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PELIGROS: ENDIOSAMIENTO Y FANATISMO

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Sin duda ninguna; al igual que acontece con el desarrollo y educación de las personas con facultades mediúmnicas o espirituales, el endiosamiento, como hijo del narcisismo y el orgullo, es una de las grandes taras que afectan la condición humana y le impiden un desarrollo evolutivo ascendente.

Por transferencia, en los grupos e instituciones de objetivos espirituales compuestas evidentemente por personas, esta tara moral suele presentarse en forma individual o grupal.

Cuando ocurre afectando al grupo en general las consecuencias son perniciosas e incontrolables, a veces lleva incluso al desmoronamiento de la institución, o lo que es peor, al abandono de los integrantes del mismo por el ambiente irrespirable de intransigencia, dogmatismo y fundamentalismo que transciende y se deriva al creerse en posesión de la verdad exclusiva.

Estas actitudes reflejan claramente dos cuestiones; por un lado la poca vigilancia de los miembros de la institución en cuanto a su reforma interna; dando cabida a pensamientos de vanidad y orgullo que son trasladados sin el menor recato o prudencia al resto de los miembros, y que poco a poco van calando en la conciencia colectiva de la institución.

Y por otro lado es también un signo evidente de un proceso de obsesión o inducción colectiva por parte del mundo de las sombras; que aprovecha los resquicios que les brindan las taras morales de sus integrantes, para ir instalando y conformando los patrones mentales de los componentes de ese grupo que, por no permanecer vigilantes, caen fácilmente en la adulación, la vanidad y el orgullo de pertenencia insano, al hacerles creerse superiores a los demás.

El término “endiosamiento” es sin duda un concepto extremo que utilizamos para realzar el problema. No obstante, es significativo en los casos de personas con facultades mediúmnicas que, en un concepto equivocado y erróneo de lo que es la mediumnidad, presuponen poseer un don que les hace diferentes de los demás otorgándoles una superioridad que únicamente reside en su mente y que está muy lejos de ser de esa forma.

Esta alucinación personal les lleva a elevar su vanidad y orgullo hasta límites extraordinarios, cerrando desde ese momento cualquier posibilidad a la rectificación de errores o a la crítica constructiva que puedan hacer los demás miembros del grupo acerca de su comportamiento.

Cuando estas actitudes se dan en un médium, el terreno de la parasitosis psíquica está abonado para convertirse en un instrumento desviado de la parte positiva; cayendo en las redes de las fuerzas de las sombras que, con paciencia y estudio profundo efectuarán su trabajo de obsesión pacientemente.

El riesgo es que nadie de la institución sea capaz de darse cuenta de esto y poner sobre aviso a los demás, porque si esto es así, el grupo está en un peligro extremo de desviarse poco a poco, sin apenas darse cuenta, de los principios elevados que conformaron sus intenciones originarias.

Por lo general, cuando estas actitudes se dan en varios médiums dentro de un grupo, el fanatismo comienza a formar parte de las actitudes del grupo, ya que cada componente, reafirmando sus postulados, desea por encima de todo prevalecer en sus aseveraciones, impidiendo el reconocimiento de los errores propios, dando pábulo a la intolerancia y la intransigencia y focalizando sus objetivos únicamente en conseguir imponer sus criterios sin escuchar los de los demás.

Advertimos de estas circunstancias porque la parte negativa actúa con diligencia, estudiando nuestras debilidades, focalizando en nosotros los errores de los demás para realzar nuestro orgullo y vanidad, sin permitirnos que una mínima reflexión nos lleve a un reconocimiento personal de nuestros propios errores.

Pensemos en esto; los errores más graves de las instituciones siempre acontecen cuando pierden su capacidad de autocrítica, cuando se constriñen las ideas y el pensamiento de sus miembros sin el análisis, únicamente desde la imposición o el fanatismo de creer que se está en posesión de la verdad.

A este respecto, estas actitudes anquilosan el progreso de toda institución, pues las rigideces e inmovilismo de los postulados dogmáticos e intransigentes les impiden la adaptación a los cambios que se producen en las sociedades; terminando por convertirse en estructuras muy poco útiles para el progreso de la espiritualidad, llenas de miedos y complejos por la falta de libertad de acción y pensamiento de sus miembros, por el riesgo a no seguir fielmente las directrices intransigentes que les imponen los ritos y los dogmas de la tradición y las jerarquías que las dirigen.(*)

Es muy importante que en un grupo espiritual, se tenga siempre la oportunidad de manifestar todas las opiniones, libremente; esto no quiere decir que todo el mundo haya de estar de acuerdo en su totalidad en todas las decisiones que se tomen; pero para ello está la tolerancia, la humildad, el reconocer los propios errores o la falta de capacidad para analizar las cuestiones cuando no tenemos las condiciones necesarias para ello.

También es preciso recabar que, en un grupo espiritual bien orientado; y ante la falta de consenso general sobre una decisión a tomar, hay que contar siempre con la ayuda del “mundo mayor”; recurriendo a la oración para encontrar la mejor solución al problema, que sin duda, vendrá avalada por el consentimiento de la mayoría o incluso de las personas con mayor autoridad por su elevación moral, no por sus conocimientos mundanos o por sus títulos académicos.

Seamos pues sensatos y tolerantes en nuestras manifestaciones externas, pero rigurosos en nuestro trabajo interno; es la mejor forma de evitar riesgos y colaborar entre todos a un trabajo importante, fraterno, exento de fanatismos, dogmatismos y endiosamientos personales que a nada conducen salvo al retraso evolutivo de aquellos que los mantienen.

Antonio Lledó Flor
© 2014 Amor, paz y caridad
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(*) Merece considerar que toda organización rígida sufre las imposiciones penosas del tiempo y toda edificación que pretende preservar la tradición sin la necesaria adaptación al ambiente en que se encuentra y a las nuevas formulaciones de vida, se transforman en descomposiciones carcomidas que el tiempo vence.
 
