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LA REENCARNACIÓN ANTE LA CIENCIA

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Reencarnación ante la ciencia

Aunque parezca lo contrario, son muchos los avances de los últimos años respecto a las evidencias sobre la reencarnación. El trabajo de numerosos investigadores está a la luz pública para quienes quieran beber de fuentes respetables y fidedignas.

En el ámbito científico no es un tema nuevo pese a su dificultad. No obstante, las herramientas y los procesos de comprobación no son los mismos que para investigar otros fenómenos de la vida física o incluso extra física. En el caso de la reencarnación la dificultad es mayor.

Los prejuicios así como las ideas preconcebidas son muros que disuaden a muchos investigadores a dar un paso al frente. Científicos de renombre tuvieron serias dudas para avanzar en este campo pese a sus descubrimientos, por el miedo al rechazo frontal de su propia comunidad científica, y por el consiguiente desprestigio personal y profesional al que se exponen. La posibilidad del rechazo por un lado y las críticas irónicas de los colegas por el otro, hacen plantearse seriamente a los investigadores honrados si merece la pena tanto sacrificio, en pos de una realidad vetada por los dogmatismos.

Muchos años de estudio, trabajo arduo y de labrarse un nombre y un prestigio profesional puede saltar por los aires en poco tiempo ante la afirmación pública de la posibilidad de reencarnar.

Por esta prueba han pasado muchos. Casos a lo largo de la historia ha habido, investigadores que afirmaban una cosa en base a sus estudios,  para que un tiempo después, una vez superadas todas las barreras hayan sido admitidos como válidos sus trabajos. Además habría que pensar en cuáles son  los criterios que utilizan muchas veces las instituciones científicas para asignar los recursos económicos para la investigación, aquellos que deciden el qué y el porqué.

Empecemos por la aportación del doctor canadiense Ian Stevenson (1918-2007), profesor de psiquiatría en la Universidad de Virginia. Estudió miles de casos en varios países de niños que afirmaban recordar existencias anteriores, hablando de una personalidad y de una vida muy diferente a la actual. Su obra principal “Veinte casos sugestivos de reencarnación” (1966), recoge algunos muy significativos.

Otro de los investigadores de prestigio es Brian Weiss, psiquiatra estadounidense, profesor en la Universidad de Miami y jefe del área de psiquiatría del Hospital Monte Sinaí. Su aportación, que todavía continúa, está referida a su labor en el campo de las regresiones hipnóticas sobre pacientes que manifestaban fobias y problemas psicológicos muy fuertes, cuya causa no era posible localizar en su actual vida. A través de dichas regresiones, explorando en el subconsciente, el paciente rememora circunstancias traumáticas del pasado para afrontarlas junto al terapeuta y superarlas definitivamente.

Algo muy similar a la denominada Terapia de Vidas Pasadas (TVP), regresión de memoria para fines terapéuticos, destacando a la Dra. María Julia Prieto Peres en Brasil, al doctor argentino José Luis Cabouli quien va más allá en su experiencia profesional  afirmando en uno de sus artículos: “La realidad es que para el alma las vidas pasadas no existen como tal. Para el alma se trata de una sola vida que transcurre alternativamente en dos planos, bien en el plano físico, o bien en el plano espiritual.” “Sería más propio denominar a esta terapia como » Terapia de Experiencias en Cuerpos Pasados«.

Otro aspecto que es considerado como “prueba indirecta” son los birthmarks, o marcas de nacimiento. Consisten en zonas de la piel sin pigmentación o con una pigmentación muy elevada de los niños cuando nacen,  son células malformadas sin una explicación aparente. También se consideran birthmarks las cicatrices de nacimiento y determinados lunares en la piel. Muchos niños que recordaban espontáneamente su vida anterior y que se pudo verificar su historia, poseían estas marcas, que coincidían en el punto exacto del motivo de su muerte. Si por ejemplo había muerto por una o varias cuchilladas en el abdomen, en algunos casos aparecían dichas marcas en la misma zona.

Esto desde un punto de vista espiritual tiene una explicación clara. El modelo organizador biológico también llamado periespíritu o cuerpo etéreo, recoge como un imán todas las impresiones vividas, sobre todo cuando se trata de sucesos traumáticos que derivan en una reacción psicológica muy fuerte. Al desencarnar y pasar al otro lado, el impacto psíquico si no se supera permanece, del mismo modo, si la siguiente reencarnación es muy rápida, puede ocurrir que el espíritu no haya tenido suficiente tiempo para resolver el conflicto traumático, sobrellevándolo en su nueva encarnación, no sólo a nivel psicológico sino también manifestado en el cuerpo orgánico.

Otra de las pruebas indirectas es el fenómeno Déjà Vu. Personas que acuden por primera vez a un lugar y sin embargo demuestran un conocimiento bastante exacto del mismo, como si hubieran estado varias veces o vivido en el pasado.

También debemos considerar los casos de los niños prodigio. Personas que a su muy corta edad demuestran habilidades y conocimientos imposibles desde un punto de vista exclusivamente físico. Las interpretaciones de carácter genético o de herencia familiar resultan muy deficientes puesto que no resuelven el problema. Existen infinidad de ejemplos que desmontan dichas tesis.

A lo largo de la historia nos encontramos con algunos casos notables, como por ejemplo, el archiconocido compositor Wolfgang Amadeus Mozart (siglo XVIII); a los 5 años componía piezas musicales, otro caso fue el del matemático y físico irlandés William Rowan Hamilton (siglo XIX), también a los 5 años dominaba el latín, el griego y el hebreo, a los 13 años dominaba 13 idiomas, etc.

Actualmente confluyen muchos casos conocidos en todo el mundo, por poner algún ejemplo actual, el caso de Akrit Jaswal, niño hindú  autodidacta que nació en el año 1993. A los 10 meses ya era capaz de hablar y a los 5 años había leído libros de ciencia y anatomía. A los 7 años realizó una cirugía espontánea, una niña de 8 años sufrió quemaduras en las manos que la habían obligado a tener los puños cerrados, gracias al trabajo de este niño, los dedos fueron separados y rehabilitados al poco tiempo. A los 12 años, Akrit fue aceptado en la Universidad del Punjab, Lahore, y se convirtió en el estudiante más joven de la India.

Estas son apenas algunas pinceladas de la ingente cantidad casos así como de investigadores que han trabajado y que trabajan actualmente en un campo ajeno ya a las meras creencias.

Por tanto, ciencia y espiritualidad confluyen cada vez más hacia su encuentro definitivo, caminamos hacia una concepción holística de la vida, cuyas partes no se pueden entender fuera del todo.

Al mismo tiempo, no porque se ignore o se ningunee algo significa que no exista. Cada vez son más las voces de personas de todo el mundo y de toda condición que están viviendo experiencias, que acercan cada día un poco más al ser humano a una realidad que ya no puede ignorar. Son los síntomas del cambio de ciclo, de una nueva forma de percibir la realidad. Atrás van quedando los dogmatismos religiosos pero también los científicos.

Con el apoyo de la ciencia, se refuerzan los argumentos, se consolida la fe razonada,  transmutando las creencias en convicciones. Estemos abiertos y no rechacemos por rechazar.

 

José M. Meseguer

©2015, Amor, paz y caridad

NO SE PUEDE SERVIR A DIOS Y A LAS RIQUEZAS

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No se puede servir a Dios y la riqueza
Fotografía de Jeremy Schultz

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En el capítulo XVI del libro “El Evangelio según el Espiritismo”; en el apartado 7: Utilidad providencial de la fortuna. El insigne codificador afirma: “La riqueza es, sin duda, una prueba muy difícil, más peligrosa que la miseria por sus consecuencias, por las tentaciones que da y la fascinación que ejerce; es el supremo excitante del orgullo, del egoísmo y de la vida sensual; es el lazo más poderoso que une al hombre a la Tierra y desvía sus pensamientos del cielo; produce tal vértigo, que se ve muchas veces que el que pasa de la miseria a la fortuna olvida muy pronto su primera posición, a los que la compartían y a los que le han ayudado, volviéndose insensible, egoísta y vano.”

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La riqueza no es un problema en sí, puede ser muy beneficiosa por cuanto se puede hacer mucho bien con ella. El problema está, como explica Allan Kardec más arriba, en el individuo, en el espíritu en evolución que ha de calibrar sus fuerzas para someterse a las pruebas que esté capacitado y no perder más el tiempo. Las posesiones pueden provocar una fascinación, una desviación de los objetivos nobles que se traen a la vida, un alejamiento de los compromisos adquiridos antes de encarnar; ahí está el principal escollo, pero no sólo eso, sino que además, dejar de hacer todo el bien que previamente, había prometido. Cumplir con el deber de ayudar, casi siempre a personas que se perjudicaron en el pasado; compensando, equilibrando y rescatando deudas del ayer. Sin embargo, la falta de claridad y el materialismo que nos invita al consumismo, a no pensar, nos traslada la falsa idea de que al mundo venimos para disfrutar, alejarnos de los problemas y pensar sólo en nosotros mismos.

Conseguir una materia, un cuerpo físico para reencarnar no es nada fácil, el mundo espiritual se encuentra lleno de espíritus a la espera de una nueva oportunidad, tan sólo los méritos y las necesidades sabiamente valoradas por Dios, son las que determinan el momento exacto de su vuelta. El espíritu espera con recelo, con ansias muchas veces, pues allí ve con bastante claridad las cosas, los errores cometidos, aquello que le falta para ascender espiritualmente y desprenderse de remordimientos, sensaciones negativas por fracasos pretéritos. Mira hacia arriba y puede ver a los espíritus felices, libres de los pesados fardos de la inferioridad, triunfadores en el control de sus imperfecciones, en sus sacrificios; del éxito conseguido con el trabajo espiritual desarrollado sobre la tierra con una materia física; y la consecuencia, el motivo por el que están disfrutando actualmente de una libertad feliz, sin barreras. Todo ello provoca un estímulo en el espíritu endeudado y exclama: “¡Lo puedo conseguir!” A partir de ahí estudia su pasado, analiza, se deja aconsejar por espíritus amigos, seres de cierta elevación que vienen a transmitirle lo que los planos superiores le demandan.

