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EL FINAL NO ES EL FIN

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El final no es el fin

La estancia en este planeta

tiene un principio y un fin:

Es el principio nacer

y un final que es el morir.

 

Pero el final no es el fin;

 

porque el fin es un proyecto

de un trabajo a realizar;

hacer progresar al alma

y su destino alcanzar.

 

Pero no es tarea fácil

ese fin poder lograr

que al alma la condiciona

su atributo material.

 

Orgullo, celos, pasiones…

y una débil voluntad

son la carcoma que al alma

no permite progresar.

 

Mas se puede conseguir

que el trabajo que Dios da

lo mide con nuestras fuerzas

y nunca nos pide más.

 

Trabajar en este mundo

con arrojo y valentía

es asegurarle al alma

buen lugar en la otra vida.

 

Cuando se haya conseguido

habrase cumplido el fin;

será entonces el final

que es, para el mundo, morir.

 

Y sean rosas de amor

lo que se lleve al partir,

y con las rosas pagar

el hogar donde vivir.

 

Mª Luisa Escrich

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

EL ALMA DE UN GRUPO

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El alma de un grupo

El alma de un grupo

Todo, absolutamente todo cuanto nos acontece en este mundo tiene una razón de ser; todo tiene un sentido, un propósito, una finalidad; nada ocurre por casualidad.

Este párrafo, tantas veces comentado, forma parte del conocimiento que, de la mano del espiritismo, hemos adquirido y aceptado, sobre todo por aquellos que en su día decidieron sumarse a la gran familia espiritista..

Hoy cobra de nuevo vigencia, como consecuencia de la terrible crisis que nos envuelve. A pesar de poseer esos conocimientos, cuando un acontecimiento extraordinario nos golpea no siempre reaccionamos de forma positiva y nos dejamos arrastrar por corrientes comunes… Hoy se manifiesta con fuerza una de esas razones o finalidades; es decir, que nada ocurre por casualidad.

Tenemos conocimiento de la Transformación Planetaria, y en esa transformación concurren varios fenómenos, de los cuales ya estamos viendo y sintiendo sus efectos; el último, el coronavirus.

Esta terrible pandemia ha sacudido con extrema virulencia a toda la humanidad, y sin duda alguna, a todos nos ha afectado de una u otra forma, y los grupos espiritualistas, o espiritistas, como prefiráis, no están exentos; antes al contrario, son más vulnerables, y sabemos por qué.

Creo sinceramente que todo cuanto está sucediendo desde hace ya algunos años, y con esta pandemia en particular, el mundo superior (en el que todos creemos) ha venido poniendo a prueba la solidez de los grupos, y creo también que deberíamos preguntarnos si realmente son tan sólidos como debieran. ¿Cómo saberlo? No es difícil; someternos constantemente a un autoexamen; cada uno de los miembros debe ahondar dentro de sí, analizando su propia solidez; analizando sus sentimientos, sus motivaciones.

Cuando un grupo lleva mucho tiempo de convivencia, esta corre el riesgo de transformarse en rutina, y eso no es bueno. Para que eso no suceda, cada uno debería preguntarse, precisamente, lo que le motiva a acudir al centro, porque a un centro espírita no se puede ir ni por inercia, ni por obligación ni por sacrificio. A un centro espírita se debe ir con ilusión, con el deseo de compartir con los compañeros unas horas de estudio, de oración y trabajo en común, y por qué no, de una sana y alegre camaradería.

Para que todo funcione bien hay que poner el alma, porque el alma del grupo se sustenta con lo que cada uno aporta, y a mi modesto entender, en cuatro pilares fundamentales: confianza, sinceridad, lealtad y compromiso de trabajo. Todo ello puesto al servicio de todos, bien cubierto con una buena dosis de la más sublime caridad.

