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VUESTROS HIJOS Y  VUESTRAS HIJAS PROFETIZARÁN

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  He aquí otro aspecto notorio en los tiempos actuales, el desarrollo de las facultades psíquicas y de la mediumnidad, medios por los cuales el ser humano está capacitado para entrar en contacto con los planos espirituales en donde residen nuestros hermanos benefactores.
 
     A todos aquellos que no están entendidos en este campo de conocimientos podrá resultarles de difícil comprensión el significado de estas palabras que. Sin la clave del espiritismo, el cual nos explica y aclara las relaciones del plano espiritual con el material, es evidente que nos sería indescifrable de qué modo se nos pueden propiciar estas revelaciones.
 
    De aquí se desprende que la Doctrina Espírita, como Tercera Revelación,  sea una de las señales precursoras de la Transición Planetariaque se está efectuando en nuestro mundo. La Doctrina Espírita dedica su segunda  obra precisamente a este hecho, apareciendo en el año de 1861 “El Libro de los Médiums”; que viene justamente a encaminar adecuadamente a todos aquellos que de una u otra forma, van a ser transmisores de los mensajes y enseñanzas del mundo invisible. Esto es lo que debemos entender por derramaré de mi espíritu sobre toda carne.
 
 Podemos comprobar perfectamente como, la proliferación de las facultades mediúmnicas ha alcanzado a partir de la codificación del espiritismo por Allan Kardec, altos índices de manifestación. No obstante los esfuerzos que desde arriba siempre proyectan sobre nosotros los encarnados; son muy numerosas las personas que por ignorancia de este hecho, no llegan a identificar sus síntomas y no trasladan a la práctica el ejercicio de sus facultades de manera correcta y honesta.
 
     Aun así, son tan numerosos los tipos de facultades y las personas con características de mediumnidad, que estos fenómenos han sido motivo de estudios por la ciencia de la parapsicología y por diversos científicos e investigadores en todo el mundo.
 
        Así pues esta profecía se está cumpliendo mediante la manifestación de las facultades psíquicas; que hacen posible la intervención de los espíritus en nuestro mundo, a través de personas de toda edad y condición,  sin importar la religión, la esfera social, su formación, etc.,  recibiendo intuiciones, videncias, mensajes y todo aquello que sea clarificador y que ayude a entender  los sucesos que han de acontecer. Y hechos como estos ya se están verificando desde todas las latitudes, reafirmando las palabras de Jesús, ya que nunca como ahora, y desde hace algunas décadas atrás se han apreciado tan notablemente la manifestación de estos fenómenos.
 
        La mediumnidad nos propicia un mayor y más directo acercamiento de los planos superiores y nos convierte en instrumentos activos y conscientes para una realización espiritual. Es un trabajo que, bien ejercido y desarrollado nos ayuda a equilibrarnos espiritualmente, es ese canal por el cual el Padre nos envía luz para nuestro entendimiento  como prueba palpable del amor que sostiene hacia nosotros; por ello, la mediumnidad, cuando se acepta y comprende como el vínculo que nos une al plano espiritual, es la esperanza que nos alienta a luchar en este sendero, porque constituye la seguridad más sólida en la certeza de que todo acontecerá como está previsto.
 
   “Y ciertamente en aquellos días derramaré de mi espíritu, sobre mis siervos y mis siervas, y profetizarán”. En este párrafo en concreto, podemos apreciar, un carácter más directo y decisivo de esta profecía, ya que va dirigido –y así debemos entenderlo- hacia todas aquellas personas que se comprometieron a colaborar en la finalización de la obra de Jesús, por eso señala “mis siervos y mis siervas”. Y esta idea enlaza perfectamente con lo comentado en el artículo del pasado mes, “El Espíritu de Verdad”, pues la mediumnidad refuerza completamente este hecho. Jesús sigue presidiendo los destinos de este mundo, El es la inspiración principal y, sin lugar a dudas, tiene en la tierra infinidad de personas con facultades comprometidas a colaborar para que se cumpla lo que está escrito: Pasarán el cielo y la tierra, pero mis palabras no pasarán.
 
   Por otro lado, la revelación espiritista, tiene un carácter universal, y la profecía lo anuncia además de manera clara: derramaré de mi espíritu sobre toda carne; las manifestaciones espirituales vienen por doquier, no solamente a través de personas o grupos vinculados al espiritismo, sino por todos aquellos que estén debidamente preparados y con el canal de la intuición claro y bien desarrollado, y especialmente con un sentido y autoridad moral preclaros.
 
    El Maestro, no discrimina a nadie, ni se circunscribe a ninguna doctrina o religión en particular, para él todos somos iguales. Lo que importa es la preparación, la limpieza, la disponibilidad, la responsabilidad y todos aquellos valores que hacen de nosotros un “buen cristiano”.  Por tanto no es de extrañar que, de tantas fuentes y por tantos medios y colectivos humanos, se esté predicando la doctrina de la transición, porque podríamos llamarla así.
 
     Es un hecho constatado que para millones de personas el cambio se aproxima, es algo evidente, que se palpa, aunque muchas personas, por su falta de conocimientos espirituales, no sepan profundizar y advertir la naturaleza clara y absoluta de que el cambio es moral y espiritual. No obstante la Luz que se proyecta hacia nuestro pequeño mundo por parte de los hermanos superiores, y de nuestros queridos hermanos extraterrestres que se suman a este trabajo de ayuda, ya está tocando nuestras conciencias en todas las partes del globo. Con esto se cumple otra profecía, la que dice así: “para que la verdad no sea privilegio ni de clases, ni de castas, ni de nadie”.
 
        Lamentablemente, hemos de decir también que habrá sorpresas, como siempre las ha habido; en el sentido de que muchos que han venido en círculos aventajados y con todas las condiciones a su favor, bien por comodidad, bien por sus defectos que no atajaron a tiempo, bien por creerse los elegidos, o por cualquier otra causa, no cumplirán con su compromiso, o peor aún, hasta pueden convertirse en detractores de la doctrina sin darse cuenta.
El exceso de confianza puede convertirse en un punto en contra nuestra. Las facultades mal orientadas, al final son dominadas por la parte espiritual negativa y se convierten en los peores enemigos que podemos a tener a nuestro lado. Ya trataremos de este tema en el capítulo de falsos cristos y falsos profetas.
 
     Aunque también hemos podido observar que dentro de determinados círculos no se habla apenas de este hecho o, para expresarlo mejor, muchos grupos o personas se guardan para sí mensajes de este tipo que estamos tratando, por temor o miedo a verse desplazados o ninguneados, tal vez porque la postura oficial vaya en otra dirección. Esto es un error, puesto que si la inspiración o intuición, o cualquier tipo de manifestación, viene de arriba y con claridad; sin fanatismos ni nada que vaya en contra de lo que Jesús nos adelantó, entonces tenemos el deber y la obligación de transmitirlo, para que pueda ser admitido o rechazado, después de su debido estudio y análisis.
 
   Muchos no saben determinar a qué es debida esta gestación del pensamiento humano, este auge en el movimiento y formación de grupos espiritualistas que están profetizando en pro de una nueva sociedad, que están esparciendo vigorosamente el evangelio por toda la tierra, que están buscando una respuesta a su necesidad interior. Sin lugar a equívoco el Espíritu del Señor se está derramando por todas partes.
 
    A nosotros nos cabe la seguridad que todo ello responde a la planificación espiritual que todo lo coordina; es la intuición y el recuerdo que percibe nuestro espíritu de que se encuentra en el punto álgido de esta civilización, una sociedad que se acaba para dar paso a   otra, en donde pueda regenerarse y aspirar a más evolución, a nuevas concepciones de la Vida y del Universo, al desarrollo de su propia entidad, su ser real: EL ESPIRITU.  
 
G.H.M.

FORTALEZA

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Fortaleza

Fortaleza

  Voluntad, Amor, Sabiduría y Justicia, son los valores de que está hecho el espíritu humano, nuestra verdadera constitución no es de sangre, músculo y huesos, el tejido de que está hecho nuestro ser es de sentimientos, de conciencia, de libertad, de capacidades intelectuales, morales y espirituales, que hemos de ir atesorando a lo largo de nuestra evolución para ser cada día más perfectos y estar más cerca de Dios.

  Pero nuestra humanidad en general, no está por estos logros, está por vivir lo más fácil y cómoda su vida, está por procurarse su felicidad ya, por muy efímera que esta sea, está por conseguir lo máximo con el mínimo esfuerzo, descuida su parte espiritual, desconoce la meta a que como espíritu en proceso de evolución ha venido a conseguir en la vida, y se encuentra por regla general en manos de la vida placentera sin pensar en sus consecuencias, subyugado por la parte material. Es el ser humano de la actualidad un compuesto de egoísmo, de orgullo y vanidad, de carácter violento, lleno de miserias morales y sin fuerza de voluntad para afrontar las pruebas y vicisitudes de la vida con nobleza, con dignidad, incapaz de actuar bajo los dictados de su conciencia, la cual ha sido suplantada por el descontrol de sus hábitos materialistas.

  Somos muchas las personas que un día en nuestra vida sentimos la necesidad de mejorar interiormente, el ansia de encontrar respuestas a muchas preguntas, sentimos un vacío interior que no hemos podido llenar con nada hasta el presente, nos sentimos incómodos, insatisfechos y en desacuerdo con la conducta general que observamos en el panorama mundial. Todo esto es debido a la fuerza que genera la Ley de Evolución en nuestro espíritu y que nos impulsa a dar un paso más en aras del progreso.

  Adquirir fortaleza es en este sentido un arma invalorable, para poder romper con todo aquello que nos ata, que nos frena y que nos está impidiendo llevar una vida acorde con los impulsos que nuestro espíritu nos transmite. Necesitamos estar libres de impedimentos, de todo aquello que sea molesto para el pleno desarrollo de nuestra parte espiritual, que mediante la conciencia nos pide a gritos que le demos paso. Actuando con fortaleza, con templanza, con vigor y ánimo de espíritu podemos sacar la energía necesaria para ir haciéndonos fuertes ante las debilidades, los temores, las dificultades y los errores que como humanos vamos a cometer, aunque así no lo queramos.

  Son muchas las experiencias que nos restan por vivir en el transcurso de la existencia, los problemas que pueden surgir, las circunstancias que nos pueden venir sin estar preparados para ellas, las cosas desagradables a las que tengamos que hacer frente, etc., situaciones todas ellas que no debemos ignorar, ni eludir, sino madurar con ellas asumiendo la responsabilidad que nos compete, de esta forma adquirimos fortaleza, vigor, valentía y coraje y aprendemos a dominar las circunstancias, antes que estas nos pongan fuera de control.

