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PORTUGAL ABRIL 2018

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Conferencia en la sede de la Federación Espírita Portuguesa.
Conferencia de nuestro compañero Antonio Lledó en la sede de la Federación Espírita Portuguesa.

UNA GIRA INOLVIDABLE

 

Viaje a PortugalEl pasado de Abril, iniciamos una gira de diez días por nuestro hermano país ibérico: Portugal. Es necesario explicar que, además de las conferencias programadas, las actividades a las que fuimos invitados a participar, nos ofrecieron la oportunidad de constatar la pujanza del movimiento espírita en el país hermano, en contraposición con el movimiento institucional espírita en España, sin duda, en franco retroceso y división.

Invitados por amigos portugueses, tuvimos la oportunidad de estrechar lazos de afecto con compañeros de ideal conocidos tiempo atrás. Al mismo tiempo vislumbramos por vez primera relaciones fraternales con hermanos que -sin duda- supusieron un reencuentro para nosotros gracias a la afinidad, simpatía y sintonía inmediata que hubo con ellos y que nos confirma reminiscencias del pasado de un trabajo conjunto.

Por otro lado, la amabilidad y afecto con el que fuimos recibidos en todos los centros e instituciones que visitamos, nos confirma que esta doctrina de carácter universal, es capaz de unir a las personas bajo lazos de fraternidad únicos y extraordinarios a pesar del idioma, la cultura o las situaciones propias y particulares de cada uno.

José Teiga departiendo con João y Antonio

En una primera etapa, el día 21 de Abril nuestro compañero Antonio Lledó ofreció en la sede de la FEP (Federación Espírita Portuguesa) en Lisboa la conferencia titulada ”VISIÓN ESPÍRITA DEL SUICIDIO”, con gran asistencia de público y singular expectación. Allí fuimos recibidos afectuosamente por José Teiga Vicepresidente de la FEP. Ese mismo día se inauguraban en Caldas de Rainha, las XIV Jornadas de Cultura Espírita, organizadas por José Lucas del CCE (Centro de Cultura Espírita) Caldas de Rainha y la ACEA (Asociación de Cultura Espírita de Alcobaça) y apoyado por ADEP. Así pues, esa misma tarde nos desplazamos para participar de este magnífico evento junto con unos 500 espíritas procedentes de varios países. Este importante evento fue aperturado por el Presidente de la FEP Vitor Feria.

Antonio Lledó en la Jornadas de cultura espírita.

Al siguiente día, nuestro compañero Antonio Lledó ofreció de nuevo una ponencia en las Jornadas titulada “EL HOMBRE PSI, EL HOMBRE DEL FUTURO”. Tanto ésta, como la conferencia del día anterior en la FEP fueron ofrecidas en portugués, aspecto este que causó gran sorpresa y expectación entre los asistentes, al margen de la calidad de la exposición, que dejamos a su criterio, por si desean visualizarlas en las páginas de YouTube de ADEP o Youtube AmorpazyCaridad.

En los cuatro primeros días de convivencia fraterna con tantos amigos, hermanos de ideal y compañeros, pudimos constatar que el movimiento espírita portugués no sólo es fuerte y progresa adecuadamente sino que la atención y el sentimiento fraterno gobierna la mayoría de las actitudes de sus componentes. Desde aquí nuestra enhorabuena, agradeciendo sinceramente a todos, por las atenciones inmerecidas que recibimos y que nos comprometen de corazón para próximas visitas en un futuro inmediato.

José Manuel Meseguer en Asociación de Cultura Espírita de Santarem.

Siguiendo el periplo establecido por los anfitriones excepcionales que nos atendieron, nuestros amigos Raquel y João Gonçalves, fuimos quemando etapas durante los días siguientes, participando en actividades y ofreciendo conferencias en la Asociación de Cultura Espírita de Santarem (ACES) y la Asociación Cultural Espírita Mudanza interior de Vale de Cambra (ACEMI). Estas dos estuvieron a cargo principalmente de José Manuel Meseguer, ayudado por Antonio Lledó, y el tema fundamental se basó en «TRANSICIÓN PLANETARIA», causando sorpresa y expectación igualmente debido a lo novedoso del tema y la escasa información del mismo que todavía hay dentro del mundo espírita.

Asociación Cultural Espírita Mudanza interior de Vale de Cambra.

La visita a varios Centros e instituciones como la Asociación Espírita de Leiría (AEL) y la Asociación de Cultura Espírita de Alcobaça (ACEA) y otros, nos permitió informarnos de la variedad de actividades que se realizan y de la manera de llevarlas a efecto e implementarlas en todo el territorio portugués.

El nivel de los participantes y colaboradores en las Conferencias de las Jornadas y en la dirección de los Centros fue igualmente significativo. Filósofos, Médicos, Psiquiatras, Educadores, Profesores, Militares, Directivos, Periodistas. Todo ello nos manifiesta el interés por la cultura espírita que se tiene en Portugal y del que aprendimos enormemente durante el transcurso de las exposiciones y de las formas de hacer progresar la doctrina en el país hermano.

Sin duda, vaya por delante de nuevo nuestra gratitud para todos, a fin de evitar el riesgo de olvidar a alguien, cuestión que no nos perdonaríamos en absoluto. El compromiso de trabajo es ahora más fuerte que nunca, y sin duda, de esta extraordinaria gira portuguesa saldrán nuevos proyectos en común, nuevos frutos y nuevas acciones que potenciarán en IBERIA (Portugal y España) el desarrollo del Espiritismo. 

En lo que humildemente podamos aportar, cuenten con ello. La Asociación de Estudios  “Grupo Villena” estará a la disposición de cualquier proyecto en este sentido, recíproco agradecimiento y compromiso responsable. Enhorabuena a todos.

Villena, 5 de Mayo 2018

INTELIGENCIA Y ESPÍRITU

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Inteligencia y Espíritu

NUEVOS PARADIGMAS DE LA CIENCIA (4)

“Pienso, luego existo”  – Descartes – Filósofo S. XVII

Cómo muy bien explicó el padre del racionalismo filosófico, Descartes, la característica principal que define al hombre es la capacidad de pensar, y a través de ella se puede confirmar la realidad de la propia existencia.

La inteligencia es una facultad de la mente que nos permite no sólo pensar, sino el raciocinio, la cognición y el poder entender lo que ocurre a nuestro alcance. Sin embargo, en la evolución antropo-socio-psicológica de la especie humana, dónde nuestros ancestros provienen del homo-sapiens y con anterioridad de los simios, la inteligencia apenas existía a un nivel primario, siendo el instinto el gobernador principal de las acciones y reacciones de nuestros antepasados.

El instinto en sí es otro tipo de inteligencia que predomina, ampliamente desarrollada en especies inferiores como los animales, y también está presente en la vida del hombre, aunque de forma inconsciente muchas veces y en contadas ocasiones de forma consciente. Es el reducto de la evolución anclado en el inconsciente profundo del ser que prueba además que somos un ser milenario, con automatismos fisiológicos y genéticos procedentes de la herencia biológica, pero con un acervo todavía mayor de características psicológicas y espirituales cuyo origen se remonta varios millones de años, cuando el principio inteligente que ahora nos rige comenzaba sus primeras experiencias evolutivas en los animales unicelulares.

Así pues, el hombre es el resultado de su herencia biológica, psicológica y espiritual, y el grado de inteligencia que posee cada uno es personal, individual e intransferible, pues procede de la totalidad de procesos evolutivos por los que cada ser transcurre en su andadura evolutiva. Si prestamos atención a la ciencia, el psicólogo Howard Gardner presenta en el hombre hasta ocho tipos de inteligencia diferentes que abarcan todo un amplio campo de la cognición, la percepción, la sensación o la emoción. 


“Cada ser humano tiene una combinación única de inteligencia, podemos ignorar las diferencias, pero yo creo que todas las personas tienen un tipo de mente distinto”

H. Gardner – Psicólogo

Respecto al origen de la inteligencia, los científicos naturalistas la atribuyen a una función de la mente. A pesar de ser exacta esta afirmación no es del todo precisa, el problema llega a la hora de explicar el origen de la mente, pues consideran que esta última es producto de las relaciones que se establecen entre las neuronas cerebrales que dan origen al pensamiento y mediante un proceso evolutivo.

Sin embargo, todavía están muy lejos de probar tal afirmación, es más un deseo que una tesis comprobada, los hechos lo desmienten, pues la inteligencia ya no depende únicamente del Qi (Coeficiente Intelectual) sino que la emoción tiene también mucho que decir en ese proceso, y la forma en que se procesa la inteligencia emocional no está todavía verificada por completo. 

Es más, una persona a la que se haya trepanado una parte de su cerebro, debería perder parte de su capacidad intelectiva o emocional, así como su propia conciencia e individualidad si todo esto emerge del cerebro. Sin embargo se observa todo lo contrario; la persona puede perder recuerdos, memoria o capacidades sensitivas, pero lo que no pierde nunca es la inteligencia, la individualidad ni la conciencia propia de su existencia. Este simple ejemplo nos demuestra que la mente, como sustancia inmaterial que es, no puede ser producida por el cerebro, más bien al contrario, el cerebro es el aparato, el receptor de los impulsos de la mente que no son otros que los pensamientos y las emociones.

