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SER PADRES

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Ser padres

Ser padres

Desde un punto de vista espi­ritual. la familia adquiere una di­mensión muy importante e insuplantable como base y eje de la sociedad, siendo esto desde tiempos muy pretéritos no por ello hoy en día ha dejado de tener vigencia, sino todo lo contrario, además de mantenerse supone un pilar que sostiene las relacio­nes humanas, dado que con el paso del tiempo y la complejidad de la estructura social, la familia contrae una mayor relevancia, siendo el lugar donde los hijos deben prepararse, formarse, ad­quirir seguridad y personalidad, hacerse personas íntegras para manifestarse en sociedad correc­tamente, llevando consigo la ma­durez y la “línea ejemplar que se respira» en su familia por parte principalmente de los padres, y también, por qué no. de los her­manos mayores, que también co­mienzan a crear influencias en sus hermanos más pequeños. 
 
  La familia tiene una función sagrada, que no es ni más ni menos que la de ser un minimundo, una sociedad a pe­queña escala, donde las personas comenzamos a dar los primeros pasos en pro de ir eliminando el egoísmo principalmente, y en consecuencia los otros defectos, e ir ensayando la parte espiritual positiva de los valores humanos y morales, empezando por el al­truismo, la renuncia, la ayuda en esencia en cualquiera de sus for­mas hacia todos los componen­tes de la familia. 
 
  Lo que el padre y la madre no sean capaces de hacer por los hijos, no serán capaces de hacer­lo por nadie más. El respeto y la consideración que los hijos sien­ten por los padres, será mayor que el que puedan sentir hacia otras personas; y el cariño, el instinto de protección y la con­fianza que se da entre los herma­nos, ha de servir de base para trasladar después estos nobles sentimientos hacia los amigos, compañeros de escuela, etc. 
 
  Todos estos valores humanos se fraguan primero en la familia, que es a modo de minimundo donde se propician las experien­cias. dado que aunque miembros de una misma familia, y corrien­do la misma sangre por sus ve­nas. cada miembro familiar tiene su propio carácter, su bagaje de vivencias adquiridas con el correr de los siglos, encarnación tras encarnación, y es diferente lógi­camente a sus padres y herma­nos. Como es sabido y evidente, la genética aunque sí influye en los rasgos y características físicas como salud, complexión, pareci­do, etc., no aporta nada sin em­bargo con la personalidad y los valores que forman y definen a cada cual. La inteligencia, los sentimientos, la ética íntima de comportamiento es propia e in­separable de cada criatura en par­ticular. 
 
  Pero por otro lado, la educa­ción que reciben los hijos, siendo la misma para todos puesto que los padres quieren a todos por igual, sí puede ir modelando a los hijos, y transmitiéndoles el sello particular de los padres, dándo­les un mismo patrón que marcará una norma o reglas de conducta similares en los hijos, por las cuales se distinguen de otras fa­milias. 
 
  La familia es el núcleo ideal donde padres e hijos comienzan a conocerse, y donde se dan to­das las circunstancias y facilida­des para ir manifestándose cada uno según su carácter e ir mo­delándose. La familia tiene la par­ticularidad especial por la cual los padres ven crecer día a día a sus hijos y tienen por tanto el deber y el compromiso espiritual inelu­dible de velar por ellos, pero no solamente en el aspecto material para “que no les falte de nada», idea central que ha marcado y supuesto la principal tarea por parte de los padres durante mu­chas décadas por las circunstan­cias peculiares de cada nación, sino que igual que velamos y tra­tamos de que las necesidades de nuestro hogar estén cubiertas, del mismo modo hay que velar porque las necesidades de cari­ño. de comprensión, de protec­ción, y sobre todo de cubrir las “carencias morales” de nuestros hijos estén también atendidas, siendo este aspecto quizás el más difícil de llevar a cabo, el que más trabajo requiere y dedicación. 
 
  Los padres tienen sin lugar a dudas la obligación de velar por el buen desenvolvimiento espiri­tual de sus hijos, función que tienen la oportunidad de obser­var y corregir a tiempo. Ni profe­sores. educadores, programas de televisión, amigos o la propia sociedad de la calle, pueden ha­cer lo que los padres en este sentido, no obstante, muchos pa­dres aducen que no tienen tiem­po para sus hijos, pues el trabajo les agobia y apenas encuentran ese espacio de tiempo mínimo, grave error que lleva a los hijos al desamparo desde su propio ho­gar creciendo a merced de las circunstancias, sin el cariño y las atenciones debidas, y sin el tra­bajo educativo por controlar sus defectos y estimular las cosas buenas que ya empiezan a des­puntar desde muy niños. Cuando muchos padres se quieren dar cuenta ya es tarde, entonces quie­ren imponer a sus hijos un com­portamiento, pero es imposible, pues sus defectos ya tomaron fuerza, perdieron la costumbre de corregirse, costumbre que se debe inculcar desde niños, nos sentimos sin autoridad ante ellos y sin su respeto, y nos encontra­mos con el fracaso familiar, que en definitiva se traduce en el fracaso de las sociedades en ge­neral, las cuales en pleno siglo XX, manifiestan altos grados de atraso moral, con respecto a los muchísimos conocimientos y ade­lantos tecnológicos que se van incorporando en nuestra vida. 
 
  Ser padres conlleva una gran responsabilidad, pues son los primeros artífices de la conducta de los hijos. Los hijos no son casualidad que caigan en nuestro hogar. Cada familia está confor­mada espiritualmente por aque­llos espíritus que por lazos de amor o de odio, de simpatía o antipatía, y que por ley de afini­dad nos corresponden. Mientras que el amor une, el odio imanta, la sabiduría de nuestro Creador ha dispuesto unas leyes perfectas para que los espíritus evolucio­nen unidos de la mejor forma y lo más rápido posible, la ley de reen­carnación. ley de causa y efecto, ley de afinidad y ley de amor, inciden plenamente a la hora de la preparación de la existencia por parte de los espíritus que formarán en la tierra la familia material. Tenemos una familia en el espacio y una familia en la tierra. En muchos casos encar­nan unidos en una misma familia aquellos espíritus que más urgen­cia tienen para cumplir una mi­sión. ya sea la de erradicar viejas rencillas, como la de seguir ayu­dándose mutuamente, como conseguir logros por los cuales ambos aspiran, etc, etc., pero siempre hay una razón poderosa y justa por la cual los espíritus se unen bajo un mismo techo aquí en la tierra. Por esta razón he­mos de asumir plenamente el per­tenecer a una u otra familia, y luchar con todas nuestras fuerzas para que los buenos sentimientos se prodiguen, la ayuda mutua, el sacrificio por el hermano o los padres, porque esto además de engrandecernos humanamente como no podemos imaginar, nos honra a los ojos de nuestro Padre Universal, haciendo válido ese mandamiento tan grandioso: honrarás a tu padre y a tu madre. 
 
