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RENOVACION, CAMBIO Y ADAPTACION

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[infobox]“El progreso consiste en el cambio”. Esta precisa definición de Miguel de Cervantes, que cualquier psicólogo cognitivo afirmaría hoy como la clave del crecimiento y la realización personal, nos sirve de guía para el tema que hoy queremos desarrollar.[/infobox]

Comprendiendo con claridad que el objeto de la vida humana es el progreso espiritual, nadie progresa adecuadamente sino se predispone a enfrentar los cambios sin miedo y con auténtico deseo de mejorar.

La predisposición del psiquismo y el cuerpo físico que tenemos es reacia al cambio; porque, a nivel psicológico, siempre se albergan dudas e incertidumbres que nos paralizan, mientras que a nivel físico preferimos no cambiar puesto que esto nos exige esfuerzo y superación, un trabajo que la propia materia rechaza por instinto.“Nada es permanente a excepción del cambio.” Heráclito.

El progreso es consustancial con la ley de evolución; fuerza imparable que domina en todo el universo físico y espiritual y que impele, queramos o no, a todas las formas de vida a cambiar y evolucionar. “La energía no se crea ni se destruye; sólo se transforma”, este principio de la termodinámica, nos aclara que todo en el universo está en constante transformación y cambio; por lo que, resistirse a ello, es contravenir las leyes físicas y espirituales.

El hombre, ser superior en la naturaleza por su sentido moral que le distingue de otros reinos y formas de vida: animal, vegetal y mineral; no podía estar exento de esta fuerza poderosa que le induce desde su origen a progresar y cambiar para mejor. Sabemos a ciencia cierta que, el mundo espiritual se rige por el avance constante y permanente de sus moradores y lo mismo acontece con la dimensión física en la que nos movemos y desarrollamos.

Así pues, todo cambio exige renovación y adaptación; la primera ha de ser constante, pues en el momento en que nos negamos a una renovación profunda, tanto interior, como exterior de aquello que nos rodea, estamos frenando, retardando nuestras posibilidades de progreso y superación personal.

La adaptación al medio no sólo es propia de los animales en sus fases de desarrollo y supervivencia, sino que es básica, principal y necesaria para el ser humano que convive en sociedad.

Tan importante como renovarnos es saber adaptarnos al momento, al espacio, el lugar, el tiempo en que vivimos; sabiendo ubicar nuestras realizaciones y proyectos en base a las condiciones sociales, las costumbres y las necesidades de la sociedad en que vivimos. Sólo de esa forma se puede alcanzar la proyección social necesaria que permita que una obra o trabajo de bien llegue a la sociedad y sea captado por esta.

Todo lo expuesto anteriormente es de singular importancia para el hombre; pero es de vital significado para las instituciones que realizan un trabajo noble, altruista y desinteresado, cuyo principal destinatario es el ser humano, la procura de la mejora de sus hábitos y costumbres ético-morales y espirituales.

Cuando se desea profundizar en el desarrollo y progreso personal a través del trabajo y la entrega en un grupo o institución, hemos de aceptar y hemos de comprender que, todos los integrantes del mismo debemos adoptar la actitud de constante renovación y permanente adaptación. Pero estas mismas premisas han de servir como pautas de crecimiento y permanencia en el tiempo al mismo grupo, a la misma institución, centro o asociación.

Aquellas sociedades que no se renuevan, mueren por inanición. Los que, a pesar de renovarse, no saben adaptarse al medio que les rodea y asumir las costumbres del lugar en que se encuentran, podrán realizar un gran trabajo interno, pero nunca alcanzarán proyección social, nunca podrán llegar a la sociedad.

En capítulos anteriores de esta misma sección, abordábamos algunos aspectos personales y grupales de las asociaciones que desean progresar y llevar sus conocimientos y experiencia a la sociedad. Detallábamos que la fraternidad, la comprensión, la tolerancia y el respeto eran las claves del crecimiento interior. Pero el crecimiento exterior y su proyección a la sociedad parte así mismo de premisas similares: respeto a todas las personas e ideologías, tolerancia con la incomprensión, divulgación responsable sin afanes proselitistas, ejemplo intachable en las conductas ético-morales, y así un largo etcétera al que añadiríamos los conceptos de renovación y adaptación permanente.

Es difícil llegar a ello; pero contamos con una gran ayuda: en la misma medida que realizamos el camino de la ascensión personal y de la reforma interna, vamos recibiendo la claridad de entendimiento necesaria para enfrentar las dificultades y conductas más adecuadas.

Esto se transfiere obligatoriamente a la manera de comportarse individual y grupalmente; esto obliga a una mentalidad libre y analítica, exenta de prejuicios, adaptada a los tiempos que corren; sabiendo llegar a los corazones y necesidades de la gente del momento y lugar en que nos encontramos, y no viviendo del pasado o de costumbres de otras sociedades que nada tienen que ver con las que se viven en nuestro alrededor de forma cotidiana.

Si somos capaces de encontrar el camino interior a través del crecimiento personal, el esfuerzo y el cambio hacia mejor; tendremos muchas posibilidades de acertar con la clave necesaria que nos permita llegar a la sociedad; con el único fin de trasladar nuestra experiencia de vida en primer lugar; los resultados operados en nosotros al realizar ese trabajo de reforma y progreso interno, haciendo ver a los demás que la felicidad, el equilibrio y la armonía mental y emocional sólo depende de nosotros.

Después de trasladar la experiencia mediante nuestro ejemplo, llegará el momento de explicar cómo lo hemos conseguido, llegando el momento de la divulgación responsable de los conocimientos adquiridos, para lo cual las mentes estarán predispuestas a escuchar y aprender.

Si invertimos el proceso, intentando primero divulgar y enseñar sin ofrecer con anterioridad ejemplo y realizaciones, nuestra palabra será como la voz que clama en el desierto; palabra muerta, que a nadie interesa y que nadie escucha.

Traslademos a nuestros grupos y asociaciones la necesidad de la reforma interna permanente, de la renovación de nuestras actitudes y comportamiento adaptándonos a la sociedad en que vivimos, de la importancia de la fraternidad y la tolerancia para, posteriormente después del ejemplo llevar el mensaje de la concordia, el amor y la necesidad de comprensión del mundo espiritual del que provenimos y hacia el cual nos dirigiremos el día de mañana.

Antonio Lledo Flor

© 2014 Amor, paz y caridad

“El cambio es incesante e implacable; por tanto, la mejor estrategia es aceptarlo y evolucionar.»

Seth Godin.

 

OPORTUNIDAD EXCEPCIONAL

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El escalón evolutivo que habrá pasado nues­tro planeta tras el próximo cambio de ciclo, nos permitirá el acercamiento a otras humani­dades de nuestra misma condición e incluso más avanzadas; un acercamiento que ahora nos está prohibido porque nuestra evolución en este plane­ta es todavía muy baja y podríamos perjudicar a otros mundos.

Pero entonces, cuando nuestro planeta esté desarrollando únicamente las facetas de la nueva humanidad, con todo lo que ello conlleva, no existirá peligro alguno en ese acercamiento, no habrá ningún carácter belicoso o colonizador por parte de los habitantes de la Tierra, y por ello el contacto, el intercambio y la ayuda con otras civilizaciones de otros mundos será fluido, cons­tante y dirigido a nuestro progreso y aprendiza­je.

Iremos a sus mundos como ellos vendrán al nuestro y la total y absoluta confianza favorece­rá intercambios de toda índole: culturales, cien­tíficos y tecnológicos, sociales y fundamental­mente espirituales.

Son aspectos que todavía hoy escapan a nuestra razón porque nos cuesta comprenderlos, pero si reflexionamos un poquito acerca de la creación divina, de la forma como se manifiestan sus leyes y de la importancia de la cadena de la evolución, lo veremos totalmente lógico y comprensible.

Podemos poner un ejemplo, una comparación clara que nos ayude a comprenderlo: al igual que en el contacto con el mundo espiritual, aquellos seres de mayor elevación se pueden acercar a nosotros y transmitirnos su amor y sus consejos cuando nosotros estamos en buena sintonía espiri­tual, así mismo ocurrirá con otras humanidades más avanzadas que la nuestra; mientras no alcance­mos ese grado de amor suficiente que nos capacite el paso a la nueva humanidad, no nos será permiti­do ese contacto, pues no estaremos en la sintonía y condiciones espirituales precisas para poder admitirlo y superarlo.

Imaginemos por un momento los enormes bene­ficios que puede reportar para una civilización como la nuestra tener acceso a conocimientos y avances de civilizaciones que pueden llevar­nos 500, 1.000 o incluso 10.000 años de adelanto. Las ventajas que esto puede suponer para nuestro progreso personal y colectivo serán inmejorables y son tan difíciles de entender, aquí y ahora, que por el momento sólo nos atrevemos a mencionar­las sin poder detallar ninguna.