Comprendiendo que somos seres inmortales en cuanto a nuestro espíritu que viene evolucionando desde hace millones de años es todo mucho más fácil. La inteligencia es efectivamente una función de la mente, y esta no es otra cosa que un instrumento del espíritu, como la conciencia o el propio cerebro. Es la voluntad de nuestro ser inmortal y milenario la que imprime a través de la mente las capacidades intelectivas y emocionales, así como las respuestas que damos a las sensaciones y percepciones que experimentamos y que el sistema nervioso central traslada a nuestro cerebro.

La inteligencia es así el resultado del proceso evolutivo de cada espíritu en su trayectoria milenaria. Unos más y otros menos inteligentes, no depende del tamaño del cerebro, ni de los genes biológicos heredados de nuestros ancestros -como debería ser si fuera cierta la teoría materialista- sino del desarrollo alcanzado por nosotros mismos en ese área intelectiva a través de las diferentes experiencias en la carne, vida tras vida, asimilando, comprendiendo, razonando, creciendo intelectualmente. 

Si la inteligencia fuera resultado de los genes, cómo es posible que de padres, abuelos o tatarabuelos analfabetos puedan surgir genios y personas de inteligencias privilegiadas, y al contrario, cómo de padres inteligentes pueden surgir hijos con escasa inteligencia a pesar de estar biológicamente sanos.

Sin duda la inteligencia es lo que caracteriza el “principio inteligente” definición dada por Allán Kardec para explicar la característica esencial del alma humana. No sólo eso, la evolución y con ello el desarrollo de la inteligencia presenta una doble naturaleza, la animal y la espiritual. La primera procede de la evolución biológica de especies inferiores.., vegetal, animal y humana, mientras que la segunda hace referencia a la evolución del principio espiritual que acompaña la evolución biológica desde la primera célula. Un principio espiritual que, al llegar a la etapa humana adquiere las facultades de la mente y con ello la inteligencia que lo llevará a las capacidades de autoreflexión, conciencia de sí mismo e individualidad.

“Todo efecto inteligente procede de una causa inteligente”. El principio inteligente (Espíritu Inmortal o Ser pensante) procede sin duda de una causa inteligente que lo ha creado simple e ignorante, y que contiene en estado latente las capacidades de desarrollo intelectivo, emocional y espiritual propias de su creador. Capacidades y cualidades que mediante el impulso y el desarrollo de la evolución a través de millones de años van elevando su potencial intelectual y moral, en rumbo permanente hacia la plenitud, la felicidad y la perfección relativa a la que todos estamos llamados.

Inteligencia y espíritu por: Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

EN LA CAVERNA

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En la caverna

“El miedo hizo su aparición espontáneamente, como tantas veces a lo largo de su corta existencia. En este caso el motivo obedecía a algo imprevisto, nunca antes lo había experimentado; el cuerpo de aquella que lo cuidaba no se movía, estaba inerte y comenzaba a oler. Al no obtener respuesta, se dio cuenta de que se encontraba sólo, sin nadie alrededor, y sus pocos años de vida, apenas dieciséis, únicamente le habían servido para aprender a cazar e intentar sobrevivir.”

Este texto podría servir perfectamente de introducción a la hora de analizar la posición del alma encarnada en sus primeras etapas evolutivas. En el podemos confirmar cómo la aparición de la primera de las emociones -el miedo- condiciona toda la experiencia del Homo sapiens-sapiens. A continuación, la soledad y la muerte hacen mella en lo más profundo del ser que comienza a experimentar sus primeros pasos con conciencia e individualidad propia.

Son las emociones básicas, en los primeros estadios de la evolución del alma humana, las que condicionan el comportamiento del hombre y sus reacciones posteriores, tanto en el mundo físico como en el espiritual. El miedo, la ira y el amor, por este orden, van apareciendo y dejando huella e impresión indeleble en la conciencia del individuo.

Una conciencia que todavía ignora lo que es, que se mueve y se comporta mediante automatismos y necesidades fisiológicas, prácticamente como si fuera perteneciente a una especie animal superior. Sin embargo, hay una notable diferencia: este ser primitivo, que en la oscuridad de la caverna comienza a vislumbrar lo que ocurre a su alrededor, puede pensar.

Y aunque no lo sabe todavía, ese pensamiento, por momentos de carácter continuo, va a condicionar su evolución de forma extraordinaria al poderlo expresar mediante el lenguaje, lo que le ayuda a interactuar con aquellos que convive y a forjar relaciones, alianzas y sentir emociones que amplían su imaginación, su creatividad y, sobre todo, pone en funcionamiento su conciencia de ser y de diferenciarse del otro.

Esto le otorga individualidad, personalidad propia, y aunque sea primitiva y no sea consciente del todo, comienza a forjar las primeras etapas de su evolución consciente.

La muerte y la soledad son los acicates que le estimulan hacia la reflexión personal que todavía desconoce. De repente aparece la muerte y cambia su hábito, su mundo, el lugar donde vive y se relaciona. Tanto es así, que esa alma simple, sencilla e ignorante todavía, considera que el familiar fallecido está dormido, y lo coloca en posición fetal, realizando enterramientos como si pronto fuera a despertar.

También permanece junto a él todo el tiempo que le es posible, porque cree que pronto volverá a moverse y podrá seguir relacionándose con él. No obstante, llega un momento en que se percata de la realidad, y la soledad más profunda se apodera de él; el miedo vuelve a aparecer y los peligros del entorno se reproducen ante un permanente estado de ansiedad e incomprensión, pues no entiende la transformación que su mundo experimenta.

La aparición de esta emoción amenaza con perturbar su corta vida. Sin embargo, en su búsqueda incesante por la supervivencia, logra encontrar pareja y formar un nuevo entorno, con descendencia. A partir de aquí sus prioridades cambian, el instinto (que es el sentido que domina ampliamente su comportamiento en estas primeras etapas) le recomienda asegurar su prole -como ve que hacen los animales- y emplea todos los recursos a su alcance para lograrlo.

En esta defensa a ultranza para procurar el bienestar de los suyos conoce la ira, al tener que defender, ante los peligros que le acechan o ante otros rivales, a su pareja y a sus hijos. Este sentimiento nuevo le proporciona unas energías extraordinarias para enfrentar los peligros y los retos, pero también comprende en su incipiente conciencia la necesidad de controlarlo y no dejarse llevar únicamente por ella, pues la experiencia le demuestra que, dominado por la ira, su mente se nubla y actúa con violencia, sin ningún aspecto racional, lo que deriva en graves accidentes que ponen en riesgo su propia vida.

En la contemplación del nacimiento de sus descendientes descubre el amor, un sentimiento todavía primitivo e instintivo, pero que comienza a despuntar en su alma y arraigar en su conciencia. Viendo cómo su pareja alimenta, cuida y protege a sus hijos, comprende levemente que un vínculo existe entre ellos y él mismo; y este vínculo se amplía en la medida que los hijos crecen y Él se encuentra en la necesidad de enseñarles cuanto sabe para ayudarles a sobrevivir.

Su actuación tiene como ejemplo a los animales que cuidan a su prole, y junto a su propio instinto imita a estos logrando superarles en los resultados que obtiene.

Y por último, cuando muere, no tiene apenas conciencia de ese hecho permaneciendo junto a los suyos en estado espiritual, bajo la angustia de querer comunicarse y no obtener respuesta. Sin embargo, es muy poco el tiempo que permanece en ese estado, pues muy rápidamente vuelve a reencarnar y a experimentar nuevas situaciones que le harán ampliar su conciencia y su inteligencia, abandonando paulatinamente el instinto por una nueva capacidad: el raciocinio se abre paso paulatinamente. En este logro invertirá tiempo; muchas vidas en la carne y bastantes miles de años.

Hasta aquí una pequeña descripción de la sensación que el alma humana experimenta en sus primeras etapas. La emoción y el instinto son los elementos principales que rigen el proceso evolutivo del alma cuando, ya de forma individual, la chispa divina, el principio inteligente creado por Dios, comienza a progresar individualmente, con reconocimiento de sí mismo y diferenciándose de los animales.

Es ahora cuando comienza a llenar la hoja en blanco que es la conciencia humana a través de las experiencias en la carne, con un cuerpo biológico todavía primitivo, animalizado, y una psiquis forjada en etapas pre-humanas, ya preparada para albergar la energía pura y sutil que constituye el principio inmortal creado por Dios: NUESTRA ALMA.

En la caverna por:    Antonio Lledó Flor

©2018, Amor Paz y Caridad

BIOLOGÍA Y ESPÍRITU

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Biología y espíritu

NUEVOS PARADIGMAS DE LA CIENCIA (3)

A la hora de abordar la relación entre biología y espíritu, solemos enfocar el tema a nivel humano. Cuando adoptamos un contexto más general que tiene que ver con la evolución biológica, sin duda hemos de remontarnos a los aspectos que también afectan a otros reinos de la naturaleza, es decir, los animales y las plantas.

Comprendiendo algo de la evolución biológica, el paradigma mayor que la ciencia incorporó a finales del siglo XIX fueron las aportaciones de Charles Darwin y su teoría de la evolución de las especies y de la selección natural. No es nuestro objetivo explicarlas, sin embargo, desde su aparición hasta ahora han ido sucediéndose distintas evidencias científicas que confirman que la evolución es una realidad, pero también que no afecta por igual a todas las naturalezas ni puede explicar en absoluto la totalidad del origen biológico y su desarrollo posterior.