Arthur L. Vasconcellos 
 
Psicografía de Divaldo P.Franco
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¿Evolución o Creación? El origen espiritual del hombre

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Conferencia ofrecida por nuestro compañero  Antonio Lledó Flor en el centro Crisálida de Valencia el  día 15 de febrero de 2014. Nos habla del origen y el destino del ser humano, de la evolución espiritual y material, y nos plantea interesantes interrogantes:
¿Ademas del origen biológico, existe un origen espiritual?¿Se pueden conciliar las investigaciones sobre el genoma y el ADN con el eslabón perdido?¿Existe un Universo Espiritual donde el hombre comienza su progreso hacia la eternidad?¿Que relación tiene el origen del hombre con la transición planetaria que vivimos?

EVOLUCIÓN O CREACIÓN AUDIO

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Audio de la conferencia ofrecida por nuestro compañero Antonio Lledó Flor en el centro Crisálida de Valencia el día 15 de febrero de 2014. Nos habla del origen y el destino del ser humano, de la evolución espiritual y material, y nos plantea interesantes interrogantes; ¿Ademas del origen biológico, existe un origen espiritual?¿Se pueden conciliar las investigaciones sobre el genoma y el ADN con el eslabón perdido?¿Existe un Universo Espiritual donde el hombre comienza su progreso hacia la eternidad?¿Que relación tiene el origen del hombre con la transición planetaria que vivimos?

EL ORDEN SOCIAL II

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Continuando con esta exposición, que sóla­mente intenta ofrecer algunas ideas sobre la sociedad del mañana, vamos a intentar esbozar algunos aspectos importantes que podrán florecer sin obstáculos en la nueva sociedad que espera a la Tierra a partir de la transición planetaria.

Las organizaciones y asociaciones de todo tipo que se desarrollen en el nuevo orden social, irán encaminadas al mejoramiento social y humano, teniendo como base el desarrollo espiritual en el hombre.

La educación será por encima de todo espi­ritual, comprendiendo en profundidad la realidad de la vida y la necesidad de formar parte activa de una sociedad, que a pesar de basar sus funda­mentos en la convivencia y relación mutua, guarda­rá con absoluto respeto la intimidad y la liber­tad personal. La base de la convivencia será la fraternidad.

Una libertad alejada evidentemente de lo que ahora podemos entender como tal. Desaparecerá el libertinaje, fruto de la responsabilidad que cada cual adquirirá en sus realizaciones. Aparece­rán la búsqueda incesante y el deseo de alcanzar la verdadera libertad, aquélla que es patrimonio del espíritu y que se encuentra en la emancipación de­ nuestro ser espiritual, elevándole hacia mayores estados de perfección y alcanzando con ello mayor sabiduría y Amor.

Materialmente hablando, cada uno desarro­llará la función para la que esté más capacitado; mientras que espiritualmente no existirán barre­ras ni impedimentos de ningún orden que obstruyan el desarrollo del individuo, llegando cada cual, mediante su propio esfuerzo, hacia donde desee llegar.

La libertad individual de cada uno, estará basada en el libre albedrío que cada espíritu posee ante la ley divina y que, indudablemente, aumenta o disminuye en función del grado de responsabilidad que cada uno posee por propia evolución. No existirán, por tanto, barreras so­ciales o políticas que constriñan esta libertad individual.

Al no existir ya el peligro de destrucción del planeta y desaparecer por completo el carác­ter belicoso del hombre de la Tierra, se nos permitirá entrar en contacto con mayor frecuencia con mundos paralelos, es decir, con civilizacio­nes más adelantadas que la nuestra y que podrán ayudarnos tecnológica y materialmente en el de­sarrollo de esta sociedad futura.

Desde este momento, nuestro planeta forma­rá parte de la relación universal de mundos que por su evolución les es permitido el contacto y la ayuda mutua entre sí, conociendo las singulari­dades y la evolución de otros mundos que pueblan el Universo y que se vuelcan a ayudar a aquéllos que, después de un proceso de transformación importante como el de la Tierra, necesitan recons­truir nuevas bases de convivencia y participa­ción social.

Si bien tendremos esta importante ayuda en el terreno material, socialmente nos darán ejemplo de organización, al tiempo que espiritual­mente nos ofrecerán también su experiencia y ayuda.

Otro de los importantes aspectos de los que tendremos mayor información, y a los que hoy apenas tenemos acceso, serán todo lo concerniente al desarrollo de las facultades del espíritu. Debido a la limpieza moral de esta nueva humani­dad, podremos tener un mayor contacto con el plano espiritual. Este hecho facilitará ostensi­blemente nuestra labor en el mundo, y nos capaci­tará para evolucionar de una forma más rápida y progresiva.

Por otra parte, los espíritus que poco a poco, generación tras generación, vayan poblando la nueva Tierra, irán experimentando un progreso gradual y continuo, teniendo menos entorpecimien­tos materiales para corregir todo aquello que todavía quede en nosotros en cuanto a imperfeccio­nes. No creamos tampoco que en este nuevo estado habremos alcanzado la perfección, ni mucho menos, será entonces cuando el trabajo será más arduo, más constante y sobre todo más importante. Pero contaremos con la ventaja de que la maldad habrá desaparecido de nuestro planeta, y que la única lucha que habremos de sostener será con nosotros mismos, con nuestras tendencias imperfectas que todavía llevamos arrastrando desde hace muchas existencias.

Tendremos a nuestro favor un ambiente pro­picio, una ayuda mutua por parte de todos los que nos rodean, espirituales y materiales, y de esta forma la ilusión y el trabajo será cada vez mayor, en base al deseo central de todos por alcanzar las más altas cotas de convivencia armó­nica, fraterna y espiritual.

Antonio Lledó Flor

© 2014 Amor, paz y caridad

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“Sé el cambio que quieras ver en el mundo”

Mahatma Gandhi 

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MORALIDAD Y COMPORTAMIENTO

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“La gente debe conocer la manera apropiada de comportarse siendo fuerte moralmente para actuar fielmente a ese saber”

Aristóteles (375 A.C.)

