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LA JUVENTUD

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Continuamos con otra etapa muy importante en el devenir de la existencia física. Es el fin de la niñez, de la infancia, con todas sus enseñanzas, sensaciones y experiencias para dar paso a lo que va a ser la edad adulta, es su antesala. Las dos etapas se funden, la primera se va diluyendo poco a poco para ir dando paso a su auténtica personalidad, incipiente todavía, pero que irá conformándose a medida que pase el tiempo hasta llegar a su auténtico carácter.

La doctrina espírita nos explica que una vez pasada la infancia, el espíritu encarnado, durante la etapa de la adolescencia comienza a ser él mismo, se consolida, por así decirlo, en la materia física para recupera aspectos de su identidad anterior: tendencias, carácter, bagaje de otras vidas, etc. Una definición que le marcará un punto de partida. Se conjugan las influencias familiares, sociales, vividas durante la infancia con los aspectos que trae del pasado su espíritu, localizados en su interior, con la tarea de ir experimentando y creciendo hacia una personalidad madura y equilibrada.

Los guías espirituales también realizan su trabajo con gran maestría, recordándole al joven sus compromisos, en una llamada interior que en cada individuo se manifiesta de forma diferente y en el momento adecuado.

La juventud, en definitiva, trae un compromiso global… Hagamos un pequeño paréntesis. La finalidad de las sociedades es la evolución, un cambio paulatino hacia mejores formas de entender la vida y superar los retos que la misma nos trae. Los anquilosamientos, las ideas fanáticas, caducas, las viejas formas materialistas necesitan ser revisadas y transmutadas, rechazando progresivamente aquello que forma parte de los viejos esquemas pero que carecen de sentido hoy día. Revisando y actualizando aquello que se debe potenciar para eliminar todo lo que perjudique al propio ser humano. En esta época de crisis global, se hace más que necesario, urgente, la búsqueda de un nuevo paradigma, una nueva forma de entender la vida pero desde la perspectiva espiritual que tenemos tan olvidada o, incluso, maltratada. Recuperando y valorando como prioridad fundamental la educación moral, los objetivos elevados en la vida; aspirando a cotas más elevadas de realización personal, partiendo de la solidaridad, la fraternidad, desdeñando y reduciendo a sus límites el mero enriquecimiento material.

Por lo tanto; ¿Quién se puede atrever a realizar dichos cambios? ¿Quién trae una preparación, un compromiso sin adulterar para afrontar los retos de nuestra época? ¿Quién goza del entusiasmo suficiente, la fuerza innovadora, el empuje no contaminado para lograr dichos fines? ¡¡LA JUVENTUD!! Sin ninguna duda.

Ellos son la apuesta de futuro, forman parte de la Gran Planificación espiritual que nos traen de lo Alto. Por lo tanto, hemos de cuidarles, apoyarles, educarles por y para el bien, dejándoles, al mismo tiempo, que desarrollen su personalidad, razonando con ellos desde el respeto mutuo. Sin imponerles, sin querer ahogarles con nuestra experiencia pues también nos equivocamos y tampoco lo sabemos todo. Buscando puntos en común, pero sobre todo, dejándoles que sean ellos mismos.

Al mismo tiempo, los espíritas tenemos una alta responsabilidad con los jóvenes, ya que poseemos un conocimiento espiritual que debemos de poner en práctica, no sólo desde el punto de vista personal sino también grupal. La orientación, por tanto, que debemos de ofrecer a los jóvenes debe de partir del ejemplo, demostrando con nuestras obras que aquello que predicamos es verdadero y que merece la pena.

Por desgracia, existen grupos en donde no existe el entendimiento; revestidos de grandes conocimientos tienen serias dificultades para convivir en armonía con sus compañeros, dando muestras de una cierta debilidad moral que debemos de controlar y trabajar, sólo maquillada por una serie de actividades establecidas para atraer a personas que cuando acuden no encuentran lo fundamental, que es el calor humano, la comprensión y la empatía.

Ante esta tesitura nos podemos imaginar cual puede ser la respuesta, especialmente de los jóvenes; rechazo total.

También hay grupos que ante su falta de experiencia, pero de buena fe, adoptan programas establecidos, muchas veces traídos de otros países, con otra idiosincrasia, para desarrollarlos metódicamente aquí, sin tener en cuenta la problemática del lugar, sin un análisis previo, con el prejuicio de creer que aquello que viene de fuera y de países de un cierto prestigio en esta doctrina ha de ser necesariamente útil y provechoso. Además, también los adoptan algunos grupos por el miedo al fracaso, a no cubrir las expectativas de aquellos jóvenes que pudieran acudir a nuestros centros.

Rechacemos metodologías mecánicas que más bien recuerdan aspectos religiosos del pasado caduco. El centro espírita debe de ser una escuela, si, pero una escuela de la vida, no a modo de academia de perfil sólo intelectual que se imparten asignaturas en horarios y días determinados. Efectivamente, una escuela pero del contacto humano, de la convivencia, del diálogo constructivo, de la solidaridad, la tolerancia, la comprensión; centros vivos de amistad y afecto.

Si ponemos en práctica ese tipo de metodología, para la que no debemos tener miedo ni desconfiar, se nos abrirán las puertas a un amplio abanico de posibilidades. Viendo lo que hay en la sociedad materialista, muchas personas se interesarán, también los jóvenes, en la construcción de un núcleo espiritual sólido y próspero.

Invariablemente, para atraer a los jóvenes necesitamos ser nosotros mismos, vecinos, compañeros, amigos. Huyendo de fanatismos, personalismos, desarrollando nuestra propia personalidad creativa, ya que la doctrina espírita es una, eso es cierto, pero múltiples sus manifestaciones y su puesta en escena. Los centros espiritas los componen personas físicas, con sus características individuales que todas juntas forman un conjunto que aspira a ser armónico y singular.

Como nos indica la doctrina, no hay dos médiums iguales… ni tampoco deben de existir dos grupos espíritas iguales. Podemos coincidir en muchas cosas, pero cada quien ha de tener su impronta.

En definitiva, se abren muchas posibilidades y retos ante nosotros. A los jóvenes debemos cuidarlos, escucharlos, darles participación, iniciativas. Dejarles que se equivoquen y la libertad de que sean ellos mismos.

Nuestra fuerza debe de ser la unión y el ejemplo, no nos engañemos con espejismos. Si todavía no lo hemos conseguido trabajemos en ello con empeño para lograrlo, de lo contrario ofreceremos una imagen pobre, débil de una hermosa doctrina que espera su oportunidad de ser vivida para ser amada y admirada por todos.

José M. Meseguer

© Grupo Villena 2014

La juventud quiere mejor ser estimulada que instruida.

(Johann Wolfgang Goethe)

EL COMPLEJO DE INFERIORIDAD

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En nuestras relaciones humanas es posible encontrar a personas introvertidas, pusilánimes, escondiendo un complejo de inferioridad que les resulta difícil de disimular y sobre todo de  vencer.
 
Las causas que motivan este trastorno de la personalidad pueden ser diversas así como múltiples las formas de manifestarlo, pero básicamente giran en torno a la falta de confianza en sí mismos, creando unas barreras psicológicas ante las cuales no se atreven a enfrentarse, desconociendo sus auténticas posibilidades de progreso y superación.
 

Todos los seres humanos son admirables por algún motivo, de todos podemos aprender algo positivo y nos debe de servir como objeto de estudio, ejemplo a seguir, pero nunca, nunca, debemos infravalorarnos porque no seamos capaces de lograr lo que otros han alcanzado. Cada cual dentro de sus posibilidades puede hacer mucho. No siempre lo que aparenta ser grandioso es lo más importante.

El complejo de inferioridad es el reflejo de la inestabilidad, es la duda y la falta de fe ante los dones que nos confiere el Padre, a modo de ramillete de flores, que con el mismo entusiasmo y amor con que nos lo ofrece, a su vez debemos ofrecerlo a los demás.

 
No somos producto de un día, acumulamos un bagaje muy rico en experiencias, tanto positivas como negativas, sin embargo, todas ellas nos han aportado algo que conforma nuestra personalidad, contribuyendo a que seamos cada día más capaces para desarrollar una tarea. Pero, quizás nos podamos preguntar ¿Cuál es?
El conocimiento espiritual nos aporta las claves a este enigma, y es muy sencillo. Antes de encarnar nos preparamos para desarrollar una labor, una tarea que nos sirve por un lado, para el rescate de deudas del pasado, y por otro, el desarrollo de determinadas cualidades que se encuentran en estado latente. Al mismo tiempo, dicho trabajo significa también una oportunidad para ir limando poco a poco las deficiencias, esos defectos que todavía nos entorpecen y ensombrecen una tarea digna y proficua.
 
El problema surge cuando tenemos algún fracaso; es normal que los tengamos, forma parte de nuestro aprendizaje y de las pruebas a las que nos debemos de someter, para probarnos la paciencia, la constancia y la fe. Cuando no realizamos una interpretación correcta y no fomentamos el auto-amor tan necesario para seguir y avanzar, nos hacemos castillos de arena, es decir, interpretamos y valoramos las situaciones de la vida con una actitud negativa o pesimista, como muros insalvables e imposibles. Esto es algo que no nos lo podemos permitir. 
 
Hemos de transmutar dichos pensamientos en otros más positivos, más edificantes, recordando con frecuencia los éxitos, las situaciones agradables que hemos tenido en el pasado, las obras buenas que nos han llenado de satisfacción. Si ayer fue posible, hoy también. Por lo tanto, hemos de sacar la fuerza de voluntad del bolsillo y ponernos a trabajar. La mayoría de las cosas importantes que desarrollamos en la vida empiezan casi siempre desde la insignificancia, pasito a pasito. Salvo raras excepciones, cualquier tarea, para que dé sus fruto requiere esfuerzo, y como decíamos tesón y fe. Como reza un viejo adagio: “La práctica hace maestros”.
 
Aquellos que logran resultados con facilidad no es porque Dios les haya dado un don, Él es soberanamente justo y da a cada cual según sus obras. Si en la actualidad tienen facilidad es porque se lo han ganado con su esfuerzo en esta o en otras existencias. Por tanto, no existen privilegios ni concesiones arbitrarias.
 
