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DEUDAS Y MÉRITOS

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Deudas y méritos

La catarsis que supuso para el alma humana de millones de seres el ejemplo de Jesús, provocó, sin duda, el comienzo de una nueva etapa en la trayectoria que el espíritu encarnado debía de afrontar.

Desde ese momento, el alma humana, en estado encarnada o desencarnada, comenzó a comprender algo imprescindible para su regeneración y evolución posterior: existe una justicia, perfecta e inmutable, que devuelve al hombre aquello que hace a sus semejantes; ahora o más adelante. 

Entender que no existe arbitrariedad ni injusticia alguna, como afirmó el Maestro Galileo con su cita “A cada cual según sus obras”, constituyó la lección imprescindible para que, aquellos que querían cambiar a mejor, pudieran liberarse de la ignorancia y el error, o del primitivismo ancestral que todavía arrastraban, reconsiderando sus posturas ante la vida y en su relación con los semejantes.

Ni los preceptos religiosos -que amenazaban con penas eternas- ni los condicionamientos culturales o sociales, que inducían al hombre a dar rienda suelta a sus ambiciones sin importar el derecho de los otros, tuvieron ya justificación alguna para los crímenes, aberraciones o violencias de todo tipo que pudieran justificarse bajo criterios de bien común (sistemas de creencias) o de preceptos dogmáticos o religiosos.

Ya nada sería igual; el alma humana quedaba así frente al espejo de sí misma, de las leyes que Dios había creado para ella, totalmente justas, iguales para todos y responsable directamente de sus actos. Como en todo proceso de crecimiento y desarrollo, hubo millones de personas que aceptaron de buen grado esta nueva etapa de Amor y de Justicia perfecta que sustituía la vieja era del Dios iracundo, cruel y vengativo que condena eternamente.

Con el transcurso de algunos siglos, el racionalismo y alguna que otra corriente de pensamiento se encargaron de desmitificar los conceptos religiosos más absurdos sobre ese Dios inexistente del antiguo testamento que nada tenía que ver con el que Jesús presentó al hombre: Un padre bondadoso y eterno, que trata por igual a sus hijos y les otorga las oportunidades necesarias (varias vidas) para que sus almas alcancen la luz y la felicidad a la que están destinadas mediante sus propios méritos.

La comprensión de esta realidad hizo entender a millones y millones de personas en occidente que, independientemente de los ritos, los principios o los dogmas de las religiones que profesaran por cultura, sistema de creencias o convicción propia, Dios alcanzaba una nueva dimensión para el alma humana. Esta última, creada a imagen y semejanza del primero, aparecía como digna heredera de los atributos divinos, con la necesidad de desarrollarlos para alcanzar su propia felicidad. 

Todo ello bajo dos principios incuestionables enmarcados en las leyes divinas: el libre albedrío y la responsabilidad individual. Ambas cuestiones condicionaban fuertemente algunos principios religiosos, los cuales afirmaban que para alcanzar el cielo o salvarse del infierno únicamente era preciso tener fe, confesarse o seguir unos sacramentos determinados de cualquier religión dispensados por hombres que se arrogaban el poder de perdonar “en nombre de Dios”. 

Esto quedó fuertemente derruido por la razón, la lógica y las leyes espirituales que Jesús descubrió para la evolución del alma. No es que la fe o los sacramentos fueran obstáculos, antes al contrario; sin embargo, no eran la clave que permitía la salvación del alma o su regeneración moral. Esta última se encontraba en los postulados vividos y practicados del “Amor a Dios y al prójimo”. Y fuera de esto, cualquier fe, confesión, autoridad religiosa o sacramento que no contemplara este principio, era absolutamente prescindible e innecesaria para lograr la redención del alma humana.

Aquí es cuando el ser encarnado y desencarnado, en las etapas que transcurren de una a otra vida en la Tierra, se hacía plenamente consciente de la importancia de corregir sus errores, eliminar sus deudas y abrazar definitivamente los “méritos” que el alma debía conquistar, mediante sus obras, para liberarse del sufrimiento, la ignorancia y el error que le llevaría a una nueva etapa más feliz y venturosa el día de mañana.

Comprendiendo la inmortalidad y la escasa importancia del tiempo y el espacio para la trayectoria del alma, el hombre se volvía consciente de la necesidad de reparar aquello que hizo mal en otras vidas o en la actual. Pues el conocimiento de que aquello que hacemos nos viene de regreso, es el argumento poderoso de la ley de justicia que afecta al alma humana desde que comienza a evolucionar.

Esta nueva era de comprensión para el alma le hizo ver que, en el libre albedrío del que dispone, es plenamente responsable de todo lo que hace, bueno y malo; y que ella es única, individual e inmortal. Los méritos y errores de sus acciones, pensamientos y sentimientos, son únicamente responsabilidad suya, pues siempre tenemos condiciones de elegir la forma de actuar.

Esta capacidad de decisión entre actuar en el bien o seguir dando rienda suelta a nuestros defectos, pasiones o vicios que agreden a los demás, hizo comprender al hombre que, antes que otra cosa, es un ser eminentemente moral, cuya capacidad de acción y responsabilidad se incrementa en la medida en que crece en inteligencia y amor.

Se hacía preciso trabajar interiormente, adquirir méritos y un poco de reflexión para no volver a caer en el error, para cambiar y transmutar los hábitos perniciosos de nuestra alma en hábitos saludables de comprensión, tolerancia, perdón, altruismo y bondad. Esta actitud nos pone rumbo a la felicidad, pues logramos encaminar nuestros pasos conquistando merecimientos -no sin esfuerzo- y saldar deudas del pasado -que nos liberan de las cargas anteriores- mediante el sufrimiento y la reparación del daño cometido, o a través de la entrega desinteresada hacia el prójimo que minimiza los efectos de nuestros errores para con los demás.

Hasta que el alma del hombre no comprende que en las propias deudas y méritos adquiridos se encuentra la clave del progreso del espíritu, le cuesta enormemente entender mejor la justicia divina y el plan establecido por Dios para la liberación del sufrimiento y el alcance de la plenitud y la felicidad a la que estamos destinados.

Un plan cuya ejecución únicamente nos corresponde a cada uno, al Dios interno (*) que poseemos en la intimidad, que no es otra cosa que la propia alma humana encarnada en la Tierra. Es el espíritu inmortal, que cuando ya ha traspasado el umbral de la muerte física y se encuentra liberado de la carne, lúcido y equilibrado, siempre está a expensas de seguir trabajando y preparándose para nuevos retos de evolución y progreso.

Deudas y méritos por:   Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

(*) Entendido como la proyección del alma hacia la perfección a la que está destinada y a la que todos llegamos antes o después. Este es el único determinismo inevitable: Estamos creados para la felicidad y la perfección.

EMOCIONES: ¿LA BONDAD MEJORA NUESTRA SALUD?

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“He visto que la base de un cerebro sano es la bondad, y la entrenamos en un entorno científico, algo que no se había hecho nunca” Dr. Richard Davidson

La deshumanización y el materialismo instalado en la sociedad actual han llevado a la comprensión de las emociones, en lo que se refiere a su origen, a un enfoque sistemáticamente equivocado. Con frecuencia se suele argumentar que se trata de fenómenos sociales derivados de la educación, la cultura y el medio ambiente donde se desarrollan las personas, que se ven influenciadas por sus sistemas de creencias, para desarrollar unas u otras.

El problema viene respecto al origen de las mismas, pues a pesar de proceder de la mente humana, son procesadas junto al pensamiento, de tal forma que hay quien afirma que las emociones son el mismo pensamiento tipificado en una u otra categoría que lo distingue. Y también es preciso diferenciar claramente la emoción del sentimiento. Para ello recurramos a la cita de Juana de Ángelis en el libro psicografiado por Divaldo P. Franco «Encuentro con La Paz y la Salud». 

«Los sentimientos son vivencias percibidas a través de una emoción de manera consciente. La emoción es un efecto espontáneo del organismo ante cualquier acontecimiento, produciendo descargas de adrenalina al torrente sanguíneo. La emoción produce el sentimiento (júbilo, descontento, etc.). La emoción funciona automáticamente sin conciencia, mientras que los sentimientos son percepciones conscientes de lo que ocurre».

En esta cita encontramos la relación directa entre emoción, salud y bienestar celular derivada de los procesos bioquímicos que se producen en el cerebro a raíz de los procesos emocionales que experimentamos, y que la ciencia viene a confirmar a través de investigaciones como las que hoy exponemos aquí.

Las emociones perturbadoras han sido fuente y origen de numerosas patologías mentales estudiadas por el psicoanálisis y la psicología; sin embargo, es curioso observar que hasta hace bien poco no existía ningún estudio profundo acerca de las influencias de las emociones positivas en la mente humana, en lo que atañe al funcionamiento del cerebro y las neuronas (células cerebrales).

Esto sorprendió profundamente al Dr. Richard Davidson (*) cuando, decidido a estudiar este campo de investigación, consultó la Biblioteca del Congreso Norteamericano y le informaron que emociones como la ternura, la gentileza o la bondad no son objeto de estudio de la medicina ni de la biología, sino de la sociología o la psicología social, al estar catalogadas como “fenómenos sociales” y no “fenómenos biológicos”.

Estimulado por el extraordinario éxito de sus investigaciones anteriores acerca del cerebro y la influencia de la meditación en el cambio celular, el  ADN y la plasticidad cerebral, Davidson inició un nuevo experimento sobre la influencia que las emociones positivas tienen en la mente y el cerebro humano, para confirmar que no son un fenómeno social y sí un fenómeno biológico capaz de modificar la estructura celular de nuestro cerebro, la bioquímica cerebral y la propia expresión del ADN de nuestras neuronas.

“Descubrí que una mente en calma puede producir bienestar en cualquier tipo de situación. Desde la neurociencia me dediqué a investigar las bases de las emociones, y me sorprendió ver cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan solo dos horas” R.D.

El experimento fue realizado con dos grupos de voluntarios, por un lado niños y por otro adultos, a los que sometió a diversos tipos de experiencias emocionales basadas en las reacciones a las tres emociones antes mencionadas, ternura, gentileza y bondad. La definición de cada una de ellas fue así: La ternura fue conceptuada como la disposición de aliviar el sufrimiento de aquellos a los que apreciamos o tenemos un vínculo afectivo. La gentileza fue definida como el impulso de ayudar a personas a las que no conocemos y precisan de ayuda en un momento determinado (por ejemplo, ceder un asiento a una persona mayor en un autobús). Y la bondad (equivalente a compasión) se conceptuó como el impulso de ayudar y paliar el dolor de todas las personas, aunque no sean de nuestro agrado o incluso puedan ser contrarias a nosotros. No confundir con la empatía.

“Hay una diferencia sustancial entre empatía y compasión. La empatía es la capacidad de sentir lo que sienten los demás. La compasión es un estadio superior, es tener el compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento. Los circuitos neurológicos que llevan a la empatía o a la compasión son diferentes” R.D.