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Con esta frase definía el gran filósofo griego la base de la Ética Aristotélica; asombrosamente casi 2.400 años después tiene plena vigencia y actualidad.

Reflexionemos sobre ello; vivimos una época de crisis social, económica, política y financiera cuyo origen principal no se encuentra en los incidentes que han originado estas circunstancias. El principal origen de la crisis es la crisis moral; crisis interna del hombre proyectada hacia la sociedad por la falta de valores y el abandono de los principios ético-morales que constituyen la base de la sociedad humana: el contrato social, la igualdad, la fraternidad, etc..

El abandono de los principios éticos y morales hace referencia a cómo se comporta el ser humano y cómo debería comportarse; siendo la autoridad moral (auctóritas) la base de toda convivencia en paz y ordenada. A esto se refiere Aristóteles; y ya en la polis griega las crisis sociales se sustanciaban cuando la moral y el ejemplo de los dirigentes dejaban mucho que desear respecto a comportamientos ejemplares y dignos de imitar.

Lamentablemente la historia nos vuelve a colocar en el mismo sitio que hace siglos. Comprendiendo la magnitud de la crisis moral que nos afecta, no es nada sorprendente deducir que la solución al problema se encuentra en la ética anteriormente mencionada; una ética personal, social, política, de pensamiento y sobre todo de actos.

Cuando los hombres sepan comportarse con la ética apropiada basada en su propia autoridad moral mediante el ejemplo, la crisis comenzará a remitir definitivamente.

Los primeros en adoptar esta actitud deberían ser las élites que gobiernan el planeta. Tristemente esto es difícil que ocurra en esos niveles, por lo que el cambio ha de provenir de todos los seres humanos; interiormente, con la disposición y el buen ánimo de alcanzar la autoridad moral mediante un comportamiento ejemplar en todos los ámbitos de la vida.

A la luz de la historia, y bajo la claridad que nos ofrecen las leyes espirituales que rigen el proceso evolutivo del ser encarnado, ni es la primera ni la última de las crisis sociales que degenera en un cambio de sistema, un cambio de régimen en la humanidad.

Precisamente ahora, en un planeta globalizado, sin apenas distancias, donde la era digital impone sus avances y esclavitudes; lo único incontrolable son las emociones, las actitudes y los pensamientos humanos. Se puede manipular, desorientar, inducir comportamientos y establecer modas o criterios sociales nuevos; pero si ninguno de ellos se basa en los principios de un comportamiento recto, una moral indestructible y una ética a prueba de componendas o intereses espurios, esta crisis será perenne y auto-destructiva para toda la humanidad.

Y aquí ya no sólo interviene la falta de ética y de autoridad moral a la que se refiere el filósofo; aquí también interviene un factor muy importante al amparo del conocimiento evolutivo del planeta tierra. Este factor no es otro que el cambio de ciclo, la transición planetaria en la que estamos inmersos desde hace algunas décadas.

Los planetas son seres vivos que evolucionan como todas las formas de la naturaleza que conocemos; y en ellos se dan distintas etapas evolutivas paralelamente al progreso y evolución de los seres que los habitan.

El momento que vivimos y viviremos en los próximos años es un cambio extraordinario de la humanidad; donde pasaremos de ser un planeta de expiación y prueba a un planeta de regeneración. Pero ¿qué tipo de regeneración?: Social, política, económica, etc… Además de todas estas, la regeneración a la que aludimos es esencialmente ético-moral. Basada en los principios de la fraternidad y la solidaridad; cimentada en el origen y ejemplo moral de Jesús del “ama al prójimo como a ti mismo”.

De tal magnitud es lo que se aproxima que, todo aquel que no se adapte a unos principios básicos de fraternidad y moralidad, no tendrá cabida en la nueva sociedad que se avecina.

Así pues preparémonos para el cambio que viene operándose en la sociedad; determinemos nuestros comportamientos como explicaba Aristóteles, modifiquemos nuestro carácter para que la sociedad en la que nos toque vivir sea una sociedad justa y socialmente responsable derivada del comportamiento ético-moral de sus individuos, donde cada cual sepa con certeza cómo debe actuar

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«Nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta.»

Aristóteles

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Antonio Lledó Flor

2014 Amor, paz y caridad

PSICOANÁLISIS GRUPAL: PARTIENDO DE LA HUMILDAD

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Siguiendo el hilo conductor del artículo del mes pasado, y aceptando que una premisa importante del éxito en un grupo espiritual parte del respeto y la tolerancia hacia las opiniones ajenas, no podemos olvidar tampoco el detalle de un aspecto esencial en el funcionamiento del mismo.

Nos estamos refiriendo al mecanismo interno que deben tener los grupos para no estancarse, para seguir progresando y consiguiendo retos personales y grupales. Este mecanismo puede variar en cada lugar, siendo igualmente válido si al final el resultado es el de un grupo unido, bien orientado espiritualmente, comprometido en el trabajo del bien y en permanente progreso y evolución.Es preciso que los que coordinan o se hacen responsables de cada institución se actualicen permanentemente en conocimientos y actitudes; ofreciendo el mejor ejemplo a los demás con sus formas de actuar. Una vez en el ejercicio permanente de este progreso continúo, es más que conveniente, realizar un esfuerzo por analizar el funcionamiento, los obstáculos, las debilidades y aquellas cuestiones que retrasan en avance y el correcto desarrollo de los objetivos del grupo.

Para ello es preciso tener una buena dosis de objetividad, de sencillez y sobre todo de humildad. Esta última cualidad es la base principal desde donde debe partir cualquier análisis individual o grupal que pretenda beneficiar al conjunto.

Es muy fácil hablar de unión, de confianza, de planteamientos de progreso conjuntos, de compromisos y objetivos grupales; pero, si al primer inconveniente que surge intentamos imponer nuestro criterio, o somos incapaces de adoptar la decisión acertada en beneficio del conjunto, estamos fracasando estrepitosamente.   Por ello es necesaria la humildad, no sólo personal, sino también en las opiniones que se vierten y en las decisiones que se adoptan. Es conveniente adoptar un método, un esquema que nos ayude a resolver los conflictos, las dificultades y los problemas para fortalecer más si cabe la unión de los componentes del grupo e impedir el estancamiento, los recelos, las suspicacias y todo aquello que pueda suponer fricciones entre los componentes y un deterioro de la armonía que se precisa para el buen funcionamiento de un grupo espiritual.

