La nueva humanidad

OPORTUNIDAD EXCEPCIONAL

El escalón evolutivo que habrá pasado nues­tro planeta tras el próximo cambio de ciclo, nos permitirá el acercamiento a otras humani­dades de nuestra misma condición e incluso más avanzadas; un acercamiento que ahora nos está prohibido porque nuestra evolución en este plane­ta es todavía muy baja y podríamos perjudicar a otros mundos.

Pero entonces, cuando nuestro planeta esté desarrollando únicamente las facetas de la nueva humanidad, con todo lo que ello conlleva, no existirá peligro alguno en ese acercamiento, no habrá ningún carácter belicoso o colonizador por parte de los habitantes de la Tierra, y por ello el contacto, el intercambio y la ayuda con otras civilizaciones de otros mundos será fluido, cons­tante y dirigido a nuestro progreso y aprendiza­je.

Iremos a sus mundos como ellos vendrán al nuestro y la total y absoluta confianza favorece­rá intercambios de toda índole: culturales, cien­tíficos y tecnológicos, sociales y fundamental­mente espirituales.

Son aspectos que todavía hoy escapan a nuestra razón porque nos cuesta comprenderlos, pero si reflexionamos un poquito acerca de la creación divina, de la forma como se manifiestan sus leyes y de la importancia de la cadena de la evolución, lo veremos totalmente lógico y comprensible.

Podemos poner un ejemplo, una comparación clara que nos ayude a comprenderlo: al igual que en el contacto con el mundo espiritual, aquellos seres de mayor elevación se pueden acercar a nosotros y transmitirnos su amor y sus consejos cuando nosotros estamos en buena sintonía espiri­tual, así mismo ocurrirá con otras humanidades más avanzadas que la nuestra; mientras no alcance­mos ese grado de amor suficiente que nos capacite el paso a la nueva humanidad, no nos será permiti­do ese contacto, pues no estaremos en la sintonía y condiciones espirituales precisas para poder admitirlo y superarlo.

Imaginemos por un momento los enormes bene­ficios que puede reportar para una civilización como la nuestra tener acceso a conocimientos y avances de civilizaciones que pueden llevar­nos 500, 1.000 o incluso 10.000 años de adelanto. Las ventajas que esto puede suponer para nuestro progreso personal y colectivo serán inmejorables y son tan difíciles de entender, aquí y ahora, que por el momento sólo nos atrevemos a mencionar­las sin poder detallar ninguna.

Pensemos pues, la extraordinaria oportuni­dad que se nos ha concedido al venir a la Tierra en estos momentos y facilitarnos el camino para poder merecer un sitio en la nueva humanidad, que está más cerca de lo que muchas veces pensa­mos, y que en definitiva debemos de intentar llevar ya dentro de nosotros como un mensaje de esperanza de un mundo mejor, que hemos de saber transmitir y ofrecer de corazón a todos nuestros semejantes.

Quizás sea ésta una de las misiones a las que nos hemos comprometido antes de encarnar, y si no cumplimos con ella por negligencia o comodidad, será un error importante que recaerá sobre nuestra conciencia, y que ineludiblemente hará defraudar la confianza que depositaron en nosotros aquellos que nos enviaron para realizar este trabajo.

Seamos consecuentes con estas ideas que mantenemos, trabajemos con ahínco con nuestros semejantes sin importarnos incomprensiones, into­lerancias ni desánimos, porque la gran satisfac­ción espiritual que podemos conseguir si hacemos las cosas bien, será el haber respondido con éxito a la palabra dada ante nuestro Padre antes de encarnar. Una palabra y un compromiso que nuestro espíritu recuerda incesantemente, ya que supone para él la mayor y más importante responsa­bilidad que ha adquirido durante muchos siglos de su evolución.

Por ello, no defraudemos a quien nos envió ni tampoco a nosotros mismos; cuando estamos en esta empresa es porque tenemos condiciones para llevarla hacia adelante, sino no hubiéramos veni­do con este compromiso de Paz, de Esperanza y de Equilibrio que hemos de saber ofrecer al mundo, para hacer brotar la luz en las conciencias de los hombres y facilitarles su ascenso evolutivo a través de la comprensión de las leyes divinas.

Antonio Lledo Flor
2014 Amor, paz y caridad

Hay en el cielo y en la Tierra más cosas de las que puede enseñar vuestra sabiduría aprendida en las escuelas.

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