Darwin desconocía la biología molecular y la genética, motivo por el cual sus análisis, en líneas generales acertados, abrieron un camino, pero en absoluto han de ser tomados como una verdad incuestionable. De hecho, muchos científicos discrepan de algunos de sus postulados pues se han demostrado erróneos en su aplicación universal; no así en una mayoría de los procesos de selección natural y evolución biológica en los que sí son perfectamente válidos.

Ofrecemos esta explicación, porque al igual que con Darwin se abrió un nuevo paradigma para la ciencia biológica, por sus mismas fechas apareció la codificación de Allan Kardec -1857- (concretamente tres años antes de publicar Darwin “El origen de las Especies”, Kardec presentaba en París “El Libro de los Espíritus”). La visión religiosa del origen del hombre, que presentaba la iglesia de la época nacido del barro y del soplo divino, quedó defenestrada con los descubrimientos de Darwin al demostrar que la naturaleza del hombre era animal y procedente de los simios.

Sin embargo la visión kardecista amplió el horizonte de forma extraordinaria. Al definir al hombre por su doble naturaleza: el cuerpo (naturaleza animal) y el alma (naturaleza espiritual), Kardec reconoce la evolución en su doble aspecto.(1) El vínculo que une a ambas es el periespíritu (una envoltura semimaterial), que no es otra cosa que el Modelo Organizador Biológico (2) que permite la vida y la evolución, organizando el funcionamiento y la estructura celular desde los primeros estadios evolutivos de los distintos reinos de la naturaleza.

Tanto es así que ya recoge la posibilidad de proceder de ancestros animales en lo que respecta al cuerpo, mientras que afirma la evolución espiritual al colocar el principio espiritual en permanente evolución desde el origen de las formas más simples y primitivas con vida orgánica (animales unicelulares, virus, bacterias, etc.). La diferenciación biológico-psicológica-espiritual del hombre sobre otros reinos de la naturaleza vendría dada por la inclusión del espíritu (principio inteligente), una vez que el principio espiritual ha llegado a desarrollar en una etapa pre-humana todos los aspectos necesarios para albergar las cualidades superiores de la mente. Esa chispa divina sólo se incorpora en la especia humana en ese momento, nunca antes, y procede directamente de Dios.

Así pues, la evolución del principio espiritual se inicia en los primeros estadios de la naturaleza; es famosa la frase “el alma duerme en el mineral, siente en la planta, se emociona en el animal y piensa en el hombre”. Este aspecto espiritual tiene así una evolución paralela a la evolución biológica de las especies concretada por Darwin.

Con el transcurso del tiempo, y a pesar de las corrientes naturalistas que niegan un origen o principio espiritual en la biogénesis (3), cada vez más se confirma que en la intimidad de la célula, el ADN contiene códigos de información que se combinan dando como resultado las distintas organizaciones celulares que forman toda vida orgánica, vegetal, animal o humana.

Los ateos naturalistas para quienes no existe nada más que genes ciegos combinados aleatoriamente y responsables de las formas debido a las modificaciones que la selección natural produce para preservar en la herencia del más fuerte, suelen confundir códigos con patrones. Ellos consideran que un patrón se repite y da origen a una transición de fase que produce los distintos tipos de vida biológica.

Sin embargo no explican, cómo en la intimidad del ADN los patrones son la consecuencia de unos códigos que se auto organizan por sí mismos y que no responden a ningún patrón establecido. ¿Quién ha colocado esa información codificada en la célula? ¿porqué se articulan en multitud de formas diferentes dando origen a distintos tipos de células, cada una de las cuales cumple su función? ¿quien ordena, por ejemplo que una célula del hígado cumpla su función hepática y no la función que realiza una célula del corazón? ¿cómo explican funciones inteligentes y plenamente desarrolladas en las neuronas cerebrales y las diferencian de aquellas otras neuronas que tenemos en nuestro aparato digestivo?

La información es la marca de la mente. Allí dónde hay un efecto inteligente, su causa es inteligente. De la materia no puede surgir la inteligencia, ni siquiera la vida. Confirmando esto, tenemos que también muchos genetistas abogan por una causa originaria, un primer motor que es el que pone en marcha el mecanismo y crea la información.

Así pues el Dr. Dean Hammer, en su libro “El Gen de Dios” especifica que todos los seres humanos, independientemente de su raza, religión, sexo, ateísmo o agnosticismo, poseemos un gen que él denomina Vmat2 en el que se encuentra el sustrato y el recuerdo celular de esa causa primera que pone en marcha la vida.

“El gen VMat2 es un gen que todos tenemos en el ADN y cuya actividad a través de los neurotransmisores llamados mono-aminas determinan que en las personas espirituales sus conexiones son mayores segregando en el hombre mayor sentido de su conciencia y de su trascendencia personal”

El mayor especialista en el genoma humano, que presentó este proyecto en la Casa Blanca junto al presidente Clinton en el año 2000, opina lo siguiente:

«Como alguien que ha tenido el privilegio de dirigir el proyecto sobre el genoma humano, he tenido la oportunidad de estudiar nuestro propio libro de instrucciones que es el ADN con un detalle que no había sido posible antes. Recientemente también ha sido posible comparar nuestro ADN con el de otras muchas especies. La idea de que todos los seres vivos descendemos de un precursor común se apoya en una evidencia contundente.” Dr. Francis Collins – Libro ¿Cómo Habla Dios?

Simplemente estas dos opiniones deberían hacernos pensar respecto al origen de la vida biológica y de la causa que la provoca. Con cada avance de la genética y de la biología molecular encontramos nuevas evidencias acerca de la imposibilidad de crear vida partiendo de la materia. Es más, por mucho que multitud de investigadores expliquen a la perfección el desarrollo y evolución de los sistemas biológicos y de las leyes que los articulan, el origen sigue siendo el gran misterio, la gran incógnita, pues las leyes no se crean a sí mismas, obedecen a un orden natural codificado que ha sido creado y puesto a funcionar en la primera célula.

Es pues acertado suponer que ese primer motor que origina la vida en la célula tiene una causa ajena a la materia, evidentemente un principio vital que la anima y le posibilita la vitalidad. Este principio vital en el hombre está localizado en el periespíritu (Modelo Organizador Biológico) que dinamiza desde la concepción del cigoto el desarrollo vital del hombre a través de sus centros de fuerza o energía electromagnéticos (Chakras). Cuando los órganos, como consecuencia del transcurso del tiempo van perdiendo la vitalidad, enferman, y la energía de esa envoltura semimaterial va disminuyendo, de tal forma que cuando el principio vital se extingue, sobreviene la muerte.

Es preciso el estudio profundo del sistema electromagnético de este cuerpo que como un lazo, une el cuerpo físico y el alma. Cuando esto se lleve a cabo en profundidad el avance de la biología y del origen de la vida estará más cerca de comprenderse. Algunas terapias alternativas trabajan directamente sobre los centros de fuerza del periespíritu (Ej. Acupuntura y otras), reactivando la energía deteriorada y restaurando de esa forma el equilibrio celular perdido, dando así  mayor vitalidad.

Como conclusión afirmaremos que el origen biológico de la vida es imposible sin un principio vital que la sustente, y que siempre está presente en la materia orgánica. Junto a este principio, aparece otro de origen espiritual que permite esta evolución simultánea biológico-espiritual a través del tiempo y las especies. Esta evolución culmina en el hombre, dónde se incorpora la chispa divina (conciencia, inteligencia, libre albedrío y voluntad) cuando la psiquis (principio espiritual) alcanza su máximo desarrollo procedente de estadios inferiores. A partir de aquí aparece la etapa humana caracterizada por el “principio inteligente” (principio espiritual desarrollado) que es el alma, ya preparada para iniciar su proceso evolutivo con conciencia de sí misma.

Y la causa primera que origina el proceso no es otra que un Creador, una Inteligencia Suprema, que mediante un sentido y propósito desconocido para nosotros, articula el origen de la vida y pone a evolucionar los seres vivos, desde la ameba al hombre.

Biología y espíritu por:     Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

 

Dios tuvo un plan para crear unas criaturas con las que pudiera relacionarse, en las que pudiera inspirar una ley moral, en las que pudiera infundir un alma, y a las que pudiera dar una voluntad libre como regalo para poder tomar decisiones sobre nuestro propio comportamiento; un don que nosotros a menudo utilizamos para hacer lo que no debemos. Yo creo que Dios utilizó el mecanismo de la evolución para conseguir su objetivo.”
Dr. Francis Collins

 

(1)El Libro de los Espíritus. Introducción It.6  (2) Sistema organizador de la Vida humana (3) Origen de la Vida

 

OCTAVAS JORNADAS ESPÍRITAS DEL MEDITERRÁNEO – CRÓNICA

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OCTAVAS JORNADAS ESPÍRITAS DEL MEDITERRÁNEO
Antonio Lledó durante la conferencia: Reencarnación, evidencias científicas.

Este pasado fin de semana tuvo lugar en el Hotel Rober Palas de El Albir (Alicante) la celebración de las Octavas Jornadas Espíritas del Mediterráneo. Con una gran asistencia procedente de más de 25 ciudades españolas comenzaron los actos en el Centro Social del Ayuntamiento mediante una conferencia singular sobre las Evidencias Científicas sobre la Reencarnación, a cargo de Antonio Lledó del Grupo de Villena. Esta conferencia ya se encuentra insertada en el canal de youtube de esta revista para aquel que quiera visualizarla.