Todas las experiencias fueron sometidas a controles cerebrales mediante RSF (Resonancias Magnéticas), a seguimientos sobre la modificación bioquímica de las sustancias que exudaba el cerebro debido a las emociones, y a la propia modificación genética del ADN comparado de la neurona, antes y después.

Los resultados fueron tan extraordinarios que extrajo de ellos varias conclusiones. Una de ellas es el hecho de que las personas bondadosas, lejos de ser débiles o    ingenuas como la corriente social parece divulgar, son mucho más fuertes y resistentes en su capacidad neuronal, eliminando con más facilidad las toxinas que acumulan las neuronas procedentes del gasto energético y que provocan el envejecimiento celular. De tal forma que son más fuertes y resistentes a las enfermedades, al poseer un cerebro mucho más sano.

Confirmó que un cerebro sano debe tener como base la bondad de la persona, intentando esforzarse en adquirir este hábito, liberándose así de las neurosis y psicosis que afectan a tantos millones de personas en el mundo que padecen enfermedades mentales. Esto está al alcance de todo el mundo, y no hay que poseer características específicas para conseguirlo.

Pudo demostrarse que las emociones no son producto de la educación o las creencias, aunque sin duda estas últimas influyen en el desarrollo emocional de las personas, pero se constató que se trata de un fenómeno biológico que se procesa mediante su origen mental, siendo este de carácter especial cuando los pensamientos y las emociones se orientan hacia aspectos positivos del comportamiento humano.

Sin duda, el hombre no es un predador egoísta y desarrollado para la competencia salvaje que impone la sociedad materialista de consumo actual, sino que posee en su interior las capacidades emocionales y mentales propias de su “condición humana”, que son otorgadas por el alma inmortal, ya que tanto la mente como el cerebro no son más que meros instrumentos al servicio del alma humana.

“Una de las cosas más interesantes que he visto en los circuitos neuronales de la compasión es que la zona motora del cerebro se activa: la compasión te capacita para moverte, para aliviar el sufrimiento” R.D.

Podemos afirmar entonces que aquellas grandes enseñanzas sobre la vida buena, la ética de la virtud y el comportamiento bondadoso respecto a nuestros semejantes ya no son únicamente actitudes de comportamiento que afectan al alma humana, sino que también mejoran la salud mental, el bienestar psicológico y el equilibrio emocional. Además, la aplicación de la regla de oro “haz a los demás lo que quieras que se te haga”, supone una pauta de actuación que eleva al hombre a su aspecto más humano y le ayuda en su progreso espiritual que, a fin de cuentas, es el objetivo principal de la vida humana.

Realizo a continuación un paralelismo de la actitud que la bondad puede suponer para el ser humano, al citar una máxima de Jesús que nos invita a reflexionar.

«Bienaventurados los mansos y pacificadores, ellos heredarán la tierra y serán llamados hijos de Dios» S. Mateo Cap. 5 

A través de esta bienaventuranza, el Maestro convierte en Ley la dulzura, la bondad, la mansedumbre, la afabilidad y la paciencia. Además, la herencia a la que hace referencia es, por un lado, la que se deriva de esa actitud: Paz interior, al otorgar más importancia  a los bienes del cielo que a los de la Tierra. Y por otro, el ser llamados hijos de Dios no es más que la garantía de que se les hará justicia, heredando el derecho de formar parte de la nueva humanidad cuando el estado de la Tierra haya sido transformado convirtiéndose en un mundo feliz mediante la expulsión de los perversos.(Evangelio según El Espiritismo – Cap.IX)

Que la neurociencia y la biología confirmen los beneficios de estas emociones positivas sobre el organismo biológico no hace más que evidenciar y justificar una realidad mayor: la mente como instrumento del espíritu inmortal es la que dirige su proceso biológico-psicológico, y, si somos capaces de consolidar hábitos mentales saludables como la adquisición de la compasión y la bondad, estos nos acompañarán continuamente, proporcionando felicidad y paz interior, además de salud y armonía.

El principio inteligente es eterno e inmutable, acumula de forma milenaria en su inconsciente profundo sus cualidades mentales y emocionales y las arrastra vida tras vida, creciendo y progresando, ampliando su inteligencia y su conquista de las cualidades superiores del alma, entre las cuales la bondad destaca por ser la expresión genuina del progreso espiritual, por alcanzar el desarrollo del amor en acción.

Así pues, la ciencia viene en apoyo de la espiritualidad, demostrándonos que el ser humano no es una máquina biológica, psicológica y social, sino que mediante su voluntad y su trabajo puede modificar su conducta, de forma que cuando orienta sus esfuerzos hacia el bien y las emociones superiores del alma, encuentra el bienestar físico, psicológico y el equilibrio espiritual que tanto le identifica con su auténtica naturaleza, la de un ser en progreso constante rumbo a la plenitud y la realización integral.

Emociones: ¿La bondad mejora nuestra salud? por:  Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

(*) El Dr. Richard Davidson, fundador del Instituto de Investigación de Mentes Saludables es psiquiatra, psicólogo y genetista, autor del libro: “El perfil emocional de tu cerebro”

EMOCIONES: ¿LA BONDAD MEJORA NUESTRA SALUD?

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Emociones: ¿La bondad mejora nuestra salud?

“He visto que la base de un cerebro sano es la bondad, y la entrenamos en un entorno científico, algo que no se había hecho nunca” Dr. Richard Davidson

La deshumanización y el materialismo instalado en la sociedad actual han llevado a la comprensión de las emociones, en lo que se refiere a su origen, a un enfoque sistemáticamente equivocado. Con frecuencia se suele argumentar que se trata de fenómenos sociales derivados de la educación, la cultura y el medio ambiente donde se desarrollan las personas, que se ven influenciadas por sus sistemas de creencias, para desarrollar unas u otras.

El problema viene respecto al origen de las mismas, pues a pesar de proceder de la mente humana, son procesadas junto al pensamiento, de tal forma que hay quien afirma que las emociones son el mismo pensamiento tipificado en una u otra categoría que lo distingue. Y también es preciso diferenciar claramente la emoción del sentimiento. Para ello recurramos a la cita de Juana de Ángelis en el libro psicografiado por Divaldo P. Franco «Encuentro con La Paz y la Salud». 

«Los sentimientos son vivencias percibidas a través de una emoción de manera consciente. La emoción es un efecto espontáneo del organismo ante cualquier acontecimiento, produciendo descargas de adrenalina al torrente sanguíneo. La emoción produce el sentimiento (júbilo, descontento, etc.). La emoción funciona automáticamente sin conciencia, mientras que los sentimientos son percepciones conscientes de lo que ocurre».

En esta cita encontramos la relación directa entre emoción, salud y bienestar celular derivada de los procesos bioquímicos que se producen en el cerebro a raíz de los procesos emocionales que experimentamos, y que la ciencia viene a confirmar a través de investigaciones como las que hoy exponemos aquí.

Las emociones perturbadoras han sido fuente y origen de numerosas patologías mentales estudiadas por el psicoanálisis y la psicología; sin embargo, es curioso observar que hasta hace bien poco no existía ningún estudio profundo acerca de las influencias de las emociones positivas en la mente humana, en lo que atañe al funcionamiento del cerebro y las neuronas (células cerebrales).

Esto sorprendió profundamente al Dr. Richard Davidson (*) cuando, decidido a estudiar este campo de investigación, consultó la Biblioteca del Congreso Norteamericano y le informaron que emociones como la ternura, la gentileza o la bondad no son objeto de estudio de la medicina ni de la biología, sino de la sociología o la psicología social, al estar catalogadas como “fenómenos sociales” y no “fenómenos biológicos”.

Estimulado por el extraordinario éxito de sus investigaciones anteriores acerca del cerebro y la influencia de la meditación en el cambio celular, el  ADN y la plasticidad cerebral, Davidson inició un nuevo experimento sobre la influencia que las emociones positivas tienen en la mente y el cerebro humano, para confirmar que no son un fenómeno social y sí un fenómeno biológico capaz de modificar la estructura celular de nuestro cerebro, la bioquímica cerebral y la propia expresión del ADN de nuestras neuronas.

“Descubrí que una mente en calma puede producir bienestar en cualquier tipo de situación. Desde la neurociencia me dediqué a investigar las bases de las emociones, y me sorprendió ver cómo las estructuras del cerebro pueden cambiar en tan solo dos horas” R.D.

El experimento fue realizado con dos grupos de voluntarios, por un lado niños y por otro adultos, a los que sometió a diversos tipos de experiencias emocionales basadas en las reacciones a las tres emociones antes mencionadas, ternura, gentileza y bondad. La definición de cada una de ellas fue así: La ternura fue conceptuada como la disposición de aliviar el sufrimiento de aquellos a los que apreciamos o tenemos un vínculo afectivo. La gentileza fue definida como el impulso de ayudar a personas a las que no conocemos y precisan de ayuda en un momento determinado (por ejemplo, ceder un asiento a una persona mayor en un autobús). Y la bondad (equivalente a compasión) se conceptuó como el impulso de ayudar y paliar el dolor de todas las personas, aunque no sean de nuestro agrado o incluso puedan ser contrarias a nosotros. No confundir con la empatía.

“Hay una diferencia sustancial entre empatía y compasión. La empatía es la capacidad de sentir lo que sienten los demás. La compasión es un estadio superior, es tener el compromiso y las herramientas para aliviar el sufrimiento. Los circuitos neurológicos que llevan a la empatía o a la compasión son diferentes” R.D.

Todas las experiencias fueron sometidas a controles cerebrales mediante RSF (Resonancias Magnéticas), a seguimientos sobre la modificación bioquímica de las sustancias que exudaba el cerebro debido a las emociones, y a la propia modificación genética del ADN comparado de la neurona, antes y después.

Los resultados fueron tan extraordinarios que extrajo de ellos varias conclusiones. Una de ellas es el hecho de que las personas bondadosas, lejos de ser débiles o    ingenuas como la corriente social parece divulgar, son mucho más fuertes y resistentes en su capacidad neuronal, eliminando con más facilidad las toxinas que acumulan las neuronas procedentes del gasto energético y que provocan el envejecimiento celular. De tal forma que son más fuertes y resistentes a las enfermedades, al poseer un cerebro mucho más sano.

Confirmó que un cerebro sano debe tener como base la bondad de la persona, intentando esforzarse en adquirir este hábito, liberándose así de las neurosis y psicosis que afectan a tantos millones de personas en el mundo que padecen enfermedades mentales. Esto está al alcance de todo el mundo, y no hay que poseer características específicas para conseguirlo.

Pudo demostrarse que las emociones no son producto de la educación o las creencias, aunque sin duda estas últimas influyen en el desarrollo emocional de las personas, pero se constató que se trata de un fenómeno biológico que se procesa mediante su origen mental, siendo este de carácter especial cuando los pensamientos y las emociones se orientan hacia aspectos positivos del comportamiento humano.

Sin duda, el hombre no es un predador egoísta y desarrollado para la competencia salvaje que impone la sociedad materialista de consumo actual, sino que posee en su interior las capacidades emocionales y mentales propias de su “condición humana”, que son otorgadas por el alma inmortal, ya que tanto la mente como el cerebro no son más que meros instrumentos al servicio del alma humana.

