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DIOS: FUERZA CREADORA

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El tema de Dios como concepto o idea resulta tan complejo como necesario, a pesar de las enormes limitaciones que tenemos como seres humanos, puesto que forma parte de nuestra naturaleza, de nuestra esencia más profunda, aunque algunos  intenten desdeñarlo o vivir de espaldas a el.

Mucho se ha escrito y hablado sobre el tema, así como las ideas recogidas desde la antigüedad por los grandes filósofos y pensadores, como es el caso de Aristóteles, Platón o Sócrates, entre otros. También como es natural, las grandes religiones, consecuencia de las enseñanzas de los grandes avatares de la humanidad, han manejado, conceptos, definiciones; aproximaciones mas o menos certeras, de lo que cada una interpretaba o conceptuaba sobre ese algo que denominamos Dios.

Existe un axioma que nos dice: “tratar de definir algo es una forma de limitarlo”; sobre todo cuando hablamos de elementos, por así decirlo, tan  amplios y profundos que no podemos medir ni tocar. Tampoco podemos caer en el error de confundir el ser con sus atributos.

Desde que el hombre existe, la intuición vaga sobre algo superior que nos rige y nos conduce, ha sido una constante vital en todas las épocas. Del mismo modo, a través de las distintas edades y culturas de la humanidad, el concepto de Dios ha ido evolucionando paulatinamente hasta nuestros días, paralelamente a la evolución del pensamiento humano. Comenzando por la idea muy remota en el tiempo, de asociarlo con las fuerzas de la naturaleza, es decir, aquello que no era capaz de controlar o dominar; proyectando sus miedos producto de la ignorancia en un Dios iracundo, caprichoso, al que se le debía de satisfacer para que estuviese contento o tranquilo. Los fenómenos de la naturaleza, como son erupciones volcánicas, terremotos, sequías prolongadas, ciclones, etc., que perturbaban la tranquilidad y eran causa de muertes, hambrunas, etc., a veces masivas, eran considerados como un castigo divino, señales inequívocas de que algo no se estaba haciendo bien.  De tal forma que muchos pueblos se veían en la obligación de hacer algo, algún tipo de sacrificio para aplacar la ira o la disconformidad del todopoderoso, simbolizado en una o varias deidades que lo controlaban todo.

Por tanto, el concepto de Dios ha estado asociado, prácticamente hasta nuestros días, con la idea de un ser antropomórfico, adaptado a nuestra idiosincrasia; en definitiva, a un estereotipo  producto de nuestras limitaciones e ignorancia. De ello no tuvieron la culpa los grandes maestros espirituales de la humanidad, sobre los que se asentaron las diferentes religiones que existen hoy día. El problema, como comentábamos anteriormente, residía en la tergiversación de las enseñanzas de sus mentores, en las interpretaciones limitadas de los hombres, transfiriéndolas a la cultura religiosa de los diferentes pueblos.

Nos ocuparemos brevemente en el maestro de maestros,  el ser más perfecto que ha pisado la Tierra como fue Jesus de Nazaret. El hablaba de un solo Dios creador del cielo y la tierra, pero sobre todo, de un Dios de amor. Además nos dejo un mandamiento fundamental: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo”

Como podemos observar, colocaba en primer lugar, como prioridad absoluta, el amar a Dios; lógicamente no podemos amar aquello que tememos o que no comprendemos. Por tanto, la primera obligación del ser humano es la de esforzarse por comprenderlo para poder amarlo.

No nos vamos a detener en cuestiones filosóficas respecto a las cualidades del Creador, salvo el mencionar que solo puede ser infinito, increado, y con todos los atributos de omnisciencia, omnipresencia, etc. La lógica nos indica que si le faltase algo ya no se podría considerar como el verdadero Dios, porque para serlo ha de encerrar todo tipo de perfecciones posibles.

Invariablemente la primera pregunta que nos viene a la cabeza es obvia; ¿como podemos comprender algo que es tan grandioso e infinito cuando nosotros estamos tan limitados todavía? Pues bien, sencillamente por los resultados de su obra, leyendo en el libro de la vida, donde se plasma la armonía perfecta, la gran sabiduría  que existe en todos los reinos de la naturaleza: mineral, vegetal, animal y hominal, para que se produzca una evolución progresiva.

Para poder llegar a las conclusiones anteriormente expuestas, necesitamos eliminar prejuicios, ensanchar nuestra conciencia, comprender la grandeza a través de el universo creado por El. Nuestro mundo es un granito de arena en una inmensa y vasta playa. No podemos concebir a estas alturas, en pleno siglo XXI que Dios creó una playa (Universo) para acompañar a un solo grano (planeta Tierra); esto sería absurdo y a la altura de viejos conceptos ya superados. “En la casa de mi Padre hay muchas moradas”, decía el Maestro. La ciencia astronómica moderna nos habla de miles de millones de galaxias en el Universo observados por los potentes telescopios, que nos acercan cada vez más a una realidad incontestable. El sentido común nos indica que Dios no ha podido crear algo sin una utilidad, sin una finalidad concreta, otra cosa es que todavía no alcancemos a comprender plenamente.

Con seguridad, la mejor definición del Todopoderoso que más se aproxima a la realidad y a la que hacían referencia, como decíamos, los grandes avatares de la Humanidad, es la que nos transmiten los propios espíritus en las informaciones recogidas en la codificación espirita de Allan Kardec. Cuando preguntaba qué es Dios, le responden: “Es la inteligencia suprema, causa primera de todas las cosas” Observemos bien la pregunta, no dice quien es.., sino qué es. Posteriormente vuelve a indagar: ¿Dónde puede encontrarse la prueba de la existencia de Dios? A lo cual responden: “En un axioma que aplicáis a vuestras ciencias: no hay efecto sin causa. Buscad la causa de todo lo que no es obra del hombre, y vuestra razón os responderá”

Por otro lado, hablar del origen de la vida consecuencia del azar o la suerte es una quimera, o dicho de otro modo, del caos o la nada no puede surgir algo con sentido. Por tanto, a poco que estudiemos y observemos, nos daremos cuenta de que el Universo esta inmerso en un programa evolutivo cuyas leyes son perfectas. De tal forma que el objetivo existencial del ser humano consiste en la adquisición y elaboración de una conciencia mas plena; desarrollando valores espirituales, transmutando las preferencias materiales por otras más trascendentes que nos sensibilicen, aquellas que nos transmiten la claridad suficiente para comprender mejor nuestra realidad espiritual, acercándonos, sin ninguna duda, a una mejor comprensión del Creador a quien se lo debemos todo.

Cuando seamos capaces de transformar la incomprensión y la rebeldía en sumisión consciente a la voluntad del Padre, al valorar que El tiene un programa de amor y progreso  establecido para nosotros, transmutando la indiferencia e inconsciencia en gratitud, apreciando lo que tenemos, considerando la vida como una preciosa oportunidad que nos va a permitir caminar hacia la felicidad, si la sabemos aprovechar. Todos estos elementos y muchos otros, a poco que reflexionemos, nos darán una idea más aproximada del significado profundo que tiene el Dios Padre. Aquel que generosamente nos brinda la oportunidad de crecer, comprenderle, amarle y respetarle, haciéndonos participe de su grandeza, de su obra.  Incluso, llegado el momento, colaborando con El. En un recorrido evolutivo que nos impulsará hacia la perfección, algo que nos debemos de ganar con el propio esfuerzo, pero que invariablemente, más pronto o más tarde tendrá que llegar.

José M. Meseguer

© 2015 Amor, paz y caridad

MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO

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Hay muchos momentos en la vida del Maestro que han dejado una huella imborrable, de gran enseñanza y motivo de análisis y meditación para todos los que se afanan en buscar y comprender. El momento sublime, muy conocido, del diálogo entre Pilatos y Jesús también ha trascendido a todas las épocas. Este hecho marca claramente la diferencia radical entre los intereses y motivaciones del procurador romano y el Sublime Maestro.

Trasladándolo a nuestra época observamos su total vigencia y nos encontramos con la disyuntiva entre aquellos que se afanan en buscar su reino en la tierra: centrados exclusivamente en lo material, sin pensar en el porvenir y darle un sentido superior a sus vidas; de aquellos que buscan la Vida Mayor; en sembrar hoy para recoger mañana, atendiendo las necesidades materiales pero sin que ello sea el foco principal de atención existencial; también buscando, analizando las respuestas a las preguntas trascendentes de la vida que enriquecen y amplían el horizonte del ser.

O dicho de otro modo, podemos decir que existen básicamente dos tipos de seres humanos. El hombre fisiológico y el hombre psicológico. El primero vive casi exclusivamente para cubrir sus necesidades como son el comer, dormir, practicar sexo, gozar. Predomina la parte sensorial sobre todas las demás. En el segundo caso, también cubre, como es lógico, sus necesidades básicas pero, sin embargo, actúa a través de la razón. Tiene tendencia a la búsqueda de ideales superiores que le den un sentido a su vida pues intuye que no hemos venido al mundo porque sí. Son sensibles al arte, la belleza y a cualquier manifestación intelectual que despierte emociones superiores.

Al mismo tiempo, el ser humano recibe constantes invitaciones al cambio de orientación existencial, es decir, hacia una propuesta superior. Las recibimos constantemente desde todos los ángulos de la vida: científico, filosófico, mediúmnico, etc.

La obra El Cielo y el Infierno de Allan Kardec, recoge, además de valiosos análisis filosóficos sobre la vida después de la muerte, desmitificando dogmas; ejemplos valiosísimos sobre las consecuencias que experimentan los espíritus después de su desencarnación, en función de cómo fueron sus vidas.