Un centro espírita debe ser como una piña, palabra muy manida, pero sí, una piña siempre verde, fuertemente cerrada y prieta; con todos los piñones dentro, y que todos se afanen en evitar que a la piña le salgan manchas marrones, y si esto ocurre se volverá parda, se secará y se abrirá; y los piñones se caerán, dispersándose…

Un centro espiritista es una escuela permanente en donde la asignatura más importante es el Amor.

En un centro espírita, sobre todo ahora, cuando toda la humanidad sufre tan terrible prueba, no se debe olvidar (insisto) que esta prueba es especialmente importante para los grupos. La familia espiritista no debe vivir con miedo; sí con responsabilidad. La familia espiritista no debe olvidar nunca que Dios está aquí, con todos sus hijos, y tiene apuntado cada acontecimiento y pruebas que nosotros hemos elegido y que, de una forma u otra, tendrán su cumplimiento.

Os invito a recordar las palabras del evangelio: Se pedirá mucho al que haya recibido mucho.

Queridos amigos-compañeros-hermanos en doctrina:

Somos trabajadores de la última hora y el trabajo que se nos ofrece es muy duro; podemos considerar que nos ha tocado lidiar con el peor ganado, pero no retrocedamos; lidiemos con valentía, y el Mundo Superior lidiará junto a nosotros. Y Jesús, el Maestro, sonreirá contento al ver a sus hermanos pequeños ¡unidos!

                                Mª Luisa Escrich

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

ASIGNATURA PENDIENTE

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Asignatura pendiente

Asignatura pendiente

Hace un año aproximadamente escribí un artículo titulado Educación para la muerte, alusión al miedo que, en general, experimenta el espíritu encarnado a la hora de desencarnar; un miedo causado por el desconocimiento de lo que es, en verdad, lo que llamamos muerte. Esa es una asignatura pendiente de los seres encarnados: asignatura olvidada voluntariamente por el miedo a lo desconocido; como si dejándola escondida pudiera llegar a desvanecerse, desapareciendo. Pero ese olvido voluntario no la hace desaparecer, y de cuando en cuando nos asalta, como por ejemplo en este caso, por el cual he vuelto a reincidir en el tema.

A propósito de esta terrible crisis sanitaria que sufrimos a causa del virus que tantas vidas se ha cobrado, un querido amigo me confesaba su miedo, no tanto al virus en sí, sino a lo que pudiera acontecer después de la muerte; aún más, cuando siempre había negado que existiera ese después. Esto es, por tanto, la falta de preparación e información, esa información que, aun a nuestro pesar, con el transcurso de los años vamos a recibir.

Cuando al pasar los años el vigor de nuestro cuerpo nos abandona; cuando las fuerzas físicas se agotan; que se llega a la vejez y con ella la evidencia de que, más tarde o más pronto, deberemos partir, nos damos cuenta de que aquello que quisimos ignorar es más que evidente, y entonces nos envuelven los miedos ante tal evidencia. Vamos a morir y lloramos nuestra muerte.

¿Cómo podemos despojarnos del miedo? ¿O, mejor aún, no llegar a sentirlo?, preguntaba el querido amigo.

-Educación para la muerte.

Aprender, y más tarde enseñar, que somos algo más que un cuerpo; que a ese cuerpo lo anima una fuerza a la que llamamos alma o espíritu, y que procede de un mundo al cual deberá regresar, lo que le da el carácter de inmortalidad.

Enseñar y aprender que el paso por la Tierra de esa alma es un proyecto de trabajo que debe realizar dentro de un número de años que, evidentemente, ignoramos, pero que tendrán su cumplimiento (como quien se embarca para hacer un crucero, y acabado el viaje debe abandonar la nave).

Aprender que, cuando, nos miremos a nosotros mismos, comprendamos que, efectivamente, lo que vemos es materia; hermosa, pero perecedera. Hermosa porque es una composición divina, y todo lo que es divino es hermoso. Y perecedera porque fue hecha para albergar a lo que realmente somos: Espíritu, y este es quien tiene que hacer el trabajo, y la materia es su herramienta.