Pensemos pues, la extraordinaria oportuni­dad que se nos ha concedido al venir a la Tierra en estos momentos y facilitarnos el camino para poder merecer un sitio en la nueva humanidad, que está más cerca de lo que muchas veces pensa­mos, y que en definitiva debemos de intentar llevar ya dentro de nosotros como un mensaje de esperanza de un mundo mejor, que hemos de saber transmitir y ofrecer de corazón a todos nuestros semejantes.

Quizás sea ésta una de las misiones a las que nos hemos comprometido antes de encarnar, y si no cumplimos con ella por negligencia o comodidad, será un error importante que recaerá sobre nuestra conciencia, y que ineludiblemente hará defraudar la confianza que depositaron en nosotros aquellos que nos enviaron para realizar este trabajo.

Seamos consecuentes con estas ideas que mantenemos, trabajemos con ahínco con nuestros semejantes sin importarnos incomprensiones, into­lerancias ni desánimos, porque la gran satisfac­ción espiritual que podemos conseguir si hacemos las cosas bien, será el haber respondido con éxito a la palabra dada ante nuestro Padre antes de encarnar. Una palabra y un compromiso que nuestro espíritu recuerda incesantemente, ya que supone para él la mayor y más importante responsa­bilidad que ha adquirido durante muchos siglos de su evolución.

Por ello, no defraudemos a quien nos envió ni tampoco a nosotros mismos; cuando estamos en esta empresa es porque tenemos condiciones para llevarla hacia adelante, sino no hubiéramos veni­do con este compromiso de Paz, de Esperanza y de Equilibrio que hemos de saber ofrecer al mundo, para hacer brotar la luz en las conciencias de los hombres y facilitarles su ascenso evolutivo a través de la comprensión de las leyes divinas.

Antonio Lledo Flor
2014 Amor, paz y caridad

Hay en el cielo y en la Tierra más cosas de las que puede enseñar vuestra sabiduría aprendida en las escuelas.

SHAKESPEARE

DIOS Y LA CIENCIA

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[infobox]Creo que el universo fue creado por Dios con la intención concreta de dar lugar a vida inteligente. Dado que en el ADN se encuentra la información molecular de todas las cosas vivas, se puede entender éste como el “Logos” que Dios ha usado para dar vida a los seres. El proceso de la evolución por selección natural durante cientos de millones de años es el “cómo” que explica la maravillosa diversidad de la vida. Pero este “cómo”no contesta a la pregunta de “¿por qué?”. Creo que Dios es la respuesta a esa pregunta. 

Dr. Francis Collins – Director del Proyecto Genoma Humano[/infobox]

Una de las grandes noticias de la ciencia actual es sin duda, el acercamiento de la misma a Dios, causa primera de todas las cosas; inteligencia suprema y fuente de la vida humana y espiritual. La extendida opinión de que los científicos son por principio escépticos, se está viendo derrumbada a pasos agigantados por manifestaciones relevantes.

Una, la de los propios científicos, muchos de los cuales, lejos de cuestionar la existencia de un ser creador del universo, se atreven declararse admiradores de la grandiosidad del universo y del origen de la vida.

Muchos de ellos, llegan a la creencia en Dios partiendo del ateísmo más rotundo, del más profundo escepticismo, y es precisamente cuando alcanzan el zenit de su investigación, la comprensión de las leyes que manifiestan los principios que estudian, cuando se convencen por sí mismos de la realidad de un ser creador, de una fuente de vida original, de un propósito inteligente para el universo.

La propia ciencia los acerca a Dios, el perfecto funcionamiento del microcosmos humano y del macrocosmos del universo que se presume; la auténtica realidad de la vida humana, les hace comprender que no existe efecto sin causa; que detrás de tal grandiosidad y perfección no puede más que encontrarse un principio inteligente que todo lo ha previsto, que todo lo ha programado y planificado.

Desde la ingeniería genética a la medicina, la biología molecular, la psiquiatría, la psicología, la física, la neurocirugía, la física cuántica, la astrofísica y matemáticas etc.., Como ejemplos mencionamos algunos destacados, el Dr. Collins, el biogenetista Dr. Hammer; el Catedrático de Psiquiatría en la Univ. deVirginia Dr. Ian Stvenson; el Dr. por la Univ. de California Morris Netherton; el Dr. en Psicología por la Univ. de Cambridge Frederic Myer , la Dra. en psiquiatría por la Univ. de Chicago Elisabeth Klubber Ross; pasando por el neurocirujano de la Univ. de Harvard el Dr. Eben Alexander, los físicos como el Dr. Paul Davis, los fisiólogos, como Sir Jhon Eccles, los astrofísicos y matemáticos como los Dres. Michael Scott y Fred Alan Wolf, losneuropsiquiatras, médicos y psicólogos como los doctores Brian Weiss, Gina Germinara, Helen Wambach, Edith Fiore, Thorward Detlhefbsen etc.

Todos ellos eminentes personalidades de la comunidad científica actual, algunos de ellos premios nobel, y en todos ellos encontramos: o bien el denominador común de la afirmación de la existencia de Dios y la inmortalidad del alma, o bien la duda más que razonable de la existencia de una causa primera inteligente detrás del origen de la vida en las comprobaciones que cada uno de ellos ha efectuado dentro de su campo de investigación (Biogenética, Neuropsiquiatría, Biología molecular, Reencarnación, Terapia de Vidas pasadas, Experiencias cercanas a la muerte NDE, Universos Paralelos, Genoma Humano, etc.).

Tanto es así que, las últimas estadísticas sobre la creencia en Dios de la comunidad científica, arroja resultados sorprendentes; un 55% de los mismos confirman y afirman su creencia en el principio creador que da origen a la vida, llamémosle Dios, Energía Primaria, Inteligencia suprema, Causa Primera, fluido universal, etc..; mientras que un 45% restante afirma no creer en una realidad que trasciende al hombre y al que las leyes de la naturaleza deben su creación y funcionamiento.

La gran paradoja se presenta en estas primeras décadas del siglo XXI, pues cuando se afirmaba a mediados del siglo XX, que la ciencia acabaría con la fe, está aconteciendo precisamente todo lo contrario (*). Los científicos se están convirtiendo así en los que están acercando la ciencia a la fe sin pretenderlo de antemano, pero a medida que avanza el desarrollo científico es cada vez más patente no sólo la certeza de la perfección en el origen de la vida y el universo, sino la simbiosis de una conexión universal que nos une a todos los seres humanos, a todas las formas de vida del universo físico y espiritual: desde las estrellas más lejanas hasta la más insignificante forma de vida unicelular.

Reflexionemos pues sobre aquello que la ciencia nos está presentando, y no confundamos ciencia con tecnología, ya que no sólo no es lo mismo, sino que esta última es una herramienta al servicio del hombre que por su carácter neutro puede ser beneficiosa o perjudicial según el uso que hagamos de ella.

Cada vez será más evidente, en pocos años, que la notable diferencia entre el desarrollo científico y el desarrollo ético-moral del hombre, creará la gran catarsis de esta sociedad.

Puesto que, mientras la ciencia avanza imparable en la búsqueda de la verdad y de la realidad siguiendo los patrones de la ley de evolución, el hombre se enroca en su propio egoísmo y miseria para no aceptar que la vida es un don concedido por Dios que tiene una finalidad concreta; su propio progreso y evolución espiritual.

 

Antonio Lledo Flor

© 2014 Amor, paz y caridad

[infobox]“Un poco de ciencia, distancia al hombre de la verdad; mucha ciencia le acerca a la verdad”

Roger Bacon, Científico y Filósofo Ingles (1220-1294)[/infobox]

EL COMPROMISO: GRUPAL Y PERSONAL

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[infobox]“El progreso consiste en el cambio. La felicidad nunca vendrá si es un objetivo en sí mismo, la felicidad es un subproducto de un compromiso con causas nobles.”

Dr. Norman Peale (1898-1993) Creador del “Pensamiento Positivo”

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La palabra compromiso genera en la persona acomodaticia rechazo o repulsa; porque suele interpretar que detrás ella se encuentra la exigencia de un esfuerzo o la asunción de responsabilidades que no siempre se está dispuesto a aceptar por lo que implica de renuncia personal. Es preciso reflexionar sobre la misma analizándola desde diversos ángulos, a fin de entresacar algunas cuestiones que suelen pasar desapercibidas.

En primer lugar su dimensión propia; el compromiso puede ser personal únicamente, grupal, social, etc. En segundo lugar, su trascendencia; cuando hablamos de obligaciones específicamente espirituales; ¿De dónde vienen? ¿Cómo nos afectan? ¿Son inmutables? Y en tercer lugar, para las características de la persona, una promesa de cualquier índole, ¿es perjudicial o beneficiosa? Todo esfuerzo o intento por cumplir con un deber ¿Es necesariamente molesto o contribuye al crecimiento personal del individuo?