Además, contamos con la ayuda de aquellos seres espirituales que confían en nosotros y que se comprometieron a ayudarnos en esta difícil travesía por el mundo. Ellos son conscientes de las dificultades; nos comprenden, nos aman y nos estimulan para que continuemos adelante, siempre adelante, sin mirar atrás.
 
Lo importante pues radica en las cosas sencillas. Los grandes personajes de la espiritualidad en su paso por la vida física se destacaron por su humildad y sencillez, colocándose a la altura de sus semejantes, huyendo de los honores mundanos. Muchos de ellos, concluyendo una labor, cuyos frutos, ni tan siquiera se los reconocieron en vida.
 
Por tanto, tomemos ejemplo de ellos, no nos sintamos inferiores, cada cual es importante donde está. Adoptemos una postura optimista ante la vida. En todo aquello que emprendamos sea grande o pequeño, pongamos todo el interés y esfuerzo. Como decía el poeta Douglas Malloch en su poema “SI NO PUEDES”:
«Si no puedes ser pino en la colina,
sé arbusto sobre el valle,
más sé el mejor arbusto junto al río…
Sé rama si no puedes ser árbol.
Si no puedes ser rama, sé césped
y alegra algún camino;
si quieres ser almizclero y no puedes, sé tilo,
más el tilo más bello junto al lago.
No podemos ser todos capitanes;
algunos han de ser tripulantes.
Hay algo para todos en el mundo,
hay obras grandes y obras más humildes por hacer.
Mas es la próxima tarea la que debemos emprender.
Si no puedes ser carretera,
sé una senda;
si no puedes ser sol, sé una estrella.
No es el tamaño como tendrás
éxito o tu fracaso;
más ¡sé el mejor de lo que seas!»
José M. Meseguer
© Grupo Villena 2014

LA INFANCIA

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El tema elegido para abrir esta nueva sección es de una gran trascendencia para todos los espíritas de hoy, porque estamos refiriéndonos a un sector de nuestra sociedad que dentro de unos años recibirá el «testigo» de la responsabilidad de nuestro mundo, nos referimos, claro está, a la infancia.
 

Sabemos, gracias al Espiritismo, que la niñez es una etapa en la vida de un espíritu encarnado que le sirve como «reposo», debido a las imperfecciones de sus órganos, y por otro lado, como nos indica la codificación: «le hace más accesible a las impresiones que recibe y que pueden cooperar a su adelanto, al cual deben contribuir aquellas personas que están a cargo de su educación» (pregunta. nº 383, Libro de los Espíritus).

 
Los niños se caracterizan generalmente por su impresionabilidad, por una sensibilidad y ternura que atrae a los adultos, por una inocencia que les hace ver la vida desde una óptica mucho menos complicada que la de los mayores, aunque el germen de sus rasgos del pasado, sean virtudes y defectos, muy pronto comienzan a manifestarse.
 
Esta es la etapa de observación y la imitación. El niño es curioso por naturaleza, observa todo lo que le rodea, le gusta saber, indagar, averiguar el porqué de las cosas. También imita a los adultos o compañeros en aquellas cosas que consideran que pueden realzar su personalidad y que le hagan parecer más mayor, o simplemente por el mero hecho de copiar unas actuaciones porque no conoce otras distintas.
 
No podemos olvidar también, el concepto que suelen tener los niños de los padres y personas más allegadas, para ellos la conducta que observan es muy respetable y digna de seguir debido a la valoración tan alta que tienen de los mismos. Sin embargo, cabe matizar que no todos los niños están en las mismas condiciones ni en el mismo grado de preparación espiritual; en ocasiones son una fuerte prueba para los padres por su constante rebeldía y por una serie de tendencias negativas, en ocasiones permitidas por los padres, al no actuar correctamente ni prestarles la debida atención para tratar de corregirlas.
 
Todas las características anteriormente expuestas nos hacen observar, tal y como nos indica la doctrina espirita, de cuál es la verdadera dimensión y responsabilidad de los adultos con respecto a los más pequeños, un compromiso que no atañe sólo a los padres y educadores, sino a todas aquellas personas que conviven con ellos, sean parientes o amigos.
 
La sociedad materialista de hoy día enfoca sus esfuerzos para proporcionar una educación meramente intelectual y profesional al niño, para que el día de mañana pueda «competir» en la vida y se abra un hueco en la sociedad que satisfaga todas sus necesidades materiales. Es obvio que la preparación intelectual y profesional es importante, pero una buena educación moral y espiritual es la que debe de primar en todos aquellos que nos llamamos espíritas. Como dice un refrán: «un ejemplo vale más que mil palabras», la conducta ejemplar debe ser el principal objetivo de los adultos, ya que como anteriormente hemos expuesto, el niño es un observador nato, no podemos permitirnos el lujo de fallarle, ya que tenemos una responsabilidad asumida antes de encarnar, principalmente los padres respecto a los hijos. 
 
El niño ha de aprender a compartir, a ofrecer a los demás, a ser responsable y respetuoso con todos sus semejantes, a no temer a la muerte por la certeza que debe de tener en la vida espiritual, y no encontrarse con el mal ejemplo que ofrecemos a veces los adultos mostrando una tétrica imagen de dolor al perder a algún ser querido, provocando confusión y quedando fuertemente grabado en la mente impresionable del niño.
 
Durante la etapa infantil los educadores deben estudiar las tendencias e inclinaciones que traen del pasado, para poco a poco ir corrigiéndolas, tratando de incentivar todo lo bueno que poseen. A veces, una corrección a tiempo nos puede librar de no pocos disgustos, ya que si permitimos que las tendencias erróneas se arraiguen en el pequeño, más tarde resultarán difíciles de corregir, por lo tanto, la observación diaria de sus actuaciones es muy importante. 
 
Además, es muy conveniente crear un buen clima a su alrededor, el niño es por naturaleza bastante alegre, tratemos de incentivar esa alegría generadora de energías positivas, compartamos con ellos el tiempo y tratemos de ser verdaderos amigos para que puedan depositar su confianza en nosotros. Procuremos mantener la armonía, porque un ambiente desarmónico crea en ellos enormes dificultades para que puedan desenvolverse con normalidad.
 
Para concluir recordar la necesidad de que los adultos evitemos las discusiones y enfrentamientos en su presencia, porque lo que los niños ven es lo que copian y podríamos desarrollar cierta agresividad en ellos. Y ante todo mostremos una verdadera imagen de coherencia en nuestras palabras y acciones, para que nuestros anhelos de progreso espiritual sean transmitidos a ellos; en su mayoría espíritus con una preparación espiritual superior a la nuestra, ya que han de ser los forjadores de esa Nueva Humanidad que se avecina. ¡No podemos fallarles!
 
 
José M. Meseguer
© Amor, paz y caridad 2014
Los niños son el recurso más importante del mundo y la mejor esperanza para el futuro.

John Fitzgerald Kennedy (1917-1963) Político estadounidense.

GRANDES PRUEBAS: EL DINERO

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Otra de las grandes pruebas a las que se somete el espíritu en evolución, en las primeras etapas de su progreso espiritual es a la del dinero, a la riqueza material.
 

Hoy en día, observamos atónitos el grado de corrupción en las altas esferas de la política y la economía. Casi todos los días, los medios de comunicación nos rebelan presuntos casos de desvío de capitales, favoritismos entre colegas o tráfico de influencias, y un sinfín de prácticas que esquilman las arcas públicas en beneficio de unos pocos.

 
Utilizando una gran astucia y sagacidad para ocultar su verdadero carácter e intenciones, estos personajes se presentan ante la sociedad como el adalid de la corrección y las buenas prácticas. La gran mayoría de ellos con discursos huecos, llenos de buenos propósitos que casi nunca se llegan a cumplir; siempre con la única intención de mantener sus privilegios y su estatus social.
 
Ellos se creen muy listos y que nunca les van a pillar en flagrante delito, pero cuando son denunciados y descubiertos, se amparan en la lentitud de la justicia, en sumarios gigantescos, lo cual les posibilita alternativas para preparar defensas muy bien elaboradas por expertos contratados para tal fin.
 
Estos hechos definen una época. Son la punta del iceberg de un problema que refleja un estado general que salpica a todos las capas sociales. Nos encontramos en la espiral de una crisis que está marcando un final de ciclo, en donde la falta de unos objetivos superiores en la vida, los miedos, y una deficiente educación ética y moral, además de los malos ejemplos que recibimos, nos han abocado a una relajación de conducta en la que sólo prima el acumular la mayor cantidad de dinero y con el menor trabajo posible.
 
La falta de alicientes en la vida e ideales nobles provoca un vacío interior que el individuo trata de llenar con satisfacciones materiales casi constantes; ir de compras, viajes, cenas, regalos, etc., comportamientos que estimulan los sentidos y alimentan las ilusiones transitorias, en una búsqueda constante del tener por encima del ser, ya que las aspiraciones interiores, las del propio espíritu, se desconocen o se ahogan en la conciencia. En última instancia: nos creemos merecedores de ser felices pero sin esfuerzo.
 
En dicha fuga nos creemos portadores de todos los derechos, pero sin apenas obligaciones. En estas circunstancias, el sentido de la responsabilidad queda muy debilitado, lo cual provoca deserciones cuando hacemos algún daño a otros, para eludir las consecuencias. 
 
Cuando las cosas nos van mal y las expectativas económicas no nos satisfacen arremetemos contra todo y contra todos. No somos capaces de realizar una autocrítica, pensamos que son los demás los que nos han fallado, eximiéndonos, una vez más de toda responsabilidad. Entonces, la consecuencia inmediata suele ser la necesidad de mayores placeres, mayores distracciones que nos eviten el pensamiento en los demás y sobre todo, en nuestros propios problemas.
 
Otro síntoma que delata el momento actual es que, las consultas psicológicas y psiquiátricas se encuentran abarrotadas de personas con muchos conflictos: depresiones, drogas, alcohol, desequilibrios de todo tipo, adicciones patológicas, etc. Un cuadro que refleja el estado interior de un sector bastante importante de nuestra sociedad.
 
Las religiones, por lo general, más preocupadas por la forma que por el fondo, con un discurso ambiguo, y con una filosofía dogmática, también ha contribuido a que la gente se haya desmarcado de sus postulados, asociando erróneamente la religión y sus representantes con la moral auténtica, universal. Por tanto, al crecer el escepticismo sobre la religión, el individuo menosprecia sus fundamentos morales al no comprender su sentido verdadero; y finalmente la gente acaba pensando que todo es relativo, incluida la moral. De ahí la laxitud que observamos actualmente.
 