Se vislumbra una nueva oportunidad hasta que ese momento, más pronto o más tarde llega. A partir de ahí empieza toda la responsabilidad para el reencarnante. A medida que avanza su vida los peligros, las pruebas comienzan a aparecer. Y el alma del encarnado examina su conciencia que es donde lleva escrito su pasado y el programa actual a realizar, y empieza a decidir; o bien seguir los dictados de su yo interior o dejarse llevar por la corriente, rebelarse, acomodarse, en definitiva, a decantarse por unas opciones u otras.

Los defectos si no se trabajan, nos persiguen como sombras. Las diversas situaciones, temporales o permanentes que la vida nos plantea, son exámenes para valorar el esfuerzo que realizamos, el desarrollo de la inteligencia, la paciencia, la resignación y todos aquellos valores que nos elevan. Las pruebas a las que nos somete la vida son siempre las que más necesitamos, no son producto de la casualidad o del azar.

Por tanto, cuando aparece la prueba de la riqueza, bien sea de cuna o conseguida a lo largo de la vida es una gran responsabilidad. Evita un tipo de problemas, pero con la intención de que trabajemos con la máxima libertad en otros, algunos aspectos que necesitamos incidir para liberarnos de pesadas cargas del pasado.

El dinero, los bienes materiales son herramientas pasajeras, no nos vamos a llevar nada material al otro mundo. Como bien indica el mismo capítulo del Evangelio según el Espiritismo, en el apartado: La Verdadera Propiedad: “Cuando un hombre va a un país lejano, arregla su equipaje con los objetos que pueda usar en el país; pero no se carga con aquellos que le serían inútiles.” Lo mismo ocurre con la vida física. Somos depositarios y nunca propietarios de nada material, por mucho que nos empeñemos en lo contrario.

Bien es cierto que no se puede considerar reprobable aquello que se consigue con el esfuerzo y el trabajo. Aquel que se esfuerza merece recompensa, el que es previsor, que piensa en su familia, en el futuro, tiene ciertos derechos que hay que respetar. Como en todas las cosas, y como vamos viendo a lo largo de este artículo, el problema reside en el abuso, en la falta de moderación, de equilibrio para administrarse.

Por desgracia muchos se acomodan, para los egoístas la riqueza es la excusa perfecta para la autocomplacencia, para la ociosidad, para el disfrute sin pensar en los demás. La falta de conocimiento espiritual y el poco interés en adquirirlo, aunque la conciencia le pueda hacer llamadas de atención, les lleva a una vida improductiva, insulsa, hueca, desprovista de un entusiasmo natural que nace del interior, compensado por la incesante búsqueda de satisfacciones como son viajes, compras, etc. Como afirmaba el escritor Noel Clarasó: “Es curioso que la vida, cuanto más vacía, más pesa”.

Son existencias vacacionales, cuyo retorno, una vez dejado el cuerpo físico, traen amarguras al comprobar que nada útil se ha hecho por uno mismo ni por los demás. Debiendo reprogramar una nueva existencia, pero en condiciones más penosas.

Por todo ello, el aprovechamiento del tiempo es fundamental. Vivimos una época de cambios profundos en la humanidad, en todos los sentidos. La ciencia y la tecnología nos proporcionan, por regla general, los medios para que la existencia no sea tan dura como antaño, disponiendo de más tiempo para dedicarlo a otras cosas. Esto último, sin duda, no es una casualidad, es la antesala de un futuro con otros valores, otros proyectos de vida; mientras tanto, aquellos que estamos viviendo en el momento presente hemos de aprovechar las oportunidades que la vida nos concede. Venimos para ser felices pero aprovechando los recursos que la vida nos proporciona con sabiduría. Atrás queda la época en que se vivía casi exclusivamente para trabajar, en condiciones muy duras, apenas sin ocio, sin tiempo para otras cosas.

En definitiva, la desigualdad de riquezas no es consecuencia del capricho divino. Como afirma el insigne codificador espirita: (*) “La pobreza es para unos la prueba de la paciencia y de la resignación; la riqueza es para otros la prueba de la caridad y de la abnegación.”

Sea cual sea la posición que nos toque vivir, abracemos con sentimiento de gratitud las pruebas transitorias, pues son otras tantas puertas, si sabemos cumplir la tarea, que se nos abren para asegurarnos un futuro feliz en la que es la auténtica vida, la espiritual.

    José M. Meseguer

©2015, Amor, paz y caridad

 

(*) Evangelio según el Espiritismo; Capítulo XVI – No se puede servir a Dios y a las riquezas; apartado; “Desigualdad de las riquezas”.

 

EL AROMA DEL EJEMPLO

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El aroma del ejemplo
Fotografía de Dylan Parker

Aparecen discretamente como gotas de rocío, con su brillo particular, en un rinconcito, como una pequeña luz que las señala en el camino.

Son algunas personas anónimas, pero que les gusta trabajar en grupo. Los nombres o creencias no importan. Dan ejemplo con sus obras. La mayoría de esos grupos se han ido forjando a lo largo de muchos años, de un trabajo colectivo, de unos sacrificios que la gente desconoce. Dejando atrás las amarguras, los sinsabores, las cicatrices de un camino angosto y lleno de espinas. Sin embargo ahí quedan los resultados, en su manera de comportarse, de hacer las cosas, en su grado de compromiso con su entorno, con las tareas que les surgen. Para una mayoría ocupada y a veces distraída, los ven brotar entre la multitud. La gente comenta: “Los conozco desde hace tiempo, trabajan bien, son discretos, se preocupan por los demás.”

Es el aroma del ejemplo, su fuerza, su jovialidad. Aportan confianza, seguridad; demostrando con su comportamiento diligente un camino posible y seguro.

Son un estímulo para los demás. Son el jarabe que repone, que da fuerza y aleja los miedos y sinsabores.

Al margen de las conciencias envidiosas que los critican o distraídas que los ignoran, al resto nos obliga a mirarnos a nosotros mismos. A hacer un examen de conciencia. Es como un toque de atención: ¡Ojo! ¡Ellos lo han conseguido! ¡Van por el buen camino!

Estos comportamientos establecen una diferencia clara entre lo utópico y lo posible, pues ellos demuestran día a día su realidad práctica.

No hacen falta tantos formulismos, darle vueltas a los mismos temas, a los mismos problemas. Todo es cuestión de buena voluntad, de sencillez, de una predisposición sincera, noble.

No son santos, ni superhéroes, son gente normal y corriente. En el trato son muy amables, cariñosos, nobles. Nunca te van a engañar. Si ven debilidades o faltas se las callan, no las divulgan. Empero, si se ven obligados a afrontarlas lo hacen con suma delicadeza, sin herir, sin menospreciar.

El mundo de las sombras, consciente del daño que les causa, arremeten contra ellos. Buscan la manera de desmoralizarlos, de que se enfrenten entre ellos mismos, porque su fracaso arrastraría al resto que los miran con ojos de esperanza.

¡La esperanza! Es intolerable para los intereses de las sombras. Es preferible el desconsuelo, el lío, la confusión. Es mejor que piensen que todo es muy complicado y difícil, muy difícil. ¡A ver si con un poco de suerte y teniendo en cuenta la fragilidad humana desisten o se desvían por caminos estériles!

Los buenos ejemplos son faros de luz, referencias seguras. Levantan la moral, refuerzan el optimismo. Arrancan una sonrisa cuando se les ve llegar. ¡Hacen tanta falta!

 

José M. Meseguer

©2015, Amor, paz y caridad

REENCARNAR ¿COMO HOMBRE O MUJER?

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Reencarnar ¿Como hombre o mujer?
Fotografía de, Alice Popkorn

Siguiendo con el análisis de los diferentes aspectos que rodean a la reencarnación, hoy nos vamos a detener en uno muy importante. Si los espíritus tienen sexo y los motivos por los que venimos como hombres o como mujeres.

En el Libro de los Espíritus de Allan Kardec, en la pregunta 200, nos encontramos con una interesante respuesta a la pregunta de si tienen sexo los espíritus. Ellos responden con un “no”, en el sentido en que nosotros lo entendemos, puesto que los sexos dependen del organismo físico. Sin embargo, aclaran que hay entre ellos amor y simpatía, pero basados en la afinidad de sentimientos.

En la siguiente pregunta número 201 siguen indagando: ¿Pero, el espíritu que ha encarnado como hombre puede volver como mujer y viceversa? A lo cual la respuesta es muy clara. Si, efectivamente son los mismos espíritus los que animan, tanto a hombres como a mujeres. Por lo tanto, el sentido de igualdad de derechos, el respeto por ambos sexos y su valoración es fundamental.

Sin embargo, a lo largo de la historia no ha sido así. El atraso evolutivo humano ha provocado, en casi todas las épocas e incluso en la actualidad un predominio, por lo general, del hombre sobre la mujer, consecuencia de la influencia del más fuerte sobre la parte más débil. (1) “En los hombres poco adelantados desde el punto de vista moral, la fuerza constituye el derecho”

Una ignorancia propia de los mundos, como el nuestro, considerado de la categoría de “Expiación y Prueba”, en el cual, al desconocer una inmensa mayoría las leyes espirituales que rigen el universo, se ha tergiversado la realidad y considerado a los más débiles, entre ellos a la mujer, como objeto para ser sometido y cumplir con unas obligaciones impuestas por el hombre.

