Valores humanos

LA CARIDAD

 
  La caridad es la expresión más sublime del amor. Hay muy diversas formas de practicar la caridad, según sean las necesidades de las personas. Si una persona está afectada por una economía baja, se le tendrá que ayudar en ese terreno. Sin embargo ésta a su vez puede poseer otros valores humanos,
conocimientos y experiencias que podrán servirle a otros muchos.
 
 Mucha gente entiende  la Caridad, solamente en el aspecto  de paliar la necesidad material, sin embargo esta es una visión muy reducida de la virtud. Nos encontramos frecuentemente con personas que en el aspecto material parecen tenerlo todo, sin embargo no son felices, viven los mismos sufrimientos y miserias morales que cualquiera. Con esos valiosos talentos que la divina providencia a puesto en sus vidas, si no poseen un adecuado conocimiento moral, espiritual o etico; podrian llegar a cometer muchos y graves errores, por lo que seria  adecuado ofrecer estos valores en forma de ejemplo en primer lugar, continuando  con mucho tacto y comprensión.
 
  Es precisamente este lado de la Caridad  la parte espiritual la más difícil de trasladar a los demás, porque muchas personas no se hallan en predisposición para escuchar y para comprender, no están todavía en el grado de progreso que les permita abrir sus ojos y sus oídos al plan divino de la evolución, para embarcar sus vidas dentro de las enseñanzas de amor y sabiduría de los grandes maestros espirituales.

“Es enseñar la doctrina 
como Cristo la enseñara 
esa es la misión divina 
que Jesús encomendara. 
 
Francisco Marín
 
  Por otra parte también se puede cometer el error de pensar que asistir a una persona necesitada materialmente es fácil, se le ofrece un poco de dinero, o bien alimentos etc., y ya se ha cumplido con ese deber, sin embargo esta parte del poema de Francisco Marín nos da una dimensión más profunda de esta faceta de la caridad como es la económica: 
 
“No es la moneda entregada 
en una mano extendida, 
es un poco de tu vida 
sin pedir a cambio nada”. 
 
Francisco Marín
 
  He aquí por tanto dos cuestiones que se deben tener en cuenta, por un lado el hecho material que es el dar algo, lo cual tiene el mérito de que a una persona se le saca de un apuro que le angustiaba, pero por otro más importante es que en este hecho va nuestro progreso espiritual, en él demostramos la fineza de nuestra alma, el amor hacia los demás, o por el contrario, manifestamos nuestro orgullo y superioridad, pudiendo llegar a herir u ofender lo más íntimo de la sensibilidad de las personas. 
 
  La caridad, siendo como hemos dicho la más pura manifestación del amor espiritual, puede traducirse por ayuda. La caridad no podemos pues entenderla fuera del ámbito de la ayuda a las personas, siendo que éstas estén necesitadas de lo más imprescindible para su vida material, o siendo que necesiten una sonrisa de amigo. Todo cuanto una persona necesite para el desarrollo de su vida, en cualquiera de las facetas y que se ofrezca de buena fe, con cariño, con discreción, con tacto, desinteresadamente, todo esto es caridad. 
 
  La caridad pues no tiene límites, como no tiene límites el amor hacia los semejantes, cuanto más limpios de corazón estemos, más podremos practicar la caridad, si no disponemos de bienes materiales podemos poseer otros valores, conocimientos y experiencias que ofrecen muchos más horizontes para poner en práctica la caridad, poseemos lo más importante cual es la voluntad y el deseo de hacer el bien a nuestros hermanos, con esto ya tenemos todas las puertas abiertas para comenzar a aplicar durante toda nuestra vida la ayuda hacia el prójimo siempre que se nos presente la oportunidad. 
 
  Como vemos son muchísimas las formas en que se puede practicar la caridad. Obviamente viviendo en una sociedad tan contrastada como la nuestra, con tantas carencias morales, con las enormes desigualdades que existen por doquier, la caridad debería ser una norma para nuestro desenvolvimiento como seres humanos; la vida en la calle se volvería más pacífica y sosegada, y sobre todo no podemos pasar por alto la recomendación que de nuevo nos recuerda el poema de perdonar los agravios, todos los agravios, los pequeños y los grandes, porque si esto no se hace así comenzamos ya a crear el odio y la tensión en nuestro pequeño círculo social, y con ello empobrecemos nuestra vida y la revestimos de hipocresía pues no se puede vivir con enemistades por un lado y practicando la caridad por otro. 
 
“Es perdonar los agravios 
de verdad, de corazón 
con una sonrisa en los labios 
y una frase de perdón”. 
 
Francisco Marín
 
  Al hermano, al amigo, al pobre, al rico, al vecino, al sano, al enfermo, a todos y con todos se puede practicar la caridad, es en definitiva un humano deber, al cual no podemos faltar, no hay excusas posibles, pues siempre habrá alguien a nuestro alrededor en estado de necesidad en cualquiera de las facetas posibles, y esto es un bien para todos, para el que recibe, y también para el que da. 
 
“Es la ayuda generosa 
al hermano desvalido, 
porque este hermano ha nacido 
con una misión penosa”
 
Francisco Marín
 
  No olvidemos el grado de mundo en el que nos encontramos y mientras para unos la vida es una expiación, hallándose en parte a expensas de sus semejantes, para los otros todas estas situaciones son pruebas, las cuales nos dan la oportunidad de hacernos más amorosos y sensibles, nos ofrecen una pauta de conducta que nos ayuda a progresar, no son por tanto experiencias a despreciar sino a aprovechar en toda su dimensión haciendo nuestra vida más útil y más feliz. 
 
 
 
F.H.H.
 
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DEL PERIÓDICO “THE SPIRITUALIST” DEL 29 DE MAYO DE 1874

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