Desde la experiencia, a este método podríamos denominarlo como “Psicoanálisis Grupal”. Precisamente porque lo que pretende es psicoanalizar el desarrollo del grupo desde bases muy sencillas, comprensibles para todo el mundo y con el fin último de que nada pueda perturbar el funcionamiento del mismo hasta estancarlo y hacerlo embarrancar.   Este psicoanálisis precisa partir de la humildad, pero le es necesaria la correspondiente dosis de nobleza y compromiso de los individuos que forman el grupo; entendiendo que estamos sentando unas bases de confianza mutua y de unión sólida y perdurable.Los conocimientos teóricos y los principios espirituales que sustentan las instituciones están perfectamente detallados en las bibliografías correspondientes. Pero lo que nadie detalla, lo que muy pocos se atreven a afrontar, por ignorancia o desconocimiento sobre cómo hacerlo, son las consecuencias de las relaciones personales internas, la solución a los problemas que impiden una auténtica fraternidad entre los miembros, la manera y la forma de afrontar y solucionar los conflictos; a fin de que a posteriori el grupo, la institución, salga más fortalecida, más cohesionada, más unida y más preparada que nunca para afrontar los retos que se proponga.

Hemos de concienciarnos de que los grupos los forman las personas, de carne y hueso, con sus expectativas, sus bondades y sus deficiencias. Estas sinergias han de revertir en el conjunto siempre de forma positiva; saliendo de los problemas con mayor fuerza y confianza entre sus miembros; enfrentando con valentía los objetivos a conseguir.  A veces, el amor propio nos juega la mala pasada de creer que todo lo hacemos nosotros; que somos los auténticos responsables del buen funcionamiento o éxito conseguido en el grupo. ¡Craso error¡ Nos olvidamos de la parte espiritual; aquella que realiza el mayor esfuerzo, el trabajo principal, siempre y cuando nosotros hayamos puesto la primera piedra, el campo de cultivo necesario para que todo se vaya realizando.(*)

Muchas veces no somos nosotros; son “ellos”, aquellos que nos orientan desde el anonimato, en nuestra conciencia, a través de la inspiración, a través del ejemplo, con total y absoluta abnegación al trabajo que tienen comprometido con nosotros. El orgullo nos hace perder las perspectivas de la fe y la confianza en el plano espiritual. Algo que debemos tener siempre presente.

Así pues ese psicoanálisis grupal ha de realizarse entre todos los miembros del grupo sin excepción; opinando, deliberando y reforzando las conclusiones previa solicitud de amparo al “mundo mayor” para que las decisiones que se adopten sean las más convenientes para la unión y el progreso del grupo; para que su avance no pueda ser detenido por actitudes personales equivocadas o mixtificaciones, sembradas o inducidas por las sombras, que acechan a todas aquellas instituciones de buena voluntad que pretenden el bien y el servicio al prójimo.

Antonio Lledó Flor
© 2013 Amor, paz y caridad
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“La planificación inicial para la fundación de un grupo espirita ocurre en la espiritualidad, previamente, cuando el equipo espiritual asume la responsabilidad de orientar y asesorar las futuras actividades que allí se desarrollarán. Esto se realiza en sintonía con aquellos que irán a rencarnar para formar parte de esas programaciones”(…)
Divaldo P. Franco (Tramas del Destino cap.21)
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EL ORDEN SOCIAL

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La realidad de un nuevo orden social, distinto totalmente al que en la actualidad conocemos, puede ser difícil de imaginar por todos nosotros, pero con un poco de reflexión y análisis, y comprendiendo en profundidad las características que deben adornar al hombre del mañana, podemos empezar a imaginarnos cómo será esa sociedad del futuro.

Ante la amplitud de aspectos que podemos desarrollar en este sentido, comenzaremos por analizar cuál será el papel de cada individuo en esa sociedad y cómo podrá desenvolverse dentro de ella. Partiendo de la base de que todos los habitantes de esa humanidad poseerán, con certeza, una elevación moral que les permitirá tener acceso a ese nuevo mundo, por supuesto quedará eliminada la competencia, la lucha por el poder y los odios por alcanzar puestos de privilegio.

Ante este planteamiento, el nuevo orden social se regirá por multitud de personas que cumplirán cada una su función, de forma responsable y eficaz, nadie ambicionará el lugar de otro, puesto que cada cual será consciente de su labor, realizándola con el entusiasmo, la alegría y la colaboración mutua que se derivan de su progreso espiritual.

Nadie será más importante que nadie, sino que todos serán necesarios, responsables en su lugar y, al mismo tiempo, estarán satisfechos con la labor que realizan. Los de mayor conciencia espiritual serán los que ocupen puestos de mayor responsabilidad, en la dirección de todas las actividades que se precisen.

El trabajo a realizar será fundamentalmente una tarea de equipo, donde la convivencia estará presente en casi todos los momentos de la vida diaria, pero donde el núcleo familiar contará con su propia intimidad respetada por todos.

El progreso tecnológico será mucho mayor debido al gran avance científico que se habrá conseguido, que entre todos se potenciará para el mayor bienestar social y humano.

La colaboración mutua será la base del trabajo material, mientras que la fraternidad y la sinceridad constituirán los pilares de la relación entre todos los humanos de esta nueva tierra.

La aspiración en la Vida estará encaminada fundamentalmente al perfeccionamiento espiritual, disponiendo en este sentido de un mayor tiempo libre para el cultivo de las facultades de la mente y, sobre todo, para el desarrollo de las ciencias y las artes, que eleven al espíritu humano hacia grados de sensibilidad superior.

La no existencia de ejércitos ni armamento potenciará el desarrollo armónico de la convivencia en paz. La confianza mutua será la base de esta nueva relación humana, que impedirá los recelos y acabará con las suspicacias.