  «Lo que un hombre ha hecho, otro hombre puede hacerlo», reza un dicho filosófico. Es cierto, sólo es cuestión de esfuerzo y de ha-cer hincapié en ello. Nada nos viene solo, todo hemos de conseguirlo con esfuerzo y con trabajo, el sueño más esperado que podamos tener viene como fruto del esfuerzo y de los pasos necesarios para que pueda cumplirse. Desde un punto de vista espiritual la constancia, la paciencia, el tra-bajo en suma, son los mejores aliados para conseguir las metas propuestas. Partiendo de una actitud humilde hemos de reconocer las numerosas carencias morales que poseemos, es aquí donde adquiere especial relevancia la voluntad y la fortaleza, para acercarnos a los propósitos deseados.

  Ya no vale el «yo soy así» y no puedo cambiar, en absoluto, sino que hemos de fijarnos en los modelos que la historia nos ha mostrado de personalidades que se han hecho fuertes en la renuncia a sí mismos, en el dar, en amar, en enseñar al que no sabe, en el trabajo esforzado a fin de realizar sus propósitos, y en llevar a cabo una conducta ejemplar.

  Esto es lo que nos vale, el que motivados por la gran ilusión que siente nuestro espíritu al reconocerse como tal, pone en marcha la gran fuerza de voluntad que del «cielo le viene» basta con que se lo proponga para vencer sus debilidades y atravesar los obstáculos. Ya lo decía de esta forma Julio César: «Nada es tan difícil que no pueda conseguir la fortaleza».

  La fortaleza, poner en práctica la fuerza de voluntad, es un hábito valiosísimo, incomparable con nada si aprendemos a usarlo, debe ser para nosotros, que queremos progresar, que sabemos el atraso
evolutivo que tenemos, -esta es la pura realidad, no nos llamemos a engaño- nuestra forma de trabajar de aquí en adelante.

  ¿Porqué decimos: esto no puedo conseguirlo? ¿A mí me es imposible realizar aquello? ¿Por más que lo intento no puedo dejar este hábito, esta tendencia, esta debilidad? No nos equivoquemos, sí que podemos, pero tenemos que quererlo con sinceridad y poner la fuerza de voluntad necesaria, fuerza de voluntad que tenemos pero que la dejamos guardada en el bolsillo sin hacer uso de ella.

  Debemos mentalizarnos de que existe en nosotros esa fuerza de voluntad que nos ayudará a conseguir nuestros propósitos, a mantenernos firmes ante nuestros ideales, disponibles para realizar el trabajo espiritual y moral a que estamos llamados. Esa fuerza de voluntad de la que no carecemos, porque Dios nos la ha dado como recurso fundamental para progresar, pero que repito no ponemos en práctica, esa voluntad es nuestra tabla de salvación, que nos fortalecerá espiritualmente y forjará en nuestra alma una defensa contra todo invasor, como son los defectos, los vicios, malos hábitos, la comodidad, etc.

  Fortaleza es ser dueño de uno mismo, porque se sabe lo que se quiere. Fortaleza es asumir compromisos a fin de desarrollar las facultades de nuestro espíritu, y ser responsable para llevarlos a cabo lo más dignamente que podamos. Fortaleza es ser fiel a uno mismo, no actuar para demostrar nada a nadie, es a uno mismo a quien hay que demostrárselo. Nuestra conciencia ha de ser nuestra consejera y, al mismo tiempo nuestro juez imparcial, es a ella a quien debemos darle cuentas, y cuando no hayamos actuado bien, debemos sentir vergüenza y tener la capacidad de reacción rápida-mente para enmendar el error.

Fortaleza es no amilanarse ante las dificultades. No huir de las empresas que nos exigen esfuerzo. Fortaleza es sacrificarse.

  Veamos en opinión de Bernabé Tierno, cuáles son los enemigos de la fortaleza con los que cada día hemos de enfrentarnos:

1-Falta de confianza en uno mismo y sentimientos de incompetencia.

2-Dificultad para tomar decisiones, pasar a la acción y convertirlas en realidad.

3-Impaciencia,nerviosismo y carecer de un bien pensado programa de acción.

4-Veleidad, ligereza y falta de reflexión y de criterio propio.

5-Abulia,pereza, inconstancia y propensión a seguir la línea del menor esfuerzo.

6-Dispersión de energías y de fuerzas mentales y psíquicas en cuanto se emprende.

7-No dedicarse plenamente, en cuerpo y alma, a la consecución que se ha propuesto.

8-Falta de coraje, de empeño, de ilusión y de entusiasmo.

Fortaleza por: Fermín Hernández Hernández

© 2013 Amor, paz y caridad

* * *

La fortaleza, aunque desafía en combate hasta el más poderoso destino, siempre se deja aconsejar de su fiel compañera la prudencia.

STEFAN ZWEIG

EL ESPIRITU DE VERDAD

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El ESPÍRITU DE VERDAD
 
4. Jesús promete otro Consolador; es el «Espíritu de la Verdad», que el mundo no conoce aún, porque no tiene la suficiente madurez para comprenderle y que el Padre enviará para enseñar todas las cosas y para recordar lo que Cristo dijo. San Juan, Cap. XIV, vers. 15, 16, 17 y 26.
 
 Sí, pues, el Espíritu de Verdad debe venir más tarde a enseñar todas las cosas, es porque Cristo no lo dijo todo: si viene a recordar lo que Cristo dijo, es porque lo habrán olvidado o comprendido mal. Allan Kardec, El evangelio según el espiritismo. Capítulo VI.
 
                  El Espíritu de Verdad, hace entrada de forma gloriosa y pletórica, de la mano de Allan Kardec y de la falange de espíritus colaboradores de la Obra del Maestro Jesús, para dar inicio a la era del esclarecimiento y la comprensión del porqué y para qué estamos aquí. Ha llegado la era de la Luz y el Entendimiento, del Amor y la Caridad. No hay mayor amor y caridad que la de hacernos conscientes de cuál es nuestro porvenir, de iluminar nuestras conciencias para que aceptemos cada uno de nosotros nuestra misión en la Tierra, y como buenos jornaleros acabemos nuestros días con la sana conciencia de haber hecho cuanto estaba en nuestra mano.

 
         El espiritismo como doctrina, comienza con Allan Kardec, pero no termina con él. El Espíritu de Verdad, sigue con nosotros. El Consolador Prometido, tiene que continuar con su trabajo, que no olvidemos y no descuidemos es como dice el encabezado de este artículo, viene a enseñar todas la cosas. Mucho nos enseñan las obras de Allan Kardec, son la base, son los cimientos y parte de un edificio deslumbrante, no nos cansaremos de beber de esa fuente de conocimiento y razonamientos, pero el espiritismo, como doctrina no termina ahí, muchos otros grandes filósofos, vivos y muertos, tomaron el relevo y continuaron la obra, con la inestimable labor y colaboración de los médiums, de todo tipo, en especial los escritores que han vertido multitud de obras, relatos; ampliando y descorriendo mucho más el velo de lo que estaba oculto.
 
                  Podemos por tanto distinguir varias fases en el trabajo desarrollado por el espiritismo, y por ende, del espíritu de verdad.
 
         Primera fase: Sería la de la irrupción de los llamados fenómenos espiritistas en aquellos momentos, que la doctrina clasifica como fenómenos de efectos físicos, los cuales eran tan prominentes y numerosos que llamaron la atención de un gran número de público. Este tipo de mediumnidad con el tiempo se ha ido extinguiendo, cumplió su función en el momento oportuno y era la forma más rápida y apropiada para llamar la atención y dar a conocer que en efecto existe algo más después de la vida física. Una vez cumplido su objeto desaparece casi por completo.
 
         Segunda fase: Es la de la comprensión y racionalización de dichos fenómenos, entrando aquí de lleno la figura del propio maestro Allan Kardec, el cual se encargó de investigar, estudiar y catalogar los mismos, con su espíritu crítico y de análisis y de llegar siempre a la verdad, hasta las últimas consecuencias. Allan Kardec supo distinguir los fenómenos verdaderos de los que eran puro fraude y mistificación, hechos que siempre han sucedido, supo descartar a los falsos médiums de los auténticos y tuvo la iniciativa de sacarle el máximo provecho a estos fenómenos. Así llegamos a la tercera fase.
 
         Tercera fase: El Espiritismo como filosofía ya no se ocupa de experimentar y de verificar que tras las manifestaciones de los espíritus, con sus efectos sobre la materia, existe todo un mundo y un sinfín de misterios por descubrir, sino que pone todo su empeño en elaborar con la inestimable colaboración de los espíritus la Codificación, que recorre, en sus diferentes obras, todos los pormenores y conocimientos que nos son necesarios, de acuerdo ya a nuestro nivel intelectual y a las necesidades de evolución. La obra de Allan Kardec es extraordinaria, sin dejar a un lado la aportación de León Denis y otros autores que simultáneamente difundieron y fueron sembrando los conocimientos por doquier, los cuales bebieron todos de la misma fuente, puesto que su compromiso era el mismo.

         Cuarta fase: Una vez asentada la nueva doctrina, se necesita que tenga continuidad, que nuevos actores entren en escena y se comprenda que no ha sido flor de una época, ni que han significado hechos aislados en el tiempo, sino todo lo contrario. El espiritismo con el paso del tiempo ha ido expandiéndose por todos los rincones de nuestro mundo, han aflorado facultades de mediumnidad, ya no tan rústicas o elementales como aquellas de los primeros tiempos, sino que han dado lugar a facultades de tipo artístico e intelectual,  las de escritura  que van poco a poco dándonos a conocer con más detalle cómo es la vida en los planos espirituales, haciendo mención especialmente las que van ampliando la doctrina, haciéndonos cada día más conscientes de cuál es nuestra responsabilidad en la vida.
 
         Luego podemos comprender que ha habido una ampliación y desarrollo constante, el espiritismo no está parado, como no puede ser de otra forma. Sino fuese así diríamos que los espíritus nos han abandonado, que el Espíritu de Verdad no tiene nada más que ofrecernos, ¿Acaso ya nos ha enseñado todo? No, ni mucho menos, apenas estamos comenzando, El Espíritu de Verdad ya nunca se va a marchar porque será a través de la mediumnidad y por medio de sus espíritus de orden elevado que continuamente nos irá transmitiendo y lanzando nuevas nociones de entender la vida y el progreso. A medida que la humanidad evoluciona, más contacto con las esferas superiores y más conocimientos llegarán hasta nosotros.