Resumiremos un caso recogido en dicha obra que resulta bastante significativo: Adelaide-Marguerite Gosse. Niña muy pobre que a la edad de 11 años entró a servir a unos ricos ganaderos de una pequeña población en Normandía (Francia). Unos años después, unas fuertes inundaciones provocadas por la crecida del rio Sena ahogaron prácticamente todas las cabezas de ganado. Un golpe que unido a otros contratiempos provocaron la caída en desgracia de esta familia. La joven Adelaide, venciendo su egoísmo y en un gesto de generosidad sin igual, les entregó, a sus señores, quinientos francos que eran todos los ahorros de su vida. Continuó, mientras tanto, al servicio de estas personas sin cobrar paga alguna hasta la muerte de los dos, unos años después. Nuestra protagonista, encontró trabajo en las labores del campo y se casó con un hombre que también trabajaba, los dos decidieron acoger a una hija del matrimonio malogrado, ya que había quedado viuda y sin recursos. Pues bien, fue como una más de la familia, la continuó llamando como “mi ama” hasta su desencarnación cincuenta años después. El gesto y comportamiento de esta mujer sencilla, abnegada y extraordinaria llegó al conocimiento de las autoridades locales que la homenajearon hasta el momento de su desencarnación.

Evocada en la Sociedad Espiritista de Paris, a finales de 1861, explicó su caso. El motivo de una vida tan sacrificada y de renuncias no se debía a faltas pasadas, sino a que en sus dos últimas vidas había sido una mujer rica, a quien hacer el bien, practicar la caridad, no le suponía sacrificio ni apenas trabajo. A su vuelta al mundo espiritual comprendía que el progreso realizado era ínfimo, muy pequeño. A partir de ese momento se planteó una empresa mayor, un sacrificio sublime para el que se preparó concienzudamente y con la inestimable ayuda de muchos espíritus superiores que le ayudaron y orientaron. El resultado fue exitoso para ella, la misericordia divina le había recompensado con creces y su elevación espiritual había mejorado considerablemente. Preguntada sobre su posición respecto a sus “amos”, estos la veían a ella como a un ser muy superior.

Por tanto, a raíz de este breve ejemplo que hemos expuesto y que se puede encontrar en la inestimable obra del maestro Kardec, podemos reflexionar y preguntarnos: ¿Dónde está el verdadero reino de Dios?, ¿Al espíritu libre y con un cierto grado de conciencia le preocupa la posición que ocupará en la tierra provisionalmente o la vida futura? ¿Merecen la pena los sacrificios si posteriormente la recompensa es enormemente gratificante? Pensemos en ello.

Paralelamente, y volviendo a la época actual encontramos en el campo científico, investigaciones y experiencias que definen la realidad espiritual en el que vivimos, ya no sólo es una cuestión filosófica o religiosa, sino que llega mucho más allá. Empezando por las investigaciones de la doctora Elisabeth Kübler-Ross con los moribundos, enfermos terminales que le relataban sus vivencias, entremezclándose los dos planos y narrando aquellas cosas maravillosas que eran capaces de percibir, así como una sensación de paz y armonía que les envolvía. También el doctor Raymond Moody con sus trabajos de investigación y su bestseller “Vida después de la Vida”, del que se han vendido millones de copias en todo el mundo.

Mucho más reciente la experiencia, casi mística del neurocirujano, profesor en Harvard, Eben Alexander. Durante una semana estuvo en coma provocado por una meningitis en el año 2008. Se recuperó milagrosamente y narró una experiencia vivida fuera del cuerpo durante todo ese tiempo. Había sido hasta ese momento un científico de corte tradicional, materialista, y encuadrado en los esquemas del rigor académico establecido. Esta experiencia le cambió radicalmente su vida y en la actualidad se dedica a divulgar básicamente que: “La vida continúa. La experiencia en el plano físico es temporal y debemos prepararnos para un futuro mejor”. Su obra “La prueba del cielo” también es un bestseller en todo el mundo.

Por lo tanto, y cómo podemos comprobar, las palabras inolvidables del Maestro: “Mi reino no es de este mundo” se han ido consolidando con el paso del tiempo en las conciencias de los hombres de buena voluntad. La humanidad ha podido comprobar las dos fuerzas que se contraponen; es sembrar hoy para recoger mañana. No centrarse exclusivamente en acumular dinero ni poder, puesto que todos esos elementos que tanto fascinan, son instrumentos pasajeros cuyo objetivo es hacer el bien a los demás, y por tanto, nos pueden elevar o hundir. Sepamos pues elevarnos con nuestro esfuerzo y trabajo para que cuando llegue la hora de la cosecha, cuando volvamos a nuestra patria espiritual, podamos disfrutar del verdadero reino de Dios que envuelve y vitaliza todo el universo.

José M. Meseguer
© 2015 Amor, paz y Caridad

EL CONOCIMIENTO ESPIRITUAL

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En el Evangelio según el Espiritismo, uno de los pilares de la codificación desarrollada  por Allan Kardec, encontramos una afirmación contundente del que se hace llamar el “Espíritu de Verdad”: ¡Espiritistas! Amaos: he aquí el primer mandamiento; instruíos: he aquí el segundo.

En esta ocasión nos vamos a centrar en el segundo aspecto, el conocimiento; pues ambos: la moral y la instrucción son complementarios y necesarios para el desenvolvimiento del ser en el devenir de la evolución, aunque en las primeras etapas raramente caminen a la par.

Un conocimiento que cuando va acompañado de un trabajo interior nos amplia los horizontes, la visión de las cosas, al mismo tiempo nos capacita para entender mejor a las personas y la forma de ayudarlas.

No debemos confundir el conocimiento con el discernimiento. Sobre todo, cuando hablamos de ideales espirituales, creencias o de fe; el buen discernir va unido a un trabajo previo y a unos hábitos saludables de razonar, desgranar, remontarse a los orígenes de la cuestión para encontrar la solución, la explicación convincente y sin fisuras que nos permita convencernos de algo, no sólo porque lo hallamos leído o escuchado, sino porque consideramos que, tras informarnos del tema y analizarlo detenidamente y desde todos los ángulos, con sus pros y sus contras, llegamos a conclusiones que pasan a convertirse en sólidas convicciones.

Todos hemos conocido en algún momento a personas con carisma. Cuando estas personas hablan, arrastran por sus convicciones profundas, su sinceridad y emotividad. Saben lo que quieren, sus limitaciones no las consideran infranqueables, no obstante, están convencidos de que los resultados llegarán más pronto o más tarde. También son conscientes, si el orgullo no les traiciona, del largo camino que les falta por recorrer, pero esto no les desanima, al contrario, les supone un estímulo añadido para seguir trabajando. En pocas palabras, recogen con entusiasmo el conocimiento espiritual para, primero comprenderlo y en segundo lugar aplicarlo a sus vidas, contagiando a los demás.

Paralelamente, también  proliferan aquellos que estudian pero no comprenden, tienen conocimientos pero no los incorporan a sus vidas. Incluso en algunas instituciones espiritualistas, con toda la buena intención, aplican métodos pedagógicos ya superados, no dejando espacio a la creatividad, al discernimiento del individuo, puesto que aquello que se inculca a través de sus programas es catalogado como definitivo, fomentando un aprendizaje pasivo y poco participativo. De ahí provienen las dificultades que surgen en el tiempo,  para incorporar nuevos conceptos que tratan de abrirse paso, para enriquecer y ampliar lo ya conocido.

No hay que olvidar que no está todo dicho, empezando por los grandes avatares de la historia, que hablaron en un  determinado momento para un pueblo y para una época. Existen muchos aspectos del saber espiritual por explorar. La vida supone evolución, descubrimiento, y la luz se abre camino despacio pero paulatinamente, a medida, que el hombre va superando barreras y se capacita para entender nuevas verdades, sobre todo cuando hablamos de aspectos espirituales.

Tiempo hubo a lo largo de la historia, al tutelaje espiritual por parte de las autoridades religiosas que marcaban un camino, siendo los intérpretes y mediadores entre las sagradas escrituras y el pueblo llano, algo impensable hoy día en los pueblos civilizados.

También existía y todavía sigue existiendo un cierto fanatismo con dichas obras sagradas, tomando al pie de la letra sus enseñanzas sin mediar razonamiento, olvidando aquel viejo axioma que dice: “la letra mata y el espíritu vivifica”. Formas, en definitiva, de entender el desarrollo espiritual del ser humano que marcaron una época y una mentalidad, pero que ya no tienen sentido hoy día, en pleno siglo XXI.

En definitiva, hemos de ser auténticos, no dejándonos arrastrar por nada ni por nadie. Con el afán constante por aprender, por descubrir nuevas realidades que desconocemos. Estudiando y reflexionando las grandes obras, el legado de los grandes maestros; al mismo tiempo, estudiándonos a nosotros mismos, tratando de encajar dichas verdades en nuestras vidas, en nuestra forma de pensar, de afrontar los problemas-reto como una oportunidad de crecimiento y maduración. Por tanto, el verdadero camino hacia la sabiduría es la de aquel que estudia y se estudia (el auto análisis).

Esto último es fundamental; reflexionar sobre nuestra vida y los caminos por donde transitamos. Si el conocimiento espiritual es importante, no menos lo es el conocimiento interior, aquel que nace de la propia experiencia, de lo aprendido en el devenir de las pruebas y acontecimientos de la vida. Personas hay, sencillas, de origen humilde, sin grandes conocimientos, quizás porque la vida no les ha dado oportunidad para ello, sin embargo demuestran una sabiduría superior, un conocimiento del alma humana extraordinario; de ese saber, como se suele decir, que no esta escrito en los libros.

Por tanto, todo requiere trabajo; no nos podemos conformar con lo que sabemos. La adquisición de buenos hábitos como son: la lectura, el estudio y análisis, el diálogo constructivo con personas afines a nuestras ideas, incluso con aquellas que no piensan como nosotros; de todos podemos aprender algo y enriquecernos.

También es fundamental, tratándose de un conocimiento espiritual, aplicar en nuestras vidas aquello que vamos aprendiendo. Unas ideas, aunque sean debidamente razonadas, si no se aplican, son estériles, como comentábamos al principio.

