Apartado espírita

“HAY MUCHAS MORADAS EN LA CASA DE MI PADRE”

Nuevamente, el Maestro refleja con un lenguaje muy sencillo una verdad muy profunda.

“En la casa de mi Padre hay muchas moradas”.

Indudablemente “la casa” es el Universo, creado por Dios Todopoderoso, y las distintas “moradas”, los miles de millones de planetas que inundan esa casa. Algo que nuestra imaginación y capacidad intelectiva no es capaz de calibrar ni abarcar hoy día; mucho menos, hace 2000 años donde los conocimientos eran muy limitados, sobre todo en aquellas gentes sencillas, desconocedoras de una realidad que precisamente ahora empezamos a vislumbrar gracias a los avances científicos y astronómicos.

 Si analizamos la frase desde el punto de vista del Ser, con sus peculiaridades, libertad de acción, experiencias, etc.; nos daremos cuenta de que, aunque puedan existir otros planetas habitados, (hoy día casi nadie lo duda), la lógica nos dicta que no pueden estar todos en un mismo nivel intelectual, moral o científico, puesto que el libre albedrío nos dota de la capacidad de adelantar más rápido o mas lento, según sea nuestra voluntad, con lo cual, no podemos estar todos en una misma fase en el proceso evolutivo.

 Al mismo tiempo, el sentido común y la razón nos indica que deben de existir unas leyes espirituales y físicas que rijan todo el Universo por igual, puesto que no sería lógico la disparidad o contradicción, de espaldas a la coherencia y armonía del todo; otra cosa sería la variedad de sus manifestaciones pero compatibles unas con otras.

 Efectivamente, la doctrina espirita nos habla de las distintas categorías de mundos, en función de su adelanto. Empezando por los mundos primitivos; en ellos el espíritu comienza su periplo evolutivo, predominando el instinto. Al principio es casi una vida animal, su responsabilidad es muy pequeña puesto que no tiene una conciencia desarrollada y las existencias se suceden rápidamente. La siguiente fase es la que estamos viviendo hoy día, es decir, mundos de expiación y prueba; en esta etapa el espíritu tiene una mayor conciencia de si mismo y venimos a expiar y corregir los errores que vamos cometiendo, adquiriendo experiencia ante las diversas pruebas a las que nos vemos sometidos. Posteriormente se pasa a una nueva etapa muy importante, es decir, a mundos de regeneración, donde el espíritu trabaja para liberarse definitivamente de los restos de imperfecciones morales que le quedan. Son mundos donde predomina el bien en toda la sociedad, el afán de superación es el objetivo prioritario en este tipo de civilizaciones. Los avances científicos y artísticos se ven reforzados por el intercambio entre los diferentes mundos de esa misma categoría, ya que gozan del permiso de lo Alto para visitarse y relacionarse. Parémonos por un instante a pensar la gran riqueza que puede aportar al ser humano esta circunstancia.

 En el siguiente nivel evolutivo están los mundos felices, donde la materia ya es mucho más sutil, y el espíritu goza de una libertad casi plena, desarrollando el arte, la ciencia, la música, la filosofía, etc., así como las cualidades morales y espirituales que les permite colaborar en la obra de Dios de una manera importante.

 Y por último, nos encontramos con los mundos divinos, que son la última escala y del que poco podemos decir. Las potencialidades espirituales desarrolladas a lo largo de incontables siglos se manifiestan con total plenitud.

 Actualmente el planeta Tierra se encuentra en un proceso de cambio, de transición de mundo de expiación y prueba a la etapa de regeneración. Los pobladores de este mundo, como ocurre en otros planetas, gozan de absoluta libertad de progreso, sin embargo, la evolución es inevitable y tiene unos plazos marcados por lo Alto. Efectivamente, esta escuela llamada Tierra está siendo promovida para un curso superior, de tal forma que aquellos que se encuentren en las debidas condiciones morales y espirituales, acordes al nivel requerido, podrán continuar su evolución en este mundo, y aquellos espíritus rebeldes, enzarzados en la ignorancia de los defectos y sus consecuencias, tendrán que continuar provisionalmente su periplo evolutivo en otros mundos, pertenecientes a esta escala. Es la ley y la justicia divina.

 Por tanto, desde el punto de vista del Ser, poseemos la capacidad para crecer en todas las facetas que la vida nos ofrece. No estamos presos en los mundos, de tal modo que, si avanzamos más deprisa que el resto, podemos ganarnos el derecho de continuar nuestra evolución en un mundo más adelantado que este, del mismo modo, si no tenemos intención de avanzar y nos mostramos díscolos con las propuestas de regeneración y corrección de errores del pasado, con un cambio de actitud, podemos ser relegados provisionalmente, como estamos comentando, a otros mundos de expiación y prueba, pero en un estado más primario, sirviendo, al mismo tiempo, como ayuda a esas civilizaciones mas atrasadas y sin experiencia.

 Actualmente estamos viviendo un proceso de catarsis, de cambios profundos en la sociedad. Las crisis políticas, económicas, sociales, nos demuestran que lo viejo, por muy poderoso que pudiera parecer, ya no sirve. No estamos viviendo un proceso cíclico, como anuncian los expertos; es mucho más profundo, y nos va a llevar, en un periodo de tiempo relativo, a un nuevo orden social y espiritual. Desconocemos los pormenores aunque hay informaciones de índole espiritual que nos hablan de fuertes convulsiones en el mundo, sin embargo, lo que no nos debe de quedar ninguna duda es que el cambio está llegando con paso firme. Existe un axioma que podría definir estas afirmaciones: “Las cosas de Dios tienen prioridad” Pues bien, este es un momento crucial, no supeditado indefinidamente a la voluntad humana.

 Disponemos de una oportunidad de oro para reajustarnos a esa nueva realidad que avanza a pasos agigantados. No queda tiempo, sobre todo si tenemos en cuenta lo vulnerables y frágiles que somos todavía como espíritus encarnados. Los defectos morales así como las tendencias materiales nos pueden arrastrar definitivamente. No nos podemos permitir una desviación que nos aparte del nuevo horizonte que se avecina. ¡Es tanto lo que hay en juego!

 Señales hay, y en estos momentos, más que nunca, tenemos la colaboración de otros seres, venidos de otros planetas para dar testimonio, entre otras cosas, de su realidad, algo que están desarrollando con intensidad pero con discreción. El avistamiento de objetos considerados extraños por miles de personas desde la tierra, sobre todo, estas últimas décadas; su visualización clara desde el aire y desde el espacio. La desclasificación por parte de la mayoría de los gobiernos del mundo, de la ingente información respecto a casos de avistamientos de objetos considerados incomprensibles por su comportamiento y alta tecnología, incompatible con nada conocido en este mundo. Todo ello nos debe hacer pensar y que no estamos ante una fantasía o tema menor.

 En conclusión, la frase del Maestro “en la casa de mi Padre hay muchas moradas” posee las claves para ampliar la visión  de aquello que nos rodea. Nos abre un campo muy amplio de comprensión, de una realidad que muy pronto será patente a los ojos de todos, especialmente, para aquellos que se hayan sabido ganar un espacio y un hueco, para ser participes y colaboradores con los cambios profundos que se avecinan y se están manifestando actualmente. Estemos atentos.

José Manuel Meseguer

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