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LOS CONTRASTES HUMANOS

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Cada vida física es un pequeño fragmento de la gran película de la vida. Tratar de entenderla en profundidad bajo el prisma únicamente físico, de lo que vemos con nuestros sentidos, de las ideas religiosas que imperan en Occidente actualmente, resulta muy complicado. A esto, si le añadimos los condimentos en boga de pérdida de valores, de ideales nobles; el materialismo, la lacra del fanatismo en el mundo, etc., marcan en su conjunto una época de honda crisis, consecuencia de la gran transición planetaria que se opera en la actualidad.

La gran piedra de toque son las desigualdades humanas, y aunque todos aspiramos a la felicidad, vemos los grandes contrastes sociales. Por un lado el sufrimiento que generan las guerras, la opresión social, el hambre; y por otro el confort, la riqueza de algunos, viviendo en países o regiones donde es más fácil vivir en paz y con todas las comodidades.

Sin haber hecho aparentemente méritos o deméritos, cada ser humano se encuentra ante una realidad que contrasta unos con otros. Personas que nacen con gran inteligencia, grandes cualidades y aptitudes, y al mismo tiempo otras con dificultades para el aprendizaje, o con malas tendencias morales. También quienes nacen con enfermedades, deficiencias psíquicas graves, y al mismo tiempo otros con perfecta salud, fuertes y vigorosos.

Hemos de partir de una serie de premisas incuestionables. Dios es siempre justo. No deja nada al acaso, al azar o a la suerte. No abandona “nunca” a nadie, por muy malo y miserable que sea. No concede privilegios ni tampoco tiene favoritos. Ama a todos por igual, sin distinciones de ningún tipo…

Entonces, ¿qué es lo que falla?, ¿qué elemento es el que nos falta para empezar a entender dichos axiomas, que forman parte de los atributos de nuestro Padre?

Sin ninguna duda la gran ley de la reencarnación. Es la única que nos puede aportar los argumentos necesarios para entender el origen de los conflictos, las desigualdades de todo orden, y las aparentes injusticias que nos envuelven. Rebuscando en anteriores vidas, cuando la causa no está en esta misma vida, podemos llegar a entender que las víctimas de hoy han podido ser los verdugos del pasado.

La vida del ser humano viene marcada por dos aspectos fundamentales. Por un lado, el libre albedrío, que nos dota de la capacidad para actuar, y es en base a nuestro comportamiento lo que definirá y concretará un futuro más o menos venturoso. Al mismo tiempo, la vivencia actual, las circunstancias en las que nos movemos, como resultado de un pasado que nos marca el presente.

Por tanto, las circunstancias del momento evolutivo inferior en el que nos encontramos nos empujan a la expiación y a las pruebas constantes. Es por ello que este mundo está catalogado como un planeta de “Expiación y Prueba”. Lo que supone un periodo más o menos largo, dependiendo de nosotros, para asimilar unas determinadas experiencias, unas pruebas que una vez superadas, nos capacitarán para continuar la evolución en otra fase; la de “Regeneración” y así sucesivamente.

Mientras tanto, necesitamos vivir fuertes contrastes para que nuestra conciencia dormida vaya despertando poco a poco, se movilice ante los estímulos y sinsabores que nos alcanzan. Experimente, actúe, se equivoque y acierte, con periodos de felicidad, abundancia, con otros de desdicha y dolor; con etapas de salud y vigor, y otras de enfermedad y dificultades.

En una palabra, moldeando una personalidad, una sabiduría producto de la experiencia que nos va abriendo puertas y nos va capacitando para empresas mayores. Dios no tiene prisa, pero sus leyes universales actúan en todo momento, trabajando a nuestro favor, aunque a veces nos podamos rebelar por ignorancia de sus motivos y finalidades.

Por tanto, las desigualdades humanas cumplen una función pedagógica aunque sean transitorias. Forman parte del aprendizaje en el plano físico. Todo se quedará aquí, lo material, y tan solo nos llevaremos la experiencia y las buenas o malas obras que hayamos realizado, también tendremos que responder del usufructo de todo aquello que se nos concedió.

Invariablemente, el estudio y comprensión de la ley de la reencarnación, así como el origen de las desigualdades humanas, nos deben de servir de consuelo, de esperanza en un futuro mejor, ante la convicción de que todo lo que estamos viviendo en la actualidad es pasajero. Depende del comportamiento, de nuestras reacciones ante las pruebas y experiencias de la vida, un futuro en el mundo espiritual más o menos venturoso.

Sirvan como reflexión las palabras de San Agustín, recogidas en el Evangelio según el Espiritismo (capítulo XIV, 9): “¿Quién puede mejor, reanimar el valor moral, sino el conocimiento de las causas del mal y la certeza de que, si hay grandes trastornos, no hay desesperaciones eternas, porque Dios no puede querer que su criatura sufra siempre? ¿Qué cosa hay más consoladora y que dé más valor, que el pensamiento de que depende de sí mismo y de sus propios esfuerzos abreviar el sufrimiento, destruyendo en sí las causas del mal?

También nos debe de servir dicho conocimiento para trabajar,controlando las pasiones y el apego que podamos sentir por las cosas o las personas. Hemos de dejar que todo fluya, libertad para las personas aunque las amemos mucho, pues el amor verdadero es incondicional, irradia y no aprisiona a nadie. Desapego por las cosas materiales, pues son herramientas, instrumentos que no nos podremos llevar al túmulo.

La ley de causa y efecto marca claramente las desigualdades humanas. Nosotros escribimos a diario, con nuestros pensamientos, sentimientos y obras, aquello que proyectamos a los demás. De tal modo que, aquello que les hacemos nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Nadie nos puede hacer daño si no lo permitimos. Si nos movemos en otra sintonía, en valores de amor y perdón.Si no nos dejamos llevar por el egoísmo o el orgullo, no nos podrá alcanzar cualquier acción negativa. Aunque nos pueda provocar sufrimiento, ese dardo envenenado invariablemente volverá sobre el agresor. La vida nos pone delante a las personas y situaciones adecuadas para que aprendamos a solucionar los conflictos propios, no los ajenos.

Antes de encarnar, y en base al estado evolutivo de cada uno de nosotros, se establece un programa concreto, de rescate, aprendizaje, de situaciones que se habrán de vivir para movilizar los recursos internos, las potencialidades que todos albergamos en nuestro interior. Al espíritu medianamente esclarecido, sobre el que pesan unas deudas de errores pasados, de conquistas pendientes por adquirir, poco le importan los sinsabores, los sacrificios, pues observa la vida desde ese plano espiritual de otro modo. Una vida física la contempla como un episodio muy incómodo pero que le puede abrir las puertas de un retorno esplendoroso, feliz.

No obstante,la angustia producto de la incertidumbre, de si será capaz de alcanzar con éxito todas las metas. En el mundo espiritual se preparan las existencias concienzudamente, con el auxilio inestimable de seres espirituales de luz, que son como los hermanos mayores que nos aconsejan, miden nuestras fuerzas y nos orientan, para acercarnos lo máximo posible a la superación de todas las pruebas a las que nos debamos de someter en el plano físico.

Para concluir incidir en la idea de que las desigualdades humanas no vienen establecidas por una especie de “ojo por ojo y diente por diente”. Lo que ocurre en múltiples ocasiones es que el espíritu necesita rescatar de una forma más o menos directa, los errores del pasado para sensibilizarse, para que viva en sus carnes y sienta lo que no fue capaz de sentir con sus acciones pretéritas sobre otros. Muchas veces no existe otro modo más rápido y efectivo de progreso.

Es muy importante remarcar las dos opciones de progreso a nuestro alcance: Por amor, de forma voluntaria, o por el dolor. O como reza un viejo adagio: La siembra es voluntaria, pero la cosecha obligatoria. A nosotros nos toca elegir.

 

José M. Meseguer

©2015, Amor, paz y caridad

BIENAVENTURADOS LOS MANSOS Y LOS PACÍFICOS

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La paz  y la mansedumbre de personas sencillas en un mundo de violencias, disturbios sociales y en crisis, son cualidades muy importantes porque son un modelo para los demás, ejemplo de  equilibrio y dominio de uno mismo.

Ejemplos históricos no faltan. Gandhi en la India ocupada, Martín Luther King en Estados Unidos con el problema de la discriminación racial, o Nelson Mandela en Sudáfrica se sobrepusieron al resentimiento y al odio respondiendo con paz, tolerancia y diálogo, logrando unos resultados que cambiaron el curso de la historia.

El pacífico y manso realiza un esfuerzo por controlarse ante las contrariedades y las injurias, soporta las injusticias cuando éstas no las puede evitar, dándose una pausa para analizar serenamente; un tiempo suficiente que le amplíe el campo de visión del problema para encontrarle una solución si la hubiera, evitando actuar con precipitación.

Su alegría y buen humor alejan los pensamientos depresivos y perniciosos que pudieran inducirle a obrar con rebeldía ante las contrariedades, ya que la tristeza y los pensamientos pesimistas inducen a centrarse exclusivamente en uno mismo, creando un caparazón en donde se acomoda, perdiendo el ánimo para luchar y salir de las dificultades.

El pacífico y afable se nutre de unos ideales espirituales sólidos que le sostienen en los momentos de flaqueza, sabiendo valorar lo que tiene y comprendiendo que al interactuar con el prójimo se puede llevar sorpresas desagradables, pues no estamos todos en un mismo nivel evolutivo. Con su visión amplia, trascendente, de aquello que no se ve a simple vista y la esperanza en un futuro mejor, transitan por el mundo sin desanimarse y venciendo dificultades.