En otro orden de cosas, recordar que estamos viviendo un momento crucial para la humanidad. Estamos inmersos en un gran cambio de ciclo, en donde los entorpecimientos del presente serán eliminados, para dar paso a nuevas oportunidades de progreso, en cuanto la gran transición haya sido completada. No podemos perder el tiempo en futilidades ni en ideas vacías que no nos lleven a ninguna parte. El tiempo es oro y debemos de aprovecharlo. Hemos, pues de acertar en los caminos por donde queremos transitar y elegir el conocimiento, el estudio de aquello que nos haga más conscientes, más libres.

Para ello se requiere esfuerzo y trabajo. El saber no llega llovido del cielo. Hay que prepararse bien en todos los aspectos, sobre todo en la vertiente moral que es lo más urgente, pero sin descuidar el estudio, el análisis que nos abra nuestro campo de visión y nos enriquezca, nos sirva para ampliar un horizonte lleno de posibilidades.

José M. Meseguer

2015 Amor, paz y caridad

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Quien no añade nada a sus conocimientos, los disminuye.

El Talmud

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YO NO HE VENIDO A DESTRUIR LA LEY

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El Maestro Jesús no vino a destruir la ley sino a confirmarla con sus obras y sus enseñanzas. Partió del mensaje de Moisés, y a partir del mismo, lo fue filtrando para adaptarlo a los nuevos tiempos. Tuvo la necesidad de hablar en parábolas y alegorías pues no existía otra forma, salvo en contados casos, de hacerse entender a las gentes sencillas y humildes; también para que su mensaje perdurara y no quedara expuesto a falsas interpretaciones. Estableció puentes entre las viejas creencias y la Buena Nueva, sustituyendo, por ejemplo, la idea del “ojo por ojo y diente por diente” por el perdón y transformando un Dios iracundo, vengativo,  por un Dios misericordioso, de amor y bondad.

Redujo las leyes conocidas a una sola por excelencia, y que resume todas las demás: “Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” y añadió: “Esta es toda la Ley y los Profetas”.

En pocas palabras, estableció un nuevo paradigma, una renovación necesaria para la época, a sabiendas de los muchos obstáculos que encontraría en el camino para su implantación, aceptación y maduración; una travesía que todavía hoy perdura.

Bien sabemos, como nos narra la historia, que un tiempo después, el cristianismo pasó de ser perseguido a perseguidor, de tal forma que el poder temporal: político y religioso, unido por intereses y ambiciones comunes, asimilaron las nuevas creencias cristianas a las viejas ideas paganas, para que la transición hacia una nueva religión no supusiera un cambio brusco, un choque inasumible contra la tradición. Aquellos que no comulgaban con los postulados que se fueron estableciendo en los diferentes concilios y sínodos, eran perseguidos, anatematizados y condenados si llegaba el caso. Se rechazaron las ideas que eran contrarias a los intereses del poder temporal, entre ellas, la ley de la reencarnación y la de causa y efecto; aceptada y asumida por los primeros cristianos, siendo la pieza básica que explicaba la justicia de Dios, el verdadero sentido de la vida, su porqué y para qué. Pues bien, fue excluida porque atentaba contra los intereses de una jerarquía privilegiada. La nueva clase sacerdotal necesitaba ministros de Dios pero no por méritos propios. Eran personas con un don otorgado por la iglesia, con poder para perdonar los pecados y hacia quienes se les debía obediencia ciega y sumisión por parte del pueblo.

Los evangelios fueron revisados y manipulados para adaptarlos a su conveniencia, no obstante, lo fundamental del mensaje ha permanecido inalterable hasta nuestros días.

A partir de ese momento, el mensaje del Maestro se convirtió, salvo algunas excepciones, en un culto exterior bien programado. El evangelio quedó oculto al vulgo, sólo accesible a los representantes religiosos privilegiados y en lenguas no vulgares.

Como podemos comprobar; atravesó la obscuridad de los tiempos, de la ignorancia, las pasiones y la incomprensión. Grandes misioneros, enviados por Él acudieron al rescate, nadando contracorriente, buscando con su sufrimiento la renovación, el avance espiritual. Muchos fueron censurados y perseguidos; otros torturados y quemados en la hoguera para posteriormente, con el paso del tiempo, ser elevados a santos. Algunos ejemplos: Juana de Arco, Juan Hus, William Tyndale, Teresa de Avila, etc.

Hacía falta que pasaran varios siglos  e innumerables dificultades para que el germen de las ideas cristalizase en una nueva alborada. Los avances científicos demostraban, cada vez con mayor claridad, que la biblia no era un libro al que hubiera que interpretar de un modo literal. Entonces surgió el Consolador Prometido por Jesús, el espiritismo llenó ese inmenso vacío que necesitaba ser renovado con nuevas ideas; con el mismo mensaje moral del maestro Jesus, pero explicado con claridad, sin reservas. Por tanto, fue el propio mundo espiritual, por iniciativa propia, el que eligió la segunda mitad del siglo XIX para empezar a verter un caudal de informaciones, a través del vehículo de la médiumnidad en sus diferentes modalidades, para su estudio y análisis.

Invariablemente, hoy día no tenemos excusas, no podemos alegar ignorancia o falta de medios. El conocimiento espiritual nos abre las puertas a la comprensión de las leyes espirituales, por tanto, no es rechazar unas para asumir otras, puesto que las leyes universales son imperecederas e inmutables. Por tanto, El no vino a destruir algo que pertenece a  Dios sino a confirmarlo.

Desde otro punto de vista, el mensaje: “Yo no he venido a destruir la ley”, tiene otras lecturas no menos importantes. Desde un punto de vista psicológico, representa la aceptación de un compromiso, de un cambio interior para armonizarse con las leyes universales, trascendiendo las leyes humanas y su transitoriedad para aceptar un compromiso vital, sin generarse un conflicto producto de la rebeldía.

Nada de lo que nos ocurre nos puede hacer daño si nosotros no se lo permitimos. Elementos como el perdón, la renuncia, el amor incondicional, la compasión; son conquistas a las que aspiramos a conseguir cuando adquiramos suficiente conciencia del ser. Cuando estemos provistos de la suficiente voluntad para coger cada uno su cruz y seguir al Maestro, sin distracciones, sin excusas, de un modo incondicional; tal y como en un momento determinado de las vidas de algunos personajes de la historia realizaron. Despojarse del hombre viejo por el nuevo hombre, renovado y lúcido. Ahí están los testimonios de un Francisco de Asís, San Agustín, Pablo de Tarso, etc.

Por tanto, esa es la gran propuesta. Pero para asumir algo primero hay que comprender bien, analizar, estudiar dichas leyes, comprobando su lógica para luego realizar un análisis de nosotros mismos. Como rezaba un viejo adagio colocado en el frontispicio del templo de Delfos: “Si quieres salir del abismo, conócete a ti mismo”. A partir de ahí viene el verdadero trabajo, adaptarse al molde divino del amor a través de la transformación moral, sustituyendo viejos hábitos por nuevos, aprendiendo a actuar en lugar de reaccionar, a pensar en los demás antes que en uno mismo, a no juzgar sino a comprender, alejando definitivamente los complejos de inferioridad o de culpa, sustituyéndolos por sentimientos de gratitud, confianza y alegría por vivir.

Esta es, en definitiva, la gran propuesta. En estos momentos tan convulsos de la sociedad nos hace falta, más que nunca, retomar el mensaje para recuperar la serenidad perdida, el sentido trascendente de la vida que nos permita caminar con paso firme y seguro, en dirección hacia quien nos guía y nos espera siempre, con su mensaje de amor que trasciende todos los tiempos.

José M. Meseguer

© 2015 Amor, paz y caridad

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“Todos los objetivos de la Buena Nueva que Él trajo se centran en el futuro del espíritu, en su emancipación total, en su incesante búsqueda de Dios. Tornándose el Camino, la Suya es la Verdad que conduce a la vida, a la plenitud, al acopio de sabiduría y de amor”

Extraído de la obra Jesús y el Evangelio; psicografiado por Divaldo Pereira; espíritu Joanna de Ângelis.

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BÚSQUEDA DE LA VERDAD

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Todo ser humano tiene el deseo intimo, innato, de la búsqueda incesante de la verdad, en un afán por encontrar respuestas que le de un sentido a la vida. Sin embargo, las circunstancias evolutivas; en una palabra, nuestro atraso espiritual, hace que nos resulte más fácil y cómodo dejarse arrastrar por las corrientes del materialismo o seguir el curso de algunas religiones tradicionales sin grandes reflexiones o planteamientos.

Sin embargo, en algún momento de nuestra evolución podemos sentir que lo conocido mayoritariamente, en un sentido u otro ya no es suficiente. Nos surge entonces una inquietud, un afán por buscar respuestas donde otros ni tan siquiera se lo plantean. Queremos saber, explorar la realidad para salir de los automatismos, de las tradiciones. Entonces es cuando nos lanzamos a buscar.

En otros casos son los golpes de la vida los que nos arrebatan el equilibrio, la tranquilidad psicológica y emocional. Por ejemplo; una enfermedad preocupante, la pérdida de un ser querido, los cambios bruscos de fortuna, etc. Son situaciones que nos ponen alerta y nos hacen replantearnos la vida, forzados por las circunstancias.

Muchas veces buscamos, si, pero una verdad que se acomode a nuestros gustos y preferencias; leemos, escuchamos, pero interpretamos en función a la experiencia y al bagaje acumulado a lo largo del tiempo. De algún modo satisfacemos, en parte, una inquietud interior, pero muchas veces ese conocimiento lo llegamos a redireccionar sin darnos cuenta, adaptándolo a nuestra forma de pensar tradicional y nuestros hábitos.