Recorte de prensa sobre las jornadas

Después de este acto abierto al público, de entrada libre y con gran asistencia, tuvo lugar la presentación de las Jornadas en el Hotel comandada por D. Joaquín Huete, presidente del Centro Espírita de Benidorm. En esta ocasión el lema de las Jornadas versaba sobre la importancia de los Valores Morales, su importancia para el desarrollo y crecimiento del alma y de la plenitud y felicidad del ser humano. Al día siguiente se produjo la inauguración oficial, para lo cual se personaron los Concejales de Cultura y Turismo del Ayuntamiento dando la bienvenida a todos los asistentes. El programa fue desarrollado durante todo el fin de semana con extraordinaria lucidez por parte de los expositores de cada uno de los centros y asociaciones representadas y por otros asistentes que, sin pertenecer a ninguna asociación, presentaron sus trabajos con gran aceptación y claridad por el público asistente.

Nunca nos cansaremos de repetir que el ambiente en este evento, año tras año, crece, se expande y se transforma más allá de los conocimientos, pues el desarrollo del programa permite una convivencia, una relación fraterna entre todos los asistentes que no es común ni frecuente en otros eventos de este tipo, más rígidos, menos flexibles y más proclives a impartir conocimientos que a vivir y compartir vivencias, experiencias y aunar lazos de amistad y fraternidad. Esto último es lo que se respira, se transmite, se siente y se experimenta en estas Jornadas año tras año, por eso tienen tanto éxito y aquellos que asisten una vez repiten, sin dudarlo, año tras año.

Otro aspecto a destacar fue la presentación por parte de la organización de la presentación del programa SEDE (Sociedad Española de Divulgadores Espíritas) una institución sin ánimo de lucro, dónde aquellas personas interesadas en divulgar esta extraordinaria filosofía pueden pertenecer sin ningún requisito más que el de la colaboración y el trabajo por expandir estas ideas esclarecedoras. A continuación de las actividades de este primer día, y después de la cena, hubo una actividad lúdica a cargo del Grupo de Villena que presentó el concurso Un, Dos, Tres…. Reencarne Otra Vez. Donde se pudo gozar de unos momentos de humor y simpatía muy agradables que ayudaron a distender la mente de todo el programa realizado durante la Jornada.

El último día se abrió el programa con una interesantísima, profunda y extraordinaria conferencia de Joāo Gonçalves, que analizó la importancia de los Valores Morales dentro de la Doctrina espírita haciendo incapie en las diferencias entre moral y ética y en la importancia de la razón para comprender y justificar la necesidad que nuestra conciencia nos exige a la hora del discernimiento moral. La intención de los actos que realizamos y sus consecuencias ético-morales son un aspecto principal de las consecuencias que las leyes morales (incluidas en la Ley Natural) tienen para la evolución del espíritu en este punto evolutivo en el que nos encontramos.

Las Jornadas se cerraron con la brillantez de siempre, con la emoción de siempre, con la fraternidad de siempre, dónde el ambiente contagiaba de emoción los corazones de los asistentes mediante la música, la poesía y los momentos de armonía que se sucedían de continuo para regocijo de los asistentes.

Como siempre, gracias a los organizadores, a los asistentes, a todos los expositores, a los que han colaborado de una u otra forma, pues son tres días de una eminente participación de todos los que allí se dan cita, donde cada cual tiene la oportunidad de expresar públicamente – si así lo desea- cuáles son sus expectativas, anhelos, experiencias o vivencias que desea compartir. Sólo nos resta invitar, como cada año, a todos aquellos que no han podido venir, para que el próximo año nos acompañen en estas Jornadas que son una expresión más de la fraternidad puesta en acción por todos los participantes que allí nos damos cita y por los acompañantes que «desde el otro lado» nos inspiran y ayudan en nuestras vivencias cotidianas.

Octavas Jornadas Espíritas del Mediterráneo por:  Redacción

2018©Amor, Paz y Caridad

TRAYECTORIA ÍNTIMA DEL ALMA

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Trayectoria íntima del Alma

INTRODUCCIÓN

‎Con este artículo, y a modo de introducción, damos inicio a una nueva sección en esta revista donde lo novedoso será el enfoque de la misma. A la hora de explicar, hablar o escribir sobre el alma, aquellos que son conscientes de su realidad, hablan según el enfoque científico, filosófico o religioso que pretendan darle. Casi siempre se aborda inicialmente el tema de su existencia o no; aunque después de las investigaciones del padre de la psicología analítica Carl Jung, nadie duda ya de la existencia del alma como un aspecto más de la condición humana.

En este sentido las discrepancias llegan en relación a que los materialistas niegan su existencia como algo separado del cuerpo biológico -creyendo que la psique tiene su origen en la evolución biológica del cerebro- mientras que los espiritualistas la consideran la parte inmaterial del ser humano, que tiene naturaleza propia, independiente del cuerpo y que supone la profunda realidad de lo que somos realmente.

Unos lo llaman psique, otros espíritu, conciencia, alma, mente, pero los espiritualistas, sean de la religión que sean, o no tengan ninguna, consideran y admiten la dualidad alma y el cuerpo como entidades diferenciadas. Otra cosa distinta es la preexistencia del alma, su origen, su futuro después de la vida, si sobrevive o no a la muerte, y si es responsable de sus actos y como tal tiene libre albedrío y ha de responder por los mismos una vez abandone el cuerpo físico.

Las civilizaciones antiguas la definían como “ánima”, y esta expresión latina es fiel reflejo de lo que supone en el hombre, ya que es el principio vital que anima la vida. Sin ella el cuerpo físico deja de tener vida y aquello que lo vitalizaba desaparece y el cuerpo comienza su desintegración celular hasta convertirse en polvo.

«El hombre es el resultado de la unión entre el alma, inmortal, y el cuerpo, material y corruptible. Dos realidades unidas en un solo ser, de tal modo que lo más propiamente humano que hay en el hombre es su alma, a la que le corresponde la función de gobernar y dirigir la vida humana» Platón – Filósofo S. IV a. C.

Hemos querido abordar una nueva sección sobre el alma; pero no pretendemos abordarla bajo ningún enfoque de los que hemos explicado arriba; no es nuestra intención demostrar su existencia -pues ya sabemos de ello-, tampoco pretendemos elucidar sobre su evolución desde el apartado filosófico -los estadios por los que transcurre, el origen divino de su esencia, el futuro que le aguarda, etc.

Es decir, siempre se habla de dónde viene el alma, qué hace aquí y hacia dónde va. Nada de esto es el objeto de esta sección que hoy comenzamos; y aunque en algunos momentos podamos rozar de pasada aspectos colaterales referentes a estas circunstancias, no es nuestro propósito detenernos en ellos.

El verdadero sentido de esta sección es el enfoque que pretendemos otorgarle. Queremos analizar la trayectoria “íntima” del alma; es decir, procurar abordar el cómo se siente, cómo vive y como se desenvuelve interiormente conforme va pasando por los distintos estadios evolutivos que va recorriendo.

Así pues, presentaremos una visión intimista del ser profundo que todos somos, de nuestra esencia personal e inmortal, desde cada instante de nuestra posición en el tiempo y en el recorrido de crecimiento interior que experimentamos invariablemente.

Iniciaremos el recorrido desde el momento en que Dios nos crea a su imagen y semejanza y nos permite progresar mediante conciencia propia e individualidad en la etapa humana. Las etapas pre-humanas anteriores (vegetal, animal) que una parte del psiquismo o alma también recorre, no son objeto de nuestro interés en esta sección; pues aunque es sabido que el principio vital-espiritual se encuentra en la primera célula de vida, en esos momentos no existe una conciencia ni una individualidad capaz de evolucionar por sí misma experimentando bajo su libre albedrío la conciencia de su existencia.

Algo que sólo acontece cuando el alma, ya pulida en los reinos inferiores en cuanto a su psiquismo principal se encuentra preparada para albergar la “chispa divina”, creada por Dios, que comienza a progresar con conciencia y conocimiento de su propio ser.

Es a partir del momento en que el psiquismo animal -plenamente desarrollado-, alberga por primera vez la chispa divina que le concede la conciencia de sí mismo, cuando aparecen su individualidad, libre albedrío y responsabilidad siendo el instante en el que ya podemos hablar de un “alma humana” que comienza su camino hacia la plenitud y la perfección a la que está destinada.

Por ello es importante explicar cuáles son los estados interiores de esta alma humana en su trayectoria evolutiva. Estados que son paralelos a las etapas de desarrollo y evolución que el espíritu recorre. Y puesto que todos, absolutamente, hemos pasado por muchos de ellos, es preciso recordarlos o ponerlos de manifiesto para aquellos que los ignoran.

De este planteamiento tan sencillo que afecta a todo ser humano se desprende que todos somos creados iguales, sencillos, libres e ignorantes, y que a partir de ese punto de inflexión que supone individualizar nuestra conciencia, nos vemos abocados, por nosotros mismos y bajo un libre albedrío que se nos concede, a la consecución de logros y objetivos únicamente por nuestros propios méritos o esfuerzos.

Las injusticias no existen, las desigualdades aparentes tienen todas su causa y nos encontramos en un camino de progreso cuyo final es la felicidad y la perfección a la que podemos llegar antes o después según comprendamos el destino que nos aguarda. El sufrimiento pierde su sentido trágico y forma parte del inevitable transcurso de la vida para despertarnos del error y de la ignorancia; única forma en que somos capaces de reaccionar equilibrando nuestras acciones con las leyes que rigen en todo el universo el progreso del espíritu.