El hombre irá a la búsqueda del propio ser interno, a través de la total entrega al semejante, descubriendo la grandiosidad del Universo.

Se tendrá una mayor conciencia de la Vida, su porqué y su para qué. De esta forma, la comprensión de las leyes que rigen el Universo y la Vida misma será mucho mayor.

Entrando de lleno en esta comprensión, el hombre de la Nueva Humanidad se esforzará por estar permanentemente de acuerdo con esas leyes, evitando transgredirlas y cumpliendo con ellas lo mejor posible.

De esta actitud, se desprenderá el extraordinario beneficio que le reportará la ley de Causa y Efecto, al cumplir con ella y al recibir los frutos espirituales positivos, derivados de la correcta actuación en cada momento de su vida.

Con esto, se conseguirá un mayor grado de Amor, tolerancia y comprensión en el nuevo orden social que se establecerá en la Tierra.

Antonio Lledó Flor

© 2014 Amor, paz y caridad

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Los grandes edificios se realizan poco a poco, con seguridad, solidez y constancia, cosas imprescindibles para que las obras que se realicen sean fuertes y perduren.
ANONIMO
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AÑO NUEVO

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Un nuevo año comienza y, de forma significativa, la evolución de los acontecimientos sociales en todo el planeta sigue su ritmo trepidante, acelerando exponencialmente los cambios que muchas sociedades en multitud de países están experimentando.

Lejos de ralentizarse, cada vez más los movimientos populares en demanda de libertades y derechos siguen creciendo, y al mismo tiempo la crítica se multiplica hacia los dirigentes políticos y económicos que hacen caso omiso a estas ansias de libertad, enrocándose en todo lo contrario a lo que se demanda; procuran cercenar libertades mediante el control de la información y de la opinión a fin de que la “masa” deje de pensar en lo evidente y se deje llevar sin ejercer sus derechos y libertades.

Estas actitudes represivas tienen su origen en el “miedo” a perder sus privilegios y puestos de poder, y en esto se encuentran unidos en principios similares las élites políticas, financieras e ideológicas del planeta.

No existe ningún país al día de hoy que pueda tener un control absoluto sobre los movimientos sociales que demandan mayor justicia social, mejor reparto de la riqueza y un mayor desarrollo de los derechos y libertades en la totalidad de los paises del globo. Y sobre todo en lo que no tienen ningún control, sino se lo permitimos, es en nuestra conciencia y libertad de pensar y actuar. Algunas potencias creen que controlando la información pueden seguir “teledirigiendo” el pensamiento y las actitudes de la sociedad como antaño ocurría en las sociedades exentas de cultura y educación.

A mayor educación y aprendizaje menor control en los principios y actitudes de la gente; pues la libertad del individuo empieza por su pensamiento y continúa en sus acciones. Si es cierto  y evidente que, a través de las tendencias que potencian el egoísmo, la codicia y el individualismo excluyente de élite (por raza, religión, sexo, posición económica u otras diferenciaciones) logran un éxito importante al imponer como criterio dominante estas actitudes como el objeto principal de la vida.

Pero hasta en esto último están equivocados, pues el hombre libre es aquel capaz de discernir lo bueno de lo malo, lo moral de lo inmoral, lo justo de lo injusto, lo ético de lo indecente, lo honesto de lo deshonesto. Y en esta asunción de principios hay que ser consecuentes.

El hombre libre no sólo lo es por vivir en una sociedad aparentemente libre, sino sobre todo porque el mismo se siente libre al no estar esclavizado por tendencias, modas o deseos que le afectan en su intimidad, y que le permiten sobreponerse a estas circunstancias discerniendo con claridad su camino de realización en la vida; sin estar condicionado por las actitudes que suelen imponer las modas y convencionalismos sociales o su propia debilidad ético-moral.

La “disonancia cognitiva”, mecanismo psicológico que utiliza nuestro cerebro para hacer todo lo contrario de lo que mantienen nuestros principios, (tratando de justificar actuaciones diferentes a lo que sentimos y pensamos), es la vía de escape que tiene el ser humano para seguir esclavizado a aquello que, aunque no le guste o no crea en ello, no tiene intención de cambiar porque le exige movilizar una fuerza de voluntad que no quiere utilizar.

Junto a todo ello, la falta de fe y la descreencia general que propician las actuaciones poco ejemplares de los representantes religiosos, que debieran ser modelo y guía, es otro de los elementos profundos de la gran crisis moral que azota el planeta tierra.

Debemos pues caminar hacia la mayoría de edad; alcanzando la libertad personal mediante el desarrollo de una voluntad férrea que nos permita equivocarnos y volver a levantarnos. Que nos ayude a prescindir de las tutelas intencionadas y poco edificantes de los líderes políticos, religiosos o sociales. Esto último no significa renunciar a nuestros principios éticos, religiosos o políticos; sino atrevernos a pensar por nosotros mismos y seguir lo que  nuestra propia conciencia nos señale como lo justo y lo correcto, a pesar de estar en contra de las directrices que otros puedan marcar como idóneas y obligatorias.

La libertad es un bien preciado; muy difícil de conseguir, muy compleja de mantener en una sociedad que invade de forma continua nuestra intimidad y privacidad. No sólo por las nuevas tecnologías, sino por la “excesiva dependencia” a la que a veces nos sentimos obligados en actitudes sociales, políticas y religiosas contrarias a nuestros criterios de justicia y fraternidad.

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Así pues, cuanto antes los individuos de una sociedad alcancen un grado de libertad personal que les permita discernir por sí mismos; elegir por sí mismos y actuar por sí mismos; respetando el orden social y con el ánimo dispuesto en trabajar por una sociedad más justa, estaremos realmente más cerca de conseguir estos objetivos de paz y bienestar.

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En ello hay una gran necesidad: la de implicarse. Desde la neutralidad o la ambigüedad no se alcanza absolutamente nada. Es preciso comprometerse, implicarse, activarse y ejercer la buena voluntad trabajando incesantemente en el lado del esfuerzo y el servicio por el bien, por la solidaridad, por la fraternidad, por liberar de la esclavitud mental y emocional a aquellos que todavía se dejan atrapar por esta sociedad corrompida por el egoísmo.