Nos podríamos preguntar: ¿Cómo podemos ser fieles a una Verdad si nosotros somos tan imperfectos? ¿Cómo podemos saber si vamos por el camino correcto, sin caer en la amenaza del error o el fanatismo?

Esta claro que nadie es perfecto. Tenemos la asistencia espiritual que a lo largo de la historia ha acudido siempre en auxilio del hombre. Personajes de gran sabiduría como Buda, Krishna, Lao-Tse, Mahoma, Sócrates, Hermes Trismegisto, el mismísimo Jesús, etc., con su ejemplo y enseñanzas han aportado en cada momento de la historia una orientación, una guía donde acogerse la humanidad perdida para reconducir su camino.

Por otro lado, bien es cierto que, aunque todas las religiones tienen su parte positiva, su parte de verdad, ninguna creencia o religión puede satisfacer a todos. Sin embargo, debemos de buscar aquella que consideremos lo más fiel al sentido común y a la razón, que pueda mirar de frente a la ciencia y no desmentirse en ningún postulado, caminando a su lado y apoyándose en ella. Que tenga una filosofía clara que le de un sentido coherente a la vida. Que no postule dogmas ni posea compartimentos estancos, dejando vía libre a la reflexión personal y colectiva.

Al principio, la búsqueda puede parecer complicada, y entonces muchos optan por un eclecticismo que abarque distintas filosofías. Esto puede tener una utilidad en un principio, no obstante, no es recomendable a largo plazo. Recordemos la historia de aquel discípulo que un día le pregunto a su maestro espiritual, aun reconociendo lo mucho que había aprendido, que le parecería si buscara a otro maestro para aprender otras cosas diferentes. El sabio meditó durante unos instantes y le contestó: “El cazador que persigue dos liebres no caza ninguna”.

Efectivamente, abrazar unas ideas trascendentes y comprobar su realidad ahondando en ellas, nos deben de llevar a un modelo de vida siendo consecuentes con dichas ideas. Es la coherencia entre lo que pensamos, decimos y hacemos. Transmutar creencias en convicciones, consecuencia del análisis, del uso del raciocinio y de los sentimientos nobles para llegar a conclusiones que nos enriquezcan y que podamos incorporar a nuestra vida. Es lo que definen algunas escuelas espiritualistas como la identificación con el Yo Superior; tomar las riendas de nuestra vida para vivir un modelo que hemos asumido como propio. Esto no significa, retirarse del mundanal ruido, trasladarse a un monasterio o alejarse de la realidad social, no. Supone la vivencia interior a través de la relación con nuestros semejantes, con vocación de servicio, respetando la diversidad para colaborar en el bien común. Demostrando con los actos y palabras que nuestra verdad también es relativa pero no por eso menos auténtica, y que tan solo podemos aspirar a vivir lo que hemos aprendido y asumido como parte de dicha realidad. Además, respetando y comprendiendo al semejante puesto que, como reza un viejo aforismo: “nuestro mapa no es el territorio”

Invariablemente, la lógica nos dice que la Verdad es una, pero tan solo podemos aspirar a una pequeña parte que podamos asimilar y asumir. A medida en que seamos capaces de crecer interiormente, nos iremos capacitando para captar nuevos ángulos de esa auténtica Verdad. Sobre todo, en las dos grandes vertientes a desarrollar por el ser humano en su periplo evolutivo, que son el aspecto intelectual y moral. Cuando prevalece un aspecto sobre el otro se produce un déficit, una carencia que necesitamos llenar en la medida de lo posible, para que el progreso sea completo.

De tal modo, personas hay que poseen un gran corazón, son bondadosas, desprendidas, sin embargo, en su sencillez y ante la falta de desarrollo intelectual, de conocimientos espirituales, no saben que caminos tomar, lo que les lleva a cometer errores y muchas veces a perder el tiempo en cosas fútiles que no son necesarias ni convenientes. En su ignorancia e ingenuidad pueden ser engañadas y arrastradas por personas o entidades espirituales más astutas y hábiles, para la consecución de sus intereses egoístas e innobles.

Al mismo tiempo, otras hay que poseen grandes conocimientos, son eruditos en la materia, sin embargo, no dejan de ser grandes teóricos, que de práctica o experiencias carecen puesto que no las han cultivado. No han trabajado el interior, la moralidad, un autoanálisis que les permita comprender mejor su realidad intima. Son capaces de dar grandes charlas o realizar buenos comentarios doctrinarios, pero a la hora de ayudar al semejante, hablar de sus verdaderos problemas recurren de hemeroteca, a las soluciones que les han dado a esos mismos problemas otras personas, casi siempre de prestigio moral o espiritual. De alguna forma, desconectados de la vida real y práctica; sin la suficiente empatía como para transmitir emociones y sentimientos.

Estos serian a groso modo los dos grandes estereotipos, aunque lógicamente con sus matices y variantes. Lo ideal es trabajar para encontrar el equilibrio. Partiendo de nuestras imperfecciones; esforzarnos cada día por ser un poco mejores y más conscientes.

Para concluir decir que nos queda un largo camino que recorrer. Como dijo Jesús hace dos mil años: “Conoceréis la verdad y esta os hará libres”. ¿Libres de qué? De las cadenas de la ignorancia, del fanatismo; marcando un rumbo que necesariamente nos hará mejores personas, más felices, más íntegras; en un recorrido cuyo destino final es la plenitud, la perfección.

José M. Meseguer
© 2014 Amor, paz y caridad

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“Basta a menudo cambiar de existencia para creer en la verdad que se negaba”

(Robert de Lamennais)

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LAS MÁXIMAS DE JESÚS

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El Evangelio posee la mejor pedagogía, la mejor técnica para la conquista de la autorrealización” (Joanna de Ângelis) Psicografiado por Divaldo Pereira en la obra “DESPIERTE Y SEA FELIZ”

De todas las obras que componen la codificación espírita, la que cubre especialmente el apartado moral es el «Evangelio según el Espiritismo». Precisamente en las máximas de Jesús que son analizadas en esta obra nos vamos a centrar en los próximos meses para valorar algunos de los aspectos que a nuestro juicio consideramos interesantes.

Cuando se acaba de cumplir, este pasado 2014, el 150 aniversario de su publicación, allá por el año 1864. Justamente hoy día es más imperioso su recordatorio y estudio, ya que nos atañen a todos, en especial a aquéllos que nos consideramos espíritas y queremos trabajar en la buena dirección.

Sabemos que el mensaje de Jesús es imperecedero ya que encierra las grandes verdades, las grandes leyes universales que nos rigen. Todavía no ha sido superado por nadie, el paso del tiempo contribuye a que lo necesitemos cada vez más, precisamente por las consecuencias de su ausencia en nuestra sociedad.

En los próximos artículos analizaremos, procurando no caer en divagaciones estériles o misticismos, los grandes axiomas morales, pero sin ninguna intención de polemizar, porque evidentemente, al ser un mensaje en ocasiones alegórico, se puede prestar a interpretaciones y reflexiones diversas. La nuestra va a ser una más entre todas ellas, a la luz de la lógica espírita, para que cada lector pueda extraerle algo positivo; al menos ésa es nuestra intención.

Tomaremos como referencia y punto de partida «El Evangelio según el Espiritismo», ya que recoge los aforismos más significativos de los Evangelios,  seleccionados por el autor y complementados por los mensajes espirituales que realzan todavía más esta importante obra. En ella, Allan Kardec elimina algunos mensajes confusos, tergiversados, manipulados interesadamente, y al mismo tiempo explica con gran maestría otros, acudiendo, a la luz de la nueva revelación, al sentido trascendental de la obra del inigualable pedagogo de la humanidad que fue Jesús.

Efectivamente, mucho se ha escrito y dicho sobre la vida y obra de Jesús. Él, mejor que nadie, supo ejemplificar en su vida aquello que decía, haciendo real aquella máxima: «las obras vayan siempre por delante de las palabras».

Su mensaje inigualable ha perdurado a través de los siglos, siendo la base espiritual de la religión cristiana y otras escuelas espiritualistas.

Si analizamos dicho mensaje y lo comparamos con los transmitidos por otros grandes maestros que han pasado por nuestro mundo, encontramos grandes analogías entre todos ellos, sobre todo en su idea central que es el AMOR, manifestado y ejemplificado en la verdadera CARIDAD, como el único camino  hacia el progreso espiritual. Alrededor de esta consigna se han constituido la práctica totalidad de religiones y escuelas espiritualistas de todas las épocas.

Como comentábamos anteriormente, hoy día para revitalizar dicho mensaje tenemos la aportación del Espiritismo, el Consolador Prometido por Jesús: “Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros.” (Juan 14:16-17).

De ese modo, la doctrina espírita nos explica racionalmente él porqué y para qué estamos aquí. Aporta los consuelos y las esperanzas ante un futuro mejor. Nos ayuda a ser conscientes de nuestra realidad espiritual, aclarándonos que venimos al mundo para corregir viejos defectos,  patrones de conducta perniciosos, hábitos causantes de desdicha y sufrimiento, para sustituirlos por cualidades que nos engrandezcan y nos hagan felices. El camino para conseguirlo ya sabemos cuál es: EL AMOR.

Por todo ello, con la aportación tan valiosa del Espiritismo, se le puede extraer mayor jugo a las máximas expresadas y ejemplificadas por Jesús hace dos mil años, ya que al ser imperecederas y tan profundas, todos los avances posteriores: científicos, filosóficos y psicológicos contribuyen a su engrandecimiento y comprensión. El Maestro sabía perfectamente que su obra habría de germinar, no en aquel momento, sino cuando el hombre estuviese en condiciones de comprender y madurar.