  Siendo tan grande la respon­sabilidad que tienen los padres con respecto a los hijos han de procurar merecer de ellos el máxi­mo de confianza y de respeto, y eso han de buscarlo por medio del amor hacia ellos, ternura, cariño, atención, tolerancia, etc., son facetas que se deben prodi­gar a diario, el ejemplo ha de primar por encima de todo y el mensaje de que se quiere lo me­jor para ellos en toda su integri­dad. como personas, como al­mas. como espíritus que vienen al hogar a aprender de sus mayo­res en busca de la ansiada perfec­ción. 
 
Ser padres por: Fermín Hernández

INTRODUCCIÓN

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  Para que los hombres sean felices en la Tierra es preciso que ella sea poblada por espíritus buenos, tanto encarnados como desencarnados, que sólo quieran el bien. Dado que esos tiempos han llegado, en la actualidad se lleva a cabo una gran emigración entre sus habitantes. Allan Kardec. La Génesis, “La Nueva Generación” Cap. XVIII 27 y 28. 
 
  A finales del año 1985 comenzamos la publicación de una sección titulada “SÍNTOMAS DEL CAMBIO DE CICLO”, en la que pretendíamos hacer un análisis profundo de aquellas circunstancias y acontecimientos que pudieran aproximarnos a la confirmación de que efectivamente nos encontrábamos a las puertas de esa Nueva Era tan preconizada desde la venida del Maestro. 
 
  En esos momentos apenas se hablaba, o mejor dicho apenas se le daba importancia en los medios de comunicación, y por ende en los medios espiritistas, a este hecho, era algo que se suponía muy lejano; algo que sabemos que tiene que venir, porque de ello advierte la Doctrina de los Espíritus, pero que siempre se dejaba en un segundo lugar.
 
  Esta redacción, sin embargo, siempre le ha dado una transcendencia e importancia muy significativa. El establecimiento de una nueva época, de un nuevo orden de cosas, vivir presencialmente una transición como la anunciada no es algo simple, no es una experiencia de segundo orden, es algo, pensamos, vital, y a lo que hay que darle la importancia adecuada y que se merece. 
 
  A todo en esta vida hay que prestarle el estudio, el análisis y la importancia debida, dejando a un lado los fanatismos y la fantasía, pues si no lo hacemos así pueden pasar a nuestro lado acontecimientos y experiencias que quedarán desapercibidas y no tendremos la oportunidad de sacarle el jugo y las enseñanzas que nos pueden reportar. 
 
  El espiritismo como doctrina, no tiene temor de enfrentarse a ningún análisis, al contrario está para aclarar, para interpretar, para arrojar luz, comprensión y entendimiento, en cualquier aspecto de la vida en nuestra sociedad, ya sean aspectos científicos, filosóficos, religiosos etc., el espiritismo como anunció Allan Kardec ha de andar con los tiempos, ha de evolucionar y asimilar e incorporar a su doctrina todo aquello que la humanidad como fruto del progreso vaya descubriendo y desarrollando. 
 
  Nada escapa al análisis y razonamiento del espiritismo, como doctrina es la herramienta más completa que tenemos a nuestra disposición para que seamos capaces de dilucidar todo aquello que es positivo para el progreso de la humanidad y descartar aquello que significa lo contrario; estancamiento, degradación, etc. 
 
  No debemos quedarnos anquilosados, hemos de ser valientes y transmitir claridad de ideas, razonamiento y frescura en nuestra interpretación de los momentos que vivimos y que nos afectan a todos, tenemos que atrevernos a saber dar las respuestas y las explicaciones que la sociedad pueda demandarnos, y en este sentido no cabe duda que una de las claves que vamos a vivir de aquí en adelante es la comprensión de la transición que ya ha comenzado. 
 
  Esta transición planetaria no hemos de tomarla a la ligera, no es algo trivial, podemos estar jugándonos parte de nuestro futuro aquí y ahora, en estos momentos. 
 
  ¿Qué importancia creemos que le dan a este aspecto desde el plano espiritual? 
 
  ¿Acaso no estarán tomando las medidas oportunas y llevando a la práctica aquellas acciones que desde la supervisión del Maestro Jesús se tengan que llevar a cabo? 

  Hemos de analizar los acontecimientos que estamos experimentado, por un lado a nivel geológico, tales como las catástrofes naturales, el cambio climático; por otro los cambios sociales, tales como la globalización, las crisis en lo económico, político y social, y sus consecuencias que se manifiestan sobre todo en las guerras y actos de terrorismo que causan todos los años miles de vidas sesgadas, arrojando a la miseria a miles de familias. 
 
  Las profecías del Evangelio también son otro campo a investigar y dilucidar, es preciso desvelar si coinciden con nuestro tiempo. Si el espiritismo es el Consolador Prometido, no debemos andar muy lejos de su cumplimiento. 
 

  Por otro lado entender qué tiene que ver en todo esto el fenómeno ovni-extraterrestre: 

 
 
  • ¿Tiene algún significado espiritual? 
  • ¿Aporta algo a la doctrina? 
  • ¿Aporta algo a la nueva humanidad que se tiene que establecer? 
  • ¿Qué tiene que decir el espiritismo a este respecto? 
  • ¿Existe alguna opinión oficial en torno a la visita de seres extraterrestres a nuestro planeta? 
  • ¿Vienen sólo con materia, o pueden venir también espiritualmente? 
 
 
  En fin son muchas las preguntas, y a todas ellas hay que encontrarles respuestas, puesto que el espiritismo sin lugar a dudas las tiene, otra cosa es que nos hayamos parado más o menos a investigar y reflexionar en este campo, o que lo hayamos descartado por considerarlo algo de dudosa importancia. 
 
  El libro Transición Planetaria psicografiado por Divaldo Pereira Franco, publicado recientemente, arroja muchísimas aclaraciones a este respecto, recomendamos su lectura y análisis profundo pues ofrece muchísimas respuestas en relación al tema que estamos tratando. En la presentación de esta obra el espíritu Manuel Filomeno de Miranda dice así: 
 
  Contribuyendo en la gran obra de regeneración de la Humanidad, espíritus de otra dimensión se sumergen en las sombras terrestres, a fin de que junto a los dignos misioneros del amor y de la caridad, de la inteligencia y del sentimiento, que protegen a los seres terrestres, puedan modificar los paisajes aflictivos, facilitando el establecimiento del Reino de Dios en los corazones. 
 
 
L.R.K
 
© Grupo Villena 2013

LA FIABILIDAD DEL MEDIUM

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Para obtener confianza en las comunicaciones de los médiums y en todos los trabajos en general que éstos realizan, es necesario en primer lugar conocer la forma de proceder en su vida diaria, si es sincero, noble, honesto y honrado en sus relaciones, si es

altruista, si como persona nos ofrece respeto y confianza, porque si esto no es así, es muy arriesgado que merezca nuestra credibilidad como médium, porque tampoco gozará de la simpatía de los espíritus buenos, sino al contrario, de espíritus de su misma condición. 

 
Pero antes que nada, es preciso distinguir dos tipos de mediumnidades bien diferenciadas la una de la otra, por lo que podemos hacer dos grandes grupos: la mediumnidad intuitiva, y la mediumnidad mecánica o automática. Vamos a tratar en primera instancia del médium intuitivo. 
 