“Quien pretenda una felicidad y sabiduría constantes, deberá acomodarse a frecuentes cambios” (Confucio)

De las cualidades anteriormente dichas se desprenden otras como son la dulzura y la afabilidad que son preferentemente características del ámbito femenino. Cada sexo trae un compromiso a asumir como tal. Es obvio que todos hemos de pasar durante el periplo evolutivo por los dos sexos para asimilar todas las experiencias y atesorar todas las virtudes que cada cual conlleva. No obstante, en la mujer adquieren dichas cualidades unos matices especiales que unidas a las cualidades propias del hombre permiten complementarse mutuamente, algo que una vez comprendido y asumido el rol de cada uno, según las circunstancias y necesidades, supone un adelanto extraordinario para el espíritu.

En otro orden de cosas, la paz y la mansedumbre también influyen en la mediumnidad, en el contacto con el mundo espiritual que nos orienta y nos guía. Son los seres superiores, los seres de luz comprometidos con los médiums los responsables para llevar a cabo su parte del trabajo, con la necesaria colaboración de la parte material, de los encarnados, con la obligación de ser dóciles, sin renunciar nunca al análisis y al raciocinio para desarrollar ese trabajo conjunto, comprometido por ambas partes antes de encarnar. Docilidad ejemplificada por el propio Maestro Jesús cuando afirmó: «Yo no he venido a hacer mi voluntad sino la voluntad de mi Padre».

También debemos referirnos a la obediencia como consecuencia natural de la mansedumbre, tan crucial sobre todo en la etapa infantil, pues les resulta, por lo general, más fácil durante esa etapa inicial de la vida, la aceptación de los consejos y orientaciones de los padres porque comprenden que son ellos los que saben lo que es más conveniente para su desarrollo. Sin renunciar a su personalidad incipiente, a que aprendan a razonar por sí mismos y desarrollar sus propias iniciativas.

También nos habla el Maestro con esta bienaventuranza de la resignación; dispuestos a aceptar las situaciones que la vida depare, pues muchas veces son rescates de errores del pasado que acuden para saldarlos.

Existe una oración muy conocida que refleja lo expuesto anteriormente: “Dios mío, concédeme serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar; valor para cambiar lo que puedo, y sabiduría para reconocer la diferencia”.

Tan sólo la resignación permite ver con esperanza el futuro, puesto que las vicisitudes y los sufrimientos no son perpetuos, pues algún día tocarán a su fin, aunque temporalmente sean necesarios para que el espíritu madure y se enriquezca interiormente.

Como indica el mensaje de Lázaro en el Evangelio según el Espiritismo: “La obediencia es el consentimiento de la razón y la resignación el consentimiento del corazón”

Al mismo tiempo, el Maestro completa esta máxima diciendo: “…heredarán la Tierra”. Esto significa que los comportamientos serenos y nobles a la larga cosecharán sus frutos. En un mundo dominado por la apariencia de aquellos que detentan poder político y económico, mostrando una imagen ficticia de preocupación por los problemas ajenos, simulando cualidades que no tienen, disfrazando hipócritamente sus verdaderas ambiciones, llegará el día en que tendrán que cambiar o serán desterrados a otro mundo en peores condiciones. Actualmente son cada vez más las voces que se alzan contra la corrupción en los países, la tecnología (internet, etc.,) en un mundo cada vez más abierto y global, unido al trabajo de los medios de comunicación (cuando no son del todo manipulados y controlados) destapan fraudes, injusticias muy difíciles de esconder. Muchos poderosos se ven empujados hacia una trasparencia que no les interesa, empero la sociedad se lo demanda a gritos. El pueblo, mejor informado y menos ingenuo reclama derechos, justicia, buena administración de los recursos públicos.

Efectivamente, se opera un cambio lento pero paulatino que confirma la bienaventuranza que nos ocupa. Los mansos y pacíficos se abrirán paso para colaborar con todos, aportando y  no compitiendo, siendo generosos y no egoístas, nobles y no hipócritas. Llegado el momento continuarán sin entorpecimientos con su trabajo en paz, desarrollando sus cualidades para beneficio común.

En conclusión, para todos aquellos que aspiran a ser verdaderos trabajadores en la senda del bien, como continuadores de la obra del Maestro Jesús, la mansedumbre así como la afabilidad, la dulzura, la paciencia y en definitiva todas aquellas cualidades que son hijas de la caridad, adquieren una importancia vital, sobre todo en estos momentos tan difíciles y decisivos que nos ha tocado vivir,  un esfuerzo final que se debe mantener para vivir acordes con las leyes espirituales armónicas y perfectas, en esta etapa de Transición Planetaria que se está operando en la actualidad.

                                                                                                                José M. Meseguer

2015  © Amor, paz y caridad

EL DOLOR

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Cuando hablamos del dolor o del sufrimiento prácticamente hablamos de la misma cosa, aunque hay autores que marcan una distinción clara entre los dos. De ese modo, el dolor sería de carácter físico y el sufrimiento de carácter psicológico.

Al margen de las causas físicas, que no es nuestro propósito abordar, el sentido trascendente y espiritual del mismo es muy importante, puesto que su comprensión y análisis nos puede ayudar mucho en el desenvolvimiento social y humano del ser.

Por decirlo de algún modo, todo aquello que nos rodea actúa como pantalla que  interactúa constantemente con nosotros. Los pensamientos, sentimientos y acciones generan unas reacciones que producen unas consecuencias más o menos inmediatas. Al mismo tiempo, las leyes divinas regulan, administran y actúan en todo momento, contribuyendo al equilibrio y a la evolución constante. Su perfección en el modus operandi es absoluta. Nosotros, espíritus con un cuerpo físico todavía muy grosero, y con una evolución espiritual muy pequeña, estamos muy lejos de entender mínimamente su majestuosa dimensión; empero, tenemos una vaga intuición de su grandeza y empezamos a entender algo sus mecanismos superiores.

Ciñéndonos al ser humano en sí, somos la consecuencia del despertar de la conciencia, haciendo bueno el principio espiritual de que: “Dios nos crea sencillos e ignorantes”. Y es precisamente, producto de la ignorancia, de los instintos convertidos en pasiones y de comportamientos desviados de la armonía y equilibrio, lo que generan destinos de dolor y sufrimiento.

Por tanto, el dolor juega un papel fundamental en las primeras etapas del ser humano como aprendizaje y sensibilización del espíritu. También como drenaje por la acumulación de cargas morbo-psíquicas acumuladas durante el transcurso de muchas vidas, que necesitan ser depuradas del alma, para recuperar el equilibrio y la armonía, pero traducido en experiencia vital. Todo ello en los plazos adecuados, y con el desarrollo sabiamente programado por lo Alto; teniendo en cuenta el libre albedrío en la toma de decisiones o variaciones de rumbo, pero siempre buscando el beneficio del espíritu en evolución.

La inigualable mentora Joanna de Ângelis, nos habla de tres tipos de dolor:

  • El dolor rescate. Es del que hemos estado hablando hasta ahora. Recuperación del espíritu; la ley de causa y efecto en acción; eliminar parte de las toxinas acumuladas durante mucho tiempo en el alma. En ese proceso estamos la inmensa mayoría de encarnados.

 

  • El dolor elevación. Consiste en un dolor voluntario, no kármico. Espíritus que eligen una vida de sacrificio y renuncia con la intención de ayudar a otros. Como es el caso de Francisco de Asís. Un espíritu liberado de deudas del pasado, pero lleno de amor, eligiendo la renuncia y el sacrificio como bandera y forma de vida.

 

  • El dolor conquista. Jesús es el ejemplo más claro, pues vino para enseñarnos a amar y sufrir, estimulando al prójimo a la ascensión. Jesús, espíritu puro, modelo y guía de la humanidad, no tenía el por qué sufrir tanto, pero lo eligió para demostrar que el dolor es el camino del amor total.

 

Como hemos podido comprobar existen dos caminos para la ascensión espiritual: Por el camino del amor, del trabajo, de la renuncia, de la lucha interior. O bien el camino del dolor que nos “sorprende” en el devenir humano de la existencia, en mundos de un nivel inferior, como es el nuestro actualmente. Cuando actuamos egoístamente, cuando nos olvidamos de nuestros deberes con nosotros mismos y con el prójimo, y también cuando abusamos de los parabienes que la vida nos concede; todo ello, genera un caldo de cultivo, una acumulación negativa, que la ley de evolución nos impele a desatascar, impulsándonos al trabajo, a la reflexión, también a las sucesivas crisis, personales y colectivas, que se generan para provocar una reacción positiva, siendo un toque de atención para que modifiquemos nuestro rumbo, para que variemos el camino en el que cómodamente hemos podido estar instalados, invitándonos al cambio, a la búsqueda de nuevas metas que nos conduzcan a la felicidad.

Por tanto, el dolor no se puede considerar como un castigo, sino como un corrector que sutiliza, regenera, eleva al espíritu; nos muestra la fragilidad humana. Es la medicina amarga,  provisional,  que prepara un retorno a la vida espiritual mucho más plena y feliz. Es por ello que, con una visión más realista y completa del espíritu en estado espiritual y consciente de lo que le falta para mejorar su condición, no tiene inconveniente en elegir una vida difícil, dura, con sufrimiento, porque sabe de sus beneficios posteriores.

No obstante, la ciencia médica avanza de un modo extraordinario, eliminando o controlando enfermedades que hasta ahora eran incurables. Progresando en dirección a la mejora de la calidad de vida del ser humano. Empero, surgen nuevas enfermedades, nuevos virus extraños, consecuencia de las malas praxis, de la falta de equilibrio entre el progreso tecnológico y científico con el progreso moral y espiritual del hombre.

Por todo lo expuesto, nos podemos preguntar: ¿Algún día desaparecerá el dolor y el sufrimiento de la Humanidad? Sin ninguna duda. Será el día en que los pobladores de este mundo trabajen en su progreso y el de los demás, cuando la renuncia y el sacrificio serán práctica habitual por parte de todos, donde cualquier mala acción, y hasta incluso un mal pensamiento será considerado como un error extemporáneo, provocando rubor y vergüenza a su autor.

