Enfocando la actualidad

FÍSICA Y ESPÍRITU

NUEVOS PARADIGMAS DE LA CIENCIA (1)

“Para percibir la estructura y propiedades de las partículas elementales, es necesario hacer intervenir un espacio-tiempo particular presentando las características de un espacio-tiempo del Espíritu, acompañando el de la materia”

Jean Charón – Físico  Libro: “El espíritu, este desconocido”

Desde antiguo la palabra paradigma se asocia con el concepto de modelo o ejemplo a seguir en determinadas áreas o experiencias. En el caso concreto de la ciencia, suele referirse a los patrones o los modelos de trabajo que asumen los investigadores.

Esta cuestión ha sido cambiante a lo largo de la historia a medida que la filosofía y la ciencia han propiciado el avance del conocimiento humano y la comprensión de la realidad y de las leyes que rigen este universo. Así pues, cuando en la historia han sobrevenido acontecimientos que han cambiado el progreso de las ideas y de la ciencia, desterrando viejos supuestos, se ha instaurado un nuevo paradigma a nivel del pensamiento filosófico-científico. Y con ello el progreso se ha orientado con mayor precisión en nuevas áreas de descubrimiento que han permitido la evolución del conocimiento.

Ejemplos de paradigmas fue el pensamiento heliocéntrico de Copérnico, el dualismo de Descartes, la mecánica de Newton, el evolucionismo de Darwin o más recientemente el pensamiento relativista de Einstein. Estos y otros avances en el pensamiento e investigación científica propiciaron cambios de rumbo significativos en el conocimiento de la realidad, del ser humano, de la vida y de las leyes que la rigen.

Pero como podemos deducir, el mundo continúa, la ciencia sigue avanzando y los progresos en la investigación continúan sin detenerse jamás. Sin duda es la prueba de que todavía estamos a las puertas de nuevos paradigmas que irán sustituyendo a los anteriores a medida que avancen las ciencias y el desarrollo del pensamiento humano.

Nada es pues definitivo. A medida que se investiga se proponen nuevas hipótesis que han de ser sustentadas con los hechos empíricos que el método científico avala. En el siglo anterior y en los comienzos de este, un nuevo paradigma parece querer asomar en el horizonte, pretendiendo retar al principio materialista-mecanicista que la ciencia ha venido sosteniendo desde el siglo XIX y a fin de contextualizar y definir algunos de los grandes interrogantes que todavía se plantea el hombre de ciencia: ¿cuál es el origen de la conciencia? ¿El alma es transcendente?.

En estas últimas décadas, desde mediados del siglo XX hasta ahora, nuevos descubrimientos parecen alumbrar el nuevo paradigma que sustituirá al anterior de forma rotunda. Las áreas de investigación que permiten abordar este problema son muchas, pero preferentemente la física cuántica permite deducir respuestas a los interrogantes mencionados arriba.

Los descubrimientos de la relatividad de Einstein y las aportaciones de Planck dieron lugar el siglo pasado a un conocimiento mayor de las partículas subatómicas y con ello a la comprobación de “nuevas dimensiones de existencia” hasta entonces desconocidas, que permiten comprender con mayor claridad dónde puede ubicarse la conciencia y de qué forma nuestra alma puede manifestarse en otras dimensiones y ser tan real o más que si inter-actuara únicamente en la realidad tridimensional que conocemos. De hecho, después de Einstein, una cuarta dimensión hizo su aparición en la realidad de la física: el tiempo.

El principio de incertidumbre de Heisenberg, donde se demuestra la imposibilidad de fijar la posición y el movimiento de las partículas simultáneamente y el comportamiento de las mismas, unas veces como materia y al instante como energía, es la demostración científica de que la materia y la energía tienen que ver con la mente y la conciencia más de lo que llegamos a suponer. Con ello se prueba que ni el espacio ni el tiempo tienen repercusión, pues  -las partículas- pueden relacionarse al instante sin conexión alguna y a miles de kilómetros de distancia. Se altera así toda la concepción mecanicista de la materia como elemento único de realidad. Lo que sirve para las evidencias de la mecánica clásica de Newton en el macrocosmos (movimiento y gravedad de los planetas, por ejemplo) no es válido para la física de partículas elementales de la materia.

Si la materia a nivel microscópico se confunde con la energía,  y el espacio y el tiempo no tienen la repercusión que observamos en el mundo que nos rodea, es mucho más fácil comprender y aceptar que una energía como es el espíritu humano (la energía no se crea ni se destruye, tan sólo se transforma: Principio de la termodinámica) es algo permanente, eterno, que cambia de forma o estado (con cuerpo -materia o sin él -espíritu-), pero que “siempre es” 

Y si a este axioma le añadimos que no es precisa una conexión física o material entre partículas para que estas se comporten igual a miles de kilómetros de distancia, ¿no será mucho mas fácil comprender la relación entre cuerpo material y espíritu-energía unidos por ese extraordinario cuerpo periespiritual (semimaterial) que participa de ambos en cuanto a su estructura y moléculas afines?