Muchas personas tienen por costumbre creer a ciencia ciega lo que los espíritus dicen a través del médium, y esto es un error a todas luces. Debemos saber que el médium intuitivo es un «intérprete» del pensamiento del espíritu y que la mayoría de los médiums son de este tipo. El médium no es un instrumento inerte, y el hecho de ser un aparato del cual se sirve el espíritu que quiere comunicar no le priva ni le imposibilita para poder interferir e intervenir en las comunicaciones, antes al contrario, la característica que prima en los médiums intuitivos es que al ser «conscientes», unos pueden serlo más que otros de la comunicación que están ofreciendo, y les es difícil no intervenir en el pensamiento del espíritu e influir en la comunicación. 
 
No me estoy refiriendo al solo hecho de que el médium debido a sus aptitudes, su cultura, su educación, sus hábitos, etc., condicione en gran manera la pureza de la comunicación, sino que además al ser consciente de la misma, que él mismo está oyendo al mismo tiempo que la transfiere, puede entremezclar su pensamiento o ideas con las que el espíritu trae y quiere expresar. 
 
Esto no significa que el médium obre con malicia y con mala voluntad, porque según la experiencia que tenga y el dominio y control que vaya alcanzando de su facultad, irá consiguiendo mayor grado de limpieza en sus trabajos. Claro que en esta cuestión influye mucho la moralidad que tenga el médium y lo fiel que se haya propuesto ser en sus comunicaciones. 
 
También hay que decirlo, existen los médiums que se han preocupado tan poco de perfeccionar su facultad y de servir a una causa noble como es la mediumnidad, que han visto en ella un negocio más, una forma de aprovecharse de la buena voluntad de las gentes y éstos sí obran con malicia, y no les basta que generalmente sólo comuniquen espíritus inferiores, sino que en muchas de las veces ni siquiera se efectúa la comunicación, inventándose ellos mismos el contenido de tales comunicaciones. 
 
Son personas que no se han preocupado de progresar espiritual mente, son médiums sin estudio de la doctrina espirita, que por lo tanto no se pueden llamar «espiritas», desconocedores por completo de los mínimos conocimientos de las leyes que rigen el intercambio con las entidades del mundo espiritual, sobre todo la ley de causa y efecto, de vibración y afinidad. Personas que en general usan de estas facultades como pasatiempos, y no para hacer un trabajo de caridad, que gustan de pasar por máximos protagonistas de los trabajos mediúmnicos y que por lo tanto no saben del valor que tiene la sencillez y la humildad al no comprender que ellos no hacen nada, porque son sólo instrumentos y que los que realmente hacen las cosas son los hermanos del espacio. Personas que convierten sus casas en un consultorio donde se va a curiosear y a enterarse de cosas triviales, admitiendo en sus trabajos a personas sin preparación, a las cuales normalmente se las perjudica en lugar de enseñarles y ayudarles. 
 
Por lo tanto, hay que tener siempre en cuenta la clase de persona que es el médium, si su facultad es consciente o inconsciente, es decir intuitiva o mecánica, observar la orientación que le da a sus trabajos, la clase de personas que asisten a los mismos, si realiza ese trabajo de forma totalmente desinteresada y altruista, sin pedir nada a cambio. 
 
Teniendo todos estos factores en cuenta podremos hacernos a la idea de la atracción espiritual que se dará lugar allí. Sólo aquél que en su vida diaria obre en armonía con la ley de amor, podrá llegar a ser un buen médium y por lo tanto atraerá a los buenos espíritus, porque los buenos espíritus no buscan sino médiums fieles y buenos que sepan llevar su pensamiento lo más fidedignamente al plano material. 
 
Por el contrario, los médiums poco preocupados de ser fieles intérpretes del plano espiritual, no sólo entorpecen la comunicación, sino que además anímicamente añaden interpretaciones de su cosecha, falsean la comunicación, le dan otro sentido, por lo que es preciso someter a un sano juicio todo lo que dicte un médium antes que creerlo. 
 
F.H.H. 

EL DOLOR

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El dolor

  “En el crisol del dolor es donde se forjan las almas gran­des”.

Sebastián de Arauco. 

El dolor, ese algo inde­seable que no nos gusta, está cotidianamente conviviendo con nosotros. A veces es como si se tratara de una entidad viva que nos persigue y que nos busca, siempre al acecho para impactarnos en nuestras fibras más sensibles, endure­ciendo nuestra vida. ¿Por qué no ocurre lo mismo con la di­cha y la felicidad? 

 A veces pensamos que el sufrimiento viene solo, y la felicidad aun queriéndola mu­chas veces no la encontramos. Las cosas no ocurren porque sí, ni por casualidad. Siempre hay una razón para que ciertas circunstancias y experiencias sucedan precisamente como acontecen y no de otra forma. La naturaleza es sabia, como lo son las leyes que la rigen, por tanto siempre hay un por­qué en el modo en que por naturaleza suceden las cosas. En nuestro interés está hallar la razón, y hacer que el destino con todas las circunstancias que nos sobrevengan gire a nuestro favor. 

 No hay una mala estrella. No hay duendes malditos que quieran nuestro mal a priori. No hay dioses coléricos y vengativos. Hay determinismo de causas. Hay causas y efectos. Pero por encima de todo esto hay un Padre Amoroso, Justo y Comprensivo, que quiere que cada lección que la vida nos presenta sea bien aprovechada, comprendida y aceptada, para nuestro bien, y el de nuestros semejantes. 

 Si no hallamos la felici­dad es sencillamente porque no la buscamos donde ésta se encuentra, y en cada tropiezo que damos nos salpica un lati­gazo que se vuelve contra no­sotros. Como dice César Cantú: “el dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia nosotros mis­mos y nos persuade que esta vida no es un juego, sino un deber”. 

 ¿Somos felices o desdi­chados? ¿Acaso no hay térmi­no medio? Difícilmente. En otras palabras, o nos acepta­mos tal como somos y nos ha­cemos conscientes de nuestras limitaciones y de los objetivos que podemos y debemos al­canzar, o nos rebelamos inú­tilmente haciendo culpables a los demás de nuestras desdi­chas. Ese término medio es una especie de pausa que se nos da para coger nuevas fuer­zas, para sentir de nuevo el ansia de felicidad, o el hastío de la desdicha, de no sentirnos útiles, de no vernos realiza­dos, para que renazca en nues­tro fuero interno la conciencia espiritual que siempre espera encauzarnos por los senderos de nobleza y rectitud. 

Nuestro objeto en la vida es sentirnos felices, aunque sólo sea aquella felicidad de sentir la paz de la conciencia tranquila, la del deber cumpli­do, porque esta es una parte de la felicidad, la base diría yo para una vida dichosa y digna de un ser humano, y hasta que no lo logremos no descansare­mos, no cejaremos en nuestro empeño. Para esto pone Dios, por medio de sus leyes, todas las oportunidades que necesi­temos para adquirir las cuali­dades y el perfeccionamiento que nos coloquen en ese esta­do de evolución que nos eleve por encima de las miserias morales y limitaciones mate­riales que son la causa de nues­tros males. Pero para que no se nos olvide este objetivo te­nemos que pagar un alto pre­cio, el coste del dolor por cada desavenencia contra las leyes naturales, de amor, de evolu­ción, etc., con las que hemos nacido marcados, y para que reconozcamos que estamos alejándonos de nuestra meta tenemos el resorte del dolor como mejor maestro y amigo para reconducirnos al camino indicado. 