Analicemos todo esto a la luz de los conocimientos espirituales que tenemos y a continuación reflexionemos sobre el traslado de las conclusiones a los grupos e instituciones de las que formamos parte para intentar mejorarlas y actualizarlas en lo que sea posible.

Sólo desde el esfuerzo y la obligación se adquieren las competencias necesarias para crecer en la vida, para realizarse, para alcanzar nuevos retos y proyectos personales o grupales. Así pues, todo compromiso, cuando es personal renueva al individuo y le hace progresar, al exigirle una permanente actitud de renovación, de aprendizaje, de adaptación a los cambios que la vida nos presenta en diversos órdenes: familiares, laborales, sociales, particulares y propios.

Si esta capacidad de aprendizaje y esfuerzo se produce a nivel de un grupo o una institución, nos encontramos ante una agrupación que sabe cómo renovarse, cómo reciclarse, cómo adaptarse a las vicisitudes de la sociedad, y como consecuencia de esto sabe proyectarse y puede llevar adelante cualquier reto o aspiración que se proponga.

Siempre oímos hablar de cambio, de adaptación social, de reciclaje (renovación), en una sociedad que avanza a ritmos vertiginosos y que suele dejar atrás concepciones inmovilistas y dogmáticas. Por ello es tan importante comprender en primer lugar la dimensión de nuestra obligación; y si esta se enmarca dentro de actividades o proyectos de regeneración moral o espiritual, propias o ajenas, debemos aceptar la trascendencia del mismo, en primer lugar para nosotros, y a continuación para todos aquellos que son receptores en la sociedad de nuestro mensaje, de nuestros proyectos, de aquello que deseamos transmitir, enseñar, divulgar o ejemplificar.

A esto podemos unir que, todo compromiso espiritual lleva implícito una característica adicional; y esta no es otra que el hecho de que en su propia naturaleza, esta promesa ha sido aceptada, con toda seguridad, por nosotros libremente antes de venir a la tierra; es decir, como un reto a alcanzar en esta vida, y que nos servirá enormemente de progreso y crecimiento personal. De aquí su procedencia.

Así pues, a la conciencia material del trabajo que nos proponemos efectuar, se une un pacto, una resolución personal, un deber estipulado por nuestro yo interior con la vida, con lo más profundo de nuestro ser. Y esta circunstancia debe estimularnos para superar cualquier obstáculo que nos impida ejecutarlo, ya que el conocimiento espiritual nos ilumina acerca de que, cualquier proyecto en la materia no se adopta previamente sin contar con los recursos espirituales y personales que nos permita alcanzarlo.

Y para ello se cuenta con la planificación que antes de encarnar se efectúa por nuestra parte, ayudados por otros espíritus de naturaleza superior que nos orientan y nos acompañan en tan importante proceso, a fin de que seamos capaces de rubricar con éxito la travesía en la materia. A ello añadimos; en los compromisos grupales, que existen espíritus afines, similares, que se unen por simpatía y afinidad y que proyectan tareas conjuntas en el espacio y en la materia: Y a tal llega esta circunstancia que, a veces, un grupo de los mismos se deciden a trasladar a la vida humana el trabajo conjunto que realizan en el espacio.

Para ello reencarnan, y a pesar de no ser familia, materialmente hablando, sí constituyen una familia espiritual unida por lazos afectivos y de fraternidad mucho mayores, en algunos casos, que otros que nos vinculan a seres familiares encarnados. Cuando estas circunstancias se producen, el encuentro en la materia y el reconocimiento mutuo es inmediato; pues se unen por las características propias de su alma; sus similitudes, sus afectos, sus formas de entender el mundo y la vida.

A este grupo de espíritus encarnados, si forman una institución colectiva, muy pocos retos se les oponen, ya que están acostumbrados a la obligación espiritual; al trabajo, al esfuerzo, a dar lo mejor de sí mismos en beneficio del conjunto. En esa unión de fraternidad y almas afines se encuentra la clave del éxito. Y es una fortaleza extraordinaria la que se proyecta a través de sus mentes y sus corazones cuando la tarea se realiza con el auténtico sentido del deber a realizar, de forma generosa, altruista, por amor al prójimo.

En esos momentos no sólo interviene la afinidad y la fuerza de esos espíritus; sino que la sintonía de los mismos y la naturaleza de su compromiso espiritual atrae como un torrente poderoso las fuerzas de la espiritualidad superior, que con su apoyo y su ayuda potencian la trascendencia y el éxito del proyecto y promesas a realizar.

Cuando las obligaciones son conjuntas, el libre albedrío de los espíritus marca la pauta de su desarrollo, pero también el límite. Pues a veces acontecen situaciones que ponen en riesgo el reto general por atender otras cuestiones que se consideran prioritarias en un momento concreto. Si esta circunstancia se prolonga en el tiempo, poniendo en riesgo el compromiso de todos, es preciso abandonar de inmediato la situación y, aunque sea doloroso moralmente, retomar con fuerza y renovar el proyecto inicial adquirido, a fin de no perder el objetivo principal de la existencia, que no es otro que ejecutar la promesa realizada de antemano.

Así pues los compromisos varían en función del progreso y evolución de los espíritus que los asumen; no son eternos, en cuanto a que la única obligación eterna la tenemos adquirida con nuestro creador; y no es otra que llegar a la plenitud, felicidad y perfección para la que hemos sido creados.

No obstante para eso queda un largo camino que recorrer y la única forma de hacerlo es enfrentar retos que nos permitan crecer existencia tras existencia; retos, objetivos y promesas, grupales y personales que vida tras vida, ciclo tras ciclo, nos ayudan en ese camino de ascensión hacia nuestra auto-iluminación.

En este camino de crecimiento espiritual la línea recta es el amor; y a veces éste, reconvertido en causas nobles para ayudar al prójimo, nos exige testimonios duros, sacrificios innegables de renuncia a nuestro egoísmo para abrazar el servicio desinteresado, el cumplimiento del deber. Hay que pagar un precio importante por alcanzar la meta y por ello nunca debemos renunciar al compromiso adquirido.

Por difíciles y complicadas que sean las circunstancias que nos rodean debemos saber que siempre habrá una salida para enfrentar cualquier reto; pues la providencia divina nos atiende en la misma medida en que empeñamos nuestro esfuerzo y nuestros méritos en conseguir esta meta del progreso y la plenitud espiritual.

Antonio Lledo Flor

©  2014 Amor, paz y caridad

[infobox]El amor es un acto de valentía, nunca de temor; el amor es compromiso con los hombres.

Paulo Freire  (Pedagogo, Filósofo y Educador) 1921-1997[/infobox]

 

¿CAMBIO JUSTO E INEVITABLE?

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¿De entre todos y cada uno de los conceptos desarrollados en esta sección, siempre se ha destacado el papel preponderante que tiene en todos ellos el sentido de la evolución.

La ley de evolución está en la base de todo el desarrollo de las distintas civilizaciones y humanidades que pueblan el Universo, por ello merece especial atención cuando se trata, como en este caso, del cambio de ciclo de un planeta que deja su estado evolutivo de expiación y prueba, para pasar a engrosar la lista de los millones de mundos que pueblan el cosmos y que se encuentran en la etapa evolutiva de la regeneración.

Este ascenso espiritual que representa un grado evolutivo mayor, supone importantes modificaciones en los modos de vida y costumbres de las humanidades que lo sufren, tal y como hemos venido explicando en anteriores artículos.

Pero este paso sólo puede darse bajo circunstancias muy concretas y determinadas que ocurren una sola vez en la evolución de un planeta. Ante este planteamiento es preciso reflexionar acerca de la transcendencia en pleno que tiene el hecho de que nuestro planeta alcance la mayoría de edad sin estar la humanidad que lo habita, debidamente preparada para asimilar este cambio.

¿Obedece acaso a una deficiente planificación por parte de la ley de evolución, o por el contrario debemos admitir que esta situación era inevitable desde un principio?. Honestamente creemos que ni lo uno ni lo otro; en primer lugar los ciclos de evolución están determinados por igual para todos los planetas y humanidades que pueblan el Universo, por lo que la máxima expresión de la ley de evolución no permite errores en este caso. A esto hay que añadir que esta importante ley establecida por Dios es justa y perfecta, y por lo tanto cumple con su cometido de forma precisa y sin desviación alguna.

En cuanto a creer en una consecuencia inevitable que la predestinación ha determinado para este planeta, tampoco nos parece lógico, pues rompe violentamente con los principios más esenciales que Dios otorga al hombre en su esencia espiritual, como son el libre albedrío y la responsabilidad sobre los actos cometidos. Por ello es impensable el creer que nuestra humanidad ha llegado a este estado simplemente porque así estaba escrito, más bien podemos atrevernos a pensar de que en base a la evolución de los habitantes de este planeta, hubiera sido realmente difícil que se hubiesen modificado las condiciones que han llevado a la situación actual. Pero no por ello debemos dejar de admitir que si el hombre hubiera querido cambiar, realmente este cambio se habría producido y ahora esta civilización no recogería las consecuencias de los errores cometidos durante siglos y siglos.