“Una de las cosas más interesantes que he visto en los circuitos neuronales de la compasión es que la zona motora del cerebro se activa: la compasión te capacita para moverte, para aliviar el sufrimiento” R.D.

Podemos afirmar entonces que aquellas grandes enseñanzas sobre la vida buena, la ética de la virtud y el comportamiento bondadoso respecto a nuestros semejantes ya no son únicamente actitudes de comportamiento que afectan al alma humana, sino que también mejoran la salud mental, el bienestar psicológico y el equilibrio emocional. Además, la aplicación de la regla de oro “haz a los demás lo que quieras que se te haga”, supone una pauta de actuación que eleva al hombre a su aspecto más humano y le ayuda en su progreso espiritual que, a fin de cuentas, es el objetivo principal de la vida humana.

Realizo a continuación un paralelismo de la actitud que la bondad puede suponer para el ser humano, al citar una máxima de Jesús que nos invita a reflexionar.

«Bienaventurados los mansos y pacificadores, ellos heredarán la tierra y serán llamados hijos de Dios» S. Mateo Cap. 5 

A través de esta bienaventuranza, el Maestro convierte en Ley la dulzura, la bondad, la mansedumbre, la afabilidad y la paciencia. Además, la herencia a la que hace referencia es, por un lado, la que se deriva de esa actitud: Paz interior, al otorgar más importancia  a los bienes del cielo que a los de la Tierra. Y por otro, el ser llamados hijos de Dios no es más que la garantía de que se les hará justicia, heredando el derecho de formar parte de la nueva humanidad cuando el estado de la Tierra haya sido transformado convirtiéndose en un mundo feliz mediante la expulsión de los perversos.(Evangelio según El Espiritismo – Cap.IX)

Que la neurociencia y la biología confirmen los beneficios de estas emociones positivas sobre el organismo biológico no hace más que evidenciar y justificar una realidad mayor: la mente como instrumento del espíritu inmortal es la que dirige su proceso biológico-psicológico, y, si somos capaces de consolidar hábitos mentales saludables como la adquisición de la compasión y la bondad, estos nos acompañarán continuamente, proporcionando felicidad y paz interior, además de salud y armonía.

El principio inteligente es eterno e inmutable, acumula de forma milenaria en su inconsciente profundo sus cualidades mentales y emocionales y las arrastra vida tras vida, creciendo y progresando, ampliando su inteligencia y su conquista de las cualidades superiores del alma, entre las cuales la bondad destaca por ser la expresión genuina del progreso espiritual, por alcanzar el desarrollo del amor en acción.

Así pues, la ciencia viene en apoyo de la espiritualidad, demostrándonos que el ser humano no es una máquina biológica, psicológica y social, sino que mediante su voluntad y su trabajo puede modificar su conducta, de forma que cuando orienta sus esfuerzos hacia el bien y las emociones superiores del alma, encuentra el bienestar físico, psicológico y el equilibrio espiritual que tanto le identifica con su auténtica naturaleza, la de un ser en progreso constante rumbo a la plenitud y la realización integral.

Emociones: ¿La bondad mejora nuestra salud? por:  Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

(*) El Dr. Richard Davidson, fundador del Instituto de Investigación de Mentes Saludables es psiquiatra, psicólogo y genetista, autor del libro: “El perfil emocional de tu cerebro”

MÉDICO DEL ALMA

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Médico del alma
"La resurrección de Lázaro" de Giotto - The Yorck Project (2002) 10.000 Meisterwerke der Malerei (DVD-ROM), distributed by DIRECTMEDIA Publishing GmbH. ISBN: 3936122202., Dominio público, Enlace

Cuando el alma humana cuenta con un ejemplo tan poderoso como el que detallamos en el capítulo anterior, sólo le quedan dos caminos: rectificar aquello que no está haciendo bien comparándose con el modelo ofrecido por el Maestro y su elevado código moral o, por el contrario, persistir en el error hasta que las expiaciones, las pruebas y el sufrimiento le hagan comprender la necesidad de equilibrarse con las leyes que rigen el proceso evolutivo del espíritu.

El efecto del modelo ejemplificado por Jesús llegaba más lejos incluso que un código moral para el alma: era toda una forma de vida para conducirse en la rectitud de las leyes superiores, que rigen incluso en la esfera física en la que el alma se desenvuelve a través del cuerpo cuando se encuentra reencarnada.

Tanto es así que hoy, el avance de las ciencias médicas y psicológicas ha puesto de relieve la magnitud de la enseñanza del Maestro Galileo, confirmándolo como el mayor psicoterapeuta de la humanidad. Sus enseñanzas y sus códigos no son sólo un camino de vida, redención y rehabilitación para el alma endeudada, son también la llave del bienestar interior y psicológico, de la salud integral del cuerpo y la mente humana.

Son evidencias científicas contrastadas que somos lo que pensamos; que las emociones y pensamientos tóxicos perjudican el equilibrio celular del propio cuerpo físico, generando enfermedades de todo tipo, mentales, psíquicas, fisiológicas, etc. Pensamientos sanos, nobles, altruistas, de amor y de perdón, generan substancias beneficiosas que desde nuestras neuronas activan las sustancias bioquímicas necesarias que mejoran la salud de las células nerviosas y de todo tipo, proporcionando equilibrio saludable a todos los sistemas que rigen el funcionamiento del cuerpo físico (sistema nervioso, glandular, circulatorio, etc…)

Mientras tanto, pensamientos de odio, envidia, emociones tóxicas como la ira, las actitudes de violencia o los sentimientos de venganza son auténticas bombas de relojería que, con el tiempo, debilitan los equilibrios celulares al producir una serie de descargas bioquímicas perturbadoras y deletéreas que afectan a los delicados y precisos funcionamientos de las células orgánicas, propiciando con ello la aparición de las enfermedades, muchas de ellas crónicas. 

De hecho, la enfermedad más diagnosticada en las últimas décadas en todo el mundo es la depresión, y ella se produce por un desequilibrio mental que degenera en patologías graves que a veces conducen al suicidio y a otras enfermedades graves de la mente. 

¿Es el alma la que enferma? ¿O es el cuerpo físico el que reacciona a las funciones equivocadas del alma? Sin duda, la mente, gran generador de los procesos biológicos, fisiológicos y psicológicos que se tratan como patológicos, no es más que un instrumento del alma, al igual que la conciencia, teniendo al cerebro como el último eslabón que interpreta (como un receptor de TV) las señales, ondas y vibraciones que la mente produce.

Por ello, al recomendar el Maestro de Nazaret caminar por la vida con una conciencia recta, pensamientos nobles y conducta moral intachable, lo que nos estaba enseñando es el camino de la salud física, el bienestar psicológico y la actitud mental adecuada para atravesar la vida con paz interior y serenidad para el alma. Es por ello que muchos le denominaron el Médico del Alma; expresión sublime que nosotros aceptamos en toda su extensión.

Como hemos mencionado al principio de este capítulo, a pesar de las recomendaciones y el ejemplo de la filosofía de vida superior llevada a cabo por el Maestro, muchas de nuestras almas no quisieron seguir ni su ejemplo ni su palabra. Tanto es así que hoy, dos mil años después de su venida a la Tierra, una gran mayoría de la humanidad prefiere persistir en el error. 

El sufrimiento y las leyes de causa y efecto son las encargadas de despertar el alma a los conceptos superiores del amor y de la regeneración; y si el ejemplo de esa Luz Sublime representada por Jesús y su venida a la Tierra no es suficiente, las leyes se encargan de volvernos a la realidad, devolviendo a nuestra alma todo aquello que hacemos a los demás en idénticas proporciones, en esta vida o en la próxima; de aquí que nuevamente el psicoterapeuta superior indicara con rotundidad: “No hagáis a los demás lo que no queréis que se os haga”.

El alma del hombre ha tenido, después de la venida de Jesús, un ejemplo en el que fijarse, un código moral que poder seguir, una filosofía de vida que le ayude a reparar los errores cometidos en vidas anteriores, encontrando así el equilibrio, la paz interior y la serenidad precisa para cumplir las etapas que le son necesarias, vida tras vida, para seguir progresando y evolucionando.

Somos los creadores de nuestro propio destino, feliz o desdichado en función de nuestras actuaciones aquí y ahora. Estas se graban indeleblemente en nuestro inconsciente, forjando los automatismos necesarios que condicionarán nuestro futuro. De forma que el hábito de hacer el bien (*), de amar y perdonar, se automatiza en nuestra alma como un diamante que cada vez brilla más y más, hasta conseguir desterrar la oscuridad del error, de los instintos primitivos que todavía nos dominan.

Este es el trabajo, interiorizar lo bueno, lo positivo, trabajar en la superación de nuestras actitudes negativas y defectos morales; desterrar el egoísmo y el orgullo, contrarios a la fraternidad y la humildad. Eso es lo que verdaderamente necesita nuestra alma y nuestro cuerpo, para de esta forma ir ascendiendo en grados de progreso y evolución que aparten el sufrimiento de nuestras vidas, llenándolas de luz y de ejemplo saludable para todos los que nos rodean.

Médico del alma por: Antonio Lledó Flor

©2018, Amor Paz y Caridad

 

(*)“Nos volvemos valientes al hacer actos valientes, justos practicando actos de justicia, buenos realizando actos de bondad” 

Aristóteles – Filósofo s. IV a.C.

 

UNA RED DE DOS UNIVERSOS

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Una red de dos universos

“La teoría cuántica revela un estado de interconexión esencial del Universo, siendo este como una tela interligada de relaciones físicas y mentales «.  

Fritjof Capra – Físico – Libro “El Tao de la Física «

Todo lo que existe en el Universo, todo lo que tenga masa o no, ocupa un lugar en el espacio: o es materia o energía. Esta definición sobre los dos elementos generales del Universo ha venido siendo aceptada desde Newton. Sin embargo, desde mediados del siglo pasado, la física de partículas ya ha demostrado que es insuficiente, pues existen estados de la materia y la energía que trascienden las dimensiones del tiempo y del espacio.

Hoy, en esta última década, los cosmólogos afirman que sólamente conocemos el 4% de toda la materia y energía del Universo. El otro 96% está formado por energía oscura (70%) o materia oscura (26%) sin saber todavía muy bien qué son. La energía oscura surge de un campo llamado la “quintaesencia”, nombre tomado del quinto elemento que designaba en la antigua Grecia el éter universal (*) que impregna todo en el universo.

Esta controversia científica ha puesto de relieve las probabilidades de universos y dimensiones paralelas que apenas comenzamos a vislumbrar. Desde un mundo de tres dimensiones (alto, largo y ancho) llegamos a Einstein, que incorporó el Tiempo como la cuarta dimensión. 