 

José M. Meseguer

© Amor, paz y caridad

HISTORIA DE UN ESTANQUE

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Imagínense un enorme y basto prado, de cientos, de miles de kilómetros. En él viven plantas, animales y sobre todo personas que son muy felices. Experimentan entre ellas la verdadera fraternidad, el verdadero altruismo, el verdadero amor. Todos trabajan en el bien común, y se aprovechan de las bondades que les proporciona el medio, es decir; un magnífico sol, un aire puro, y todos los recursos de un entorno tan paradisíaco, para disfrutar pero al mismo tiempo para crecer personal y colectivamente; progresar en una palabra a todos los niveles.

En ese mismo paraje de ensueño existen diferentes estanques, pero nos vamos a fijar en uno en especial. Es uno repleto de agua pero, en el fondo existe una capa profunda de lodo. Dentro del mismo también conviven plantas, animales así como personas adaptadas al medio, pero sus condiciones de vida no se asemejan a la de aquellos que viven en el exterior.

En este estanque en concreto no existe una claridad en sus aguas, ya que posee una peculiaridad común al resto de balsas del inmenso prado, y consiste en que los pensamientos, sentimientos y acciones son energías poderosas que según su naturaleza densifican o aclaran el agua. Por ejemplo; si las actitudes y comportamientos de sus gentes son positivos, honestos y con miras al bien, el susodicho lodo se diluye y se sumerge hacia el fondo; sin embargo, si los pensamientos, sentimientos y acciones son negativos, esto provoca una atracción hacia la superficie, un remolino que libera en todas las direcciones el barro acumulado, dificultando la visión y la vida en esta peculiar balsa. En esta concretamente predominan sobremanera las actitudes negativas, tanto colectivas como individuales, con lo cual la atmósfera acuosa con que se encuentran es bastante densa y oscura.

En ese lugar también hay actividad pero supeditada a las incomodidades y las particularidades penosas del medio. Además el pensamiento y las creencias que sostienen sus habitantes están muy condicionados por el ambiente y la atmósfera que les envuelve, ya que en ese lugar no tienen la opción de salir salvo durante el sueño.

El debate central de sus pobladores es la posibilidad de que haya vida fuera del estanque. Cuestión difícil para muchos puesto que, según afirman, “nadie” ha salido fuera y después ha vuelto para confirmar que pueda existir vida más allá de los límites de la enorme balsa. Sin embargo, otros intuyen y afirman que efectivamente, existe vida fuera. Presienten que debe de haber algo, no se sabe muy bien el qué, puesto que algunas personas con una cierta sensibilidad aseveran que han escuchado voces, que han recibido mensajes del exterior indicándoles que hay vida fuera del estanque. Que el lodo es transitorio y además se puede diluir mejorando las condiciones del agua, más limpia y cristalina con un comportamiento noble y altruista. Su mensaje también consiste en que la finalidad de la existencia dentro del estanque, es aprender y desarrollar potencialidades que les servirán de mucho en otros ambientes más limpios y sutiles.

No nos olvidamos de aquellos que viven en el exterior, en esos parajes maravillosos,también tienen un cuerpo, pero es mucho más sutil, semimaterial. Estos observan con amor y compasión a aquellos que “temporalmente” viven sumergidos en el lodazal y tratan por todos los medios de ayudarles. Les hablan desde fuera, les alientan todo lo que pueden; sin embargo, dicha voz alcanza sólo a aquellos habitantes sensibilizados y más receptivos. Otros se sumergen temporalmente, y aunque no los puedan ver, tratan de influirles en el bien. A veces son familiares que ya abandonaron el estanque y quieren dar ánimo a sus seres queridos. Otros, más sacrificados y audaces, cuando comprenden que pueden ser más útiles desde dentro, piden volver pero con un cuerpo nuevo, naciendo entre ellos para ayudar a sus hermanos queridos, neutralizando en parte los efectos del lodo con su ejemplo de renuncia y sacrificio.

Muchos se preguntan ¿Cuál es la finalidad del estanque? ¿Existen otros estanques? ¿Son todos iguales?
A la primera cuestión ya hemos contestado de algún modo. El objetivo sin ninguna duda es la sensibilización,el progreso, la fraternidad con todos sus compañeros de viaje, y por consiguiente, el ejercicio de facultades que necesitan un desarrollo, potencialidades como el amor, la caridad, la voluntad, el altruismo, etc., que se encuentran en estado latente y aclaran el camino. También adquirir experiencia, conocimientos, acordes a las limitaciones y características transitorias de dicho estanque viscoso.

A las otras dos preguntas contestaremos que sí, efectivamente; existen otras balsas en el inmenso prado, pero varía mucho la densidad de unas a otras. Todo depende de sus habitantes y de su grado de evolución, porque, no nos podemos olvidar de que cada estanque es como una escuela de un determinado grado. Hay un recorrido de escalas que van desde las más densas hasta otras que son muy sutiles; pero siempre temporales, hasta alcanzar su depuración total.

Por poner un caso, hay estanques-escuela que están tan adelantados que desde dentro se ve perfectamente el exterior, el agua es tan limpia que no supone ningún sacrificio para sus habitantes, comprenden y entran y salen de ella sin ninguna dificultad.

Por otro lado, existe el caso diametralmente opuesto, es decir, nadadores todavía atrasados, rebeldes, que con su comportamiento, sus pensamientos y sentimientos negativos remueven el lodo del fondo y complican la claridad del agua; dichas actitudes nublan el campo de visión y dificultan la ayuda de aquellas personas lúcidas que conviven con él y también, como es obvio, de aquellos que los observan desde fuera con preocupación pero que no pueden hacer apenas nada para ayudarles. Al mismo tiempo, cuando llega el momento de partir, cuando mueren para dejar el ropaje en el fondo, se encuentran con una carga muy pesada, el cúmulo de acciones negativas fruto de pensamientos innobles les han densificado tanto que no les permite salir liberados al exterior, su cuerpo semimaterial se queda imantado a dicho fondo.

Para ellos no existía ni existe otra realidad que el barro. Creen que no hay nada después de la vida y se identifican tanto con dicho elemento que no conciben, aún después de muertos, otra posible realidad. A estos seres, con el tiempo, cansados de su situación penosa y de sufrir, les llega una cierta claridad, el arrepentimiento y al mismo tiempo una cierta sensibilización que les permite salir de las profundidades para provisionalmente llevárselos a lugares adecuados, en el exterior, para su rehabilitación y preparación para una nueva experiencia en el mismo estanque-escuela o en otro de similares características. En ese intervalo, entre vidas, se prepara para corregir los errores que haya podido cometer, recobra fuerzas; otros amigos ya bastante más esclarecidos se le ofrecen para ayudarle desde la orilla del estanque, le piden que esté atento a sus consejos y orientaciones puesto que nunca le van a abandonar.

Cabe destacar otro hecho importante, cuando una balsa deja de ser útil para el individuo, pasa a otra más adelantada, menos densa y viscosa. Y así progresivamente hasta alcanzar un estado, en el cual, ya no necesita de más estanques para evolucionar y continua su progresión, pero ya definitivamente desde fuera.

En conclusión, como hemos ido observando, la finalidad de los diferentes estanques que pueblan el inmenso vergel consiste en aportar a todos sus habitantes los elementos imprescindibles para su desarrollo y evolución. Por tanto, estos representarían los diferentes niveles de progreso que cumplen con un propósito superior.

El Gran Hacedor es quien crea constantemente y rige los destinos de todo cuanto nos rodea. La densidad del estanque-escuela a la que pertenecen nuestros amigos no les permite todavía entender muchas cosas, vislumbrar las bellezas de la vida en su plenitud puesto que están muy limitados, pero como hemos afirmado con anterioridad, es todo transitorio en dichos estanques. Están ahí para evolucionar, construirse un futuro mejor, pero eso es algo que se lo deben de ganar con su trabajo, con el esfuerzo diario, para salir del lodazal y acceder a otros estanques más depurados, más limpios, hasta llegar a un punto en que se prescinda de ellos y continúe su camino, mucho más elevado, hacia la perfección.

José M. Meseguer
© 1015 Grupo Villena

LOS DESERTORES DE UN NOBLE IDEAL

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Como en casi todas las doctrinas, los seguidores de algún ideal, bien sea religioso o espiritualista, se encuentran, con mayor o menor frecuencia, con abandonos y al mismo tiempo, con nuevos adeptos o simpatizantes. Estos flujos son lógicos porque es evidente que el hombre, en algún momento de su evolución, busca respuestas que satisfagan sus necesidades, al mismo tiempo, dichas respuestas provocan reacciones dispares, en unos de compromiso, asumiendo el nuevo ideal con todas las consecuencias y en otros de indiferencia o rechazo, al no sentirse lo suficientemente convencidos o motivados como para asumir responsabilidades que impliquen cambios en su vida.

Lógicamente el Espiritismo no va a ser la excepción, y también se ve afectado por tales situaciones, algo que, bien pensado, produce a la larga un mayor beneficio a la doctrina codificada por Kardec y al desarrollo de la misma.

No todos aquellos que descubren el ideal espírita poseen el mismo entusiasmo ni buscan los mismos objetivos. Hay ocasiones en que el motivo por el que frecuentan un grupo espírita es con la intención, casi exclusivamente, de comunicarse con algún ser querido ya fallecido. Estos casos se producen generalmente por egoísmo y por la falta de fe, al malinterpretar los objetivos de la doctrina y no entender su verdadera finalidad.

Otros se sienten seducidos por la parte mediúmnica o sensorial, a veces incentivados por los mismos compañeros, fomentando la imaginación de los principiantes e incautos que se ven expuestos a una especie de competición para comprobar, en el transcurso de un trabajo mediúmnico, que es lo que siente, que percibe, que ve, que es lo que no ve, etc. Como si fuera necesario percibir algo para ser parte importante en la reunión. Son, en definitiva, más bien grupos mediúmnicos que verdaderos grupos espíritas.

