Mediumnidad

EL ENDIOSAMIENTO 

 
  Si bien todas las imperfecciones morales causan entorpecimientos para el buen desarrollo de la mediumnidad, el tema que ahora vamos a tratar, -la vanidad y el endiosamiento-, defectos estos que se apoderan de muchos médiums, es casi con toda seguridad el peor de los errores que el médium puede cometer. 
 
  Nos referimos a aquellos médiums que creen que son ellos los que tienen la virtud de realizar las curaciones o cualquier manifestación, que por tanto no se consideran intermediarios del plano espiritual, los que se creen seres privilegiados de Dios, que se autoestiman, menospreciando a los demás y creyéndose más que nadie, que creen que todo pueden conseguirlo porque son los elegidos de Dios. 
 
 ¡Cuán equivocados están!, ¿cuál será su reacción cuando comprendan que todo lo que se hayan ensalzado a sí mismos deberán rectificarlo con humildad y comenzar a desandar lo andado? 
 
 ¿Qué significa esto?, ni más ni menos que existe por parte de estos médiums un gran desconocimiento de las leyes de la vida y por consiguiente del porqué y para qué de la mediumnidad, porque si tuvieran un mínimo conocimiento no se dejarían envolver por ese grado tan elevado de vanidad que llega a apoderarse de ellos, llegando hasta ese endiosamiento que les ciega y no les permite comprender el modo en que el médium ha de efectuar su trabajo. 
 
 Endiosarse, creerse más que nadie, es el peor de los errores que puede cometer el médium, porque provoca una corriente de influencias negativas a su alrededor, formándose unos vínculos tan fuertes con los hermanos engañosos de los planos bajos del mundo espiritual del que ya les es muy difícil salir. ¿Por qué? Porque llegados a ese grado ya a nadie hacen caso, no atienden las razones y consejos que se les puede indicar, sino todo lo contrario, pueden llegar a ofenderse e incluso a romper con la amistad y el contacto que durante mucho tiempo han mantenido con compañeros y amigos. 
 
  Siempre está su criterio por encima del de los demás, y cuando no encuentra razones para sostenerlo se ampara en que son los protectores los que le dicen cómo actuar, los que le dan los conocimientos, etc., y ya no se le puede rebatir. 
 
  Es muy lamentable el grado de confusión, fantasía y fanatismo que estos médiums llegan a adquirir, pues cometen ciertas torpezas y llegan a creerse tales comunicaciones, que les hacen ponerse incluso en ridículo delante de personas bien comprendidas y con una mentalidad abierta y analítica. 
 
 Los espíritus inferiores y engañosos pueden conseguir cuanto quieran de estos médiums, ya que los tienen dominados por completo, conocen enteramente su personalidad explotando paso a paso la vanidad que encontraron en su carácter y que han ido engran­deciendo con sutileza hasta llegar a suplantar a los protectores enteramente ya que el médium sintoniza y simpatiza con estos mucho más que con el verdadero protector, que se ve imposibilitado de impedir esta situación. 
 
 La base de la espiritualidad encuentra su mayor punto de apoyo en la caridad y la humildad, y el endiosamiento nos conduce precisamente a todo lo contrario, hemos de estar muy atentos de no caer en sus redes, de no creernos en ningún momento superiores a los demás por el trabajo que realicemos, y si verdaderamente a través de la mediumnidad podemos conseguir mayores logros que otros, hay que pensar que ello es debido a que hemos traído una misión mayor, o mejor dicho, una misión de acuerdo a nuestros errores y deudas del pasado que venimos a pagar y a corregir. Siempre es más positivo pensar de esta manera que endiosarnos porque en realidad como médiums no somos más que instrumentos y quien realiza el trabajo más importante es la parte espiritual, nuestra labor consiste en facilitarles todo lo que podamos para que ellos puedan hacer ese trabajo y esto hemos de hacerlo con sencillez y con humildad. 
 
  De modo que nos causa una gran tristeza ver cómo el endiosamiento se apodera de muchos médiums y el bajo astral se enseñorea, dando una imagen que causa un absoluto rechazo en todas aquellas personas que observan la manifestación de éstos y que no pueden admitir todo cuanto pueden apreciar. 
 
  Esto ocurre por no haber sabido darle el rumbo adecuado a la mediumnidad, por haber dado paso a esos defectos que traemos ya de otras existencias y que a buen seguro hemos venido a corregir. Evidentemente es la baja condición moral que arrastramos de otrora y la falta de trabajo en uno mismo, en desarrollar la propia personalidad de acuerdo a la moral espiritual, la que propicia que nos alejemos del camino a seguir hasta caer en las redes del astral inferior. 
 
  El objetivo de la mediumnidad no es otro que hacer consciente al médium del trabajo interior que tiene que realizar, analizando lo que trae de atrás por corregir y procurando el estudio imparcial de sí mismo, le ayudará a conocerse bien para poder eliminar todo lo que no sea positivo y ponerse en condiciones de que el protector que le acompaña pueda protegerlo y realizar con él la misión que han traído. Pero insis­timos en que el trabajo que el médium ha de realizar en sí mismo es la parte más importante para él, puesto que sin ella le va a ser muy difícil progresar espiritualmente, que en definitiva es a lo que todos hemos venido, valiéndonos para ello, de la forma en que realicemos el trabajo que Dios nos asigne. 
 
  Si lo hacemos así lograremos progresar sin darnos cuenta de lo que estamos haciendo, estaremos adelantando mucho en el camino, siempre pendientes de cuál es la mejor forma de hacer las cosas, tratando de que ese bajo astral no nos engañe y con la mente abierta para escuchar los consejos y advertencias que nuestros amigos nos hagan. Esta es la mejor forma de evitar los peligros a los que nuestros propios defec­tos nos pueden conducir, sobre todo el endiosamiento. 
 
  Si actuamos con humildad estaremos en buena predisposición para escuchar a nuestros compañeros, así como en buena sintonía para escuchar también las indicaciones que los protectores nos transmiten intuitivamente, ellos necesitan de ese requisito, no sólo de que los escuchemos, sino de que les hagamos caso, hagámoslo así y lograremos que nuestra exis­tencia sea provechosa y no sumamente deudora si caemos en la trampa del endiosamiento. 
 
F.H.H. 
 
* * 
 
La vanidad es otra plaga universal de tos hombres, la cual envenena hasta el bien que hacen, porque ese poco bien lo suelen hacer únicamente para que se les vea. Hacen el mal a escondidas y el bien en la plaza. 
 
PAPINI
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