En este sentido destaca fundamentalmente el concepto de la justicia divina, que no sólo actúa sobre la persona a nivel individual sino también sobre los pueblos, las sociedades y las humanidades a nivel general. Una sucesión de hechos y actitudes de un pueblo o sociedad determinada tiene su repercusión a través de la ley de causa y efecto; este hecho cabe también explicarlo para la humanidad del planeta en general. En base a este planteamiento, todo aquello que ahora pueda acontecernos será una consecuencia precisa, clara y evidente de aquella siembra que en el pasado esta civilización fue realizando. Este examen tan importante que dará acceso a la nueva sociedad del mañana, tendrá como manifestación más evidente presentar en toda su magnitud y sabiduría la expresión de la justicia divina. Ahora más que nunca, aquéllos que no puedan pasar este examen por falta de méritos espirituales, se darán cuenta de que en este ejercicio no existían recomendaciones, favoritismos o privilegios de ningún tipo, sino que la máxima de justicia por la que se regirá será aquélla que fue dada tiempos atrás: «A cada cual según sus obras”. Y aquellos otros que realmente consigan llegar a la meta de su misión en la Tierra y clasificarse para formar parte de la nueva sociedad, darán gracias a DIOS por la expresión de la grandeza de sus leyes justas y perfectas, pues el esfuerzo realizado se verá recompensado con la calificación que les dará acceso a ese importante mundo, a esa nueva era de luz donde los valores del espíritu alcanzarán la mayor dimensión posible.

Por ello en la nueva humanidad, las leyes que rigen el universo físico y espiritual seguirán siendo las mismas, y actuarán de igual forma para con sus habitantes, lo que ya no será igual y habrá que cambiarlo sustancialmente será la aceptación de sus leyes por parte del hombre; su comprensión total y absoluta y su esfuerzo por ponerlas en práctica para no salirse ni un ápice de ellas.

Este concepto claro y preciso que dará fuerza a las realizaciones humanas, atraerá hasta nosotros un proceso espiritual más rápido.

Puesto que la comprensión de las leyes que rigen el Universo nos hará más conscientes de la creación divina, de su porqué y de su funcionamiento, seremos parte integrante y consciente de una planificación espiritual que potencie el desarrollo de humanidades más atrasadas a las que se nos permitirá ayudar de diferentes formas, en base a nuestra preparación y grado de evolución moral.

Antonio Lledo Flor

© 2014 Amor, paz y caridad

[infobox]“El progreso consiste en el cambio”

Miguel de Cervantes
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PAZ Y JUSTICIA

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Entre las reivindicaciones más comunes del ser humano a lo largo de la historia, destaca la justicia, por encima de otras, como la de mayor demanda a nivel social y humano.

Desde el inicio de los tiempos el hombre ha reclamado y buscado la justicia a todos los niveles; primeramente en las leyes de la naturaleza, en aquello que no alcanzaba a comprender; después en el comportamiento humano, demandando para cada uno lo que le corresponde o pertenece. En el universo primitivo conocido por el hombre, el atributo de la justicia se dejaba en manos de los dioses, debido principalmente al desconocimiento de las leyes que rigen la naturaleza de las cosas en esas épocas remotas.

La ciencia y su avance, han venido desterrando la superstición y la arbitrariedad de los dioses, a la hora de impartir justicia, conforme han ido explicando el origen de las leyes naturales y su incidencia sobre los hombres. El nacimiento del derecho dio origen al código que permitía impartir justicia humana. Justicia imperfecta, pero necesaria para articular el orden social.

En el apartado de la creencia, aún en pleno siglo XXI, se mantienen por parte de muchas concepciones religiosas conceptos arbitrarios sobre la justicia divina que son propios de mentalidades atrasadas; enrocadas en el abismo de los tiempos y de la ignorancia.

Ideas como el infierno eterno; los milagros, las creencias sobrenaturales, un Dios iracundo o vengativo que castiga, etc. preñan de conceptos pueriles muchas teologías religiosas. Todo esto, contrario al sentido común, la lógica y el razonamiento más simple, chocan frontalmente con el desarrollo cultural e intelectual del hombre de este siglo, con lo que cada vez se alejan más de estos conceptos del pasado, y por ende, de las religiones e ideologías que los sustentan.

El simple concepto de concebir una justicia divina arbitraria o punitiva se enfrenta abiertamente con el concepto más auténtico y real de esa gran fuerza creadora a la que llamamos Dios; un Dios de amor no puede castigar, sólo educar. Un Dios perfecto, tal y como observamos en la naturaleza de las leyes que rigen el proceso evolutivo del universo, no se contradice a sí mismo derogando o saltándose a la torera las leyes que el mismo ha marcado como inmutables y perfectas para todo el cosmos.

De aquí se deduce, por un lado, que los fenómenos sobrenaturales, los milagros y las maravillas que a veces se producen, no son tales, sino que nuestra capacidad intelectiva todavía no alcanza a comprender el origen de las mismas. Esto es la propia ley de progreso y evolución; que continuamente va descubriendo nuevas realidades que afectan al hombre y explican la naturaleza correcta de los fenómenos.

La propia ciencia afirma que, a fecha de hoy, desconoce el origen de la vida en la tierra de forma concluyente hace aproximadamente 4000 millones de años. Se sabe de múltiples aspectos que han podido originarla, pero se ignoran la gran mayoría de hechos acaecidos hace ahora 13500 millones de años, cuando se produjo el Big Bang que dio comienzo al universo físico que conocemos.

Multitud de incógnitas sacuden todavía el análisis científico sobre el origen del hombre. Pero la ciencia no tiene prisa; avanza y descubre; va desmitificando los conceptos erróneos del pasado, y no tiene empacho alguno en desmentir las concepciones infantiles que todavía hoy mantienen como creencias ilógicas y contrarias a la razón y al buen sentido muchas ideologías.

No obstante, el sentido más profundo de las leyes de la naturaleza nos lleva a una perfección, un orden, un equilibrio y armonía que se encuentra inmanente en todos los aspectos de la creación. El hombre; como principio inteligente de la misma, tampoco puede estar exento de estos atributos mencionados; aunque el libre albedrío del que gozamos y la voluntad que manifestamos constantemente, nos lleve a transitar por caminos opuestos a los citados atributos, desvirtuándolos y alejándolos de su auténtica esencia y realidad.

El sentido de la justicia divina, aparte de no ser de ninguna forma arbitraria, se fundamenta en el atributo divino mediante el cual Dios ordena todas las cosas en el universo, además de otorgar a cada cual según merece.

Nuestra sociedad hoy, reclama con insistencia justicia social, justicia universal, igualdad de derechos y libertades; equidad y solidaridad. No obstante, vemos que detrás de todo ello, se encuentra el hombre para poder impartir esta justicia imperfecta, desvirtuada por el propio hombre que, corrompido por su propia imperfección, se aleja de los valores y atributos mencionados anteriormente. Solo puede haber auténtica justicia cuando el que la imparte además de sabiduría comprende los valores de la misericordia y el amor. (*)

No obstante, a pesar de que la justicia humana es imperfecta, hemos de intentar confiar en ella, ya que un mundo sin normas ni reglas sería la anarquía y el caos. Para vivir en un mundo como el nuestro; donde la perversidad y la violencia todavía se hallan instaladas en el alma humana, es precisa una justicia que evite la impunidad y los abusos a la libertad y los atentados a los derechos de los demás.

La matización que deberíamos hacer a continuación sería que, a la hora de impartir esta justicia, el sentido común, la inteligencia y la razón se eleven por encima de los intereses espurios de la ambición y el egoísmo humano; abandonando la soberbia y los abusos de poder, a fin de acercarnos lo más posible a una justicia equitativa, solidaria y basada en el fin último que permita la convivencia en paz y fraternidad entre todos los seres humanos.

Quien lea estas líneas pensará que es imposible conseguir estos principios; no sólo por la naturaleza imperfecta del hombre sino porque la propia sociedad impone sus normas, a veces mixtificadoras y falaces, al confundir ley con justicia. Ley no es sinónimo de Justicia; pues las leyes las hacen los hombres y como tales son imperfectas, mientras que la justicia abarca conceptos que las leyes no contemplan y por ello es tan difícil conjugar ambos aspectos de forma integral y equitativa. La equidad es la justicia natural que no se subordina a la letra de la ley, sino que interpreta correctamente desde un sentido amplio y profundo la auténtica justicia.