En otras ocasiones no existe un interés concreto, sino que se sienten a gusto con sus compañeros del centro espirita, es para ellos, una buena forma de pasar el rato, pero sin el suficiente convencimiento como para responsabilizarse como los demás, son sujetos pasivos ante un “pasatiempo agradable” pero sin más consecuencias, hasta llegar a creer que por la propia dinámica del grupo, sin aportar nada, conseguirán el progreso espiritual. ¡Cuán equivocados están!

Por otro lado, tenemos aquellos que perjudican claramente al tratar de realzar sus egos imponiéndose a los demás. Encuentran en el centro espírita el marco adecuado para manifestar su personalidad egoísta aprovechando el clima de libertad. Se creen superiores y piensan que poseen una inteligencia y unos valores que les hacen destacar sobre los otros. Carecen de humildad y se consideran exentos de realizar esfuerzos por mejorar; hablan de moral y de valores pero no se lo aplican a sí mismos. Se consideran espiritas cuando en realidad no lo son, no comprenden la necesidad de misericordia divina, la misma que nos proporciona estos conocimientos extraordinarios; no porque los merezcamos sino porque llevamos muchas existencias en la ignorancia y el error. En este caso no sólo se perjudican a sí mismos, sino que entorpecen la convivencia sana, basada en la igualdad de todos sus miembros. Imponen criterios y censuran las actuaciones de los demás, dando lugar, si no se pone remedio, a la desmembración del grupo, con la consiguiente responsabilidad para los que lo han provocado.

Otro motivo importante que también provoca el fracaso es el de aquellos que anteponen la “mascara”, es decir, aparentar una forma de ser que no corresponde con la realidad, escondiendo y ocultando su verdadera personalidad. Se trata de una falta de sinceridad consigo mismos y falta de honestidad en sus relaciones con los demás.

Si no existe sinceridad no puede existir confianza, imprescindible para integrarse en el núcleo común, formado por todos aquellos que tratan de compartir sentimientos y pensamientos para lograr la verdadera unión. Al no existir una limpieza de intenciones, puede que al principio consigan sus objetivos; pero a la larga están condenados al fracaso y a la deserción si no se corrigen dichas actitudes, ya que, los planos espirituales superiores, aquellos que dirigen los grupos bien orientados, pueden permitir determinadas situaciones, que sirven de prueba tanto para los trabajadores sinceros, como para aquellos que, como decíamos, sus intenciones no son muy nobles.

Sin embargo, pasado un tiempo, si el grupo sigue por unas directrices correctas de superación y trabajo interior, y los otros no reaccionan para ponerse en consonancia con el resto, la providencia divina actúa, colocando a cada quien en su lugar, produciéndose de ese modo, la antítesis entre quienes trabajan en paz y con alegría, de aquellos que no se esfuerzan, llegando a un punto en que aflora la insatisfacción interior; una incomodidad que provoca desasosiego, desarmonía; el afectado no se siente a gusto con sus compañeros, viéndose ante la tesitura de esforzarse por entender las situaciones para reaccionar bien, o de verse abocado a tener que abandonar el grupo.

Como decíamos anteriormente, estos abandonos benefician al resto de personas que trabajan con verdadero interés, ya que se apartan personas que, al menos temporalmente, no están decididas a colaborar en favor de este noble ideal.

Si realmente deseamos consolidar nuestras ideas, si de verdad estamos dispuestos a llevar este mensaje espiritual hasta sus últimas consecuencias, tendremos que nutrirnos de un interés constante por superarnos. Como decía Kardec: «al verdadero espirita se le reconoce por su transformación moral y por los esfuerzos que realiza para dominar sus malas inclinaciones»

Podemos preguntarnos, ¿de dónde se saca la fuerza necesaria para enfrentarse a todas las dificultades? Por medio de la convicción que nos puede aportar el estudio de la doctrina espírita, procurando razonar cuantas dudas surjan a nuestro paso, para que dicho convencimiento sea total, fruto de un análisis libre y razonado. También de la experiencia, fruto del trabajo interno y de la relación fraterna, de verdadera amistad con el resto de compañeros. Al mismo tiempo, el trabajo diario, depurando sentimientos y pensamientos que nos aporten la energía suficiente como para adquirir una cierta estabilidad interior, y que nos capaciten para alcanzar mayores realizaciones.

Lógicamente no todos los que se identifican con el espiritismo están en las mismas condiciones, pero a todos se nos ofrecen las mismas oportunidades de un modo u otro, para que las aprovechemos y saquemos partido de las mismas. A cada cual le llega su oportunidad en el momento más idóneo, cuando la semilla está presta para germinar, pero no siempre se rentabilizan dichas ocasiones de progreso.

Para evitar el abandono o lo que es lo mismo, el fracaso, debemos potenciar los ideales superiores por encima de todo, siendo consecuentes y asumiendo un compromiso personal, para poder transmitir a los demás todo aquello de positivo que llevamos dentro.

José M. Meseguer

© 2014 Grupo Villena

“Llegar al fin de una empresa constituye un grave compromiso, y sólo lo logran aquellos que son honestos con el ideal al que se entregan.”

“Quienes dejan interrumpida la construcción pueden ser excelentes personas, no obstante, sus auténticos intereses están en otras motivaciones que enmascaran con la solidaridad”

(Joanna de Ângelis) de la obra: DESPIERTE Y SEA FELIZ; psicografiado por Divaldo Pereira Franco.

GRATITUD Y RECONOCIMIENTO

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No cabe duda que la vida es un regalo, un maravilloso obsequio cuya única justificación para que la podamos empezar a entender con nuestra todavía enorme estrechez intelectual y humana, es por verdadero y puro amor.

Ese amor del que hablamos lo impregna todo, fluye hacia nosotros para que a su vez lo revertamos hacia los demás. Es una corriente armónica que cuando la estancamos en nuestro interior, producto del egoísmo y el orgullo, entonces entramos en conflicto y podemos llegar a enfermar, pues ese torrente divino está destinado para que fluya.  En la medida en que lo repartimos, a su vez, lo recogemos con mayor intensidad y fuerza. En eso consiste la elevación espiritual, recibir siempre para repartir siempre, sea cual sea la circunstancia. En otras palabras: Estamos invitados, pues ese es nuestro destino, a ser partícipes y colaboradores de ese Gran Amor Cósmico Universal.

Pensar, aunque ahora estemos todavía muy lejos de conseguirlo, que estamos destinados al progreso constante, es decir, crecer en justicia, amor, ciencia y sabiduría entre otras cosas, fuente inagotable de felicidad, es algo de lo que nunca podremos estar lo suficientemente agradecidos.

Poder disfrutar de salud, aunque temporalmente se nos pueda retirar por alguna razón importante;  disfrutar también de personas que nos envuelven con su bella idiosincrasia,  que nos necesitan así como necesitamos de ellas, disfrutando y aprendiendo de lo bueno que hay en cada una de ellas, disculpando sus torpezas temporales, pues todos estamos en el proceso de perfeccionamiento y necesitamos de comprensión y tolerancia.

Maravillándonos al observar todo aquello que forma parte del gran escenario que nos rodea: Un amanecer con su aire fresco de la mañana, unos niños sonrientes jugando, los animales que nos rodean, las plantas con sus árboles y jardines, las montañas majestuosas o el inmenso mar; un lugar de trabajo o una clase (cuando se trata de los más jóvenes), donde poder compartir con los compañeros, un hogar, una familia, una esperanza, una oración…..

La vida goza de una singularidad y belleza incomparable. Todos los días, en base a ese amor que lo impregna todo, nos ofrece con extraordinaria generosidad sin pedir nada a cambio.

Por lo general, los niños pequeños, no contaminados todavía por los prejuicios  lo saben, no obstante, a veces los adultos les llenamos de conceptos y de ideas-preocupaciones que les hacen olvidar progresivamente su verdadero despertar a la vida. Son como esponjas que están para absorber ese caudal del que hablamos, fuente de luz, crecimiento constante, y no sólo porque sean niños, sino porque es algo que no deberíamos de perder nunca de vista mientras estemos viviendo con cuerpo físico, pese a sus limitaciones.

Por desgracia, las preocupaciones y los asuntos pendientes que arrastramos, bien del pasado o de actuaciones en esta misma existencia, reclaman nuestra atención. Producto de nuestros defectos, bien sean egoísmos, orgullos, vanidades, etc., nos distraemos de tal manera que no nos queda tiempo para la observación. Estos, actúan como filtros muy opacos que impiden sobremanera darnos cuenta de todo lo bueno que nos rodea y que se escenifica en cada momento, en un paisaje particular que está dirigido y enfocado hacia el progreso de nuestros espíritus.

Es por ello que nuestra deficiente educación ética y espiritual; los mismos defectos e ignorancia nos empujan a no ver la verdadera realidad, sino aquella que nos han enseñado y que nosotros nos hemos construido y forjado. En esa espiral, las preocupaciones, los conflictos derivan muchas veces en quejas que se convierten en sistemáticas, dejamos de estar conformes con la vida y la vida de los otros, olvidando que cada quien es dueño de su destino y nosotros no debemos de influir sino es para bien y ayudar en la consecución de unos ideales superiores.

En múltiples ocasiones olvidamos lo importante y nos enzarzamos en batallas estériles. Hemos olvidado el sentido de la vida, el por qué y para qué estamos aquí. Nos falta un rumbo ilusionante, un faro que nos ilumine, nos reconforte y nos oriente.

Por tanto, no busquemos culpables, miremos en nuestro interior y dejemos que fluya esa parte espiritual adormecida, callada y ninguneada, para que exteriorice todo lo bueno; para que seamos capaces de comprender y percibir ese amor del que hablábamos en un principio, he inmediatamente nos veremos inundados por un sentimiento de gratitud, de ese gran amor incondicional que espera pacientemente nuestro despertar puesto que la felicidad y la dicha es cuestión de tiempo.  Cuanto más nos alejemos de ese amor incondicional más desdichados seremos. Nadie puede imponernos sabiduría, eso es algo libre y voluntario; sin embargo, por los caminos que elijamos transitar iremos descubriendo, más pronto o más tarde, la verdad por nosotros mismos. Dios no tiene prisa, pero como buen Padre que quiere lo mejor para todos, no nos deja en el error y el estancamiento indefinidamente.