Estas leyes, pensadas por el Creador para nuestro beneficio y crecimiento espiritual como seres inmortales que somos, nos colocan a cada cual en el lugar y el momento adecuado, debiendo afrontar las responsabilidades que nosotros mismos hemos sembrado con nuestros propios actos, pensamientos o sentimientos, por acción u omisión.

Y todo ello con el único fin de atender la grandiosa planificación que ha de llevarnos a todos a convertirnos en seres de amor y luz; plenamente identificados con la Conciencia Cósmica, la Fuente Creadora de la que procede nuestra alma y que con este único fin nos ha creado y puesto en el camino de nuestra propia felicidad.

Introducción a Trayectoria íntima del Alma por:   Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, paz y caridad

“Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana”

Carl Gustav Jung – Psicoanalista

PSICOLOGÍA Y ESPÍRITU

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Psicología y espíritu

NUEVOS PARADIGMAS DE LA CIENCIA (2)

 

“Si no fuera un hecho de experiencia que los valores supremos residen en el Alma, la Psicología no me interesaría en lo más mínimo, ya que el Alma sería entonces un miserable vapor”

Carl G. Jung – Psiquiatra

Otras de las disciplinas científicas que avanza a pasos agigantados en busca de nuevos paradigmas que implementen la conciencia y la realidad del espíritu en el método científico es la Psicología, y más concretamente la Psicología Analítica, Humanista y Transpersonal.

Todo comenzó con Carl G. Jung que al contrario que Freud, y siendo ambos los impulsores del Psicoanálisis no coincidía en las tesis de Freud sobre que la única fuente de energía de la psique humana eran los impulsos biológico-sexuales. Tampoco coincidió en el diagnóstico de las patologías mentales que Freud atribuía única y exclusivamente a impulsos y deseos sexuales reprimidos del subconsciente y cuya mayoría tenían su origen en la infancia -complejos de Edipo y Electra- todo ello basado en el Eros y Tánatos que condicionaba la psique humana por completo. En otras de las investigaciones sobre el inconsciente, los sueños y su influencia eran perfectamente coincidentes. A este respecto Jung afirmaba:

“El Inconsciente no tiene tiempo. No hay problemas acerca del Tiempo en él. Parte de nuestra Psique no está en el tiempo ni en el espacio. Estos son solo una ilusión, Tiempo y Espacio, y así en parte de nuestra Psique el tiempo no cuenta para nada»

Jung añadió el “estudio del alma”, permitiendo así la introducción del espíritu como elemento trascendente de la naturaleza y de la psique humana, abriendo caminos para otros que llegaron después. Tanto es así que, como psiquiatra, y al estudiar profundamente los estados alterados de conciencia, llegó a afirmar que algunas de estas circunstancias no son patologías mentales sino otros estados de la realidad que la conciencia experimenta y que son tan reales como los que se viven normalmente; debiéndose los mismos a un aspecto especial del alma humana que él denominó como “estado numinoso”.

“El Estado Numinoso es un Orden Mayor de Realidad de la Conciencia Humana”

Así pues, Jung es el impulsor de un nuevo paradigma dentro de la psicología; unos años después Abraham Maslow propuso la Psicología Humanista para alejarse de Freud en todo aquello que suponía colocar en el cajón de las patologías aquellos fenómenos psicológicos que no eran comprendidos. Maslow, junto a Stanislav Grof, dieron inicio a la Psicología Traspersonal, también llamada la cuarta fuerza de la psicología, donde ya sí se contempla el espíritu o alma humana como factor integrante de determinados estados psicológicos y de conciencia.

Al igual que Jung, Groff investigó a fondo las patologías de algunos esquizofrénicos llegando a la misma conclusión: algunos estados alterados de conciencia (trance, éxtasis, mediumnidad, etc.) no son patologías mentales sino otra realidad de la conciencia a la que acceden estas personas y que es tan real y profunda que deja huellas en el alma de manera importante. No son patologías que haya que tratar mediante terapia, sino fenómenos que se deben orientar y educar correctamente para que la persona pueda llevar una vida plena, sin alteración alguna, disfrutando de las distintas realidades de conciencia a las que puede tener acceso.

Groff demostró con su técnica de Respiración Holotrópica que todas las personas pueden acceder a estos estados de conciencia propios del alma humana, del espíritu que es pre-existente a la vida intrauterina y trascendente después de la muerte. Es más la condición psicológica de la vida prenatal viene condicionada por los contenidos de la psique que el alma ha ido experimentando en vidas anteriores. Si la vida del alma es pre-existente, es otra confirmación que abre paso a la certeza de vidas anteriores, a la reencarnación como elemento de progreso que permite al alma crecer mediante distintas experiencias que va acumulando vida tras vida.

Comprobamos así el amplio espectro; el campo de investigación que el estudio del alma humana y del espíritu permite recorrer a la ciencia cuando se toma conciencia de ello. Este es el reto de esta década; todo se encamina al paradigma de la inmortalidad representado por el principio inteligente (espíritu). Lo que nos lleva a preguntarnos, y de paso confirmar, que la ciencia espírita, codificada por Allán Kardec en el siglo XIX sigue plenamente vigente en toda su intensidad hoy, comprobando su total actualidad e interés científico.

Sin duda son millares los científicos en distintas áreas de la ciencia que comprueban a diario en sus experiencias e investigaciones la importancia de la mente, la conciencia o el espíritu que nada tiene que ver con la materia, el naturalismo o la biología exclusivamente.

“La materia es una hipótesis. Cuando decimos Materia, creamos un símbolo para algo desconocido, como también puede ser el Espíritu o incluso Dios”

Carl G. Jung – Psicoanalista

Es por ello que el reto está servido: en los próximos años seremos sorprendidos por el avasallamiento y la potencia de las nuevas investigaciones sobre la conciencia. Hasta que no se coloque al ser trascendente e inmortal (alma o espíritu) en el centro del debate y como el objeto de estudio e investigación, no se resolverán todos los interrogantes sobre el origen y desarrollo de la conciencia, así como los distintos estados que esta puede vislumbrar y atender.

Uno de los retos es sin duda investigar el campo molecular y electromagnético del periespíritu. Ya están trabajando en ello investigadores de prestigio, y cuando logren afianzar las evidencias que ya se tienen con los avances respecto a la mente y la conciencia, tendremos el modelo completo que se precisa para certificar la realidad trascendente de la vida y del alma.

El “Proyecto Cerebro” que se está desarrollando en Europa y EEUU para cartografiar los 1000000 MM de neuronas cerebrales y que está previsto concluir en el 2023 será un punto de inflexión. Sin duda, la ciencia desvelará en breve las evidencias que todavía no son suficientes para algunos a la hora de aceptar que somos seres inmortales, transcendentes e involucrados en un proceso evolutivo de crecimiento y progreso personal.

Aquellos que lo comprendemos y lo sabemos desde hace tiempo tenemos la obligación moral de divulgarlo, a fin de ayudar a salir de la ignorancia a millones de personas que embutidas en el feroz materialismo instalado en la sociedad actual, se encuentran así mismas insatisfechas e infelices en sus vidas al no vislumbrar su auténtica realidad. La certeza de la transcendencia e inmortalidad del alma obliga a una reflexión profunda, y la persona abandona la incertidumbre del futuro o la tristeza del presente al dejar de creer que es únicamente una colección de genes ciegos sin sentido ni propósito alguno.

Psicología y espíritu por:      Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, paz y caridad

“El espíritu le da significado a su vida, y la posibilidad de su mas grande desarrollo. Y la vida es esencia para el espíritu, ya que su verdad no es nada si no puede vivir”

Carl G. Jung

CONCLUSIONES BENET DE CANFIELD

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Conclusiones Benet de Canfield

Hemos llegado hasta aquí, en este primer reto como espíritu capaz de transmitir de esta forma, una obra psicográfica desde un punto de vista personal respecto a las experiencias de mi última vida en la Tierra y actualmente en el espacio.

Prometo que no será la última vez que, con permiso de los guías espirituales y de los recursos de los que me sirvo, intentaré llevar al conocimiento de aquellos que quieran estudiar nuevas obras de comprensión espiritual. Ahora ya sí, trabajadas con esmero y con la lucidez necesaria que me permite mi estado espiritual actual, y de los que no gocé en la Tierra cuando publiqué algún libro interesante sobre contenido espiritual.

Doy gracias a Dios en primer lugar por haberme facilitado este trabajo que tanto supone para mi redención espiritual, y también agradezco profundamente a los guías espirituales, especialmente al protector de la materia de la que me sirvo, por permitir alentar y asesorar este trabajo de inspiración y psicografía.

Como no, sería desagradecido si no expresara mi admiración y gratitud al espíritu de mi madre en esta última vida. Verdadero ángel tutelar de mis primeros pasos; sin la cual me hubiera sido imposible llegar al final de mi jornada terrena. Gracias a su firme compromiso con mi educación moral y al ejemplo desinteresado de su amor, se cultivó en mi interior el sustrato necesario que años más tarde afloró para discernir lo justo de lo injusto, lo bueno de lo malo, lo correcto de lo incorrecto.

Y cómo no un capítulo esencial de mi profunda gratitud es preciso dedicar a la Doctrina de Kardec, que abrió mi mente y esclareció mi conciencia. Esta filosofia, es un auténtico consolador para el hombre que vaga sin rumbo, necesitando comprender el cómo y el porqué de la realidad profunda de la vida y de la muerte, la justicia divina y las leyes que rigen su destino.