 El dolor no es negativo, es positivo, y algo que necesi­tamos en los estadios inferio­res de evolución como es el nuestro. Es la señal de aviso que nos anuncia algún error que estamos cometiendo. Si perseveramos en él, mayor será la señal de aviso, para que nos paremos y reconsideremos los hechos. 

La conciencia es otra se­ñal a nuestra disposición, es una invitación a hacer las co­sas “por las buenas”, a menu­do desoída y despreciada. En­tonces comenzamos a sembrar pero como el aviso se nos dio a tiempo, más adelante nos veremos obligados a recoger la cosecha, ya será tarde para lamentaciones y aunque no nos guste lo que estamos recogien­do tendremos que vivirlo has­ta el último segundo. Este es el caso excepcional de los desti­nos desgraciados que no se pueden evitar, porque son el pago de deudas atrasadas que ya no tienen prórroga, por haberlas consumido, y a veces son los casos de obstinación y rebeldía por no aceptar los sufrimientos que nos corres­ponden, maldiciendo todo lo que le pasa a uno, pues no se sabe por qué se sufre, pero es inútil, es necesario pasar los sufrimientos para poder em­pezar de nuevo en una existen­cia, con una lección dura en nuestra conciencia de que todo mal se paga. 

 A veces confundimos la felicidad con el placer mate­rial, y aunque éste de por sí no es malo, si abusamos, si cen­tramos en él todas nuestras metas y aspiraciones de felici­dad, también hemos de pagar por ello, para que no nos con­formemos con aquello, creyen­do que allí está toda la dicha y el bien que podemos alcanzar. Aprenderemos una vez más que los excesos se pagan, y que la felicidad que nos reser­van nuestras capacidades es­pirituales son mucho más gran­des que las humanas y por ellas hemos de luchar y trabajar. 

 En realidad no escapa­mos a nada, estamos unidos a nuestras obras por ser sus au­tores originales, tanto si se tra­ta de buenas o de malas accio­nes somos sus dueños y sus consecuencias nos acompaña­rán a donde quiera que vaya­mos. Lástima que todavía sea­mos parcos en dar salida a tan­tos valores nobles y elevados como tenemos en potencia, esperando a que los active­mos, y dejemos por otro lado sin control a esa parte oscura, material, egoísta y desagrade­cida que nos sume en el dolor, la infelicidad y la desgracia. 

 Por eso hemos de ver en el dolor el mejor de nuestros aliados, aceptarlo como un medio para librarnos del error, haciéndonos cada día más conscientes de lo que nos con­viene o no nos conviene para nuestro progreso, sabiendo que nuestro dolor es eso, nues­tro, y de nadie más, y que por lo tanto no es justo que por nosotros sufran otros también.

 No gustándonos el dolor y comprendiendo ya que he­mos sido creados para todo lo contrario, hemos de poner to­das nuestras fuerzas para so­portarlo, siempre que no haya otro remedio, lo mejor posi­ble, así nos molestará menos, reconvertirá nuestros recursos internos en mecanismo de de­fensa y de aceptación hacién­dolo más llevadero y podre­mos dar gracias a Dios por darnos la oportunidad de sal­dar nuestras deudas, de hacer­nos más sensibles y de ofre­cernos otra existencia para “empezar de nuevo”. 

 El dolor por: Fermín Hernández

LA EDUCACION

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 Estamos agotando ya las ideas que dieron impulso a esta sección, en ella hemos intentado hacer un desglose desde nuestro punto de vista de las causas y motivos que han dado lugar a esta crisis mundial. 
 
 Principalmente queremos dejar clara una vez más la convicción que tenemos de que la crisis no es económica, sino mucho más profunda y que no hace más que comenzar. El mundo está cambiando día a día, porque está encaminándose hacia un cambio de ciclo, todo ha de cambiar para mejor, esto ineludiblemente traerá consigo más crisis, más experiencias que no siempre serán de nuestro gusto, son reajustes y reajustes que han de venir como preludio de esa nueva era. 
 
 La transición planetaria comenzó hace ya más de un siglo, viene despacio, pero viene, ya no se puede parar, los designios del Padre se cumplen queramos o no, nos guste o no, es por nuestro bien, por nuestro infinito bien, pero es como un parto doloroso, que dará a luz un mundo nuevo, como decía en su magnífica obra “Grandes Mensajes” Pietro Ubaldi, gran dolor condición de un bien mayor. 
 
 En segundo lugar reiterar que la crisis es sin duda moral, el detonante de todo lo que ocurre tiene su origen en la falta de valores humanos, nuestra personalidad está minada por los defectos morales que no hemos desarrollado en la medida esperada, hemos crecido intelectualmente pero tenemos un desequilibrio claro en la parte moral. El cambio y la transición podrían ser de otra manera más suave pero se preconiza que será forzosamente drástica llegado ciertos momentos, experiencias que hemos de vivir y que sin duda se nos quedarán grabadas a fuego para siempre en nuestro acervo espiritual positivo. 
 
 Por todo ello, no podemos acabar esta sección sin hacer hincapié en que es en la educación en donde podemos encontrar un bálsamo para que esta transición sea lo mejor posible para las nuevas generaciones que están llegando a la tierra a través de la reencarnación. Los nuevos espíritus que están llegando en su mayoría vienen con un gran compromiso y con una preparación moral y espiritual en consonancia con los tiempos que les ha tocado vivir, no obstante, la humanidad está viciada y contaminada por una serie de conductas y hábitos que no les ayudará en nada para realizar su labor y que afloren con toda su naturalidad los valores que llevan dentro, el materialismo y las tendencias egoístas ocupan tal predominancia en nuestra sociedad que suponen un obstáculo y nos obligan a realizar un mayor esfuerzo para no sucumbir en el terreno de las pruebas y experiencias que traemos. 
 
 Cuantos de nosotros regresamos a la patria espiritual con apenas haber cumplido en un porcentaje mínimo con aquello con lo que veníamos comprometidos, a pesar de los conocimientos que la doctrina nos reporta, y el bagaje a favor que podemos haber traído. Es muy difícil para un espíritu que se haya investido de la materia sacar a relucir lo que lleva dentro y conseguir plasmar y cumplir sus objetivos, si a eso le añadimos el factor en contra de los aspectos sociales que imperan en nuestro entorno, la dificultad es doble, es por ello que hemos de hacer un esfuerzo especial en la educación de nuestros hijos para facilitarles el camino a seguir, y quitarles del sendero todos aquellas piedras que pudieran perjudicarles en la difícil tares que se les ha encomendado, que no es otra que ser la base de la nueva sociedad en la que se ha levantar la nueva humanidad. 
 
 Con ello sin duda nos estaremos haciendo un favor también a nosotros mismos, pues al mismo tiempo que exigimos educación, respeto, y buen comportamiento a nuestros hijos en nosotros está el deber de darles el mejor ejemplo, de otro modo no lograremos transmitir la idea y llegar al corazón de nuestros hijos para que la semilla fructifique. 
 