En estos momentos donde la oscuridad, el pesimismo y la negatividad parece reinar en el planeta, es preciso, más que nunca, ofrecer esperanza con mayúsculas; explicarle al ser humano que en el ejercicio de su esfuerzo por alcanzar la libertad se encuentra no sólo su propia realización, también encontrará en su  trabajo hacia el prójimo su mayor acercamiento a su creador, su mayor crecimiento en el amor y la fraternidad, su elevación moral y su felicidad.

Sabemos de los momentos delicados de esta transición planetaria en la que vivimos inmersos; somos conscientes de la realidad del cambio del planeta y coincidimos en que después de este doloroso parto llegará la luz de una nueva sociedad, más fraterna, más justa y equitativa; pero aun no contemplando estos principios, invitamos a todos a ver y observar estas reflexiones como un avance en el crecimiento personal y el desarrollo del propio individuo hacia estados de mayor lucidez y felicidad emocional y psicológica.

Antonio Lledó Flor
© 2014 Amor, paz y caridad

[infobox]Si no tienes la libertad interior, ¿qué otra libertad esperas poder tener?

Arturo Graf (1848-1913) Escritor y poeta italiano.

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RESPETO Y TOLERANCIA

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RESPETO Y TOLERANCIA:
Método a seguir
 
  Continuando con el recorrido de experiencias grupales a fin de señalar algunas directrices de evolución y desarrollo de los grupos e instituciones, hoy llegamos a una importantísima cuestión, sin la cual, la relaciones y el futuro de los grupos se limita ostensiblemente.
  Nos referimos a unas cualidades que, deben estar presentes en el ADN de todos los miembros de cualquier grupo de nobles intenciones que se precie. Comenzando por el respeto mutuo; externo e interno, como a continuación analizaremos y terminando en la tolerancia; actitud que nos embarga cuando llegamos a la conclusión de nuestras personales limitaciones.
 
  Cuando hablamos de respeto externo nos referimos a la actitud a mantener respecto a otros grupos, instituciones, ideologías, etc. Por muy contrarios que sean los postulados que defiendan. La actitud más sabia y prudente es la del respeto hacia todos aquellos que luchan, a su manera, por procurar el bienestar del ser humano en sus aspectos sociales, religiosos o espirituales.
 
  Cuando esta actitud está comprendida y aceptada por todos los miembros del grupo es una evidencia extraordinaria de dos cosas; por un lado la ausencia de fanatismo y fundamentalismo, reconociendo en los otros cualidades, trabajos y capacidades que, aunque por diferentes medios, pretenden llevar al ser humano a la senda del bien y de la fraternidad. 
 
  Y por otro, la capacidad de respetar al semejante sin exclusión alguna, provenga de donde provenga; valorando antes que otra cosa las intenciones y las actitudes positivas de todos. Esto supone la humildad de aceptar que los conceptos de verdad llegan de lo alto para todos los seres humanos; unos antes, otros después, van trabajando en su progreso espiritual, en su desarrollo personal a su modo, en sus formas, con sus propios principios intrincados en sus valores culturales, sociales y religiosos que los complementan.
 
  Así pues, el pensamiento único no existe para aquellos que son capaces de valorar a los demás, para aquellos que, aun manteniendo sus propios principios y defendiéndolos por encima de todo, son capaces de llegar al corazón de los semejantes llevando como bandera el respeto hacia el diferente, la sensibilidad de reconocer lo bueno en el otro, y haciendo gala de la humildad necesaria para reconocer que la verdad no es exclusiva de nadie y sí de todos; de todos aquellos capaces de recibir con la mente abierta y el corazón fraterno las bondades que desde los planos superiores se vierten para la mejora de la humanidad de este planeta.
 
  El segundo aspecto es el del respeto hacia nuestros compañeros de trabajo; en el grupo o la institución a la que pertenezcamos. Sería ingenuo pensar que podemos llegar a un estado donde no existan roces, ni conflictos, ni divergencias en las opiniones sobre cómo hacer las cosas. Evidentemente el hecho de pertenecer a un grupo espiritual no nos hace perfectos; antes al contrario, si el grupo está bien dirigido espiritualmente, se ponen en evidencia las necesidades de progreso de cada uno de sus miembros, ayudándoles a reconocer a cada uno aquellas debilidades, orgullo, amor propio, etc., que todos tenemos todavía y en los que hemos de trabajar con intensidad para corregirlos.
 
  Así pues, partiendo de la base de nuestra propia inferioridad, podemos adoptar la actitud noble de respetar las decisiones de nuestros compañeros, pues todos podemos estar equivocados. ¿Cómo resolver pues las divergencias que aparecen sobre la marcha en el funcionamiento de los grupos?
 
  Desde la base del respeto a las opiniones ajenas, desde la humildad y la tolerancia debemos ser capaces de aunar esfuerzos y encontrar puntos de encuentro; solucionando los conflictos o diferencias con espíritu constructivo, y siempre bajo la medida de la fraternidad, la nobleza de intenciones y de lo mejor para el beneficio del conjunto.
 
  Podríamos caer en un error si únicamente apelamos a criterios de mayoría democrática o, la postura opuesta, la opinión única de un líder o dirigente. En decisiones de importancia la medida a tomar es la más acorde a la sabiduría espiritual, lejos de postulados o criterios personalistas o de mayorías.
 
  Hemos de entender que en los grupos espirituales existen dos partes bien diferenciadas, la material y la espiritual. La primera a veces carece de las perspectivas adecuadas por no poder vislumbrar más allá; cosa que si puede hacer la parte espiritual que tiene una proyección y análisis de las cosas más realista y efectivo al estar al margen de la materia.
 
  Y si, a pesar de todo ello, no se encuentra la respuesta siempre queda el recurso de consultar al plano espiritual por aquellas decisiones a adoptar para que nos aconsejen al respecto.
 