Hoy en día son numerosas las hipótesis científicas que aparecen explicando la realidad de la física como algo más complejo de lo que podemos vislumbrar; entre ellas destaca “la teoría de cuerdas”, o “el orden implicado” de David Bhom, que afecta a todo el universo indivisible, donde todas las cosas están envueltas y relacionadas, incluso aquellas que no se manifiestan. El premio Nobel de Física Erwin Schrödinger habla de este entrelazamiento como el trazo más característico de la mecánica cuántica.

“El universo es como un holograma: El todo es las partes y cada una de las partes contiene al todo. El orden implicado, es una realidad indivisible, e infinitamente profunda, cuya naturaleza se extiende desde la física hacia la filosofía, la biología y la religión».  

David Bhom – Físico 

La concepción del Universo como un gran mecanismo en el que el hombre es  analizado como una máquina biológica es ya insuficiente y obsoleta. El hombre está conectado permanentemente con el universo a través de su mente y su cerebro mediante sus pensamientos y emociones. El psicólogo Natanael Branden explica que “vivimos en un océano de pensamientos nutriéndonos de substancia mental, absorbemos y proyectamos constantemente pensamientos que nos conectan con aquellos que piensan como nosotros”. 

Esto es una ley universal que conocemos muy bien: la ley de afinidad y vibración, pues vibrando los pensamientos en determinada faja y sintonía, aquellos que son semejantes se afinan y se interconectan, como ocurre con las frecuencias que transitan en una misma onda.

Confirmando lo anterior, el investigador Dean Radin explica: “en un nivel de realidad más profunda, nuestros cerebros y mentes se hallan en comunión íntima con el Universo, siendo la psi la forma en que se experimenta este universo entrelazado”.

De nuevo la ciencia viene a confirmar que el ser humano es algo mucho más que simplemente materia, y las leyes de la física de partículas, de la mecánica cuántica y de la relatividad general de Einstein acerca del tiempo y el espacio confirman a Max Planck (Nobel de Física) cuando afirmó que “la materia no existe …, es otra forma de energía”.

El ser inmortal que trasciende la materia, que vibra y se manifiesta a través del cerebro, la mente y la conciencia, es el punto de encuentro donde se efectúa la conexión con esa red universal de la que formamos parte. Ese ser que llamamos alma o espíritu se desenvuelve en la dimensión que le corresponde -con cuerpo físico cuando está encarnado- o en estado espiritual cuando deja el cuerpo y regresa al espacio, donde sigue viviendo, vibrando, pensando, sintiendo, etc… hasta que le llega el momento de volver a reencarnar. 

Todo ello es posible -como explicó Kardec de forma brillante en la obra El Génesis-  gracias a la energía (fluido universal) o materia cósmica primitiva como elemento que dio origen a los mundos y que penetra todos los cuerpos, desde una galaxia a un insecto. A esta energía o fluido cósmico le son inherentes las fuerzas que efectúan las metamorfosis de la materia y que rigen el mundo, la transformación de los seres y la evolución de la naturaleza. Fuerzas como la gravedad, el electromagnetismo, la cohesión, la afinidad o la ley de atracción.

El Universo es un todo del que formamos parte y con el que mantenemos una conexión permanente, también con los demás seres humanos. Podemos afirmar sin equivocarnos que, como seres conscientes y actuantes, nuestra forma de pensar y obrar influye en el todo debido a la conexión que tenemos con él, al mismo tiempo que somos también afectados por las propiedades de las demás partes. “Todo está en todo»

Lejos de ser este un planteamiento panteísta, es justo lo contrario. La libertad individual, de acción, relación y atracción nos permite “ser lo que somos y lo que queremos ser”. De esta forma, nuestra individualidad se acrecienta y progresa (en el panteísmo la individualidad se diluye). Y es la confirmación de la capacidad de transformación y cambio que tenemos, así como de la influencia que nuestro ser individual puede alcanzar en todo aquello que nos rodea y en las personas con las que nos relacionamos, al pensar y actuar de una forma concreta y determinada.

Las leyes divinas nos ponen en el camino para crecer y progresar sin fin, formando parte de esa creación divina en un doble aspecto: uno es el Universo físico, en el que percibimos nuestra pertenencia a un sistema material que captan nuestros sentidos, lugar dónde nos encontramos, un planeta que forma parte de un sistema y unas leyes físicas que nos afectan y condicionan. 

Y el segundo aspecto, el subyacente, aquel que no vemos pero que viene condicionando nuestra evolución desde hace millones de años, es la pertenencia a un Universo espiritual que no captamos pero que sentimos y del cual formamos parte -queramos o no-. En permanente transformación y cambio, al igual que el universo físico.

Una red invisible que nos impele de forma constante hacia el progreso, el crecimiento moral e intelectual, la evolución y el perfeccionamiento de aquellos valores inmortales que nada tienen que ver con la materia y que se encuentran latentes en nuestro interior, permaneciendo en un impulso permanente de avance hacia estados de plenitud superiores que nuestro ser inmortal debe alcanzar, pues todo conspira a favor de nuestra felicidad, presente y futura.

La fuerza permanente de energía y creación que ha originado todo esto es la causa e inteligencia suprema a la que damos un nombre -Dios-. Él es el autor de estos universos que nos afectan y los ha creado por amor, para tutelar nuestro camino hacia la única realidad que nos debería importar: el regreso hasta su casa, pero con la plenitud de facultades divinas desarrolladas en nuestra alma, donde brilla de forma sustancial el Amor Universal, al ser esta la auténtica naturaleza del Creador.

Una red de dos universos por:  Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

“El espiritismo expande el pensamiento y le abre nuevos horizontes, en lugar de la visión estrecha concentrada en la vida presente, nos muestra que ésta es tan sólo un hilo en la obra del Creador. Muestra la solidaridad que liga todas las existencias del mismo ser, de todos los seres del mundo y de otros mundos, estableciendo la base de la fraternidad universal. Esa solidaridad de las partes de un mismo Todo explica lo que es inexplicable, si se considera sólo una parte «.

Libro El Evangelio según el Espiritismo. Cap. II Item nº 7— Allán Kardec – S. XIX

(*) La filosofía espírita lo define y lo conceptúa como FLUIDO CÓSMICO UNIVERSAL

UN EJEMPLO ÚNICO PARA EL ALMA

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Un ejemplo único para el alma

Continuando la serie de esta sección, en el capítulo anterior mencionábamos que el alma humana, después de un largo periodo de oscurantismo, violencia y primitivismo, necesitaba una nueva era, un ejemplo en el que mirarse, un paradigma que abrazar para seguir ascendiendo en su trayectoria.

Puesto que el alma progresa mediante la inteligencia y el sentido moral, y este último estaba profundamente estancado, se hacía necesario una revolución única, personalizada y con una referencia incuestionable. Ante esta coyuntura, los mentores espirituales que dirigen con sabiduría el progreso de las almas en este planeta recurrieron al amparo del auténtico gobernador espiritual del globo, el cual contempló las necesidades evolutivas y comprometió su propia condición para ser ÉL MISMO el artífice de tal revolución moral.

Decidió encarnar en el planeta para ser ese paradigma, esa referencia del Amor De Dios que sirviera de guía a las posteriores generaciones y las almas tuvieran dónde recurrir y cómo alcanzar mayores niveles de progreso moral. Instauró así un código ético-moral todavía no superado ni comprendido en su totalidad por los hombres, dos mil años después.

Con Él se dividió la historia, por Él los hombres todavía discuten y se enfrentan, pero también por Él se aman y se reconcilian, se perdonan y se ayudan, se encuentran y se convierten en prójimo. Se convirtió así en un ejemplo único para el alma humana.

En esta serie de artículos sobre la trayectoria íntima del alma era preciso hacer referencia a Él; sin duda el mayor ejemplo del que la humanidad tenga constancia sobre la pureza del alma. Por ello, aunque en esta sección presentamos una visión intimista del alma a través de sus etapas en las diferentes épocas de la historia humana, es necesario reconocer la enorme influencia que tuvo en ello la venida de Jesús de Nazaret a la Tierra.

Al igual que el hombre de la caverna imitaba por mimetismo y observación a los animales en sus primeros comportamientos, el alma del hombre, después de la venida de Jesús, ha tenido el ejemplo que necesitaba para su regeneración y ubicación en el camino recto que conduce a su sublimación y plenitud.

Era preciso desterrar el egoísmo y la violencia a través del perdón y la entrega desinteresada; y en ello, el campeón con diferencia en la historia de la humanidad es Jesús de Nazaret, pues entregando su vida por Amor a la humanidad, en el acto supremo de su muerte solicitó el perdón para aquellos que le ajusticiaban.

Una nueva era de Luz llegaba a la Tierra para que el alma del hombre reconociera en ella lo que es realmente: un espíritu inmortal creado para la felicidad y el Amor. Tantos siglos de oscurantismo habían debilitado el alma del hombre en aquellos atributos divinos que atesora (perdón, generosidad, entrega, sacrificio, abnegación, etc.) 

El ejemplo del divino Maestro de Nazaret vino a reactivar esta gran verdad; como él mismo dijo: «Lo que yo hago, vosotros también podéis hacerlo. Sois dioses». Con ello se refería a la naturaleza intrínseca del alma inmortal, para la cual nada es imposible si se lo propone, pues al ser creada por Dios goza de la esencia de la inmortalidad y a ella está destinada.

Jesús vino a recordarnos lo principal, que transmutando el odio por Amor y la venganza por el Perdón, no sólo nos elevamos por encima de lo material, sino que liberamos nuestra alma de la pesada losa del primitivismo ancestral, del resentimiento y la violencia, alcanzando de ese modo la Paz interior que precisamos para continuar nuestro recorrido con paso firme hacia la perfección y la plenitud:

«Sed perfectos como mi Padre es perfecto; y como mi Padre trabaja hasta hoy yo también lo hago»

En esta frase vuelve a marcar el camino del alma; caminar hacia la perfección con el desarrollo de las virtudes, eliminando los defectos ancestrales arraigados en nuestra alma. 

Pero ello sólo se consigue con el esfuerzo, con el trabajo sincero, noble y desinteresado en el bien; por ello remarca que su Padre (Dios) sigue trabajando y creando hasta hoy, y que Él hace lo mismo, invitándonos a seguirle en la lucha y el trabajo necesario para la elevación de nuestra alma inmortal.

Era necesario presentar este artículo con el inciso que supuso para la trayectoria del alma inmortal el ejemplo del Jesús. Algunos ven en él el Maestro del dolor, creyendo que el sufrimiento vicario que experimentó nos salva a todos de nuestros errores y faltas. Nada más alejado de la realidad; sus hechos y sus palabras, como las explicadas arriba, son la prueba evidente de que nada se consigue sin esfuerzo.

Es preciso, pues, trabajar en nuestra alma, en nuestras posibilidades de perfección y desarrollo moral; pero muchos se preguntan ¿es posible ser perfecto en una sola vida? Evidentemente, no. Jesús también lo dejó dicho y escrito: 

 «Sed perfectos como mi padre es perfecto» y «Para alcanzar el reino de los Cielos os es preciso nacer de nuevo». 