Imaginemos un padre material, lo lógico es que quiera lo mejor para sus hijos; es decir, la mejor educación, los mejores elementos materiales para que pueda desarrollar con mayor eficacia su crecimiento y bienestar; con un objetivo claro, que sea feliz y triunfe en la vida, que esté preparado para resolver con solvencia cualquier vicisitud que le pueda surgir. También, como es obvio, que desempeñe el día de mañana una labor de éxito que sea útil a la sociedad y que, si es posible, le colme de satisfacciones y de un reconocimiento social a su labor. Pues bien, ¿podemos pensar que la Divinidad va a ser menos que un simple padre? Reflexionemos sobre ello.

Sin ninguna duda, la empresa es tan grandiosa y extraordinaria que no podemos pensar que se pueda lograr en unos cuantos años. Requiere de décadas, siglos de trabajo edificante, tanto con cuerpo físico como en la libertad de espíritu. Somos seres inmortales, no lo olvidemos nunca, poseemos en estado latente todas las potencialidades que habrán de desarrollarse poco a poco, hasta alcanzar cotas ahora mismo inimaginables. ¿Puede haber algo más grandioso que eso? Esta claro que no.

Por lo tanto, no podemos tener espacio para la tristeza, la depresión, el complejo de inferioridad. ¡Recordemos, tenemos atesorado un gran potencial y estamos destinados a la felicidad!

Existen ejemplos que nos pueden servir de espejo, de estímulo, personas de ahora como personajes históricos, que se esforzaron por ver el lado positivo de la vida que es el verdadero. Con el faro inigualable de la fe en el porvenir superaron todas las torpezas humanas y los escollos propios, en un esfuerzo sin igual por elevarse y elevar, porque cuando nos esforzamos por ser mejores también contribuimos para que las personas que nos rodean también lo sean. Es un verdadero sacrificio pero merece la pena, porque ¡¡el premio es tan grande!!

José M. Meseguer

© 2014 Grupo Villena

La vida es un himno de loar a Dios, un poema de belleza, invitación perenne a la gratitud. Por eso, hay solamente razones para el agradecimiento y bien pocos motivos para solicitudes. Sea la tuya, la gratitud silenciosa, que opera en el bien, porque este es el estímulo constante de tu existencia. (Joanna de Ângelis)

 

LA VEJEZ

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Todas las etapas por las que atraviesa el ser humano son necesarias e imprescindibles tal y como nos marcan las leyes naturales: infancia, juventud, madurez y vejez. Cada una de ellas cumple con una función específica, aportando sus características; necesarias para que el espíritu se pueda superar y alcance mayores cotas de progreso espiritual.

En la infancia, como comentábamos en un artículo anterior, el espíritu goza generalmente de un cierto período de reposo, para más tarde, durante la juventud, comenzar a moldear su personalidad que definirá hasta cierto punto el desarrollo y desenvolvimiento de lo que será como adulto, hasta alcanzar el tramo final, la culminación de la existencia que es la vejez. Para muchos que no comprenden la vida desde una óptica espiritual, la consideran como una fase de decrepitud, de simple deterioro irreversible con pocas opciones para el desenvolvimiento espiritual y el desarrollo como ser humano.

Al mismo tiempo, con la vejez ocurre algo parecido que con la muerte, creemos que nunca va a llegar o que queda muy lejano, no obstante ocurre. A muchos les cuesta aceptar la “transitoriedad de la vida” manifestado en esa fase de la existencia; en el desgaste natural del cuerpo físico, así como la merma progresiva de las capacidades. Además, aquellos que piensan que sólo se vive una vez y que después no hay nada, abordan esta etapa con mayores dificultades, sobre todo a la hora de afrontar enfermedades, pérdidas de seres queridos, etc.; hasta llegar en algunos casos, al extremo incluso de buscar la eutanasia como forma de poner fin a sus padecimientos, para algunos de ellos inútiles y sin sentido. ¡Gran error! No comprenden que si todavía están vivos, aunque sufran, es por alguna razón importante.

Es precisamente, en esa última etapa de la vida humana donde queremos incidir, para darnos cuenta de que siempre existen posibilidades de progreso, dependiendo de las aptitudes y experiencia acumulada, no limitándose a dejar pasar el tiempo ni tomando una postura acomodaticia o derrotista. Como reza el conocido axioma: «Querer es poder», y en muchas ocasiones sin necesidad de grandes esfuerzos.

Como hemos comentado, en dicho periodo, por lo general, la decadencia física aparece. Finaliza la vida laboral a nivel profesional, viéndose obligados por esta y otras circunstancias a tener que adaptarse forzosamente a una nueva vida. Ya no se tiene la vitalidad de un joven ni la misma capacidad de trabajo, aunque existen excepciones que nos deben de hacer pensar. Sabemos puesto que nos lo reporta el conocimiento espiritual, que la actitud mental influye sobremanera, de tal modo que la naturaleza de los pensamientos y sentimientos afectan directamente sobre la salud física y psíquica. Es por ello que no resulta difícil encontrar a ancianos, de alguna manera “derrotados” por el peso de barreras, que muchas veces nos las creamos nosotros mismos, con actitudes pesimistas y que poco tienen que ver con la realidad objetiva del ser; magnificando problemas o simplemente no aceptando su nueva situación como persona de edad avanzada.

Por otro lado, existen otros mayores que, aun teniendo achaques y dificultades son capaces de administrarlas, por así decirlo, controlándolas para que no les afecten, sobreponiéndose a ellas para que nos les entorpezca su labor prolífica, llena de entusiasmo que contagia a quienes les rodea. Es la alegría de la aceptación, del equilibrio, del conocimiento interior respecto a la etapa que le ha tocado vivir y la acepta con esperanza. Si por alguna circunstancia la enfermedad aparece, es asumida como una oportunidad valiosa de crecimiento interior, como una prueba necesaria para el progreso espiritual.

Como comentábamos anteriormente, el anciano posee una experiencia de la vida que no se puede desdeñar y que le puede ser muy útil a sus semejantes; sobre todo a los jóvenes que empiezan a tomar responsabilidades en la vida. Lógicamente los tiempos cambian y las características de la sociedad de hoy día no son las mismas que las de antaño, pero sin embargo, en esencia, los problemas se suelen repetir, y es en esos casos cuando la aportación de los mayores puede ayudar mucho para resolver dichas situaciones, siempre y cuando no se transmitan como imposiciones ni intransigencias, que son los enemigos más peligrosos con los que nos podemos encontrar en nuestras relaciones humanas, ahogando de ese modo toda posibilidad de entendimiento y diálogo constructivo. Por tanto, la tolerancia y la comprensión deben primar por ambas partes para que exista la debida receptividad, permitiendo de ese modo, que esas «distancias generacionales», muchas veces más de forma que de fondo, se puedan eliminar.

Otro de los obstáculos con que tropiezan algunos ancianos consiste en que ante su nueva situación no son capaces de organizarse, algo que puede derivar en una ociosidad excesiva, con la consiguiente pérdida de tiempo y ante la falta de alguna actividad que le haga participar de algún modo en la sociedad, provocando un deterioro progresivo de sus capacidades tanto físicas como psíquicas. La ciencia médica moderna nos demuestra que si se mantiene un cierto nivel de actividad tanto intelectual como física, dicho deterioro resulta mucho más lento y lejano. Además cuando la tarea que se realiza está encaminada hacia un fin útil que beneficia a los demás, se siente una satisfacción interior que aleja toda idea depresiva que pudiese surgir, reportando mayor alegría y entusiasmo, imprescindibles para llevar una vida más armónica y feliz.

El ideal espiritual puede ayudar extraordinariamente. Sobre todo el Espiritismo con su doctrina orientada hacia un porvenir lleno de esperanzas y consuelos puesto que aporta los conocimientos necesarios para comprender que el esfuerzo ha de estar encaminado hacia la práctica del bien, cuyos frutos no sólo se recogen en el presente, sino cuando se termina la vida física y retornamos a nuestra verdadera patria que es la espiritual.

Los que todavía no hemos llegado a ese momento crucial de la existencia como es la vejez, tenemos la obligación moral de facilitarles al máximo su camino, no relegándolos injustamente a la sombra ni al abandono en que muchas veces se ven abocados por no prestarles la atención ni la consideración que merecen. No debemos olvidar que los jóvenes y adultos de hoy día también atravesaremos dicha etapa, y por lo tanto, depende de lo que sembremos en la actualidad el que nuestro porvenir sea más o menos dichoso.

Tengamos presente que en la Nueva Humanidad que se avecina, la vejez cumplirá con una función mucho más depurada que en la actualidad. Significará la culminación de la obra que cada ser humano haya desarrollado a lo largo de su existencia. Siendo valorados y respetados por todos, aportarán su experiencia y su trabajo dependiendo de su grado de elevación, canalizando con su ejemplo y consejos, el entusiasmo y el empuje que posee la juventud para que ésta pueda alcanzar sus objetivos.

En definitiva, también la vejez aporta al ser humano unas posibilidades de progreso que no se pueden desdeñar, cada cual en función de sus capacidades, ya que ese fue el compromiso adquirido antes de tomar cuerpo físico.

José M. Meseguer

© 2014 Amor paz y caridad

La vejez es la suma de toda la vida, milagro y nobleza de la personalidad humana. (Marañón)

DIFERENCIAS Y TRABAS

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Entre los seres humanos es normal que existan diferencias entre unos y otros, son muchas las experiencias, puntos de partida, vivencias, situaciones, etc… que nos hacen, no sólo diferentes sino también únicos y extraordinarios.