Por tanto, todo se encadena y es necesario descender hasta sus causas para comprender el problema existencial en el que estamos inmersos. Un problema que se resume en dos palabras: IGNORANCIA ESPIRITUAL. Pero… ¿ignorancia de qué? 
 
A saber:
 
  • Estamos en el mundo temporalmente, por lo tanto, es absurdo amasar riqueza sin ningún criterio útil, sólo pensando en nosotros mismos. 
 
  • Todas las posesiones son transitorias y tendremos que dar cuenta, cuando abandonemos la envoltura física, de su administración así como de su uso.
 
  • Estamos destinados a la felicidad pero a través del servicio y la solidaridad con nuestros semejantes. 
 
  • La siembra es voluntaria, la cosecha obligatoria. Si robamos o perjudicamos contraemos una grave responsabilidad, nos exponemos a que nos paguen con la misma moneda en esta o en futuras vidas. Es como echar piedras sobre nuestro propio tejado, más pronto o más tarde nos alcanzará.
 
  • La riqueza, cuando es lícita, es una herramienta para hacer el bien, cuando se usa mal es fuente de futuros dolores y sinsabores.
 
  • Podemos engañar y librarnos de la justicia humana pero nunca de la justicia de Dios, que no castiga pero corrige.
 
  • Somos responsables del mal que hacemos así como por el bien que dejamos de hacer. Todo tiene sus consecuencias, tanto buenas como malas.
 
  • Existen dos formas de progreso que a lo largo de la evolución se complementan, en función de nuestras necesidades, es decir, por el amor o por el dolor. A nosotros nos toca escoger. 
 
Pensar que ya tendremos tiempo en el futuro para poner orden en nuestra vida y para el desarrollo de posibles trabajos edificantes es un autoengaño. Si no tenemos ahora voluntad, nunca la tendremos.
 
Una vez dejamos la envoltura carnal retornando al mundo espiritual, contemplamos lo que ha sido nuestra vida, si no hemos aprovechado la oportunidad de hacer el bien con el dinero, o para hacer algo útil a la sociedad, tendremos que volver, seguramente en peores condiciones. 
 
El libro de la vida nos cuenta que muchos de los pobres de hoy, que viven en la miseria, fueron ricos y potentados en el pasado, que no quisieron aprovechar los recursos que se les había confiado y ahora se ven en la obligación de retornar, pero esta vez con carencias, para que su espíritu se sensibilice y comprenda mejor su error.
 
En definitiva, el mundo es una gran escuela que hay que aprovechar, encontrando el verdadero sentido de las cosas. A las posesiones materiales, darles el valor que merecen, no más, porque al final aquello que se nos proporciona son herramientas de trabajo, de progreso espiritual, elementos que han de cubrir nuestras necesidades humanas pero que no son una finalidad en sí mismas.
 
Es por ello que, aquellos que se dejan seducir por la ambición y la codicia se están forjando un futuro problemático, de carencias, de sufrimientos. No nos podemos dejar llevar por ello. 
 
El espíritu muy imperfecto, cuando se encuentra en el plano espiritual y comprende algo de su realidad trascendente, por lo general, escoge las pruebas en la medida de sus fuerzas, y la de la riqueza por su dificultad, la suele posponer para etapas posteriores, para momentos de mayor comprensión y equilibrio evolutivo.
 
En conclusión, no envidiemos a los potentados y a los ricos, todo se queda aquí, tan sólo nos vamos a llevar las cualidades y el bien que hayamos podido hacer. Todo lo demás son ilusiones vanas que borra el tiempo.
 
 
José M. Meseguer
 
© Grupo Villena 2014

LA VIDA Y LA MUERTE

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Se fue. Una vez más la vida nos sorprende y nos arrebata aquello que parecía imperecedero; unas veces sin avisar, por sorpresa o en muy poco tiempo; otras veces consecuencia de la edad o de enfermedades prolongadas.

Esta vez nos ha tocado a nosotros. No nos debería de sorprender pues le ocurre constantemente a miles de personas todos los días. Sin embargo, la vida transcurre normalmente y vivimos ajenos a esta circunstancia hasta que nos llega, a través de las personas más queridas.

Sentimientos profundos afloran; nos pesa la ausencia; los recuerdos de los momentos vividos adquieren una fuerza y un vigor del que no éramos conscientes hasta ese momento fatídico. Parece que producto de una injusticia se nos arrebata algo de una forma que nunca debería de ocurrir, no obstante, ocurre.

¿Qué es la vida? ¿Qué es la muerte? Hay un pensamiento del Dalai Lama muy interesante: “Los hombres viven como si nunca fueran a morir, y mueren como si nunca hubiesen vivido.”
Los preconceptos sociales, las costumbres ancestrales, y sobre todo la educación religiosa nos empujan a una concepción de la muerte muy vaga, subjetiva, que alimenta el dolor, el vacío y la convierte en algo desconectado de la realidad que vivimos. 
¿Qué hay después de esta vida? La razón repudia, aunque sea de una manera subconsciente, un cielo o un infierno, algo que ya cuestiona y relativiza la propia religión, sin embargo, no nos aporta respuestas convincentes; más bien al contrario, fomenta una fe dogmática, conformista, sin ningún afán aclaratorio, pero negando otras posibilidades que puedan abrir otros caminos. Según esta forma de pensar, Dios está en un cielo con ángeles; también con los que han sido buenos pero perdonando a los malos; viviendo todos juntos, disfrutando… no se sabe muy bien de qué. Seguramente en un estado de ociosidad, pues la misión de ayudar a los vivos sólo lo pueden hacer los santos y los ángeles; los demás… no se sabe donde están y que hacen; según dicen, «disfrutando de su presencia eternamente». Obviamente estas ideas allanan el camino a los materialistas e incrédulos.
Seguramente en el pasado estas creencias podían ser suficientes para un pueblo acotado en su libertad de pensar; la mayoría confiado, conformista, ignorante; sin fácil acceso a la información y a otras ideas diferentes a las establecidas. No obstante, hoy día no tenemos excusa. Los límites nos los auto-imponemos nosotros, somos libres para razonar. No podemos negar por negar, ni rechazar, a priori, lo que no está aceptado por las mayorías.
Debemos pues ampliar horizontes, perspectivas, afrontar una nueva visión de la vida y de la muerte que nos saque de las falsas ideas del pasado y nos acerquen a una realidad más lógica y comprensible, rechazando la idea pesimista y lúgubre de la pérdida definitiva de los seres queridos, porque según pensamos millones de personas en todo el mundo, no es un adiós definitivo, en realidad es un “hasta luego”. 
La muerte, cuando no es auto-provocada, puede ser una liberación, como la mariposa que sale del capullo para volar, libre de ataduras físicas que lo limitaban extraordinariamente. Es el alma que vuela feliz o desdichada, con esperanza, hacia nuevos retos, también al encuentro de los que se fueron con anterioridad. El cuerpo pasa a ser un ropaje andrajoso e inútil, ha sido la envoltura momentánea, porque; ¿qué es acaso una vida física? Un momento en la eternidad, un suspiro, una vivencia llena de experiencias, con sus aciertos y sus errores. La muerte es el final de una etapa, es pasar página para vivir la verdadera vida, sin limitaciones; tan sólo las propias, según nuestro grado de evolución. 
Sin duda, existe un conocimiento espiritual que nos aclara todo lo que es el proceso de la muerte. Por lo general y dependiendo del individuo, en primera instancia, se produce una adaptación a su nueva vida, una especie de sueño pesado, transitorio, para posteriormente recobrar toda la lucidez perdida. Este proceso puede ser más o menos largo. En todos los casos, la oración sentida, de corazón, les es de una gran utilidad para facilitarles el tránsito.
Para que nos hagamos una idea de esta realidad, comparemos: ¿quién no tiene algún familiar fuera? Bien de viaje, porque trabaja en el extranjero, etc. Todos tenemos la certeza de que en este mismo instante están haciendo algo: durmiendo, trabajando, viajando, descansando, hablando con alguien, estudiando, etc. Esto es una realidad común que nadie cuestiona. Pues bien, ¿Quién nos puede negar que, pasado un tiempo y una vez adaptados a su nueva vida, los seres queridos fallecidos no estén desarrollando alguna actividad ahora mismo en otra dimensión, el equivalente, para que nos entendamos, a otros mundos? Reflexionemos sobre ello.
Por todo lo expuesto, es muy importante desarrollar el desapego. Todas las formas físicas se deterioran y se transforman con el tiempo, la vida se renueva a cada instante. Una fe razonada nos aportará la seguridad en la otra vida, nos ayudará a pensar que no hace falta tener a los seres queridos a nuestro lado físicamente. Todo es transitorio y hay muchas formas de estar cerca; a través de los vínculos del sentimiento y el recuerdo.
 
Efectivamente, el momento de la pérdida de un ser querido puede ser una señal en nuestra vida, una nueva oportunidad que nos empuje a investigar, a buscar un sentido a todo lo que nos rodea, analizando y razonando con una mente abierta. 
 
Como conclusión: ¡Atrevámonos a pensar! ¡Perdamos los miedos! Busquemos respuestas porque las hay. La vida no puede ser una corriente que nos lleva sin sentido, sin un porqué y para qué. Hay investigaciones científicas que corroboran esa realidad, una filosofía espiritualista que explica con claridad el por qué y para qué estamos aquí. Sólo falta buscar adecuadamente e investigar, para poder encajar las múltiples piezas que unen esta vida con la del Más Allá.
 