         Quinta fase: Transición Planetaria; es en la que nos encontramos ahora, y es la culminación del trabajo del Consolador Prometido en la Tierra como mundo de expiación y prueba. Es la hora de que sepamos en qué momento de la evolución nos encontramos. Todas las etapas anteriores han servido para llegar aquí.

         No hay nada casual. Como ya podemos entender por los conocimientos que nos han traído autores como Emmanuel, André Luiz, y tantos otros,  por intermedio de los médiums especializados. Los espíritus comprometidos con la obra de Dios no dejan nada al azar, nada escapa a sus objetivos; ellos van siempre por delante y saben cómo elaborar un programa de desarrollo y progreso para la humanidad; saben cómo ir dándonos poco a poco aquello que podemos asimilar y que se ajusta a las necesidades evolutivas de la mayoría de la humanidad. La labor de Allan Kardec y la pléyade de colaboradores, unos en la Tierra y otros en el espacio, fue perfecta, pero no pudieron decirlo todo, dejaron entrever un halo de nuevos conocimientos destinados para una próxima etapa, y por eso advirtieron que el Espíritu de Verdad permanecería siempre con nosotros, para ir abriendo camino y ofrecernos nuevas orientaciones. Véase en este sentido los contenidos que vierte Allan Kardec en la obra El Génesis, cap. XI, “Emigraciones e inmigraciones de los espíritus.”
 
         Todavía hoy, muchos de los conocimientos más básicos que nos aportó la doctrina gran parte de la humanidad no ha sido capaz de asimilar y entender. ¿Cómo pretender entonces que Allan Kardec se hubiera adelantado a su tiempo aclarando completamente los misterios que aluden directamente a la “transición planetaria”, al fenómeno ovni-extraterrestre, por ejemplo y a otras cuestiones? No era posible en ese momento, hubiera sido muy prematuro, y la obra hubiera tenido muchos más impedimentos y detractores de los que ya tuvo, más que de sobra.
 
         Era necesario que la ciencia adelantara un poco más, y que se vislumbrara un porvenir como el que ahora acontece, y por supuesto que nuestras mentes estuvieran mejor preparadas a fin de poder aceptar el ocaso de esta humanidad y la bienaventuranza del mundo de regeneración, en donde efectivamente, los pobres, los mansos, los humildes, los que tienen hambre y sed de justicia, puedan contemplar por fin el cumplimiento de tales aseveraciones de Jesús.
 
         No es sino en el mundo de regeneración en donde se cumplen al cien por cien las prédicas del Maestro en el Sermón de la Montaña, y ahora, por fin, es nuestro deber anunciarlo sin recortes y sin miedo, pues sin duda esta es una de las misiones que tenemos los espiritistas del siglo XXI.
 
         Todos aquellos obreros de la última hora, deben aguzar sus sentidos, pues de arriba nos están indicando que llega el “fin de ciclo”, se conjugan ahora nuevos conocimientos, nuevas necesidades, nuevos desafíos, nuevas experiencias, es la hora del trabajo. Estemos preparados y no rechacemos al Espíritu de Verdad que trae nuevas informaciones, ni menospreciemos a todas aquellas personas y grupos que transmiten nuevas ideas que están aflorando en este sentido.
 
         Con todo ello, recordamos lo dicho al principio, El Espíritu de verdad sigue con nosotros, no se ha marchado y su misión sigue siendo la misma, la  de enseñar nuevas cosas, y recordar lo que hemos olvidado, por lo tanto debemos hacernos la siguiente pregunta, ¿Estamos dispuestos a aprender conocimientos nuevos? ¿Estamos dispuestos a admitir nuevas ideas? ¿Estamos dispuestos a admitir que hemos olvidado conceptos importantes o que al menos no le habíamos prestado la suficiente atención?
 
         Si no somos un poco humildes será difícil que El Espíritu de Verdad pueda transmitir por nuestro intermedio y perderemos la oportunidad de estar al día tanto en conocimientos, como en ofrecer a la sociedad aquello que necesita y que puede ayudarle sobremanera a entender todo lo que está pasando en el mundo.
 
G.H.M.
 
© Grupo Villena 2013
 
 
RECOMENDAMOS LA LECTURA DE LA OBRA “TRANSICION PLANETARIA” DE DIVALDO PEREIRA FRANCO, POR SU EXTRAORIDNARIA CLARIDAD EN MUCHOS DE ESTOS CONCEPTOS.

EL VUELO DEL ESPÍRITU

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Espíritu que has de volar
sin la altura rechazar,
ármate de valor en la lucha
y venciendo subirás.

A la altura no debes temer,
al contrario, eterno guerrero,
es a las bajezas del mundo
a quien debes reprender.

Recuerda que tu destino,
es elevarte siempre
ante cualquier desatino,
que los siglos te presenten.

Ya volaste bajo antes
ya tus alas lastimaste
y ese dolor lacerante
te hizo ser más consciente.

Tus alas por el mundo bate
con el timón siempre certero,
sabe regresar al puerto
y de nuevas fuerzas proveerte.

Has de volar más y más
no olvidando tu objetivo,
que si vuelas por volar
no llegarás al destino.

A las más altas esferas
que quieres conquistar
no les basta con la altura
que se puede alcanzar.

Elevarse es peligroso,
si no sabes donde estás,
un viento inesperado
te podría arrastrar.

Si tus alas aún son débiles,
si tropiezas y caes,
has de aprender la lección
y poner más atención.

No basta emprender el vuelo
hay que aprender a volar
y como la naturaleza
el equilibrio guardar.

Porque mejor no vuela
quien más alto se eleva,
sino quien mejor se mantiene
cuando sopla un viento fuerte.

Con ansias de libertad
busca nuevos espacios,
donde puedas encontrar
aires más limpios y claros.

Con el corazón por timón
pon rumbo a la virtud
y alcanzarás la perfección
gozando la excelsitud.

Fermín Hernández Hernández

Amor, paz y caridad

LA HUMILDAD

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La humildad
 
De bondad y de humildad
quisiera que el mundo fuera 
pero esta vana quimera 
ya no existe en realidad.
 
  Por desventura esta virtud no está muy bien comprendida a nivel social y humano, quizás sea ello debido precisamente a que es una virtud escasa y no bien admitida en los momentos actuales de nuestra humanidad que vive en desmesura llevada por la ambición, la competitividad, el alarde, el amor propio, etc., aspectos todos estos contrarios a la humildad.
 
  Junto a la caridad, la humildad es una de esas perlas preciosas que se encuentran en el interior de las personas, nunca mejor empleado este tópico, puesto que la humildad es una actitud frente a la vida, que no se ve, «que no se lleva puesta», se vive por dentro y se siente por la vibración que emanan las personas que la poseen.
  La persona humilde destaca por esto mismo, por su modestia y sencillez, por su grandeza humana, porque no alardea, no figura, no se siente imprescindible; y sin embargo su sola presencia destaca sin alardes aunque quiera pasar desapercibido, y su colaboración se nos hace necesaria.
 
  La humildad no empequeñece al hombre, al contrario es una grandeza del alma. Es una joya que sólo poseen los que están por encima del amor propio, del orgullo y la vanidad. Qué fácil decirlo, pero qué difícil de conseguir para todo aquél que todavía no se ha descubierto a sí mismo y luchado estoicamente contra estas terribles trabas de la humanidad y del progreso espiritual.
  En un mundo de codicia
quieren conquistarlo todo 
y de uno u otro modo 
no descansa su avaricia.
 
  La humildad, va más allá de riquezas y pobrezas, ya que en ambas circunstancias se puede y se debe ser humilde. Al rico le lleva a vivir con igualdad, sin crear diferencias hacia los que no son de su clase, porque el humilde no distingue, no sabe de clases, para él todos son iguales, lo mismo que a los ojos de Dios. El humilde está por encima de eso y sólo distingue a los hombres por su valía, por su nobleza humana. El humilde no mira por encima a nadie, porque no se siente superior a ellos, se siente unido a la humanidad por los bellos sentimientos de amor y de fraternidad que ya cobija en su corazón.
 
No envidies bienes ajenos 
confórmate con tu suerte 
y cuando llegue la muerte 
tendrás una deuda menos.
 
  Al pobre le ayuda a vivir con resignación, que no con humillación, las desdichas y desventuras que la existencia le ha determinado vivir, aún en contra de su voluntad y de los esfuerzos que realice para mejorar su posición.
 
  La pobreza no es motivo de humillación, es una prueba que ha de pasar todo espíritu en el transcurso de su evolución, antes o después, una prueba que ayuda de manera especial al espíritu a no creerse superior a los demás, a esforzarse en vivir con dignidad su suerte en esa existencia, sin caer en defectos como la envidia, avaricia, ambición, etc., defectos estos que si los supera estará preparado muy fuertemente para emprender en vidas futuras gloriosas existencias sin peligro de contraer deudas derivadas de los defectos citados.
 
El hombre vive aferrado 
a la vida material 
y por eso se ha olvidado 
que su ser es inmortal.
 
  La humildad cobra especial importancia para la vida del espíritu encarnado porque le ayuda a lo más fundamental, a trabajar para atesorar valores que no caducan una vez dejamos la materia. La humildad ayuda al hombre a formarse un equipaje de progreso espiritual que le hace ascender un peldaño muy alto en la escala del mundo espiritual. Mientras que el que vive sin humildad, «aferrado a la vida material» como nos dice el poeta Francisco Marín (*), sube al espacio al dejar la existencia con apenas equipaje, si acaso con un equipaje muy pesado que le mantiene estancado y hundido en sus miserias morales.
 
  El humilde no busca una posición destacada en la esfera social. El orgulloso sí, y cuando no lo consigue sufre amargamente y culpa a los demás de sus infortunios, causando disgustos y molestias a sus familiares y amigos. Mientras que el humilde en su modestia se afana en superarse, en no ser causa de disgustos y desarmonías, en estudiar, en trabajar sin preocuparse de hasta dónde puede llegar a elevarse en su posición, o en su profesión, sólo se preocupa por mejorar su calidad humana, con fe en Dios y en los hombres, y poco a poco va escalando puestos aun sin desearlo, siendo esto algo que para él piensa que no lo merece, disfrutando con ello inmensamente, haciéndose amigo de los hombres y uniéndose más a Dios.
 