Aunque parezca una contradicción masoquista, le debemos gratitud al dolor, por todo lo expuesto anteriormente. Por el enorme beneficio que le reporta al espíritu, por su carácter provisional pero de resultados muy eficaces y permanentes, pasando a formar parte del acervo espiritual del alma inmortal. Efectivamente, el dolor nos sutiliza y nos acerca a Dios, eleva el alma, aumenta nuestro nivel vibratorio, potencia las cualidades innatas, nos acerca a la realidad de la vida y del espíritu inmortal.

Volviendo a la extraordinaria mentora Joanna de Ângelis recordemos otro de sus pensamientos para la reflexión: “Tu dolor es un rescate que tu amor no logró evitar”. Significa que estar en el camino del amor, de la regeneración, no nos exime de ciertas deudas del pasado que invariablemente hay que rescatar, sin embargo, la actitud positiva, sin rebeldías o autocompasión, actuando con verdadero amor, puede aliviar y hasta atenuar exponencialmente cualquier vicisitud amarga de la vida. Sin duda, la actitud y la predisposición es el todo.

En conclusión, tenemos muchísimos motivos para sentirnos felices de aquello que nos ha tocado vivir. Cada quien tiene las experiencias que merece y necesita. Sepamos pues leer bien en el libro de la vida, estudiemos los conocimientos espirituales para reflexionarlos e incorporarlos a nuestra existencia, pasando de las creencias vulgares a las convicciones profundas. Cambiemos aquello que podamos cambiar y lo que no, aceptémoslo con agrado, pues forma parte de la lección que más necesitamos aprender en este momento.

 

José M. Meseguer

2015  © Amor, paz y caridad

«BIENAVENTURAROS LOS LIMPIOS DE CORAZÓN»

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La limpieza de corazón es fundamental para afrontar todo tipo de situaciones que la vida nos pueda plantear, ya que en múltiples ocasiones nos dejamos llevar por la maledicencia, los juicios erróneos, las pequeñas rebeldías o por todos aquellos aspectos negativos que poseemos, que aunque no afloren al exterior, el mero hecho de dejarse llevar por esos malos pensamientos o actitudes nos perjudican y son un serio obstáculo para el progreso espiritual.

El Maestro toma como modelo de limpieza al niño inocente, dócil, que olvida muy pronto las ofensas y las acciones que no le han gustado de los demás, aquél que en su inocencia posee un carácter fácilmente amoldable a las necesidades de su entorno. En definitiva una pureza, producto del “descanso” parcial del espíritu en una materia aún no desarrollada, y por lo general, todavía no contaminada por las experiencias dolorosas o las contrariedades de la vida, no dando pie en toda su magnitud a las pasiones que pudiese arrastrar del pasado.

Para los adultos nos puede servir como referencia de las pautas a seguir en la vida a poco que reflexionemos, es por ello que Jesús amonestó a sus discípulos cuando éstos intentaban apartar a los niños de su compañía con estas palabras: «En verdad os digo que el que no recibiera el reino de Dios como niño, no entrará en él».

La vida es una escuela en la que cada cual extrae sus propias conclusiones. De las experiencias y situaciones cada uno de nosotros reaccionamos de una forma distinta, y el planteamiento que realizamos de las mismas difiere de unos a otros, ya que no hay dos personas iguales. Es evidente la importancia que toma la comprensión espiritual para afrontar toda situación, ya que ésta nos puede hacer ver la vida desde unos ángulos muy distintos a los puramente materiales, y la necesidad de corregir aquellas imperfecciones que nos entorpecen y que impiden en múltiples ocasiones que se manifiesten las cualidades atesoradas en el espíritu.

Sobre todo la humildad y la sencillez, así como el desinterés y la renuncia son cualidades indispensables para actuar correctamente, eso sin olvidar el profundo respeto que debemos de sentir y manifestar a los demás, no juzgando jamás, ya que es muy difícil saber cuáles pueden ser los verdaderos sentimientos e intenciones de las personas para actuar de un modo u otro. La ligereza y la crítica fácil suelen perjudicar mucho aunque apenas nos demos cuenta, adquiriendo una responsabilidad muy grande que puede perjudicar enormemente nuestro progreso espiritual.

Uno de los motivos fundamentales por los que Jesús ensalzó a los limpios de corazón fue por la enorme hipocresía que observaba en los seres humanos, disfrazando muchas veces nuestras malas inclinaciones para que los demás no «descubran» lo que somos realmente. Normalmente donde mejor nos manifestamos, con mayor naturalidad y espontaneidad es en el círculo familiar. En base a la confianza volcamos nuestras emociones, sentimientos y obras tanto positivas como negativas sobre el resto de los componentes de la familia. Fuera de ese ámbito y por temor a ser rechazados o mal considerados, preferimos tapar nuestras tendencias negativas.

La limpieza de corazón implica nobleza, sinceridad en las acciones, en definitiva, manifestarse tal y como uno es para que los demás nos conozcan y puedan depositar su confianza en nosotros, ya que si observan reservas o actitudes contradictorias, podemos perder oportunidades de amistad y de mejor relación con otras personas.

También se nos puede plantear el problema de no saber a qué recurrir en determinados momentos, si al corazón o a la razón, ya que se nos dan circunstancias en las que el corazón nos indica un comportamiento y la razón otro. Como explica un fragmento de la hermosa poesía psicografiada por Francisco Marín titulada «Respuesta Espiritual»:

Si en tu mente desconfías,

recurre  a tu corazón.

Que si es buena la intención

éste jamás os engaña;

cuando la mente se empaña

queda limpio el corazón.

Lo más idóneo sería que fuesen siempre al unísono tanto mente como corazón, pero las situaciones y experiencias de la vida nos hacen ver que no siempre nos podemos dejar llevar por el sentimiento, así como tampoco hemos de ser tan racionales y fríos en todos los momentos. Esto es algo que cada cual debe valorar, siempre intentando ver el beneficio ajeno antes que el propio. En caso de duda como muy bien indica el fragmento de la poesía anterior, las buenas intenciones dirigidas por el corazón nunca nos engañan, porque nos podremos equivocar y no obtener un buen resultado, pero la conciencia siempre quedará limpia.

En definitiva, la limpieza de sentimientos es fundamental para poder desenvolvernos con garantías de éxito y de progreso en la vida, ya que nos coloca en una sintonía positiva que nos hace comprender las situaciones de otro modo, con mayor ilusión y esperanza.

Al mismo tiempo, la limpieza de corazón supone un ejercicio de humildad, de bondad, confianza en Dios, de docilidad a la providencia divina, del mismo modo que le ocurre a los niños cuando de forma natural confían en sus padres, tutores, adultos. Es imprescindible la confianza para que la sociedad funcione. Nos necesitamos los unos a los otros. Venimos al mundo preparados para aportar todos y complementarnos unos a otros con las más variopintas aptitudes, capacidades. Cuando existe buena voluntad y deseos de progreso, de colaborar con los demás, todo resulta mucho más sencillo, se consiguen grandes cosas. Ejemplos existen en la sociedad de solidaridad, de crear frentes comunes, que han logrado resolver y vencer episodios desfavorables, con todo aparentemente en contra. Los medios de comunicación se hacen eco de algunos de ellos. Es la fuerza de voluntad al servicio del prójimo, y cuando las fuerzas se suman, estas se multiplican por el impulso del conjunto.

Limpieza de corazón también significa no pensar en el mal, no por inconsciencia o ignorancia, sino porque detenerse y recrearse en ello, no conduce a nada positivo. Traemos un programa de amor que no se puede permitir el lujo de cargas innecesarias, sobre todo, cuando se trata del mal de los demás. Juzgar con acierto es muy difícil, tan sólo Dios tiene la capacidad de ello. Debemos de ocuparnos de nuestros asuntos, de hacer las cosas bien, pues de ello depende la felicidad presente y futura tanto del prójimo como la de nosotros mismos.

José M. Meseguer

2015  © Amor, paz y caridad

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“Dos excesos: excluir la razón, no admitir más que la razón”

(Pascal; matemático y filósofo)

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INTRODUCCIÓN

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Iniciamos este mes una nueva sección. Se trata de un tema capital, básico, para poder entender mínimamente los mecanismos de la vida. Los entresijos de las circunstancias que nos afectan y envuelven. El porqué de los acontecimientos personales y sus causas.

 La reencarnación es la piedra angular, el elemento básico que nos puede ayudar a entender, valorar mejor las vicisitudes de la vida. Desarrollar certezas inaplazables a través de la comprensión y el raciocinio respecto a la Justicia Divina, la inexistencia del azar o la suerte; la ley del amor actuando en cada momento, y por supuesto, la gran ley de la evolución que conspira en beneficio de todos, aunque no estemos en condiciones de entenderla plenamente.

 Efectivamente, a lo largo de los próximos meses analizaremos de una forma sencilla los diferentes ángulos que envuelven a este apasionante tema.

 Creencia milenaria sostenida a lo largo de los siglos en casi todo el mundo, pero maltratada interesadamente en Occidente, rechazada por un poder temporal que la consideraba como una amenaza a sus intereses y privilegios. Envueltas dichas autoridades, en ciertos momentos cruciales de la historia, en un materialismo e ignorancia que les impedía comprender las bondades y ventajas de la misma. Desvirtuando y empequeñeciendo los conceptos básicos espirituales, imprescindibles para poder armonizar y dar sentido a la vida pasada, presente y futura. Ahogando las voces sabias que intentaban explicar y debatir para esclarecimiento general del sufrido pueblo.

 De ese modo, la creencia en una sola existencia física fue alimentada y sostenida,  formando parte del acervo religioso y cultural de la sociedad occidental durante siglos, hasta nuestros días. Sin embargo, la luz no puede permanecer oculta indefinidamente, la fuerza de los acontecimientos, la evolución espiritual, intelectual, etc., nos empuja inevitablemente hacia una mayor comprensión de las cosas. Los dogmas tienden a desaparecer, y algún día formarán parte de la historia gris de la ignorancia y las supersticiones humanas. O dicho de otro modo, no se puede vivir de espaldas a una realidad avalada por los hechos y a un sentido lógico. La vida con su riqueza, con su exuberancia nos invita permanentemente al crecimiento, con una paciencia infinita nos repite las experiencias no asimiladas, nos ofrece generosa los recursos para crecer, ver dónde antes no veíamos, recordando las palabras del insuperable Maestro: «Quien tenga oídos para oír, que oiga; quien tenga ojos para ver, que vea».

