Libre albedrío

EL DESEO DE PROGRESO

No basta creer y saber, es necesario vivir nuestra creencia, o sea, hacer entrar en la práctica diaria de la vida los principios superiores que adoptamos.

 León Denis. El problema del ser y del destino. Cap. XXIV

Son muchos los factores que nos impulsan cada día en la toma de decisiones. Normalmente muchas de las cosas que realizamos no son meditadas, las hacemos por costumbre, por rutina, monótonamente. Los pensamientos que pululan en nuestro entorno, nuestros sentimientos, las noticias con las que nos bombardean continuamente, el miedo a ser auténticos, transparentes, los conflictos internos, el que dirán, los prejuicios y convencionalismos, y sobre todo, el carácter que llevamos forjado desde hace siglos es lo que mas influye en nuestro desenvolvimiento rutinario.

Por lo tanto, podemos decir que, estamos sujetos a muchos condicionamientos, la mayoría de los cuales no somos conscientes. De modo que, no somos libres del todo a  la hora de elegir nuestros actos, aunque parezca que si.

Son fases del progreso propio e individual de cada uno de nosotros. No todos estamos en las mismas condiciones. Hay muchas personas que ya han pasado por la fase, por ejemplo, del que dirán, y no les importa lo que la sociedad pueda pensar por su comportamiento. Ellos ya han aprendido que cada uno es responsable de sus actos, que no se puede culpar a nadie por lo que se hace o se deja de hacer. Ya se han forjado un carácter, en el que prima su voluntad, su libre decisión, y están por encima de los prejuicios, confían en sus pensamientos y planteamientos, se han decidido a llevar un camino y una actitud ante la vida y esto no hay nada que se lo impida.

Esta es una faceta muy importante para El Progreso que como individuos tenemos la obligación de alcanzar. Muchas personas se echan atrás por el miedo a que se sepa cual es su forma de pensar, la filosofía que abrazan, las creencias que tienen. Esa especie de cobardía es un freno para el proceso de evolución individual, y es uno de los escollos a superar. Si no hay el suficiente deseo de progreso interno no se pueden saltar esas barreras que nosotros mismos nos ponemos, preferimos quedar en segundo plano, no despertar comentarios que nos puedan incomodar, y seguir nuestra vida de rutina. Aunque hay algo en nuestro interior que nos dice que existe algo mas, y que estamos aquí por algo y para algo distinto a la lucha de los intereses  materiales.

Nos falta la fuerza y el deseo de progreso vivo y latente para emprender un camino espiritual, distinto al de la mayoría de las  personas que nos rodean.

Hay un momento en la evolución de todos los individuos en el que sentimos nuevas aspiraciones, algo en nuestro interior está despertando, un impulso distinto, un sentimiento de querer investigar, descubrir, desentrañar interrogantes, un deseo de querer saber y conocer, se nos están abriendo nuevos rumbos, que den un sentido más amplio y profundo a nuestro paso por la tierra. Esto no es ni mas ni menos que el llamado de nuestra conciencia, de nuestro yo espiritual, el yo interno; llamado que resuena en lo mas profundo de nuestro ser y al que debemos prestar la debida atención, para identificarlo con la mayor claridad y enfocar, u orientar nuestra vida hacia la consecución de lo que esa llamada nos demanda y solicita.

En unos puede ser por que viene marcado por un destino determinado hacia nuevas conquistas dentro del campo de la medicina, de la ciencia en cualquiera de sus apartados; otros vienen predestinados a fecundar la tierra con sus nuevas formas de escribir y ofrecer planteamientos filosóficos o culturales, otros vienen predispuestos a servir de medios para formar y crear a las juventudes, esos profesores y tutores a los que tanto debemos en nuestra formación, etc. Son muchos los llamados a lo que podemos venir predispuestos, porque nos hemos comprometido con lo que es nuestro “plan de evolución individual” y son sin duda facetas que debemos ir adquiriendo.

