Valores humanos

ALTRUISMO

 
  Altruismo es lo contrario a egoísmo. Si egoísmo es pensar para si mismo, querer y desear lo mejor sin pensar en los demás, acaparar aunque no se necesite, satisfacerse a costa de los demás, el altruismo es todo lo opuesto a esto, llegar si es necesario a sacrificar los más íntimos e inmediatos deseos en un acto
voluntario de renuncia, para ofrecerse a los demás, para estar disponible y atender las necesidades ajenas.
 
  La capacidad de entregar parte de la vida, ya sea a un ideal, a la ciencia o investigación, a la perfección de una profesión, etc., este es el don del altruismo, que por bien de algo superior hace que una persona se entregue a ello, prescindiendo de otras cosas, sacrificando otras actividades y situaciones de las que nor- malmente la gente no puede pasar sin ellas.
 
  El egoísmo tiene por naturaleza connotaciones puramente materialistas y sus manifestaciones por regla general son dañinas y malévolas, perjudicando el entorno donde se desenvuelve. En cambio el altruismo es por naturaleza espiritual, desprendido, bondadoso y calmo, guiado por el instinto de ayuda siendo cual- quier actividad humana campo de expresión del mismo. He aquí la gran diferencia que marca la personalidad de estos dos tipos de carácter en las personas. Uno camina hacia la propia degeneración moral y destrucción del ambiente, ya sea familiar, social, ecológico, etc., mientras que el altruista se eleva por encima de sus ensimismamientos y limitaciones, progresando y ensanchando así el circulo de amistades y de dedicación sin fronteras.
 
  Muchas veces se habla de hacer el bien, de ayudar, de ser buenos, bien pues puede decirse del altruismo que es el refinamiento y la sofistificación de todo eso porque la persona altruista es desinteresada a manos llenas, en su afán de ayudar no da lo que puede, intenta dar hasta donde hay necesidad y para esto pone en marcha todos los recursos a su alcance, movilizando incluso a las personas que en dicha empresa pudieran asimismo comprometerse en ayudar.
 
  Su energía nunca se consume, su valor puede con las dificultades, su deseo de ayuda y bienestar supera al suyo propio y su moneda de cambio es el agradecimiento sencillo y nada más. No desea retribución ninguna porque tiene la completa seguridad de que sus obras están ya pagadas, es un tesoro que alberga en su alma que se va vistiendo con un rayito de luz más con cada obra que realiza.
 
  El altruismo es una de las señas de identidad de las almas nobles que encuentran su felicidad en la alegría y el bienestar común, capaces de sufrir y de sacrificarse en aras de los otros.
 
  Imaginemos que ocurriría en un grupo reducido de diez personas las cuales cada una de ellas pensara en el bien de los otros nueve aún en perjuicio del suyo e hiciera cuanto antes aquello que pueda beneficiar a cada uno de ellos; al inseguro darle confianza, al débil apoyo, al triste alegría, al confuso orientación y consejo, al fuerte responsabilidad… tendríamos a un individuo recibiendo ayuda de nueve, lo que sin duda le reportará muchos más beneficios de lo que uno a si mismo se puede dispensar.
 
  ¿No es esto mejor que hacer lo que hasta ahora estamos acostumbrados, que es pensar sólo en nosotros mismos y muy a menudo a sabiendas de que vamos a perjudicar a otros?
 
  La humanidad de ese modo daria un giro de 180 grados, nos iríamos transformando lentamente en personas totalmente distintas de lo que somos, eliminando de la faz de la tierra todo resquicio de violencia, temor, competencia, desamor, desconfianza, que son el saldo y único beneficio que sacamos a largo plazo de nuestro comportamiento egocéntrico y cómodo.
 
  Ahora bien, esto está claro que hoy por hoy no puede practicarse en general, pues la propia sociedad pronto se encargaría de quitarnos las ganas de ser y actuar asi. Pero si podemos practicarlo en la familia, siendo esta precisamente el medio del que se vale la Providencia para que vayamos desprendiéndonos de todo nuestro egoísmo y vayamos despertando constantemente las aletargadas fibras de amor que todos llevamos dentro, basta con que pongamos en marcha los resortes necesarios de los que la llave está en nuestro poder, como son la solidaridad, cariño, caridad, renuncia, voluntad, etc.
 
  Es en la familia donde en primer lugar debemos preparamos para el amor altruista, desinteresado, dejando a un lado nuestro “yo” despojándonos de los tintes que ensucian nuestra alma y no le dejan sacar la auténtica expresión que es bondad, ternura y dar constantemente de si para poder seguir recibiendo los dones de luz y de fuerza que el Padre Amoroso derrocha hacia su creación nutriendo así a todas sus criaturas.
 
  Si, es en la familia con nuestros seres más queridos donde debemos aprender a darnos, a entregarnos, a compartir solidariamente alegrías y penas, proyectos, esfuerzos, esperanzas, sacrificios, etc., ¿y cómo? Haciendo que la familia sea un algo indestructible, común de todos, donde no hayan diferencias por ser hombre o mujer, padre o hijo, mayor o menor, donde se viva una experiencia de amor, de respeto y comprensión, de apoyo y dulzura, de esfuerzo participativo en el que todos se sientan necesarios, responsables según sus posibilidades.
 
  Será entonces cuando hacia afuera podremos llevar esa con- vicción y ponerla a la práctica con suma facilidad cuando lo requiera el momento y la situación, podremos formar parte de asociaciones y grupos de ayuda en todas las facetas humanas, ya que seremos portadores de dicha cualidad, la que llevaremos por todos lados donde caminemos una vez la hayamos desarrollado y aprendido a ejercerla.
 
  Esa es una responsabilidad muy grave por parte de los padres, que deben dar el ejemplo y enseñar a sus hijos a comportarse de forma altruista en el hogar con sus hermanos, pero si por contra en nuestra casa no vemos ese ejemplo, y se nos deja sueltos a nuestros instintos, y recibimos desamor, indiferencia, trato egoista, y demás taras morales, entonces será muy difícil que salgamos preparados al mundo, veremos en la sociedad una selva en donde no se puede confiar en nada ni en nadie y llevaremos en germen la semilla del egoísmo que brotará con toda facilidad al tener que protegemos de todo cuanto nos rodea.
 
  Sin embargo, haciendo una última reflexión sobre este tema, no podemos pasar por alto que toda acción de bien hacia los demás ha de estar refrendada por el respeto hacia nuestra persona, todo aquello que represente menoscabo de la dignidad que como ser humano nos merecemos, y que se nos debe a priori, representa sin duda una cortapisa para llevar a cabo una acción desinteresada, la cual se realiza siempre voluntariamente, por tanto esta es la regla general que hace el altruismo no repercuta en bien de unos y por contra gravosamente para otros, porque esa es la ley que el bien nunca dañe a nadie en beneficio de otros, es ahi donde debemos poner nuestro cuidado, que nuestras obras de bien al tiempo que ayuden a otros, no dañen a nadie y además contribuyan a nuestro progreso moral, sin menoscabo de nuestra dignidad y respeto.
F.H.H.
  Todas las personas cuidamos a diario nuestro cabello, ¿por qué no cuidamos también nuestro corazón? 
MAHATMA GANDHI
Todas las personas cuidamos a diario nuestro cabello, ¿por qué no cuidamos también nuestro corazón?
MAHATMA GANDHI


Anteriores Artículos

PALINGENESIA III

Siguientes Artículos

FALSAS COMUNICACIONES

Sin Comentarios

Deja tu opinión

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.