 Sin la reencarnación la vida se convierte en un enorme puzzle sin sentido. En ese caso, la existencia, al carecer de un sentido profundo deja al descubierto las enormes carencias, las inconsistencias de una única vida, pasando a un desconsuelo, a una desesperanza, incluso a un sentimiento de culpa por las desgracias que viven muchas personas sin existir un origen en esta vida. Entonces es cuando puede aparecer con más fuerza el sentimiento de rebeldía, la idea de una injusticia. Al no comprender ni encontrar la causa de las desdichas, buscamos culpables. No somos capaces de relacionar causa y efecto, al carecer de una visión mayor. En estos casos, la aceptación de las vicisitudes y la resignación se complican. No obstante, aquellos que son más sensibles y se muestran receptivos pueden escuchar esa voz interior,  muy sabia que sostiene y estimula.

 Al mismo tiempo, vivimos una época convulsa, una crisis profunda cuyo origen se localiza en la falta de una moral, de una ética que presida las relaciones personales y entre los pueblos. La falta de rumbo, carencia de respeto por la libertad de los demás, la promoción de las actitudes individualistas, la exaltación de la inteligencia despreciando el corazón, entre otras cosas, está dejando al descubierto las enormes carencias humanas y su necesidad de corrección. Paralelamente existe, sin embargo, un movimiento nada ruidoso, personas de conciencia que está trabajando en las diferentes áreas por mejorar a la sociedad; con su ejemplo discreto pero visible están ayudando en la transformación del mundo. Algo inevitable por mucho en que se empeñen los materialistas o los fanáticos inmovilistas.

 Por todo ello, ahora más que nunca, necesitamos buscar el estímulo de unas convicciones bien alimentadas por la razón y por sentimientos nobles. Decimos convicciones porque son más poderosas que las creencias. A una fe que pueda mirar de frente a la razón en cualquier época o circunstancia. Que confía y espera en la consecución de unos resultados, pese a las dificultades, y aunque todavía no se puedan ver. Los forjadores, en una palabra de un destino mejor para si mismos y para los demás.

 Por otro lado, la reencarnación posee un aval muy importante, y es el de la ciencia con sus pesquisas cada vez más amplias. No exenta de dificultades, más bien consecuencia de los fuertes prejuicios, que niegan sin comprobar, y rechazan a priori sin investigar seriamente. Cada vez son más los investigadores actuales que se unen a los prestigiosos científicos de antaño, y que se encuentran con una realidad que llama a la puerta insistentemente. Herramientas terapéuticas como la hipnosis, retrotrayendo al paciente a situaciones vividas en otras vidas; los innumerables casos de recuerdos espontáneos de existencias pasadas por parte de, sobre todo, niños de diferentes puntos de nuestro planeta, independientemente de sus creencias religiosas. Algunos trastornos obsesivos cuya causa procede del pasado; fobias, manías patológicas, déjà vu (lo antes visto), y un largo etcétera, que nos amplía el fecundo campo de investigación de esta temática crucial.

 Por tanto, la reencarnación, como iremos viendo desde diferentes perspectivas, nos ayuda a comprender y sobre todo, a ser mejores puesto que nos hace responsables directos de nuestros actos. Con las leyes universales que actúan alrededor de la misma, nos dota de una mayor conciencia del porqué y para que estamos aquí.

 Además, su conocimiento profundo nos aleja de las interpretaciones erróneas que la desvirtúan, como es el caso de la metempsicosis, es decir, la creencia en la reencarnación pero en animales. Nada más lejos de la realidad. El espíritu humano jamás involuciona, no existe castigo de tal naturaleza. El hombre es siempre hombre y el animal siempre animal.

 En definitiva, un tema, el de la reencarnación, fundamental. Mereciendo el análisis y la consideración de todos aquellos buscadores de la verdad, que no se detienen ante los prejuicios y los preconceptos. Quienes no se conforman con lo establecido, no se dejan arrastrar por las corrientes imperantes y tienen el coraje de pensar por sí mismos.

 Concluiremos con una reflexión del eminente filósofo alemán del siglo XIX; Arthur Schopenhauer, decía así: «Si un asiático me pidiese una definición de Europa, me vería obligado a decirle lo siguiente: —es aquella parte del mundo en la cual prevalece la increíble falacia de que el hombre fue creado de la nada y que su nacimiento actual constituye su primera entrada en la vida».

 

 José M. Meseguer

©2015, Amor,paz y caridad

“Bienaventurados los pobres de espíritu”

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Continuando con el análisis de las máximas de Jesús, nos encontramos este mes con una nueva bienaventuranza del famoso Sermón de la Montaña: «Bienaventurados los pobres de espíritu».

Esta frase encierra como todas las anteriores un mensaje importante, pero en este caso concreto, es susceptible de malas interpretaciones.

Generalmente se considera como pobres de espíritu a aquellas personas que son apocadas, débiles, sentimentalistas; como vulgarmente se suele decir, «tontas de tan buenas que son». ¡Nada más lejos de la realidad!

En primer lugar el Maestro coloca un contrapeso respecto a aquellos que se enorgullecen de su inteligencia o saber, porque cuanto mayor es el conocimiento más se descubren las limitaciones de la ignorancia humana y al mismo tiempo la grandeza de Dios ante nuestra insignificancia.

Por tanto, se refiere a aquellos que no se sienten superiores y no utilizan su inteligencia o poder para someter a los demás, sino para servir de ayuda a los menos inteligentes y capaces, ya que el Padre nos confiere todos los atributos para el servicio a nuestros semejantes y no con fines egoístas.

En definitiva, esta máxima de Jesús ensalza, en pocas palabras, al humilde y rechaza al orgulloso, ya que lo condena a «no ver» el reino de Dios, ante la falta de sintonía, de preparación moral.

Precisamente el orgullo es el enemigo más implacable del ser humano, y concretamente para los espíritas todavía la responsabilidad es mayor contra esta lacra, ya que con el estudio de la doctrina espirita y la posesión y ejercicio de facultades mediúmnicas, se corre el riesgo de considerarse por encima de los demás; bien por la facultad que se posee, creyendo que es un privilegio concedido por Dios, o bien porque considera que con los conocimientos adquiridos de la doctrina espirita son, por sí solos, suficientes para superarse espiritualmente sin necesidad de esfuerzos y sacrificios, que en definitiva es lo que distingue al verdadero espírita.

Otra de las máximas del Maestro apuntillan sobre este aspecto: «el que quiera ser el primero que se coloque el último». Con esta frase nos transmite la idea del servicio y la renuncia desinteresada hacia los demás. En una palabra, instrumentos dóciles, dispuestos a cargar con la cruz de las imperfecciones y debilidades para seguir sus pasos con la mayor limpieza posible.

En base a lo expuesto podemos preguntarnos ¿Cómo podemos asumir nuestra cruz, con todo lo que representa de pruebas y sinsabores, cuando nos rebelamos a las primeras de cambio? Si no somos «pobres de espíritu» o lo que es lo mismo humildes, y nos dejamos llevar por el orgullo, lo más probable es que no queramos aceptar las situaciones que nos puedan empequeñecer aparentemente respecto a los demás, y las rechacemos de pleno.

Por desgracia, entre los mismos espíritas no somos lo suficientemente autocríticos en múltiples ocasiones. No nos detenemos a analizar el porqué de las situaciones que nos ocurren, pasando por alto muchos errores producto de nuestras debilidades y defectos, hasta el punto de creer que todo lo hacemos bien. También podemos caer en la falsa idea de creer en privilegios, y pensar que los guías son apuntadores que nos evitan los entorpecimientos e incomodidades del camino, en cuyo caso malos instrumentos podemos ser de la obra del Maestro.

Jesús con su mensaje nos marca el camino a seguir: «Amarás al prójimo como a ti mismo» como principal ley, todo lo que se aparte de este principio se aleja del progreso, y la única forma de manifestar ese amor es por medio de las obras; «a los míos los reconoceréis por sus obras».

A poco que estudiemos dichos principios básicos, nos daremos cuenta rápidamente de la dificultad que entraña el llevar a la práctica dichas leyes a la perfección, con lo cual nadie se puede considerar absolutamente acertado en sus pasos, y por ello la cualidad de la humildad nos puede hacer descender hasta nuestra verdadera realidad espiritual, que es la que marca lo que todavía nos entorpece para poder cumplir fielmente con aquello a lo que hemos sido llamados.

Él siempre nos habló con sus obras, precisamente el más grande de todos los espíritus que han pasado por la Tierra, evidenció su sencillez y humildad, anteponiendo siempre la voluntad divina sobre la propia, «no vengo a hacer mi voluntad, sino la voluntad de mi Padre».

Por tanto, los espíritas no podemos hacer ostentación de facultades ni de nuestro saber. Nuestras armas son las obras y el ejemplo que se desprende de ellas. Hemos de ser responsables en definitiva del compromiso adquirido, siendo conscientes en todo momento de nuestro atraso evolutivo y lo mucho que todavía nos falta por hacer y aprender.

Además, ser pobre de espíritu supone nobleza, aceptación de la propia realidad que nos envuelve y afecta, con sus problemas y vicisitudes. Significa también, valorar a los demás, sus aptitudes, sus cualidades, sus capacidades; saliendo de la espiral egoistica de considerarnos especiales, y pensar casi siempre en clave personal, sin tener en cuenta a los demás y lo mucho que se puede hacer conjuntamente si se unen las fuerzas, complementándose y apoyándose los unos a los otros para conseguir un fin común.