Con esta frase sentenciaba con claridad la trayectoria inmortal del alma a través de la Reencarnación; pues son necesarios miles de años y muchas vidas en la carne para rectificar errores, trabajando y alcanzando los mayores niveles de  evolución y desarrollo moral que nuestra alma necesita para su auténtica liberación y plenitud.

Todo en Él es esclarecedor respecto a la trayectoria que le espera a nuestra alma inmortal; y precisamente por ello era necesario e imprescindible mencionar en estas líneas que, no sólo su palabra y su obra, sino fundamentalmente su ejemplo fue lo que plasmó la veracidad de sus palabras en su venida a la Tierra.

Aquello que dijo lo testimonió con su vida, y demostró además que el alma inmortal necesita de Dios, su creador, pues este es el que la dota de los recursos y talentos necesarios (los atributos latentes) que lleva implícitos en su interior y que la encaminan con el tiempo y la certeza más absoluta a la sublimidad y la felicidad.

Este ejemplo de Jesús iluminó el pensamiento del hombre, cambió la historia de la humanidad, abrió una era de Luz que todavía no ha terminado, y dejó establecido que más pronto que tarde se avecina una nueva etapa en la trayectoria del alma: su ascenso a un mundo superior donde la maldad ya no exista y sea más fácil la lucha contra la imperfección que todavía nos domina.

Esta advertencia del Maestro Galileo hemos de tomarla al pie de la letra para no perder el tiempo; pues cómo Él mismo dijo, «yo, como mi Padre, también trabajo hasta hoy», lo que equivale a invitarnos a no perder el tiempo en la reforma y esfuerzos por mejorar la condición moral de de nuestra alma inmortal.

Un ejemplo único para el alma por:  Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

LA CIENCIA DEL ESPÍRITU

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La ciencia del espíritu

¿UN NUEVO PARADIGMA DE LA CIENCIA? (8)

«Una nueva verdad científica no triunfa por haber convencido a sus oponentes y conseguir que vean la luz, sino más bien porque sus detractores terminan siempre por morir»  

 Max Planck – Nobel de Física

Superando sin mucha dificultad las propuestas de la psicofisiología, la Ciencia del Espíritu demostró que, mientras no se ponga el foco de cualquier estudio sobre el alma humana en la naturaleza integral de la misma, cualquier análisis del comportamiento psicológico del ser humano estará incompleto.

Esta rama de la psicología (psicofisiología) negó la posibilidad del alma como un ente responsable o individualidad originaria de todos los fenómenos psicológicos. Equivocaron el punto de partida, pues creyendo que el alma era no más que una exudación del cerebro, confundieron el efecto con la causa. Tanto es así que centraron sus investigaciones únicamente en los distintos estados psicológicos y en cómo estos afectaban al organismo biológico. Al no profundizar en el origen y naturaleza del alma, su análisis respecto a la conducta humana es parcial, sesgado e imperfecto.

Negando la causa principal de los impulsos originados en el alma humana, desarrollaron por el contrario un amplio argumentario de cómo la condición psicológica influye en la fisiología del ser humano, y con ello nos explicaron el funcionamiento celular, el del sistema nervioso central y el de la bioquímica cerebral cuando se ven condicionados por diversos estados psicológicos que nos afectan.

Con ello contribuyeron a una mejor comprensión de la biología humana cuando ésta se ve supeditada a la psicología, circunscribiendo toda condición psicológica a las neuronas cerebrales y la conexión que estas procesan. Al caer en la trampa del reduccionismo quedaron sin explicar multitud de condicionantes y fenómenos psicológicos que afectan al ser humano, y cuyo origen no se encuentra en las células de nuestro cerebro sino en nuestra “mente”.

Por este motivo, el desarrollo de esta rama de la psicología quedó coartado y circunscrito al prescindir del verdadero agente de los fenómenos psicológicos: el principio inteligente que es el espíritu inmortal. Confundieron el efecto con la causa, y se quedaron únicamente con los efectos y el análisis de los mismos, pues ni la inteligencia, ni la conciencia, ni la emotividad, ni la percepción corresponden al cerebro, siendo este último únicamente el aparato que los capta y los transmite. En palabras del ilustre fisiólogo Claud Bernard:

“Decir que el cerebro segrega el pensamiento equivale a decir que el reloj segrega la hora o la idea del tiempo”

No existe una ciencia más completa sobre el alma humana, su naturaleza y los efectos que de ella se derivan que la filosofía espiritista del siglo XIX. Kardec definía la codificación espírita como una ciencia de observación y experimentación sobre el alma humana, sus fenómenos e implicaciones, además de una filosofía de progreso basada en el código ético-moral más perfecto existente en la Tierra: las enseñanzas de Jesús de Nazaret, auténtica expresión del Amor divino.

Se hace necesario reivindicar las acertadas explicaciones de Allán Kardec cuando, explicando la Ciencia del Espíritu, confirmaba que sólo el alma humana, encarnada o desencarnada, es el origen de los fenómenos cognitivos, psicológicos y espirituales. Valiéndose así mismo del cuerpo intermedio, denominado como periespíritu, para organizar, transmitir y recabar la información bi-direccional entre el espíritu inmortal y las percepciones y sensaciones del cuerpo biológico. Siendo este el receptor último (a través de su estructura celular y nerviosa) de los impulsos del pensamiento y la emoción que tienen su origen en la voluntad del alma humana.

Esta es la auténtica Ciencia del Espíritu, aquella que se constituye en el nuevo paradigma del siglo XXI. Muchos científicos de primer nivel ya intuyen que éste es el auténtico campo de experimentación, observación y prueba que les corresponde abordar a partir de ahora. Esta área de conocimiento ha sido hasta ahora inexplorada por muchas áreas de la psico-biología, o de la física. 

Sin embargo, algunos hombres de ciencia, adelantándose a su época, ya han entendido el cambio de paradigma y llevan investigando desde esta concepción holística e integral la auténtica naturaleza del alma. Muchos ya llevan algunas décadas profundizando en este nuevo paradigma, véanse las investigaciones de Groff y otros en la llamada “Psicología Transpersonal”, o las de los físicos Amit Goswami, H. Schubert, o Frijot Capra respecto a la “Física del Alma”.

Los grandes avances de la biología, la genética, la nanotecnología y la inteligencia artificial que vienen produciéndose desde principios de este siglo, tienen como reto el estudio último de la naturaleza humana: el lugar donde se generan los procesos íntimos, inconscientes, subconscientes, psicológicos y espirituales.  Todos ellos afectan el área externa del hombre integral: su cuerpo biológico.

Mientras únicamente se atiendan las funciones exteriores del organismo humano, se solucionarán los efectos de las causas, pero nunca se irá al principio de estas últimas. Y si, por ejemplo, se descubre una solución definitiva para una enfermedad crónica o degenerativa al comprender el mecanismo del gen que la desarrolla, otras aparecerán en el horizonte patológico del ser humano hasta que no se llegue a la profundidad que origina el motivo de que el código genético se organice de una u otra forma.

El error sigue siendo el mismo que aconteció con la psico-fisiología. La cognición, la emoción y la percepción tienen su origen en el principio inteligente (espíritu),  y en función de cómo se piensa, se siente o se perciben las cosas, el ser humano desarrolla unos u otros hábitos, saludables o enfermizos. La naturaleza de nuestros pensamientos y emociones originan patologías o, por el contrario, preservan la salud y el equilibrio celular y psicológico, retrasando el envejecimiento de las células y procurando una vida orgánica saludable hasta que la edad y el consiguiente desgaste de los órganos del cuerpo físico van provocando la pérdida de vitalidad correspondiente.

El conocimiento y profundidad en el estudio de la Ciencia del Espíritu abre enormes posibilidades para entender lo que somos y cómo funcionamos, investigando así las causas y la naturaleza profunda de los aspectos que originan los procesos enfermizos o saludables que condicionan el bienestar psicológico y biológico, y con ello la salud y el equilibrio integral del ser humano. No sólo aquellos que proceden de nuestros hábitos y acciones actuales, sino también de aquellas otras causas que tienen su origen en el pasado milenario de alma humana y que condicionan también la situación actual que se vive en el presente.

«Los placeres hedonistas son como calorías vacías: no aportan nada. Todo indica que, a nivel celular, respondemos positivamente a un bienestar psicológico basado en la conexión y el propósito de la vida» Dra. Bárbara Fredikson – Usa

Por otro lado, la importancia de la comprensión del profundo efecto que el periespíritu tiene en la salud y la vida humana, en la importancia transcendente que las emociones y los pensamientos tienen en este cuerpo intermedio, son algunas de las fuentes de investigación que deberán explorar los nuevos campos de la medicina, la genética y la psicología. Ya hay algunos avances al respecto; concretamente, la psico-neuroinmunología es una rama de la medicina que estudia cómo los estados emocionales afectan la salud y el bienestar psico-biológico.

Este es el camino. Y mientras la ciencia de esta década y las próximas incorporan el estudio holístico e integral del ser humano, aquellos que estudiamos la Ciencia del Espíritu como principiantes, siendo conscientes de todo aquello que todavía nos queda por aprender, continuaremos profundizando en el estudio y conocimiento del alma humana como ser consciente, libre y en constante rumbo hacia la perfección, a fin de entender mejor nuestra propia esencia inmortal y milenaria: el Ser pensante que viene perdurando, individual, único, vida tras vida, desde hace milenios.

Nuestro mundo todavía se encuentra limitado por nuestro escaso adelanto evolutivo. A medida que vayamos escalando niveles de progreso superior en inteligencia, ciencia y moralidad, nuestra comprensión será mayor acerca de la naturaleza del alma humana, siendo así que, a pesar del orgullo o soberbia de aquellos que creen saberlo todo dentro de la ciencia, la Historia demuestra que nuevas verdades se revelan y dejan obsoletas las concepciones anteriores.

De aquí que afirmemos con rotundidad que, viendo la evolución del pensamiento científico en las últimas décadas, así como el avance de las ciencias en áreas cercanas a la realidad de la Ciencia del Espíritu (o del alma), el cambio de paradigma no es una utopía sino una realidad que los propios científicos admiten. Este cambio de paradigma se instala poco a poco, con el transcurso de los avances e investigaciones que cambian la forma de enfocar los retos, las fuentes y los objetivos de investigación que los nuevos descubrimientos demandan.

No nos cabe duda alguna de que el cambio de paradigma que ya está instalándose es la comprensión y la certeza del alma humana como ser inmortal y pre-existente, en un recorrido milenario que es capaz de explicar el cómo, el porqué, de dónde, hacia dónde y cómo hemos llegado hasta aquí. Por consiguiente, el nuevo paradigma tendrá como objeto principal la comprensión de la conciencia y la mente humana (dos instrumentos al servicio del espíritu), lo que equivale a decir que la Ciencia del Espíritu inmortal será la base de apoyo del nuevo campo de avance y de progreso en este siglo siglo XXI recién comenzado.

