Valores humanos

FORTALEZA

  Voluntad, Amor, Sabiduría y Justicia, son los valores de que está hecho el espíritu humano, nuestra verdadera constitución no es de sangre, músculo y huesos, el tejido de que está hecho nuestro ser es de sentimientos, de conciencia, de libertad, de capacidades intelectuales, morales y espirituales, que hemos de ir atesorando a lo largo de nuestra evolución para ser cada día más perfectos y estar más cerca de Dios.

  Pero nuestra humanidad en general, no está por estos logros, está por vivir lo más fácil y cómoda su vida, está por procurarse su felicidad ya, por muy efímera que esta sea, está por conseguir lo máximo con el mínimo esfuerzo, descuida su parte espiritual, desconoce la meta a que como espíritu en proceso de evolución ha venido a conseguir en la vida, y se encuentra por regla general en manos de la vida placentera sin pensar en sus consecuencias, subyugado por la parte material. Es el ser humano de la actualidad un compuesto de egoísmo, de orgullo y vanidad, de carácter violento, lleno de miserias morales y sin fuerza de voluntad para afrontar las pruebas y vicisitudes de la vida con nobleza, con dignidad, incapaz de actuar bajo los dictados de su conciencia, la cual ha sido suplantada por el descontrol de sus hábitos materialistas.

  Somos muchas las personas que un día en nuestra vida sentimos la necesidad de mejorar interiormente, el ansia de encontrar respuestas a muchas preguntas, sentimos un vacío interior que no hemos podido llenar con nada hasta el presente, nos sentimos incómodos, insatisfechos y en desacuerdo con la conducta general que observamos en el panorama mundial. Todo esto es debido a la fuerza que genera la Ley de Evolución en nuestro espíritu y que nos impulsa a dar un paso más en aras del progreso.

  Adquirir fortaleza es en este sentido un arma invalorable, para poder romper con todo aquello que nos ata, que nos frena y que nos está impidiendo llevar una vida acorde con los impulsos que nuestro espíritu nos transmite. Necesitamos estar libres de impedimentos, de todo aquello que sea molesto para el pleno desarrollo de nuestra parte espiritual, que mediante la conciencia nos pide a gritos que le demos paso. Actuando con fortaleza, con templanza, con vigor y ánimo de espíritu podemos sacar la energía necesaria para ir haciéndonos fuertes ante las debilidades, los temores, las dificultades y los errores que como humanos vamos a cometer, aunque así no lo queramos.

  Son muchas las experiencias que nos restan por vivir en el transcurso de la existencia, los problemas que pueden surgir, las circunstancias que nos pueden venir sin estar preparados para ellas, las cosas desagradables a las que tengamos que hacer frente, etc., situaciones todas ellas que no debemos ignorar, ni eludir, sino madurar con ellas asumiendo la responsabilidad que nos compete, de esta forma adquirimos fortaleza, vigor, valentía y coraje y aprendemos a dominar las circunstancias, antes que estas nos pongan fuera de control.

  «Lo que un hombre ha hecho, otro hombre puede hacerlo», reza un dicho filosófico. Es cierto, sólo es cuestión de esfuerzo y de ha-cer hincapié en ello. Nada nos viene solo, todo hemos de conseguirlo con esfuerzo y con trabajo, el sueño más esperado que podamos tener viene como fruto del esfuerzo y de los pasos necesarios para que pueda cumplirse. Desde un punto de vista espiritual la constancia, la paciencia, el tra-bajo en suma, son los mejores aliados para conseguir las metas propuestas. Partiendo de una actitud humilde hemos de reconocer las numerosas carencias morales que poseemos, es aquí donde adquiere especial relevancia la voluntad y la fortaleza, para acercarnos a los propósitos deseados.