A aquellos lectores que, guiados por la curiosidad, se permitan hacer cábalas sobre mi identidad terrena, les sugiero que lo olviden, pues aunque es fácil suponer quién fui y qué labor desarrollé en la Tierra dentro del Movimiento Espírita la cuestión de la identidad es siempre lo menos importante. 

Les rogaría que evaluaran con razonamiento y serenidad las experiencias plasmadas y explicadas, pues de ellas se pueden extraer paralelismos interesantes aclaración de dudas sobre cómo actuar, análisis de errores acerca de lo que no se debe hacer, así como actitudes esclarecededoras sobre cómo levantarse de aquellos tropiezos, aflicciones y reveses que la vida nos presenta a todos y cada uno de los habitantes de este planeta sometido a una enorme transformación.

Ojalá esta obrita sirva de guía a alguno de los lectores aunque ésta sea únicamente la de evitar caer en algunos de los errores que de forma ignorante cometí. No obstante, lo que es indudablemente cierto es que para mí ha representado un bálsamo, una caricia, una nueva oportunidad de regeneración moral para terminar de completar un trabajo inconcluso que dejé en la Tierra y que ahora se culmina, parcialmente, gracias a esta oportunidad.

Mis estimados amigos, confiad, creed, actuad y no dejéis de servir a los demás, comenzando por amaros a vosotros mismos para luego amar a Dios y al prójimo. Mis queridos compañeros de ideal perseverad, proseguid, continuad; no renunciéis nunca a vuestro compromiso espiritual, sea este el que sea.

Sabed que las cosas grandes comienzan por las pequeñas. Para llegar a dirigir un trasatlántico, primero es preciso manejar una barca. Así somos nosotros, aquellos que de repente descubrimos el mundo del espíritu, la realidad auténtica de la vida, la trascendencia de la misma y la inmortalidad.

Al comienzo todo es euforia, ilusión desaforada, energía desbocada ante las verdades que vamos conociendo. Posteriormente, con el transcurso de los años, el espíritu empieza a conocerse, la calma y la paciencia se hacen necesarias, la determinación y la fe se convierten en imprescindibles, y la reforma moral y el amor al prójimo se presentan como las tareas más importantes que hemos de acometer en nuestro interior.

La vida en el espacio no es muy diferente a la de la Tierra si no fuera por el gran obstáculo de la materia que nos ciega, que no nos permite vislumbrar lo que fuimos, lo que somos y lo que podemos llegar a ser. No obstante en este olvido del pasado se encuentra la mayor misericordia, la mayor dádiva que el Creador nos concede a los espíritus imperfectos que, como yo, todavía nos encontramos en un nivel infantil de progreso y evolución moral.

La materia es un freno, sí, un obstáculo enorme, pero nuestra conciencia y nuestros deberes espirituales, algunos de ellos intuidos incluso estando encarnados e inspirados por nuestros guías durante el sueño, son los apoyos que tenemos para crecer, progresar, acertar con el compromiso aceptado antes de encarnar y sublimar nuestra vida en la Tierra, dedicándola al servicio desinteresado hacia nuestros semejantes.

Si trabajamos con determinación en beneficio del prójimo y servimos con humildad a nuestros compañeros de viaje en el periplo terrestre, estaremos procurando nuestra redención moral, depurando nuestras debilidades ancestrales, saldando débitos con la ley de causa y efecto y sembrando la felicidad en nuestro camino evolutivo hasta llegar a la plenitud a la que tenemos derecho.

Seamos conscientes de esta realidad entre dos mundos: el físico y el espiritual. Nada cambia para el espíritu en su condición moral cuando traspasa el umbral de la muerte o cuando regresa a la vida en una nueva reencarnación. Nuestra conciencia se mantiene, nuestra individualidad permanece y nuestros méritos y deméritos se manifiestan con nitidez a través de las pruebas y las expiaciones que la vida nos presenta.

Termino este primer trabajo continuado desde el espacio. Espero y deseo ser útil como lo fui en la Tierra. Ojalá Dios me permita continuar con esta labor que supone para mí la gratificación extraordinaria de esclarecer a quien, como yo, precisó de ser esclarecido. Gracias a todos por prestar atención a este trabajo.

Con todo mi amor,  prometo volver pronto.

Conclusiones Benet de Canfield

Psicografiado por Antonio LLedó

©2018, Amor, Paz y Caridad

FÍSICA Y ESPÍRITU

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Física y Espíritu

NUEVOS PARADIGMAS DE LA CIENCIA (1)

“Para percibir la estructura y propiedades de las partículas elementales, es necesario hacer intervenir un espacio-tiempo particular presentando las características de un espacio-tiempo del Espíritu, acompañando el de la materia”

Jean Charón – Físico  Libro: “El espíritu, este desconocido”

Desde antiguo la palabra paradigma se asocia con el concepto de modelo o ejemplo a seguir en determinadas áreas o experiencias. En el caso concreto de la ciencia, suele referirse a los patrones o los modelos de trabajo que asumen los investigadores.

Esta cuestión ha sido cambiante a lo largo de la historia a medida que la filosofía y la ciencia han propiciado el avance del conocimiento humano y la comprensión de la realidad y de las leyes que rigen este universo. Así pues, cuando en la historia han sobrevenido acontecimientos que han cambiado el progreso de las ideas y de la ciencia, desterrando viejos supuestos, se ha instaurado un nuevo paradigma a nivel del pensamiento filosófico-científico. Y con ello el progreso se ha orientado con mayor precisión en nuevas áreas de descubrimiento que han permitido la evolución del conocimiento.

Ejemplos de paradigmas fue el pensamiento heliocéntrico de Copérnico, el dualismo de Descartes, la mecánica de Newton, el evolucionismo de Darwin o más recientemente el pensamiento relativista de Einstein. Estos y otros avances en el pensamiento e investigación científica propiciaron cambios de rumbo significativos en el conocimiento de la realidad, del ser humano, de la vida y de las leyes que la rigen.

Pero como podemos deducir, el mundo continúa, la ciencia sigue avanzando y los progresos en la investigación continúan sin detenerse jamás. Sin duda es la prueba de que todavía estamos a las puertas de nuevos paradigmas que irán sustituyendo a los anteriores a medida que avancen las ciencias y el desarrollo del pensamiento humano.

Nada es pues definitivo. A medida que se investiga se proponen nuevas hipótesis que han de ser sustentadas con los hechos empíricos que el método científico avala. En el siglo anterior y en los comienzos de este, un nuevo paradigma parece querer asomar en el horizonte, pretendiendo retar al principio materialista-mecanicista que la ciencia ha venido sosteniendo desde el siglo XIX y a fin de contextualizar y definir algunos de los grandes interrogantes que todavía se plantea el hombre de ciencia: ¿cuál es el origen de la conciencia? ¿El alma es transcendente?.

En estas últimas décadas, desde mediados del siglo XX hasta ahora, nuevos descubrimientos parecen alumbrar el nuevo paradigma que sustituirá al anterior de forma rotunda. Las áreas de investigación que permiten abordar este problema son muchas, pero preferentemente la física cuántica permite deducir respuestas a los interrogantes mencionados arriba.

Los descubrimientos de la relatividad de Einstein y las aportaciones de Planck dieron lugar el siglo pasado a un conocimiento mayor de las partículas subatómicas y con ello a la comprobación de “nuevas dimensiones de existencia” hasta entonces desconocidas, que permiten comprender con mayor claridad dónde puede ubicarse la conciencia y de qué forma nuestra alma puede manifestarse en otras dimensiones y ser tan real o más que si inter-actuara únicamente en la realidad tridimensional que conocemos. De hecho, después de Einstein, una cuarta dimensión hizo su aparición en la realidad de la física: el tiempo.

El principio de incertidumbre de Heisenberg, donde se demuestra la imposibilidad de fijar la posición y el movimiento de las partículas simultáneamente y el comportamiento de las mismas, unas veces como materia y al instante como energía, es la demostración científica de que la materia y la energía tienen que ver con la mente y la conciencia más de lo que llegamos a suponer. Con ello se prueba que ni el espacio ni el tiempo tienen repercusión, pues  -las partículas- pueden relacionarse al instante sin conexión alguna y a miles de kilómetros de distancia. Se altera así toda la concepción mecanicista de la materia como elemento único de realidad. Lo que sirve para las evidencias de la mecánica clásica de Newton en el macrocosmos (movimiento y gravedad de los planetas, por ejemplo) no es válido para la física de partículas elementales de la materia.

Si la materia a nivel microscópico se confunde con la energía,  y el espacio y el tiempo no tienen la repercusión que observamos en el mundo que nos rodea, es mucho más fácil comprender y aceptar que una energía como es el espíritu humano (la energía no se crea ni se destruye, tan sólo se transforma: Principio de la termodinámica) es algo permanente, eterno, que cambia de forma o estado (con cuerpo -materia o sin él -espíritu-), pero que «siempre es» 

Y si a este axioma le añadimos que no es precisa una conexión física o material entre partículas para que estas se comporten igual a miles de kilómetros de distancia, ¿no será mucho mas fácil comprender la relación entre cuerpo material y espíritu-energía unidos por ese extraordinario cuerpo periespiritual (semimaterial) que participa de ambos en cuanto a su estructura y moléculas afines?

