Enfocando la actualidad

BIOLOGÍA Y ESPÍRITU

NUEVOS PARADIGMAS DE LA CIENCIA (3)

A la hora de abordar la relación entre biología y espíritu, solemos enfocar el tema a nivel humano. Cuando adoptamos un contexto más general que tiene que ver con la evolución biológica, sin duda hemos de remontarnos a los aspectos que también afectan a otros reinos de la naturaleza, es decir, los animales y las plantas.

Comprendiendo algo de la evolución biológica, el paradigma mayor que la ciencia incorporó a finales del siglo XIX fueron las aportaciones de Charles Darwin y su teoría de la evolución de las especies y de la selección natural. No es nuestro objetivo explicarlas, sin embargo, desde su aparición hasta ahora han ido sucediéndose distintas evidencias científicas que confirman que la evolución es una realidad, pero también que no afecta por igual a todas las naturalezas ni puede explicar en absoluto la totalidad del origen biológico y su desarrollo posterior.

Darwin desconocía la biología molecular y la genética, motivo por el cual sus análisis, en líneas generales acertados, abrieron un camino, pero en absoluto han de ser tomados como una verdad incuestionable. De hecho, muchos científicos discrepan de algunos de sus postulados pues se han demostrado erróneos en su aplicación universal; no así en una mayoría de los procesos de selección natural y evolución biológica en los que sí son perfectamente válidos.

Ofrecemos esta explicación, porque al igual que con Darwin se abrió un nuevo paradigma para la ciencia biológica, por sus mismas fechas apareció la codificación de Allan Kardec -1857- (concretamente tres años antes de publicar Darwin “El origen de las Especies”, Kardec presentaba en París “El Libro de los Espíritus”). La visión religiosa del origen del hombre, que presentaba la iglesia de la época nacido del barro y del soplo divino, quedó defenestrada con los descubrimientos de Darwin al demostrar que la naturaleza del hombre era animal y procedente de los simios.

Sin embargo la visión kardecista amplió el horizonte de forma extraordinaria. Al definir al hombre por su doble naturaleza: el cuerpo (naturaleza animal) y el alma (naturaleza espiritual), Kardec reconoce la evolución en su doble aspecto.(1) El vínculo que une a ambas es el periespíritu (una envoltura semimaterial), que no es otra cosa que el Modelo Organizador Biológico (2) que permite la vida y la evolución, organizando el funcionamiento y la estructura celular desde los primeros estadios evolutivos de los distintos reinos de la naturaleza.

Tanto es así que ya recoge la posibilidad de proceder de ancestros animales en lo que respecta al cuerpo, mientras que afirma la evolución espiritual al colocar el principio espiritual en permanente evolución desde el origen de las formas más simples y primitivas con vida orgánica (animales unicelulares, virus, bacterias, etc.). La diferenciación biológico-psicológica-espiritual del hombre sobre otros reinos de la naturaleza vendría dada por la inclusión del espíritu (principio inteligente), una vez que el principio espiritual ha llegado a desarrollar en una etapa pre-humana todos los aspectos necesarios para albergar las cualidades superiores de la mente. Esa chispa divina sólo se incorpora en la especia humana en ese momento, nunca antes, y procede directamente de Dios.

Así pues, la evolución del principio espiritual se inicia en los primeros estadios de la naturaleza; es famosa la frase “el alma duerme en el mineral, siente en la planta, se emociona en el animal y piensa en el hombre”. Este aspecto espiritual tiene así una evolución paralela a la evolución biológica de las especies concretada por Darwin.

Con el transcurso del tiempo, y a pesar de las corrientes naturalistas que niegan un origen o principio espiritual en la biogénesis (3), cada vez más se confirma que en la intimidad de la célula, el ADN contiene códigos de información que se combinan dando como resultado las distintas organizaciones celulares que forman toda vida orgánica, vegetal, animal o humana.

Los ateos naturalistas para quienes no existe nada más que genes ciegos combinados aleatoriamente y responsables de las formas debido a las modificaciones que la selección natural produce para preservar en la herencia del más fuerte, suelen confundir códigos con patrones. Ellos consideran que un patrón se repite y da origen a una transición de fase que produce los distintos tipos de vida biológica.

Sin embargo no explican, cómo en la intimidad del ADN los patrones son la consecuencia de unos códigos que se auto organizan por sí mismos y que no responden a ningún patrón establecido. ¿Quién ha colocado esa información codificada en la célula? ¿porqué se articulan en multitud de formas diferentes dando origen a distintos tipos de células, cada una de las cuales cumple su función? ¿quien ordena, por ejemplo que una célula del hígado cumpla su función hepática y no la función que realiza una célula del corazón? ¿cómo explican funciones inteligentes y plenamente desarrolladas en las neuronas cerebrales y las diferencian de aquellas otras neuronas que tenemos en nuestro aparato digestivo?