 En la educación a los hijos, y el ejemplo de los padres y de los adultos en general, está la base de una nueva estructura social, que levantará a la humanidad a desarrollar los principios de amor, fraternidad y solidaridad tan nombrados y pretendidos pero que brillan por su ausencia aquí y ahora, asfixiados siempre por los interés particulares y de toda índole. 
 
 En apoyo de esta tesis, copio literalmente parte de una psicografía recibida hace algún tiempo en nuestro grupo, dice así: 
 
 “Si hermanos, la disciplina es las base de la formación del carácter y a veces debe llevar a los progenitores a tomar decisiones que van en contra de sus propios sentimientos paternos-filiales, pero que son necesarias para el beneficio de los espíritus que ahora son hijos y que han venido a progresar. 
 
 Y amor, porque el amor hermanos no es un sentimiento de permisividad o de relajación, antes al contrario, está basado en la justicia y en hacer las cosas bien, queriendo como el que más a los propios hijos pero adoptando las decisiones sobre su educación más convenientes y más acertadas, sin desmayo, sin comodidades y sin miedo a que sus hijos no entiendan las decisiones adoptadas.” 
 
F. H. H.
 
© Grupo Villena 2013
 
 

LA MORALIDAD DEL MÉDIUM

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  Después de todos los artículos anteriores en los que se han ido desarrollando temas puntuales, llegamos ahora a tratar un aspecto que ha tenido especial relevancia en todos ellos, como es la moral que debe acompañar al médium en su apostolado.
 Para el médium hay dos aspectos que deben ir siempre respaldando toda su labor, uno es la moralidad, y el otro no menos importante es adquirir una sólida base de conocimientos.
   Éstos son los dos pilares fundamentales que pueden sostener con garantías de éxito toda la labor mediúmnica a desarrollar por los médiums, si alguno de ellos le faltase, la balanza no estaría equilibrada y el riesgo a verse envuelto en circunstancias engañosas y nada agradables es muy elevado.
  Si el médium está acompañado por una intención noble y desinteresada, cuenta ya por descontado de una buena ayuda y asistencia espiritual que le orientarán desde ese lado a encaminar bien sus pasos, incentivándole a obtener el máximo provecho a su existencia.
  No se nos debe pasar nunca por alto que la labor que viene a realizar el médium no se circunscribe únicamente al aspecto mediúmnico, es decir al contacto con el plano espiritual, sino que su contenido es mucho más amplio. El espíritu que pide venir en una existencia con una facultad espiritual, como médium, es ante todo porque desea progresar moralmente y rescatar deudas que contrajo en su pasado, y el medio más rápido que tiene a su alcance es precisamente a través del trabajo que puede hacer con la mediumnidad.
  La mediumnidad le reporta al médium un contenido valiosísimo, pues por ella tiene la completa seguridad de que tras la muerte del cuerpo físico, la vida continúa como proceso de perfeccionamiento del espíritu, y conoce a través del estudio de la doctrina espirita el estado en que se encuentran los espíritus en el espacio, que según hayan obrado en sus encarnaciones, así se encuentran.
  Por ello, el médium debe comprender de inmediato que ha de aprovechar positivamente su existencia, que al venir con mediumnidad tiene una responsabilidad que cumplir pues al mismo tiempo que es partícipe de un contacto con el plano espiritual, tiene el deber moral de ofrecer un ejemplo sincero a través de su vida diaria de este hecho tan transcendente y significativo, que otras personas no tienen la oportunidad de vivir y experimentar.
  El médium, como vemos, cuenta con grandes ventajas porque ya no tiene la duda de si existiremos o no cuando nuestro cuerpo fallezca, por tal razón adquiere la obligación moral de comportarse en su vida diaria de una forma tan limpia y fidedigna que no pueda ofrecer ningún género de dudas o confusión en todas las personas de su entorno. Porque ¿qué podrían pensar aquellos que conviven con él si con su ejemplo no demuestra la convicción que tiene de la existencia de la vida en el mundo espiritual, y de que esta vida es un tránsito en la cual nos preparamos para entrar mejor en esa otra dimensión que es nuestra verdadera morada?
   Por tanto, debemos considerar que la auténtica labor del médium no se limita a ejercer su facultad, siendo esto ya de gran importancia, sino que el verdadero trabajo del médium se halla también en su vida diaria, en el comportamiento que ofrezca a sus semejantes, en el modo en que sepa transmitir sus vivencias y experiencias, las cuales deben ser un fiel reflejo de los conocimientos que tiene. La mediumnidad y el contacto con el plano espiritual le aportan al médium infinidad de conocimientos, los cuales no ha de guardar para sí mismo, sino que se le dan para que los analice bien, los estudie y asimile y pueda luego llevarlos a la práctica. Dichos conocimientos están ahí para su evolución moral, asi el médium al mismo tiempo que paga sus deudas pretéritas, o progresa satisfactoriamente, según los casos, evoluciona también moralmente y transmite un ejemplo a los demás que ayuda sobremanera a dar qué pensar a las gentes y a suscitarle nuevos planteamientos en su vida que quizás de otra manera ni siquiera hubieran sospechado. De esta forma la mediumnidad abarca un amplio contenido de aspectos de la forma más sencilla y adquiere toda su grandeza.
F.H.H.

SOLIDARIDAD

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Solidaridad

Solidaridad: “Característica de la sociabilidad que indina al hom­bre a sentirse unido a sus semejan­tes y a la cooperación con ellos”. Así de concisamente se expresa el diccionario de la lengua española sobre el significado de esta pala­bra. 

Estamos remarcando en estos últimos meses valores todos ellos unidos en un mismo tronco común, pues la caridad, la espe­ranza, el altruismo y ahora la so­lidaridad, son cualidades morales que encuentran su raíz en el más puro y sensible amor. Qué duda cabe de que cuando hablamos de estos temas tan afines lo que ha­cemos en realidad es hablar de amor, pues éste es tan amplio que no se podría abarcar si no fuera atacándolo en cada una de sus numerosas formas y matices. 
La solidaridad es una de las formas más propicias para dar desarrollo al amor generoso que es dar, ayudar, comprometerse por otros y con otros. Es por tanto una de las formas en que demostramos, o mejor diré, tene­mos la oportunidad de demostrar nuestro altruismo, que estamos a salvo del egoísmo frío, aislante, calculador y cruel que nos hace insensibles y ciegos al dolor y a las necesidades ajenas. 
 
Ser solidario es prueba de amistad, con la cual nos acerca­mos para ofrecemos y volcamos en la solución de un problema o necesidad, que en principio no nos afecta, pero moralmente, por amistad y compañerismo lo hace­mos nuestro y nos sentimos estimulados a colaborar en la medida de nuestras fuerzas, asis­tiendo a nuestro amigo en la for­ma que podamos, con nuestro ánimo, con el apoyo, cubriendo la necesidad concreta de ese mo­mento, etc. 
 
