Semblanzas

PABLO Y FEDERICA DE GRECIA

PABLO Y FEDERICA DE GRECIA
 

Se acaba de cumplir el 50 aniversario de la muerte del rey Pablo I de Grecia. Es por tanto esta una buena ocasión para trazar unas pequeñas pinceladas de su trayectoria, tanto del monarca griego como de su esposa Federica (fallecida en Madrid en el año 1981); no ya desde el punto de vista de los hechos históricos, pues los datos y estudios están al alcance de cualquiera, sino desde el punto de vista humano y espiritual. Su pensamiento y su filosofía de vida, algo que es bastante desconocido para la mayoría de la gente y que marcó a todo un pueblo que confiaba en sus monarcas.

Su misión no fue una tarea fácil pues ya como príncipes, durante la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente con la muerte repentina de su hermano, el rey Jorge II y su sucesión en abril de 1947, tuvieron que lidiar con acontecimientos graves para el país como fue una guerra civil terrible y otros conflictos importantes. Gracias a la calidad humana y espiritual de estos monarcas, y de algunos de sus dirigentes políticos se pudo realizar un buen trabajo en favor de su pueblo, que al fin y a la postre es la aspiración principal de todo dirigente consciente y responsable. La clave estuvo en su sentido de la realeza como responsabilidad sagrada, consiguiendo el que miles de personas al mirarle pudieran ver sus esperanzas representadas en él. Pablo I pensaba que un rey debe saber que solamente actúa como un intermediario a quien su pueblo entrega lo mejor de sí, para que él, a su vez, devuelva su chispa encendida a esa inmensa fuente de la que todos tomamos nuestra luz. También fue determinante su manera de ser y su personalidad, como dice la reina Federica en sus memorias: “Era un hombre de una gran fuerza moral y sus suaves modales convertían a muchas personas, incluida su familia, en sus fieles servidores. O había nacido abnegado y generoso o, mucho antes de conocernos había superado su natural egoísmo y ahora podía irradiar a los demás su inmaculada rectitud interior. Esto hacía su efecto sobre nuestros políticos, que se sentían seguros al confiar en él, pues sabían que jamás utilizaría contra ellos sus propias debilidades. Sabía escuchar y era parco en sus comentarios.”

