Transición planetaria

¿ESTAMOS EN UN FINAL?

Hablar del cambio de ciclo, el simbólico Final de los Tiempos, es una cuestión que posee un abanico muy amplio de posibilidades y enfoques que le confieren distintos matices con los cuales nos podemos sentir más o menos identificados.

Seguramente observar la cuestión sólo desde un ángulo podría resultar insuficiente y hasta incluso podría rozar lo irreal, pero el cuadro que estamos viviendo actualmente, a diferencia de otras épocas, es muy claro y notorio, bastante patente. Las cosas no cambian por si solas, ni nadie tiene una varita mágica que sea capaz de convertir de la noche a la mañana a las distintas sociedades de hombres y mujeres que pueblan el planeta en seres íntegros y responsables, es decir, en un mundo mejor.

Resulta sano y hasta pedagógico reflexionar sobre la Gran Transición Planetaria en clave de esperanza. Los enfoques alarmistas y catastrofistas no ayudan a su comprensión puesto que la transformación que se opera actualmente va a ser profunda y definitiva. Estamos hablando de un cambio de paradigma hacia la fraternidad y la paz. No obstante, para alcanzar ese objetivo hace falta previamente el que nos sometamos a un proceso de selección en el que vamos a ser separados: “los de la derecha y los de la izquierda”. Este es un proceso tan imprescindible como inevitable.

Hablar de la necesidad de que cambiemos los seres humanos porque de lo contrario nos tendremos que atener a las consecuencias suena a amenaza, y generalmente nadie cambia en base al miedo, y mucho menos cuando estamos hablando de espiritualidad y de amor, salvo cuando es el fanatismo el que nubla nuestra razón, pero en ese caso no podemos ser personas auténticas y libres.

Si repasamos los evangelios podremos comprobar que cuando trata el tema del Final de los Tiempos el Maestro es muy claro, sin adornos ni disfraces. En base a su profunda comprensión de la naturaleza humana y de sus pasiones más arraigadas fue capaz de entrever el devenir, el recorrido de esta humanidad que desembocaría en un momento determinado a una selección, necesaria y hasta urgente para desbloquear el avance del progreso y el cambio de grado espiritual de este planeta. El comprendía que, pese a las oportunidades concedidas, no se podía esperar perpetuamente a aquellos espíritus rebeldes que no desearan cambiar por sí mismos y que pudieran comprometer seriamente el futuro de este mundo, cuyo destino final pasa invariablemente por pasar de ser un mundo de Expiación y Prueba a un mundo de Regeneración.

Basta analizar los mensajes que el plano espiritual nos está transmitiendo a la luz del Espiritismo y observaremos que el tono de la gravedad del momento toma cada vez más relieve, como podremos comprobar más adelante. Cabe preguntarnos: ¿Es posible conjugar claridad y realismo en clave de esperanza sin desembocar en miedo al futuro? ¿Estamos lo suficientemente lúcidos como para elevarnos y ver las cosas desde una perspectiva más amplia, más global?

Si leemos los periódicos podremos comprobar la sucesión de acontecimientos que estamos viviendo actualmente, no ya las guerras que no cesan por todo el mundo mostrándonos unos cuadros de dolor permanente, sino también los estudios que se están realizando a nivel global respecto al cambio climático y sus devastadoras consecuencias. Las conclusiones generales son que el efecto invernadero es imparable, según los expertos ya no hay vuelta atrás, los gobiernos temporales se encuentran con informes que solicitan medidas urgentes para, no ya paliar el cambio climático y geofísico inevitable, sino para atenuar, en la medida de lo posible, sus consecuencias fatales.

Aun así, los mecanismos para que las distintas potencias se pongan de acuerdo son muy lentos y poco fructíferos. Las élites negligentes creen que todavía les queda tiempo para seguir expoliando el planeta y que las consecuencias no las van a pagar ellos. ¡Cuán equivocados están! Inexorablemente hemos llegado tarde, no ha existido voluntad para corregir esta situación a tiempo, sin embargo, esto entraba en las previsiones de lo Alto y es una consecuencia más del momento de transición que estamos viviendo.

Ocultar la verdad sería una irresponsabilidad, pensar en un cambio lento y placentero no parece ajustarse a la realidad. No nos vamos a explayar en este artículo en detalles pero como decíamos la comunidad científica de todo el mundo está poniendo el grito en el cielo, pero el poder político es poco sensible y se aviene primero a sus intereses porque no le interesa egoístamente mirar más allá.

En la obra de Joanna de Ângelis, “Despierte y sea Feliz” psicografiado por Divaldo P. Franco encontramos lo siguiente: “El Evangelio del Señor nos advierte que en los días futuros, previstos por Él, el dolor alcanzaría dimensiones inimaginables, arrastraría a multitudes al abismo, a la desesperación, y lograría que el delirio y el desequilibrio perturbaran a la humanidad…Hoy vivimos esos días anunciados sin ningún retoque ni disfraz… Se anuncian las horas graves de la transformación de los hombres, del cambio vibratorio del planeta…Nadie se engañe ni engañe a otros”.

En la página psicografiada por el médium Divaldo Pereira, el día 30 de julio de 2006, en la ciudad de Rio de Janeiro, el espíritu de Joanna vuelve sobre el tema: “Los combates se presentan individuales y colectivos, amenazando destruir la vida con hecatombes inimaginables….. La locura, proveniente del materialismo de los individuos, nos arroja a los abismos de la violencia y de la insensatez, ampliando el campo de la desesperación que se esparce en todas las direcciones. Se destruyen los hogares, se desorganizan las relaciones afectivas, se desestructuran las instituciones, los centros de trabajo se convierten en áreas de competencia desleal, las calles del mundo se transforman en campos de luchas perversas, llevando cuesta abajo los sentimientos de solidaridad y de respeto, de amor y de caridad. La turbulencia vence a la paz, el conflicto domina al amor, la lucha desigual sustituye la fraternidad… Sin embargo, estos acontecimientos son apenas el comienzo de la gran transición.”

Como podemos comprobar no se trata de un tema menor. A todos, absolutamente a todos nos llegará el momento del testimonio, el momento de la definición, de adoptar una postura clara y concreta que nos empujará en un sentido u otro. Dios es justo y dará a cada cual según merecimientos. Esa es la ley.

Por lo tanto, no nos descuidemos y no nos distraigamos en esta época crucial de la humanidad. Miedo no, responsabilidad sí. Estos momentos no son casuales ni tampoco es casual el que nos haya tocado vivirlos. Estamos de examen y debemos cumplir las expectativas para poder formar parte de una nueva sociedad que se instalará definitivamente en este mundo. No tratemos de justificarnos pues no sabemos el tiempo que nos queda ni los acontecimientos que en esta existencia nos va a deparar, pero en cualquier caso, debemos de estar preparados. Las claves: trabajo interior y confianza.

Jose Manuel Meseguer Clemente

© 2014 Amor, paz y caridad

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