La solidaridad reviste al ser humano de un sentimiento de com­promiso hacia sus semejantes que le lleva a unirse a ellos haciendo un frente común, lo cual conlleva la multiplicación de la fuerza, puesto que lo que una persona sola jamás podría lograr, puede alcanzarse entre dos o más perso­nas uniendo sus fuerzas y hacien­do que el interés de uno sea el interés de todos. 
 
Así en nuestro siglo se conso­lidaron movimientos solidarios al­canzando este valor nuevas pers­pectivas, a nivel social, creándose infinidad de asociaciones e insti­tuciones, sindicatos, partidos, etc., todos hada el mismo fin, todos a una, siendo a partir de entonces la solidaridad una fórmula común para lograr y reivindicar derechos.

Pero en el terreno espiritual la solidaridad no precisa de dichos movimientos, ya que debe ser motivada por un sentimiento ver­dadero, personal e individual, de ayuda altruista a un semejante, sin el cual no se puede llevar a efecto; y además debe ser noble, sin es­conder ni perseguir otra motivación u objetivos. 
 
Ser solidarios es reconocer moralmente que podemos y debe­mos ayudar, sumándonos en una empresa común en favor de al­guien, y este sentimiento abre la puerta de la generosidad y del corazón, para no tener en cuenta otras razones que la de brindar­nos caritativamente a aquél que está atravesando una situación penosa, dificultades, mala fortu­na, etc., etc. 
 
Sentirse unido a sus semejan­tes y colaborar con ellos; ésta es la interpretación justa y sencilla, es la clave, es la razón y el sentido de la solidaridad, y es que cuando un grupo de personas trabajan uni­dos, compartiendo esfuerzos, sa­crificios y dificultades, pueden comprobar que algo superior les mantiene, llenando su vida de contenido y de alicientes los cuales les propician a luchar con ma­yor entusiasmo y dinamismo, sin pensar siquiera en lo costoso de la empresa a lograr, ya que el calor humano, la amistad que van ga­nando, la capacidad de renuncia a sí mismos, los detalles que surgen entre ellos y la justicia de la labor que están realizando es lo que les llama y anima a seguir.
 
Otro aspecto de la solidaridad es el de unirse a una persona que está trabajando arduamente en una causa, porque se ve que sus fuer­zas son muy escasas, entonces viendo el empeño que ésta pone, se suma a ella, no dejándola sola porque podría sucumbir o incluso no poder realizar aquello que para ella tiene tanto significado.
 
Lo contrario, abandonar a su suerte a una persona, dejarla lu­char sola sobre algo vital para ella, hacer campaña negativa, con­traria a ese esfuerzo, cuando se le podría ayudar, no es sólo insolidaridad, es además frialdad y falta de caridad.
 
Compromiso, comprensión, corazón, y caridad son el sinóni­mo de solidaridad. Yo uno mis esfuerzos contigo para conseguir algo justo y bueno, algo que tú sólo no puedes lograr.
 
Si soy solidario contigo te hago ver que me importas, y es la forma de demostrar que estamos en el mundo para algo más que pensar en nosotros, estamos para lavar los errores del ayer, eliminando deudas, superando pruebas, las cuales nos llegan según nuestro nivel evolutivo, pues al igual que no nos envía el Padre ningún su­frimiento que no podamos sobre ­llevar, las pruebas son también acordes al nivel evolutivo, a los conocimientos que vamos adqui­riendo y a la misión que hemos traído, esta es la forma de que sepamos aprovechar los conoci­mientos y niveles que vamos al­canzando, pues de que nos servi­rían los conocimientos y el pro­greso si después no lo podemos demostrar.
 
 
Solidaridad por: Fermín Hernández

Amigos son los que en las prosperidades acuden al ser llamados y en las adversidades sin serlo.

DEMETRIO

¿QUE ES EL ESPIRITISMO?

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  Sencilla exposición sobre los diferentes tipos de espiritas, así como los distintos niveles de conciencia que determinan el enfoque espiritual o fenomenológico que cada persona desarrolla sobre esta bella y noble doctrina.
Redacción

RIESGOS DE LA MEDIUMNIDAD

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  Con los temas tratados en los meses anteriores: endiosamiento, fanatismo, falsas comunicaciones, etc., nos habremos podido percatar de que el hecho de venir a poner en práctica una facultad mediúmnica comporta un riesgo importante dadas las
características que presenta nuestra humanidad tanto en la parte material (encarnada), como en la parte espiritual (desencar­nada) , y muy particularmente el estado evolutivo de cada uno de los espíritus que adquieren ese compromiso y la responsabilidad que conlleva. 
 
  No obstante, ese riesgo es un hecho debidamente asumido por aquellos espíritus que sintiendo esa necesidad y deseos de progreso ante su planificación evolutiva, aún a pesar de la complejidad que les pueda representar una vez aquí en la tierra la mediumnidad, no ven otro camino mejor para su adelanto que tomar esta importante decisión con el mayor entusiasmo del que podamos hacer acopio. 
 
  La mediumnidad, por tanto, se puede catalogar como un arma de doble filo, pues depende del uso que de ella hagamos el que podamos conseguir los propósitos que proyectamos en el espacio y adquirir una seguridad y una fortaleza moral y espiritual que mucho jugará en nuestro favor en las sucesivas existencias que tengamos. 
 
  Sea del tipo que sea la mediumnidad siempre es una misión importante que venimos a cumplir, para cada médium es su responsabilidad que adquirió y que viene en ayuda de sus intereses espirituales de evolución. 
 
  La mediumnidad es sin duda una experiencia inseparable e ineludible para todo aquel que la posee. Si se acepta con buena voluntad está en el mejor de los caminos para conseguir un desarrollo equilibrado de la misma y una buena orientación del espíritu protector le ayudará a cumplir su cometido. Si se actúa sin pretensiones egoístas, sin deseos de vanagloria y con el solo fin de hacer el bien, será difícil encontrarse con obstáculos y entorpecimientos. En este caso, un sentimiento de sana satisfacción embargará a esta persona y será al propio tiempo la mejor respuesta a la que remitirse para comprobar que efectivamente estamos en el camino de las reali­zaciones que nos propusimos efectuar. 
 
  Si la aceptamos de mala gana, o vemos en ella un medio de lucro, pronto conectaremos con espíritus afines a nuestros pensamientos y sentimientos, que tratarán de enturbiar nuestra razón y aunque humanamente podamos ofrecer otra imagen, en nuestro interior no sentiremos esa amplia satisfacción citada anteriormente, ya que nuestra conciencia no justificará nuestro comportamiento y por supuesto no nos transmitirá esa seguridad y esa paz interna ya que ésta sólo responde cuando efectivamente estamos en el camino de la obras que tenemos que realizar. 
 
  Por mucho que hagamos a través de la mediumnidad, si nuestro corazón no se torna más sincero, noble y altruista, no estamos adelantando nada, es trabajo hecho en valde ya que no cuenta para el progreso moral y espiritual que es el verdadero objetivo a cumplir por los médiums en esa faceta. 
 