 © 2014 Amor, paz y caridad
Cuando la muerte se precipita sobre el hombre, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal se retira y se aleja sano y salvo. (Platón)

GRANDES PRUEBAS: EL PODER

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Dentro de las grandes pruebas del ser humano, del espíritu en evolución, nos encontramos en esta ocasión con otra muy delicada y de enorme responsabilidad, pues se trata de un desafío por el cual el individuo asume compromisos de autoridad y/o gobierno sobre otras personas. Esta faceta a la que todos, de una forma u otra, en el devenir de las diferentes existencias tendremos que asumir, recorre distintos niveles de responsabilidad, puesto que cuando hablamos de poder, por lo general nos viene a la cabeza, presidentes de gobierno, alcaldes, ministros, etc… Pero no hay que olvidar que existen “distintas posiciones en la vida”, que nos dotan de cierta autoridad o ascendencia sobre otros. Por ejemplo, el dueño de una fábrica o los máximos accionistas de una empresa, encargados de zona, etc., también ellos ejercen una forma de poder, ya que sus decisiones repercuten directa o indirectamente sobre otras personas. Sin olvidar además, otros ámbitos de poder e influencia como pueden ser: la cultura, la religión, la educación, entre otros. Obviamente la responsabilidad va en proporción al cargo y al número de personas que dependen de sus buenas o malas resoluciones.
 El origen del poder es tan antiguo como el hombre, surge de la necesidad de protección de unos sobre otros, de los más fuertes sobre los que son vulnerables, los más inteligentes sobre aquellos cuyas capacidades son más limitadas y se muestran incapaces para resolver problemas que otros ya los han solucionado. Esa superioridad manifiesta de unos pocos, granjeaba el respeto y la admiración de la mayoría, sintiéndose, en muchas ocasiones, protegidos y amparados. Sin embargo, el orgullo desmedido y la ambición egoísta pronto hicieron acto de presencia desviando la paz y la concordia hacia el miedo y la violencia; acomodando las leyes que ellos mismos promulgaban a su propio beneficio, favoreciendo a las élites que habían conformado, bien fueran familiares, socios o amigos; olvidando en la mayoría de casos, la confianza que el pueblo había depositado sobre ellos.
 
Actualmente nos encontramos ante la manifestación pública de muchas formas de abuso de poder. El desarrollo de las tecnologías han facilitado que los medios de comunicación se conviertan en grandes altavoces, cuando su control por parte del poder político y militar no es absoluto, como ocurre en algunos países, de los frecuentes casos de corrupción consecuencia de sistemas que han quedado obsoletos, y que ponen de relieve que sólo sirven, por lo general, para beneficio descarado de unos pocos, esquilmando los recursos públicos en detrimento de un pueblo que ha perdido la confianza en ellos, soportando el peso social y económico de sus abusos y errores. La poca sensibilidad y empatía de unos y la ignorancia, desconocimiento, hasta negligencia de otros, han provocado que en muchos países hayamos vivido en un cierto engaño. En una especie de burbuja que tarde o temprano tenía que estallar, como es la actual crisis económica mundial.
 
Esto no significa que no exista gente honrada y comprometida en los distintos estamentos de dirección de los países que pueblan nuestro globo, sino que el sistema en general y sus propios mecanismos de control fallan, dificultando muchas veces el buen hacer de aquellos que si se sienten comprometidos con la sociedad.
 
Mucho se ha escrito sobre la crisis actual y el abuso del poder político y económico que van de la mano. Sin embargo si ahondamos hacia sus verdaderas causas, más que buscar culpables, debemos de entender su auténtico origen.
 
Por un lado el creciente materialismo que nos ha hecho olvidar los valores imperecederos del espíritu, el verdadero camino que nos puede llevar a la realización plenamente feliz.
 
Por otro, origen de  lo anterior, la falta de ideales nobles, de una propuesta de vida que nos llene interiormente, que nos saque de esa comodidad y apatía únicamente soliviantada cuando ya no podemos cumplir nuestras expectativas materiales de confort placentero.
 
Y por último, la falta de un conocimiento espiritual, que nos encamine hacia unas metas comunes y solidarias, a un entendimiento de nuestra verdadera realidad trascendente.
 
La certeza en el porvenir, más allá del cuerpo físico, la responsabilidad de nuestros actos y sus consecuencias espirituales, tanto a corto como a largo plazo, la toma de conciencia de las leyes universales que nos rigen y de las que nadie escapa; deberían de ser elementos más que suficientes para hacernos reflexionar. Tanto los valores morales, trascendentes de la vida, también  la ley de causa y efecto como la ley del amor en sus múltiples facetas, se deberían estudiar en las escuelas para que los niños de hoy, que serán los hombres del mañana, recogiendo el testigo de las distintas responsabilidades sociales comprendan y sepan situarse con claridad, asumiendo el papel que les corresponde con verdadero sentido del deber, al servicio de sus semejantes y no para servirse, puesto que todos los actos tienen sus consecuencias. No considerándose privilegiados ni superiores a los demás, puesto que, si no cumplen con sus compromisos y abusan de su posición, tendrán que volver para experimentar en sus propias carnes el sufrimiento, la explotación, carencias, etc…todo aquello que generen sobre otros.
 
Hay un dicho que lo resume muy bien: “La siembra es voluntaria, la cosecha obligatoria”. Nacemos, vivimos y morimos para después volver a nacer y completar lo que nos dejamos a medias, corregir errores, afrontar nuevos retos, o repetir aquello que no hicimos bien, a veces en peores condiciones.
 
Estamos faltos de buenos ejemplos que nos devuelvan la confianza unos con otros, que sirvan de modelo e inspiración para aquellos que tienen deseos de aprender, de hallar un camino que les restaure la ilusión y la esperanza. Tenemos ejemplos históricos, algunos muy recientes: Martin Luther King, Nelson Mandela, Mahatma Gandhi, etc. Todos ellos sintieron la necesidad de cambiar los desequilibrios sociales que padecieron en sus respectivos países. Algunos de ellos fueron, en otras existencias, promotores e instigadores de las mismas. Cuando retornaron a la patria espiritual, comprendieron, asumieron su responsabilidad y se prepararon para volver con cuerpo físico y sufrir, padecer con estoicismo, uniéndose a aquellos que habían perjudicado en el pasado. Ayudando abnegadamente, asumiendo el peso del liderazgo para revertir la situación, pagando el precio de la libertad con el peso del odio y la incomprensión de muchos.
 
Efectivamente, nos encontramos en un mundo donde todavía predomina el mal sobre el bien, agudizado especialmente en estos tiempos tan críticos, de transición planetaria que nos han tocado vivir. En el futuro, con toda seguridad, las aristocracias; (aristos: lo mejor, y kratos, poder. Significado: El poder de los mejores); estarán compuestas por personas comprometidas, con una fuerte vocación de verdadero servicio, dispuestas al sacrificio y la abnegación. En un clima de solidaridad, de cooperación, el pueblo llano depositará totalmente su confianza en ellos, pues habrán tenido ocasión de comprobar multitud de veces su honestidad y sabiduría.
 
Ciertamente, aquel que defrauda, aquel que no cumple con sus obligaciones, tendrá que responder por cada una de las personas que ha perjudicado y por el bien que ha dejado de hacer, traicionando la confianza (algo que cuesta muchísimo de recuperar) depositada en él,  tanto desde el aspecto espiritual como desde el punto de vista humano. Por tanto, hay que ponerse siempre en el lugar del otro para no desviarse, tratando a los demás como nos gustaría que nos trataran.
 
Invariablemente el enemigo está en nuestro interior, en nuestro orgullo y egoísmo. Cuando engañamos o traicionamos a otros, nos lo estamos haciendo a nosotros mismos; más pronto o más tarde volverá como un boomerang; por ello, es de necios escurrir el bulto pensando que seremos inmunes. Nadie escapa a las leyes divinas, por muy subjetivas o lejanas que nos puedan parecer; estas son perfectas, alejadas de las pasiones e intereses mundanos. Dios las aplica con total justicia y sabiduría.
 
Sepamos pues actuar con mesura, aquellos que abusan de su posición, en futuras existencias sufrirán injusticias, serán explotados; entonces reclamaran, pondrán el grito en el cielo, tendrán tiempo para pensar en aquello que los dirigentes deberían de hacer… ¡Y ellos mismos no lo hicieron en el pasado!; aunque no lo recuerden. Quedando grabado en sus espíritus sabias lecciones que algún día, en base a la misericordia divina, se les permita repetir la experiencia, pero esta vez con mayor éxito.
 
 
José M. Meseguer
 
© Grupo Villena 2014
 
 
Casi todos podemos soportar la adversidad, pero si queréis probar el carácter de un hombre, dadle poder.                 (Abraham Lincoln)  

GRANDES PRUEBAS: EL SEXO

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GRANDES PRUEBAS:
EL SEXO

El espíritu en evolución se somete en cada vida física a las distintas pruebas, necesarias para su crecimiento espiritual y perfeccionamiento. Es un largo recorrido de muchos siglos, innumerables experiencias, y la repetición de aquellas pruebas que no han sido superadas. Las tendencias primarias, instintivas, se van sustituyendo muy lentamente por valores sutiles e imperecederos; el amor, el altruismo, el desarrollo intelectual, amén de otras cualidades que van conformando a un nuevo ser más depurado y sabio. Crecer cuesta mucho, nadie nos regala nada, y el Padre en su infinita misericordia, nos ofrece cuantas oportunidades necesitamos para enmendar y corregir errores. A cada cual según sus obras, con total justicia. A mayor atraso más facilidad para equivocarse, también la responsabilidad va acorde con el grado de evolución.