Cualquier privilegio es contrario a la justicia y la emancipación de la mujer sigue el progreso de la civilización. El siglo XX supuso un gran avance, en cuanto a los derechos de unos y otros. Por poner un ejemplo anecdótico, el derecho al voto por parte de las mujeres en España se ejerció por primera vez  en el año1933. En Estados Unidos, por exponer otro caso, el derecho al voto total (es decir mujeres blancas y negras), no llegó hasta 1965. Aún hoy, en pleno siglo XXI, todavía quedan países donde no se les permite votar, un derecho natural que producto de una mentalidad retrógrada se les niega.

Afortunadamente el sentido común, de una manera lenta pero progresiva se va abriendo paso en la mentalidad humana. Al mismo tiempo y de forma extraordinaria, la doctrina espírita, como vamos observando hasta ahora, pionera en muchos campos desde mediados del siglo XIX, va derribando muros, a poco que nos acerquemos a sus postulados, a sus argumentos lógicos.

Precisamente, es en la misma obra titulada “El Libro de los Espíritus”, donde continúa aclarándonos las ideas. En la pregunta 202 nos afirma que poco le importa al espíritu encarnar con un sexo u otro, depende de las pruebas que deba pasar, no existen prejuicios al respecto. Lo que significa que venimos como hombre para desarrollar unas cualidades, un trabajo; y como mujer para desenvolver aptitudes propias del sexo femenino. Para ello, a través de distintas existencias programadas, de labores, con una finalidad concreta para el espíritu en evolución.

Hay un aspecto a considerar, y es el hecho de encontrarnos con personas con manifestaciones distintas a los propios de su sexo; es decir, hombres con amaneramientos femeninos y mujeres con amaneramientos masculinos. Consecuencia, muchas veces, del tránsito de una existencia a otra muy rápida y del cambio del espíritu de un ciclo de existencias con un mismo sexo a otro. Lo que puede provocar la manifestación residual, psíquica, de aspectos de existencias anteriores, puesto que todo se enlaza en el ser y sigue una progresión continua. Esto no tiene la mayor importancia, pero que es una duda que mucha gente se plantea. No se debe confundir con el homosexualismo o el lesbianismo, ya que este sería otro tema.

Por otro lado, el hombre viene destinado para encargarse de las tareas más rudas, por su naturaleza física más fuerte, no obstante, la mujer debe encargarse de las tareas, en principio, más delicadas, aunque los tiempos han cambiado, y las condiciones de vida en muchos países ya no son las de otrora. Paralelamente, los avances científicos, sobre todo tecnológicos, y la evolución del pensamiento humano, han facilitado la vida extraordinariamente a todos, superando la rudeza del pasado.

No obstante, aunque las circunstancias ya no son las mismas, las condiciones del hombre respecto a la mujer nunca se confunden. Deben, de ese modo, aportando sus características propias, adaptarse a las circunstancias y hasta las nuevas necesidades que la sociedad de hoy reclama. La mujer siempre será madre, esposa, hermana, hija. El hombre siempre será el esposo, el padre, etc. Vienen juntos no para disputarse derechos sino para complementarse.

En todo ello influye sobremanera el sentido espiritual, los valores y los objetivos que perseguimos en la vida. Por desgracia, la crisis actual ha derivado en un naufragio generalizado de muchas familias, en aquello que nos debe proporcionar estabilidad afectiva y emocional.

Las sociedades equilibradas se construyen desde el hogar, en las familias, empezando por los esposos, con el afecto y el cariño; fruto del cual llegan los hijos, para participar de ese amor y de esa paz. No es tarea fácil, puesto que el núcleo familiar es el laboratorio donde se deben forjar las más nobles aspiraciones, para desenvolver y desarrollar las aptitudes positivas; la renuncia, el sacrificio, la abnegación. Este es el gran objetivo a perseguir. Superando las barreras de la incomprensión, de la intolerancia, de los egoísmos y orgullos que retardan y minan la paz en los hogares.

Por desgracia, el sensualismo, el materialismo y otros factores consecuencia del mismo, han empujado a muchas parejas a la ruptura fácil y a debilitar las estructuras familiares. La falta de una educación moral de los hijos, los malos ejemplos, la sustitución de la convivencia sana y constructiva por los atractivos tecnológicos mal empleados; el afán económico así como otros factores, empujan a la sociedad a su desestructuración por el elemento que debería de gozar de mayor equilibrio como es el amor en pareja y la familia unida.

 Observamos la paradoja, sin entrar a juzgar, cómo hoy día, estamos dirigidos por personas, que asumen responsabilidades de gobierno, para salvaguardar y mejorar el bienestar social, que dictan leyes, y que, sin embargo muchos de ellos, en lo personal no son un modelo como esposos, como padres; pretendiendo resolver los problemas de muchísima gente, siendo incapaces de resolver los suyos propios, esenciales para la vida.

En resumen, debemos valorar las aptitudes y el valor de ambos sexos. Para el espíritu le resulta indiferente encarnar de una forma u otra, puesto que persigue unas metas elevadas que casi siempre olvidamos cuando volvemos al contacto con la materia física.

Efectivamente, los mismos derechos pero distintas funciones, complementándose sin confundirse, adaptándose a las circunstancias para que la sociedad sea más justa y nadie quede desatendido. Buscando un equilibrio que permita la libre manifestación de las cualidades y aptitudes que son el motor del progreso, motivo por el cual estamos encarnados en la actualidad.

      José M. Meseguer

©2015, Amor, paz y caridad

(1) Pregunta 818 del Libro de los Espíritus

SIN CARIDAD NO HAY SALVACIÓN

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Sin caridad no hay salvación

No hay mayor terapia para combatir el egoísmo y el orgullo que la caridad y la humildad.

El inigualable Maestro, ante la pregunta desafiante de los fariseos sobre cuál es el mayor mandamiento; responde: “Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo”. Sin embargo, no se puede demostrar amor a Dios si no queda reflejado en las acciones, igualmente de amor sobre nuestros semejantes.

Este es un aprendizaje de siglos, puesto que en el transcurso de la evolución vamos aprendiendo a conjugar ambos aspectos de la naturaleza espiritual. Es decir, caminar en sentido hacia Dios, pero a través de nuestros semejantes (que son sus hijos), y que son su obra. Estas dos conquistas son inseparables, es imposible trabajar una sin avanzar en la otra. Esto es algo que, a poco que reflexionemos, llegaremos a entender fácilmente que no puede ser de otra manera.

El propio Maestro, explica en la parábola del buen samaritano (San Mateo, cap. XXV, v. de 31 a 46); las claves para “salvarse”. ¿Salvarse de qué? Del abismo de las imperfecciones, de los errores que nos imantan a la rueda de las existencias penosas, de repetir una y otra vez las mismas experiencias hasta alcanzar la suficiente madurez espiritual como para que se produzca una reacción positiva, enérgica contra nuestros defectos, que son los que retardan el progreso y la felicidad, complicando el avance ante la falta de asunción de responsabilidades para con el prójimo.

No existe otra posibilidad de romper con los lazos de inferioridad que hacer abnegación de uno mismo.

San Pablo también habla de la caridad en la Primera Epístola a los Corintios, cap. XIII, v. 1 a 7 y 13). De una forma maravillosa, para que no caigamos a engaño, diferencia aquello que es apreciado socialmente, y que tiene su propio valor, de aquello que es trascendente, imperioso llevar a la práctica, aunque no sea considerado por los hombres.

Y para que no queden dudas la define así: “La caridad es paciente; es dulce y bienhechora; la caridad no es envidiosa; no es temeraria y precipitada; no se llena de orgullo; no es desdeñosa; no busca sus propios intereses; no se melindrea y no se irrita con nada; no sospecha mal; no se regocija con la injusticia; más se regocija con la verdad; todo lo soporta, todo lo cree, todo lo espera y todo lo sufre”

Ante esta magnífica definición sobran las palabras. Esta propuesta espiritual es tan elevada y exigente que nos sitúa ante una cruda realidad, a poco que nos observemos a  nosotros mismos. Nos empuja hacia una reflexión sincera de lo mucho que nos queda por recorrer. No deja margen a falsas interpretaciones; no podemos alegar ignorancia.

Los primeros cristianos así lo entendieron, y el Espiritismo está llamado a recuperar dicha esencia espiritual. El tronco fundamental que trasciende todas las religiones, todas las culturas o pensamientos.

La caridad es por tanto, el lenguaje del amor, en contraposición al egoísmo. Nos hace a todos los seres humanos sin excepción, útiles los unos con los otros, a través de las herramientas de que disponemos, puesto que se puede practicar la caridad con el pensamiento, con las palabras, con un gesto, con una sonrisa, con una mirada. Esa capacidad de manifestación a veces muy sutil, y tan polifacética nos abre las puertas a un trabajo inmenso, lleno de posibilidades.

Francisco de Asís (1181-1226); fue otro ejemplo vivo de la manifestación más pura de la caridad, reflejada en aquella hermosa oración de su autoría, que comienza así: “Señor, haz de mí un instrumento de tu paz…”

Afortunadamente, “El Consolador Prometido” que es la doctrina espirita, nos aporta la luz al entendimiento. Nos abre las puertas a la comprensión de una realidad espiritual que es la que estamos viviendo día a día; transmutando las creencias en convicciones; sin embargo, el conocimiento únicamente, no es suficiente.

Hace falta la práctica, asumir la gran tarea personal, la responsabilidad que dicho conocimiento nos ofrece. Si no practicamos la caridad con nuestros compañeros en el ideal, amigos, familiares, etc., no estamos dando el ejemplo que se nos requiere, estamos transmitiendo la idea, aunque sea de una forma involuntaria e inconsciente, de que el espiritismo es una filosofía noble, elevada, pero un tanto utópica, puesto que aquellos que la predican no son capaces de incorporarla a sus vidas.