Supone también tener el coraje de no considerarse superior en ningún aspecto a nadie. Como indica la gran Joanna de Ângelis, en un fragmento del mensaje psicografiado por Divaldo Pereira Franco el 03-01-2005: “El coraje real, es el esfuerzo moral desarrollado por el ser humano, para liberarse de la imagen que se ha formado, creyéndose superior a las demás personas de su círculo social”.

Todos somos iguales, estamos en etapas transitorias, fugaces si las comparamos con la inmensidad del progreso que nos aguarda, dentro de un Programa Divino que nos impele constantemente al crecimiento, a la conquista, a compensar las deficiencias, las carencias, con el desarrollo paulatino y programado de todas las potencialidades que algún día nos convertirán en seres perfectos”como perfecto es mi Padre”.

Efectivamente, el gran descubrimiento, el más extraordinario, es que todo, absolutamente todo es transitorio. Estamos de paso; las riquezas materiales, las posesiones, la posición material, etc., son perecederas; algún día todo se quedará aquí. No obstante, las aptitudes, cualidades,  así como los conocimientos son relativamente transitorios. ¿Por qué? Porque también  se engrandecen y amplían, desarrollando constantemente el espíritu sus potencialidades, en una metamorfosis evolutiva constante. De ese modo, la superioridad o la inferioridad siempre son relativas.

De ese modo, poner en valor por parte del Maestro a los “pobres de espíritu” supone ajustar a la realidad, la verdadera dimensión humana de lo que verdaderamente somos. La auténtica justicia igualitaria, sin la cual, la ley del amor carecería de sentido. En un proyecto de vida que algún día, dentro de muchos siglos, nos reunirá definitivamente a todos en la Casa del Padre.

José Manuel Meseguer

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INAUGURACIÓN DE LA NUEVA SEDE

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El pasado día 18 de julio se celebró en Villena (Alicante) la inauguración de la nueva sede social de LA ASOCIACION DE ESTUDIOS ESPIRITUALES “GRUPO VILLENA”, sita en la avenida de los toreros, número 1 bajo.

Aprovechando su gira por Europa, contamos con la presencia de Fernando Espelho, que impartió un seminario sobre la “Mediumnidad”, con la participación de algunos compañeros del propio grupo Villena en su desarrollo.

Dividido el tema en tres partes: la primera versó sobre el “Magnetismo” a cargo del propio Fernando, una segunda parte que trató sobre los “Fluidos”, a cargo de Fermín Hernández, para concluir Antonio Lledó hablándonos sobre el “Periespíritu”.

Cabe decir que Fernando Espelho, además de gran amigo, al que le tenemos un gran cariño, es trabajador en la tarea espírita desde hace 30 años, sobre todo, en su ciudad de origen, Sao Paulo (Brasil). Además de conferenciante imparte cursos sobre mediumnidad, además de otras actividades de colaboración con otros centros, especialmente en el Centro espírita Eurípedes Barsanulfo, de la misma ciudad brasileña.

Vino acompañado por otro gran amigo, Blas González que pertenece a la Asociación de Estudios espiritas de Igualada (Barcelona).

Fue un éxito de público que llenó por completo la sala preparada para tal fin. Contamos con la presencia de numerosos amigos venidos de otras localidades para acompañarnos en este seminario así como para celebrar la inauguración de esta nueva sede. Grupos como los de Orihuela, Valencia, Alicante, además de otras personas que nos acompañaron en todo el acto en un clima de cordialidad, fraternidad y amistad mutua.

Posteriormente se sirvió un ágape para el público asistente, que puso la guinda a una tarde muy agradable y emotiva.

Son ya 37 años desde que el Grupo Villena comenzó a rodar, allá por el año 1978, entonces como Asociación Parapsicológica, viviendo distintas etapas hasta su refundación en el año 2007, como Asociación de Estudios Espirituales “Grupo Villena”, sita en la calle León Felipe, hasta este momento, para reubicarnos en unas instalaciones mucho más amplias, que nos van a permitir desarrollar un trabajo con mayor eficacia.

Queremos agradecer desde aquí el esfuerzo de los asistentes por venir en estas fechas veraniegas. Las muestras de cariño y afecto de todos los que participaron en este evento tan importante para nosotros, y que nos hizo pasar una tarde inolvidable, reforzando los lazos ya existentes con el gran número de amigos, compañeros en el ideal, comprometidos con esta causa, y también para aquellos que acudieron por primera vez y pudieron contagiarse del ambiente cordial de esta fecha ya inolvidable.

José M. Meseguer

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“BIENAVENTURADOS LOS AFLIGIDOS”

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En los mundos de expiación y prueba como es el nuestro, las aflicciones predominan por encima de cualquier satisfacción de la que el ser humano pueda disfrutar. Incluso podemos decir que los sufrimientos y las pruebas acaparan mayor parte de la existencia humana.

El problema surge cuando no se sufre bien, es decir, cuando no se acepta ese sufrimiento con una «resignación activa», aquella que intenta remediar el dolor físico o moral pero aceptándolo de buen grado porque espiritualmente así se entiende, bien porque se trata de una prueba enviada desde lo Alto, bien porque su origen se encuentra en otra existencia, o también puede tratarse de una situación provocada por la propia persona en esta misma existencia física y por lo tanto es necesario corregir la causa que la originó para que no se vuelva a repetir.

En cualquier caso el discernimiento es vital para asimilar las pruebas que nos manden, o aquellas que nosotros mismos por nuestros errores hayamos podido provocar en base a la ley de acción y reacción o de causa y efecto.

Puede ayudar muchísimo un conocimiento espiritual como es el que nos proporciona el Espiritismo, ya que si se asimilan las grandes leyes universales, como son: Reencarnación, Afinidad, Ley del Karma, etc…, y todos aquellos conceptos básicos de la doctrina espirita, podemos tener una visión más amplia de la realidad espiritual a la hora de valorar todas las situaciones.

¿Por qué el Maestro ensalza a los afligidos? Porque cuando se sufre bien, el progreso y la felicidad posterior es enorme, ya que el espíritu ha superado ya aquel obstáculo que le impedía avanzar, reportándole mayor fortaleza y claridad espiritual.

El estancamiento surge cuando existe rebeldía, al no aceptar las pruebas que nos mandan y que habíamos asumido antes de encarnar. En esos casos aquella situación dolorosa que podía beneficiar al espíritu se pierde, carece de valor, porque la persona afectada no ha querido comprender y asumir su responsabilidad. En estos casos, no queda más remedio que volver a sufrir la misma prueba, quizás en peores condiciones, hasta que ésta sea aceptada y asimilada.

Es por ello que soportar un sufrimiento no significa necesariamente su superación, ya que dependiendo de la actitud que tomemos así serán las consecuencias posteriores.

También el sentido de la frase de Jesús significa, bienaventurados aquellos que, a diferencia de otros que viven en la opulencia, la salud y la felicidad material, se encuentran en la más absoluta pobreza, aquellos cuya enfermedad les imposibilita a desenvolverse como las demás personas sanas, perdiendo poco a poco la ilusión por vivir. Precisamente en esos casos dicho mensaje les transmite esperanza e ilusión, por ello el Maestro los ensalza, para que comprendamos que los verdaderos bienes no se encuentran en la Tierra.

Nos sirve además para concienciarnos de que la vida física es efímera, demasiado corta, no obstante si se afronta con coraje y valor, el premio reservado es verdaderamente extraordinario.

No existe mayor grandeza que la superación de aquello que nos supone un obstáculo en nuestro progreso, en ocasiones un lastre del pasado que el espíritu necesita drenar por medio del sufrimiento para liberarse de ese peso, permitiendo al espíritu elevarse hacia una verdadera paz y felicidad.

También, con esta máxima, el Maestro nos recuerda los compromisos adquiridos antes de encarnar y que son absolutamente necesarios para el espíritu. Esto se traduce en que durante la vida física, nuestra situación no es casual, como muy bien sabemos los espiritas y todos los estudiosos del conocimiento espiritual; «las casualidades no existen». Todo procede de unas causas que, a su vez, han provocado unas consecuencias que son necesarias para que el espíritu trabaje interiormente y asimile. Es por ello, que no podemos achacar nada al azar o la suerte, al menos en aquellas situaciones importantes de la vida.

Al mismo tiempo, considerando el cuadro social de la época que nos ha tocado vivir, de transición planetaria, comprobamos fácilmente como los conflictos, las situaciones dolorosas se multiplican por doquier. Ante la falta de un rumbo espiritual, del escepticismo y distanciamiento con respecto a las religiones oficiales, provoca un enfoque de la vida desde un punto de vista puramente material, de inmediatez, creyendo que la felicidad y la superación de conflictos se consigue colmándonos de posesiones materiales y de la fuga psicológica que suponen las distracciones fútiles y los placeres mundanos.

 No entran en los planes de muchas personas, la posibilidad de afrontar grandes contratiempos, bien sean reveses económicos o la falta de salud. Esto es algo que cuando nos visita a nuestro hogar y nos golpea, nos sorprendemos profundamente ante la falta de conocimiento espiritual y de previsión. Entonces muchos quedan como sorprendidos, anonadados, noqueados, y sin capacidad de respuesta. En estas circunstancias pueden aflorar con mucha facilidad, la depresión, la rebeldía, y hasta incluso, en casos muy extremos, pensamientos de suicidio.

Por otro lado, y ante la disyuntiva actual, los espiritas estamos llamados a jugar un papel importante si somos capaces de vivir la esencia del Evangelio, si demostramos con nuestro ejemplo, más que con los conocimientos adquiridos, que somos capaces de vivir en armonía y en paz, trabajando los conflictos personales para que no perturben la armonía y la paz necesaria para caminar, y también para demostrar que espíritus de poca evolución, como somos la mayoría, pero con buena voluntad, se pueden sobrellevar y hasta superar las aflicciones con ayuda del prójimo, del compañero que comparte los mismos sentimientos, los mismos anhelos de progreso, y que sirven para reforzar un camino transitorio que estamos obligados a recorrer para beneficio exclusivo de nuestro espíritu inmortal, en un cuerpo y en unas circunstancias transitorias.