Y otras veces venimos mas o menos libres, pero eso si, impulsados por una fuerza superior, una fuerza interna, que nos impele a movernos, a no caer en la monotonía, a rebelarnos con todo aquello que va quedando caduco y obsoleto, y que ya no sirve como forma y pauta de conducta de las nuevas generaciones. Todos de un modo u otro venimos comprometidos a aportar nuestro granito de arena en pro de las mejoras y avances de la sociedad.

Aunque el progreso es individual, llega un momento en el que es la suma de todos lo que cuenta, y la que por la fuerza natural de los acontecimientos no se puede detener, dando lugar a los nuevos procesos, los cambios tan profundos y necesarios que marcan las etapas y los principios de una nueva fase en la sociedad, en lo que a actitudes, libertades, maneras de entendernos y de comportarnos como seres humanos. Esto es algo que se puede apreciar con facilidad en el transcurso de la historia.

Es por ello importante en los momentos en los que sentimos esa voz interior, prestarle como ya hemos mencionado, la atención necesaria, pues en estos momentos contamos con una ayuda espiritual especial; desde  arriba acuden hasta nosotros los espíritus simpáticos, familiares y protectores que se comprometieron con nosotros para despertarnos, y hacer posible que nos encaminemos a la búsqueda de las tareas que antes de encarnar nos propusimos.

Si ponemos de nuestra parte empeño y voluntad, no nos costara identificar el camino que hemos de emprender; alas invisibles nos ayudarán a orientarnos y ponernos en el camino, despejando y apartando aquellas cosas que pudieran entorpecernos y difuminar nuestro cometido. En ese momento, la ilusión que nos entra por todos los poros es fundamental, cualquier cosa nos parece posible. El entusiasmo unido a la fuerza que el Padre nos da para alcanzar nuestras metas, unidas al deseo de progreso, hacen que nada pueda pararnos y alejarnos de ese llamado interior, que no es otra cosa que la respuesta a nuestro plan de evolución.

Ahora bien, al otro lado esta la parte material, la comodidad, la pereza, los amigos con los que puede haber choque de intereses o prioridades. Incluso la familia se puede oponer al proyecto que nosotros internamente nos hemos trazado. Son todos estos factores que pueden menoscabar, la fuerza, la ilusión y el deseo de progreso que es algo innato en nosotros, porque esta claro que hemos alcanzado un cierto grado de madurez espiritual, y ha llegado el momento en el que hemos de demostrar lo que somos, hasta donde hemos llegado y lo que queremos ser.

El plano material, cuenta también con sus necesidades, la sociedad puede arrastrarnos sigilosamente hacia otros derroteros, hay aquí muchos enemigos ocultos que hemos de saber sortear, enemigos entre comillas, siempre y cuando permitamos que nos confundan y nos debiliten. Pero hay que tener mucho cuidado, de ahí la importancia de abrazar con fuerza esos impulsos, tanto internos como externos, que nos llegan en un momento dado. Es el momento del cambio. Es el momento en el que se alían todos los astros a nuestro favor, es entonces cuando hemos de hacer acopio de fuerzas, unirnos con aquellos que sean  afines a esos principios para que la union que hace la fuerza nos ayude en los momentos de flaqueza.

Ninguno de nosotros está exento de momentos de flaqueza y debilidad, somos espíritus imperfectos en busca de la felicidad, caminamos al encuentro de nuestra propia realidad, al mismo tiempo que nos hemos comprometido con la causa del Maestro, a mejorar la sociedad aportando en primer lugar nuestro propio ejemplo.

Como vemos, no hay libre albedrío sin responsabilidad, sin planificación. Hay si un plan divino de la evolución, y unas metas individuales que alcanzar, en eso se basa el libre albedrío primero, en saber elegir, y después en ser capaces de alcanzar los logros de aquellas realizaciones que nos capacitan mas y mejor en el proceso de nuestro crecimiento.

Fermín Hernández Hernández

2015  © Amor, paz y caridad

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