Cuando observamos en los centros espiritas disensiones, rupturas, conflictos, falta de fraternidad, exceso de rigor que irrita y aleja, etc., ante toda esta serie de despropósitos, se está trasladando a la sociedad una imagen irreal de lo que es el verdadero espiritismo.

El espiritismo es conocimiento, pero también es sentimiento, solidaridad, tolerancia, firmeza pero no manifestada de una forma intransigente o fanática; es compartir, es dedicarle tiempo a las personas además de a otras cosas. Es ser natural, no místico, es estar abierto a nuevas propuestas, especialmente las que provienen de la corriente juvenil, que también tienen algo que decir y no ser objetos pasivos; sólo actuantes, cuando y del modo que los adultos prefieran. Ser nobles, auténticos, coherentes.

Todo ello también forma parte de la caridad, de la propuesta que San Pablo nos detalla, de las parábolas que el Maestro Jesús nos traslada para la reflexión.

Además, en el Libro de los Espíritus, en la pregunta 886, Kardec  interroga a los espíritus superiores: ¿Cuál es el verdadero sentido de la palabra caridad tal como la entendía Jesús? Benevolencia para con todos, indulgencia con las imperfecciones ajenas, perdón de las ofensas.”

Efectivamente, el perdón juega un papel fundamental en la práctica de la caridad. A todos nos ocurren situaciones en las que sufrimos con mayor o menor motivo las ingratitudes, incomprensiones, indiferencias, y un sinfín de alfilerazos cuya reacción más inmediata suele ser la de rebelarnos y pagar con la misma moneda, o en el mejor de los casos, evadirnos de esas situaciones para no implicarnos, evitando malas reacciones por nuestra parte, sobre todo cuando se trata de personas muy allegadas a las que nos unen vínculos más o menos profundos y en los que nuestros sentimientos se sienten especialmente dañados.

Precisamente en esas situaciones es cuando más difícil nos resulta ser comprensivos y caritativos, pues si no perdonamos, es como dejar heridas abiertas, nos estamos cerrando a la posibilidad de pasar página.

Son estas algunas de las razones por las que Allan Kardec, al analizar el mayor mandamiento predicado y ejemplificado por Jesús, el amor, nos afirma: Sin caridad no hay salvación, ya que sin caridad no podemos elevarnos por encima de las situaciones conflictivas y nos quedamos con el impacto psicológico momentáneo, sólo con el daño infringido y no vemos más allá. No alcanzamos a ver la necesidad moral, profiláctica que supone un comportamiento limpio, transparente y libre de todo resentimiento.

En todos los momentos el sentimiento y las buenas resoluciones son fundamentales, especialmente entre aquéllos que nos llamamos espiritas, buenos cristianos, ya que con una actitud generosa y altruista, se puede realizar una labor provechosa, siendo el faro para muchos que todavía no han encontrado una línea a seguir.

Precisamente son los verdaderos espiritas los convocados para la práctica consciente de la caridad, como El muy bien predicó y ejemplificó a lo largo de su vida. Aquél que no tenía ninguna deuda con la Humanidad  y que se vio sometido a todo tipo sinsabores, para dar ejemplo en un mundo falto de amor y de bondad.

José M. Meseguer

©2015, Amor, paz y caridad

PROCESO REENCARNATORIO

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Los orígenes

Se habla mucho de las experiencias cercanas a la muerte (ECM), de aquello con lo que se encuentran los seres fallecidos, una vez han cruzado el umbral, aunque algunos vuelvan para contar sus experiencias durante las interrupciones momentáneas de sus vidas; paradas cardio-respiratorias, cese de actividad cerebral…  producto de accidentes, enfermedades graves, etc. Sin embargo, se habla poco de la vuelta al plano físico, de sus características y peculiaridades.

En esta ocasión nos vamos a detener en el proceso reencarnatorio. Es decir, el espíritu que tras un tiempo en el espacio, en el mundo espiritual, es impelido a volver a la batalla física para desarrollar un determinado papel que le eleve espiritualmente; en moralidad, experiencia, sabiduría, así como para el rescate de deudas pendientes, necesitadas de reparación.

Partimos de la base de que no hay dos reencarnaciones idénticas, puesto que no hay dos espíritus iguales. Puede haber mayores o menores similitudes, pero cada caso es único.

No es lo mismo, por ejemplo, espíritus primitivos, que comienzan su andadura en las primeras etapas evolutivas, cuyas reencarnaciones suelen ser muy rápidas y en donde el espíritu no es consciente y por tanto no puede participar todavía en la planificación de su futura vida; de aquellos espíritus de evolución media, que ya tienen un recorrido, una cierta conciencia de ser, aunque todavía se encuentren atados a una manifiesta inferioridad moral y espiritual.

Tampoco es el caso de espíritus de gran elevación que en labor sacrificial, acuden al plano tan pesado de una existencia en un mundo como el nuestro, participando previamente en la elaboración de su nueva misión redentora y ejemplificánte, colaborando con otros espíritus especialistas en la delineación del que será su nuevo cuerpo físico y el ambiente familiar en el que se va a desenvolver. En estos casos y debido a que no poseen cargas del pasado, poseen total libertad para programarse un futuro físico, acorde a las necesidades de auxilio que comprenda debe de afrontar.

En todo proceso de vuelta a la vida física hay que contar con un trabajo complejo, debidamente delineado y planificado para facilitar las expectativas de aquello que se desea conseguir por parte del interesado, del espíritu reencarnante. Un equipo de especialistas, entre ellos, (*) los “Constructores espirituales” que se encargarán de realizar los distintos preparativos para que el proceso sea un éxito, adaptando y reduciendo el periespíritu, que actúa como “modelo organizador biológico”, con las nuevas características que marcarán su futuro, en la formación del nuevo feto, hasta su desarrollo total.

Debemos matizar que las variables son tan grandes, las opciones tan numerosas, que nos sería imposible, en un simple artículo, poder abordar de una forma completa las distintas posibilidades, en función de cada caso y del uso del libre albedrío, puesto que hay que tener en cuenta que el espíritu en cuestión, tiene la última palabra, por decirlo de algún modo, sobre los derroteros que quiere seguir, y es el responsable con su actitud y comportamiento de que el trabajo impecable de los “hermanos especialistas”, mensajeros del amor y la misericordia de nuestro Padre,  tengan un total éxito.

Cabe recordar y siempre hablando a nivel genérico, de que el espíritu, una vez ha dejado la materia física y vuelve al plano espiritual, con la ayuda de seres de luz, comenzará un proceso de adaptación a su nuevo estado. Realizará un repaso a lo que ha sido su paso por el mundo, sus aciertos y sus errores. En ese momento, una vez esclarecido y restablecido de las impresiones de la materia, continuará su trabajo en los planos espirituales. También recuperarán de una forma plena y sin entorpecimientos las relaciones con la que es su “familia espiritual”, producto de las diversas existencias, afinidades y trabajos pasados y presentes.

En función de las conquistas adquiridas, así será su felicidad y sus responsabilidades en su nueva etapa. Hemos de hacer un pequeño paréntesis y aclarar que estamos hablando de espíritus de mediana evolución, sin cargas criminales, propias de espíritus de gran inferioridad todavía. Estos últimos serían para tratarlos en otros artículos específicos.

Es a partir de ese instante, y en base a lo ganado con su esfuerzo que afrontará nuevas tareas concretas de edificación, de crecimiento espiritual, colaborando, en base a su capacidad y méritos, en la labor que le corresponda, contribuyendo al progreso general.

Por tanto, la ociosidad perturbadora no existe. Como podemos encontrar en la obra psicografiada de Chico Xavier por el espíritu André Luiz; “Misioneros de la Luz”, en el capítulo XIII, titulado Reencarnación: “El Paraíso de la ociosidad es tal vez la mayor ilusión de los principios teológicos que, en la Tierra oscurecen el sentido divino de la verdadera Religión”

Sin embargo y cómo podemos leer en la misma obra de Chico Xavier: “Dichos trabajadores abnegados en el campo espiritual, tras largo tiempo de luchas y servicios sacrificiales necesitan, llegado un momento, de retomar sus experiencias carnales, para la restitución de viejas deudas que imantan en la inferioridad a espíritus nobles y comprometidos. La experiencia carnal, es por lo tanto, la gran prueba de fuego que legitima la autoridad moral trabajada en los planos espirituales, no obstante, la necesidad de corroboración en el ámbito físico para la liberalización de viejas cargas del pasado, a veces, remoto.”

“No existe deuda, por pequeña que sea, que no requiera compensación o rectificación.”

Como es lógico, en la planificación de lo que va a ser su próxima vida física, se tiene muy en cuenta, las necesidades más urgentes, las pruebas en las que debe de incidir, sobre todo, cuando viene de experiencias repetidas fallidas. Por ejemplo, la riqueza y su indebido uso, el poder, la belleza, el empleo de la inteligencia. Estas circunstancias, cuando de una forma repetitiva no se afrontan debidamente y son causa de errores y de débitos con la justicia divina, obligan a un cambio de rumbo, a veces voluntario, a veces impuesto, para experimentar sobre las propias carnes la pobreza, la fealdad, o incluso sufrir algunas taras psíquicas, que proporcionen al espíritu provisionalmente en la materia física, las experiencias necesarias para la toma de conciencia de sus responsabilidades, y del uso que debemos de hacer de las dádivas divinas. Tal es la ley de causa y efecto, y la finalidad última de la encarnación física.