El espíritu es, pues, creación de Dios, y es creado inmortal; el trabajo a realizar es colmarse de virtudes y valores morales para acreditar su condición de inmortal. A la herramienta le es concedido un tiempo que el espíritu debe saber aprovechar; y cuando la herramienta, cumplido su tiempo se deteriore y agote, abandonarla con determinación, pero con respeto; no olvidemos que es una composición divina. Y entonces, cuando el alma deba partir, no tendrá miedo, porque habrá aprendido desde el comienzo el porqué ha encarnado y cuál es su destino final. Quizá llore, pero su llanto tendrá otro significado: será similar al llanto del cisne, tal y como nos lo relata Sócrates poco antes de verse obligado a beber la cicuta:

Los cisnes, cuando sienten que van a morir, cantan mejor que antes; con la alegría de ir a reunirse al dios a quien sirven. Pero los hombres, con el temor a la muerte, calumnian a los cisnes diciendo que lloran su muerte y que cantan de tristeza… prevén los bienes de que van a gozar en la otra vida… (Sócrates, en Diálogos, de Platón, página 101).

Aprendamos, pues, a morir igual que los cisnes, pues nuestro final es la eternidad. Solo se extingue la materia.

Asignatura pendiente por: Mª Luisa Escrich

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

MÁS DE LA NATURALEZA

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Más de la naturaleza

Protestamos grandemente

por todos los sufrimientos,

siendo tan solo el culpable

nuestro mal comportamiento.

 

Mirar de Dios la grandeza,

discernir y meditar,

amar la naturaleza

y entonces nos mimará.

 

Nos regalará belleza

porque es grande, es hermosa,

y cuanto más se la ama

se torna más generosa.

 

El aire, la lluvia, el mar…

es todo naturaleza;

los animales, las plantas…

lo que Dios puso en la Tierra.

 

Es naturaleza el río

que deja correr sus aguas;

es nieve en las altas cumbres

y es fuego en ocultas fraguas.

 

No hagamos daño a la Tierra;

que no exploten sus entrañas

y que a través de sus grietas

no nos inunde su magma.

 

La naturaleza es buena;

todos debemos cuidarla;

ella mantiene la vida;

no debemos maltratarla.

 

Con nuestro mal proceder

no tentemos a la suerte,

podemos precipitar

nuestra ineludible muerte.

 

Mª Luisa Escrich.  

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

 

Mas poesías de nuestra compañera Maria Luisa: https://www.facebook.com/biblioteca.guardamardelsegura/videos/2498949267085383/

PROCLAMAR LA VERDAD

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Proclamar la Verdad

Proclamar la Verdad

En los últimos años, a instancias de mis queridos compañeros del Grupo Villena, he ido relatando todas y cada una de mis experiencias espiritistas, acumuladas durante muchos años, y que nunca pensé que pudieran tener la importancia que ellos me hicieron entender.

Todas aquellas experiencias, recuerdos y vivencias han estado siempre vivas y claras en mi memoria; fueron enormemente importantes como para ser olvidadas. Deseo recordar que todas ellas fueron vividas a una edad en la que todo es nuevo; cualquiera enseñanza que un niño recibe, cualquier materia, es un descubrimiento, y… ¿qué impacto puede recibir un espíritu «joven» cuando ese descubrimiento proviene de un mundo que, aun sabiendo que existe, no se ha manifestado hasta ese momento?

He apuntado joven entre comillas ya que, como todos sabemos, el espíritu puede ser mucho más viejo de lo que creemos, pero a los catorce o quince años, eso se ignoraba: el espiritismo aún estaba en su desarrollo y luchando por su supervivencia. Como he referido más de una vez (y es necesario seguir recordándolo), todo cuanto teníamos era el testimonio aportado por aquellos viejos espiritistas que sobrevivieron a los acontecimientos que tuvieron lugar en aquellos años; carecíamos de libros; muchos fueron quemados, no solo aquellos que fueron víctimas de lo que se conoce como «Auto de Fe» de Barcelona, en el año 1861, donde fueron quemadas 300 obras espiritistas, sino otros muchos que lo fueron, por miedo, años después.