Mientras tanto, la imperfección de la justicia humana que hemos de asumir, nada tiene que ver con la Justicia Divina; inmanente en la creación, en todos los elementos de la naturaleza y fundamentalmente en el propio hombre: elemento primordial del universo, creado a imagen y semejanza de Dios en cuanto a su principio inteligente: el espíritu. Y que al igual que su creador, posee en su interior, como germen, los atributos de la divinidad para ir desarrollándolos a través de un proceso evolutivo de miles de años; donde recibirá la justicia de la ley divina por sus méritos, no por gracia, arbitrariedades o creencias infantiles propias de otras épocas de oscurantismo.

La garantía de esta Justicia perfecta, son las leyes que rigen el universo físico y espiritual; entre otras, la ley de evolución y progreso, la ley de las vidas sucesivas o rencarnación y la ley de consecuencias, donde se reajustan los errores cometidos y se prepara al ser humano para su progreso y felicidad, educándolo en el desarrollo de los atributos que le permitirán dejar de lado la inferioridad y la violencia para acercarle a la plenitud y la perfección.

Antonio Lledó Flor

© Amor, paz y caridad 2014

[infobox](*) Si queremos un mundo de paz y de justicia hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor.

Antoine de Saint-exupéry. Escritor (1900-1944)[/infobox]

 

 

 

PROYECTOS DE FUTURO

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PROYECTOS DE FUTURO
 
Desde la Unión y el Afecto
Todo proyecto o empresa que quiera convertirse en epopeya, digno de ser recordado y tomado como ejemplo, ha de reunir una serie de requisitos de difícil consecución. Por ello son tan esporádicos los grandes eventos dignos de servir como modelo a lo largo de la historia; sobre todo cuando hablamos de obras de bien que sirven de paradigma a toda la sociedad y la historia de la humanidad.
Además de la valentía de los encargados de llevarlo a cabo, es precisa la unión de objetivos y esfuerzos comunes que empujen siempre en la misma dirección. También una buena dosis de fe en las posibilidades de alcanzar la meta, este es un elemento esencial del éxito de la empresa a desarrollar.
 
Cuando un evento de orden ético-moral trasciende las épocas de la historia es, sin duda, porque en la mayoría de los casos, cuenta con el apoyo de los planos superiores por un lado, y por otro, por la materia prima necesaria en la tierra que lo pueda llevar a efecto; es decir, las personas encargadas de tal misión.
 
Nuestro escaso conocimiento de las fuerzas superiores y las jerarquías espirituales que rigen el proceso evolutivo de los mundos; no nos permiten vislumbrar la extraordinaria planificación que se efectúa por los mentores de las humanidades, a fin de potenciar, amplificar y desarrollar sin fin las causas que ayuden a evolucionar a las humanidades en los planetas en que viven sus experiencias.
 
Entre los muchos elementos que sirven de apoyo a esta planificación espiritual, uno de los elementos más insignificantes, pero no por ello menos importantes, son los compromisos y misiones particulares de multitud de espíritus en la tierra que, agrupados en organizaciones de bien y ayuda al prójimo, se desvelan por trabajar en la consecución de sus objetivos y compromisos espirituales.
 
Todas estas personas, además de favorecerse así mismos renunciando a su egoísmo al entregar su vida al servicio del prójimo, ayudan a esta planificación de la que hablamos, siendo receptores de las intuiciones, fuerzas y apoyos que el mundo espiritual superior, al servicio del gobernador espiritual del planeta, envía continuamente a la tierra. 
 
Los grupos que se manejan en este terreno son ellos mismos responsables de sus éxitos y sus fracasos; y cuando se aplican en la corrección personal de sus debilidades personales, alcanzando la humildad y docilidad necesaria, abren el canal de las vibraciones más puras del amor, lo que les permite conectar, por ley de sintonía y vibración, con esos planos de luz y de amor, a fin de dejarse conducir por la inspiración preclara de los arquitectos de mundos encargados de potenciar el progreso de las humanidades.
 
La historia y la ciencia nos demuestran ya, de continuo, que han sido muchas las humanidades y civilizaciones que han poblado la tierra a lo largo de los siglos. De muchas de ellas apenas tenemos referencias; Atlántida, Lemuria, etc. De otras, las referencias se pierden en la noche de los tiempos. Lo cierto y verdad es que desde hace más de 50.000 años, la evolución y el progreso de las civilizaciones de la tierra han sido constantes.
 
En esta épica de la raza humana en el planeta tierra, se han producido profundas transformaciones y ejemplos de sociedades empujadas por la fuerza poderosa de la ley de evolución, apoyada por los mentores espirituales que, unas veces encarnados y otras desde el espacio, han inspirado a los hombres en su ascenso evolutivo. ¿Cuantos mesías, profetas, prohombres y seres de elevada inspiración han servido de guía y modelo? Muchos. Sabemos de diferentes venidas del Cristo planetario en diversas civilizaciones; encarnando varias personalidades como Rama, Orfeo, Brama, Antulio, Jesús, etc. 
 
Pero también muchas instituciones y organizaciones humanas que han ayudado al progreso de la sociedad con sus realizaciones ejemplares; colaborando en el avance del bien y de los valores más profundos del ser humano. Siendo sus integrantes servidores de los demás, colaborando en el progreso de las sociedades donde han ejercido sus tareas. 
 
Esto que parece tan fácil, es más complejo en principio, por parte de los componentes de los grupos; ya que no basta el conocimiento y la humildad; es preciso igualmente la unión entre todos sus componentes y el afecto que emana de la fraternidad sincera cuando las intenciones se forjan en sólo dos principios: la regeneración moral personal y la ayuda desinteresada hacia el prójimo.
 
Hemos de saber que, nuestras capacidades espirituales son ilimitadas si adoptamos la actitud adecuada, si luchamos por lo que creemos con ahínco y con fe y si vamos superando junto a nuestros compañeros las dificultades y adversidades que la vida nos presenta con alegría y amor. Es entonces cuando alcanzamos la sintonía y vibración necesaria que se potencia hasta el infinito entre todos los componentes del grupo. Y es entonces cuando cualquier reto se vuelve probable de alcanzar; cualquier empresa, por difícil que parezca, se halla a nuestro alcance.
 
Poco importa aquí la cantidad; lo que importa es la calidad, la sintonía y la afinidad en trabajo personal y objetivos por parte de todos los miembros de la institución. A veces creemos que, todo lo bueno que acontece en cualquier grupo de índole espiritual, se debe a nuestro buen hacer; nada más lejos de la realidad. 
 
Nosotros somos la argamasa, la tierra en la que ha de sustentarse el edificio; pero el arquitecto, los cimientos, los pilares y el resultado final no es cosa nuestra. Nos viene dado; e incluso recibimos las ideas sobre cómo ejecutar esa obra grandiosa creyendo que son nuestras, cuando la realidad es que nos las inspiran de lo alto, al comprobar que nos encontramos en el camino cierto por nuestro esfuerzo y primer acto de voluntad.
 
Perseveremos pues en la unión y el afecto entre los miembros del grupo, centro o institución. Potenciemos la confianza y la auténtica fraternidad; desarrollemos la sencillez, la humildad y la sinceridad en nuestras relaciones con los compañeros; y, si nuestro ideal es de bien y amor al prójimo, el éxito está asegurado. 
 
La planificación se ejecuta con asombrosa perfección y equilibrio, al comprobar los planos superiores que, la armonía y la identificación de los objetivos es total en el grupo. Al certificar con total precisión que existen los caminos y accesos necesarios para que la luz y claridad de las esferas superiores lleguen nítidas y fidedignas, para poder cumplir con la epopeya espiritual a la que todos estamos llamados en nuestros grupos e instituciones.
 
A. LL.F.
 
© Grupo Villena 2014
 
 
«El trabajo y la lucha llaman siempre a los mejores.»
 
Séneca. Filosofo Año 1 A.C.

EDUCACIÓN FILIAL

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Continuando dentro de la planificación familiar que podemos aventurarnos a precisar para la nueva humanidad, existe un factor importantísimo dentro de la misma y que merece especial atención. Nos estamos refiriendo a la educación de los hijos, aspecto éste vital para una buena organización familiar que posteriormente tendrá su repercusión en el contexto general de la sociedad.

Si nos paramos a pensar por un momento en la educación actual que nuestros hijos reciben, podemos darnos cuenta que el mayor tiempo de la misma se dedica fundamentalmente a una instrucción de tipo intelectual, dejando en un segundo plano aquellas orientaciones de tipo humano y ética comportamental que tanto se echan de menos en una sociedad como la actual, donde los valores humanos sufren una franca decadencia.

Este aspecto, que a primera vista puede parecer secundario, no lo es tal en cuanto al contenido real y profundo que puede ofrecer a cada persona. No olvidemos que la realización en la vida no es exclusivamente material sino que hay otros factores como el comportamiento, la compostura, la corrección, el saber estar, la educación propiamente dicha y la consecución de aquellos fines transcendentes que hacen que un hombre se sienta plenamente realizado en la vida.

