Enfocando la actualidad

¿IMPORTA LA VERDAD?

“La verdad no mancha los labios de quien la dice, sino la conciencia de quien la oculta”

En la sociedad en la que nos encontramos se vuelve realmente preocupante el deterioro de algunos valores que fortalecen y unen a las sociedades. Uno de ellos es la verdad. Constantemente escuchamos palabras y definiciones como “post-verdad”, “noticias falsas”, “manipulaciones informativas”, “distopía”, “verdades a medias”,  etc. Da la impresión de importar más la difusión de la cuestión que la veracidad de la misma.

Muchas veces no tenemos muy claro qué significa cada cosa; sin embargo, en un mundo globalizado, donde la información no puede contrastarse fehacientemente, debido a la rapidez con que se suceden las noticias y al hecho de que prevalece lo inmediato sobre lo veraz, se construye un estado de opinión frívolo sobre los acontecimientos y las personas que, la mayoría de las veces, no se ajusta a la realidad de los hechos. En ocasiones informaciones falsas y malintencionadas son aclaradas con el tiempo, sin embargo la restitución de la verdad de los hechos tiene mucha menos repercusión mediática que la infamia que la originó.

Esta cuestión, amplificada por la transmisión de la información no únicamente a través de medios de comunicación u organismos oficiales sino principalmente por las redes sociales, donde todos nos convertimos en transmisores, difusores y colaboradores de noticias, unas falsas, otras desvirtuadas, la mayoría intrascendentes, nos obliga a un “ejercicio de discernimiento a la hora de aceptar aquello que consideramos verdadero distinguiéndolo de lo que no lo es.”

Si observamos este fenómeno en detalle, comprobamos que la persona formada no está tampoco libre de la intoxicación que esta situación produce. La cultura y la formación no eximen a nadie de actitudes que tienen que ver más con lo que nos gusta, con lo inmediato, o con la satisfacción de nuestros efímeros deseos materiales que tienen como objetivo únicamente el placentero egoísmo que a todos nos afecta.

Sin duda es el signo de los tiempos, de una sociedad globalizada, donde los valores morales se encuentran en franco retroceso ante los gustos personales que el materialismo e individualismo más exacerbado nos propone. Sin embargo, una sociedad que no se construye desde los individuos con una sólida convicción de la necesidad de respeto al semejante, a las libertades de los demás, a su forma de pensar y a sus maneras de actuar dentro del orden que el contrato social -o las leyes- nos imponen a todos, se convierte en una sociedad destinada al fracaso, la anarquía y la violencia.

En la base de todo se encuentra la pérdida de educación moral -ésta no tiene por qué ser religiosa-, y la consecuencia inmediata de este deterioro educativo es de enorme gravedad para una sociedad de futuro.

“La verdad nunca triunfa, sus oponentes simplemente se van muriendo” 

Max Planck – Nobel de Física

Una de estas consecuencias graves es la repetida importancia de la verdad ante la mentira, ante la manipulación, o las verdades a medias que a veces se utilizan para conseguir determinados fines o ventajas sin ningún tipo de escrúpulos. Aquellos que estamos interesados en la comprensión del alma humana y en la necesidad que ésta tiene de crecer espiritualmente en valores morales, no podemos en absoluto “sacrificar la verdad” de aquello que sabemos, escudándonos en la marea de comportamientos y actitudes contrarias a que aquella resplandezca. Y aunque a veces seamos incomprendidos en nuestras actitudes o comportamientos, nuestra conciencia nos dicta ser fieles y responsables ante esta premisa, por encima de las circunstancias que condicionan a la mayoría y a las que apenas damos importancia.

“Valiente es quien dice la verdad sabiendo que lo perderá todo”

Esto genera a veces incomprensión o recelo, pues en estas sociedades tan ególatras, si no te comportas o piensas como la masa, si no sigues las modas o las corrientes al uso, parece que quedas al margen. Sin embargo, nada hay más importante que la libertad del ser humano, y dentro de esto, la libertad de pensamiento, de conciencia y de actuación ha de ser siempre la mayor de las premisas que a nadie se puede arrebatar.

Es por ello que, para aquellos que consideramos que este planeta y las sociedades que  lo forman son escuelas de aprendizaje para el espíritu inmortal, la verdad sí importa. Es más, ya no es sólo la obligación moral que tenemos de divulgarla y difundirla según nos dicta nuestra conciencia, sino que esta cuestión se convierte en un reto, en una oportunidad de progreso, donde sabemos que hemos de luchar contra corriente en la mayoría de las ocasiones.

Evidentemente, no hablamos de ninguna verdad absoluta; cada cual tiene la propia. Sin embargo, el hecho de que la verdad es importante supone, entre otras cosas, denunciar la mentira, no dejarse engañar por conceptos como la post-verdad, las verdades a medias, las noticias frívolas, falsas o inmediatas, y también supone el respeto a las ideas de los demás, aunque no coincidan con las nuestras.

Si además valoramos que, dentro del campo que nos interesa, el alma humana viene a la Tierra a realizar un compromiso personal y debe descubrirlo por ella misma, la contaminación que estas actitudes sociales comportan genera confusión, distracción y desvío de los auténticos objetivos que hemos de descubrir y realizar.

El deber que a todos nos compete realizar cuando reencarnamos nuevamente es una hoja de ruta que nos hemos marcado; y el incumplimiento del mismo por confundirnos respecto a los objetivos que traemos genera importantes repercusiones en la trayectoria futura de nuestra alma inmortal. Es por ello que nunca podemos renunciar a la verdad que nuestra conciencia nos marca como el camino cierto que debemos seguir.

El peligro es evidente, y desde aquí hacemos una llamada al sentido común, a la convicción que los principios espirituales nos aportan respecto al compromiso que cada uno traemos. Pues, respetando la verdad de lo que nos dicta nuestra conciencia, y sin dejarnos contaminar por las actitudes, modas o tendencias sociales que minusvalora la verdad de aquello que es realmente importante para nuestra vida inmortal, estamos cumpliendo con el trabajo de crecimiento, evolución y progreso que nuestro espíritu nos demanda en esta existencia.

No olvidemos que las leyes de Dios están escritas en la conciencia de cada uno; y esta última es el juez inexorable que nos proporciona la seguridad del camino correcto, aportando a nuestras vidas la satisfacción y plenitud que la auto-realización personal comporta. Esto último es imposible sin tener en cuenta una actitud consecuente, cierta y auténtica que se corresponda con aquello en lo que creemos firmemente y que nos impida renunciar a la verdad de nuestros más nobles principios y realizaciones en esta existencia.

Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

“La verdad es el objetivo, el amor el medio para llegar a ella”

Ghandi

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