  La humildad no es amiga de engreimientos, de echarse flores, no se ensimisma, no se endiosa ni fanatiza. Todo esto lo rechaza por ser un fuego fatuo, estéril y artificioso que no beneficia a nadie.
 
  La humildad es una virtud superior, propia de espíritus gigantes, espíritus bien pulidos por el sacrificio, libres del enfermizo orgullo y amor propio. Humildes son los espíritus que han aprendido a amar.
El amor y la humildad 
conquista los corazones 
y son los preciados dones 
de la hermana caridad.
 
  Poseer humildad es de gran ayuda para el progreso espiritual, pues con ella se está por encima de prejuicios, del qué dirán, y la persona puede ver con claridad lo que le interesa para su progreso porque puede discernir e intuir con libertad de pensamiento aquello que su conciencia le indica en cada momento.
 
  El orgullo por contra oscurece la razón, confunde el pensamiento y ahoga la conciencia, nos vuelve también irascibles y egoístas, pensando antes en lo que van a decir los demás si hacemos esto o aquello, en lugar de pensar si nuestras obras son correctas o incorrectas, y al final termina haciendo no lo mejor para su progreso, sino lo que está mejor visto a los ojos de los demás.
Sé bondadoso y honesto 
sé humilde y virtuoso 
porque un mundo venturoso 
no se conquista sin esto.
 
  Un aspecto fundamental de la humildad es lo mucho que nos ayuda para no rebelarnos en contra de las desdichas propias o ajenas. Nos ayuda a pensar con serenidad, con firmeza y a enfrentar las pruebas con valentía, pensando que todo tiene una causa justa y que hemos de buscar el remedio generalmente en un cambio de actitud propio para no ver las cosas a través de la propia rebeldía que nos impide observar la verdad de las cosas. 
 
  Sin humildad es prácticamente imposible llevar una andadura espiritual acertada. Tengamos en cuenta que uno de los requisitos para el progreso espiritual es la capacidad de sacrificio, la renuncia a uno mismo para servir al semejante. Se dirá que para eso hay que ser altruista, cierto, pero además hace falta ser humilde porque si no cómo vamos a ayudar a los demás si estamos dominados por el orgullo y la prepotencia.
 
  Ese ejemplo de servir y de ayudar es el que nos han dado los grandes avatares que han pasado por la Tierra, dejando sus planos de luz y de felicidad para enseñarnos a dar los primeros pasos en el camino de la evolución espiritual. Si ellos han marcado esa pauta de ayuda y servicio desinteresada y humilde, rebajándose a vivir una o más existencias a nuestro lado, nosotros no podemos hacer menos que seguir su ejemplo de humildad y de búsqueda de la perfección aprendiendo a amar a nuestros hermanos.
 
Sacrificarse es servir, 
es del alma la grandeza, 
es la forma de sentir, 
es ideal de nobleza,
Es la forma de vivir.
 
  Aprendamos a diferenciar entre humildad y humillación. El humilde no se ofende fácilmente. El orgulloso sí. El humilde se siente seguro y fuerte interiormente, sin necesidad de halagos. El orgulloso se siente inseguro, sus defectos le confunden, en su complejo necesita verse por encima de los demás y se siente herido cuando en su orgullo y vanidad no es correspondido.
 
 
La humildad por: Fermín Hernández
 
Si deseáis elogios, halagos, admiración, no sois humildes.
 
Sebastián de Arauco
***
 
El que se ensalza será humillado. El que se humilla será ensalzado.
Jesús de Nazareth
***
 
(*) Todos los versos de este artículo se han extraído de la poesía “Bondad y Humildad” de Francisco Marín. 20 Amor, Paz y Caridad.

LAS PROFECIAS DE JESÚS

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Alocución
¿Qué tienen que ver las profecías de Jesús con la transición planetaria?
Mucho, pero para comprender esta cuestión es preciso que valoremos en profundidad la presencia en la tierra de Jesús encarnado y el mensaje que nos legó.
 
¿Nos hemos preguntado alguna vez el porqué de la encarnación de Jesús en la Tierra?
Siendo un espíritu de tan alta categoría espiritual, debemos empezar por comprender el gran sacrificio que supuso para su espíritu lograr constreñirse a una materia; es como pretender meter un rayo de sol en un cántaro. Todavía no podemos imaginar desde nuestro grado de evolución, lo que representa para un espíritu de ese nivel lograr encarnar en una materia. Es algo muy difícil. Al igual que los espíritus más atrasados necesitan de manera perentoria la reencarnación y se sienten atraídos fuertemente por la materia, a mayor elevación espiritual más dificultad y más incomodidad les  representa el proceso reencarnatorio.
 
Por otro lado debemos también considerar que existen muchísimos grados de espíritus elevados por debajo de la categoría del Maestro de Maestros, que podían haber encarnado para dejar un mensaje y un ejemplo de espiritualidad; como lo hicieron por ejemplo, krishna, Buda, Confucio, Lao Tse, los grandes filósofos y pensadores griegos, y el mismo Juan Bautista, al que Jesús, nada más y nada menos, le confirma que es el más grande nacido entre los hombres, amén de entre otros muchos, que ni siquiera han transcendido sus nombres hasta nuestros días. Es decir, que  espíritus de alto nivel de espiritualidad dispuestos a encarnar y transmitir enseñanzas de amor y de sabiduría, siempre los ha habido.
 
La humanidad nunca ha estado huérfana de ayuda espiritual, en todas las épocas y en todos los continentes según el grado de evolución y las necesidades de progreso, han sido,  no cientos, sino miles los espíritus de orden superior que bajo las órdenes de Jesús han ido colaborando con el maestro en la evolución del planeta para que este alcanzase mejores estadios de luz y de progreso. Por ello no ha sido  necesario que el propio Jesús tuviese la necesidad de encarnar y someterse a tamaño sacrificio. Su lugar, hemos de admitir, está más en el plano espiritual, como mentor de nuestra humanidad que encarnado.
 
¿Por qué pues adoptaría esta decisión y tomaría una materia?
Debió tener sin duda razones de índoles superiores más que justificadas. Además de la capacidad de amor, renuncia y sacrificio que estos espíritus tienen, porque, sin pensar ni por un momento en ellos mismos, toman estas misiones tan especiales y bajan a la Tierra en una materia para dejar un mensaje que quede por siempre en la memoria de todos.
 
Otra razón, no menos meritoria es que al contrario de lo que acontece en la Tierra, -haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga- Jesús sea el primero en demostrarnos como hemos de comportarnos cuando estamos en una materia; y que, cualidades como el amor, la caridad, el perdón, el servicio, y la renuncia a uno mismo, han de ser las condiciones irrenunciables con las que hemos de ir sustentando todas nuestras actividades.
 
Pero a mi juicio, la razón principal se debe a que la Tierra, en poco tiempo, “desde un punto de vista espiritual”, iba a sufrir grandes transformaciones. Los espíritus que conformamos este ciclo de evolución estábamos encarando la recta final, que nos conducía a la transición planetaria, al tan nombrado fin de los tiempos; fin de los tiempos para la barbarie, el animalismo, la ignorancia, el egoísmo, etc.
 
La razón fundamental es, sin lugar a dudas, que la Tierra terminaba su ciclo como mundo de expiación y prueba y tendría que comenzar su fase de mundo de regeneración. A falta de unas cuantas existencias nos estábamos jugando nuestro progreso espiritual.
Al igual que un Padre se desvela por todos sus hijos, poniendo a su alcance todos los materiales, las herramientas y cuanta ayuda y  oportunidades necesite para que no se distraiga durante el curso escolar,  les va dando avisos, les llama la atención, les da un empujoncito si lo necesitan; a fin de que cuando lleguen los exámenes finales estén preparados y no tengan que repetir el curso; pues igualmente Jesús es lo que hizo en su encarnación, recordarnos constantemente que el fin estaba cerca. Es lógico y razonable pensar que ante la importancia de este hecho, el Maestro no podía delegar esta tarea, sino que debía ser el responsable de transmitir este mensaje.
 
Su vida íntegramente es un modelo a seguir, sus enseñanzas, sus obras, no tienen parangón, nunca hubo nadie en la Tierra que nos enseñara tanto, y con ejemplos tan sencillos pero tan firmes; ejemplos que el paso del tiempo no ha podido destruir. Él es la síntesis del amor, de la humildad, de la entrega, Él es el camino a seguir. Pero al mismo tiempo si prestamos la atención suficiente, toda su enseñanza tiene como trasfondo la incuestionable llegada de la Tierra a un fin de ciclo; nos está diciendo en gran parte de su evangelio que nos preparemos para aprobar el examen, que es de moral y de espiritualidad.
 
Insisto, gran parte del mensaje de Jesús, no hace, sino refrendar los momentos que estamos viviendo ahora en plena transición planetaria. Sino; porque hace mención tantas veces al “juicio final”, al fin de los tiempos, a los de la derecha e izquierda del Padre, a los tiempos son llegados, a la llegada del hijo del hombre. Si hacemos un estudio del evangelio, centrándonos en este sentido, observaremos, un Jesús profético que otorga una tremenda importancia a  la llegada del cambio de ciclo, siendo sin lugar a dudas, al hecho que más transcendencia le da.
 
Nunca antes, ningún profeta, ningún gran ser de los que han encarnado en la Tierra había hablado tan claro y con tanta contundencia de este acontecimiento. Esta era una enseñanza y un mensaje que Él, en primera persona debía transmitir.
 
Recordemos la parábola del festín de bodas: había un invitado sin vestidura de bodas, y Jesús le dice, cómo has entrado en mi fiesta sin vestidura de bodas, y entonces Jesús lo expulsa del festín porque no es digno del mismo. Amigos pensemos que representa el festín y que representa la vestidura. Sin duda no es la ropa. A los mundos de regeneración no se llega por inercia, se accede porque se han adquirido los valores morales necesarios. Ya hemos pasado diversas evaluaciones y para ello tuvimos los profesores encomendados por Jesús para enseñarnos las lecciones necesarias y el camino a seguir. Pero ahora en el examen final viene el Maestro en persona, es el propio Jesús quien encarna en la tierra para supervisar y dar los últimos retoques, anunciándonos esa nueva etapa tan deseada: la Tierra como planeta de regeneración.
 
G.H.M.
 