Para que todo esto pueda darse en la nueva sociedad, hay que plantear ya las bases de educación que los hijos podrán recibir a fin de integrarse plenamente en el conglomerado social sin sufrir las marginaciones y diferencias que actualmente existen en nuestra sociedad.

Por ello, se hace necesario profundizar en una educación adaptada al tipo de sociedad que se pretende instaurar. Ante esta reflexión podemos volver la vista atrás y comprender que, como ya hemos mencionado en artículos anteriores, la sociedad del futuro será fundamentalmente una sociedad donde prive lo espiritual por encima de lo material. Este hecho nos da a entender que primordialmente la educación de nuestros hijos deberá ir dirigida en este sentido. Habrá que conceder en primer lugar la preferencia a la realización humana, de forma tal que al propio tiempo que se asimilen los conocimientos técnicos y científicos precisos para nuestro desenvolvimiento material, se inicien y se profundicen en las características que educacionalmente tengamos que poner a disposición de nuestros hijos.

Porque tampoco debemos olvidar que los espíritus que encarnen en este nuevo ciclo planetario vendrán ya con una preparación espiritual y material adecuada; esto quiere decir que les será mucho más fácil adaptarse a este nuevo tipo de sociedad y por lo tanto, la enseñanza que reciban deberá ir por encima de todo encaminada hacia su progreso y evolución espiritual.

Los conocimientos espirituales precisos y necesarios para su realización en la vida los traerán innatos, de tal forma que ideas y conceptos como las leyes espirituales, la reencarnación, la evolución, etc. serán plenamente asimilados por ellos sin causar en modo alguno la extrañeza y el temor que todavía infunden estas ideas a muchas personas de nuestra sociedad actual.

El planteamiento de vida será, desde el momento de su nacimiento, totalmente diferente, puesto que irá encaminado hacia el mismo punto: el progreso. Y éste será mucho más fácil, rápido y seguro porque no contarán con los entorpecimientos y obstáculos de un mundo de expiación y prueba.

Dentro de este análisis, es preciso desarrollar también un punto importante de la educación familiar que los padres habrán de realizar hacia sus hijos. Si bien su meta será encaminarlos al progreso, y el ambiente familiar estará presidido por las leyes evangélicas del Amor enseñado por Jesús, no podemos olvidar que la integración del niño y el joven a la sociedad será mucho mayor que la actual, puesto que a pesar de que la iniciativa personal será amplia, el factor de la convivencia será también muy importante; tan importante que contribuirá de forma decisiva a ultimar la educación familiar recibida.

La enseñanza, pues, ofrecerá dos niveles ampliamente diferenciados pero a su vez encaminados a un mismo fin. Por un lado el conocimiento de la Vida y las leyes que la rigen material y espiritualmente, y por otro lado la potenciación del conocimiento humano a todos los niveles, en las ciencias, las letras y las artes; dedicando especial atención al conocimiento humano, la personalidad y las características que enmarcan la misión espiritual que cada persona trae a la Tierra.

Además de contar con estas premisas de importante aprendizaje, existirá una enseñanza paulatina y constante que vendrá dada por las relaciones humanas, es decir, el contacto, la convivencia, la relación fraterna entre los miembros de esa sociedad ofrecerá un amplio campo de estudio y aplicación para la persona. De tal manera será, que las relaciones sociales pasarán a ocupar un puesto importante en la educación general de esta nueva humanidad. Pero cuando hablamos de relación social, nos estamos refiriendo a esa fraternidad, cariño y trabajo en equipo que será la pieza básica de la nueva sociedad.

Un trabajo en equipo que prescindirá de las ambiciones y personalismos actuales que quieren destacar y acaparar poder, un trabajo en equipo responsable por parte de todos sus miembros y en el total y absoluto beneficio de la comunidad. Cada cual aportará sus cualidades, eliminando aquellas actitudes equivocadas de envidia, recelos y rencores que actualmente se evidencian claramente en nuestra deshumanizada sociedad.

 

Antonio Lledó Flor

© 2014 Amor, paz y caridad

 

 [infobox]La educación corrige las cualidades que nos dio la naturaleza, y la cultura fortalece el ánimo; cuando faltan los principios morales, los vicios degradan nuestras naturales prendas.

 Horacio 65 A.C.[/infobox]

DERECHOS Y DEBERES

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[infobox]«En la actualidad la gente sólo se preocupa por sus derechos. Recordarle que también tiene deberes y responsabilidades es un acto de valor que no corresponde exclusivamente a los políticos.»

Mahatma Gandhi[/infobox]

 

Esta frase de Gandhi, anticipa en varias décadas el germen peligroso en el que la sociedad se ha instalado; al abandonar los principios esenciales de las responsabilidades y deberes que todos tenemos en la convivencia en sociedad.

Hoy día nuestra sociedad tiende a prescindir de todos aquellos conceptos que conlleven compromiso, esfuerzo y responsabilidad en la asunción de las consecuencias que nuestros propios actos generan.

Lamentablemente, las modas sociales, las faltas de liderazgos ejemplares en todos los órdenes; religiosos, políticos, sociales, espirituales, etc. y el hedonismo imperante que moviliza la conducta humana en la única búsqueda del placer inmediato, sin reparar en las consecuencias de nuestras actuaciones, nos están llevando a una sociedad desestructurada en cuanto a los principios esenciales de la condición humana.

 El hombre; si por algo debe caracterizarse, ha de ser por vivir en sociedad respetando los derechos de los demás, desde unos principios éticos que le hagan comprender la necesidad de que todos asuman sus deberes y responsabilidades; exigiendo igualmente sus derechos, pero no sin antes ejercer y asumir sus propias obligaciones.

Estamos viviendo la encrucijada de la confusión entre lo “correcto y aparente” por un lado, y en este sentido, vivimos en una sociedad donde la imagen sustituye a los acontecimientos reales con mucha facilidad. Lo que  los medios presentan se confunde con la realidad; ya que parece que aquello que no aparece en los medios audiovisuales no existe.

Vivimos ante el reto constante de necesitar ejercer nuestro discernimiento para no dejarnos contaminar con aquella visión de la realidad que los que crean opinión y ofrecen información intentan que creamos.

Esto, propio de todos los países sin excepción; es el mayor ataque a nuestros derechos y libertades desde la época de las tiranías anteriores a la revolución francesa. Apenas nos damos cuenta, pero somos víctimas, muchas veces inconscientes, de la propia inercia y rapidez de los acontecimientos.

Corremos el serio peligro de abandonar nuestra condición humana de seres libres, responsables y con capacidad de discernir lo correcto de lo incorrecto; para pasar a convertirnos en individuos alienados; disminuidos en nuestra capacidad de decidir por nosotros mismos aquello que es veraz, correcto y acorde con  nuestros principios de aquello  que atentan directamente contra nuestra propia libertad de pensamiento y actuación.

Muchas voces, sociólogos y psicólogos sociales, están advirtiendo del problema con antelación. Lamentablemente nos cuesta darnos cuenta de la utilización de la que estamos siendo objeto en todas las partes de este planeta; dónde nuestro juicio, nuestra capacidad de libertad y nuestros derechos esenciales de vida y elección están viéndose constantemente amenazados por el materialismo imperante y las corrientes de opinión que, sibilinamente, nos inducen a aceptar sin análisis ni discernimiento alguno lo que es “correcto” de aquello que no lo es o está fuera de la moda del momento.

Siempre el hombre ha luchado por sus derechos y libertades desde la razón y la responsabilidad; pero en una sociedad alienada como la actual, es verdaderamente difícil mantenerse libre en cuanto a conductas, pensamientos y actuaciones se refiere.

Nos marcan el camino de lo correcto, nos indican que debemos y que no debemos pensar, nos obnubilan con los placeres efímeros de una realidad que difícilmente podemos alcanzar; y mientras tanto vamos perdiendo a pasos agigantados libertad, derechos, capacidad de raciocinio y voluntad propia.

¿Cómo combatir esta sociedad hedonista que todo lo ensucia y enmascara? Sin duda mediante principios personales y asunción de responsabilidades y deberes. El hombre libre es consecuente de sus actuaciones, saber firmemente cuales son sus derechos y obligaciones, y tiene la capacidad de discernir lo correcto de lo incorrecto; sin que esto suponga aceptar las modas o corrientes que la sociedad alienada intenta imponer como pautas de conducta.

Conquistemos nuestra libertad desde la responsabilidad y el discernimiento. Es el mayor logro que podemos alcanzar en esta sociedad desquiciada por equivocar el foco que conduce a la felicidad; sociedad que la busca en los placeres inmediatos, en el acaparar bienes y fortunas; sin percatarse que la verdadera felicidad se encuentra dentro de uno mismo. Siendo responsables de sus propios actos; aceptando sus vicisitudes y contratiempos con fortaleza y voluntad. Llevando a los demás un ejemplo claro y diáfano de los mejores principios de igualdad, libertad y fraternidad que sólo se conquistan desde el respeto mutuo entre los individuos que forman esta sociedad.