     De las pruebas que tiene que afrontar el espíritu cuando viene con una envoltura carnal, hay tres especialmente que son muy relevantes, por cuanto que, si no se miden bien las fuerzas y sobre todo, cuando existen debilidades y tendencias negativas del pasado, resultan difíciles de superar y es la causa de sufrimientos, así como generadoras de deudas que hay que reparar en el futuro. Nos estamos refiriendo a las pruebas del poder, del dinero y del sexo.
El sexo cumple una función fundamental para la perpetuación de la especie, se trata de una energía creadora, como ocurre en los otros reinos de la naturaleza. Bien enfocado es fuente de dicha. No obstante como nos demuestra la historia de la humanidad y sobre todo en los momentos críticos de transición actuales, no existe un control y una madurez en el dominio de los instintos primarios, porque se trata de una prueba que requiere fortaleza y templanza, y en la que un gran número de espíritus pertenecientes a un mundo de la categoría de “Expiación y Prueba” como es el nuestro, no alcanzamos a canalizar y dominar adecuadamente. Es el predominio todavía de la naturaleza animal sobre la espiritual.
Por un lado arrastramos la herencia religiosa del complejo de culpa, lastrando y reprimiendo una función que bien enfocada debe de ser natural, consustancial al ser humano, a la que hay que darle el cauce y la importancia que merece, nada más. Efectivamente durante siglos el sexo ha sido interpretado por algunas culturas religiosas como algo impuro, fuente de pecado y contrario a los intereses del espíritu, en parte como freno para una población ignorante, más bien necesitada de buenos ejemplos y una buena pedagogía para el alma. También como consecuencia de las tendencias irresponsables en momentos en los que existía una decadencia moral, como está ocurriendo hoy día, ofreciendo malos ejemplos a la población, así como los traumas, debilidades y frustraciones de responsables religiosos que no fueron capaces de equilibrar y canalizar adecuadamente sus impulsos. 
Consecuencia de esa cierta hipocresía, se divulgó la falsa creencia de que, el sexo, sólo era legítimo cuando se busca la reproducción, y únicamente en ese caso podía ser bueno a los ojos de Dios, algo que choca con el sentido común y las necesidades humanas en las relaciones de pareja.
No obstante, una de las opciones de vida es la castidad y el celibato, siempre que sea voluntario, con miras a servir al prójimo y no impuesto por convencionalismos religiosos. El sacrificio del celibato sólo pensando en uno mismo, en la propia salvación, es puro egoísmo. Además hay que tener en cuenta la responsabilidad que se adquiere cuando se hacen votos de esta índole, puesto que las promesas hay que cumplirlas, pues tienen sus consecuencias. Para esta clase de compromisos que son una opción de vida hay que medir bien las fuerzas, para no caer en desviaciones o represiones, cuyas consecuencias pueden provocar entorpecimientos en futuras existencias.
Por otro lado existe la vertiente materialista, es la que nos demanda la sociedad actual y consumista, se trata de una propuesta que nos invita a la práctica sexual sin prejuicios, como algo imprescindible para sentirse realizados y felices, que nos incita a la preocupación cuando el deseo disminuye, recomendando la ingesta de sustancias que estimulen la libido. En las relaciones personales, sobre todo entre los jóvenes, el sexo se ha convertido, en muchos casos, en una práctica desvinculada de los sentimientos y las relaciones de verdadero cariño y amistad, confundiendo fácilmente amor con deseo, estableciéndose uniones bajo unos parámetros en los que una vez el deseo sexual pasa, y se deben de enfrentar a los verdaderos problemas de convivencia y las circunstancias reales de la vida, desisten a las primeras de cambio. 
Al mismo tiempo, comprendiendo un poco cómo funcionan las leyes universales, sabremos que existe una muy importante: la ley de afinidad, o lo que es lo mismo; “el semejante atrae al semejante”. Efectivamente, en la cuestión sexual la parte negativa ejerce una influencia mayúscula, facilitada por la falta de rumbos e ideales sólidos que establezcan, en general, unas relaciones personales coherentes con una ética y una moral. Su consecuencia más inmediata es la relajación de costumbres, y una presión pertinaz por parte de aquellas entidades espirituales de baja condición que vibran en estados de perversión sexual, generando una presión psíquica sobre aquellos incautos, susceptibles de dominar por este tipo de entidades negativas. Esto explicaría, por ejemplo, el exceso de erotismo en la sociedad, su proyección en los medios de comunicación, así como en la publicidad, también la pornografía que mueve miles de millones de dólares en todo el mundo.
Por tanto, como podemos observar existen dos extremos en los que, si nos dejamos arrastrar por alguno de ellos, no nos ayudan al desarrollo integral como espíritus encarnados en evolución, necesitados de equilibrio en todos los aspectos de la vida. No obstante, el sexo cumple una función específica que hay que darle el valor y la dimensión que requiere. Debemos, por lo tanto, alejarnos tanto de extremismos represivos, como del libertinaje descontrolado. 
En definitiva, Dios no se puede contradecir ni encontrar negativo algo que El mismo ha hecho. La sexualidad bien entendida y equilibrada es fuente de felicidad, es el complemento a otros valores imprescindibles en las relaciones de pareja. No podemos sobrevalorar una parte por el todo, ni confundir sentimientos con deseo. La comprensión, la tolerancia, el cariño, las pequeñas renuncias y sacrificios, por amor al cónyuge son el trabajo principal, y lo que garantizará el éxito a dicha relación. 
Para concluir, seamos conscientes y responsables en nuestro comportamiento, sabiendo que venimos a superar debilidades y defectos. Busquemos en nuestro aprendizaje diario los placeres sutiles del espíritu inmortal, imperecederos, que no se desgastan con el tiempo, pues provienen del interior del alma, aquellos que nacen del bien y el amor al prójimo, de esa renuncia que llena y aporta plenitud. Necesitamos, en definitiva, la búsqueda de un rumbo que nos ilusione, le dé un sentido a la vida y nos evite las frustraciones que  nos empujan a las susodichas fugas psicológicas, que no nos satisfacen y nos hacen sentir peor interiormente. Por tanto no hay que alimentar pensamientos ni fantasías que fomenten el deseo sexual, más allá del hecho natural, y que pudieran derivar en desequilibrios. A cada cosa su importancia, sin quedarse en la apariencia,  pues de ello depende un futuro lleno de ventura, progreso y paz interior.
 
J.M.M.C.

¿ESTAMOS EN UN FINAL?

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Hablar del cambio de ciclo, el simbólico Final de los Tiempos, es una cuestión que posee un abanico muy amplio de posibilidades y enfoques que le confieren distintos matices con los cuales nos podemos sentir más o menos identificados.

Seguramente observar la cuestión sólo desde un ángulo podría resultar insuficiente y hasta incluso podría rozar lo irreal, pero el cuadro que estamos viviendo actualmente, a diferencia de otras épocas, es muy claro y notorio, bastante patente. Las cosas no cambian por si solas, ni nadie tiene una varita mágica que sea capaz de convertir de la noche a la mañana a las distintas sociedades de hombres y mujeres que pueblan el planeta en seres íntegros y responsables, es decir, en un mundo mejor.

Resulta sano y hasta pedagógico reflexionar sobre la Gran Transición Planetaria en clave de esperanza. Los enfoques alarmistas y catastrofistas no ayudan a su comprensión puesto que la transformación que se opera actualmente va a ser profunda y definitiva. Estamos hablando de un cambio de paradigma hacia la fraternidad y la paz. No obstante, para alcanzar ese objetivo hace falta previamente el que nos sometamos a un proceso de selección en el que vamos a ser separados: “los de la derecha y los de la izquierda”. Este es un proceso tan imprescindible como inevitable.

Hablar de la necesidad de que cambiemos los seres humanos porque de lo contrario nos tendremos que atener a las consecuencias suena a amenaza, y generalmente nadie cambia en base al miedo, y mucho menos cuando estamos hablando de espiritualidad y de amor, salvo cuando es el fanatismo el que nubla nuestra razón, pero en ese caso no podemos ser personas auténticas y libres.

Si repasamos los evangelios podremos comprobar que cuando trata el tema del Final de los Tiempos el Maestro es muy claro, sin adornos ni disfraces. En base a su profunda comprensión de la naturaleza humana y de sus pasiones más arraigadas fue capaz de entrever el devenir, el recorrido de esta humanidad que desembocaría en un momento determinado a una selección, necesaria y hasta urgente para desbloquear el avance del progreso y el cambio de grado espiritual de este planeta. El comprendía que, pese a las oportunidades concedidas, no se podía esperar perpetuamente a aquellos espíritus rebeldes que no desearan cambiar por sí mismos y que pudieran comprometer seriamente el futuro de este mundo, cuyo destino final pasa invariablemente por pasar de ser un mundo de Expiación y Prueba a un mundo de Regeneración.

Basta analizar los mensajes que el plano espiritual nos está transmitiendo a la luz del Espiritismo y observaremos que el tono de la gravedad del momento toma cada vez más relieve, como podremos comprobar más adelante. Cabe preguntarnos: ¿Es posible conjugar claridad y realismo en clave de esperanza sin desembocar en miedo al futuro? ¿Estamos lo suficientemente lúcidos como para elevarnos y ver las cosas desde una perspectiva más amplia, más global?

Si leemos los periódicos podremos comprobar la sucesión de acontecimientos que estamos viviendo actualmente, no ya las guerras que no cesan por todo el mundo mostrándonos unos cuadros de dolor permanente, sino también los estudios que se están realizando a nivel global respecto al cambio climático y sus devastadoras consecuencias. Las conclusiones generales son que el efecto invernadero es imparable, según los expertos ya no hay vuelta atrás, los gobiernos temporales se encuentran con informes que solicitan medidas urgentes para, no ya paliar el cambio climático y geofísico inevitable, sino para atenuar, en la medida de lo posible, sus consecuencias fatales.

Aun así, los mecanismos para que las distintas potencias se pongan de acuerdo son muy lentos y poco fructíferos. Las élites negligentes creen que todavía les queda tiempo para seguir expoliando el planeta y que las consecuencias no las van a pagar ellos. ¡Cuán equivocados están! Inexorablemente hemos llegado tarde, no ha existido voluntad para corregir esta situación a tiempo, sin embargo, esto entraba en las previsiones de lo Alto y es una consecuencia más del momento de transición que estamos viviendo.

Ocultar la verdad sería una irresponsabilidad, pensar en un cambio lento y placentero no parece ajustarse a la realidad. No nos vamos a explayar en este artículo en detalles pero como decíamos la comunidad científica de todo el mundo está poniendo el grito en el cielo, pero el poder político es poco sensible y se aviene primero a sus intereses porque no le interesa egoístamente mirar más allá.

En la obra de Joanna de Ângelis, “Despierte y sea Feliz” psicografiado por Divaldo P. Franco encontramos lo siguiente: “El Evangelio del Señor nos advierte que en los días futuros, previstos por Él, el dolor alcanzaría dimensiones inimaginables, arrastraría a multitudes al abismo, a la desesperación, y lograría que el delirio y el desequilibrio perturbaran a la humanidad…Hoy vivimos esos días anunciados sin ningún retoque ni disfraz… Se anuncian las horas graves de la transformación de los hombres, del cambio vibratorio del planeta…Nadie se engañe ni engañe a otros”.

