todo, con frecuencia sólo los conduce a negar aquello que, por no estar a su alcance, podría rebajarlos”… “Toman su inteligencia para medir la inteligencia universal, y se consideran aptos para comprenderlo todo, razón por la cual no creen en la posibilidad de lo que no comprenden”.

Esa actitud les hace caer en aquello que ellos mismos han criticado durante siglos, y son las posturas dogmáticas y reduccionistas, es decir, no aceptar de facto aquello que catalogan como imposible, “anomalías aisladas”, o cuya interpretación consideran compleja. Como algunos fenómenos no encajan con sus verdades científicas, su postura es de rechazo y los consideran fuera de la realidad. Sobre todo, estamos hablando de aquellas cuestiones que están relacionadas con el campo espiritual y lo que concierne al Más Allá, la mediumnidad, la vida después de la vida, la reencarnación, etc.

Sin embargo, muchos científicos que investigan los fenómenos paranormales, o los temas relacionados con la otra vida, han llegado a conclusiones abrumadoramente favorables a su existencia sin entrar en conflicto con las leyes naturales; o dicho de otra forma, alejados de lo milagroso o fantástico. Sus conclusiones y su trabajo minucioso desarrollado durante muchos años de observación e investigación están ahí. Sin pretender imponerlo a nadie o que se pudieran ver como verdades absolutas, lo presentan a la opinión pública y a los especialistas para que saquen sus propias conclusiones. Ellos están convencidos y son honestos al afirmar públicamente la realidad espiritual que han constatado. Aparte de divulgar su trabajo y tratar de explicarlo de la mejor manera posible, poco más pueden hacer. Sin embargo, otros incautos rechazan o critican sin molestarse en conocer ni investigar; se consideran árbitros absolutos de todo el conocimiento humano. (3) se atribuyen suficiente experiencia y sabiduría como para creer en cosas que, según ellos, son buenas para las personas simples, y consideran pobres de espíritu a los que las toman en serio”.

No obstante, hay otros investigadores y científicos prejuiciosos que se  limitan a presentar sus investigaciones pero no se atreven a juzgarlas; marcando una distancia interpretativa de los hechos para evitar el ser rechazados, etiquetados o no tomados en serio; siendo muy cuidadosos para no manifestar claramente sus opiniones particulares, en algunos casos favorables a una realidad espiritual, y de ese modo evitar ser el epicentro de las críticas de la comunidad científica a la que pertenecen, y también ante el riesgo de perder el estatus social que poseen.

Para salir de “dudas” hay que salir primero de ciertas “certezas”.

Por otra parte, además de las dificultades mencionadas que suponen tanto la vanidad como el orgullo a la hora de acercarnos a una mayor comprensión de la realidad espiritual, existen otros escollos importantes que tienen que ver con el lenguaje y su utilización precisa y práctica. Estamos hablando del uso adecuado de las palabras y sus acepciones correctas. Muchas veces usamos una misma palabra para expresar distintas ideas, lo cual puede llevar a la confusión. También la causa puede estar motivada por las limitaciones del lenguaje, ante el problema de que no existan palabras concretas para definir determinadas cuestiones espirituales. Por otro lado, el hecho de tratar de definir algo implica limitar o condicionar la esencia de eso mismo; no nos estamos refiriendo a cosas simples, sino a ideas complejas, sobre todo las de carácter espiritual.

En este último punto, por parte del propio mundo de los espíritus, les resulta muy complicado acercarnos a la comprensión de su realidad, la misma con la que nos encontraremos cuando volvamos al punto de origen, fuera del cuerpo físico. Sobre todo porque el lenguaje humano, construido en torno a las realidades materiales, carece de las palabras adecuadas que ayuden a la comprensión espiritual; lo cual les obliga a realizar un esfuerzo comparativo, bien sean metáforas, ejemplos, aproximaciones, etc. Con facilidad caemos en el error de confundir la parte por el todo, o el de tomar al pie de la letra las ideas sin tener en cuenta el carácter figurado de las expresiones. (4) “…sabed que hay cosas por encima de la inteligencia del más inteligente de los hombres, para las cuales vuestro lenguaje, limitado a vuestras ideas y sensaciones, carece de expresiones”.

Además, pesan mucho las connotaciones religiosas y los prejuicios que envuelven a ciertas palabras. Ciertos divulgadores que trabajan en el campo meramente científico prefieren sustituir en sus argumentos algunos vocablos, como por ejemplo: Dios, espíritu, extraterrestres o mundo espiritual, por otras expresiones como pueden ser: Principio Cósmico, ente individual, otras dimensiones o mundos paralelos, etc. También el motivo puede residir en la búsqueda constante por plasmar más fehacientemente unas ideas que pertenecen a un determinado contexto argumental, tratando de evitar confusiones o errores, y a ser posible que puedan ser aceptadas y comprendidas por un mayor número de personas de cualquier condición o creencia.

Hasta ahora hemos hablado de límites, pero esto no significa que estemos desprovistos de suficientes conocimientos para transitar con éxito por la vida, sino todo lo contrario. Esta circunstancia supone para el hombre un desafío, una prueba de fe, de paciencia y de perseverancia. La historia nos demuestra claramente la evolución del pensamiento humano y lo mucho que cuesta romper con los prejuicios y las barreras que nosotros mismos nos creamos. Al mismo tiempo, podemos reconocer que los avances en el pensamiento humano que en determinados momentos nos han llegado por distintas vías, bien para traernos nuevos avances científicos y tecnológicos o para recordarnos algunos principios espirituales olvidados o mal comprendidos, han llegado siempre en el momento más adecuado, pese a que han tenido que recorrer un duro camino hasta su reconocimiento y aceptación. Todavía hoy día la lucha continúa, alimentada por una crisis de valores y de identidad que nos arrastra y confunde.

Por tanto, reconocer que existen campos por explorar y ciertas verdades que nos sobrepasan todavía, no supone ningún desprecio a la inteligencia humana y a sus posibilidades, todo lo contrario; significa un desafío para ir trabajando e ir creciendo día a día. A poco que observemos la naturaleza y todo aquello que nos rodea, nos daremos cuenta de lo mucho que nos queda por aprender y descubrir.

Concluiremos con la siguiente idea: son mucho más graves y preocupantes los límites que inconscientemente el propio hombre se marca a sí mismo, aquellos que parten de los prejuicios, de las pasiones y defectos; también, cuando se deja arrastrar por las corrientes dogmáticas, tanto las que proceden del terreno religioso como el de algunos sectores científicos. Junto a todo eso, las tendencias materialistas y el vivir de espaldas a la vida espiritual, dificulta todavía más la comprensión de la realidad que nos envuelve, y entorpece la búsqueda de la verdad trascendente.

 

El espiritismo y los límites de la ciencia por:   José M. Meseguer

© Amor, Paz y Caridad, 2018

 

  1. – Libro de los Espíritus; ítem 19.
  2. – El Evangelio según el Espiritismo; cap. VII, ítem 2.
  3. – El Evangelio según el Espiritismo; cap. VII, ítem 2.
  4. – Libro de los Espíritus; ítem 13.
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