La ciencia del espíritu por:   Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

Pregunta: ¿Las percepciones y conocimientos de los espíritus son indefinidos?¿Saben todas las cosas? Respuesta: Cuanto más se acercan a la perfección, tanto más saben. Los inferiores son ignorantes acerca de todo.Allán Kardec – L.E. Item 238

UNA NUEVA FORMA DE VIDA

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Una nueva forma de vida

En estos estadios primitivos dónde el nomadismo es la norma y todavía no ha llegado la revolución agrícola, el ser humano comienza a relacionarse y protegerse en la tribu a la que pertenece y corre la misma suerte que el resto de los indivíduos que la forman. El alma comienza a tener que compartir, asumir responsabilidades propias de sus actos ante el resto del clan al que pertenece, trabajar y esforzarse entre varios para conseguir un objetivo común. Comienza a vislumbrar los primeros aspectos de la solidaridad y el trabajo en equipo.

Las relaciones personales son compartidas, los recursos, e incluso la familia no existe tal y como hoy la podemos conocer, pues los hijos son de todos y las responsabilidades son asumidas por todos. Todavía no ha aparecido el momento cumbre de la revolución agrícola, que cambiará el modo de vida, al incorporar aspectos como el sedentarismo, la ubicación en lugares determinados donde las generaciones desarrollarán sus vidas y sobre todo el sentido de pertenencia a una tierra o un lugar. 

Con la agricultura y la ganadería sedentaria, aparece el importante aspecto de la propiedad privada; un hecho que romperá definitivamente los lazos homogéneos de las sociedades tribales de homo sapiens y con ello, las bases de ayuda mútua y protección recíproca, irán desapareciendo con el tiempo, siendo que cada cual se ocupará de «defender lo suyo», dejando rienda suelta a un desarrollo mayor del individualismo-egoísmo que irá relegando a la solidaridad compartida de la sociedad tribal itinerante.

Este cambio radical de forma de vivir, afectó indudablemente al alma humana, pues las bases de relación entre los individuos cambiaron, y no siempre para bien. La eterna lucha entre seguridad y libertad se decantó por la primera, lo que llevó al hombre a levantar muros, separaciones y barreras físicas para protegerse del otro. Estos muros luego se convirtieron en obstáculos mentales para el desarrollo de las cualidades afectivas de entrega desinteresada que el alma humana llevaba incorporadas, y de la actitud de compartir entre todos los recursos disponibles.

 Ahora ya, cada cual, se siente propietario de su parcela, de sus propios recursos que logra conseguir con esfuerzo, y la antigua base de la sociedad tribal va desapareciendo hasta que la propiedad privada logra imponerse, albergando con ello los conflictos y la aparición de las luchas y violencias derivadas de defender cada uno su espacio.

La base moral del individuo se resiente, y aunque llegan permanentemente a la tierra personajes capaces de ofrecer el ejemplo de la solidaridad y generosidad con el prójimo, los instintos y el primitivismo llevan al latrocinio, la rapiña y la conquista, con lo que aparecen los odios, los deseos de venganza y la necesidad de recurrir a la fuerza para protegerse.

Los primeros legisladores de aquellas épocas (Zoroastro, Moises, etc.) vienen a defender la ley de Dios mediante una legislación humana que marque las pautas de comportamiento de los hombres sin que lleguen a destruirse en la anarquía. El temor a Dios y a su justicia, com un ser poderoso y vengativo si no se siguen sus preceptos de buena conducta y rectitud, es una de las claves que utilizan las primeras religiones para contener la violencia y las actitudes primitivas de aquellas sociedades.

El alma recorre así un camino en el que los dioses pasan de ser señores de lo desconocido a los que hay que aplacar, por otros Dioses a los que no hay que defraudar, siguiendo unas leyes sociales y humanas que permitan la convivencia sin perjudicar los derechos de otros o violentar las leyes sagradas de la vida y la propiedad. A raíz de aquí nace el derecho; las legislaciones de los pueblos que, basándose en el bien común y en los preceptos religiosos de aquellas épocas, intentan ordenar la vida en sociedad, sancionando los comportamientos indignos o contrarios al respeto de la libertad del otro, autorizando la guerra cuando la tribu se siente amenazada, etc.

El alma humana descubre la dimensión de respetar para ser respetado, de aceptar las leyes que rigen en su sociedad para procurar proteger su propiedad y sus recursos, para mantener a salvo a su familia y a sus hijos. 

Los cambios climáticos, las migraciones, y otras muchas cosas permiten que unos pueblos quieran ocupar lugares o tierras dónde se dan mejores condiciones para la vida y la agricultura; de aquí comienzan las invasiones, las guerras y los éxodos que soportan los pueblos que pierden las batallas y se ven obligados a huir de su terruño. Esta es una época oscura, dónde el alma humana saborea lo peor del ser humano; la crueldad, la imposición de la fuerza, la esclavitud, la anulación de todo derecho a los pueblos conquistados.

Pero incluso en estas épocas de oscurantismo, que comienzan aproximadamente 1000 años antes de Cristo, en el Mediterráneo Oriental, existen culturas milenarias como la Egipcia que mantienen su status y sus tradiciones socio religiosas, capaces de presentar una estructura que permite al hombre vivir y desarrollarse, de alguna manera, siempre bajo la influencia de poderosas circunstancias que no controla y que necesita proteger mediante la fe en uno o muchos seres superiores (los Dioses). En este caso concreto, la crecida del Nilo era el argumento poderoso que permitía la fertilidad y supervivencia del valle del Nilo y de la práctica civilización Egipcia.

El alma humana no puede en absoluto desligarse del tiempo en el que vive, de las circunstancias que le rodean y de aquellas cuestiones que le afectan social y personalmente. El crecimiento en esta etapa es evidente, se nutre de multitud de aspectos internos propiciados por la lucha ante las adversidades, por las injusticias que experimenta cuando es obligada a huir de lo que ama o cree ser de su propiedad. También vive en sus carnes las necesidades físicas más elementales propiciadas por la esclavitud y el desamparo de los pueblos ante los poderosos que les gobiernan con mano de hierro, sin compasión y en permanente explotación de sus vidas y de sus propias dignidades como ser humanos.

Se hace preciso una nueva etapa que permita ascender un escalón superior; no basta con el ojo por ojo, es necesario un nuevo nivel, una nueva visión conciliadora del alma consigo misma; con aquello que es su naturaleza superior que ha venido desvirtuándose desde las primeras etapas y que la está convirtiendo en un ser que alberga el odio, la venganza y la desesperación.

Conscientes de esta situación, los poderes superiores que dirigen la evolución del planeta, fueron preparando durante varios siglos, el advenimiento de aquel que vendría a marcar el rumbo, el ejemplo en el que mirarse todas las almas; a fin de conseguir implantar un código ético-moral superior que se eleve por encima de las deficientes legislaciones humanas; y sobre todo, que pueda dar respuesta a las aflicciones y desigualdades de aquellos que sufren las consecuencias de la injusticia o la contrariedad.

Era preciso el advenimiento de una era de Luz para el alma; a fin de que esta pudiera reconocerse de nuevo como lo que es realmente: un ser de luz, inmortal y creado a imagen y semejanza de Dios en sus atributos más sublimes, aunque todavía adormecidos, y que necesita retomar para conquistar la felicidad que tiene como destino final.

A la espera de comprender ese ejemplo de Luz y de Amor, hay todavía hoy millones de espíritus y de almas en el planeta. El advenimiento de esa era de esplendor espiritual se concretó en la llegada del ser angélico más perfecto que nunca conoció la humanidad: Jesús de Nazaret; sublime peregrino y gobernador espiritual de la Tierra.

Una nueva forma de vida por: Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, paz y caridad

HERENCIA INSTINTIVA

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Herencia instintiva

Desde estas etapas de intensas y rápidas vivencias que el alma experimenta casi de continuo, hay un factor que es importante detallar para el lector. Este hace referencia al tránsito entre la vida física y la vida espiritual. Solemos hablar de alma encarnada y de espíritu libre cuando ya hemos pasado al otro lado. 

Pues bien, en estas primeras reencarnaciones como «humanos», aún muy alejados del concepto y el significado de «humanidad», el espíritu apenas es capaz de percibir el tránsito y el transvase de una etapa a la otra. Siente los efectos intensos de la pérdida de la vida, a veces violentamente, pero su capacidad de comprensión de la realidad es todavía muy limitada, pues su raciocinio es débil, está escasamente desarrollado. 

Sus funciones cognitivas se parecen más a los animales -a los que imita en muchas ocasiones- y además, como ya explicamos en artículos anteriores, las emociones desordenadas y los instintos primarios son los que dirigen su vida en estos momentos. La herencia instintiva es la fuente más poderosa de su voluntad a la hora de tomar decisiones, pues todavía no ha desarrollado aspectos cognitivos como la reflexión, la evaluación y el análisis de las situaciones que le rodean, para tomar la mejor decisión al respecto.

Este instinto, que procede en su gran mayoría de la etapa pre-humana por la que el psiquismo transcurre en reinos inferiores de la naturaleza, va cimentándose en su conciencia, sedimentando actitudes, creando hábitos, forjando un carácter que a veces ni siquiera los milenios de progreso y vidas sucesivas logran eliminar del todo. 

Es la ley de la evolución del alma, a mayor conciencia, intelecto y desarrollo, el instinto se bate en retirada y otras cualidades del alma ocupan su lugar; estas son el raciocinio, la autoreflexión, el autocontrol emocional y mental, la maduración psicológica, etc.

El instinto nunca desaparece, es la base de la supervivencia inicial de los animales y el hombre; lo que ocurre es que con el desarrollo de las cualidades del alma mencionadas arriba, que son fruto del progreso y el adelanto del espíritu, estas últimas ocupan mayor espacio en su conciencia, y el instinto queda de forma residual en el hombre actual para -en determinadas situaciones de peligro- responder adecuadamente sin que intervenga la razón en el proceso.

Los psicólogos evolutivos hacen mención a este aspecto cuando nos hablan del «secuestro del cerebro racional por el cerebro emocional». Muchas veces, ante los imprevistos reaccionamos instintivamente; nuestra emoción secuestra a la razón, pues la circunstancia nos obliga a dar una respuesta tan rápida que no podemos razonarla -no hay tiempo-, es preciso actuar inmediatamente. Aquí interviene el instinto, y lo vemos con frecuencia en situaciones límite donde se pone en juego la propia vida, y donde la reacción inmediata no proviene de una decisión razonada sino fundamentalmente guiada por el instinto o impulso emocional que la provoca.

Vemos, pues, que la herencia instintiva llega hasta hoy. En el propio comportamiento del ser humano actual, millones de años después de comenzar la evolución de su propia alma, todavía nos encontramos condicionados, no sólo por la razón o la emoción, sino también por el instinto que procede de nuestra ancestral herencia antropo-socio-psicológica.

El alma humana, por ser de naturaleza inmortal, guarda celosamente en su interior (inconsciente profundo) todas las experiencias vividas; y aunque muchos de los procesos instintivos se producen de forma automática, ello es debido a que, en circunstancias similares, nuestro yo inmortal ya desarrolló los automatismos necesarios para superar distintas situaciones que a veces se repiten en vidas posteriores.