En la página psicografiada por el médium Divaldo Pereira, el día 30 de julio de 2006, en la ciudad de Rio de Janeiro, el espíritu de Joanna vuelve sobre el tema: “Los combates se presentan individuales y colectivos, amenazando destruir la vida con hecatombes inimaginables….. La locura, proveniente del materialismo de los individuos, nos arroja a los abismos de la violencia y de la insensatez, ampliando el campo de la desesperación que se esparce en todas las direcciones. Se destruyen los hogares, se desorganizan las relaciones afectivas, se desestructuran las instituciones, los centros de trabajo se convierten en áreas de competencia desleal, las calles del mundo se transforman en campos de luchas perversas, llevando cuesta abajo los sentimientos de solidaridad y de respeto, de amor y de caridad. La turbulencia vence a la paz, el conflicto domina al amor, la lucha desigual sustituye la fraternidad… Sin embargo, estos acontecimientos son apenas el comienzo de la gran transición.”

Como podemos comprobar no se trata de un tema menor. A todos, absolutamente a todos nos llegará el momento del testimonio, el momento de la definición, de adoptar una postura clara y concreta que nos empujará en un sentido u otro. Dios es justo y dará a cada cual según merecimientos. Esa es la ley.

Por lo tanto, no nos descuidemos y no nos distraigamos en esta época crucial de la humanidad. Miedo no, responsabilidad sí. Estos momentos no son casuales ni tampoco es casual el que nos haya tocado vivirlos. Estamos de examen y debemos cumplir las expectativas para poder formar parte de una nueva sociedad que se instalará definitivamente en este mundo. No tratemos de justificarnos pues no sabemos el tiempo que nos queda ni los acontecimientos que en esta existencia nos va a deparar, pero en cualquier caso, debemos de estar preparados. Las claves: trabajo interior y confianza.

Jose Manuel Meseguer Clemente

© 2014 Amor, paz y caridad

LA FUENTE Y EL MAR

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LA FUENTE Y EL MAR
 
Junto al mar, de un peñasco brotaba
fuente humilde que en él destilaba
gota a gota, su limpio raudal;
y le dijo la mar espumosa:
¿Quién te manda arrojar, lacrimosa,
en mi seno tu pobre raudal?
Vasto mar, le contestó la fuente,
sin alardes y en mansa corriente,
de mis perlas yo te hago merced,
porque falta en tus olas bravías
lo que sobra en las lágrimas mías
una gota que apague la sed.

                     Luis Romero Espinosa

            En la obra “Hechos que prueban” de Amalia Domingo Soler, en el capítulo “Las Religiones y el Espiritismo” nos hace la insigne autora una interpretación magnífica sobre esta poesía de Luis Romero Espinosa, estableciendo una simbólica relación entre el mar (las religiones) y la fuente humilde (las comunicaciones de los espíritus).
            En esta ocasión nos gustaría aprovechar tan hermosa y profunda poesía para establecer también otros paralelismos como puede ser lo que supone el basto mar…. del conocimiento,  y las gotas de la fuente….como las buenas obras. Es decir,  los detalles, los gestos sencillos que manifestamos al relacionarnos día a día. Efectivamente, en la actualidad no son sólo las religiones como comenta Amalia, el rodillo que establece una doctrina y unas normas para ser cumplidas por la generalidad, sino que, en un concepto más concreto, el riesgo que se corre dentro del Espiritismo, es decir, en los centros espiritas, ante lo que puede ser el estudio y el conocimiento espiritual cuando copa la mayor parte del tiempo y no permite atender a unas consecuencias morales que le den vida, sentido y practicidad a lo aprendido.
            Las olas del mar pueden ser también las normas rígidas, la falta de flexibilidad, el establecimiento de programas estructurados con un valor doctrinario y pedagógico pero sin una adaptación a las circunstancias, a la idiosincrasia de cada pueblo, de cada cultura, de cada colectivo, y en última instancia al pequeño grupo de personas físicas (reales) que componen el centro donde se debe desarrollar. Personas con unas necesidades, con unas características que nos hacen diferentes unos de otros.
            Las gotas que destila la humilde fuente y que nutre de pureza al inmenso mar representan  los hechos, las buenas acciones, los detalles que tenemos los unos con los otros. Son aquellas cosas que casi no se ven pero que son muy importantes para el desarrollo espiritual de las personas que componemos un grupo espiritual. Sin esos detalles el mar se convierte en algo inmenso pero vacío, casi artificial, desprovisto del sentimiento que genera calor humano, simpatía y alimenta las ganas de superarse y de compartir.
            También son gotas de demostración que la doctrina está viva, no es algo en manos exclusivamente de algunos pensadores de prestigio, médiums de renombre o de científicos espiritualistas. Ellos hacen su trabajo pero la puesta en escena la ponemos nosotros, con nuestros actos, demostrando el grado de asimilación de sus postulados y su adaptación al medio y las circunstancias que nos envuelven.
            Por tanto, esta sociedad desorientada y dominada por el materialismo necesita de la fuente humilde del espiritismo práctico, aportándole a la sociedad aquello de que carece en su mayoría y más necesita, gotas puras de solidaridad, empatía, calor humano. Sentimientos expresados como interés por el otro, comprensión ante sus problemas, y sobre todo, la manifestación a través del ejemplo que el mensaje del Maestro está vivo, pero sin formulismos místicos o fanáticos, trasladando con naturalidad a los hechos cotidianos las demostraciones vivas del evangelio predicado por Jesús.
            En otro sentido, también el mar con sus olas bravas representan la falta de oportunidades a la juventud insatisfecha, necesitada de posibilidades de manifestación en los grupos, pero no sólo para que hagan aquello que los adultos pretendemos sino para que tengan su expresión y voz en convivencia y colaboración con los adultos. No sólo esperar a que experimenten y se puedan equivocar entre ellos, los mismos jóvenes, sino que les transmitamos verdadera confianza en sus posibilidades y les demos la ocasión de manifestarse ofreciéndoles responsabilidades para superar las típicas barreras generacionales que impiden su libre desenvolvimiento.
Es precisamente en los jóvenes, al estar sometidos en ocasiones a programas establecidos la causa de que con el tiempo pueda existir desánimo y se corre el riesgo de desperdiciar iniciativas, propuestas, alternativas y la manifestación de nuevas ideas que generalmente los adultos, por nuestros miedos, tendencias y experiencia nos pueden costar mucho más aceptar. Por todo ello, los jóvenes representan las gotas de la fuente que pide humildemente paso. Tienen derecho a equivocarse como nosotros lo hemos hecho cientos de veces aunque en ocasiones lo hayamos olvidado o no lo queramos admitir. Tuvimos nuestras oportunidades y ellos merecen las suyas. Además en base al conocimiento espiritual sabemos que la juventud de hoy, en su mayoría, vienen con una preparación previa para la realización de programas establecidos por lo Alto que nosotros no somos quién para abortar o dificultar. No podemos permitir estructuras de funcionamiento estáticas, poco participativas con los adultos que les impida manifestarse. Hemos de demostrar con nuestro ejemplo y nuestros actos que su juventud e inexperiencia no está reñida con una valoración positiva de sus pensamientos, ideas e iniciativas, aunque estén en un proceso de formación. Los adultos, de algún modo, también estamos en proceso de formación, porque, ¿qué es acaso la evolución?
            Muchas veces alegamos los mayores que seguir un camino espiritual es muy difícil y que la juventud está en otras cosas. Efectivamente, es posible que muchos de ellos estén en esa tesitura, sin embargo, no queramos justificarnos exclusivamente con ese argumento puesto que, algunas veces, los jóvenes que nos visitan perciben la grandeza de una doctrina muy sugestiva pero no encuentran en los centros la manera de crecimiento que ellos buscan ante la falta de oportunidades y al no encontrar facilidades para manifestarse y superar, de esa manera, las viejas barreras generacionales. Además muchos jóvenes argumentan que los libros y las informaciones están muy bien y les pueden ser muy útiles, pero que las pueden leer en casa, no obstante, en los centros espiritas buscan algo más que puro y exclusivo conocimiento.
            En definitiva, una gran poesía cargada de enorme simbolismo que llamó la atención de nuestra querida Amalia Domingo Soler y que mantiene toda su vigencia en la actualidad, siendo motivo para una profunda reflexión y replantearnos los caminos por los que transitamos, a caballo entre el inmenso mar con sus olas que nos arrastran a través de los prejuicios y la fuente pura que destila agua fresca necesaria aunque humilde para nuestra renovación espiritual.
            J.M.M.C.

© Grupo Villena 2014
           
“La verdadera enseñanza que trasmitimos es lo que vivimos; y somos buenos predicadores cuando ponemos en práctica lo que decimos.”
San Francisco de Asís
           

ALGUNAS CONCLUSIONES

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Algunas conclusiones

Algunas conclusiones sobre el tema extraterrestre

Concluimos esta sección que a lo largo de los meses hemos ido desarrollando, no obstante, continuaremos profundizando y recordando sus principales conceptos en el futuro, puesto que la temática Ovni-Extraterrestre es de gran importancia para todos aquellos que buscan respuestas en la comprensión de nuestra realidad física, pero sobre todo espiritual.
Cómo hemos ido comprobando, el tema extraterrestre es muy sugerente y se presta a infinidad de especulaciones. Si no se está atento y muy centrado, con una mente analítica y racional es muy fácil caer en derivas que no conducen a nada positivo. Es, por lo tanto, muy necesario establecer unas sólidas bases espirituales generales, respecto a las leyes universales que nos rigen, el por qué y para qué estamos aquí, de forma que cuando tengamos que afrontar un tema como el que nos ocupa, podamos establecer una correspondencia con lo que ya sabemos encajándolo adecuadamente. Es obvio que no lo sabemos todo, pero la vida no se contradice, no existen picos de irrealidad o de cosas extrañas que puedan poner en jaque la armonía del Universo. Es pues, una necesidad encontrar el equilibrio en las ideas, rechazando aquellas que sean contrarias a la razón o que no nos aporten nada sustancial.
 