Por otro lado, se encuentran los  “completistas”. “Es el título que designa a los raros hermanos que aprovechan todas las posibilidades constructivas que el cuerpo físico les ofrece”. ¿Qué significa esto? Pues que son espíritus encarnados que utilizan fielmente su cuerpo físico como instrumento de progreso, cumplen sus compromisos, no pierden el tiempo, luchan contra sus imperfecciones y debilidades venciéndolas, y desencarnan con la tarea hecha.

La mayoría de nosotros, apenas cumplimos un pequeño porcentaje de nuestros compromisos. La ociosidad, la rebeldía, las debilidades y pasiones humanas nos imantan, retardan y obstaculizan el progreso, reduciendo las posibilidades, amén del mal comportamiento de muchos en el cuidado del instrumento físico, máquina excelsa, maltratándola con excesos como pueden ser el alcohol, el tabaco, el sexo; ni qué decir de las drogas, o los deportes irresponsables de riesgo poniendo en juego la propia vida; o las intoxicaciones propias de los malos pensamientos, producto de nuestras imperfecciones: odio, envidia, ira. Esto último, muchas veces poco valorado, pero de consecuencias devastadoras para la salud integral.

Otro elemento muy importante para el espíritu que va a perder temporalmente su libertad para ingresar en la cárcel de la materia física, es la angustia, la enorme incertidumbre de si será capaz de resarcirse de errores pasados, si tendrá la suficiente fortaleza, paciencia y resignación para superar los obstáculos, a veces muy difíciles. Hay que tener en cuenta que el espíritu desconoce los detalles pero es consciente del tipo de pruebas y los riesgos que corre en su futura existencia. Esto, como decíamos anteriormente le supone una inquietud, un desasosiego, mitigado por los hermanos amorosos que procuran animarlo, comprometiéndose a sostenerlo y auxiliarlo en todo momento, convenciéndole que nunca va a estar sólo en las luchas diarias. Algo que nos debe hacer pensar cuando nos sentimos desamparados o abandonados. La misericordia de Dios es tan grande que nunca nos abandona.

Aprovechemos pues estos conocimientos, recordemos que estamos de paso, traemos un compromiso, afrontémoslo con responsabilidad y alegría para que cuando retornemos a nuestra patria espiritual podamos decir cada uno de nosotros: “he cumplido una buena parte de la tarea encomendada, me voy satisfecho”.

 

José M. Meseguer

©2015, Amor, paz y caridad

*Aconsejamos la lectura de la obra: “MISIONEROS DE LA LUZ”; especialmente los capítulos 12 y 13. Psicografiado por Francisco Cándido Xavier, por el espíritu André Luiz.

AMAR AL PRÓJIMO COMO A SÍ MISMO

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“Maestro, ¿cuál es el mayor mandamiento de la ley? Jesús le respondió: Amaréis al Señor nuestro Dios, con todo vuestro corazón, con toda vuestra alma y con toda vuestra mente; éste es el mayor y el primer mandamiento. Y he aquí el segundo, que es semejante a aquél: Amaréis a vuestro prójimo como a vosotros mismos. Toda la ley y los profetas se resumen en estos dos mandamientos.” (San Mateo, cap. XXII, v. 36 a 40).

La respuesta del Maestro a la pregunta formulada por los fariseos es muy contundente y clara. Establece las prioridades existenciales del ser, el camino seguro hacia la autorrealización plena, al crecimiento espiritual que le permita identificarse con su Creador y con su destino superior.

Nos dice, amar a Dios con todo vuestro corazón, alma y mente. Pero para amar hay que conocer bien y no temer. Desde la ignorancia o el dogmatismo es muy difícil aceptar la realidad divina. Sólo desde un conocimiento, de una búsqueda espiritual sincera podemos acercarnos, partiendo de nuestra pequeñez, a vislumbrar algo que refuerce ese amor que le debemos por habernos creado, esa gratitud por todo lo que nos da, para poder comprender su misericordia y bondad.

El segundo precepto: “amar al prójimo como a uno mismo”. Una pregunta nos puede surgir al analizar esta máxima. ¿Se puede amar al prójimo si uno se desprecia a sí mismo, si no está conforme con su trayectoria espiritual, cuando le asedian los conflictos personales? ¿Se puede amar a los demás sin que uno se ame lo suficiente? ¿Cuál es la medida?

Tema muy interesante, y que muchas veces se pasa por alto. Las religiones y las filosofías espiritualistas apelan al altruismo, a la entrega, a olvidarnos de nosotros mismos como solución a todos los problemas.

Desde mi punto de vista, son dos temas que se complementan. No se puede separar del todo los conflictos personales y la autoestima, de los deberes y obligaciones que tenemos respecto a los demás. No obstante, hay que apelar siempre a un trabajo del que todos tenemos la obligación de realizar y que muy pocos, de forma voluntaria y consciente realiza, me refiero al trabajo interior, al autoanálisis, al conocimiento de uno mismo para buscar soluciones a los conflictos, a mejorar como personas, controlar nuestros defectos  que son causa de desdichas como son el egoísmo y el orgullo, y, como contrapartida, desarrollar las cualidades innatas del ser, aquellas que poseemos todos sin excepción.

Lo que ocurre generalmente, es que vivimos de espaldas a esa realidad espiritual personal, interior; proyectando en los demás nuestros conflictos. Vemos la vida del color y con los matices de nuestra forma de pensar, empañados por los defectos que todavía atesoramos y que desvirtúan esa realidad. Una realidad parcial, pero que necesitamos que sea lo más auténtica posible, para obrar en consecuencia. Controlar las emociones, los pensamientos y sentimientos al trazarse una hoja de ruta que nos conduzca a buen puerto. Considerar a los otros como verdaderos hermanos de los que algún día formaremos una unidad espiritual plena, aunque todavía estemos lejos de su comprensión y vivencia.

Pero para todo ello hace falta fuerza de voluntad, esfuerzo, elevar la autoestima reconociéndonos como un gran proyecto, todavía muy imperfecto, pero de unas posibilidades infinitas. Desde la sencillez y la humildad, crecer; caer para volverse a levantar. Creer en uno mismo pero sin arrogancia, andar con paso firme pero sin rigidez,

Dejemos de ser críticos con lo que nos rodea, pero al mismo tiempo, seamos exigentes con nosotros mismos y benevolentes con los demás. El Maestro nos indica que no hay otro camino… Bueno, sí, el del dolor, el de los reveses de la vida que nos muestra la fragilidad humana, el sufrimiento que provoca la rebeldía al no aceptar la dádiva divina que nos ofrece generosa, a manos llenas las herramientas de progreso; al no tratar de entender las situaciones, al no comprender que los obstáculos nos sobrevienen para crecer y amar, no para hacernos daño o deprimirnos.

Invariablemente el Maestro nos habla de la vía del amor; mucho se ha escrito y dicho sobre este tema. Sin embargo resulta muy difícil definirlo, ya que algo tan grandioso no se puede reducir a un simple concepto. No obstante el librepensador Krishnamurti nos sugiere en su obra «A los pies del Maestro» lo siguiente: «El amor es más que deseo de unión con Dios; es voluntad, resolución, determinación».

Precisamente si nos apoyamos en esta idea, nos daremos cuenta que su dimensión e importancia va más allá de un simple sentimiento o deseo. Para que exista voluntad, resolución y determinación es necesario previamente una fe sólida, unos planteamientos claros hasta llegar a un convencimiento tal, que disipe todas las dudas y permita tener la fortaleza suficiente para no desmoronarse cuando surjan los primeros obstáculos.

En todas las épocas han existido todo tipo de teorías, preceptos, normas de comportamiento, e incluso leyes que arreglen las relaciones entre los seres humanos, pero ninguna tan perfecta como esta ley espiritual, la más importante que proclamó Jesús hace dos mil años. No cabe la menor duda de que es el camino más rápido y seguro para llegar a la verdadera felicidad y conseguir el progreso espiritual.

Quién no se ha sentido satisfecho interiormente cuando a alguna persona triste la ha hecho sonreír, o cuando ha podido aliviar algún dolor moral o material, cuando se han resuelto malos entendidos estableciendo una nueva corriente de simpatía dañada por alguna acción anterior. Quién en fin, no ha sentido en su vida la satisfacción que supone una buena obra dejando un sentimiento de alegría, mucho mayor que cuando se consigue algún beneficio personal.

No obstante, el hombre a lo largo de la historia se ha preocupado principalmente por aumentar su riqueza y potencial material, ha desarrollado la inteligencia y dispone de unos medios que permiten hacer cosas que hace tan sólo unas décadas eran impensables. Sin embargo, le queda una asignatura pendiente que es la del corazón.

Precisamente por hacer oídos sordos a la conciencia estamos empezando a recoger el fruto de nuestras obras. Es el origen real de la crisis mundial que estamos viviendo hoy día, la falta de amor, de bondad.

Con frecuencia caemos en el error de creer que hemos de esperar a que cambien los demás para empezar a hacer lo propio; pero hemos de ser nosotros mismos, individualmente los que empecemos a auto-convencernos, a ver la vida desde otros ángulos llenos de esperanzas e ilusiones.

Sobre todo, aquellos que tratamos de seguir un camino espiritual tenemos un compromiso ineludible con la sociedad, como continuadores de la obra del Maestro, ya que tenemos la grave responsabilidad de revitalizar la moral evangélica por medio de nuestras obras, como signo distintivo que diferencia a los verdaderos de los falsos seguidores de Jesús.

José M. Meseguer

©2015, Amor,paz y caridad

“Quienes no aprendieron la excelencia del Amor, piensan que son amados porque se creen especiales, olvidándose que se vuelven especiales por amar”

(Joanna de Ângelis a través de la mediumnidad de Divaldo Pereira Franco)

OLVIDO DE VIDAS PASADAS

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Uno de los razonamientos que se hace mucha gente cuando se plantea la posibilidad real de la reencarnación es: “¿Si hemos venido otras veces por qué no recordamos las existencias pasadas?” “De ese modo, según este sofisma, sería más fácil convencerse de nuestra realidad espiritual y progresaríamos más rápido….”