En su vida cotidiana se sentían más cómodos estando cerca de las gentes sencillas. Visitaron aldeas y pueblos desbastados por la guerra, tanto en su Jeep como ayudándose con algún animal de carga por caminos abruptos, en zonas montañosas inaccesibles a los vehículos. No les importaron las incomodidades ya que lo fundamental para ellos era tener un contacto humano con las gentes, demostrándoles cariño e interés sincero por sus problemas, sus anhelos. Transmitiéndoles apoyo moral y consuelo en sus desgracias que eran muchas en aquella época.
Por otro lado los monarcas también se esforzaron en promover por todo el país la creación de Centros de Formación con plena libertad de movimientos para los “niños robados por la guerra”, aquellos que pudieron ser rescatados de los millares que fueron arrancados de sus hogares y sus familias por manos fanáticas, buscando su reeducación en valores y proporcionándoles una formación académica y profesional gratuita para poder reinsertarlos en la sociedad.
Al mismo tiempo tuvieron que desarrollar una intensa actividad diplomática ante los diversos frentes abiertos que tuvieron que litigar con los países limítrofes. Buscando lo mejor para su país pero sin desdeñar en ningún momento la necesidad de mantener la concordia y el diálogo amistoso y constructivo con dichos países. En algunos casos lo consiguieron, incluso estableciendo buenas relaciones personales de amistad con sus dirigentes políticos, siguiendo una filosofía de vida cómo la que explicó en un emotivo discurso del rey Pablo en su visita oficial a Inglaterra: “…..Creo que en este mundo moderno se necesita un nuevo concepto de misión dentro de cada uno de nosotros. Debemos enseñar a comprender donde hay confusión, a perdonar donde hay culpa, a curar donde hay úlceras, a mantener la firmeza donde hay dudas, y, sobre todo, a volver a descubrir la hermosura del espíritu humano y a servirle del mismo modo que servimos al Divino.”
Ambos monarcas creían firmemente en la vida espiritual y en la reencarnación como se puede comprobar en el extracto de una carta que le escribió, el entonces príncipe Pablo a su esposa exiliada en Ciudad del Cabo (Sudáfrica) durante la Gran Guerra. El rey Jorge y su hermano se trasladaron a Inglaterra por mar, durante el trayecto el príncipe le escribió una carta a su esposa en la que decía: “….Probablemente tú y yo hemos vivido juntos una vez y otra a lo largo de los tiempos y siempre nos hemos amado, pues el nuestro no es un amor corriente.”
Prueba de la sensibilidad y sentido del tacto con los demás que poseía el rey Pablo se desprenden algunos consejos, como los que recoge su esposa también en sus memorias: “Cuando alguien se ha equivocado y tú has acertado, nunca debes decir “ya se lo decía yo”, pues nunca te lo perdonará. Dale a entender que la idea brillante fue suya desde el principio y que tú querías decir lo mismo, aunque expresado de distinta manera”. Y “cuando tengas un éxito, da las gracias a la gente por las cosas que probablemente no hicieron. Se considerarán partícipes en el triunfo y no dejada al margen.” O “nunca recuerdes a las gentes que les has hecho un favor. Déjales creer que fueron ellos los que consiguieron las cosas por sus propios méritos. La gratitud es una carga muy pesada que pocas personas pueden soportar”. También decía: “La preocupación es debilidad, y la serenidad es fuerza.”
La reina Federica fue una gran pensadora y tenía su punto de vista respecto a los tiempos que estamos viviendo actualmente de crisis de valores e ideales nobles reflejados en el arte: “El verdadero arte debe descender desde la Divinidad hasta el artista y rozar con su aliento al espectador. El verdadero arte tiene como misión elevar el espíritu de los hombres, no rebajarlo y confundirlo. El poeta dijo: La Belleza es la Verdad. Cuando el mundo haya vuelto a encontrar un punto de referencia aceptable desde el que sea capaz de llevarnos hacia una nueva y saludable visión de la vida, creo que surgirá una nueva Edad de Oro para la música, la pintura, la escultura y la poesía.”
El matrimonio tuvo tres hijos, Sofía (actual reina de España); Constantino (fue rey de Grecia durante un tiempo) e Irene (princesa de Grecia). Los cinco formaron una familia muy unida, como declarara un amigo: “Lo que más me gusta de vuestra familia es que todos estén tan orgullosos unos de otros y que cada uno trate de destacar los éxitos de los demás” 
Durante la última etapa de la enfermedad del rey, Doña Federica sufrió un bache importante, con unas enormes ganas de fallecer antes que él. En sus memorias relata un mensaje recibido de lo Invisible, como así lo llama, muy claro de advertencia en el que le decían: “Si destruyes tu forma, piensas una mentira. Tu ser es uno con el de él, cuyo ser no es su forma. Piensa como es debido. Sé lo que no ves, y lo que serás cuando su apariencia haya desaparecido.”
El rey Pablo de Grecia murió tras haber sido operado de cáncer pocas semanas atrás. Tuvo un final sereno y con paz. La descripción que hizo de su experiencia es calcada a los numerosísimos casos de ECM (Experiencias Cercanas a la Muerte) recogidos por grandes investigadores de prestigio mundial. Quiso estar consciente en todo momento junto a sus seres queridos en los momentos finales. Rechazó calmantes y sedantes pues prefirió estar lúcido junto a su familia. La tarde del 4 de marzo describió a su esposa lo que estaba viendo: “Creí que me había ido ya… Todavía me siento muy lejos. Cuesta acostumbrarse… Debo haber estado completamente al otro lado…” Más tarde añadió: “Esto es increíble. He tenido la visión de un camino largo y oscuro, al final del cual brillaba una luz resplandeciente. Da una maravillosa sensación de paz y bienestar. Es una gran elevación espiritual, como acercarse mucho al Cielo. Esa es la verdadera Sagrada Comunión”. Concluyó diciendo: “Si, ahora lo comprendo todo. Es la Verdad. Es el tiempo más maravilloso de nuestra vida”
El 6 de marzo de 1964, mientras escuchaban “La Pasión según San Mateo” de Bach, una de sus obras favoritas el monarca hizo un último comentario: “Todavía veo la Luz. Ahora es mucho mayor y la paz se va intensificando. Ya podemos irnos”. Cerró los ojos y expiró dulcemente. Este fue su final, seguramente el premio a una vida entregada a su tarea de servir y ayudar a sus semejantes.
Todo un ejemplo a seguir en estos momentos de confusión y de falta de rumbo. Unos monarcas que supieron asumir sus responsabilidades dentro de unos cauces morales y espirituales, aprovechando su posición privilegiada para poder hacer el mayor bien posible, cumpliendo con una misión sagrada como así lo veían.
Sirva de pequeño homenaje este artículo para recordar en su aniversario a un gran Rey que ayudó sobremanera a sacar del atraso, de la pobreza y del ostracismo a su país, siempre con el soporte de una familia que supo estar a la altura de las circunstancias.
Redacción
Grupo Villena

Bibliografía: “REINA FEDERICA DE GRECIA.- MEMORIAS”

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