 Resulta paradójico comprobar hoy en día que cuando hablamos de extraterrestres, vida en otros planetas, así como el fenómeno OVNI,  en muchos casos se produzca una bifurcación de caminos. Es decir, por un lado, personas con un conocimiento espiritual pero en el que no se plantean encajar el fenómeno Ovni-Extraterrestres en sus esquemas al considerarlo anecdótico e irrelevante.Por otro lado, existen aquellos que recopilan cientos o miles de casos, acuden a los lugares, investigan, escriben libros, imparten conferencias, se prodigan en los medios de comunicación, sin embargo no son capaces de ofrecer explicaciones claras, sencillas y con un contenido convincente. Esto puede tener diferentes causas. La divulgación sin ningún interés o afán espiritual, buscando el beneficio material y las oportunidades comerciales que el tema ofrece, eso sí, aportando estudios y  abundante documentación pero sin llegar a ninguna conclusión final… Quizás porque no interesa, porque sería como desvelar algo que está mejor en el apartado de lo  misterioso, y por el desprestigio que podría suponer manifestar abiertamente una postura que pudiera significar  una etiqueta de algo aparentemente poco riguroso y científico; con lo cual, la cuota de seguidores podría reducirse de una manera importante. Basta con mirar hacia estas últimas décadas y veremos que los best-sellers y obras publicadas al respecto han mantenido vivo el interés por estas cuestiones, pero no han aportado avances significativos. Para muchos investigadores estamos igual que al principio de la eclosión del fenómeno. Sin embargo, algunos de ellos sí que tienen bastante claro el tema pero no lo manifiestan abiertamente por los prejuicios que comentábamos, aunque a nivel particular sí que lo admiten sin problemas.

 
En otros casos, el análisis ha sido exageradamente místico convirtiéndolo en casi una religión y una forma de culto. Sobre todo en los años 70 y 80 del siglo pasado proliferaron grupos en casi todo el mundo que se reunían buscando avistamientos, señales en el cielo, mensajes de una forma u otra que les pudieran marcar unas directrices y toda una nueva filosofía de vida. Por desgracia, la mayoría de estos grupos fueron presa del fanatismo y de la fantasía por la falta de análisis y de raciocinio,  desapareciendo y haciendo un flaco favor a la verdadera realidad extraterrena.
 
Es pues muy necesario establecer desde el principio unas bases adecuadas y sólidas. La temática extraterrestre así como otras paralelas exige partir desde la búsqueda interior, desde dentro y no quedarse con lo superficial, tratando de ver el sentido trascendente que tiene la vida. Nada es fruto del azar, no existen las casualidades pero si las causalidades. Todo bajo el amparo de unas leyes universales que armonizan y equilibran todo. Aquello que se salga de estos parámetros hay que afrontarlo con mucha cautela, pues todo tiene un significado y un sentido. Hemos de respetar todas las posturas y formas de entender la vida y los fenómenos, pero sobre todo, debemos razonar por nosotros mismos, si algo no lo vemos claro, apartarlo o aparcarlo hasta que podamos encontrar una explicación coherente que nos satisfaga.
 
Cómo decíamos  al principio aquellos que poseemos un conocimiento espiritual, como es el caso de los espíritas, tenemos una mayor responsabilidad puesto que no podemos alegar ignorancia, ya que uno de los postulados de la doctrina de kardec es la “Pluralidad de Mundos Habitados”. Necesitamos armonizar el tema con los conocimientos adquiridos para dar las respuestas adecuadas a todas aquellas personas que van buscando información, pero que se han encontrado con pocas explicaciones convincentes que les aclare e ilumine.
 
Los visitantes de otros planetas vienen con una misión concreta y clara. Necesitan de nuestra colaboración pues están al servicio del Maestro Jesús, gobernador y responsable de esta humanidad con el objetivo de complementar el trabajo del Mundo Espiritual Superior con una aportación también física.
 
El mensaje de ellos lo debemos de hacer nuestro. Con su presencia y testimonio nos indican que no estamos solos en el Universo material, están para apoyarnos y sobre todo para infundirnos una bocanada de esperanza e ilusión en estos tiempos de transición que estamos viviendo, en un ambiente, el nuestro,  muy denso por el psiquismo mórbido saturado que hemos ido acumulando en este planeta a lo largo del tiempo. Para ellos es un sacrificio grande, renunciando temporalmente a sus mundos de armonía, equilibrio y de paz para sumergirse en nuestro planeta, pero lo hacen a gusto porque su trabajo lo desarrollan con verdadero amor, sentido y realizado. Esa es su premisa fundamental. Hoy día hablar de extraterrestres y hablar de solidaridad, amor y abnegación puede parecer una simbiosis extraña pero es su base fundamental.
 
Por todo ello, prestemos la atención necesaria, démosle el relieve y la importancia que merece. El maestro Kardec ya hizo en su época varias alusiones al tema como hemos comentado aquí en otros artículos. Hoy día nos hace falta más que nunca. Sepamos separar la paja del grano para ofrecerle a la sociedad aquello que necesita y merece,  pues los tiempos se precipitan y hacen falta muchas explicaciones y aclaraciones que pongan el punto de luz que ilumine el camino, demostrando que todas las piezas encajan perfectamente y transmitiéndoles a la sociedad esa alegría y esperanza en un futuro mejor, pero acompañados por esos hermanos mayores que algún día vendrán a compartir de una manera más directa y generalizada sus conocimientos y su sabiduría, pero esto sólo ocurrirá cuando la humanidad haya sido depurada y se encuentre en las condiciones necesarias para tal fin. Ellos con sus testimonios y su trabajo sutil nos recuerdan y nos avisan de que algún día se cumplirán todas las promesas que nuestro amado Maestro Jesús nos dejó.
Algunas conclusiones por: José Manuel Meseguer

© Amor, paz y caridad 2014

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PABLO Y FEDERICA DE GRECIA

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PABLO Y FEDERICA DE GRECIA

Se acaba de cumplir el 50 aniversario de la muerte del rey Pablo I de Grecia. Es por tanto esta una buena ocasión para trazar unas pequeñas pinceladas de su trayectoria, tanto del monarca griego como de su esposa Federica (fallecida en Madrid en el año 1981); no ya desde el punto de vista de los hechos históricos, pues los datos y estudios están al alcance de cualquiera, sino desde el punto de vista humano y espiritual. Su pensamiento y su filosofía de vida, algo que es bastante desconocido para la mayoría de la gente y que marcó a todo un pueblo que confiaba en sus monarcas.

Su misión no fue una tarea fácil pues ya como príncipes, durante la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente con la muerte repentina de su hermano, el rey Jorge II y su sucesión en abril de 1947, tuvieron que lidiar con acontecimientos graves para el país como fue una guerra civil terrible y otros conflictos importantes. Gracias a la calidad humana y espiritual de estos monarcas, y de algunos de sus dirigentes políticos se pudo realizar un buen trabajo en favor de su pueblo, que al fin y a la postre es la aspiración principal de todo dirigente consciente y responsable. La clave estuvo en su sentido de la realeza como responsabilidad sagrada, consiguiendo el que miles de personas al mirarle pudieran ver sus esperanzas representadas en él. Pablo I pensaba que un rey debe saber que solamente actúa como un intermediario a quien su pueblo entrega lo mejor de sí, para que él, a su vez, devuelva su chispa encendida a esa inmensa fuente de la que todos tomamos nuestra luz.

También fue determinante su manera de ser y su personalidad, como dice la reina Federica en sus memorias: “Era un hombre de una gran fuerza moral y sus suaves modales convertían a muchas personas, incluida su familia, en sus fieles servidores. O había nacido abnegado y generoso o, mucho antes de conocernos había superado su natural egoísmo y ahora podía irradiar a los demás su inmaculada rectitud interior. Esto hacía su efecto sobre nuestros políticos, que se sentían seguros al confiar en él, pues sabían que jamás utilizaría contra ellos sus propias debilidades. Sabía escuchar y era parco en sus comentarios.”

En su vida cotidiana se sentían más cómodos estando cerca de las gentes sencillas. Visitaron aldeas y pueblos desbastados por la guerra, tanto en su Jeep como ayudándose con algún animal de carga por caminos abruptos, en zonas montañosas inaccesibles a los vehículos. No les importaron las incomodidades ya que lo fundamental para ellos era tener un contacto humano con las gentes, demostrándoles cariño e interés sincero por sus problemas, sus anhelos. Transmitiéndoles apoyo moral y consuelo en sus desgracias que eran muchas en aquella época.

Por otro lado los monarcas también se esforzaron en promover por todo el país la creación de Centros de Formación con plena libertad de movimientos para los “niños robados por la guerra”, aquellos que pudieron ser rescatados de los millares que fueron arrancados de sus hogares y sus familias por manos fanáticas, buscando su reeducación en valores y proporcionándoles una formación académica y profesional gratuita para poder reinsertarlos en la sociedad.

Al mismo tiempo tuvieron que desarrollar una intensa actividad diplomática ante los diversos frentes abiertos que tuvieron que litigar con los países limítrofes. Buscando lo mejor para su país pero sin desdeñar en ningún momento la necesidad de mantener la concordia y el diálogo amistoso y constructivo con dichos países. En algunos casos lo consiguieron, incluso estableciendo buenas relaciones personales de amistad con sus dirigentes políticos, siguiendo una filosofía de vida cómo la que explicó en un emotivo discurso del rey Pablo en su visita oficial a Inglaterra: “…..Creo que en este mundo moderno se necesita un nuevo concepto de misión dentro de cada uno de nosotros. Debemos enseñar a comprender donde hay confusión, a perdonar donde hay culpa, a curar donde hay úlceras, a mantener la firmeza donde hay dudas, y, sobre todo, a volver a descubrir la hermosura del espíritu humano y a servirle del mismo modo que servimos al Divino.”

Ambos monarcas creían firmemente en la vida espiritual y en la reencarnación como se puede comprobar en el extracto de una carta que le escribió, el entonces príncipe Pablo a su esposa exiliada en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) durante la Gran Guerra. El rey Jorge y su hermano se trasladaron a Inglaterra por mar, durante el trayecto el príncipe le escribió una carta a su esposa en la que decía: “….Probablemente tú y yo hemos vivido juntos una vez y otra a lo largo de los tiempos y siempre nos hemos amado, pues el nuestro no es un amor corriente.”

Prueba de la sensibilidad y sentido del tacto con los demás que poseía el rey Pablo se desprenden algunos consejos, como los que recoge su esposa también en sus memorias: “Cuando alguien se ha equivocado y tú has acertado, nunca debes decir “ya se lo decía yo”, pues nunca te lo perdonará. Dale a entender que la idea brillante fue suya desde el principio y que tú querías decir lo mismo, aunque expresado de distinta manera”. Y “cuando tengas un éxito, da las gracias a la gente por las cosas que probablemente no hicieron. Se considerarán partícipes en el triunfo y no dejada al margen.” O “nunca recuerdes a las gentes que les has hecho un favor. Déjales creer que fueron ellos los que consiguieron las cosas por sus propios méritos. La gratitud es una carga muy pesada que pocas personas pueden soportar”. También decía: “La preocupación es debilidad, y la serenidad es fuerza.”