Nada más lejos de la realidad. Los inconvenientes se multiplicarían y podría resultar hasta asfixiante la convivencia, el progreso humano y espiritual, como vamos a poder comprobar por los razonamientos siguientes.

Partimos de una premisa muy evidente: Nuestro cuerpo físico, nuestro cerebro no puede recordar aquello que no ha vivido. Las vivencias y experiencias de la vida se nos acumulan y conforman una personalidad, una memoria que nos induce a actuar, a reaccionar ante las situaciones que nos acontecen.

Ahora bien, tenemos algo que se llama conciencia, que es la que nos dicta el camino y las pautas a seguir. Es una voz interior que nos encamina y demuestra, la mayoría de las veces, una madurez, un sentido profundo para abordar con éxito las empresas más difíciles.

Debemos contextualizarnos y comprender una realidad evidente. Venimos al mundo con un compromiso espiritual, una tarea de crecimiento y progreso, pero sobre todo y debido a nuestra inferioridad moral, a corregir errores del pasado, a compensar el peso de nuestras equivocaciones, el daño causado a otros, en una tarea cuya principal finalidad es rescatar deudas del pasado, elevarse sobre las pasiones materiales, disminuir la cuota de egoísmo, de orgullo, de vanidad, para ser más dóciles, más auténticos, más altruistas y bondadosos. Esta es la gran tarea; algo tan arduo y difícil por la que necesitamos venir múltiples existencias para ir puliendo, adquiriendo experiencias, y elevándonos sobre nuestras propias miserias. También ahí es donde se observa y comprende la gran misericordia de Dios.

Ante dicha inferioridad moral y espiritual, si recordásemos las existencias anteriores, los vínculos que nos “atan”, la mayoría de las veces, no por amor sino por desamor, desencuentros del pasado; el recordar experiencias y situaciones desagradables de otras vidas supondría una carga demasiado pesada para poder soportarla.

Si ya de por sí actualmente, el recuerdo de las malas experiencias, el daño que nos han podido causar y sobre todo, lo difícil que nos resulta perdonar en nuestra vida cotidiana, si a eso tuviéramos que añadirle el fardo del pasado, sería un suplicio muy grande más que una ventaja.

Pero alguien cuestionará: “¿Si no recordamos los errores del pasado, cómo los vamos a poder superar y corregir? ¿Qué referencias podemos tener sobre algo en el que estamos nuevamente como una tabla rasa?”

Efectivamente, con anterioridad hemos hablado de la “conciencia”. Y, ¿qué es la conciencia? Es el bagaje de experiencias del pasado. Es decir, nuestro cerebro físico no puede recordar aquello que no ha vivido, sin embargo, el espíritu sí que puede transmitirle aquello que ha aprendido en existencias precedentes. Es por ello que los sabios de todas las épocas nos recomiendan “escuchar a la conciencia”, porque es ahí donde podemos encontrar respuestas, no sólo por lo vivido en el pasado, sino porque además es la válvula de entrada a las inspiraciones de seres más elevados, espíritus que nos quieren y aprecian, sugiriéndonos el mejor camino siempre.

“Si esto es así, se preguntaran algunos, ¿por qué la mayoría se dejan llevar por las pasiones y los defectos morales? ¿Por qué resulta tan difícil encontrar el camino correcto, a tenor de lo que observamos en el mundo, teniendo esa poderosa herramienta en nuestro interior?

Muy sencillo, por nuestro atraso evolutivo. Vivimos hacia afuera, muchas veces de un modo irreflexivo, nos hemos olvidado de las propuestas espirituales superiores, y si nos fijamos en ellas, muchas veces, obedecen a los convencionalismos religiosos superficiales y poco transformadores.

Cada vez tenemos menos tiempo para la reflexión, acallamos las inquietudes interiores, la voz de la conciencia que nos avisa la silenciamos con distracciones diversas, o simplemente volcando todas las frustraciones y amarguras sobre los otros, culpabilizándoles de todos los males. Somos rigurosos con los demás y excesivamente tolerantes con nosotros mismos. Es como una huida hacia adelante, un ganar tiempo ante la falta de voluntad por afrontar nuestros verdaderos problemas existenciales.

Si escuchásemos a nuestra conciencia, si nos detuviéramos a reflexionar sobre aquello que nos pudiera clarificar el camino, con una propuesta de vida constructiva, coherente, no sólo enfocada al hedonismo y al materialismo; si acudiésemos al recurso de la oración con sus innumerables ventajas, con toda seguridad que alcanzaríamos un estado interior de paz y equilibrio, caminaríamos más seguros, sin prejuzgar y con unas metas claras. Pero sobre todo, comprenderíamos que las tribulaciones de la vida así como las personas que nos rodean son “las más adecuadas para nuestro progreso espiritual”.

Por tanto, recordar el pasado no es lo importante. La Providencia Divina, en su infinita sabiduría nos provee de aquello que necesitamos, por encima de nuestras creencias superficiales y de aquello que interpretamos que sería conveniente. Muchas veces, ocurrencias bien intencionadas que más bien nos perjudicarían que beneficiarían.

Ahora bien, ¿pueden existir excepciones?; ¿pueden haber casos de recuerdos espontáneos? Sin duda que sí.

Hemos hablado de la Providencia Divina, y esta es justa y muy flexible. Sin alterar el equilibrio ni derogar ninguna ley divina, en determinados casos puede ser conveniente recordar algún hecho puntual por diferentes razones. Bien porque el espíritu encarnado necesite comprender un hecho del pasado, en relación a su situación presente. O bien por cualquier otra causa, pero siempre sin perjudicar el libre albedrío ni causar una perturbación.

También, a través de terapias de regresión hipnótica, a muchos pacientes con disturbios graves, sin causa aparente en esta vida, se les retrotrae al pasado, a fases anteriores de existencias precedentes hasta encontrar el origen, el momento concreto en el que sucedió el hecho traumático. De ese modo, aflorando y afrontando el problema con el trabajo del especialista se consigue, en la mayoría de los casos y tras varias sesiones, resolver el conflicto psicológico. Es lo que se denomina como T.V.P. (Terapia de Vidas Pasadas).

Por lo tanto, el olvido del pasado es un bálsamo que nos permite actuar con libertad pero no exentos de responsabilidad. También hay que tener en cuenta que tenemos una guía completa de cómo actuar en los postulados ético-morales básicos heredados del Maestro Jesús y de todos aquellos avatares que a lo largo de la historia nos han marcado un camino seguro, unas directrices ciertas para lograr el éxito en nuestras empresas. No podemos alegar ignorancia; y si nos equivocamos poseemos la capacidad para enmendar el error y rectificar. Las sucesivas vidas son oportunidades de progreso, para adquirir experiencia, sabiduría, desarrollo de la inteligencia y de la moral. Y si no, ¿cómo se explicarían las notables diferencias que existen entre los distintos seres humanos’.

Efectivamente, las diferencias entre unos y otros se definen con una palabra: EVOLUCIÓN.

 

José M. Meseguer

©2015, Amor,paz y caridad

[infobox]“El olvido es una forma de libertad”. Jalil Gibran[/infobox]

 

«QUE NO SEPA TU MANO IZQUIERDA LO QUE HACE TU DERECHA“

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“Estad atentos a no hacer vuestra justicia delante de los hombres para que os vean; de otra manera no tendréis recompensa ante vuestro Padre, que está en los Cielos… Más tú cuando haces limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha; para que tu limosna sea oculta, y tu Padre que ve lo oculto, te premiará” (San Mateo, cap. VI, v. 1; 3 y 4.)

En esta ocasión el Maestro apela a la discreción en el obrar, a la prudencia, a la naturalidad, a la sencillez cuando se trata de colaborar con los demás, en hacer el bien.

Con ello nos lanza el mensaje de la espontaneidad que nos iguala unos con los otros; que nos presenta como trabajadores en la obra de Dios. Que pasa por ayudar al semejante, en cualquier faceta de la vida, sin medir el esfuerzo; sólo viendo la necesidad y colaborando con la mejor de las voluntades.

Jesús fue un ejemplo de equilibrio inigualable. Era capaz de curar por imposición de manos con la misma actitud que cuando desarrollaba cualquier otra actividad. Siempre sereno, discreto, amable, atento y afectuoso. De ese modo, El mostraba su lado más humano.

También es una invitación a dejar de hacer ruido con propuestas, con intenciones, con deseos que, cuando llega el momento de cumplirlas quedan en saco roto. El verdadero trabajador no anuncia, ejecuta aquello que considera que debe de hacer. Estudia las posibilidades desde un enfoque realista y práctico, y si lo considera factible y positivo lo desarrolla con diligencia, con constancia y esfuerzo. Esto es algo en lo que por desgracia muchos se quedan por el camino. Estudian la teoría, la explican muy bien…pero les falta convicción, les falta voluntad de realización. Programan, organizan, pero a la hora de la verdad, abandonan excusándose en sus múltiples obligaciones sociales o familiares.

La práctica del bien estimula, amplía el campo de visión y de acción. Hace tomar conciencia de las enormes posibilidades de crecimiento que supone la vida y la relación con los otros.  Es el “dar” como una obligación moral gratificante.

El dar reporta su recompensa intrínseca, sin necesidad de reconocimientos u homenajes. Es un signo de madurez espiritual; trabajando en aquello que le reporta plenitud interior, con lo que se siente identificado, implicándose en proyectos de bien, en las necesidades ajenas impostergables.