  Y por último, si hacemos un mal uso de ella, o lo que es peor la rechazamos, por mucho que nos empeñemos en ello, será algo de lo que no podremos desembarazarnos totalmente, una sensación de malestar interno y de inquietud nos acompañará en muchos momentos de nuestra vida, porque el espíritu, en el fondo, sabe que está adquiriendo una deuda consigo mismo ante las leyes de la vida y comprende que su futuro más inmediato se verá muy comprometido y con pruebas más fuertes a superar. 
 
  Este es el riesgo que conlleva venir con una mediumnidad: podemos adelantar mucho, estancarnos o endeudarnos. 
 
  Examinémonos concienzudamente, preguntémonos si estamos internamente satisfechos con la labor que estamos realizando, con nuestra forma de proceder, o si por el contrario más bien nos embarga una sensación de inestabilidad e inseguridad, si somos sinceros e imparciales no tardaremos en obtener la respuesta. 
 
  Sepamos apreciar que si para todos los espíritus en general supone un gran revulsivo conseguir el cumplimiento de los objetivos que traemos a la tierra, por la inmensa satisfacción que comporta cumplir con éxito al menos gran parte de dichos proyectos, para un espíritu que viene comprometido con una facultad mediúmnica es inenarrable la felicidad que siente al desencarnar, la elevación espiritual que consigue y la fuerza interior que se le queda impresa en su espíritu y que se la transmitirá más tarde en sucesivas existencias, hacemos hincapié en este comentario por la importancia que tiene y que hemos de saber valorar y apreciar. 
 
F.H.H. 
 
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No llegan los que más corren, sino los que saben a donde van; más que ligereza de piernas, es menester cabeza firme. 
 
MARIANO AGUILÓ
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

LA AUTORIDAD MORAL

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  Gracias a Dios la sociedad va evolucionando, muy lentamente pero las costumbres, las tradiciones, las ideas se van renovando y con ellas las leyes también van mejorando y creando las bases de una sociedad más justa y más equitativa para todos.
 
 
  Lo peor son los escollos que hay que salvar, la resistencia de los sectores más poderosos y más interesados, que se aferran a buscar su propio beneficio y no al de toda la comunidad, pero todo tiene su recorrido y tarde o temprano nada puede parar el progresivo avance de la sociedad. Se puede estorbar al progreso y hacerlo más difícil o doloroso si cabe, pero no se le puede poner freno. 
 
  Los cambios en realidad se ven venir poco a poco, no se efectúan de la noche a la mañana, en nosotros está el ser inteligentes para preverlos y ponernos a la altura de las circunstancias para ayudar a que se produzcan de manera pausada y providencial como ya hemos mencionado en beneficio de todos. 
 
  Las sociedades, cuanto más primitivas son, en ellas los cambios van produciéndose por la fuerza y la violencia, se impone la ley del más fuerte, pero en las sociedades más avanzadas se imponen la razón, la coherencia, el sentido común y todos aquellos valores que determinan lo que es correcto y justo de aquello que no lo es. Ya no vale el hecho de obligar las cosas por la fuerza, ni por imposición. Las sociedades cuando alcanzan cierto grado de civilización, cuando sus ciudadanos ya no son niños, saben lo que les conviene y el rumbo que hay que escoger, ya no se dejan doblegar ni manipular por los sectores dominantes, sino que van aunando sus criterios, van viendo lo que es más conveniente para el conjunto y van adaptando sus leyes y principios para el beneficio del conjunto y el bienestar general. 
 
  Las naciones como es normal también alcanzan su mayoría de edad, y dejan de ser como ese niño al que hay que dirigir, llega un momento en que tienen voz y voto, llega un momento en el que son capaces de criticar, de censurar, de corregir los desvíos y errores de la clase dirigente, o la caducidad de sus leyes, y se hacen oír cada día más. Sin duda creo que estamos llegando a ese momento de transición en el que los grupos, las asociaciones, etc., dejan de ser minoritarios, para convertirse en una voz viva y fuerte, capaz de hacer reflexionar a las clases políticas dominantes o círculos de influencia. Ahora el círculo de influencia va a ser la propia base de la humanidad, que poco a poco está demostrando tener una sensibilidad mayor que la que denotan los dirigentes, esclavos todavía de fórmulas y de modos de dirigir impropios para el momento en que vivimos, no están en consonancia con la realidad de la sociedad en su conjunto, y parecen no darse cuenta de nada. 
 
  Se está viendo por todos los rincones del planeta, que el mundo ya no es lo que era, la población ha crecido interiormente, está más preparada que nunca, la humanidad necesita un cambio, no un cambio cualquiera, un cambio importante en la forma de establecer nuevos principios, nuevas preferencias, el orden de los valores está cambiando, tiene que cambiar por propia necesidad, porque está visto y demostrado que todos los sistemas no han podido establecer los principios que quedaron establecidos tanto en la declaración de los derechos humanos como en el fondo de todas las democracias y constituciones que en su base priman por la igualdad, la fraternidad y la libertad para todas las personas sin distinción. 
 
  Por lógica si nuestro mundo ya no es lo que era, si los ciudadanos somos ya mayores de edad, capaces de pensar por sí mismos, capaces de sentir que no vamos bien, sensibles en el sentido de que todos hemos de disfrutar de las mismas garantías y oportunidades para poder desarrollarnos plenamente como personas, hemos de llegar a conclusiones que encaminen el rumbo y el destino del planeta por la vía de la paz y el concierto, hacia la estabilidad, el orden, la fraternidad y solidaridad, que es lo que más falta hace ahora precisamente. 
 
  Hasta ahora los movimientos se han ido imponiendo por la fuerza, por el predominio de los poderosos sobre los más débiles y especialmente por el predominio del poder económico, éste es quizás el mayor obstáculo que hemos de vencer, y el que todavía tiene más preponderancia en nuestra humanidad actualmente. Los que manejan el poder desde la economía se dice que son los que dirigen los destinos del mundo, pero a este gran poder también le está llegando su fin. Precisamente este poder ha sido tan inmenso, y se han cometido y se cometen a diario tantos abusos y tantos perjuicios a millones de personas, que el propio sistema se ha engangrenado, por decirlo de alguna manera, es ya tan visible el mal que produce, los desajustes que provoca, las injusticias de toda índole que es ya inadmisible para una gran mayoría de ciudadanos que esta “forma de gobernar” pueda seguir manteniéndose en las nuevas generaciones. 
 
  El poder económico no podrá por siempre comprar las voluntades de los gobernantes, corromperlos, manipularlos, y de muchos otros sectores de la sociedad como el industrial, etc., caerá por su propia avaricia y egoísmo. Estamos viendo, cada día cómo salen a la luz las barbaridades que se cometen por esta vía, los desajustes que produce, el desequilibrio que crea. La mala distribución de la riqueza y la pobreza generan un malestar y tal indignación que hace que los pueblos se rebelen ante estas circunstancias y se propicien las reflexiones y las condiciones necesarias para poner remedio a estos desatinos. 
 