Reflexionemos sobre la sociedad en la que nos vemos inmersos; defendamos con todas nuestras fuerzas los principios que nos humanizan y nos alejan de la animalidad irreflexiva a la que nos llevan las bajas pasiones. Fortalezcamos nuestro interior con la respuesta sosegada y firme ante las dificultades; sin rebelarnos ante los contratiempos. Afloremos de nuestro interior esos recursos internos que todo hombre posee y que muy pocas veces utilizamos al no recurrir a nuestro discernimiento y voluntad.

La voluntad, el raciocinio y el libre albedrío nos diferencia de los animales; seamos conscientes de esta situación y luchemos con fuerza porque nada ni nadie pueda arrebatarnos nuestra libertad y nuestros principios éticos y morales.

Antonio Lledó Flor

© Grupo Villena 2014

RIESGOS Y PELIGROS

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Todo proyecto de bien, encaminado al servicio al prójimo y con bases de autentica fraternidad y evolución moral, cuenta siempre con fuerzas opositoras que constituyen riesgos capaces de encaminar al fracaso tan nobles ideales.

Además de las fuerzas que oponen resistencias, los peligros no vienen únicamente desde el exterior, sino que, muy frecuentemente, el germen del fracaso de cualquier proyecto radica en las actitudes y deficiencias de los propios integrantes del proyecto.

 Cuando nos focalizamos en el desarrollo de un grupo espiritual, las determinaciones nobles, altruistas, e intenciones de crecimiento espiritual son los cimientos de un buen edificio. Solamente hay que cuidar el desarrollo de la obra, salvando los obstáculos que aparecen para que el final de la construcción llegue a buen término.

Fundamentalmente los inconvenientes parten siempre de aquellas deficiencias de carácter, aquellos defectos que todos tenemos y que, en buena medida son capaces de entorpecer la normal convivencia y toma de decisiones de los componentes de un grupo a la hora de avanzar por los caminos aceptados por todos.

Entre estos inconvenientes, hay algunos que son más perjudiciales que otros porque afectan directamente al proceso en sí de construcción de un grupo espiritual. Entre los más difíciles de erradicar se cuenta sin duda el personalismo, el amor propio y la ambición de poder.

El primero de estos tres es consustancial con nuestro ego inferior; aquel que nos induce constantemente a intentar imponer nuestros criterios por encima de los de los demás, creyéndonos superiores en capacidades y atributos.

Lamentablemente este tiene que ver mucho con el amor propio que a veces no sabemos deslindar de nuestro carácter como un defecto; convirtiéndolo en una virtud que confundimos con autoestima. El amor propio es la forma en que nuestro egoísmo se disfraza para auto-engañarnos; es la manera en que compensamos nuestro orgullo y nuestra falta de humildad.

De forma intima, por nuestras herencias del pasado, el ansia de poder, a veces disfrazada de falsa humildad, nos convierte en personas ambiciosas de que se reconozcan nuestros méritos y competencias. La auténtica realidad es que, este defecto se haya muy enraizado en nuestro psiquismo sin apenas darnos cuenta. Constituye una falta de tolerancia para con las decisiones y opiniones ajenas, y nos reviste de una impaciencia injustificada que nos hace caer en la falta de caridad para con nuestro prójimo.

Es evidente el hecho de que, cuando las personas que forman un grupo apenas se conocen, los defectos de cada uno quedan convenientemente ocultos para la mayoría. Pero, al igual que en una pareja que convive junta, cuando los miembros de un grupo se van conociendo en profundidad, los defectos de todos salen a la luz; antes o después, y es el preciso momento para dar testimonio de las buenas intenciones y de los conocimientos que vamos aprendiendo.

A partir de aquí, y en función de cómo se adopten las decisiones adecuadas, este grupo o institución tendrá plena vigencia y viabilidad futura basada en relaciones de profunda y noble fraternidad, o por el contrario irá deslizándose por la inclinada pendiente del abismo hasta su desaparición; dirigido por los egos particulares de cada uno, la intolerancia respecto a las faltas de los demás y la intransigencia a la hora de ceder en las cuestiones que afectan a todos y que no son de nuestro agrado.

Si a todo ello unimos las fuerzas externas; reaccionarias al progreso del espíritu, y sobre todo, a aquella parte invisible que siempre está pendiente de hacer fracasar toda tentativa de bien y de servicio al prójimo, tendremos el cóctel explosivo y la explicación a muchas grandes decepciones acontecidas en instituciones respetables que no supieron permanecer vigilantes a estas cuestiones, poniendo en riesgo su supervivencia y acelerando de esa forma su ruptura y desaparición de tan nobles ideales.

Es preciso vigilarse interiormente; analizando con claridad y profusión nuestras propias deficiencias; aquellas que pueden afectar a nuestra participación en el desarrollo y toma de decisiones del grupo al que pertenecemos.

Ello se alcanza con la auto-iluminación. Debemos procurar permanentemente mantener nuestro pensamiento en lo alto, en aquellos conceptos de naturaleza superior que nos habitúen a una profilaxis mental sana y elevada.

Al mismo tiempo, hemos de poder alcanzar la aceptación de los contratiempos y contrariedades que la vida nos presenta como experiencias evolutivas que nos permitan crecer y extraer de las mismas las enseñanzas positivas que nos fortifiquen ante las dificultades y nos preparen ante cualquier drama o contingencia no esperados.

Si somos capaces de conseguir estas dos premisas a nivel individual, nada puede entorpecer nuestra participación y aportación a nuestro grupo espiritual.

Es más; si nuestra sintonía vibratoria se habitúa al rango superior de elevación permanente, estaremos evitando la influencia de la parte negativa que tiende a contaminar, influenciar e influir en los grupos para sembrar la discordia y la intolerancia entre sus miembros, con absoluta falta de caridad entre ellos.

Al evitar la influencia de la parte negativa estamos con la lucidez y la claridad necesaria para saber en todo momento que hay que hacer; qué decisiones hemos de tomar para el bien de la institución. Si a ello le unimos el poder de la oración, nuestros amigos espirituales del otro lado, que velan por nosotros, que saben de nuestros compromisos espirituales, y que pretenden que sigamos por el camino del progreso espiritual, nos orientarán con claridad, nos guiarán por el rumbo cierto y las decisiones adecuadas que hemos de tomar en cada momento y ante cualquier dificultad.

Seamos pues dóciles, aceptemos la humildad y la tolerancia como base de nuestro comportamiento en los grupos, alcancemos el auto-conocimiento con la elevación precisa y la aceptación correcta de los acontecimientos, proponiéndonos trabajar sin descanso, junto a nuestros compañeros, por nuestro propio progreso espiritual y por el del grupo al que pertenezcamos, cumpliendo así parte de nuestro compromiso aceptado antes de encarnar.

Antonio Lledó Flor

© Amor, paz y caridad

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«Orad y vigilad»

Jesús de Nazaret

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SOCIEDAD Y POLITICAS

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La desaparición de las injusticias socia­les, las ambiciones desmedidas y el dinero se fundamentará en base a que toda la nueva civiliza­ción que habite este planeta, será consciente plenamente de su labor y en que los odios, rencores y ambiciones personales habrán quedado eliminados.

La política que existirá entonces será aquélla que impulse al individuo hacia la conquista de los valores morales y espirituales que le capaciten para una mayor y más rápida evolución, posibilitando las relaciones sociales en base a la igualdad, la fraternidad y las relaciones de paz entre los pueblos; mediante un ajuste equitativo de la distribución de la riqueza y la solidaridad total entre las diversas culturas, naciones y pueblos de la tierra.

Fruto de la convivencia fraterna, se alcan­zará un aprendizaje más rápido por parte de todos, ya que cada cual aportará sus cualidades al conjunto, beneficiando ostensiblemente a la comunidad a la que pertenezca.

Al mismo tiempo, las inclinaciones todavía perniciosas que como residuos puedan quedar, irán poco a poco viéndose superadas por la construcción de unos esquemas sociales de convivencias donde se verán fomentados al máximo los buenos hábitos, y donde ya habrán quedado totalmente superados la ociosidad perniciosa y la alienación en el trabajo.

El empleo del tiempo libre será aprovecha­do al máximo, intentando por todos los medios que sirva para el desarrollo armónico y equilibra­do de las personas en el cultivo de todo tipo de actividades que les engrandezcan, tanto cultura­les y deportivas como intelectuales y científicas.

Por otro lado, la degeneración y el vicio no tendrán ya cabida en esta nueva humanidad, puesto que estas taras sociales desaparecerán por sí solas de la conducta del nuevo hombre, no encontrándose en esta nueva sociedad rastro de ellas, porque todos los que hayan logrado clasifi­carse para formar parte de la nueva civilización, tendrán adquirida la fuerza de voluntad suficien­te para superar la tentación del vicio, y las cualidades morales que se precisan para no incen­tivar nuevamente tendencias que puedan inducir a él.