Así pues, no debe extrañar que, desde el mundo espiritual, viniera esa ayuda que necesitábamos, y Dios, bondadoso, permitió aquellas manifestaciones, en aquellos tiempos extraordinarias, que impactaron en mí, y que han sido mis compañeras de mi viaje por este planeta.

Siempre albergué el temor de que aquellos acontecimientos de orden espiritual, como he dicho extraordinarios, fueran considerados (creo haberlo apuntado ya) pura invención o, lo que considero más doloroso, un afán de protagonismo. Los alegatos de mis compañeros me hicieron recordar una hermosa frase que recogí del libro “Higiene del espíritu”. La frase rezaba así:

«No hay falta más grave que saber la verdad y ocultarla, o enseñar una mentira».

Por lo tanto, mi decisión fue dar a conocer todas mis experiencias, fueran o no creídas.

Hoy, cuando esta maravillosa doctrina goza de buena salud y tiene en su poder herramientas para constatar la veracidad de estas afirmaciones por medio del estudio y el discernimiento, pueden ayudar mucho para entender y conocer mejor el espiritismo y sus manifestaciones operadas por los hermanos desencarnados, o espíritus, en momentos concretos en los que eran absolutamente necesarios. Recordemos que los espíritus no hacen nada que no tenga una utilidad.

Quiero aquí reincidir en un mensaje recibido de un espíritu que se identificó en su momento como «un espíritu que os ama», y que ya fue publicado en otro de mis artículos, para aclarar dudas, si las hubiera, y al mismo tiempo deshacer conceptos de cómo se pueden comunicar los espíritus.

(*)No se extrañen los centros espíritas de estas manifestaciones que alguna vez se reciben de espíritus elevadísimos, pues teniendo en cuenta que los hombres, en general, son muy atrasados y muy llenos de imperfecciones, es muy natural que Dios no escatime a sus hijos enfermos, ni en cantidad ni en calidad, todo aquello que necesiten para su mejoramiento y progreso.

 Es grandísima la influencia de esos espíritus y su amor, que les lleva a acudir a donde mayor falta hacen, y a menudo se comunican sin dar sus nombres para no fomentar el orgullo en los centros.

Como vemos, este mensaje queda avalado por las propias palabras del Maestro: «Los enfermos son los que necesitan médico».

Este podría ser mi legado: un pobre legado sin ningún valor y que solo lleva en sí el estudio, las experiencias y conocimientos que fue acumulando un espíritu en su largo viaje por el mundo de los encarnados, aún inacabado.

                                      Proclamar la verdad por: Mª Luisa Escrich

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

(*)Del libro “Higiene del espíritu”, que fue publicado en Villena en 1904, en la página 488, nº 185.

NO ES MORIR CUANDO SE MUERE

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No es morir cuando se muere

No es morir cuando se muere

 

No es morir cuando se muere,

solo de mundo se cambia;

mundo que espera encontrar

cuando al “cielo llega el alma.

 

Mas cuando a ese “cielo” llega

está la puerta cerrada.

¿Acaso no es este el Reino?,

se pregunta atribulada.

 

Llamo a las puertas del cielo

y permanecen cerradas.

 

¿Cuál es el precio a pagar

y que las puertas se abran?

 

Una voz de dulce tono

salió de una nube blanca.

 

-Para entrar en este reino

ha de estar muy limpia el alma;

debe haber amado mucho

aunque no haya sido amada.

 

Ofreciendo a sus hermanos

comprensión y tolerancia,

poniendo un broche de oro

con la Caridad, callada.

 

Así se abrirán las puertas

de ese reino al que tú llamas.

Si no pagas ese precio,

permanecerán cerradas.

 

Pero si ese precio pagas,

cuando llegues a la puerta

ya no tendrás que llamar,

pues la encontrarás abierta,

y entrarás en este Reino;

ya no tendrás que buscar,

habrás encontrado, alma,

una nueva realidad.