  Ya no vale el «yo soy así» y no puedo cambiar, en absoluto, sino que hemos de fijarnos en los modelos que la historia nos ha mostrado de personalidades que se han hecho fuertes en la renuncia a sí mismos, en el dar, en amar, en enseñar al que no sabe, en el trabajo esforzado a fin de realizar sus propósitos, y en llevar a cabo una conducta ejemplar.

  Esto es lo que nos vale, el que motivados por la gran ilusión que siente nuestro espíritu al reconocerse como tal, pone en marcha la gran fuerza de voluntad que del «cielo le viene» basta con que se lo proponga para vencer sus debilidades y atravesar los obstáculos. Ya lo decía de esta forma Julio César: «Nada es tan difícil que no pueda conseguir la fortaleza».

  La fortaleza, poner en práctica la fuerza de voluntad, es un hábito valiosísimo, incomparable con nada si aprendemos a usarlo, debe ser para nosotros, que queremos progresar, que sabemos el atraso
evolutivo que tenemos, -esta es la pura realidad, no nos llamemos a engaño- nuestra forma de trabajar de aquí en adelante.

  ¿Porqué decimos: esto no puedo conseguirlo? ¿A mí me es imposible realizar aquello? ¿Por más que lo intento no puedo dejar este hábito, esta tendencia, esta debilidad? No nos equivoquemos, sí que podemos, pero tenemos que quererlo con sinceridad y poner la fuerza de voluntad necesaria, fuerza de voluntad que tenemos pero que la dejamos guardada en el bolsillo sin hacer uso de ella.

  Debemos mentalizarnos de que existe en nosotros esa fuerza de voluntad que nos ayudará a conseguir nuestros propósitos, a mantenernos firmes ante nuestros ideales, disponibles para realizar el trabajo espiritual y moral a que estamos llamados. Esa fuerza de voluntad de la que no carecemos, porque Dios nos la ha dado como recurso fundamental para progresar, pero que repito no ponemos en práctica, esa voluntad es nuestra tabla de salvación, que nos fortalecerá espiritualmente y forjará en nuestra alma una defensa contra todo invasor, como son los defectos, los vicios, malos hábitos, la comodidad, etc.

  Fortaleza es ser dueño de uno mismo, porque se sabe lo que se quiere. Fortaleza es asumir compromisos a fin de desarrollar las facultades de nuestro espíritu, y ser responsable para llevarlos a cabo lo más dignamente que podamos. Fortaleza es ser fiel a uno mismo, no actuar para demostrar nada a nadie, es a uno mismo a quien hay que demostrárselo. Nuestra conciencia ha de ser nuestra consejera y, al mismo tiempo nuestro juez imparcial, es a ella a quien debemos darle cuentas, y cuando no hayamos actuado bien, debemos sentir vergüenza y tener la capacidad de reacción rápida-mente para enmendar el error.

Fortaleza es no amilanarse ante las dificultades. No huir de las empresas que nos exigen esfuerzo. Fortaleza es sacrificarse.

  Veamos en opinión de Bernabé Tierno, cuáles son los enemigos de la fortaleza con los que cada día hemos de enfrentarnos:

1-Falta de confianza en uno mismo y sentimientos de incompetencia.

2-Dificultad para tomar decisiones, pasar a la acción y convertirlas en realidad.

3-Impaciencia,nerviosismo y carecer de un bien pensado programa de acción.

4-Veleidad, ligereza y falta de reflexión y de criterio propio.

5-Abulia,pereza, inconstancia y propensión a seguir la línea del menor esfuerzo.

6-Dispersión de energías y de fuerzas mentales y psíquicas en cuanto se emprende.

7-No dedicarse plenamente, en cuerpo y alma, a la consecución que se ha propuesto.

8-Falta de coraje, de empeño, de ilusión y de entusiasmo.

Fermín Hernández Hernández

© 2013 Amor, paz y caridad

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La fortaleza, aunque desafía en combate hasta el más poderoso destino, siempre se deja aconsejar de su fiel compañera la prudencia.

STEFAN ZWEIG

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