Transición planetaria

LAS PROFECIAS DE JESÚS

¿Qué tienen que ver las profecías de Jesús con la transición planetaria?
Mucho, pero para comprender esta cuestión es preciso que valoremos en profundidad la presencia en la tierra de Jesús encarnado y el mensaje que nos legó.
 
¿Nos hemos preguntado alguna vez el porqué de la encarnación de Jesús en la Tierra?
Siendo un espíritu de tan alta categoría espiritual, debemos empezar por comprender el gran sacrificio que supuso para su espíritu lograr constreñirse a una materia; es como pretender meter un rayo de sol en un cántaro. Todavía no podemos imaginar desde nuestro grado de evolución, lo que representa para un espíritu de ese nivel lograr encarnar en una materia. Es algo muy difícil. Al igual que los espíritus más atrasados necesitan de manera perentoria la reencarnación y se sienten atraídos fuertemente por la materia, a mayor elevación espiritual más dificultad y más incomodidad les  representa el proceso reencarnatorio.
 
Por otro lado debemos también considerar que existen muchísimos grados de espíritus elevados por debajo de la categoría del Maestro de Maestros, que podían haber encarnado para dejar un mensaje y un ejemplo de espiritualidad; como lo hicieron por ejemplo, krishna, Buda, Confucio, Lao Tse, los grandes filósofos y pensadores griegos, y el mismo Juan Bautista, al que Jesús, nada más y nada menos, le confirma que es el más grande nacido entre los hombres, amén de entre otros muchos, que ni siquiera han transcendido sus nombres hasta nuestros días. Es decir, que  espíritus de alto nivel de espiritualidad dispuestos a encarnar y transmitir enseñanzas de amor y de sabiduría, siempre los ha habido.
 
La humanidad nunca ha estado huérfana de ayuda espiritual, en todas las épocas y en todos los continentes según el grado de evolución y las necesidades de progreso, han sido,  no cientos, sino miles los espíritus de orden superior que bajo las órdenes de Jesús han ido colaborando con el maestro en la evolución del planeta para que este alcanzase mejores estadios de luz y de progreso. Por ello no ha sido  necesario que el propio Jesús tuviese la necesidad de encarnar y someterse a tamaño sacrificio. Su lugar, hemos de admitir, está más en el plano espiritual, como mentor de nuestra humanidad que encarnado.
 
¿Por qué pues adoptaría esta decisión y tomaría una materia?
Debió tener sin duda razones de índoles superiores más que justificadas. Además de la capacidad de amor, renuncia y sacrificio que estos espíritus tienen, porque, sin pensar ni por un momento en ellos mismos, toman estas misiones tan especiales y bajan a la Tierra en una materia para dejar un mensaje que quede por siempre en la memoria de todos.
 
Otra razón, no menos meritoria es que al contrario de lo que acontece en la Tierra, -haz lo que yo diga, pero no lo que yo haga- Jesús sea el primero en demostrarnos como hemos de comportarnos cuando estamos en una materia; y que, cualidades como el amor, la caridad, el perdón, el servicio, y la renuncia a uno mismo, han de ser las condiciones irrenunciables con las que hemos de ir sustentando todas nuestras actividades.
 
Pero a mi juicio, la razón principal se debe a que la Tierra, en poco tiempo, “desde un punto de vista espiritual”, iba a sufrir grandes transformaciones. Los espíritus que conformamos este ciclo de evolución estábamos encarando la recta final, que nos conducía a la transición planetaria, al tan nombrado fin de los tiempos; fin de los tiempos para la barbarie, el animalismo, la ignorancia, el egoísmo, etc.
 
La razón fundamental es, sin lugar a dudas, que la Tierra terminaba su ciclo como mundo de expiación y prueba y tendría que comenzar su fase de mundo de regeneración. A falta de unas cuantas existencias nos estábamos jugando nuestro progreso espiritual.
Al igual que un Padre se desvela por todos sus hijos, poniendo a su alcance todos los materiales, las herramientas y cuanta ayuda y  oportunidades necesite para que no se distraiga durante el curso escolar,  les va dando avisos, les llama la atención, les da un empujoncito si lo necesitan; a fin de que cuando lleguen los exámenes finales estén preparados y no tengan que repetir el curso; pues igualmente Jesús es lo que hizo en su encarnación, recordarnos constantemente que el fin estaba cerca. Es lógico y razonable pensar que ante la importancia de este hecho, el Maestro no podía delegar esta tarea, sino que debía ser el responsable de transmitir este mensaje.
 
Su vida íntegramente es un modelo a seguir, sus enseñanzas, sus obras, no tienen parangón, nunca hubo nadie en la Tierra que nos enseñara tanto, y con ejemplos tan sencillos pero tan firmes; ejemplos que el paso del tiempo no ha podido destruir. Él es la síntesis del amor, de la humildad, de la entrega, Él es el camino a seguir. Pero al mismo tiempo si prestamos la atención suficiente, toda su enseñanza tiene como trasfondo la incuestionable llegada de la Tierra a un fin de ciclo; nos está diciendo en gran parte de su evangelio que nos preparemos para aprobar el examen, que es de moral y de espiritualidad.
 
Insisto, gran parte del mensaje de Jesús, no hace, sino refrendar los momentos que estamos viviendo ahora en plena transición planetaria. Sino; porque hace mención tantas veces al “juicio final”, al fin de los tiempos, a los de la derecha e izquierda del Padre, a los tiempos son llegados, a la llegada del hijo del hombre. Si hacemos un estudio del evangelio, centrándonos en este sentido, observaremos, un Jesús profético que otorga una tremenda importancia a  la llegada del cambio de ciclo, siendo sin lugar a dudas, al hecho que más transcendencia le da.
 
Nunca antes, ningún profeta, ningún gran ser de los que han encarnado en la Tierra había hablado tan claro y con tanta contundencia de este acontecimiento. Esta era una enseñanza y un mensaje que Él, en primera persona debía transmitir.
 
Recordemos la parábola del festín de bodas: había un invitado sin vestidura de bodas, y Jesús le dice, cómo has entrado en mi fiesta sin vestidura de bodas, y entonces Jesús lo expulsa del festín porque no es digno del mismo. Amigos pensemos que representa el festín y que representa la vestidura. Sin duda no es la ropa. A los mundos de regeneración no se llega por inercia, se accede porque se han adquirido los valores morales necesarios. Ya hemos pasado diversas evaluaciones y para ello tuvimos los profesores encomendados por Jesús para enseñarnos las lecciones necesarias y el camino a seguir. Pero ahora en el examen final viene el Maestro en persona, es el propio Jesús quien encarna en la tierra para supervisar y dar los últimos retoques, anunciándonos esa nueva etapa tan deseada: la Tierra como planeta de regeneración.
 
G.H.M.
 
© Grupo Villena 2013
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