La alegría del servicio al prójimo sin ensimismarse en ciertas búsquedas místicas, en pos de una iluminación interior que no puede llegar completamente, si no es acompañado con un trabajo proyectado hacia el bien de los demás.

Otro de los riesgos más comunes cuando se trabaja en una línea espiritual puede ser el de la “autocomplacencia”. Pensar que todo lo tenemos hecho, siguiendo por un camino espiritual que ha estado dando sus frutos durante años y adoptando una actitud de inercia, de rutina, sin esforzarse; simplemente trabajando en aquello que surge ante nuestros ojos o lo tenemos programado mecánicamente durante mucho tiempo. Sobre todo en personas que no llevan el peso de complicaciones en su vida personal.

Ante esta circunstancia hay que estar precavidos, ser autocríticos y analíticos, estar abiertos a nuevas posibilidades de trabajo. Hemos de tener en cuenta de que, aunque podamos estar por el camino correcto, existen riesgos de estancamiento espiritual, somos demasiado frágiles todavía como para considerar que el éxito en nuestras empresas están asegurados. La parte negativa presiona con más o menos sutileza, nos conoce bien porque nos ha estudiado y conoce los flancos débiles, las carencias y debilidades, y sobre ellas preparan estrategias de desgaste, de anonadamiento, de dificultad para que nos despistemos y, a ser posible, abandonemos el barco del progreso espiritual consciente.

La relajación y la autocomplacencia es un riesgo tan universal que incluso afecta a espíritus que ya forman parte de humanidades de mundos de regeneración, sobre todo en sus primeras etapas. De ahí la conveniencia, en algunos casos, de tener que volver a un mundo de expiación y prueba para tomar conciencia, despertar del letargo espiritual, comprender las necesidades y obstáculos. Recordar experiencias pasadas para fortalecer el espíritu y no volver a caer en esa atonía sutil y perturbadora.

Venimos al mundo para aprender a convivir, a compartir, a demostrar con nuestros actos que nos sentimos vinculados a los demás, y que, en base a las leyes universales que nos rigen, más concretamente a la ley de evolución, comprender que somos viajeros con un mismo destino final; que las diferencias son provisionales, en virtud al trabajo desarrollado en el pasado. Las tribulaciones de la vida son otras tantas pruebas en las que debemos ser solidarios, no para quitar la carga al prójimo, algo que le pertenece, sino a colaborar haciéndole la vida más fácil, colaborando sin inmiscuirse, apoyando para facilitarle el trabajo de superación.

Es de justicia social, alimentar al que tiene hambre, al que no tiene casa darle cobijo. En una palabra, cubrir todas las necesidades básicas para poder vivir. Esto es algo que en las sociedades civilizadas no debería faltar jamás. Sin embargo los egoísmos de los poderosos y las ambiciones personales provocan un desnivel social que obliga a personas  y asociaciones de todo el mundo a cubrir esas carencias básicas, a suplir un trabajo que deberían acometer los gobiernos responsables.

Estamos en un proceso de cambio de ciclo, de transición planetaria. Esas lagunas de falta de responsabilidad y compromiso social, que son propias de mundos poco avanzados moralmente, pronto llegarán a su fin. Esta sociedad está sufriendo una criba muy importante tanto en los planos astrales como en el plano físico.

Tal y como estaba planificado desde hace siglos se están agotando las últimas oportunidades de cambio para los espíritus con posibilidades pero indefinidos. Para aquellos que en justicia, merecen una última oportunidad de viraje espiritual, un cambio de rumbo en sus vidas.

Todo tiene un límite, y aquello que no se desarrolle en este mundo se tendrá que desarrollar en otro similar pero más atrasado espiritual y materialmente. Es la criba de la que hablaba el Maestro, “la separación de los de la derecha y la izquierda”

De ese modo, en época de crisis tan profunda como la que estamos viviendo en la actualidad, las posibilidades de trabajo se multiplican. La urgencia de orientación ante la confusión y el descontrol imperante, la desarmonía que se percibe afectando a todos los ámbitos sociales; requieren un esfuerzo mayor por parte de aquellos que están dispuestos a trabajar espiritualmente.

Nuestra sociedad, ahora más que nunca, está necesitada de ejemplos más que de palabras, de demostraciones de solidaridad que estimulen al cambio para aquellos indecisos, confundidos, arrastrados por la ola gigantesca de materialismo.

Por tanto, es tiempo de actuar, pero sin buscar protagonismos, ya que es más importante “el mensaje que el mensajero”; siendo fieles al compromiso contraído antes de encarnar.

 

José M. Meseguer

©2015, Amor,paz y caridad

OBJETIVOS DE LA REENCARNACIÓN

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Resulta obvio que el objetivo, a simple vista, de la reencarnación es la evolución del ser. Sin embargo nos pueden surgir muchas preguntas al respecto. ¿Evolución hacia dónde, de qué forma? ¿Cómo puede existir evolución sin saber lo que somos y hacia dónde vamos?

En el Libro de los Espíritus, en la pregunta número 132 las entidades espirituales aclaran: “Dios impone la encarnación con el propósito de alcanzar la perfección. Para unos constituye una expiación; para otros, una misión. Pero, para llegar a esa perfección deben sufrir todas las vicisitudes de la existencia corporal; en ello reside la expiación. La encarnación tiene asimismo otra finalidad, consistente en poner al Espíritu en condiciones de afrontar la parte que le cabe en la obra de la Creación…”

Si partimos de la base de que somos creados “sencillos e ignorantes”; está claro de que no podemos ser conscientes de nuestra realidad espiritual desde el primer momento.

Sólo a través de múltiples existencias e infinidad de experiencias podemos llegar, a partir de un determinado momento, a entender poco a poco nuestra realidad espiritual. Es, por utilizar un ejemplo, como el ciego que después de muchísimos años de obscuridad recobra la vista, no obstante, necesita un periodo de adaptación a la luz y a la claridad, puesto que si viera de golpe le cegaría y le causaría un perjuicio grave. O también como la semilla que despierta en su nuevo hábitat, y en donde la madre naturaleza le proporciona todos los elementos necesarios para desarrollarse lentamente, crecer y madurar.

Es del mismo modo cómo se comporta la evolución y el progreso con nosotros. Por tanto, es imperativo reencarnar desde el momento en que somos creados, vivir múltiples experiencias programadas por lo Alto para el desarrollo de nuestras potencialidades latentes; es decir, la inteligencia, la bondad, la tolerancia, la paciencia, el amor, etc.

Al mismo tiempo, y como apuntábamos en el extracto del Libro de los Espíritus anterior: “Colaborar en la obra de la Creación”. ¿De qué modo?, realizando una tarea, una misión asignada por Dios, proporcional a sus capacidades y aptitudes. “De modo que, cooperando a la obra general, progresa él mismo”.

Como es lógico, no se le puede asignar una misión de gran relevancia a quien no tiene un desarrollo espiritual, moral y de experiencia suficiente para acometerla. Dios nunca se pilla los dedos, como vulgarmente se suele decir. Las misiones importantes se calibran en función al grado de dificultad a superar y al beneficio que puede reportar a la humanidad, y  se asignan a aquellos que han demostrado valía, además de espíritu de renuncia y sacrificio en anteriores existencias.

Podemos afirmar que todas las existencias, por muy sencillas o miserables que sean cumplen con una finalidad superior. Desde el momento en que venimos al mundo y nos relacionamos con otras personas, ya cumplimos con una tarea concreta. La vida social y la convivencia en nuestras sociedades humanas tienen el objetivo de crecimiento y desarrollo espiritual.

Hemos evolucionado en inteligencia. El desarrollo tecnológico y los avances científicos han aumentado la calidad de vida y las posibilidades de crecimiento intelectual y cultural, pero por desgracia el avance moral no le ha seguido los pasos. Permanecemos una mayoría, con un atraso ético-moral, ante la falta de claridad espiritual que nos marque un rumbo. El predominio del materialismo, las pasiones, nos crean un escenario complejo, lleno de dificultades que complican extraordinariamente la consecución de unos objetivos superiores. No obstante, la programación divina prevé este tipo de situaciones y actúa sabiamente para reconducirnos hacia el camino correcto.

Las leyes divinas actúan en todo momento para corregir y equilibrar, como es el caso de la ley de causa y efecto, que consiste básicamente en recoger lo que hemos sembrado; o dicho de otro modo, lo que le hacemos a los demás nos vuelve para que tomemos conciencia exacta, tanto de lo bueno como de lo malo. Esta circunstancia nos sensibiliza y nos promueve a la empatía, hacia una percepción de la vida desde la unión, la solidaridad de todos los seres, en comunión con Dios Padre. También el dolor nos reorienta, nos frena de la posible espiral de despropósitos, nos rescata del pozo sin fondo de los errores que retardan gravemente el progreso.

La mecánica sería más o menos la siguiente. El espíritu errante fuera de los lazos de la materia percibe, cuando ya está medianamente evolucionado, lo que le falta para progresar y subir de nivel espiritual. Estudia sus existencias anteriores, comprende sus pasiones, sus defectos, sus carencias. Los espíritus guías, que le acompañan en todo momento, le orientan, le animan, le indican siempre con el consentimiento de la Sabiduría Superior la línea de trabajo que más se ajusta a sus necesidades y características. A partir de ese momento se planifican las diferentes existencias para el desarrollo de un plan de trabajo. Conscientes de su inferioridad y de los fracasos del pasado y con la intención de no complicar el progreso y al mismo tiempo rescatar deudas pretéritas, se programan ciclos de siete existencias para el desarrollo del trabajo planificado, distribuido en esos siete periodos que le deben de llevar a la conquista de, por ejemplo, la paciencia, o la inteligencia, o la solidaridad para combatir el egoísmo, etc., dependiendo de cada caso y necesidad.