Por tanto, el mensaje del Maestro: “Bienaventurados los afligidos”, posee toda la vigencia original. Permanece intacto y con todo su vigor proporcionando la luz necesaria para continuar adelante, sobrellevando todo tipo de situaciones dolorosas que en el camino puedan surgir. Es más, si revisamos la Historia, nos daremos cuenta de que todos los grandes personajes que han hecho algo importante por los demás, sea el caso de Jesús, Buda, Gandhi, etc…,  no han tenido vidas fáciles, sino al contrario, llenas de penurias, sufrimientos y dolor.

Seamos pues, fieles ha dicho mensaje, asumiendo la responsabilidad que se nos confía, sobre todo, a aquellos que nos consideramos espiritas y tenemos la obligación moral de ofrecer un ejemplo a la sociedad.

 

Jose M. Meseguer


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LA VIDA, ESE GRAN DESAFÍO

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Nacemos y vivimos por lo general inducidos por la corriente de nuestro entorno. Condicionamientos familiares, educacionales, religiosos, sociales, etc., nos van aportando una formación cultural y espiritual; ayudando al desarrollo de la personalidad; influyendo claramente en nuestra forma de ver las cosas, aquello que nos marcará el resto de nuestras vidas.

Sin embargo, nos causa admiración las personas que rompen moldes, donde su entorno social les empuja hacia un tipo específico de vida, tal y como se les ha educado y preparado; no obstante, debido a sus inquietudes, a su forma de pensar, íntima, contra todo pronóstico, toman otros caminos diferentes. Luchan por objetivos nobles que consideran inaplazables, identificándose con un ideal, venciendo sus miedos.

Es una lucha que en algunas épocas y en algunos escenarios alcanzan proporciones épicas, de ahí la admiración de los profanos, de aquellos que conformamos la mayoría de personas con dificultades para llevar a cabo los proyectos de vida, sobre todo los de carácter espiritual.

Estos verdaderos héroes se echan a su espalda, al mismo tiempo, los prejuicios sociales y la cruz de sus deficiencias. Pese al esfuerzo de los antagonistas, identifican las dificultades como el precio que tienen que pagar por ver su tarea desarrollada y concluida, asumiendo la incomprensión y los obstáculos como parte de ese  recorrido. El ideal que visualizan interiormente está por encima de todo y se esfuerzan por transmitirlo claramente. No se afanan en convencer sino en abrir el debate para que la gente razone y juzgue por sí misma. Soportan los golpes de los intolerantes, las críticas de los sabelotodo, de quienes con su ignorancia espiritual pretenden arrastrar a quienes consideran que transitan por caminos equivocados. No rehúyen de la vida social ni de la convivencia muchas veces incómoda, pues comprenden de la necesidad de compartir, del servicio al semejante como elemento esencial de la existencia, pues nos necesitamos los unos a los otros para poder transitar y cumplir con los compromisos espirituales.

El punto de partida de estos luchadores se explica a través de la reencarnación, los estados de conciencia desarrollados en el pasado, en las múltiples existencias. Cansados de errores, o bien impulsados por aciertos de vidas precedentes vienen con un compromiso y una idea clara, que en cuanto el espíritu toma posesión de la materia y aflora su conciencia, comienza su travesía, desarrollando unos ideales que impulsan el progreso humano.

Su trabajo se reviste de una aleación de coraje, paciencia, tolerancia, ante la incomprensión y las zancadillas de aquellos que proyectan sus conflictos humanos, traducidos a veces en violencia y persecución, pues no todos observan la existencia con la misma amplitud de miras.

No se desaniman nunca pues comprenden que caer y levantarse, como levantarse para volver a caer forma parte del recorrido, hasta que alcancemos un nivel espiritual superior, algo que todavía nos queda muy lejos.

Por tanto, todo en la vida conspira hacia la luz del crecimiento integral, hacia la plenitud. Estamos en una escuela y en un grado muy concreto. La evolución no da saltos, sin embargo avanza inexorablemente. Gracias, en gran parte, a la contribución de estas almas preclaras,  aunque a veces nos empeñemos en lo contrario.

Por otro lado, la inmensa mayoría nos encontramos englobados todavía en lo que se denomina espiritualmente como la “retaguardia”, es decir, sin querer asumir el sentido trascendente que tiene la vida. De tal modo que la principal preocupación existencial se circunscribe a trabajar por el sustento; comer, dormir, practicar sexo. Cubriendo el hueco de las necesidades espirituales asistiendo a ceremonias externas religiosas, sin pretender ir más allá de lo que nuestra escasa inquietud nos marca. Preguntas como: ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Cuál es la finalidad de la vida? etc., si se las llegan a plantear, hay quienes las consideran suficientemente explicadas por las religiones; sin embargo, otros las consideran irresolubles, fuera del alcance humano. Los materialistas, más al otro extremo, optan por negarlo todo, consideran que no existe nada fuera de este mundo y esta vida.

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“Vivir, todos viven, más vivir con conciencia es privilegio de pocos”

(Chico Xavier)

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En general, aquellos que también se denominan como “conciencias dormidas” viven, además de todo lo anteriormente expuesto, con las distracciones que la vida proporciona, solo alterada por los golpes de la vida: enfermedades, accidentes, pérdida de seres queridos, cambios de fortuna, pérdida de trabajo, etc., contrastes que provoca una reacción, una lucha interior que nos obliga a mover.

No significa, con esto, que sea algo negativo, puesto que forma parte del ciclo evolutivo en el que nos encontramos. Como ya hemos comentado en anteriores artículos, el espíritu parte de cero, desarrollamos las diferentes vidas con cuerpo físico conducidos por la Providencia Divina que nos guía en todo momento; promoviendo, aportándonos experiencias, estimulando la razón y el corazón para crecer más rápido. Muchas veces, aquello que consideramos como tragedias materiales, son en realidad impulsos espirituales, para que el alma humana avance con mayor rapidez. No olvidemos que una existencia física es un instante, un momento en el tiempo infinito del espíritu.

Por todo ello, cuando leemos sobre la vida de personajes valientes de otras épocas, incluso de ahora; sus luchas, su trabajo en pos de la humanidad, los duros golpes recibidos como consecuencia de la intolerancia religiosa, de los poderosos prejuicios que amordazaban la razón y el progreso de su sociedad. Casos significativos como el de, Juana de Arco, Teresa de Ávila, Galileo Galilei, Gandhi, Martin Luther King, Vicente Ferrer, Nelson Mandela, entre otros, nos deben de hacer pensar. Con sus ideales superiores traducidos en proyectos aparentemente utópicos para los escépticos y profanos, fueron, en realidad, una luz viva en el camino. Siendo verdaderos precursores de aquellos cambios necesarios para que la humanidad avanzase.

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“Un hombre no mide su altura en los momentos de confort, sino en los de cambio y controversia”

(Martin Luther King)

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Todos ellos nos deben servir de estímulo para el progreso, también para comprender que sin esfuerzo ni constancia no nos va a caer nada extraordinario del cielo. Somos los forjadores de nuestro propio destino. Tenemos dos alternativas: Avanzar por el camino del amor, o esperar a que el dolor en sus múltiples formas nos aguijonee para despertar nuestra conciencia, nos desbloquee interiormente y nos obligue a salir de la comodidad, del conformismo.

Por tanto, no estamos hablando de causas imposibles, ni comparaciones quiméricas. Partiendo de nuestra realidad desnuda, podemos con tesón, fe y trabajo constante aproximarnos poco a poco, a objetivos que ahora nos pueden parecer inalcanzables.

José M. Meseguer

2015 © Amor,paz y caridad

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 «Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo y no en el resultado. Un esfuerzo total es una victoria completa.»

(Gandhi)

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«NADIE PUEDE VER EL REINO DE DIOS, SI NO RENACIERE DE NUEVO»

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Palabras pronunciadas por el Maestro Jesús al destacado miembro del Sanedrín Nicodemo, añadiendo: «En verdad, en verdad te digo, que no puede entrar en el Reino de Dios, si no aquel que fuere renacido de agua y de Espíritu»  (Juan – 3;5)

El sentido de las palabras, en esta ocasión como en otros muchos casos, han sido desviados de su acepción original, bien por desconocimiento, por traducciones deficientes y también por intereses que nada tenían que ver con el sentido primitivo de las ideas expresadas.

Cuando el Maestro habla del renacimiento de agua y Espíritu, se refiere al «agua» como símbolo de lo tangible, del cuerpo físico, que era tal y como se entendía en la época de Jesús. El «Espíritu» es considerado en su acepción original al espíritu propiamente dicho, ser inmaterial, creado sencillo e ignorante, que algún día deberá retornar puro a la casa de Dios Padre.

De tal modo que; «Nadie puede ver el Reino de Dios sino aquel que renaciere de nuevo» (Juan – 3;3), es la condición indispensable para ascender paulatinamente en la evolución. Aunque en el mundo espiritual también se progresa, y es donde se preparan las existencias posteriores, es en la vuelta al cuerpo físico donde se plasma lo aprendido. En virtud al ejercicio de la voluntad que nos otorga el libre albedrío, podremos progresar más rápido o más lento, pero es el recorrido inevitable que nos conducirá a nuestro destino final.

Los primeros cristianos lo tenían perfectamente asumido, no sólo como se refleja en la narración de este encuentro memorable entre el Sublime Rabí con el doctor en leyes, sino por otros ejemplos recogidos en los evangelios que hablan claramente, de la pluralidad de existencias.

Sin embargo, la doctrina de la reencarnación por sus características suscitaba un problema capital, le restaba autoridad y protagonismo a los poderes establecidos. El interés de las autoridades estaba mas enfocado a un cambio de imagen, substituyendo sus viejas creencias religiosas, ya caducas y muy desgastadas, por la adopción de un cristianismo, hasta ese momento perseguido, para adaptarlo a los intereses mundanos de los más poderosos. Realizando una especie de fusión, asimilando lo viejo a lo nuevo.