Estos automatismos de la conciencia son el acervo, el arquetipo, el recipiente y la memoria que cada cual guarda en su inconsciente, y representan para el alma su mayor tesoro: la suma de las experiencias y vivencias llevadas a cabo durante milenios, animando diferentes cuerpos, en distintas épocas, ante pruebas y expiaciones diferentes que las leyes espirituales del progreso le presentan. La herencia instintiva no es más que el resumen de aquellas que fueron desarrollándose en las primeras etapas y que quedaron indeleblemente guardadas y memorizadas en el inconsciente para usarlas cuando le son necesarias.

El espíritu -principio inteligente- manipula, ordena y dirige todo el proceso, consciente, inconsciente, instintivo, racional o emocional, utilizando la mente como vehículo, la conciencia como archivo y el cerebro como instrumento. Cuando hablamos aquí de mente no nos referimos a la mente humana, sino a la mente espiritual; un concepto todavía desconocido para multitud de personas que no aceptan la vida del alma después de la muerte. 

Esta mente espiritual, de la que el espíritu se encuentra dotado desde su creación, es la base de los principios que ubican el alma humana en el espacio-tiempo, en las distintas etapas que ha de recorrer hasta alcanzar sus objetivos de perfección  y plenitud a la que está destinada.

En las primeras etapas, que son las que estamos analizando, la mente espiritual se encuentra todavía adormecida por la mente humana cuando el alma está encarnada, pues es bien sabido que el cerebro actúa como un reductor de vibraciones y energías puras (las del espíritu). Sin embargo, a medida que el  hombre se espiritualiza y se va desligando del materialismo y la animalidad, va encontrándose interiormente, se va realizando como ser inmortal, va creciendo y ampliando sus niveles de conciencia, hasta que llega un momento en que la Mente Espiritual pasa a dominar la voluntad del espíritu, se encuentre encarnado o desencarnado.

Es un momento sublime del que hablaremos en capítulos más adelante, pues comprobaremos cómo aquella alma sencilla, ignorante y sin experiencia que inició su trayectoria en los mundos primitivos, se convierte en un ser angélico, capaz de interpretar con excelsitud y perfección los planes divinos en su propia conciencia, experimentando así la plenitud del amor de forma continua, al vivir plenamente identificada con la Fuente Creadora Universal.

A este estado especial, del mayor nivel de conciencia que podamos suponer para el alma humana en un planeta como el nuestro, sólo han llegado unos pocos, ejemplos vivos de cuál es el camino a recorrer. Sin embargo, aunque a la mayoría nos queden todavía algunos siglos o milenios para alcanzar ese estado en nuestra alma, es el puerto inevitable al que todos, hasta el  ser más primitivo, está destinado a arribar. En ese punto de nuestra trayectoria evolutiva es cuando abandonamos los escasos residuos que la herencia instintiva todavía mantiene en nuestra alma inmortal, habiéndolos depurado por medio del esfuerzo en el progreso espiritual.

Herencia instintiva por: Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, paz y Caridad

CONCIENCIA Y ESPÍRITU

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Conciencia y espíritu

NUEVOS PARADIGMAS DE LA CIENCIA (5)

“La conciencia es el ansiado puente entre la ciencia y el espíritu” 

Peter Russell – Físico y Psicólogo Experimental

Como afirma en esta frase uno de los más destacados investigadores en este campo en su libro “Ciencia, Conciencia y Luz”, la conciencia es la gran clave de bóveda capaz de unir las dos grandes fuerzas de la historia: la ciencia y la religión.

A fecha de hoy, tal y como venimos anunciando en artículos anteriores, el paradigma científico está cambiando notablemente. Tanto es así que la conciencia humana, admitida ya por la ciencia como algo inmaterial que constituye nuestra realidad interior, supone un auténtico problema que no es capaz de resolver ninguna disciplina científica, ni la física, ni la biología, ni la psicología. 


“Los científicos se encuentran con el hecho indiscutible de su propia conciencia y sin embargo no tienen forma de explicarla”  

Christian de Quincey – Filósofo

Todo parte de la certeza -imposible de negar- de la experiencia interior del hombre. Lejos de ser esta la única realidad, lo que sentimos o percibimos se ve influenciado por nuestro cerebro, pero la mente participa modelando y condicionando la experiencia, es decir, cada persona contempla la realidad que su mente construye. Así pues la mente y la conciencia no son materia ni dependen del cerebro, es justo al contrario, este último es una interfaz de la mente.


“La conciencia es independiente del cerebro” 

Dr. Eben Alexander – Neurocirujano

Cuando hablamos de la conciencia solemos confundir lo que son los diversos estados de conciencia y los distintos niveles de conciencia. Estos últimos son aquellos que cada persona ha ido adquiriendo mediante su proceso evolutivo.

Brevemente explicaremos que los estados de conciencia pueden ser denominados mentales, cerebrales o alterados. Ejemplos: un estado mental es la esquizofrenia, mientras que un estado cerebral es el alzheimer. En ambos casos son estados patológicos, pero cada uno responde por su origen: el primero es enfermedad mental y el segundo es propiciado por el deterioro y muerte de las células cerebrales. Un estado alterado de conciencia puede ser el éxtasis, el trance, la mediumnidad, etc. Y todos ellos afectan de forma singular a las personas que los poseen.

Tampoco podemos confundir los niveles de conciencia, que no son más que los estadios o modos de pensar que cada persona tiene sobre su yo, la realidad y la vida. Algunos de ellos son: 

“Conciencia dormida” (Vida Horizontal): Es la persona fisiológica, que únicamente atiende a sus sentidos y necesidades inmediatas y básicas (comer, dormir, reproducirse, etc.); no existe en ella vida interior de ningún tipo, vive para sí mismo y está ciega a cualquier aspiración de vida superior elevada.

“Momentos de conciencia” (Despierto sin control): Es la persona que se ha dado cuenta de que la «vida humana» es algo más que las funciones básicas de un primate. Intenta controlar sus emociones y actuaciones; se percata por momentos de la existencia de las cualidades superiores del hombre y desea incorporarlas a su vida, aunque no lo consigue del todo. Comienza a dar importancia a la vida interior, a vivir y pensar en los demás, a la espiritualidad.

“Conciencia despierta” (Autocontrol): Es aquella persona que vive consciente de su realidad inmortal, de la importancia de tener una vida que le permite realizarse; se auto-controla, se exige y se vuelca en el servicio altruista hacia su prójimo, de donde obtiene su felicidad, equilibrio y armonía interior.

“Conciencia Trascendental” (Plenitud del Ser): Es el estado superior de conciencia al que muy pocos llegan encarnados en la Tierra. Es la plenitud de aquellos que han alcanzado un total desprendimiento de la materia. Unificados con la Mente Divina, son auténticos paradigmas del Amor y de la Sabiduría Espiritual, interpretando fielmente los atributos de la divinidad en la tierra.

¿Qué es la conciencia y su relación con el espíritu? 

Atendiendo a su auténtica naturaleza y no a los estados de conciencia ni a los niveles de la misma, podemos afirmar que: “La fuerza más poderosa del espíritu, que administra, organiza y acumula todas las energías psíquicas depositadas en la mente”. 

Además de todo esto, si queremos comprender mejor la función principal de la conciencia podemos recurrir a algunos de los pensadores más importantes de la historia de la humanidad. Así René Descartes, el padre del racionalismo filosófico dice en sus obras al respecto:

“La idea de Dios está impresa en el hombre como la marca del obrero en su obra”

Sobre esto mismo, el Reino de Dios al que el Maestro Jesús se refiere numerosas veces es exactamente la Conciencia, la simiente eterna y chispa divina, la firma que el Creador esculpió en su obra.

Uno de los mayores pensadores de la historia de la humanidad Immanuel Kant se expresaba así:

“Dos cosas llenan mi ánimo de admiración y respeto: el cielo estrellado que hay sobre mí y la ley moral que habita en mi conciencia”

Por último, la filosofía espírita codificada por Allan Kardec en el siglo XIX mediante su trilogía del ser humano “Alma, Peri-espíritu y Cuerpo físico”, concede especial importancia a la conciencia, pues esta acompaña la evolución espiritual del ser desde los primeros estadios evolutivos, creciendo en inteligencia y moral, archivando todas las experiencias y percepciones a lo largo de las distintas vidas que la reencarnación permite al espíritu.

En este último caso la conciencia no actúa sólo como una fuerza o como un gran ordenador que graba en la memoria inconsciente del ser su trayectoria inmortal, sino que es fundamental su función como guía principal del progreso espiritual del hombre hacia la eternidad, ya que en ella se inscribe la huella que Dios dejó al hombre cuando lo creó: sus leyes.

Conciencia y espíritu por:  Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

«¿Dónde está escrita la Ley de Dios? En la conciencia.”

Allan Kardec – L.E. – Item 621

PROCEDENCIA MILENARIA

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Procedencia milenaria
Escena de caza. By Gruban - File:Algerien 5 0049.jpg, CC BY-SA 2.0, Link

Después de la primera etapa en la caverna, el homo sapiens tiene la necesidad de reunirse y vincularse con otros de su misma especie fuera de su círculo familiar; pues ha comprendido que en la unión junto a otros, el alimento y la supervivencia se hace más fácil de conseguir, cazando juntos y protegiéndose de los peligros mútuamente. 

Comienza la socialización, aparecen las tribus, y de la interacción entre individuos de la misma especie el hombre aprende y conoce más rápidamente. Casi al instante aparecen dos aspectos importantes, por un lado las relaciones de poder entre los individuos de una misma comunidad, que en este caso se establecen únicamente en base a la fuerza. Y por otro la necesidad de protección ante lo desconocido y las fuerzas de la naturaleza; lo que le impele a encontrar un poder superior al suyo y al de los demás. 

Su alma busca de forma incipiente a Dios, su creador, y únicamente lo encuentra en los elementos que perturban su vida y que no controla. Por comparación con lo que observa a su alrededor, intenta aplacar la ira de los dioses mediante sacrificios y donaciones. Comienza el sentido religioso a aflorar en su conciencia; y aunque inicialmente es el miedo lo que lo posibilita, posteriormente las necesidades de la propia tribu harán el resto, institucionalizando los ritos y las ofrendas que habrá que practicar para que la dura y difícil existencia les sea favorable bajo la protección de las fuerzas y poderes invisibles que les condicionan.

El alma humana comienza a humanizar sus actitudes; no obstante, la violencia y la agresividad sigue siendo el medio que proporciona la ira para defender aquello más sagrado: su vida y la de su familia. Sin embargo, el inicial descubrimiento del vínculo familiar y el incipiente deseo de amor que le domina, acerca de los que son de su propia sangre, le lleva a proteger ferozmente -si es preciso- a aquellos a quien más estima.