© Grupo Villena 2013

UN TRABAJO IMPORTANTE

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  Acercándonos como estamos al siglo XXI, la mediumnidad, lejos de ser algo que haya quedado caduco, superado por el tiempo y que no ofrezca ningún interés, cobra ahora una valiosa importancia por el inestimable bien que por medio de ella se le puede prestar a nuestra humanidad, tanto para el plano astral como hacia el plano físico.

 
  Hay que contar por un lado, con el modo de vida que llevamos la mayoría de los habitantes del planeta, cuyo comportamiento hace que existan unas corrientes de influencias de entidades negativas verdaderamente sorprendente, y por otro, el gran movimiento que se está produciendo en el plano astral, ya que se está produciendo el desarraigo de todos los espíritus que, no pudiendo formar parte en un futuro muy cercano de la Nueva Humanidad, se ven obligados, lo quieran o no, a tener que abandonar el espacio de nuestro planeta, teniendo que emigrar próximamente a un mundo en relación a su grado de evolución.
 
  Estos dos factores hacen que la corriente de influencias y perturbaciones negativas antes mencionada, esté llegando a límites insospechados, como nunca antes se había producido, y esto, para aquellas personas que pueden captar esta situación, y para los propios espíritus de ele­vación, llega a ser estremecedor, porque en muchos de los casos no pueden intervenir e impedir que lleguen a producirse las malvadas intenciones que persiguen esas entidades negativas del bajo astral.
 
  Pero, ¿porqué es ahora cuando más esfuerzo están haciendo desde el bajo astral para desatar su maldad sobre la humanidad?
 
  Porque, son conscientes de que están librando la última batalla, contienda que por otra parte nunca van a ganar. Es sólo que por su falta de claridad espiritual, por su rebeldía obstinada, la cual les impide comprender la justicia, la sabiduría y los planes que tiene el Creador, nuestro amoroso Padre, sólo piensan muchos de ellos en hacer todo el daño que puedan, creyendo que esa es una forma de plantarle cara al plano espiritual positivo y demostrar que tienen una fuerza.
 
  Es ésta la razón por la que ahora la mediumnidad conlleva una tremenda importancia, porque concretamente los grupos que posean mediumnidades de incorporación, los grupos que hayan alcanzado a comprender la valiosa colaboración que pueden prestar a estos espíritus que están confundidos y pensando sólo en hacer el mal, los grupos que hayan asumido con amor hacer los trabajos de clarificación, pueden hacer un gran trabajo de ayuda, contribuyendo con los hermanos espirituales en esa labor de caridad llevando al entendimiento a infinidad de espíritus que, unas veces por ignorancia y otras veces por esa falta de ayuda no son conscientes de lo mucho que entorpecen y lo que se estancan ellos mismos.
 
  Es por ello que hemos de recoger la mayor ilusión y fuerza para no caer en esas mismas redes del bajo astral que pueden hacernos decaer y llevarnos a pensar que no vale la pena el trabajo que se está haciendo. Todo lo contrario, este trabajo de clarificación, de dar luz a los hermanos que están en el espacio oscurecidos, es sumamente importante y beneficioso para cientos, miles de espíritus que se hayan deambulando por el espacio perdiendo el tiempo cuando menos.
 
  Este trabajo por nada debemos dejar de hacerlo. Si antes se hacia, ahora la necesidad es mucho mayor, si antes el plano espiritual ayuda­ba, ahora no sólo ayuda, sino que esta ayuda es mucho más grande debido a la modernización de las mediumnidades y los trabajos en general. De­bemos conocer que el plano espiritual está haciendo un llamado a todas las mediumnidades que están preparadas para realizar este trabajo y que aquellos que están en proceso de preparación deben hacer un esfuerzo para que puedan desde arriba terminar sus facultades y empezar el trabajo cuanto antes.
 
  Cuantas más mediumnidades puedan hacer este trabajo, mucho mejor, más ayuda se podrá hacer, ya que hay una verdadera necesidad de ir limpiando y poniendo en antecedentes a esa multitud de espíritus que están en el espacio y que se deben de decidir a progresar sin interrumpir ni molestar al plano terrestre.
 
  Es por ello que debemos responsabilizarnos y ofrecerle al Padre nuestras facultades mediúmnicas para que El pueda disponer de las mismas y podamos hacer cada día un trabajo mayor.
 
Fermín Hernández Hernández

LA FE 

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La fe

Es incuestionable el poder que transmite la fe a las personas que están henchidas de esta virtud. La fe mueve montañas; les decía Jesús a sus apóstoles, indudablemente para hacerles comprender con este ejem­plo tan gráfico y superlativo lo mu­cho que podían alcanzar con una buena dosis de fe, tanto en sí mis­mos, con los conocimientos que Je­sús como Maestro les enseñaba, y cómo no, en el Creador, que preside nuestros destinos por medio de sus leyes y sabe a cada uno la medida en que tiene que ayudarle y qué es lo que necesita para su progreso.

  Jesús conocía perfectamente la misión a la que venían com­prometidos los apóstoles, las prue­bas que debían pasar para hacerse merecedores de ella, las situaciones sociales de aquél entonces que de­bían superar para ponerse en las debidas condiciones, los obstáculos que como personas debían superar por sus limitaciones humanas, etc., por eso Jesús les motivaba y les incentivaba a que cultivasen en su interior una fe superior, inquebran­table, una fe en el destino que estaba trazado para ellos, en la ayuda in­mensa que del cielo iban a recibir en cada momento que lo necesitaran. Hay muchísimas cosas en la vida que sin fe, sin una fe certera, fuerte, sin una fe espiritual, no se pueden alcanzar, no se pueden lograr por­que los primeros resortes que hay que mover nos corresponde hacerlo a nosotros, y si carecemos de fe no somos capaces siquiera de intentar­lo.

  Hay diversas categorías de fe, como ya se ha comentado, fe y con­fianza en uno mismo, en sus posibi­lidades. Fe y confianza en los de­más. sea familiares, amigos o cual­quier persona con la que se tenga relación, fe en los principios espiri­tuales o religiosos. Ninguna de estos tipos de fe se nos regala. Hemos de alcanzarlos por nosotros mismos, a base de esfuerzo, de depositar con­fianza, de razonar las cosas. Porque fe no es creer a ciegas, la fe necesita del pilar del razonamiento y del co­nocimiento, para evitar caer en el fanatismo que lleva a la persona a los extremismos que nunca condu­cen a nada bueno, y que son causa, las más de las veces, del error por ignorancia e imprudencia.

  Pero la fe tiene un principio y ese principio es el trabajo, el esfuerzo y el mismo deseo de progresar, de mejorarse, de alcanzar alguna meta tanto material como espiritual. No cabe duda de que se deben correr riesgos, pero esos mismos riesgos aun dentro de lo más negativo que podamos encontramos, nos enseña­rán y nos llenarán de experiencias que pasarán a nuestro acerbo de conocimientos.

  Muchas veces esos riesgos con­llevan por ejemplo el que debamos depositar toda nuestra confianza en un amigo, si éste lo es de verdad nos lo demostrará, hará por nosotros aquello que le hayamos pedido, o aquello que se espera de un amigo, hará lo que nosotros estaríamos dis­puestos a hacer por él. Si esto es así lo que en un principio era un riesgo, porque no sabíamos hasta qué punto nuestro amigo lo era auténticamente, más tarde se ve confirmado y nues­tra confianza en él crece, y la amis­tad se multiplica.

  Si no lo era sacamos la conclu­sión de que estábamos equivocados con ese amigo, que en realidad era egoísta e hipócrita y cuando lo nece­sitábamos nos falló. Entonces se nos presentan dos caminos a seguir, uno el de desconfiar de todo el mundo por la experiencia vivida, y otro el de fortalecemos reaccionando bien, y si acaso darnos cuenta de que hemos de ser más cautos en otra ocasión. Pero nunca cerrarnos a la confianza en los demás porque si  lo hacemos así nunca conoceremos quienes son nuestros amigos de ver­dad, ni siquiera sabremos si tenemos fe en algo o en alguien.

  Luego, muchas veces se nos pre­sentan riesgos que hemos de correr, sin los cuales la fe no puede crecer y desarrollarse, pero si somos espíri­tus marcados por el deseo de progre­sar y de aspirar a metas elevadas no cabe duda de que debemos correr y asumir dichos riesgos.

  La raza humana sin lugar a du­das carece de muchas virtudes entre ellas la fe, porque es una virtud difícil de alcanzar precisamente por­que nos obliga a razonar, a pensar, a creer en nosotros mismos, en los demás y en Dios y todo eso nos obliga a su vez a trabajar sin descan­so, a atrevemos a realizar muchas cosas que creemos que como huma­nos no somos capaces de realizar, siquiera de soñar, pero Jesús nos enseña que con una fe bien arraiga­da sí que somos capaces, y al igual que los apóstoles nosotros en su mayoría no nos libramos de ser hom­bres de poca fe, por incredulidad, por comodidad, por ignorancia, etc., en cada persona será por una cir­cunstancia, pero todas ellas por fal­ta de deseos de progresar y por materialismo.

  En este sentido, hemos de ser muy precavidos, no dejando que los defectos que tengamos nos dominen y pongan freno a aquello que nues­tro espíritu quiere alcanzar. Los defectos son la sombra que empe­queñece nuestra fe y no nos deja creer, nos cierra las puertas a la ilusión, al optimismo, la fe como ya sabemos es la madre de la esperanza y de la caridad, a las cuales también cierra el paso y en definitiva a todo aquello que nos hace progresar, as­cender paso a paso la cuesta de la evolución, porque, ¿se puede pro­gresar espiritualmente sin fe? Yo creo que no, o al menos no en la medida en que podríamos hacerlo. Es por eso que insisto en que los defectos son los peores enemigos que tenemos, obstaculizan la fe que posee nuestro espíritu.

  «No es la fe la que debía ir a ellos, sino ellos al encuentro con la fe, y si la buscan con sinceridad la encontrarán». Allan Kardec. El Evangelio según el Espiritismo, Cap. XIX.