  La solución es indudablemente dar un  giro de 180 grados a esta situación, hay millones de conciencias que ya no conciben un mundo así, que sostienen por la pura lógica de los acontecimientos que nuestro sistema de organización y de gobierno está caduco, aparte de estar en las manos menos adecuadas en muchas ocasiones, la autoridad ademas de por la democracia deberia de ser como decia Abraham Linconl: «El poder del  pueblo, para el pueblo  y por el pueblo»; siendo así que la autoridad se ganaría por la fuerza moral, la razón y el sentido común y no por el ejercicio del poder o por la imposición de la fuerza y el dinero.
 
  Por todos los adelantos que estamos alcanzando en las últimas décadas decimos que nos hayamos en una sociedad muy avanzada, dicho de otro modo que nuestro mundo ha alcanzado un grado de civilización muy desarrollado, pero sin embargo esto no es del todo cierto, puesto que siguen produciéndose infinidad de guerras y de desajustes por doquier, nos falta pues comprender que la civilización le aporta el grado moral y la práctica de la fe y la caridad cristiana y es hacia ese nuevo avance al que ya definitivamente nos estamos encaminando, aunque muchos todavía no se quieran percatar, unas veces por sus imperfecciones y otras por sus propios intereses. 
 
 
 F. H. H.
 
© Grupo Villena 2013

FALSAS COMUNICACIONES

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  Amados míos, no creáis a todos los espíritus, mas probad si los espíritus son de Dios; porque muchos falsos profetas se levantaron en el mundo. (San Juan, la Epístola, cap. IV, V I).
 
 
  He aquí un tema que plantea una seria situación que puede producirse, y que de hecho se plantea con mucha frecuencia a través de la mediumnidad: el engaño al que pueden someternos los espíritus burlones y de baja condición moral y espiritual. 
 
  Los espíritus juegan con ventaja respecto a nosotros, ellos nos ven mientras que nosotros no podemos verlos, pero no se quedan sólo en eso, sino que además estudian, según sea nuestra personalidad, hasta qué grado de engaño pueden llegar. 
 
  De este modo, si ven que somos personas que creemos firmemente en las comunicaciones, con buena voluntad, pero poco instruidas y por lo tanto, poco acostumbradas al análisis crítico y concienzudo de las comunicaciones, encuentran en nosotros el terreno más apropiado para llevarnos a engaño, eso si, con suma sutileza, haciéndonos creer además que lo que se está recibiendo son mensajes dé gran importancia. 
 
¿Y cuál es la estrategia que utilizan para poder engañarnos constantemente sin que nos percatemos de ello? 
 
  Es muy sencillo para ellos: en medio de unas pocas verdades, que suelen vestir con palabras rimbombantes, nos llenan el oído pero no ofrecen contenido alguno que pueda apoyarse en la lógica y en la razón y que esté sustentado por ideas y argumentos serios. 
 
  Otras veces, siendo los espíritus burlones conocedores de la curiosidad que anima a los asistentes a estos trabajos, y a sabiendas de lo que «quieren escuchar», aprovechan muy bien esta oportunidad para «regalarles el oído» enlazándolos, diciéndoles que van por buen camino, que todo va bien, que van acompañados por una gran luz, incluso llegan a hacerles «regalos espirituales» y les dan premios, y siempre tienen a su alrededor a espíritus protectores de una gran elevación. Todo en definitiva bien arropado con mensajes que no les conducen a la mejora de su comportamiento y al estudio de las leyes de la vida, ya que incluso llegan a decirles que no necesitan conocer nada más que lo que ellos les transmiten. 
 
  Que error tan grande, creer que los espíritus superiores van a venir a ensalzar nuestro orgullo y vanidad respondiendo a los intereses personales y pueriles que podamos tener. Pensemos por un momento ¿qué espíritus podemos esperar que acudan a un trabajo de mediumnidad al cual se asiste como medio de entretenimiento y con la sola curiosidad de esperar que comuniquen espíritus familiares y conocidos? 
 
  Debemos comprender que según sea la animosidad de los asistentes y de su preparación, así serán los espíritus que acudirán, porque los espíritus de elevación no pierden el tiempo con los curiosos, y con todos aquellos que no persiguen su deseo de conocerse mejor para poder perfeccionarse. 
 
  Antes al contrario, mientras los hermanos de cierta evolución rechazan el hecho de comunicar en esta clase de reuniones, en las cuales no van a poder intervenir positivamente, los espíritus poco evolucionados se complacen y se sienten atraídos hacia las mismas, porque en ellas pueden hacer y deshacer a su antojo, y nadie les puede impedir adueñarse de estas comunicaciones, con lo que ellos disfrutan al comprobar con que facilidad nos pueden engañar y hacernos perder el tiempo. 
 
  Y en esto tiene también una gran responsabilidad la persona que tiene la mediumnidad, porque un buen médium nunca se prestará a hacer trabajos de este tipo, ni dejará que espíritus burlones puedan actuar por su materia confundiendo a los asistentes. 
 
  Pero si este médium carece igualmente de conocimientos y sólo persigue su propio protagonismo, entonces los espíritus de baja ralea encuentran los mejores ingredientes para ocupar el puesto de los protectores y convertir el trabajo en lo que ellos quieran. 
 
  Es muy común que en ciertas comunicaciones los espíritus se identifiquen por su nombre y aunque este no es un hecho que no pueda ocurrir, sin embargo, es una situación que sólo obedece a circunstancias en las que sea necesario aclararlo, pero no es normal que los espíritus, en los trabajos bien desarrollados se identifiquen. ¿Por qué? Porque seria una tontería para ellos y una vanidad para nosotros, y por esta sencilla razón omiten su nombre, pues lo importante es el contenido que traen y no su identidad. 
 
  Debemos conocer que cuanto mayor sea el grado de evolución espiritual de los hermanos que vengan a comunicar, tanto más prescinden de dar su nombre, pero sin embargo, por el modo de expresarse y por el contenido que ofrece, que siempre será provechoso y oportuno para los asistentes, podemos figurarnos de la categoría de la entidad que se está dirigiendo a nosotros. 
 
  Pero ocurre con las personas que nos gusta que comuniquen espíritus de prestigio y renombre históricos, y las comunicaciones están plagadas de espíritus que dan identidad de santos, personajes célebres, vírgenes y hasta del propio Maestro Jesús el cual se prodiga en multitud de comunicaciones, lo cual es una aberración espíritamente hablando. 
 
  Y nos basta con oír que se trata de un espíritu de esta categoría para creerlo sin prestar ningún análisis a lo que está diciendo. Nos deslumbra con un mensaje bonito, bien adornado y se dirige a los asistentes expresándoles que van por el buen camino. Pues bien en muchos casos, el sólo hecho de dar su nombre es suficiente para darnos qué pensar y plantearnos la seria duda porque lo más probable es que pueda ser un espíritu engañoso. 
 
  Debemos de comprender que los espíritus superiores, en su sencillez y humildad no precisan dar su nombre, les basta con ofrecer su mensaje, que llevará el sello de la sencillez y la síntesis exenta de adornos y palabrería, y dejarán a un lado su protagonismo y cualquier otra pretensión. Ese protagonismo y el ánimo de imponer su mensaje es propio de los espíritus inferiores, que además toman el nombre de los superiores porque de lo contrario nadie tendría en cuenta sus palabras. 
 
F.H.H.