Partiendo de esta premisa, es lógico que no exista una unión de pensamientos y de sentimientos en los seres humanos a priori, es decir, que dado en nivel de complejidad humana y la situación un tanto especial de transición planetaria de nuestros días, todo apunte más bien hacia la discordia y la desunión, que hacia estados más pacíficos y fraternales.

Al mismo tiempo resulta muy complicado encontrar grupos de gente de cualquier naturaleza que vivan en armonía, y en un estado de paz y concordancia que les permita trabajar en comunión total de pensamientos y sentimientos.

Si de este aspecto más genérico lo trasladamos al aspecto espiritual, y más concretamente al ámbito espírita comprobamos que no somos diferentes a los demás. También tenemos dificultades que superar, primero a nivel interno, del propio grupo, como con el resto de asociaciones cuyas ideas pueden ser algo diferentes a las nuestras.

Por tanto, es lógico que existan diferencias pero al mismo tiempo hay que respetar el libre albedrío de las personas. Sólo en aquellos grupos religiosos o de cualquier otra índole que son fanáticos y sectarios es donde existe un único patrón de comportamiento y de pensamiento, todo aquello que se aparta de dicho modelo preestablecido es marginado y rechazado.

Estas diferencias pueden ser de carácter doctrinario, poniéndole el énfasis mayormente a unos aspectos sobre otros, por lo que, al no estar en la misma línea con otros grupos provoca distanciamiento y frialdad. A veces, no sólo entre asociaciones, sino incluso dentro de un mismo grupo, manifestándose divergencias que pueden llegar a ser insalvables concluyendo en su disolución (en el peor de los casos), o en su fragmentación (más frecuente), dividiéndose muchas veces en dos o más grupos.

En la pregunta 390 del Libro de los Espíritus encontramos algo muy interesante donde Allan Kardec plantea lo siguiente: La antipatía instintiva ¿es siempre una señal de mala índole?

“Dos espíritus no son necesariamente malos, porque no sean simpáticos. La antipatía puede resultar de falta de semejanza en el pensamiento; pero a medida que los espíritus se elevan, se borran las diferencias y desaparece la antipatía”

Si reflexionamos sobre la anterior cuestión y sustituimos la palabra antipatía por divergencia o falta de sintonía podremos encontrar la clave del problema.

Efectivamente, si somos capaces de “elevarnos” moralmente, dando prioridad a otros aspectos fundamentales como son  la buena convivencia, la solidaridad y el afecto, por encima de cualquier tipo de disquisición intelectual, relegándolo a un segundo plano,  dichas antipatías-diferencias serían fácilmente superadas.

No obstante, cuando esta premisa no se cumple por falta de claridad en cuanto a objetivos y prioridades fundamentales, se produce un desequilibrio, que con el tiempo va provocando conflictos, deserciones y posturas rígidas que conducen a la deriva. Al mismo tiempo, la parte espiritual positiva precursora de que determinadas almas se asocien para realizar un trabajo común, de elevación moral, muy necesario para sus espíritus, al comprobar la baja sintonía, la falta de trabajo interno, aunque su constancia en el estudio, trabajando la parte intelectual y hasta mediúmnica; estos Seres de Luz, muchas veces amigos del pasado, por falta de sintonía se ven en la obligación de apartarse momentáneamente, dando paso muchas veces a espíritus místicos, fanáticos, religiosos de otras épocas que vuelven con fuerza para recuperar el protagonismo perdido en el pasado. No es que sugieran que no estudien para dominarlos mejor, no, al contrario; la estrategia es, estudiad mucho, mucho, con celo, dedicadle todo el tiempo y no os apartéis de la pureza doctrinaria y de sus postulados. Todo lo demás es secundario; la cuestión moral es subjetiva y pertenece a la vida personal e íntima de cada cual, y no hay tiempo en el centro espírita para convivencias o el relacionarse, más allá de las clases estrictamente doctrinarias. La idea central es: “Convertíos en expertos-teóricos, preocuparos en estudiar y divulgar, no hay tiempo para otras cosas”. Reflexionemos por un momento sobre ello; es sutil y al mismo tiempo puede llegar a ser muy perverso.

La consecuencia inmediata, es la superficialidad en las relaciones, es decir, personas de carácter amable cuya amistad empieza y termina en el centro espírita, ya que, al no tener momentos ni espacios para conocerse su único tema de conversación es de índole espiritual, filosófico y mediúmnico. Otra de las consecuencias inevitables, imperceptible por lo general para los dirigentes y colaboradores de esta clase de centros espíritas, es que las personas librepensadoras, gente sana y abierta que acude por primera vez se encuentran, en ocasiones, con ambientes y atmósferas que recuerdan un pasado religioso ya caduco y trasnochado, llevándose una imagen negativa de lo que es el verdadero espiritismo, ahuyentándolas definitivamente.

Por otro lado, aquellos que acuden espontáneamente con problemas buscando soluciones se encuentran, en lugar de consuelos y esperanzas con recomendaciones bibliográficas, o se ven sometidos a una programación de actividades  preestablecidas por el centro del cual no se pueden salir, viéndose muchas veces ninguneados o marginados por no acudir en las horas previstas, si las hubiera, para tal fin; viéndose forzados a seguir buscando soluciones y respuestas por otros caminos.

Como podemos comprobar en el análisis anterior, la parte negativa juega sus cartas, si no puede ir al “choque” para eliminar los centros espíritas directamente, entonces opta por “distraer”, lo suficiente para que pasen los años, ahuyente a la gente lúcida o con problemas sin aportarles soluciones y se pierda un tiempo precioso, creando discordias entre grupos, deserciones, misticismos que repelen, caminos aparentemente paralelos entre los distintos grupos, que nunca llegan a cruzarse y unirse porque no existe voluntad para ello.

¿Cuál es el resultado? Una mala imagen, sesgada, de lo que está llamado a ser una doctrina grandiosa, proveniente de las altas esferas espirituales, el Consolador Prometido, que habrá de regenerar la Tierra como nos vaticinan los espíritus superiores que se manifiestan en las psicografías.

Como dice el espíritu Joanna de Ângelis: “No esperes encontrar hombres ni obras perfectas”; sin embargo, no nos queda otra alternativa, debemos dar buenos ejemplos a la sociedad elevando nuestro nivel moral, renunciando y sacrificando nuestros egos en favor del prójimo. Primero a nivel personal, realizando un verdadero autoanálisis de nuestra situación interna, armonizándonos para que la parte espiritual positiva pueda aportarnos la ayuda que necesitamos y que posibilite la creación de un centro espírita en consonancia con los preceptos morales aprendidos de la doctrina codificada por Allan Kardec. En definitiva, es una tarea obligatoria y urgente por parte de todos los miembros del grupo sin excepción.

Efectivamente, necesitamos como dice la pregunta del principio, elevarnos, pero no sólo intelectualmente sino sobre todo moralmente. La marcha del progreso continúa y los grandes arquitectos espirituales a las órdenes del Ser Supremo tienen una programación sublime, diseñada desde hace muchos siglos. Nosotros, muy pequeños todavía, y con muchos defectos por corregir, estamos convidados a participar, pero depende de nosotros. Dicha programación majestuosa y perfecta sigue su curso, con nosotros o sin nosotros, todo depende de que nos pongamos las pilas y decidamos ponernos en marcha para ser testigos y hasta pequeños colaboradores de los profundos cambios que se avecinan.

José M. Meseguer

© 2014 Amor paz y caridad

«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame». (Marcos 8,34-9,1)

VI CONGRESO ANDALUZ DE ESPIRITISMO

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Se acaba de celebrar los días 31 de octubre, 1 y 2 de noviembre en la ciudad de Córdoba (España) el VI Congreso Andaluz de Espiritismo. Un evento que se viene celebrando regularmente cada año en una ciudad diferente de la misma comunidad autónoma, y organizado por la Asociación Espírita Andaluza “Amalia Domingo Soler”.

Han participado grupos, no sólo andaluces sino también de otros lugares de la geografía española, como por ejemplo: de La Palma (Canarias), de Lleida, Valencia, Ourense, etc.  Además, queremos destacar la buena organización, así como las atenciones recibidas.

Era la primera vez que el Grupo Villena asistía a este evento, sin embargo, nos ha servido, entre muchas cosas, de reencuentro con viejos amigos y amigas; para recordar momentos vividos conjuntamente en acontecimientos del pasado, sobre todo cuando el movimiento espírita empezaba a dar sus primeros pasos en nuestro país. También para conocer a personas de otros grupos, intercambiando puntos de vista enriquecedores y cimentando una amistad muy valiosa.

Al mismo tiempo, cabe destacar, no sólo el contenido muy interesante de las conferencias que allí se expusieron sino, sobre todo,  el buen ambiente y la armonía que ha caracterizado estos días, en que la buena predisposición por parte de todos facilitaba el diálogo. Así pues, la simpatía, la fraternidad y los buenos sentimientos se manifestaban en todo momento, lo que contribuía al acercamiento entre unos y otros, algo que afectaba a la buena convivencia y al aprovechamiento del tiempo constructivamente.

Desde aquí queremos felicitar a los organizadores por este magnífico Congreso, la buena sintonía demuestra a las claras las “buenas compañías” espirituales que velaban para que el evento se desarrollara y acabara con éxito, lo cual demuestra que este es el camino a seguir, que debemos de esforzarnos para ser cada día mejores como nos enseña la doctrina codificada por Allan Kardec, y que cada evento espírita, bien Congreso, Jornadas, etc., ha de ser una fiesta espiritual, la fiesta de la fraternidad, del diálogo y del entendimiento; demostrando con nuestras obras que esta es una “doctrina viva”, no adormecida y que tiene que aportar mucho a la sociedad confusa y desmoralizada, en unos momentos tan críticos de cambio de ciclo.

José Manuel Meseguer Clemente

© 2014 Amor paz y caridad