  En efecto, hemos dicho antes que la fe no se nos regala, ni tampoco se nos impone, se nace con más o me­nos fe, fruto del esfuerzo por progresar que se haya realizado en otras existencias, es por ello que la falta de fe no es ninguna excusa o justifi­cación para no llegar más lejos, que la falta está en nosotros y no en otra causa, por esta razón hago aquí especial mención a las palabras que extraigo de Allan Kardec, no es la fe la que debe venir hasta nosotros, asi como tampoco hemos de esperar a que venga la montaña hasta noso­tros. sino nosotros los que debemos ir al encuentro de la fe, y a la resolu­ción de los problemas y de las difi­cultades simbolizadas por la monta­ña. La montaña puede ser tan grande como nosotros la veamos a conse­cuencia de nuestra falta de fe y de nuestro atraso en el camino de la evolución.

  La sinceridad es otro de los re­quisitos primordiales para encon­trarnos cara a cara con la fe y forta­lecemos espiritualmente como no podemos sospechar. Si creo, debo creer íntegramente, sin peros y sin tapujos. Para eso está en primer lugar nuestra inteligencia, el razo­namiento, los conocimientos que ya hemos adquirido, porque no debe­mos tampoco pasar por alto que la fe se consigue escalonadamente. Si no he crecido con fe, si no he ido acu­mulando experiencias, si no he pa­sado por ciertas pruebas que al final he comprendido su significado, y situaciones que me fueran creando una buena base de fe, no puedo acceder más tarde a ciertos aspectos que requieren grandes dosis de fe. Es decir que la propia vida nos va preparando el terreno, nos va propi­ciando las experiencias en la medida que podemos comprenderlas y asimi­larlas y eso nos va haciendo atesorar el suficiente grado de fe para enfren­tamos a otra prueba superior. Es como el alumno al cual el profesor no le pone exámenes de los que no esté preparado para aprobar, pero si el alumno perdió el tiempo de la preparación verá que el examen le viene grande, pero esto no es por culpa del profesor, sino de la negli­gencia del alumno que no supo pre­pararse y perdió el tiempo egoísta­mente sin pensar en su futuro.

  Espiritualmente ocurre lo mis­mo, debemos preparamos para el futuro, aceptar que en la vida pue­den aguardamos pruebas que si no lo estamos haciendo bien ahora nos podrán parecer muy grandes, pero no será así, la prueba será la adecua­da para ese punto del camino, el fallo estará en nosotros. De ahí que Jesús nos alentara ya hace 2.000 años a atesorar una buena dosis de fe para estar preparados y hacer todo lo que sea necesario en cada momento, eso sí con la convicción de que podemos hacerlo, y bien he­cho además.

Fermín Hernández

SIGNOS QUE CONFIRMAN LA TRANSICION 

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  Muchas personas sin duda se cuestionarán que estemos viviendo de pleno la transición que nos conduce al ya tan mencionado cambio de ciclo. Es lógico; aún dentro de los núcleos espiritistas, es algo que se empieza a conocer; pero de lo que apenas se habla. Son pocos los comentarios que se pueden hacer, porque se carece de conocimientos, se carece de una base de razonamientos, que nos conduzca a tener una fe plena y certera de los acontecimientos que se van a producir; o que mejor dicho, ya se están produciendo.
 
 
  Esto, lógicamente dificulta el que se pueda hablar abiertamente y con largo recorrido; y mucho menos, que se propicien simposios o conferencias, dedicadas a debatir y presentar todos estos argumentos. 
 
  Otros se preguntan qué es lo que determina que podamos afirmar este hecho de tan considerables consecuencias; qué define o qué marca que estemos viviendo este proceso. 
 
  Efectivamente tiene que haber signos, circunstancias y procesos que distingan a estos tiempos de otros y que nos lleven a aceptar y admitir que es cierto que los tiempos son llegados, como decía el Maestro. 
 
  Y no son pocos los procesos y circunstancias que estamos viviendo que señalan justamente la transición planetaria; y de ello, vamos a hacer un resumen en estas líneas. Muchos de estos acontecimientos están anunciados mediante profecías, conocimientos y enseñanzas que Jesús apenas dejó caer en su estancia en la tierra. El que tenga oídos para oír que oiga, y el que tenga ojos para ver que vea. 
 
LA EXPLOSIÓN DE LA MEDIUMNIDAD 
 
  Es una de las señales preconizadas, y es una circunstancia que nunca antes había vivido nuestro planeta, tal y como ahora, estamos percibiendo. Hay facultades mediúmnicas de todo tipo; desde las más primitivas, hasta las de carácter artístico, literario, de sanación, etc., etc. Este es un hecho que no se puede negar y que surge a partir de la llegada del Espiritismo a la tierra; pero como la mediumnidad no es patrimonio de nadie, ni de ningún credo o ideología, se manifiesta por doquier, en todos los continentes, y de todas las formas. Se podrá ser más o menos consciente, se podrá practicar con mejor o peor voluntad; pero lo cierto es, que los espíritus se manifiestan por todas partes, dando a conocer que existe algo más a parte de la vida material y que estamos aquí para alcanzar unas metas y objetivos. 
 
EL CAMBIO CLIMÁTICO 
 
  Es otro de los factores que intervienen como protagonistas de esta Era, siendo una de las mayores preocupaciones de los científicos más importantes del momento, pues no cabe duda, de que un cambio en el clima, nos afecta a todos y a todo, y es algo a lo que no estamos lo suficientemente preparados para asumir. Se piensa incluso que muchas de las más grandes ciudades del planeta que se hayan en zonas de costa, podrían desaparecer; y con ellas, parte de nuestra civilización. Este fenómeno, al que el ser humano en apariencia no puede poner freno, es una nueva circunstancia, que antes, tampoco se producía, y parece que se nos está advirtiendo, de que las cosas pueden cambiar y mucho más de lo que nos pueda parecer. 
 
ACONTECIMIENTOS CATASTRÓFICOS 
 
  Se están produciendo de manera ininterrumpida en la tierra; en una y otra parte del globo, en forma de tsunamis, terremotos, huracanes, tormentas, lluvias torrenciales, sequías pronunciadas, volcanes,….; son sin duda, fenómenos que siempre se han producido, pero nunca, sesgando tantas vidas como lo está haciendo ahora. Hay ya informes de entidades como Cruz Roja y otros organismos que apuntan, a que este tipo de fenómenos, podría suponer la pérdida de casi un tercio de la humanidad en las próximas décadas. 
 
HABRA GUERRAS Y RUMORES DE GUERRAS 
 
  Reza el evangelio de Jesús. Siempre ha habido guerras, pero ha esto tenemos que añadirle el potencial de destrucción que ha alcanzado el hombre con las armas atómicas, que en manos de cualquier desalmado, puede suponer la muerte de cientos de miles de vidas en unos segundos. Esto tampoco acontecía en el pasado donde se luchaba con espadas y cañones; nada que ver con el potencial de destrucción que hoy poseemos. En este sentido, uno de los objetivos a desempeñar por los hermanos extraterrestres, es el impedir, que se pueda cometer un atentado contra la humanidad en términos nucleares; pues somos moradores del planeta, pero no sus dueños, y no podemos hacer todo lo que queramos. 
 
SUPERPOBLACIÓN Y GLOBALIZACIÓN 
 
  La superpoblación que ha alcanzado la tierra, es otro de los factores a tener en cuenta. No sería algo a señalar, si reinara el entendimiento entre los hombres, el respeto y la tolerancia hacia los que son diferentes a nosotros; si gozáramos de solidaridad entre los diferentes pueblos y formas de pensar, si estuviésemos dispuestos a aprender los unos de los otros. Nada más lejos de la realidad lo que actualmente acontece; en el ambiente de egoísmo y de materialismo en el que nos hayamos sumergidos, la ley que rige, es la del pez más grande que se come al pequeño; y esto supone un continuo crispamiento de los ánimos de las sociedades, que se enfrentan mutuamente, y dan lugar a actos de terrorismo y enfrentamiento constante. 
 
LA DIFUSIÓN DEL EVANGELIO 
 
  Es algo también muy a destacar, pues pese a la fiebre de materialismo en el que vivimos inmersos; el hedonismo, el gusto por lo fácil y rápido, el olvido de los valores morales relegados al último lugar…, es un hecho, que nunca como en la actualidad, ha habido tanto movimiento en pos de la divulgación del cristianismo, en sus diversas modalidades. Y no sólo eso; sino que, al mismo tiempo, son ya innumerables las corrientes de carácter espiritual, adheridas unas al cristianismo, otras al hinduismo, budismo, yoga etc. etc., pero son corrientes de pensamiento liberal que abogan por un cambio de vida, alejado del materialismo embrutecedor, que aspiran a otro modo de vida, que desean vivir la vida en paz, en valores, que quieren escapar de la corriente imperante hasta ahora. 
 
  Este hecho último, cobra gran importancia; pues no es fruto del azar ni de la casualidad, que se esté proliferando por todas partes, movimientos de índole espiritual. En otros tiempos, si una persona quería desarrollar su vida dentro del ámbito espiritual o religioso, no tenía otro camino más que el que le brindaban las iglesias “oficiales”. Ahora no, pués se ve, que existen otras maneras de buscar un desarrollo espiritual. Los valores atesorados en el pasado, emergen en miles de personas, y no es por otro motivo, sino por el compromiso asumido de colaborar en el inicio de esta nueva etapa de transición. Sin duda una transición difícil, que exige muchos sacrificios y nadar contra corriente; pero existe una preparación y una ayuda espiritual, acorde a los compromisos y trabajos asumidos. 
 
  Todas estas manifestaciones son sin duda un síntoma inequívoco de que estamos en un momento crucial de nuestra evolución. Por otra parte, gran parte de estos movimientos, tienen un nexo en común: EL ANUNCIO DE UNA NUEVA ERA PARA NUESTRA HUMANIDAD. 
 
LA PRESENCIA OVNI-EXTRATERRESTRES 
 
  Este es otro síntoma que sumar a la lista de acontecimientos “nuevos”, que están señalándonos, que nos encontramos ante una transformación planetaria. La presencia del fenómeno ovni-extraterrestre, es una confirmación más, que nos ayuda a comprender la transcendencia de los momentos actuales. Hermanos nuestros, de civilizaciones mucho más adelantadas que la nuestra, vienen a decirnos con su presencia que ellos ya pasaron por este trance, que es la ley, que es igual para todos sin excepción. No intervienen directamente sobre nuestro proceso evolutivo, pero nos confirman, que existen otros estadios y moradas; y que al igual que ellos lo han alcanzado, nosotros también podemos. Es una invitación al esfuerzo y a la lucha por mejorar, y es la manifestación del Amor y de la Justicia Divina, que en los momentos tan decisivos que nos depara este cambio de ciclo, ya muy por adelantado, se nos está brindando la ayuda por parte de nuestros hermanos superiores; no sólo desencarnados, sino también, encarnados como lo es en el caso de los extraterrestres; vienen de mundos de regeneración no sólo como observadores, sino también para trabajar codo con codo con los espíritus desencarnados que tienen como misión encauzar a esta humanidad precisamente hacia un mundo de regeneración. 
 