  Cómo podemos comprobar, desde el respeto, la tolerancia y el consenso se pueden solucionar cualquier problema que afecte al conjunto y que pretenda limitar la evolución o el progreso de un grupo fraterno y unido. No mencionamos aquí, porque sería prolijo detallar la multitud de aspectos que comporta, los inconvenientes que también se presentan cuando las fuerzas de las sombras se sitúan al acecho de aquellos grupos que realizan bien su trabajo. Esto daría para una explicación más detallada que podremos abordar posiblemente en otros artículos.
 
  Sea como fuere, un grupo unido, con respeto y tolerancia, basado en los principios de la fraternidad universal está en el camino correcto de progreso y con la capacidad de desarrollar proyectos que ayuden al prójimo, siendo sus principales beneficiarios los miembros que lo componen al elevar su sintonía vibratoria mientras trabajan en el servicio desinteresado y en su propia regeneración espiritual.
 
  El respeto y la tolerancia tienen su máxima expresión en la siguiente frase del filósofo y erudito francés del siglo XVII, Voltaire (1697):
 
“No comparto lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”
 
A.LL.F
 
© Grupo Villena 2013

AFRONTANDO INCONVENIENTES

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AFRONTANDO INCONVENIENTES
 
  El mes anterior nos ocupábamos de cuál sería la actitud que habría de conseguir el hombre nuevo para poder formar parte de la Nueva Sociedad que se avecina, recalcamos la necesidad de un cambio interno a fin de alcanzar las vivencias que se necesitan para afrontar con éxito la sociedad del mañana, atesorando ya hoy las cualidades que serán precisas, siendo ésta la única forma de poder transmitir a los que nos rodean la esperanza de un futuro mejor.

  Ahora bien, estas características y cualidades que hemos de atesorar implican un riesgo: la incompren­sión del resto de la sociedad y el rechazo de muchas personas. Este tipo de inconvenientes deberán ser afron­tados con la sólida y firme base del convencimiento interno, apoyado en una fe razonada que dirija cons­cientemente todas y cada una de nuestras actuaciones. 
 Sólo de esta forma podremos sobreponernos a las incomprensiones de los demás, que sin duda entende­rán como falto de sentido un cambio espiritual en nuestras vidas que nos lleve a atesorar las cualidades morales que hoy día se encuentran en desuso en nuestra humanidad. 
  El riesgo que implica afrontar las dificultades que se nos presenten, será sin duda recompensado por una mayor fortaleza espiritual, que irá desarrollándose en nuestro interior a medida que vayamos superando los obstáculos. No nos engañemos; siempre que acontece un cambio brusco a la humanidad, gran parte de ella se resiste a admitirlo, puesto que ello implica replan­tearse de nuevo su concepción sobre la Vida, y esto no es siempre del agrado de todos. 
  Por ello, las personas que afronten la decisión de ser portavoces de este cambio que se avecina, que no les quepa duda que tarde o temprano estarán sometidos a la aceptación de unos y la crítica de otros. En esos momentos críticos, será necesario hacer acopio del equilibrio interno y fortaleza necesarios que nos permitan actuar con la ecuanimidad suficiente, sin dejarse llevar por el acaloramiento del momento y serenando el ánimo lo preciso, para entender que no todas las personas que nos rodean están en condiciones de comprender este cambio y por consiguiente nuestra actitud. 
 
  Llegará un momento en que sin proponérnoslo, los acontecimientos pondrán de manifiesto las verdade­ras intenciones de todas las personas, y entonces podre­mos llevarnos la sorpresa, al comprobar cómo algunas personas, que creíamos preparadas y en condiciones, se encuentran a años luz de entender nada de lo que se avecina, y por el contrario, debajo de su envoltura material anidan todavía deseos egocéntricos fuertemente arraigados. Y a su vez, muchos de aquellos que pueden pasar ante nosotros ignorados por su sencillez y modestia, se descubrirán con la grandeza de la humildad en sus corazones, habiendo atesorado de ante­mano la necesaria predisposición de este nuevo orden social, donde lo verdaderamente importante será la adquisición interna del amor al prójimo. 
 
  De aquí se deduce, la importancia y la gran responsabilidad que tenemos todos aquellos que afrontando con decisión esos momentos, sepamos situarnos en el lugar preciso. De nuestra actuación dependerá en gran medida el que unos se inclinen hacia un camino u otro, y por ello es tremenda nuestra responsabilidad. 
  En los momentos de mayor tensión habrá que hacer acopio de serenidad, tolerancia y comprensión, para que este ejemplo ilumine el camino a seguir para los indecisos. Aquellos que por un gesto, una palabra, un ejemplo o una mala conducta puedan inclinarse hacia un lado u otro. 
  Seamos capaces de afrontar este papel con la decisión que se precisa y con el fuerte convencimiento interno que debe presidir todos nuestros actos. Estas dos cualidades serán imprescindibles en la sociedad del mañana, pero hay que hacerlas hoy realidad en nuestros corazones, a fin de ayudar a descubrir a los demás en qué consiste la verdadera fortaleza espiritual. 
 
  Afrontando inconvenientes, será sin duda el paso obligado de los decididos a pregonar la Nueva Sociedad hasta que ésta sobrevenga, de ello podemos estar seguros. 
  Pero manteniendo la fe y la esperanza en ese mañana no tan lejano, tenemos la fuerza suficiente para superar los obstáculos y salir airosos de los mismos. No nos importará el qué dirán ni la incompren­sión hacia nuestra actitud por parte de los demás, ya que en todo momento seremos conscientes del futuro prometedor que espera a este planeta y que para muchos todavía constituye una quimera. 
Propongámonos pues, atesorar firmemente el con­vencimiento interno y la determinación necesaria que nos lleven con paso firme y seguro a conquistar los logros que desde hace muchísimo tiempo están previstos desde el mundo espiritual para todos los hombres de buena voluntad. 
 
 
 
A.LL.F.