La comprensión del periespíritu (bioplasma, cuerpo astral, etc..) es la prueba evidente de la relación del espíritu y la materia. Es también la respuesta definitiva a aquellos que, para refutar el “dualismo” alma-cuerpo de las religiones, negaban la realidad del espíritu afirmando que la materia y la energía no tenían una relación conocida por tratarse se distintas sustancias. Esa relación es ese cuerpo intermedio que posee moléculas materiales y energéticas, capaces de vincular, unir y relacionar íntimamente los dos aspectos del ser humano: su cuerpo y su alma.

Estas reflexiones nos debe hacer pensar qué fácil sería para la ciencia actual demostrar la realidad del espíritu y su inmortalidad tan sólo aplicándose al estudio molecular y electro-magnético de ese cuerpo llamado periespíritu que une ambos principios: el energético (espíritu) y el material (cuerpo físico). Estamos a las puertas de nuevas realidades  científicas y en próximos años comprobaremos las evidencias de las mismas.

Por si esto fuera poco, el físico Niels Bhor otorga la cualidad de la materia y la energía a “la conciencia del observador Es decir, la conciencia y la mente del observador es la que determina la naturaleza de la materia o la energía. Esto supone introducir la conciencia en el núcleo de la física cuántica. En relación a esto último veamos que opina al respecto de la mente y la materia uno de los físicos más importantes de las últimas décadas, David Bohm:

“Lo mental y lo material constituyen dos aspectos de un proceso conjunto, únicamente separados en el pensamiento y no en la realidad. Existe más bien una única energía en la base de toda realidad…No existe división entre lo mental y lo material” D. B. (1986)

 Así pues, estas nuevas concepciones de la física permiten perfectamente implementar el aspecto de la conciencia en distintas realidades y dimensiones desconocidas hasta ahora. Esto sería una evidencia clara de cómo se pueden comprender aspectos como la fenomenología paranormal o mediúmnica, y de como determinados estados de conciencia aparentemente alterados no son tales, sino tan reales como los que podemos percibir en el ámbito de tres dimensiones.

Hay que tener en cuenta que el principio inteligente se encuentra en el espíritu y no en la materia. Por ello la mente es un instrumento al servicio del espíritu inmortal, siendo el pensamiento su expresión más genuina que utiliza el cerebro para su manifestación cuando tenemos un cuerpo. Por ello cuando prescindimos del cuerpo nuestra mente sigue activa, pudiendo transmitir y recibir pensamientos en estado espiritual. Es lo mismo que decir que nuestra conciencia sigue activa a pesar del cuerpo físico, pues la mente y la conciencia están íntimamente relacionadas.

Esto aportaría un campo de investigación amplísimo sobre la transcendencia de la conciencia después de la muerte, además de la supervivencia en otras dimensiones de vida y la posibilidad de interconexión de esa conciencia con otras que se hayan encarnadas. Expresado de otro modo: la supervivencia e inmortalidad del alma además de la certeza de la comunicación de las almas que ya partieron con aquellas otras que permanecen todavía en nuestra dimensión física.

Física y espíritu unidos por las leyes que rigen la naturaleza en los principios esenciales de la materia y la energía. Imaginemos cuando estos postulados – confirmados por la ciencia espírita hace ahora 150 años- sean estudiados en profundidad por los científicos del momento, colocando la conciencia y el espíritu humano como fuente principal de los fenómenos que acontecen. Será entonces cuando el nuevo paradigma científico-espiritual sustituirá definitivamente al paradigma materialista que todavía impera en una gran parte de la comunidad científica. Confirmando al Nobel de Física Max Planck:

“Una nueva verdad científica no suele imponerse convenciendo a sus oponentes sino más bien porque sus oponentes desaparecen paulatinamente y (son sustituidos por) una nueva generación familiarizada desde el principio con la (nueva) verdad” Max Planck

Esto ya es una realidad, no habrá que esperar mucho más, pues ya se está implementando una generación de investigadores en distintas áreas de la ciencia que profundizan cada vez más en el nuevo paradigma que sitúa a la conciencia como la base de la vida y de todo lo que existe. Conforme avance la investigación en esta década, se irán confirmando los postulados e hipótesis de muchos científicos que ya afirman la realidad del espíritu y su transcendencia inmortal.

Física y Espíritu por: Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, paz y caridad

 

    “La materia del Universo es materia Mental”

Arthur Eddintong- Astrónomo

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