La comprensión del periespíritu (bioplasma, cuerpo astral, etc..) es la prueba evidente de la relación del espíritu y la materia. Es también la respuesta definitiva a aquellos que, para refutar el «dualismo» alma-cuerpo de las religiones, negaban la realidad del espíritu afirmando que la materia y la energía no tenían una relación conocida por tratarse se distintas sustancias. Esa relación es ese cuerpo intermedio que posee moléculas materiales y energéticas, capaces de vincular, unir y relacionar íntimamente los dos aspectos del ser humano: su cuerpo y su alma.

Estas reflexiones nos debe hacer pensar qué fácil sería para la ciencia actual demostrar la realidad del espíritu y su inmortalidad tan sólo aplicándose al estudio molecular y electro-magnético de ese cuerpo llamado periespíritu que une ambos principios: el energético (espíritu) y el material (cuerpo físico). Estamos a las puertas de nuevas realidades  científicas y en próximos años comprobaremos las evidencias de las mismas.

Por si esto fuera poco, el físico Niels Bhor otorga la cualidad de la materia y la energía a “la conciencia del observador Es decir, la conciencia y la mente del observador es la que determina la naturaleza de la materia o la energía. Esto supone introducir la conciencia en el núcleo de la física cuántica. En relación a esto último veamos que opina al respecto de la mente y la materia uno de los físicos más importantes de las últimas décadas, David Bohm:

“Lo mental y lo material constituyen dos aspectos de un proceso conjunto, únicamente separados en el pensamiento y no en la realidad. Existe más bien una única energía en la base de toda realidad…No existe división entre lo mental y lo material” D. B. (1986)

 Así pues, estas nuevas concepciones de la física permiten perfectamente implementar el aspecto de la conciencia en distintas realidades y dimensiones desconocidas hasta ahora. Esto sería una evidencia clara de cómo se pueden comprender aspectos como la fenomenología paranormal o mediúmnica, y de como determinados estados de conciencia aparentemente alterados no son tales, sino tan reales como los que podemos percibir en el ámbito de tres dimensiones.

Hay que tener en cuenta que el principio inteligente se encuentra en el espíritu y no en la materia. Por ello la mente es un instrumento al servicio del espíritu inmortal, siendo el pensamiento su expresión más genuina que utiliza el cerebro para su manifestación cuando tenemos un cuerpo. Por ello cuando prescindimos del cuerpo nuestra mente sigue activa, pudiendo transmitir y recibir pensamientos en estado espiritual. Es lo mismo que decir que nuestra conciencia sigue activa a pesar del cuerpo físico, pues la mente y la conciencia están íntimamente relacionadas.

Esto aportaría un campo de investigación amplísimo sobre la transcendencia de la conciencia después de la muerte, además de la supervivencia en otras dimensiones de vida y la posibilidad de interconexión de esa conciencia con otras que se hayan encarnadas. Expresado de otro modo: la supervivencia e inmortalidad del alma además de la certeza de la comunicación de las almas que ya partieron con aquellas otras que permanecen todavía en nuestra dimensión física.

Física y espíritu unidos por las leyes que rigen la naturaleza en los principios esenciales de la materia y la energía. Imaginemos cuando estos postulados – confirmados por la ciencia espírita hace ahora 150 años- sean estudiados en profundidad por los científicos del momento, colocando la conciencia y el espíritu humano como fuente principal de los fenómenos que acontecen. Será entonces cuando el nuevo paradigma científico-espiritual sustituirá definitivamente al paradigma materialista que todavía impera en una gran parte de la comunidad científica. Confirmando al Nobel de Física Max Planck:

“Una nueva verdad científica no suele imponerse convenciendo a sus oponentes sino más bien porque sus oponentes desaparecen paulatinamente y (son sustituidos por) una nueva generación familiarizada desde el principio con la (nueva) verdad” Max Planck

Esto ya es una realidad, no habrá que esperar mucho más, pues ya se está implementando una generación de investigadores en distintas áreas de la ciencia que profundizan cada vez más en el nuevo paradigma que sitúa a la conciencia como la base de la vida y de todo lo que existe. Conforme avance la investigación en esta década, se irán confirmando los postulados e hipótesis de muchos científicos que ya afirman la realidad del espíritu y su transcendencia inmortal.

Física y Espíritu por: Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, paz y caridad

 

    “La materia del Universo es materia Mental”

Arthur Eddintong- Astrónomo

EVOLUCIÓN, CREACIÓN Y REGENERACIÓN

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Evolución, Creación y Regeneración

Evolución, Creación y Regeneración

Antonio Lledó Flor

Evolución, Creación y Regeneración

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Desde hace más de siglo y medio, la batalla dialéctica, ideológica y científica sobre el origen de la vida y el hombre está plenamente vigente. Las posturas mantenidas por los científicos evolucionistas y creacionistas sigue presentando argumentos a favor y en contra sobre los orígenes del universo y el salto del primate al homo-sapiens. Ni siquiera nuevos descubrimientos científicos de renombre como la presentación del genoma humano en el año 2000, han logrado acabar con el debate.

A la discusión mantenida por los biólogos evolutivos (evolucionismo) y los científicos que defienden el creacionismo, se ha unido últimamente la tesis del «Diseño inteligente» que apoyan estos últimos. Mientras el extraordinario avance de la tecnología y de la ciencia continúa, las ideas siguen su curso, e, innovadoras concepciones antropológicas, filosóficas, psicológicas e investigadoras aportan nuevos enfoques sobre la mente, la conciencia y el alma, que nos recuerdan nuestra auténtica naturaleza espiritual.

Como ha ocurrido siempre en la historia de la ciencia, las ideas preceden y confirman el axioma científico. Este manual es la presentación de una «Tercera Vía»; aquella que tiene que ver con la naturaleza profunda del ser humano; aquella parte del mismo que es capaz de trascender la tercera dimensión, alcanzar la inmortalidad y que, por ser nuestro propio «yo evolutivo» nos permite conocer de dónde procedemos y cuál es nuestro origen, tanto en la forma de la especie humana como en nuestra realidad interior. Este origen espiritual del hombre, unido a la concepción de la evolución y al principio creador de la vida y el universo, plantea una perspectiva diferente que aclara con certeza, lógica y razonamiento el debate planteado, ofreciendo también las respuestas de hacia dónde vamos. La comprensión de esta nueva perspectiva, nos permite descubrir algo más que las otras dos tesis no alcanzan a explicar: el complejo momento de transición por el que vive nuestro planeta y que anuncia una nueva etapa de Regeneración para toda la humanidad.

Evolución, Creación y Regeneración por: Antonio Lledó Flor

 

AVANZANDO SIEMPRE, SIN LIMITES

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Avanzando siempre, sin límites

Una importante lección que ya aprendí en mi última existencia en la Tierra era el hecho de que, una vez descorrido el velo de mi ignorancia espiritual gracias a la doctrina espírita, los límites para el espíritu no existen, ni en la Tierra ni en el espacio. El progreso es continuo, el avance imperturbable y la energía de nuestro ser inmortal infinita.

Esta última puede verse perjudicada cuando recaemos en los estadios evolutivos más bajos, densificando nuestro periespíritu y oscureciéndolo con actos innobles, pensamientos impuros o sentimientos negativos y malsanos. El viejo dicho del «alma negra» es una verdad incuestionable; representa la carga negativa de nuestros crímenes y errores del pasado; y hemos de limpiarlo mediante el amor y la entrega desinteresada hacia el prójimo, reparando el daño que hicimos, o, por el contrario, el dolor llega a nuestras vidas para hacerse cargo de saldar la deuda mediante el sufrimiento, la desgracia y la aflicción.

Cuando comprendí que el espíritu no se detiene jamás, y que, de cada experiencia, positiva o negativa, es capaz de extraer las mejores consecuencias, entendí mejor la grandeza del Creador, al dotarnos de capacidad de cambio, de transformación, de libre albedrío y de responsabilidad total sobre nuestros actos.

De la acertada comprensión de nuestras experiencias, felices o desdichadas, y de la decisión que tomemos respecto a ellas, se infiere la felicidad y dicha futura que nuestro espíritu experimentará o, por el contrario, la continuidad en la perturbación, el odio, la enfermedad y la muerte. Cuando hablo de muerte me refiero a «muerte espiritual», pues la muerte física no existe, y la primera no es otra cosa que el estado del espíritu humano cuando se vuelve ciego; dominado por el egoísmo, las pasiones y la soberbia que le hacen insensible al amor y a la compasión.

Siempre busqué en la vida la justicia, sin saber que nunca la hallaría en el mundo físico; pues existen razones espirituales, causas y consecuencias que exceden la comprensión de nuestro entendimiento al estar todavía dominados por la ignorancia de las leyes supremas de la vida. Conocemos muchas de ellas, pero en absoluto todas; y lo que es más grave, nuestras tendencias del pasado nos llevan a juzgar a priori las acciones de los demás sin saber apenas nada de su trayectoria evolutiva como espíritus.

Mis tendencias ancestrales, estando todavía en la materia, requerían de mí un esfuerzo supremo para no prejuzgar las actuaciones y acciones que otros realizaban a mi alrededor (positivas o negativas, según mi visión particular de las cosas). Esta tara, que confronta con el dicho del maestro Jesús: «no juzguéis y no seréis juzgados», es sin duda uno de los más enraizados males en la conciencia de los hombres; y yo mismo no iba a ser una excepción.