 

 
 
 
«El lugar más oscuro del infierno está reservado para aquellos que se mantienen neutrales en tiempo de crísis» 
Dante Alighiere (Florencia1265)

CON DIVALDO PEREIRA FRANCO

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  CON DIVALDO PEREIRA FRANCO
 

Nuestro compañero Antonio Lledo entrevista a Divaldo Pereira Franco.
 
Haciendo este un análisis de coyuntura espiritual, situación del hombre actual y claves de la transición planetaria que vive la Tierra.
 
En el XX Congreso Espírita Nacional celebrado en la ciudad de Calpe (Alicante) día 7 de diciembre de 2013.

CIENCIA Y ESPIRITUALIDAD

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   El mes pasado tratábamos en la editorial sobre aspectos de la ciencia y la tecnología que condicionan la vida de los individuos en este siglo XXI de forma notable y determinante. Los efectos, positivos o negativos, de este enorme desarrollo tecnológico de las dos últimas décadas, se encuentran actualmente en estudio y son objeto de amplios debates éticos  por la comunidad científica.
 
  Pero sin duda, el debate más antiguo y enconado es el que enfrenta a la ciencia y espiritualidad sobre la existencia del alma, y la de Dios. Este, sigue plenamente vigente y con fuerza inusitada desde que, con la ilustración y el racionalismo, se separaron definitivamente en el desarrollo del conocimiento por un lado, la fe, que pasó a ser objeto de estudio de la Teología, y por otro la razón, que quedó en exclusiva bajo el prisma de investigación de las ciencias positivas.
 
  El espíritu científico lo resumieron mejor que nadie los racionalistas, siendo Descartes su máximo exponente el que, al respecto de la búsqueda de la verdad, afirmaba lo siguiente: “Si deseas ser un auténtico buscador de la verdad, es necesario que, al menos una vez en la vida, pongas en duda, en la medida de lo posible, todas las cosas”. El mismo actuó de esta forma en sus investigaciones y llegó a la aceptación de la existencia de Dios a través del atributo de la perfección del mismo.
 
  Lejos de seguir el ejemplo de Descartes, y desde hace trescientos años, la ciencia quedó anclada en el método positivista; intentando negar cualquier afirmación tendente a la existencia de la conciencia, alma o espíritu, como nuestro propio yo independiente del cuerpo físico. En el devenir de aceptar únicamente lo que los sentidos físicos pueden aprehender mediante sus percepciones, el cerebro se ha convertido en el siglo XX y XXI en el recipiente que todo lo alberga y todo lo crea.
 
  Tanto es así que la neurología moderna acepta la conciencia del ser humano; pero la cree fruto de los procesos químicos e impulsos eléctricos neuronales que se producen en nuestro cerebro. Para muchos de estos científicos, fuera del cerebro no existe nada independiente del sistema fisiológico del ser humano; así pues el pensamiento y  las emociones, nacen, se forman y se desarrollan en el cerebro según estos científicos.
 
  La ciencia ortodoxa sigue pues anclada en el reduccionismo(*), que tiende a explicar todo lo que acontece bajo el más puro planteamiento del materialismo; negándose siquiera a profundizar en los campos de la conciencia y la mente humana, y derivando estos aspectos a una creación propia del cerebro humano. Parten del preconcepto de que “saben” que esto es así, obviando por sistema, profundizar en el estudio de las causas que la originan.
 
 Naturalmente, también existen neurólogos con auténtico espíritu de búsqueda de la verdad científica, que no se conforman con estas explicaciones y, sin embargo, estudian las causas que pueden ser el origen de la mente y la conciencia humana. Pondremos dos ejemplos, en dos momentos cruciales de la investigación científica del cerebro humano; los inicios del siglo XX y el momento actual:
 
  El primero el del Dr. Alexis Carroll, neurólogo y premio nobel en 1912, que al respecto de la mente y su posible origen en el cerebro decía lo siguiente:
“Decir que las células cerebrales son la sede de los procesos mentales es una afirmación sin  valor; pues no existe un medio de observar la presencia de un proceso mental en el interior de las células cerebrales”
 
  El segundo el del Dr. Eben Alexander, neurólogo, eminente científico de la Universidad de Harvard que afirma en su libro Proof of Heaven (Mayo 2013): “La conciencia, no es únicamente real, sino que lo es más que el resto de la experiencia física, hasta el punto de que constituye el fundamento de todo” “El indicio más sólido que existe sobre la realidad del mundo espiritual es el profundo misterio de nuestra existencia consciente”.
 
  De estas reflexiones podríamos colegir que, al igual que la gran mayoría de la humanidad acepta y cree en la existencia del alma y de Dios, una gran parte de la comunidad científica está dejando atrás atavismos y supersticiones del pasado; para reencontrarse con el auténtico espíritu científico que profundiza en las causas de todo aquello que acontece, exento de preconceptos y prejuicios corporativistas o de clase.
 
  Demos pues la bienvenida al avance de la ciencia y, sobre todo, a la valentía de aquellos investigadores que, a pesar de los inconvenientes, rechazos y prejuicios de muchos colegas anclados en el inmovilismo, enfrentan cara a cara a la verdad con el más puro y genuino espíritu científico, a fin de  descubrir el origen real de la conciencia, alma, o espíritu, llamemosle como queramos.
 
  Me gustaría terminar con la frase de un eminente neurofisiólogo, que pone de manifiesto la ambigüedad y la escasa búsqueda de la verdad científica que predomina en muchos miembros de la comunidad científica desde hace varias décadas. El eminente premio Nobel de Fisiología Sir John C. Eccles  (1903-1997) afirma con rotundidad al respecto del materialismo científico:
 
(*) “Sostengo que el reduccionismo científico rebaja de manera increíble el misterio de lo humano con su prometedor materialismo, con la pretensión de poder explicar todo cuanto sucede en el mundo espiritual por medio de patrones de actividad neuronal. Esta idea debe catalogarse como superstición.
 
 Debemos reconocer que somos criaturas espirituales, dotadas de almas que  moran en el mundo espiritual, así como seres materiales cuyos cuerpos y cerebros existen en un mundo material”
REDACCIÓN

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