Así pues, ya no podremos culpar a la socie­dad del fomento de la delincuencia y el vicio; puesto que la igualdad será mayor, la justicia más ecuánime y objetiva y el sistema social y económico no propiciará desigualdades humanas no­tables en el aspecto material. Por ello, todos tendrán acceso a desempeñar un trabajo de acuerdo a su capacidad, posibilidades y responsabilidad.

Al no existir estas diferencias humanas, es necesario pensar que la nueva sociedad no se dirigirá de forma anárquica sino consciente y responsablemente. Existirán órganos de dirección y gobierno que cumplirán su función perfectamen­te, planificando el desenvolvimiento más idóneo para el desarrollo de la sociedad, y siempre guiados bajo pautas espirituales de altruismo y desinterés.

En esta guía y planificación se contará también con el asesoramiento del mundo espiritual y de los colectivos humanos de otros planetas más avanzados que el nuestro.

Es pues muy interesante también hablar sobre los órganos de gobierno que existirán en la nueva humanidad que habitará la Tierra tras el cambio de ciclo que pronto va a ocurrir.

En este sentido, el gobierno que dirija el sistema social, los mecanismos de producción y el orden de la comunidad humana, estará formado por las personas más capaces, aquéllas que reúnan mejores cualidades para desempeñar esa función de tanta responsabilidad; por lo tanto, tendrán que demostrar un mayor altruismo y desapego hacia lo material. Estas personas también serán sin duda aquéllas que tengan las cualidades apropia­das y que no serán de ningún modo más importantes que nadie, sino simplemente más responsables en el ejercicio de su misión.

En cuanto al aspecto económico, será total­mente diferente al enfoque actual: al no existir el dinero ni la riqueza, la avaricia ni la ambición, únicamente se explotarán los recursos naturales con el fin de abastecer la alimentación humana; nunca se buscará en ello la producción de éste o aquél sistema económico, sino simple­mente el abastecimiento suficiente para el alimen­to de la población, y sobre todo, no se cometerán violencias que puedan romper el equilibrio natu­ral del planeta, como actualmente ocurre.

Todas las políticas sociales y económicas irán encaminadas a facilitar los recursos más que suficientes para el abastecimiento de toda la población, y por supuesto el hambre y la miseria dejarán de imperar en la Tierra.

Antonio Lledó Flor
© 2014 Amor, paz y caridad

[infobox]Las bases espirituales de la sociedad son eternas; en cambio, todas las fuerzas sociales, políticas y económicas son transitorias.

Nicolás Berdiaeff- Filósofo Ruso [/infobox]

AMBICIÓN Y EGOÍSMO

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Desde hace siglos, y en la evolución de la historia social del ser humano, se comprueba que la ambición y el egoísmo son rasgos característicos de nuestra personalidad que muy difícilmente sabemos controlar y eliminar.

En todas las épocas de la humanidad, el egoísmo por un lado, y la ignorancia por el otro, han sido las lacras más graves en la conducta del ser humano, llevando a este a graves consecuencias en lo que a su futuro espiritual se refiere; aunque su apariencia en la materia esté llena de triunfos materiales, riquezas, oropeles, halagos o reconocimientos múltiples.
Sabemos cuantas injusticias se han cometido al amparo de aquellos que han preferido las glorias en la tierra antes que un futuro dichoso y feliz en su interior. La búsqueda de la felicidad es algo innato al ser humano desde que nace; el mérito de acertar dónde ha de buscarla ya es otra cosa distinta.

Hay quien cree que la felicidad se encuentra en la acumulación de posesiones, bienes materiales, otros creen que la felicidad está en satisfacer de forma inmediata los deseos que nos surgen al instante, sin reparar si esa satisfacción, genera perjuicios a terceros por los métodos a utilizar para poder conseguirla.

Sea como fuere, multitud de pensadores a lo largo de la historia nos han remarcado que la felicidad es un estado imposible de conseguir totalmente durante la vida; otros nos indican lo contrario, pero la gran mayoría de ellos coinciden en que no se encuentra en las cosas externas a nosotros, sino en nuestro interior.

Esta circunstancia no está del todo bien comprendida por la mayoría de los seres humanos, que, cegados con frecuencia por lo que nuestros sentidos físicos nos presentan, y unido a nuestras carencias de carácter y hábitos egocéntricos, solemos decantarnos con facilidad por lo externo; en vez de cuidar nuestro interior con hábitos saludables de conducta recta, pensamientos honestos y sentimientos nobles que nos aporten el equilibrio y la paz íntima que precisamos para ser felices verdaderamente.

Lamentablemente, estas reflexiones conducen siempre al debate entre “ser y tener”. Esta enorme confusión en muchas personas, que creen alcanzar la felicidad cuanto más tienen, a costa de lo que sea, aunque deban violentar los derechos, libertades o intimidades de los demás (*).

Apenas se percatan de que es mucho más importante “ser” que “tener”; puesto que lo primero nos humaniza y nos acerca a nuestra auténtica dimensión y realización personal, mientras que lo segundo nos esclaviza por dos veces; en primer lugar, para alcanzar aquello que queremos, muchas veces aceptamos acciones y pensamientos contrarios a nuestros principios, aspecto que a la larga creará sufrimiento moral en nosotros; y en segundo lugar, cuando uno ha “poseído” el objeto que tanto anhelaba se vuelve a esclavizar a él por el miedo a perderlo, o por considerarlo insuficiente.

La moderna psicología cognitiva nos aclara que los deseos que tenemos muchas veces son irracionales; que no es preciso “tener” para “ser” feliz. Que aquellos deseos que nosotros mismos evaluamos como objeto de nuestra felicidad, son meramente eso, objetos, y por sí mismos no nos reportarán más que una satisfacción efímera y poco duradera.

La felicidad se encuentra en el equilibrio emocional; definiendo el mismo como una filosofía de vida que sea, por encima de todo, coherente con nuestros principios y conforme a nuestra conciencia. Para ello, nuestros pensamientos, sentimientos y acciones han de ser armónicos y equilibrados, con un alto discernimiento de aquello que interiormente nos reporta paz y sosiego, o lo que es lo mismo, felicidad interior.

Probado está que, en la aceptación de las dificultades de la vida mediante actitudes positivas, la persona se refuerza y se fortalece interiormente. No hay que facilitar el paso a la rebeldía o la depresión que se instala en nosotros con facilidad cuando, ante cualquier contratiempo pensamos que todo es injusto y que merecemos otra cosa.

Desconocemos en profundidad las causas de muchas contrariedades que nos ocurren y cuyo origen se encuentra en nuestro pasado; concretamente, en nuestras vidas anteriores. Es por ello que, la mejor actitud es valorar las pruebas que la vida nos presenta como auténticas experiencias evolutivas, de las que extraer lo positivo que nos refuerce interiormente; sin dar paso a la depresión mediante una actitud valiente y totalmente responsable.

Aquí el conocimiento espiritual nos ayuda enormemente. Cuántas veces comprobamos cómo muchas personas, en busca de la gloria efímera de los placeres o del dinero, son capaces de arruinar su vida al no tener ningún tipo de escrúpulos con los que se encuentran a su alrededor. El egoísmo los ciega, y la efímera máscara de los sentidos los lleva a forjarse un lúgubre y sufriente destino espiritual para el día de mañana; esclavizándose no sólo a sus deseos más innobles, sino también debiendo reparar con el dolor y el sufrimiento aquellos desmanes cometidos por su ambición.

Las leyes evolutivas son justas y perfectas: “la siembra es libre, la cosecha obligatoria”; esta es la máxima de la ley de causa y efecto, que repara, educa y corrige las desviaciones de las almas a través de las experiencias que van asimilando, tanto en las existencias en la tierra como cuando retornan al plano espiritual.

Aprendamos pues que, es en nuestro interior, y en ninguna otra parte, donde hemos de forjar nuestra felicidad y nuestro destino; la conciencia que nos sostiene y nos anima es una fiel y adecuada consejera. No la silenciemos; oigamos su voz, porque ella misma no es otra cosa que la consecuencia de nuestro acervo espiritual, de nuestra trayectoria de siglos, vida tras vida, experiencia tras experiencia.

El trabajo de control de nuestras debilidades y defectos, la actitud positiva ante los reveses de la vida y la consciencia de nuestras propias limitaciones, fortalecerá nuestro carácter de tal forma que, junto a nuestra conciencia, nos permitirá discernir lo adecuado y conveniente para nuestra propia felicidad en cada momento de nuestra vida, sin ser cegados por las ilusiones efímeras y esclavizantes que siempre derivan en la frustración y el desequilibrio.

Antonio Lledó Flor

© 2014 Amor, paz y caridad

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¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma?

Pascal – Matemático, Físico y Filósofo (1623)

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