Aquí, en el plano del espíritu, se ven las cosas con una perspectiva superior  y, desbrozados de la materia asfixiante y coercitiva, comprendemos con absoluta nitidez muchas cosas que en la vida física son para nosotros misterios insondables. Una de ellas es que nuestro espíritu no tiene más límites que aquellos que nos impone nuestra condición moral, nuestro grado de perfección y plenitud.

A mayor elevación espiritual, mayor energía y capacidad de obrar, actuar; mayores condiciones de llegar a donde se nos necesita, pues nuestro cuerpo espiritual se vuelve más sutil al poseer una energía vibratoria mayor, más rápida, donde las moléculas se encuentran más separadas, y por ende producen que nuestro pensamiento (vehículo del espíritu en el espacio) sea más potente, y nuestro cuerpo periespiritual menos denso, más ligero, más dúctil, maleable y fácil de dirigir y trasladarse allí donde se nos necesita.

Es una gran lección comprobar que la energía del espíritu se retroalimenta, a raíz de nuestras acciones de bien y de amor. Es increíble la enorme fuerza que los planos superiores trasladan a los espíritus como yo que, en el plano espiritual donde me encuentro, comprendido en el trabajo a realizar, y a pesar de no tener todavía una evolución superior, consigo trabajar cada vez más sin síntomas de agotamiento alguno.

Cuando alguna aflicción llega a mi mente derivada de mis propias debilidades o de la escasa fortaleza para aceptar el sufrimiento de seres queridos, me coloco en oración; y es entonces cuando observo y compruebo la enorme fuerza de los espíritus superiores; seres angélicos que vierten su amor en forma de energía a los espíritus encarnados y desencarnados que lo solicitan, en el nombre de Dios y mediante sus capacidades ganadas por el propio mérito y esfuerzo de miles de años de progreso y avance sin cesar.

Este ejemplo me vivifica espiritualmente y me anima a trasladar a aquellos que me leen, a través de este trabajo que publicamos, la gran verdad de que nunca hay que rendirse; siempre avanzar, proseguir, continuar sin miedos, desánimos ni dudas; pues la fuerza del amor del Creador y de los seres perfectos que llegaron a la plenitud forman, como estrellas, las potencias y jerarquías angélicas del plano espiritual y están permanentemente vibrando en amor; una fuerza inconmensurable, infinita, que dota de vida a todo el universo físico y espiritual; siendo nuestro ser, nuestro espíritu, receptor de la misma cuando se solicita con humildad.

Benet de Canfield

Avanzando siempre, sin límites:Psicografiado por Antonio Lledó

©2018, Amor, Paz y Caridad

[*] Serie de psicografías mensuales; en las que un espíritu amigo, desencarnado hace pocos años, comenta experiencias de vida de su última existencia, así como las reflexiones sobre las mismas una vez llegado al mundo espiritual. Para preservar el anonimato de su identidad, tal y como él mismo nos ha solicitado, usamos el nombre que tuvo en una existencia anterior, hace ya varios siglos.

¿IMPORTA LA VERDAD?

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¿Importa la verdad?

“La verdad no mancha los labios de quien la dice, sino la conciencia de quien la oculta”

En la sociedad en la que nos encontramos se vuelve realmente preocupante el deterioro de algunos valores que fortalecen y unen a las sociedades. Uno de ellos es la verdad. Constantemente escuchamos palabras y definiciones como “post-verdad”, “noticias falsas”, “manipulaciones informativas”, “distopía”, «verdades a medias»,  etc. Da la impresión de importar más la difusión de la cuestión que la veracidad de la misma.

Muchas veces no tenemos muy claro qué significa cada cosa; sin embargo, en un mundo globalizado, donde la información no puede contrastarse fehacientemente, debido a la rapidez con que se suceden las noticias y al hecho de que prevalece lo inmediato sobre lo veraz, se construye un estado de opinión frívolo sobre los acontecimientos y las personas que, la mayoría de las veces, no se ajusta a la realidad de los hechos. En ocasiones informaciones falsas y malintencionadas son aclaradas con el tiempo, sin embargo la restitución de la verdad de los hechos tiene mucha menos repercusión mediática que la infamia que la originó.

Esta cuestión, amplificada por la transmisión de la información no únicamente a través de medios de comunicación u organismos oficiales sino principalmente por las redes sociales, donde todos nos convertimos en transmisores, difusores y colaboradores de noticias, unas falsas, otras desvirtuadas, la mayoría intrascendentes, nos obliga a un “ejercicio de discernimiento a la hora de aceptar aquello que consideramos verdadero distinguiéndolo de lo que no lo es.»

Si observamos este fenómeno en detalle, comprobamos que la persona formada no está tampoco libre de la intoxicación que esta situación produce. La cultura y la formación no eximen a nadie de actitudes que tienen que ver más con lo que nos gusta, con lo inmediato, o con la satisfacción de nuestros efímeros deseos materiales que tienen como objetivo únicamente el placentero egoísmo que a todos nos afecta.

Sin duda es el signo de los tiempos, de una sociedad globalizada, donde los valores morales se encuentran en franco retroceso ante los gustos personales que el materialismo e individualismo más exacerbado nos propone. Sin embargo, una sociedad que no se construye desde los individuos con una sólida convicción de la necesidad de respeto al semejante, a las libertades de los demás, a su forma de pensar y a sus maneras de actuar dentro del orden que el contrato social -o las leyes- nos imponen a todos, se convierte en una sociedad destinada al fracaso, la anarquía y la violencia.

En la base de todo se encuentra la pérdida de educación moral -ésta no tiene por qué ser religiosa-, y la consecuencia inmediata de este deterioro educativo es de enorme gravedad para una sociedad de futuro.

“La verdad nunca triunfa, sus oponentes simplemente se van muriendo” 

Max Planck – Nobel de Física

Una de estas consecuencias graves es la repetida importancia de la verdad ante la mentira, ante la manipulación, o las verdades a medias que a veces se utilizan para conseguir determinados fines o ventajas sin ningún tipo de escrúpulos. Aquellos que estamos interesados en la comprensión del alma humana y en la necesidad que ésta tiene de crecer espiritualmente en valores morales, no podemos en absoluto “sacrificar la verdad” de aquello que sabemos, escudándonos en la marea de comportamientos y actitudes contrarias a que aquella resplandezca. Y aunque a veces seamos incomprendidos en nuestras actitudes o comportamientos, nuestra conciencia nos dicta ser fieles y responsables ante esta premisa, por encima de las circunstancias que condicionan a la mayoría y a las que apenas damos importancia.

“Valiente es quien dice la verdad sabiendo que lo perderá todo”

Esto genera a veces incomprensión o recelo, pues en estas sociedades tan ególatras, si no te comportas o piensas como la masa, si no sigues las modas o las corrientes al uso, parece que quedas al margen. Sin embargo, nada hay más importante que la libertad del ser humano, y dentro de esto, la libertad de pensamiento, de conciencia y de actuación ha de ser siempre la mayor de las premisas que a nadie se puede arrebatar.

Es por ello que, para aquellos que consideramos que este planeta y las sociedades que  lo forman son escuelas de aprendizaje para el espíritu inmortal, la verdad sí importa. Es más, ya no es sólo la obligación moral que tenemos de divulgarla y difundirla según nos dicta nuestra conciencia, sino que esta cuestión se convierte en un reto, en una oportunidad de progreso, donde sabemos que hemos de luchar contra corriente en la mayoría de las ocasiones.

Evidentemente, no hablamos de ninguna verdad absoluta; cada cual tiene la propia. Sin embargo, el hecho de que la verdad es importante supone, entre otras cosas, denunciar la mentira, no dejarse engañar por conceptos como la post-verdad, las verdades a medias, las noticias frívolas, falsas o inmediatas, y también supone el respeto a las ideas de los demás, aunque no coincidan con las nuestras.

Si además valoramos que, dentro del campo que nos interesa, el alma humana viene a la Tierra a realizar un compromiso personal y debe descubrirlo por ella misma, la contaminación que estas actitudes sociales comportan genera confusión, distracción y desvío de los auténticos objetivos que hemos de descubrir y realizar.

El deber que a todos nos compete realizar cuando reencarnamos nuevamente es una hoja de ruta que nos hemos marcado; y el incumplimiento del mismo por confundirnos respecto a los objetivos que traemos genera importantes repercusiones en la trayectoria futura de nuestra alma inmortal. Es por ello que nunca podemos renunciar a la verdad que nuestra conciencia nos marca como el camino cierto que debemos seguir.

El peligro es evidente, y desde aquí hacemos una llamada al sentido común, a la convicción que los principios espirituales nos aportan respecto al compromiso que cada uno traemos. Pues, respetando la verdad de lo que nos dicta nuestra conciencia, y sin dejarnos contaminar por las actitudes, modas o tendencias sociales que minusvalora la verdad de aquello que es realmente importante para nuestra vida inmortal, estamos cumpliendo con el trabajo de crecimiento, evolución y progreso que nuestro espíritu nos demanda en esta existencia.

No olvidemos que las leyes de Dios están escritas en la conciencia de cada uno; y esta última es el juez inexorable que nos proporciona la seguridad del camino correcto, aportando a nuestras vidas la satisfacción y plenitud que la auto-realización personal comporta. Esto último es imposible sin tener en cuenta una actitud consecuente, cierta y auténtica que se corresponda con aquello en lo que creemos firmemente y que nos impida renunciar a la verdad de nuestros más nobles principios y realizaciones en esta existencia.

Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

“La verdad es el objetivo, el amor el medio para llegar a ella”

Ghandi