 

Mª Luisa Escrich  

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

EL ESPIRITISMO DE AYER

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El espiritismo de ayer

El espiritismo de ayer

¿Somos dueños de tomar nuestras decisiones?

Sin duda, a esta pregunta responderemos: Sí, somos dueños. Y respondemos bien, porque gozamos de libre albedrío. Sin embargo, no somos absolutamente dueños, nuestro libre albedrío está subordinado a una fuerza mayor que lo limita, algo muy superior.

Llega un momento en el cual el cansancio, por ejemplo, nos invade, y decidimos parar; echar el freno. A medida que transcurre nuestra existencia en la Tierra, el trabajo físico y mental va minando la resistencia del cuerpo hasta el agotamiento total, que llega en la senectud. Nos referimos al cuerpo físico. Pero… ¿qué papel juega el espíritu en todo este proceso?

Durante toda mi vida he reflexionado acerca de las cosas, situándolas en primera persona; es decir, desde mi propia experiencia, y he podido comprobar que el espíritu es determinante en nuestras vivencias; es impulsor, un motor capaz de transmitir al cuerpo físico la fuerza necesaria para coronar su proyecto evolutivo, que evidentemente ignoramos cuándo tendrá su término en esta reencarnación. Dios nos concede un tiempo en cada una de ellas.

Hoy día, y a mis noventa años de edad, he podido comprobar una vez más esa fuerza impulsora. He comentado ya el cansancio físico y mental a los que me sentía sometida; mi decisión de tomarme, no un descanso, sino el descanso: dejar de escribir, lo que equivale al descanso mental, puesto que el físico, por razones naturales, hace algún tiempo que se hizo indispensable.

Pero…

Queridos amigos, hermanos espirituales: de nuevo me dispongo a transmitir mis experiencias, dándoos a conocer hechos que tuvieron lugar hace muchos años. Lo que hoy escribo es muy posible, casi con toda seguridad, que sorprenderá a muchos de vosotros, pues no todos los espiritistas son conocedores de cómo era el espiritismo, y sobre todo, cómo se vivía con todas las fuerzas en contra y en momentos duros y peligrosos.

Ya apunté que en aquellos años, acabada la contienda civil, todas las religiones, creencias, filosofías… ajenas a la doctrina oficial (el catolicismo) fueron abolidas, y el espiritismo especialmente perseguido y castigado. He aquí un ejemplo de lo que se vivió.

Para nuestras reuniones y evitar situaciones peligrosas, elegíamos días con fechas conmemorativas, como cumpleaños, santos, comuniones, etc. ¿Cuál podría ser uno de esos peligros? Una denuncia. En aquellos tiempos eran muy frecuentes. Y eso es lo que nos ocurrió.

Nos habíamos reunido aquel día de mayo de 1944, aprovechando que el sobrino de uno de nuestros compañeros espíritas había hecho la primera comunión. Nos acompañaban, como es natural, los padres del niño, que no eran espiritistas, aunque sí simpatizantes, y sobre todo respetuosos con las creencias de los demás.

Un número de catorce personas componían nuestra reunión; número muy excesivo, puesto que todo grupo de más de tres o cuatro podría ser considerado sedicioso. Pero hacía ya mucho tiempo que nada nos inquietaba ni nos detenía. Cierto era que mucho nos jugábamos, pero también era mucho en lo que confiábamos.

Aproximadamente a las seis de la tarde, cuando hacía apenas media hora que estábamos reunidos, llamaron a la puerta insistentemente; con premura nos sentamos a la mesa en la que se había dispuesto una pequeña merienda consistente en un puchero de chocolate, unos vasos de leche y unas pastas caseras. Julio se dirigió a la puerta con toda naturalidad y abrió. Una pareja de policía de paisano entró en la casa un tanto acelerada, al tiempo que pronunciaban la conocida frase de «aquí se está celebrando una reunión clandestina». Penetraron en el pequeño comedor, quedando, por unos instantes, mudos; instantes que aprovechó el padre del niño para levantarse y dirigirse a los policías.