Como podemos ver, desde el punto de vista espiritual esta todo meridianamente claro, no obstante, debido al atraso evolutivo de nuestro planeta y sus pobladores, al encarnar muy pronto nos dejamos seducir por la materia, las ilusiones de la vida material nos atraen rápidamente y nos hacen olvidar las propuestas y finalidad de la vida. La voz de la conciencia y nuestros guías redoblan los esfuerzos en contacto con ambientes, a veces, muy groseros para recordarnos un camino, un trabajo, una preparación lista para ejecutar con trabajo y esfuerzo pero que, para ello es necesario un mínimo de claridad y sobre todo de voluntad, buena voluntad.

Por desgracia, las religiones actuales tampoco ayudan demasiado. Muy útiles en el pasado, para la mentalidad quizás de otra época, se sienten incapaces, anquilosadas en un pasado que nada tiene que ver con la realidad actual, para ayudar a descubrir la realidad del ser. Siguen instaladas en sus construcciones utópicas, poco creíbles y razonables que lo único que consiguen es aumentar la nómina de escépticos y de materialistas.

La falta de conocimiento respecto a la reencarnación, sobre todo en Occidente,  también supone un enorme perjuicio puesto que nos dificulta la comprensión de la realidad de la vida. Consecuencia de ello son los dichos populares: “Sólo se vive una vez”, “el sufrimiento es para los amargados”, “la vida son cuatro días, disfrútala”, “Dios lo perdona todo y no nos condena”, etc., nos ofrecen una visión materialista e inmediatista de la existencia, al carecer de una perspectiva que nos haga comprender el sentido justo y proporcional de las vicisitudes actuales.

Por lo tanto, y en conclusión, el objetivo principal de la reencarnación es el progreso. Venimos al mundo para progresar, no sólo intelectualmente sino también en el aspecto moral, de ese modo conseguimos disminuir los sufrimientos al cometer menos errores. Por el contrario, el bien que hacemos nos reporta satisfacción, eleva la autoestima y nos hace más felices, impermeabilizándonos de las amarguras, vacíos interiores y estados emocionales negativos.

El Maestro Jesús, que habló claramente de la reencarnación aunque fueron excluidas sus palabras o tergiversadas interesadamente de los escritos oficiales, marcó un rumbo preclaro, el camino del amor como guía indispensable para salir del atolladero de la ignorancia y de la inferioridad, elevando al espíritu hacia cotas inimaginables, despojándose del hombre viejo para revestirse del hombre lúcido, consciente de hacia dónde va, ante la seguridad de la meta final.

 

José M. Meseguer

©2015,Amor, paz y caridad

“Bienaventurados los misericordiosos”

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En esta ocasión vamos a cerrar el capítulo de las bienaventuranzas que durante algunos meses hemos ido abordando en esta sección, para analizar la misericordia como tema central.

Los dichos populares recogen frases que encierran la sabiduría del pueblo al respecto: “A gran pecado, gran misericordia”; “Bueno es el rigor; pero la misericordia es mejor”.

Empecemos por la misericordia de Dios. A poco que nos detengamos a pensar en ello encontramos todas las claves ocultas de su manifestación divina sobre nosotros y sobre todas las cosas. Somos producto de su creación, somos sus hijos bien amados. Transitamos todavía entre las sombras de la ignorancia y de las imperfecciones humanas pasajeras. Mientras caminamos con libertad, tropezamos, nos rebelamos, nos levantamos para volver a caer…, y siempre esta inmanente con nosotros ese Padre amoroso, que nos guía, corrige, espera. Nos ayuda a programar un proyecto de vida en base a nuestras necesidades más urgentes.

Habla constantemente con nosotros, a través de la oración o por otros medios. Nos transmite su amor, nos guía, aunque lo rechacemos, aunque lo neguemos. No le importa, sabe que somos chispas divinas, proyectos majestuosos. No existen palabras capaces de definir nuestro destino, todavía permanecemos en una materia muy grosera, muy limitada, sin embargo, interiormente empezamos a entrever débilmente, de intuir el destino de luz que nos espera.

Por los caminos de la alegría y del dolor permanece a nuestro lado. Nadie está nunca sólo, aunque no seamos capaces de percibirlo, sobre todo en los momentos de tribulación, ante las enfermedades, la pérdida de seres muy queridos, en los momentos de vacío interior, de incomprensión, también ante los reveses de la ingratitud y de la agresión. En cualquier circunstancia siempre está ahí.

En la medida en que el ser comienza a entender la misericordia de Dios, una suave brisa de gratitud comienza a inundar su corazón, pues va descubriendo una realidad hasta ahora ignorada.

Valora lo que tiene: salud, bienes materiales, etc., como instrumentos pasajeros de los que tendrá que dar cuenta. También comprende que, gracias a la intervención divina, con las situaciones que le sobrevienen, muchas de ellas consideradas como desgracias o contratiempos, se evitan males mayores o desviaciones del camino que retardarían mucho el progreso.

El espíritu, a medida que va evolucionando comprende mejor, percibe cada vez con mayor nitidez la interacción entre la divinidad y el ser creado. Tal es así que comienza a utilizar con mayor frecuencia la oración, se nutre de la elevación de pensamiento, se siente arropado, muy querido. Aumenta la vigilancia sobre sus actos pues considera que un proyecto de vida perfectamente diseñado para triunfar no puede ser desviado o adulterado; sometiéndose y participando, colaborando en la gran obra de la evolución personal y colectiva.

Por otro lado, la misericordia desde el punto de vista humano abarca varios aspectos a destacar, que van desde la comprensión hacia los errores ajenos hasta el perdón de las ofensas. En este último punto nos vamos a detener especialmente. El acto de perdonar ante cualquier agravio o daño que nos puedan inferir implica una serie de ventajas a tener en cuenta:

  •  Puede suponer saldar una deuda cuyo origen puede encontrarse en otras vidas, en el supuesto de que no se le pueda encontrar una justificación en el presente. 0 bien su causa puede encontrarse en la existencia actual, por el daño generado a otros.
  • Conlleva comprensión e indulgencia para con los defectos ajenos, del mismo modo que lo pedimos para nosotros.
  • También supone un esfuerzo por someter a la parte humana y material para que no afloren los egos y se engrandezca nuestra parte espiritual, cuyos horizontes son mucho más amplios, en el desarrollo de la bondad, el amor y el altruismo.
  • Implica el desarrollo de valores tan importantes como es la humildad, ya que esta cualidad valora los derechos y libertades de los demás, con sus errores y aciertos. No se considera superior a nadie sino el más necesitado de indulgencia de lo Alto.
  •  Obliga a poner en práctica la doctrina de amor del Maestro Jesús: «devolver bien por mal».

Hay que tener en cuenta que el perdón de las ofensas no significa el olvido simplemente del hecho puntual, sino también un comportamiento libre de rencores y resentimientos, ya que la vida continúa, y todos merecen una segunda oportunidad pero con una mirada prudente y limpia.

No se puede ver la paja en el ojo ajeno y descuidar la viga que nos entorpece en el nuestro. El primer paso para merecer ayuda y misericordia de lo Alto consiste en hacer lo propio con el prójimo. El evangelio nos aconseja la reconciliación con nuestros enemigos antes de pedir u orar, ya que ese tipo de manchas dificultan la elevación y pureza de nuestras peticiones.

Hasta ahora estamos hablando de las importantes ventajas del perdón para la evolución espiritual, pero esto no significa obviamente que sea fácil ponerlo en práctica. Supone en ocasiones una de las pruebas más duras y difíciles para el espíritu encarnado, significa levantarse de duros agravios, pone a prueba la renuncia a uno mismo y al control de nuestras tendencias inferiores.

En definitiva, tomando en cuenta la gravedad de las faltas, la situación puede ser enormemente delicada, y de tomar una postura positiva perdonando, comprendiendo y amando, a tomar una actitud de rebeldía, odio y venganza, nos puede suponer muchos siglos de dolor y de estancamiento espiritual.

En conclusión, la misericordia es fundamental, máxime cuando se comprenden un poco las grandes Leyes Universales: Ley de Reencarnación, Ley de Causa y Efecto, Ley del Amor, etc. Ya que supone rescatar deudas del pasado o unos errores del presente, producto de nuestras imperfecciones, y que gracias a esas nuevas oportunidades que el Padre nos ofrece, tenemos la posibilidad de saldarlos por medio del amor y la indulgencia hacia nuestros semejantes.

Nos pueden servir como motivo de reflexión todos aquellos espíritus anónimos que encarnan en la Tierra, pasando completamente desapercibidos, en ambientes hostiles, a veces rodeados de frialdad y odio. Soportando en silencio el peso de la incomprensión para que pueda triunfar la sublime tarea de mostrar con su ejemplo el difícil «arte de amar». Hacia ellos especialmente se dirigía el Maestro cuando afirmaba: “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” (San Mateo, cap. V, v. 7)

 

José M. Meseguer

©2015, Amor, paz y caridad

DESIGUALDADES HUMANAS

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Exposición de la conferencia Desigualdades humanas enfocada hacia la concienciación de nuestra realidad espiritual. Empezando por la necesidad de “situarnos en el mapa” de la evolución, de la vida. Comprender las circunstancias y problemas que nos ocupan en esta existencia. Tomar conciencia de nuestra “niñez espiritual” amparada por las manos amorosas de nuestro verdadero “Padre”, que vela por nosotros ayer, ahora y siempre. Algún ejemplo que demuestra el sentimiento de culpa y de cómo las faltas del ayer nos persiguen y a veces nos atormentan. Y por último recordar que somos un proyecto de amor cuya finalidad es la perfección y la felicidad plena. ¿Se puede esperar algo mejor?

Redacción