  Estas y otras muchas más circunstancias que concurren en nuestros días, son sin duda síntomas claros, evidentes y diferenciadores que anuncian un nuevo orden de cosas; para muchos pasarán desapercibidos y ni si quiera los aceptarán; pero para muchos otros, son signos inequívocos de un cambio que ya no tiene marcha atrás. El que tenga ojos para ver que vea…, decía el Maestro Jesús. 
 
  Con todo; el hecho más importante a señalar, es la necesidad de un cambio de rumbo en la manera de ser y de pensar. La humanidad ha entrado en la mayoría de edad, y al igual que a un niño, llegado el momento, no se le pueden permitir ciertas pautas de conducta propias de un tiempo y una edad, a nuestra humanidad tampoco se le permite seguir cometiendo los mismos errores que en etapas anteriores, es el momento de superar viejas tendencias, es el momento de dejar atrás el egoísmo, la vanidad, el orgullo y aquellos defectos que impiden el desarrollo y evolución de la humanidad, y para ello no hay otra fórmula, es necesario que se realice la gran selección. 
 
  Selección natural que viene determinada por el grado de evolución alcanzado por cada uno de nosotros y que será el único hecho que nos permitirá seguir encarnando para progresar en la tierra o nos lo impedirá al producirse la transmigración progresiva de almas que es lo que significa la TRANSICIÓN PLANETARIA. 
 
G.H.M.
 

 

© Grupo Villena 2013
 

MISIONES ESPECIALES

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  El grado de evolución de un espíritu es el factor determinante para ajustar la misión que éste ha de traer cuando encarna en una materia y se dispone a realizar un trabajo en una existencia.
 
  Dios concede a cada espíritu una misión que esté al alcance de sus posibilidades para poder cumplirla y de ese modo vaya pro­gresando incesantemente. No obstante, si un espíritu carece de experiencia en cuanto a la misión que viene a realizar puede torpear una vez encarnado en su materia y por consiguiente fallar o no llevar a cabo en toda su dimensión dicho cumplimiento.
 
  También puede fallar un espíritu por no dominar bien su materia y dejarse llevar por las tendencias de la misma ante las pruebas que la propia vida le va deparando.
 
  La materia es pues un obstáculo importante para el espíritu ya que puede frenarle mucho en su intento de llevar a cabo una misión y puede también desviarle de su camino al oscurecerle la visión de lo que ha venido ha realizar.
 
  La fortaleza de espíritu, la predis­posición hacia el trabajo y la espiritualidad en definitiva, son la tabla de salvación a la cual hemos de asirnos para no sucumbir ante las pruebas y las dificultades que surgen en nuestro camino y lograr no perder nunca la conciencia, la fe y la intuición de lo que hemos venido a hacer.
 
  Hay espíritus que vienen a la tierra con misiones importantes que cumplir, misiones muy bien trazadas y planificadas desde el plano espiritual que están al alcance de dichos espíritus poder cumplirlas, pero si fallan en algunos de los aspectos citados anteriormente pueden desorientarse y llevar al traste todo lo que habían prometido.
 
  Estas son misiones netamente espiri­tuales, con un alto grado de compromiso personal, son misiones de tales caracte­rísticas que incluso el libre albedrío del espíritu puede verse limitado, ya que está obligado a ceñirse muy adecuadamente al compromiso que trae con su misión. Para lograr esto, ha de estar muy bien sintonizado con el plano espiritual positivo y seguir el camino que éste por medio de intuición, de comunicaciones, etc., le vaya marcando. Este camino será rebosante de espiritualidad, de ayuda al prójimo, de humildad, de clarificar las ideas a las gentes, por resumirlo: un camino de entrega y sacrificio que ha de llevarle a mejorar día a día su conducta y a estar en las mejores condiciones para servir de puente del plano espiritual.
 
  A algunos espíritus, a la mayoría por ser más claros, nos cuesta alcanzar ese grado de dominio de nuestra materia y coger esa sintonía con el plano espiritual positivo, esto nos ocurre porque venimos a conseguir entre otras cosas el equilibrio que nos falta, tenemos los materiales pero nos falta llevar a cabo la obra.
 
  Pero hay ya espíritus que son verdaderos expertos en realizar misiones de este tipo. Espíritus que son verdaderos especialistas en cumplir con los importantes objetivos que el Padre por Ley de Evolución tiene destinado para un planeta. A estos espíritus, por su categoría, se les conoce por el nombre de «Peregrinos del Sacrificio», puesto que se ofrecen voluntariamente venir a un planeta para hacer una misión de tales características que sólo espíritus de su talla, de su elevación moral, pueden cumplir con total garantía de éxito, con la gran ventaja de que logran no sólo realizar su misión, sino ayudar a que muchos otros que vienen amparados en él y unidos en una misma misión conjunta, puedan también cumplirla gracias a la guía, la orientación y los conocimientos que de éste reciben.
 
  Por supuesto, que para poder cumplir una misión de tal envergadura, que tiene un alcance de carácter mundial, estos espíritus traen junto a su fuerza personal, facultades espirituales innatas excepcionales, que le ponen en una comunicación fiel y limpia con el plano espiritual positivo, que le llevan a conocer de tal modo toda la parte negativa que hay en el planeta que es prácticamente imposible que se pueda ver engañado o enmarañado por las fuerzas inferiores del bajo astral, las cuales constituyen un auténtico problema para muchos otros que no teniendo dicha categoría espiritual, ni moral, sí pueden verse con auténticas filtraciones de estas entidades que les desbordan y les llevan al fracaso de su cometido.
 
  Para estos espíritus, aunque venir a realizar una misión así. saben que es muy fuerte y de mucho trabajo -pues tienen que luchar en una humanidad donde reinan valores más negativos que positivos-, es también una satisfacción, pues disfrutan al contemplar el modo que tiene el Padre de que sus planes lleguen a feliz término, y se entusiasman al observar el trabajo que los espíritus desenvuelven desde el espacio para que esto sea así, así como por la buena acogida que muchísimos espíritus encarnados le dan al saberse que están siendo ayudados por un espíritu muy especial que ha venido voluntario a tenderle una mano. Es una maquinaria en la que todas sus piezas son importantes si saben cumplir bien su función.
 
  Su única tristeza es comprobar que muchos otros se van quedando detrás en el camino, que abandonan su misión dejando el trabajo a medias, todo por culpa de su falta de conciencia y por no haber sabido mantener la orientación espiritual que nos va marcando el camino a seguir; esta pérdida de orien­tación puede llevar a confundir de tal modo que convierte los defectos en virtudes y es entonces cuando se produce el contacto con las fuerzas negativas del planeta y por aña­didura la imposibilidad de llevar a cabo la misión dentro de los cauces que Dios precisa.
 
  Son espíritus que han adquirido ya tal grado de espiritualidad, de perfección en muchas virtudes que sólo desean llevar a feliz término la misión que el Padre les ha encomendado, y que para ello no regatean esfuerzos para vencer todas las dificultades que se le presenten y que igualmente no dudan en sacrificarse en todo aquello que pueda molestarle en su camino.
 
 Son espíritus que no quieren nada para ellos, que sólo se complacen en el bien de la humanidad, pues han venido para eso, no tienen ni una pizca de egoísmo en su corazón, ni orgullo, ni vanidad. De ellos depende que una misión llegue a realizarse o no, y eso para ellos es lo más importante en su vida y ponen el cumplimiento de esta misión por encima de las cosas terrenas, no existiendo ninguna ligadura humana que pueda hacerle flaquear y fracasar en su misión.
 
  Por estas razones el Padre confía plenamente en ellos, porque sabe hasta que punto son capaces de renunciar a sí mismos y sacrificarse por los demás, porque sabe que su espíritu está limpio de impurezas y de maldad, porque son fieles, humildes y con un gran espíritu de amor hacia sus semejantes.
 
  Por todo ello, el Padre los envía a la tierra para el cumplimiento de las empresas más difíciles y más importantes, seguro de que van a triunfar a pesar de todas las dificultades que los humanos podamos poner­les, porque no vienen solos, porque al igual que ellos representan un alto grado de evolución espiritual en la tierra, su protector, aquel que le acompaña y que tiene el encargo de Dios de que esa misión se cumpla, es también un espíritu excepcional en el espacio, verdadero ángel de Dios que sabe muy bien como han de conducir a su protegido y librarle de todos los males que puedan interferir en la misión que ambos han traído.
 
 
 
F.H.H.

NECESITADOS DE UN RUMBO

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   Es indudable que nos enfrentamos a uno de los retos mayores de todos los tiempos, la humanidad a estas alturas del siglo XXI no sabe hacia dónde se dirige. La multitud de opiniones en todos los órdenes es tan dispar que es difícil saber quién acierta en sus pronósticos. Los tiempos son convulsos, todo está cambiando a pasos agigantados, los gobiernos hacen predicciones que luego no se pueden cumplir o resultan todo lo contrario. La población crece y crece sin cesar, y con ella la sombra de la preocupación y el desasosiego por los tiempos en que nos ha tocado vivir aumenta día a día.

 

  Los padres se preocupan por el futuro de sus hijos, al que no terminan de ver con claridad, la juventud no está conforme con lo que observa a su alrededor, los ancianos nos dicen que ya nada es igual. Creíamos que habíamos alcanzado un estado de bienestar y ahora parece que volvemos a retroceder, que todo se nos viene abajo.
 
  Es complejo y penoso, pero sin duda es algo en lo que nos debemos parar a pensar y reflexionar con suma gravedad: ¿hacia dónde vamos? ¿En qué carrera estamos metidos? ¿Hay un camino a seguir? ¿Se atisba algún puerto de esperanza y porvenir a lo lejos? ¿Hay unas reglas que nos pueden servir a todos o cada cual ha de seguir el rumbo que le parezca?
 
  La realidad parece ser esa, que no sabemos hacia donde nos dirigimos, hemos perdido la fe en los sistemas, en las personas, en los líderes, hasta en las religiones. Gran parte de los valores y los principios que eran “sagrados” se están perdiendo, hemos pasado de la fe a ciegas a la descreencia casi total y absoluta.
 