Fueron promovidos diferentes concilios, como el de Nicea (325) o el de Constantinopla (553), para establecer unas bases que «unificaran» conceptos, seleccionando textos evangélicos y modificando otros. No existía una vocación de consenso, al contrario, se pretendían unos resultados acomodados, como decíamos anteriormente, a los intereses del momento. Fueron excluidos los opositores, como fue el caso de Orígenes de Alejandría, considerado como uno de los Padres de la Iglesia, junto con San Agustín y Santo Tomás. Sus obras fueron quemadas por las resoluciones adoptadas en el mencionado Concilio de Constantinopla.

¿Cuál era el problema? La reencarnación promueve, entre otras cosas, la renovación espiritual sin intermediarios. Nos hace responsables de nuestros actos. Es Dios quien juzga y nuestra conciencia ante El. Lo que sembramos recogemos; las riquezas, el poder, los placeres mundanos son transitorios y tendremos que rendir cuentas el día de mañana. La vida física es pasajera y adoptamos en cada etapa diferentes roles, bien económicos como físicos, encarnando como hombres o como mujeres, con salud o con enfermedad, etc., que componen las diferentes pruebas a las que nos debemos de someter.

La ley de la reencarnación, sin duda, no podía ser aceptada por unas autoridades acostumbradas, por lo general, a otro tipo de creencias mas externas, donde el Dios antropomórfico, da y quita privilegios, juzga arbitrariamente y es complaciente con sus representantes político-religiosos en la Tierra. Que perdona los pecados y antepone las formulas externas por encima de la vida espiritual interior y la reforma moral del individuo. Que crea dogmas inescrutables, marginando el buen sentido y la inteligencia, para someter a una obediencia ciega a sus feligreses.

Este fue el sentido original promovido por los representantes político-religiosos de los primeros siglos de nuestra era para someter al pueblo, que se prolongó durante muchos siglos, sin apenas modificaciones. Aquellos que osaban cuestionar, debatir o manifestar ideas diferentes eran anatematizados, despreciados, encarcelados, torturados e incluso, llegado al caso extremo, quemados en la hoguera.

Sin ninguna duda, estamos hablando de la mentalidad de otras épocas. Nuestra finalidad no es la de acusar o censurar, sino de reflejar una realidad que, de alguna forma, arrastramos hasta nuestros días. Es posible que muchos de nosotros todavía podamos mantener algunos preconceptos que puedan dificultar una visión clara del sentido de las palabras del Maestro cuando nos dice «renacer de nuevo», es por ello que hemos considerado necesario contextualizar las ideas históricamente para un mejor análisis y valoración.

Por todo ello, la idea de la reencarnación, la consideramos básica para comprender la mecánica espiritual, las leyes espirituales que nos rigen. Es el nexo de unión entre los dos planos de manifestación de la vida. Es la piedra angular sin la cual, es imposible comprender las desigualdades humanas, la justicia Divina, el por qué y para qué estamos en el mundo.

El sentido de la vida pasa por la comprensión de lo que hemos venido a realizar, de cuáles son los objetivos esenciales. La reencarnación es, por tanto, el consuelo y la esperanza de un futuro mejor, el remedio a las angustias del presente. Le da un sentido superior y nunca arbitrario a los sufrimientos de cualquier naturaleza. Nos hace responsables de la libertad que poseemos, y que podemos modificar nuestro destino con nuestro comportamiento actual. En definitiva, somos los únicos artífices de nuestro futuro.

Nos enseña que el perdón nos libera de una carga pesada y de posibles deudas del pasado. Que las víctimas de hoy han podido ser los verdugos de otras existencias. Que la misericordia divina nos vela el pasado para evitarnos complicaciones innecesarias, proporcionando una mayor libertad a la hora de tomar decisiones, atendiendo a nuestra conciencia (bagaje de experiencias del pasado).

Nos evita la ilusión de creer que podemos sortear la justicia divina como lo podemos hacer, en algunos casos, con la justicia humana, viviendo la vida egoístamente, sin pensar en los demás, y que eso no nos vaya a reportar unas consecuencias futuras. Como reza un viejo adagio: “La siembra es voluntaria, la cosecha obligatoria”

En definitiva, la reencarnación nos dota de una claridad que refuerza la fe en el porvenir, nos ayuda ofreciéndonos una perspectiva de la vida como algo transitorio, y nos dota de una esperanza que nos promueve para levantarnos ante las caídas, y ante la seguridad de un futuro mejor, si somos capaces de ganárnoslo. En nosotros mismos esta la clave.

Jose M. Meseguer
© 2015 Amor, paz y caridad

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“La doctrina de la reencarnación o vidas sucesivas es la única que ilumina de una viva luz el problema del destino humano. Fuera de ella, la vida no nos presenta más que contradicciones, incertidumbre y tinieblas. Ella sola explica la variedad infinita de los caracteres, de las aptitudes, de la condiciones.”

LEÓN DENÍS; de la obra: El Más Allá y la Supervivencia del Ser.

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RELIGIONES Y ESPIRITUALIDAD

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La idea innata sobre algo que trasciende al ser humano, y la necesidad de relacionarse con ese Algo Superior para vivir en consonancia y armonía con la vida, ha sido una constante en el devenir de la historia del hombre.

Los Grandes Avatares de la humanidad trajeron un mensaje revelador, un empujón divino que ayudara en su progreso espiritual a las conciencias desviadas o dormidas, y que les marcara un rumbo cierto, facilitándoles su recorrido por la existencia física. Estos Mensajeros Divinos, en su mayoría, no fueron comprendidos y en algunos casos sufrieron el rechazo y la persecución. Con sus ejemplos que denotaban superioridad moral y espiritual, marcaron a sus sociedades en el contexto de la época en que vivieron. Posteriormente, sus seguidores más entusiastas, quisieron de buena fe, interpretar y trasladar ese mensaje para la generalidad, no obstante, casi nunca se ajustaba a la realidad ni mucho menos a su sentido profundo. Pese a su buena voluntad les faltaba preparación moral y experiencia. El paso del tiempo, y la implicación progresiva de un número mayor de personas con sus interpretaciones sesgadas, unidas a otros intereses más mundanos, generó una pérdida de calidad del mensaje original.

Este es, sin ninguna duda, la historia general de la mayoría de las religiones que existen en la actualidad en el mundo; sin desmerecerlas puesto que cumplen una labor importante, llevando el mensaje de sus precursores a todos los rincones; ni tampoco menospreciar a sus seguidores, a esa ingente cantidad de personas sinceras y nobles que trabajan con la intención de vivir la espiritualidad.

Si nos remontamos al origen, etimológicamente la palabra religión procede del vocablo latino “religare”. “Re”, que significa intensidad; y “ligare” cuyo significado es ligar o amarrar. Acción y efecto de ligar fuertemente (con Dios). Según Sebastián de Arauco, autor del “Temario de Conocimiento Espiritual” y de “3 Enfoques sobre la Reencarnación”: La religión es un sentimiento que tiene el ser espiritual de acercarse a su Creador, sentimiento sublime cuyas exteriorizaciones son el amor en sus múltiples manifestaciones.

Invariablemente, con el paso del tiempo, y con los cambios sociales y de mentalidad que se han ido efectuando en la sociedad en las últimas décadas, asistimos a un cambio de percepción en cuanto a la religiosidad y la espiritualidad. Muchas personas no consiguen llenar ese espacio interior con las religiones y optan por buscar soluciones fuera, a veces, de un modo autodidacta, estudiando, analizando otras posibilidades espirituales que le convenzan y le inspiren en su diario caminar.

Efectivamente, la percepción por parte de muchísimas personas es de que las religiones obedecen a unos patrones estáticos, con unas estructuras casi siempre muy rígidas, que no permiten la libertad de pensamiento y el desarrollo de la creatividad, así como la búsqueda de nuevas ideas, lo cual redunda en la idea bastante común de que ya no satisfacen plenamente las necesidades espirituales del hombre. Sin embargo, esto no significa que se deba renunciar por ello a esa búsqueda superior, satisfacer esa necesidad íntima de la que, cada vez, le resulta más difícil prescindir ante los crecientes y complejos desafíos que la vida le presenta. Bien es cierto que en otras épocas el hombre bastante tenía con trabajar muy duro durante muchas horas al día para llevar el sustento a su casa, así como también las constantes guerras que diezmaban y provocaban tragedias continuas en los pueblos. En dichas circunstancias el ser humano apenas tenía tiempo para pensar en otra cosa que no fuera la supervivencia, de tal modo que las necesidades espirituales se delegaban a los administradores de las formulas y rituales religiosos. No obstante, hoy día asistimos a un escenario, por lo general, completamente distinto. El ser humano dispone de más tiempo para reflexionar, para indagar, estudiar y analizar cualquier conocimiento espiritual y religioso.

Conceptos fundamentales para el hombre como son: Dios, la moral, el amor, la fe, etc., han sido vinculados históricamente a las interpretaciones de las religiones dogmáticas, con su presencia e influencia cultural y social muy fuerte en los distintos pueblos, provocando el rechazo de librepensadores y de todos aquellos que no aceptan estereotipos, imposiciones, respuestas anacrónicas o superficiales. Lo cual ha llevado a que un sector de la sociedad se haya movido en dirección opuesta, hacia un materialismo escéptico, llegando a la conclusión, en muchos casos, de que hablar de religiosidad es propio de niños, ancianos o de personas muy necesitadas o ingenuas.