La reina Federica fue una gran pensadora y tenía su punto de vista respecto a los tiempos que estamos viviendo actualmente de crisis de valores e ideales nobles reflejados en el arte: “El verdadero arte debe descender desde la Divinidad hasta el artista y rozar con su aliento al espectador. El verdadero arte tiene como misión elevar el espíritu de los hombres, no rebajarlo y confundirlo. El poeta dijo: La Belleza es la Verdad. Cuando el mundo haya vuelto a encontrar un punto de referencia aceptable desde el que sea capaz de llevarnos hacia una nueva y saludable visión de la vida, creo que surgirá una nueva Edad de Oro para la música, la pintura, la escultura y la poesía.”

El matrimonio tuvo tres hijos, Sofía (actual reina de España); Constantino (fue rey de Grecia durante un tiempo) e Irene (princesa de Grecia). Los cinco formaron una familia muy unida, como declarara un amigo: “Lo que más me gusta de vuestra familia es que todos estén tan orgullosos unos de otros y que cada uno trate de destacar los éxitos de los demás” 

Durante la última etapa de la enfermedad del rey, Doña Federica sufrió un bache importante, con unas enormes ganas de fallecer antes que él. En sus memorias relata un mensaje recibido de lo Invisible, como así lo llama, muy claro de advertencia en el que le decían: “Si destruyes tu forma, piensas una mentira. Tu ser es uno con el de él, cuyo ser no es su forma. Piensa como es debido. Sé lo que no ves, y lo que serás cuando su apariencia haya desaparecido.”

El rey Pablo de Grecia murió tras haber sido operado de cáncer pocas semanas atrás. Tuvo un final sereno y con paz. La descripción que hizo de su experiencia es calcada a los numerosísimos casos de ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte) recogidos por grandes investigadores de prestigio mundial. Quiso estar consciente en todo momento junto a sus seres queridos en los momentos finales. Rechazó calmantes y sedantes pues prefirió estar lúcido junto a su familia.

La tarde del 4 de marzo describió a su esposa lo que estaba viendo: “Creí que me había ido ya… Todavía me siento muy lejos. Cuesta acostumbrarse… Debo haber estado completamente al otro lado…” Más tarde añadió: “Esto es increíble. He tenido la visión de un camino largo y oscuro, al final del cual brillaba una luz resplandeciente. Da una maravillosa sensación de paz y bienestar. Es una gran elevación espiritual, como acercarse mucho al Cielo. Esa es la verdadera Sagrada Comunión”. Concluyó diciendo: “Si, ahora lo comprendo todo. Es la Verdad. Es el tiempo más maravilloso de nuestra vida”

El 6 de marzo de 1964, mientras escuchaban “La Pasión según San Mateo” de Bach, una de sus obras favoritas el monarca hizo un último comentario: “Todavía veo la Luz. Ahora es mucho mayor y la paz se va intensificando. Ya podemos irnos”. Cerró los ojos y expiró dulcemente. Este fue su final, seguramente el premio a una vida entregada a su tarea de servir y ayudar a sus semejantes.

Todo un ejemplo a seguir en estos momentos de confusión y de falta de rumbo. Unos monarcas que supieron asumir sus responsabilidades dentro de unos cauces morales y espirituales, aprovechando su posición privilegiada para poder hacer el mayor bien posible, cumpliendo con una misión sagrada como así lo veían.

Sirva de pequeño homenaje este artículo para recordar en su aniversario a un gran Rey que ayudó sobremanera a sacar del atraso, de la pobreza y del ostracismo a su país, siempre con el soporte de una familia que supo estar a la altura de las circunstancias.

Redacción

Grupo Villena

Bibliografía: “REINA FEDERICA DE GRECIA.- MEMORIAS”

 

 

UNION Y SOLIDARIDAD

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UNION Y SOLIDARIDAD

En el devenir de la vida vamos descubriendo realidades en la medida que experimentamos y observamos; sin embargo, la mayoría de ellas nos pasan desapercibidas ante el nivel de conciencia que todavía estamos muy lejos de haber desarrollado. Las causas principales que lo motivan pueden ser la falta de autoconocimiento, el no tener claro un rumbo y en consecuencia el dejarnos llevar por las corrientes que nos circundan, envuelven y arrastran.

Podemos sentirnos seguros por que pertenecemos a un grupo espiritual, con unos ideales y unas intenciones elevadas. No obstante el camino lo debemos de recorrer por nosotros mismos. Las ideas, los estudios, los momentos vividos en el centro donde nos reunimos nos pueden transmitir algo de fuerza que nos ayude, pero esto no es el todo.

Por lo tanto, el primer paso a realizar para vivir con mayor plenitud en el grupo espiritual al que pertenecemos es identificarnos e implicarnos plenamente con sus ideales. Anteponiendo el fondo (lo que realmente importa y trasciende) sobre la forma (ideas pasajeras, circunstancias del momento, etc.).

A partir de ahí se abre un mar de posibilidades así como de obstáculos. Posibilidades, pues es mucho lo que podemos hacer tanto para los demás como para uno mismo. También obstáculos, porque nuestras deficiencias morales no tardarán en aparecer y crearán dificultades que se unirán a las de nuestros compañeros que pondrán en riesgo la armonía y el equilibrio del conjunto. Si, efectivamente, son procesos complicados pero necesarios; nadie ha dicho que sea fácil cuando se asume la responsabilidad de, no solo estudiar conjuntamente, sino también de buscar espacios necesarios de convivencia que nos permitan conocer a los otros y conocernos mejor. Con el coraje de asumir nuestras realidades ante las taras morales que se manifestarán ante las situaciones que se propiciarán en dichas convivencias.

Si nos limitamos exclusivamente a las clases teóricas, al estudio y no dejamos espacios para la fraternidad sentida y vivida, poco podemos avanzar en el camino espiritual. En palabras de Divaldo Pereira: “La mente puede estar iluminada por el conocimiento, pero si el sentimiento no está centrado en el amor, será vano todo ese conocimiento”.

Para que ese amor se manifieste hace falta voluntad, interés por el otro. Conocernos unos a otros, comprender, tolerar, respetar, ayudando a crear un clima espiritual en nuestro centro para que la gente que la frecuente se sienta feliz, en armonía; y para que las personas que lo visiten por primera vez perciban un ambiente familiar, de verdadera fraternidad; posteriormente llegarán los conocimientos, etc.

Pero la primera imagen, el impacto, por así decirlo, que las personas se deben llevar es de paz y armonía. A partir de ahí las ideas son secundarias puesto que los temas a tratar, los comentarios, los detalles se pueden olvidar con el tiempo, sin embargo, las impresiones y las sensaciones se quedan grabadas en la memoria. No se trata de aportar sólo buenas palabras o regalar un libro. De nosotros depende proyectar una buena o mala imagen de la doctrina espírita, con las consecuencias que ello conlleva. Efectivamente, es mucha la responsabilidad. No podemos quedarnos con los atavismos del pasado y trasladar la herencia religiosa de antaño, es decir, buscar un momento a la semana para “reconciliarse con Dios”, para después olvidarnos de las personas que hemos tenido alrededor, pensando sólo en uno mismo y en nuestra propia “salvación”. Un grupo espiritual de ideales elevados exige algo más.

Estamos convocados a colaborar en la gran “causa” que por otra parte no es nuestra, forma parte de una planificación realizada hace siglos y que culminó con la doctrina espírita, para que viviésemos la moral evangélica en su plenitud. El conocimiento que es horizontal nos aclara y nos facilita el camino, pero el verdadero recorrido, la gran vertical es de caridad y de amor.

No podemos nadar entre dos aguas, llega la hora de la definición interior, aquella que parte de la conciencia, sin máscaras y que no tiene testigos. Partiendo del auto-compromiso de trabajar en la obra del Maestro desde nuestra extraordinaria pequeñez, para demostrar a la sociedad que vivir en valores y seguir a Jesús no es una quimera fanática ni mística, tampoco es excluyente de nadie, y sobre todo que cualquiera que se lo proponga, con buena voluntad y cargando con su cruz puede conseguirlo. Para ello hacen falta escenarios y espacios adaptados para tal efecto.

Debemos concienciarnos, vivir en verdadera fraternidad para aportar todo el amor de que seamos capaces a todos aquellos que nos lo pidan. Por usar un símil, sería algo así como un “grupo de protección civil” que se ha ido preparando y coordinando pacientemente, con verdadero esmero durante un tiempo para que, llegado el momento y sin desbordarse, atender a cuantas necesidades le vayan llegando. Hemos oído muchas veces: “La doctrina espírita es el Consolador Prometido”. Pues bien, la pregunta sería: ¿consolador de qué? ¿El consuelo de la razón o del corazón? Pensemos en ello.

Sin duda no se trata de una especie de autoservicio a conveniencia; tampoco se trata de amoldarlo a nuestros intereses particulares. Ser espírita es algo mucho más profundo que nos compromete y nos conecta unos con otros.

Observemos como hoy en día cada vez hay menos líderes en el mundo, prácticamente ya no existen. Desde nuestro punto de vista el motivo es bien claro. Sin menospreciar la identidad ni el trabajo personal; la sociedad necesita ejemplos colectivos de solidaridad y no de capacidades individuales. Demostraciones en donde la fuerza de la unión, de las cualidades personales al servicio del prójimo; renunciando a nuestros egos, formando una verdadera familia espiritual, aportando y no compitiendo, tolerando y no juzgando, comprendiendo y respetando. Esa es la tarea de hoy.

 No nos engañemos con espejismos que con el tiempo nos puedan llevar a la frustración o al fracaso. Tenemos los mimbres para triunfar; los conocimientos, los espacios en donde reunirse y compartir, la buena voluntad, los deseos de trabajo. Todo ello es garantía de éxito. Caminar juntos en los tiempos que nos han tocado vivir es pues una necesidad existencial, fundamental en nuestras vidas. No podemos dejar escapar esta oportunidad. Nuestro compromiso no es espontáneo o casual, obedece a lazos creados en el pasado para la consecución de unos objetivos muy claros, cuya finalidad consiste en el rescate de deudas del pasado y ascender un poquito más en el empinado camino hacia lo Alto.

José Manuel Meseguer Clemente
© 2014 Amor, paz y caridad