Convivencia

CONCLUSIONES

Nos disponemos a cerrar con este último artículo la sección que nos ha ocupado durante todo un año,  dedicada a la convivencia,  habiendo procurado contribuir con una serie de ideas a un mejor entendimiento de esta palabra CONVIVENCIA, que para nosotros es tan importante.

Con solo tener en cuenta una serie de reglas, podemos practicar una buena convivencia, en cualquier entorno en el que nos desenvolvamos, y dar lugar a crear un clima de paz y de amor entre nuestros seres queridos, compañeros de ideal, amigos, equipo de trabajo, y en general en todas nuestras relaciones humanas.

Debemos tener en cuenta que ninguno de nosotros somos perfectos, al contrario, son muchos los defectos que hemos de pulir, manchitas que limpiar, y un sin fin de detalles que nos afloran en el día a día, que no controlamos y que sin darnos cuenta, podemos llegar a molestar e incluso herir o perjudicar a todos aquellos con los que nos desenvolvemos cotidianamente.

Como ya sabemos, debemos tratar a nuestros semejantes como queremos ser tratados; esta es la Ley y aquí se haya toda la filosofía.

Por tanto en nuestro quehacer diario, debemos ser conscientes de lo mucho que tenemos que aprender, y no digo esto a un nivel intelectual, o de conocimientos, que también, por supuesto. Sino que el momento actual de nuestra evolución es quizás más importante, aprender a vivir, y para esto ineludiblemente hemos de pasar por saber convivir.

La buena convivencia, genera paz, entendimiento y amor.

Donde no existe esa buena convivencia puede producirse todo lo contrario, disensiones, enfrentamiento, luchas por el liderazgo, envidias, y en otros casos deseos de mal y de perjudicar.

La unión hace la fuerza. La separación nos debilita y destruye los cimientos de una nueva sociedad, que entre todos hemos de levantar, basada en la hermandad, la solidaridad y la fraternidad.  Todos los que de uno u otro modo, tenemos inquietudes espirituales, tenemos un compromiso con lo Alto, y no es otro que forjar con nuestro trabajo y ejemplo la tierra prometida, que no es otra cosa que una nueva humanidad teniendo sus bases firmes y sólidas en los valores humanos.

Los que están más atrasados en el camino de la evolución, necesitan del cariño, la ayuda y la solidaridad, de los que están más adelantados. No obstante, debemos aprender todos de todos, porque no existiendo la perfección en ninguno de nosotros, Dios pone a nuestro  lado a espíritus que nos den ejemplo o que pongan a prueba nuestro adelanto, y también lógicamente que dentro de su imperfección puedan aportarnos algo de lo que nosotros carecemos. Esta última es una idea nada descabellada, porque muchas veces tenemos a nuestro lado a personas que dentro de su sencillez y limitaciones, tienen valores de los que otros más adelantados intelectualmente pueden carecer.

Todos debemos ayudarnos, eso es lo mejor. Para eso, contamos con la  inestimable virtud de la humildad, que es ausencia de orgullo y amor propio, característica primordial de los espíritus más perfectos y adelantados que han pisado la tierra y que nosotros hemos de imitar, y seguir su ejemplo.

Sin humildad, y sin deseos de progreso, cualquier organización está abocada  al fracaso.

Sin caridad y sin deseos de anular de una vez por todas, el egoísmo y la vanidad, tampoco conseguiremos llegar muy lejos en cualquiera de los objetivos a los que estamos llamados.

Estas son las dos premisas fundamentales sin las cuales no se puede avanzar en el sendero de la evolución. Las organizaciones espirituales que en la tierra, en estos momentos de transición plantearía han venido a dar un ejemplo, sembrando un semilla, para que fructifique cuando sea llegado su momento, no pueden evitar someterse a una disciplina de solidaridad, de respeto y tolerancia en sus relaciones, porque entonces ya no están dando el ejemplo debido, y no obtienen la fortaleza moral para ser portavoces de un mundo diferente, un mundo en el que el evangelio será la guía definitiva que oriente nuestras vidas.

No imponer nada a los compañeros, de ninguna de las formas, es una regla primordial. Han de ser siempre el diálogo, las buenas maneras y el cariño los resortes por los que se muevan los hilos y se tomen las iniciativas que a todos competen. De esa forma todos somos iguales y todos tenemos las mismas oportunidades para participar, compartir y colaborar.

No censurar, no dar paso a los cotilleos, no menospreciar a nadie,  no dar pie a la maledicencia, ni dejar a nadie apartado; todo esto son errores de lo más comunes y son el inicio del desmoronamiento de los grupos, y con ello abrimos la puerta a las perniciosas influencias negativas tan dañinas en los grupos de índole espiritual.

Al contrario, abrir la puerta a la comprensión, e intentar ponernos en el lugar de los demás, entonces podremos empezar a tolerar y a echar una mano, para que todos los miembros del grupo puedan ponerse a la misma altura, en lugar de crear compartimentos y categorías dentro de un mismo conjunto. Hemos de saber que en un grupo somos todos necesarios y ninguno imprescindible, por mucho que algunos así lo crean.

La rebeldía, es otro de los factores que no se pueden permitir en los grupos espirituales. A nada conduce, solo a crear mal ambiente y a provocar males mayores, es propia de espíritus atrasados poco interesados en cambiar y mejorar. Hay que erradicarla por completo si queremos de verdad elevarnos por encima de las pequeñeces y de los intereses particulares.

La crítica destructiva es la antítesis de lo que uno ha de procurar, una persona que se ha decidido a llevar a la practica la mejora de sí mismo no puede permitirse el lujo de ir criticando y creando malestar y divisiones, porque esto es lo que se quiere conseguir la parte negativa. Como dijo el Maestro, hemos de ver la viga en nuestro ojo y no la paja en el ojo ajeno.

Hemos de estar abiertos al aprendizaje constante, a la renovación de nuestra personalidad; sin esto no hay progreso, hay por el contra, estancamiento, comodidad y amor propio. Nunca sabemos por dónde pueden soplar los vientos del cambio, y lo que nuestros propios compañeros nos pueden enseñar, de las personas podemos aprender más que de los libros, si somos observadores, valoramos a nuestros amigos y estamos dispuestos a hacer el esfuerzo necesario para cambiarnos a nosotros mismos, y no nos empeñamos a que sean siempre los demás los que deban cambiar.

Estas y muchas otras cuestiones hemos querido remarcar y llevar al análisis  de todos nuestros lectores, esperamos haberles podido ayudar al menos un poquito a valorar el sentido de la palabra CONVIVENCIA.

Fermín Hernández Hernández.

©2015, Amor,paz y caridad

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