Todavía alejado de cualquier racionalización sobre las causas y consecuencias de sus propios actos, se mueve y se dirige por la vida instintivamente todavía; tanto es así que con frecuencia se deja dominar por sus impulsos, lo que le produce no pocas dificultades, pues al basarlo todo en la fuerza y la agresividad, cuando encuentra alguien más fuerte que él y es derrotado, su alma experimenta el sabor del desespero, y en ocasiones el odio y la venganza comienzan a anidar en su interior buscando el momento propicio para devolver el golpe.

Lamentablemente inicia aquí un camino equivocado en el que el sufrimiento posterior le hará rectificar, al vivir en sus propias carnes los efectos de sus acciones de odio, violencia o venganza. El tiempo, y los buenos ejemplos de aquellos que antes que él han superado esa etapa, le harán comprender que estos sentimientos perturbadores no conducen más que al sufrimiento, y en los escasos momentos de conciencia que pueda tener podrá percatarse de que aquello que no desea para él tampoco debe hacerlo a los demás.

Hoy, miles de años después de esta etapa antropológica, todavía una parte de la humanidad se rige por códigos parecidos a los que acabamos de explicar; siendo así que la violencia y la ira constituyen a veces sus únicos puntos de referencia para conseguir lo que se proponen. Aquí comprobamos cómo el alma humana evoluciona lentamente y nos encontramos mezclados todos en un planeta como el actual, espíritus de condición primitiva como los mencionados y otros más conscientes y desarrollados psicológica, intelectual y moralmente hablando.

Hecho este inciso, podemos comprobar la procedencia milenaria del alma humana, pues algunos de estos espíritus primitivos que todavía hoy reencarnan en nuestro planeta, son originarios de la Tierra, de las primeras razas de homo sapiens. 

Sin embargo, otros proceden de mundos tan atrasados como estaba la Tierra hace millones de años, y fueron enviados hasta aquí cuando su mundo sufrió una transformación de planeta de expiación y prueba a mundos de regeneración. En ese momento de cambio se exigía un nivel ético-moral muy superior al que poseían estos espíritus, de ahí que fueran apartados de su mundo original y trasladados a otro planeta -la Tierra- que en aquel tiempo se encontraba en las mismas condiciones que el mundo del que provenían.

Aquí han seguido viviendo y experimentando, y algunos de ellos han superado sus condiciones inferiores, regresando al planeta del que eran originarios. Mientras tanto otros, después de milenios, se encuentran todavía en fases primitivas de conciencia, enrocados en la inercia de no querer progresar, de aborrecer cualquier esfuerzo que no sea el de satisfacer los instintos primitivos que todavía les dominan.

Es por ello que un espíritu o alma humana, por el hecho de ser vieja, no es mejor. Si acaso tiene mayores vivencias y por ello debería tener mayor responsabilidad y aprovechar las experiencias para crecer espiritual e intelectualmente, dirigiéndose hacia su propia felicidad mediante el esfuerzo de superar sus malas inclinaciones, transformando así su futuro en un horizonte de bien y de paz. 

Nada se regala en la evolución del alma, todo lo que es meritorio cuesta esfuerzo,  por ello las leyes que rigen el proceso milenario de la evolución del espíritu colocan a cada uno en su sitio, y la justicia divina que emana de forma perfecta de esas leyes, trata a todos por igual, sin arbitrariedades ni privilegio alguno: a cada cual según sus obras y circunstancias.

Esta actitud del hombre primitivo que comienza a descubrir el sinsabor de la derrota, de la soledad y de la muerte, es precisa y necesaria en las primera etapas evolutivas, pues la conciencia se pule y se forja con las experiencias difíciles. Luchando contra las adversidades de un mundo hostil, dónde nace y muere muy rápidamente adquiere multitud de experiencias que le prepararán para entender más adelante que, como hijo de Dios, completamente igual a otros, rige por encima de él una justicia y unas leyes que dirigen su evolución y progreso hacia objetivos de felicidad y plenitud. 

No obstante, para comprender esto último le quedan todavía miles de años en esos momentos, antes deberá recorrer caminos y experiencias de distinto tipo que forjarán su carácter, que le harán ampliar su conciencia, que le inducirán a imitar los ejemplos saludables de paz y serenidad a los que aspira su alma.

El primero de estos caminos es el descubrimiento de la religión humana, una serie de normas, leyes, doctrinas y principios que intentarán ofrecer respuestas a los interrogantes que su razón comienza a plantearse: ¿Que hago aquí?, ¿Qué soy? ¿De donde vengo? ¿Cual es el sentido de la vida? ¿Porqué existe el dolor y el sufrimiento?, etc.

Estos interrogantes y otros muchos llegarán de inmediato a su alma cuando, al observar las desigualdades humanas a su alrededor, se haga las preguntas de porqué unos gozan y otros sufren, de las diferencias de nacimiento y condición en la vida y la muerte, etc. Todo ello le permitirá ir abandonando el instinto y la fuerza para aceptar el raciocinio y la lógica, así como un primitivo sentido común para intentar entender el mundo y las circunstancias que le rodean.

Procedencia milenaria por:  Antonio Lledó Flor

© 2018, Amor, paz y caridad

CRÓNICA – III ENCUENTRO ESPÍRITA IBEROAMERICANO

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Crónica III Encuentro Espírita Iberoamericano
Antonio Lledó y José Manuel Meseguer.

III ENCUENTRO ESPIRITA IBEROAMERICANO

UN ENCUENTRO FORMIDABLE

Vigo – ABRIL 2018

Bajo un ambiente de franca camaradería y relaciones fraternas tuvo lugar en el Hotel Los Galeones de Vigo, del 28 al 30 de Abril el III ENCUENTRO ESPIRITA IBEROAMERICANO, organizado por AIPE (Asociación Internacional para el Progreso del Espiritismo) y con el apoyo de CEPA (Confederación Espírita Panamericana).

El nivel de las intervenciones y de los distintos ponentes fue muy alto; tanto es así que no podríamos destacar a nadie por encima del resto, ya que todos rayaron a gran altura en los temas y en las especialidades que les son propias. Profesores, Médicos, Psiquiatras, Catedráticos, Filósofos, Psicólogos, Abogados y Jueces, Militares, entre otros, fueron algunos de los intervinientes que desarrollaron con claridad y brillantez el programa propuesto. Todos ello bajo el enfoque multidisciplinar que la doctrina de Kardec permite y que la engrandece cada día más al abarcar con libertad de pensamiento y eclecticismo científico y filosófico multitud de certezas en todos los ámbitos del saber humano.

No debemos olvidar que el ser humano, compuesto de Alma, Periespíritu y Cuerpo físico es una unidad de experiencia biológica, psicológica y espiritual que abarca toda la naturaleza del ser y con ello todas las disciplinas enfocadas bajo el prisma del espiritismo kardeciano tienen cabida y expansión profunda en el enriquecimiento del conocimiento y destino del hombre como alma encarnada inmortal.

Sin duda, y al margen de consideraciones particulares, la base doctrinaria del Espiritismo Kardeciano permanece inmutable, lo que no impide que la explicación del mundo actual bajo el prisma espírita no pueda ser ampliada en aquellos aspectos que la ciencia y la filosofía avalan en pleno siglo XXI a diferencia del siglo XIX dónde el espiritismo comenzó su andadura. Esto no significa que deba prescindirse, en ningún caso, de las enseñanzas y el ejemplo del arquetipo que dieron los espíritus a Kardec en el ítem 625 del Libro de los Espíritus, y que representa el paradigma del hombre perfecto. «Ved a Jesús» fue la respuesta.

En este encuentro fueron fundamentalmente explícitos algunos de los conocimientos que ayudan a avanzar esta doctrina acompasando el progreso tecnológico y científico del hombre actual, sin renunciar por ello al sentido último de la doctrina de Kardec que no es otro que ayudar al hombre en su camino de progreso espiritual en la tierra mediante la reforma ético-moral que se desprende de sus planteamientos filosóficos mas profundos.

Sin este significado de reforma interior basado en la fraternidad y el nuevo paradigma moral aportado por las enseñanzas del sublime Maestro Jesús, el conocimiento queda lastrado y la doctrina espírita se enfrenta a la contradicción más evidente: una doctrina que vino a la Tierra para propiciar el avance y evolución espiritual del ser humano no puede estar exenta de la responsabilidad del cambio, de la transformación moral permanente hacia el bien y el amor de todos aquellos que se dicen sus seguidores.

Representantes del Grupo Villena

La participación del «Grupo Villena», mediante un panel desarrollado por Jose Manuel Meseguer y Antonio Lledó, fue sin duda relevante en cuanto al enfoque de los conocimientos aportados. Explicando algunas características del desarrollo en los grupos espíritas, se incidió principalmente en la experiencia de funcionamiento de nuestra Asociación. Y aquí se pudieron implementar las vivencias y experiencias que después de 40 años de existencia nos han permitido llegar hasta hoy. El núcleo de nuestra aportación trató de la forma y manera de enfrentar la convivencia y relación de los miembros de toda Asociación Espírita que se precie; haciendo principal hincapié en las «Directrices de Fraternidad» como elemento aglutinador de las experiencias y avances entre los miembros de todo Centro Espírita.

Sin esta actitud es muy difícil que los Grupos Espíritas funcionen con un mínimo de coherencia y proyecto de futuro. Ya que somos de la opinión de que las falencias y limitaciones personales que todos tenemos suelen trasladarse al ámbito dónde desarrollamos nuestras actividades, no estando exento de ello el Centro dónde nos encontramos tranbajando. Es obligación y responsabilidad de cada cual procurar que sus propias imperfecciones no cercenen el trabajo y proyecto del grupo, y para ello la indulgencia con los errores ajenos y la exigencia propia es la mejor medicina.

Al margen de todo esto, sería ingrato no mencionar a los responsables de AIPE, Rosa Outeriño, Mercedes de la Torre, Juan Antonio Torrijos y esposa por el esfuerzo invertido en la organización de este evento, así también cómo el apoyo institucional de la CEPA. Todo esto supuso la representación de numerosos países participantes: España, Portugal, Brasil, Venezuela, Argentina, y especialmente Puerto Rico, que con una numerosa representación ofrecieron a todos su participación alegre y comprometida.

III Encuentro espírita Iberoamericano

A fin de no olvidar a nadie, extendemos nuestra enhorabuena para todos los participantes y asistentes a este evento, pues nos permitió reencuentros gratificantes con compañeros de antaño, como ocurrió con la Asociación de Estudios Psicológicos y Espirituales de Vigo a la que en el pasado nos unieron fuertes lazos comunes de amistad y relación fraterna.

Podemos pues concluir afirmando que fue un encuentro formidable no sólo por las oportunidades de aprender y conocer nuevas espectativas dentro del movimiento espírita internacional, sino sobre todo por la oportunidad brindada de estrechar lazos fraternos con compañeros y hermanos de ideal que hace años no veíamos y con otros nuevos que sin duda fructificarán en el futuro inmediato con pujanza y fuerza sin igual en proyectos comunes a los que estaremos dispuestos a participar.

 

III ENCUENTRO ESPIRITA IBEROAMERICANO  por: Redacción 

2018, Amor, Paz y Caridad