  El ser humano necesita tener un norte al que aferrarse, una mirada puesta en un horizonte que pueda y deba alcanzar, si no es así estará perdido y sus acciones y sus metas estarán muy alejadas de la realidad espiritual que lleva dentro y por supuesto de los objetivos que como espíritu a traído a la tierra. Esto es lo peor de todo, hemos perdido el sentido espiritual de nuestra vida y con él se han ido también muchos buenos principios y propósitos que son los que pueden hacer que nuestra vida transcurra por un cauce positivo, dentro de una ética y de una moral adecuada.
 
  Casi todo en nuestra sociedad gira en torno a fines y propósitos meramente materialistas, basta unos sencillos ejemplos. Todos queremos que nuestros hijos estudien, la mayoría lo hace porque es el medio de conseguir un mejor puesto de trabajo para el día de mañana, si lo consiguen ello lleva consigo una serie de facilidades y comodidades a nivel material, pero en muchos la vocación no está presente. La vocación debería ser la primera asignatura que deberíamos aprobar, sin embargo ésta no cuenta para nada. Sólo se tiene en cuenta la inteligencia que se pueda demostrar sobre un papel. Vemos como una vez más los valores humanos quedan relegados a nada.
 
  En cuanto al trabajo, por citar otro de los aspectos más importantes de nuestra vida, la mayoría acudimos a nuestro puesto de trabajo por rutina, porque no nos queda otra, pues es el medio de ganarnos el sustento, pero muchos de los trabajos son monótonos, rutinarios; ni siquiera nos permiten tener vocación y estima. Están pensados para producir mucho y a los que hemos de dedicar muchas horas, esta filosofía del trabajo, que es muy materialista, de producir más y más, destruye gran parte de la humanidad que anida en nuestro interior, no dejándonos espacio ni tiempo suficiente para cuidar de nuestros hijos, de educarlos, de quererlos de transmitirles los valores de paz y de amor.
 
  Nuestros hijos que son lo mejor que tenemos se quedan sin el amparo y el cariño de sus padres porque tienen que dedicarle la mayor parte de su tiempo a trabajar. Lo más valioso que tenemos lo dejamos apartado. La labor de padres, la vida familiar, no es compatible con la vida profesional, el sistema no ha tenido esto en cuenta. 
 
  Este es uno de los mayores despropósitos que se pueden formular, millones de personas no pueden trabajar y a otros millones su trabajo no les permite cuidar de sus hijos. Esta no es sin duda la mejor manera de construir las bases de una sociedad justa, equilibrada y un futuro venturoso y prometedor para las nuevas generaciones, sencillamente porque no se están poniendo los cimientos necesarios para el buen funcionamiento de la misma.
 
  Podríamos citar muchos y muchos ejemplos más, todos ustedes sin duda podrán enumerar muchísimos ejemplos en los que falla este sistema, este modo de vida que llevamos, se puede decir sin orden ni control, al que le falta lamentablemente el ingrediente principal: LA ESPIRITUALIDAD.
 
  Todo porque no sabemos todavía hacia dónde vamos. Aún no sabemos de dónde venimos ni qué hacemos aquí. Y lo peor de todo es que cuando sale una voz arrojando un poco de luz, procuramos ahogarla y no prestarle ningún crédito, con lo cual seguimos perdidos y al pairo de los acontecimientos.
 
  En dónde queda el espíritu, el desarrollo de sus valores y potencialidades que son infinitas. No somos libres, somos esclavos de nuestros defectos e imperfecciones, pero principalmente somos esclavos por la ignorancia espiritual que poseemos. “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”, reza el Evangelio, fuente de Sabiduría intemporal.
 
  Volvamos a la senda del Evangelio, no hay mejor líder, persona, mejor ejemplo y veracidad que la del Maestro Jesús. El sí sabe hacia dónde vamos, El sí sabe dirigir la nave Tierra, El marcó un rumbo seguro, del que al habernos alejado tanto del mismo está dejando la nave tan maltrecha y perdida.
 
  Hemos de afrontar esta época de transición con valentía y sin tibiezas, esta es la hora de la verdad, que colocará a cada uno en su lugar según sus obras, no según sus conocimientos. Es la época del cambio, estamos cruzando una transición, ahora estamos en medio del bosque, no vemos más allá, pero el que resista, el que se sacrifique y oriente su timón hacia el Evangelio ese llegará a buen puerto. Vivimos en la época de demostrar cómo hemos aprovechado las existencias que hemos tenido en estos últimos 2.000 años, eso es lo que marca nuestro grado de evolución, es la última oportunidad que se nos está dando para continuar en esta nave.
¿SABEMOS YA EN QUÉ ÉPOCA ESTAMOS VIVIENDO?
 
L.R.K
 

 

© Grupo Villena 2013

MEDIUMS INCONSCIENTES

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  En el artículo del pasado mes centré el tema sobre la fiabilidad de los trabajos mediúmnicos de los médiums conscientes, tratando en breve sobre los riesgos que éstos implican; vamos a analizar ahora la mediumnidad inconsciente.
 
 Los médiums inconscientes, también llamados médiums mecánicos o automáticos, son denominados así porque durante el trance no son conscientes y por consecuencia no saben el trabajo que el espíritu que viene a expresarse por ellos está realizando. 
 
 Esta clase de médiums componen una minoría en comparación con los médiums conscientes, pues las facultades mediúmnicas que más se dan son las de intuición, las conscientes. 
 
 Por lo que se puede considerar, bajo mi punto de vista, que los médiums inconscientes constituyen una especialidad dentro del orden general de las manifestaciones mediúmnicas. 
 
 Este aspecto que caracteriza este tipo de facultades es muy importante tomarlo en consideración, pues a diferencia de los médiums intuitivos o conscientes, éstos no intervienen en las comunicaciones, y por lo tanto, no pueden interferir en las mismas, en definitiva, no pueden quitar ni poner nada que emane de sus propias ideas o pensamientos, porque en el momento del trance está como ausente de su organismo. 
 
 Los espíritus encuentran en este tipo de médiums el instrumento ideal para realizar el trabajo que desean traer para nuestro plano sin ningún impedimento por parte del espíritu del médium, ya sea éste voluntario o involuntario, como ocurre con mucha facilidad en los médiums conscientes. 
 
 Con el único obstáculo que puede chocar el espíritu que viene en busca de estos médiums será la propia limitación que produce estar constreñido en la materia y por ende, las características morales e intelectuales que posea el médium, las cuales también pueden condicionar, y asi suele suceder, a la hora de expresarse el espíritu. 
 
 Un ejemplo que puede hacer comprensible esta cuestión, es utilizar el simil de que el organismo del médium es la herramienta que utiliza el espíritu y dependerá del estado en que esté esta «herramienta» que el espíritu podrá expresarse con ella con mayor facilidad o por contra, dificultad. 
 
 Pongamos por caso que se trate de un médium de incorporación, llamado también médium parlan­te, dependerá del grado cultural, intelectual y moral que tenga la persona, que el espíritu podrá expresar su pensamiento con mayor enriquecimiento de palabras y expresiones porque en ese momento el espíritu está también obrando en el cerebro del médium, de donde extrae las palabras más adecuadas asi como el lenguaje. 
 
 De aquí extraemos también una importante consideración y es que a pesar de que este tipo de facultades sean inconscientes, y que el espíritu del médium no influye en los trabajos, sí por contra influye su organismo y es por este hecho que los espíritus pueden encontrar en unos más facilidad que en otros para expresar con mayor claridad y profundidad los conceptos e ideas que quieren dar a conocer. 
 
 Es por esta razón que dentro de estos médiums los hay que tienen aptitudes especiales para cierto tipo de trabajos y comunicaciones, y así los espíritus buscan para lo que desean transmitir o realizar a los médiums que son más idóneos para ellos. 
 
 Es interesante comprender esta característica, pues no debemos confundir la idea de que un médium mecánico o inconsciente sirva por ello para todo, pues como vemos esto no es así. Lo que si podemos aseverar es que los trabajos que estos médiums realizan son mucho más fiables que los de los otros tipos, porque el médium no tiene «intereses creados» ya que no sabe lo que en el momento del trance se está realizando a través de su materia. Pero no debemos extrapolar este hecho y pedirle a estos médiums que pasen por ellos los espíritus y nos hablen de todas las cuestiones con la mayor sabiduría y perfección, porque para esto, se necesitaría una facultad de mediumnidad muy especial y un médium con esta misión y con aptitudes personales también especiales. 
 
 En el marco de estas consideraciones debemos comprender que los médiums vienen a la tierra cada uno con una misión particular, y es en ésta en la que se deben centrar específicamente, sin querer sobrepasar los limites que estén definidos en su facultad. 
 
 Así podemos encontrar a médiums de distintos tipos, por ejemplo, los sanadores, como fue el célebre caso de Edgar Cayce, llamado el profeta durmiente, los de inspiración artística, médiums escribientes, poetas, parlantes, de aportes, etc. 
 
 Como vemos cada uno de ellos tiene una aptitud especial para realizar un tipo de trabajo, y generalmente éstos son bien ejecutados pues cuando el médium se presta gustoso y voluntario para que el espíritu tome parte en su materia éste puede hacer su trabajo muy bien, no obstante, si el médium está rebelde o no desea servir al espíritu, es decir, si se presta a hacer el trabajo con desgana o porque ve que no tiene más remedio, también puede influir como impedimento y entonces al espíritu le costará mucho más trabajo hacer su obra. Esto consiguientemente cargará al médium con una responsabilidad de la que tendrá que dar cuentas en su momento. 
 
Resaltar por último que en estos médiums podemos encontrar tanto a aquellos que han venido con esta facultad impuesta, como de prueba e incluso natural. Esto lo podremos deducir no por el trabajo concreto que realicen los espíritus, sino por la forma de tomarse el médium esta responsabilidad que conlleva su facultad, siendo como siempre recomendable no provocar en el médium ninguna actitud de vanagloria y fanatismo, pues es más prudente darle el mérito del trabajo que se realiza a su ejecutor, al espíritu, y de este modo el médium llevará una linea de sencillez y de humildad que es el mejor camino a seguir para cumplir son su misión y conseguir progresar espiritualmente. 
 
F.H.H.
 
Dios ha escrito sobre sus obras la prueba de su existencia; pero la prueba de las pruebas la llevamos impresa en la conciencia. 
 
MARIANO AGUILÓ