Los resultados los podemos comprobar hoy día. El proyecto de vida para el hombre se reduce hacia la búsqueda de la intelectualidad, el prestigio de conseguir títulos académicos, muchas veces sin verdadera vocación, simplemente pensando en el futuro económico y posición social. Vivir la vida material y perseguir un objetivo fundamental, es decir, ganar mucho dinero, y si es posible, en un espacio corto de tiempo. Según esto la moral es relativa, y cada cual se ha de preocupar por “ganarse la vida”, “hay que prepararse mucho porque la competencia es muy dura”. Nos dejamos llevar por distracciones fútiles para suplir las carencias interiores, para evadirnos de los problemas reales del ser y vivir intensamente la sociedad de consumo. No nos importa dejar un legado, un trabajo digno que sirva de provecho para la humanidad, de lo que se trata es de “disfrutar de la vida que son cuatro días”.

Al mismo tiempo, la familia, así como el matrimonio, ha perdido el sentido original pasando a ser un trámite legal fácilmente disoluble por la falta de entendimiento, tolerancia, comprensión, etc. La necesaria empatía entre los seres humanos, ha dado paso a la individualidad y a la falta de responsabilidad, de asumir compromisos nobles y llevarlos a cabo hasta sus últimas consecuencias, asumiendo errores y con predisposición al cambio.

Por todo ello, es necesario recuperar el sentido espiritual del hombre. Una educación en valores a los jóvenes que nos enseñe a solidarizarnos con el medio ambiente y sobre todo con nuestros semejantes, imprescindible para que la sociedad crezca con un mínimo de garantías de salud ética y moral. Que promueva el desarrollo de las aptitudes naturales de cada individuo, no ya buscando sólo el beneficio económico; sino la alegría de sentirse realizado, útil a los demás. Recuperar también esa espiritualidad que trasciende las religiones y que aporta paz interior, armonía y equilibrio. Que comulga con la ciencia, cada vez más próxima a la confirmación de la vida espiritual, por sus descubrimientos en el terreno de la física cuántica, la psicología transpersonal y la biogenética, entre otras disciplinas.

Y por último, hemos de buscar respuestas, apoyarnos en filosofías nobles que nos dejen libertad para pensar y razonar, y adoptar una actitud ante la vida positiva, de amor hacia uno mismo para poder proyectarlo a los demás. Sólo así podremos construirnos un futuro mejor, lleno de esperanza y de realizaciones plenas.

José M. Meseguer
2015 © Amor,paz y caridad

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Si la religión, adecuada en sus comienzos a los limitados conocimientos humanos, hubiese seguido el progreso constante del Espíritu humano, no existirían hoy incrédulos, porque la necesidad de creer es inherente a la naturaleza humana. El hombre creerá si se le brinda el alimento espiritual que armonice con sus necesidades intelectuales. Quiere saber de dónde viene y hacia dónde va, más si la meta que se le señala no responde a sus aspiraciones ni a la idea que tiene de Dios, si ella contradice los descubrimientos científicos y si, además, se le imponen condiciones ilógicas para alcanzarla, negará todo.

ALLAN KARDEC

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“HAY MUCHAS MORADAS EN LA CASA DE MI PADRE”

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Nuevamente, el Maestro refleja con un lenguaje muy sencillo una verdad muy profunda.

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“En la casa de mi Padre hay muchas moradas”.

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Indudablemente “la casa” es el Universo, creado por Dios Todopoderoso, y las distintas “moradas”, los miles de millones de planetas que inundan esa casa. Algo que nuestra imaginación y capacidad intelectiva no es capaz de calibrar ni abarcar hoy día; mucho menos, hace 2000 años donde los conocimientos eran muy limitados, sobre todo en aquellas gentes sencillas, desconocedoras de una realidad que precisamente ahora empezamos a vislumbrar gracias a los avances científicos y astronómicos.

 Si analizamos la frase desde el punto de vista del Ser, con sus peculiaridades, libertad de acción, experiencias, etc.; nos daremos cuenta de que, aunque puedan existir otros planetas habitados, (hoy día casi nadie lo duda), la lógica nos dicta que no pueden estar todos en un mismo nivel intelectual, moral o científico, puesto que el libre albedrío nos dota de la capacidad de adelantar más rápido o mas lento, según sea nuestra voluntad, con lo cual, no podemos estar todos en una misma fase en el proceso evolutivo.

 Al mismo tiempo, el sentido común y la razón nos indica que deben de existir unas leyes espirituales y físicas que rijan todo el Universo por igual, puesto que no sería lógico la disparidad o contradicción, de espaldas a la coherencia y armonía del todo; otra cosa sería la variedad de sus manifestaciones pero compatibles unas con otras.

 Efectivamente, la doctrina espirita nos habla de las distintas categorías de mundos, en función de su adelanto. Empezando por los mundos primitivos; en ellos el espíritu comienza su periplo evolutivo, predominando el instinto. Al principio es casi una vida animal, su responsabilidad es muy pequeña puesto que no tiene una conciencia desarrollada y las existencias se suceden rápidamente. La siguiente fase es la que estamos viviendo hoy día, es decir, mundos de expiación y prueba; en esta etapa el espíritu tiene una mayor conciencia de si mismo y venimos a expiar y corregir los errores que vamos cometiendo, adquiriendo experiencia ante las diversas pruebas a las que nos vemos sometidos. Posteriormente se pasa a una nueva etapa muy importante, es decir, a mundos de regeneración, donde el espíritu trabaja para liberarse definitivamente de los restos de imperfecciones morales que le quedan. Son mundos donde predomina el bien en toda la sociedad, el afán de superación es el objetivo prioritario en este tipo de civilizaciones. Los avances científicos y artísticos se ven reforzados por el intercambio entre los diferentes mundos de esa misma categoría, ya que gozan del permiso de lo Alto para visitarse y relacionarse. Parémonos por un instante a pensar la gran riqueza que puede aportar al ser humano esta circunstancia.

 En el siguiente nivel evolutivo están los mundos felices, donde la materia ya es mucho más sutil, y el espíritu goza de una libertad casi plena, desarrollando el arte, la ciencia, la música, la filosofía, etc., así como las cualidades morales y espirituales que les permite colaborar en la obra de Dios de una manera importante.

 Y por último, nos encontramos con los mundos divinos, que son la última escala y del que poco podemos decir. Las potencialidades espirituales desarrolladas a lo largo de incontables siglos se manifiestan con total plenitud.

 Actualmente el planeta Tierra se encuentra en un proceso de cambio, de transición de mundo de expiación y prueba a la etapa de regeneración. Los pobladores de este mundo, como ocurre en otros planetas, gozan de absoluta libertad de progreso, sin embargo, la evolución es inevitable y tiene unos plazos marcados por lo Alto. Efectivamente, esta escuela llamada Tierra está siendo promovida para un curso superior, de tal forma que aquellos que se encuentren en las debidas condiciones morales y espirituales, acordes al nivel requerido, podrán continuar su evolución en este mundo, y aquellos espíritus rebeldes, enzarzados en la ignorancia de los defectos y sus consecuencias, tendrán que continuar provisionalmente su periplo evolutivo en otros mundos, pertenecientes a esta escala. Es la ley y la justicia divina.

 Por tanto, desde el punto de vista del Ser, poseemos la capacidad para crecer en todas las facetas que la vida nos ofrece. No estamos presos en los mundos, de tal modo que, si avanzamos más deprisa que el resto, podemos ganarnos el derecho de continuar nuestra evolución en un mundo más adelantado que este, del mismo modo, si no tenemos intención de avanzar y nos mostramos díscolos con las propuestas de regeneración y corrección de errores del pasado, con un cambio de actitud, podemos ser relegados provisionalmente, como estamos comentando, a otros mundos de expiación y prueba, pero en un estado más primario, sirviendo, al mismo tiempo, como ayuda a esas civilizaciones mas atrasadas y sin experiencia.

 Actualmente estamos viviendo un proceso de catarsis, de cambios profundos en la sociedad. Las crisis políticas, económicas, sociales, nos demuestran que lo viejo, por muy poderoso que pudiera parecer, ya no sirve. No estamos viviendo un proceso cíclico, como anuncian los expertos; es mucho más profundo, y nos va a llevar, en un periodo de tiempo relativo, a un nuevo orden social y espiritual. Desconocemos los pormenores aunque hay informaciones de índole espiritual que nos hablan de fuertes convulsiones en el mundo, sin embargo, lo que no nos debe de quedar ninguna duda es que el cambio está llegando con paso firme. Existe un axioma que podría definir estas afirmaciones: “Las cosas de Dios tienen prioridad” Pues bien, este es un momento crucial, no supeditado indefinidamente a la voluntad humana.

 Disponemos de una oportunidad de oro para reajustarnos a esa nueva realidad que avanza a pasos agigantados. No queda tiempo, sobre todo si tenemos en cuenta lo vulnerables y frágiles que somos todavía como espíritus encarnados. Los defectos morales así como las tendencias materiales nos pueden arrastrar definitivamente. No nos podemos permitir una desviación que nos aparte del nuevo horizonte que se avecina. ¡Es tanto lo que hay en juego!

 Señales hay, y en estos momentos, más que nunca, tenemos la colaboración de otros seres, venidos de otros planetas para dar testimonio, entre otras cosas, de su realidad, algo que están desarrollando con intensidad pero con discreción. El avistamiento de objetos considerados extraños por miles de personas desde la tierra, sobre todo, estas últimas décadas; su visualización clara desde el aire y desde el espacio. La desclasificación por parte de la mayoría de los gobiernos del mundo, de la ingente información respecto a casos de avistamientos de objetos considerados incomprensibles por su comportamiento y alta tecnología, incompatible con nada conocido en este mundo. Todo ello nos debe hacer pensar y que no estamos ante una fantasía o tema menor.

 En conclusión, la frase del Maestro “en la casa de mi Padre hay muchas moradas” posee las claves para ampliar la visión  de aquello que nos rodea. Nos abre un campo muy amplio de comprensión, de una realidad que muy pronto será patente a los ojos de todos, especialmente, para aquellos que se hayan sabido ganar un espacio y un hueco, para ser participes y colaboradores con los cambios profundos que se avecinan y se están manifestando actualmente. Estemos atentos.

José Manuel Meseguer

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