La información es la marca de la mente. Allí dónde hay un efecto inteligente, su causa es inteligente. De la materia no puede surgir la inteligencia, ni siquiera la vida. Confirmando esto, tenemos que también muchos genetistas abogan por una causa originaria, un primer motor que es el que pone en marcha el mecanismo y crea la información.

Así pues el Dr. Dean Hammer, en su libro “El Gen de Dios” especifica que todos los seres humanos, independientemente de su raza, religión, sexo, ateísmo o agnosticismo, poseemos un gen que él denomina Vmat2 en el que se encuentra el sustrato y el recuerdo celular de esa causa primera que pone en marcha la vida.

“El gen VMat2 es un gen que todos tenemos en el ADN y cuya actividad a través de los neurotransmisores llamados mono-aminas determinan que en las personas espirituales sus conexiones son mayores segregando en el hombre mayor sentido de su conciencia y de su trascendencia personal”

El mayor especialista en el genoma humano, que presentó este proyecto en la Casa Blanca junto al presidente Clinton en el año 2000, opina lo siguiente:

“Como alguien que ha tenido el privilegio de dirigir el proyecto sobre el genoma humano, he tenido la oportunidad de estudiar nuestro propio libro de instrucciones que es el ADN con un detalle que no había sido posible antes. Recientemente también ha sido posible comparar nuestro ADN con el de otras muchas especies. La idea de que todos los seres vivos descendemos de un precursor común se apoya en una evidencia contundente.” Dr. Francis Collins – Libro ¿Cómo Habla Dios?

Simplemente estas dos opiniones deberían hacernos pensar respecto al origen de la vida biológica y de la causa que la provoca. Con cada avance de la genética y de la biología molecular encontramos nuevas evidencias acerca de la imposibilidad de crear vida partiendo de la materia. Es más, por mucho que multitud de investigadores expliquen a la perfección el desarrollo y evolución de los sistemas biológicos y de las leyes que los articulan, el origen sigue siendo el gran misterio, la gran incógnita, pues las leyes no se crean a sí mismas, obedecen a un orden natural codificado que ha sido creado y puesto a funcionar en la primera célula.

Es pues acertado suponer que ese primer motor que origina la vida en la célula tiene una causa ajena a la materia, evidentemente un principio vital que la anima y le posibilita la vitalidad. Este principio vital en el hombre está localizado en el periespíritu (Modelo Organizador Biológico) que dinamiza desde la concepción del cigoto el desarrollo vital del hombre a través de sus centros de fuerza o energía electromagnéticos (Chakras). Cuando los órganos, como consecuencia del transcurso del tiempo van perdiendo la vitalidad, enferman, y la energía de esa envoltura semimaterial va disminuyendo, de tal forma que cuando el principio vital se extingue, sobreviene la muerte.

Es preciso el estudio profundo del sistema electromagnético de este cuerpo que como un lazo, une el cuerpo físico y el alma. Cuando esto se lleve a cabo en profundidad el avance de la biología y del origen de la vida estará más cerca de comprenderse. Algunas terapias alternativas trabajan directamente sobre los centros de fuerza del periespíritu (Ej. Acupuntura y otras), reactivando la energía deteriorada y restaurando de esa forma el equilibrio celular perdido, dando así  mayor vitalidad.

Como conclusión afirmaremos que el origen biológico de la vida es imposible sin un principio vital que la sustente, y que siempre está presente en la materia orgánica. Junto a este principio, aparece otro de origen espiritual que permite esta evolución simultánea biológico-espiritual a través del tiempo y las especies. Esta evolución culmina en el hombre, dónde se incorpora la chispa divina (conciencia, inteligencia, libre albedrío y voluntad) cuando la psiquis (principio espiritual) alcanza su máximo desarrollo procedente de estadios inferiores. A partir de aquí aparece la etapa humana caracterizada por el “principio inteligente” (principio espiritual desarrollado) que es el alma, ya preparada para iniciar su proceso evolutivo con conciencia de sí misma.

Y la causa primera que origina el proceso no es otra que un Creador, una Inteligencia Suprema, que mediante un sentido y propósito desconocido para nosotros, articula el origen de la vida y pone a evolucionar los seres vivos, desde la ameba al hombre.

Biología y espíritu por:     Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

 

Dios tuvo un plan para crear unas criaturas con las que pudiera relacionarse, en las que pudiera inspirar una ley moral, en las que pudiera infundir un alma, y a las que pudiera dar una voluntad libre como regalo para poder tomar decisiones sobre nuestro propio comportamiento; un don que nosotros a menudo utilizamos para hacer lo que no debemos. Yo creo que Dios utilizó el mecanismo de la evolución para conseguir su objetivo.”

Dr. Francis Collins

 

(1)El Libro de los Espíritus. Introducción It.6  (2) Sistema organizador de la Vida humana (3) Origen de la Vida

 

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