 ̶ Señores agentes  ̶ dijo ̶ , aquí, en efecto, se está celebrando una reunión, pero no tiene nada de clandestina; estamos unos cuantos familiares y amigos celebrando con una pequeña merienda la primera comunión de mi hijo; sin duda, su visita se debe a una denuncia, algo que dice muy poco en favor de quien la ha hecho.

En este punto hizo levantar de la mesa al niño, diciéndole:  «Saluda a los agentes».

Uno de ellos posiblemente seguía albergando algunas dudas y quiso asegurarse, haciéndole algunas preguntas:

 ̶ ¿Cómo te llamas?

 ̶ Pedro.

 ̶ Así que has hecho la primera comunión…

 ̶ Sí, esta mañana.

 ̶ ¿En qué iglesia?

 ̶ En la iglesia de San Antón.

 ̶ ¿A qué colegio vas?

 ̶ Al Colegio de San Antón.

 ̶ ¿Cómo se llama el director de tu colegio?

 ̶ Don Cosme.

 ̶ ¿Y tu profesor de religión?

 ̶ El padre Federico (*).

 ̶ Muy bien, pequeño. A partir de ahora debes ser muy bueno y obediente; has recibido al Niño Jesús, y si eres malo, se irá y entrará el demonio. ¿Comprendes? Bueno, señores  ̶ dijo, dirigiéndose al grupo ̶ , les dejamos festejando tan hermoso día para todos.

Antes de ausentarse, aun añadió: «Les aseguro que investigaremos esta denuncia. Buenas tardes».

Denuncias, registros, detenciones… así se vivía; eso era lo cotidiano. Pero no pudieron matar las ideas ni las creencias.

Queridos compañeros: casi al principio de mi relato dije que, casi con toda seguridad, podría sorprenderos. ¿Acaso no fue así?

También me he confesado como persona reflexiva y observadora, y he podido constatar que un buen número de aquellos que se llaman seguidores del espiritismo se conducen en él como si este fuera nuevo, y en cierto modo es lógico; hay mucha información, muchas facilidades y libertad ilimitada, y en el fuero interno se piensa… o quizá ni siquiera se piense que no siempre fue así. El espiritismo no es nuevo; es tan viejo como la propia humanidad, y en el presente, e incluso en el pasado, lo único que lo ha diferenciado ha sido la interpretación que hacemos de él, y sobre todo, de qué manera influye en nosotros. El espiritismo es algo más que el estudio sistematizado de la doctrina; y ser espiritista implica el compromiso de dar respuesta a lo que nos demanda, sobre todo en los momentos más difíciles y conflictivos, sin dudas ni vacilaciones.

No sé… Quizá Dios me haya hecho llegar hasta hoy para daros testimonio con mis experiencias de las dificultades y peligros que conllevaba ser espiritista, y la decisión firme de no permitir la desaparición del espiritismo por parte de un puñado de fieles diseminados, sin duda, por todo nuestro territorio nacional; un espiritismo que, me atrevo a señalar, tiene un paralelismo con el primitivo cristianismo; ambos fueron denostados y perseguidos y ambos guardan en sí sus propios mártires.

Pero eso es otra realidad.

(*) Los nombres, obviamente, han sido cambiados.

El espiritismo de ayer por: Mª Luisa Escrich

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

LA MORADA DE DIOS

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La morada de Dios

Incansable busco a Dios.

¿Dónde le podré encontrar?

 

Poco tendrás que buscar,

alma en el mundo encarnada…

Dios está en nuestro interior,

las almas son su morada.

 

Si en nuestro interior no está,

no le habremos dado entrada,

porque Dios no puede entrar

en casa contaminada.

 

Debemos limpiar la casa;

no importa cuánto se tarde

en limpiar esa morada

que es nuestra alma inmortal;

si la conservamos limpia,

Él jamás la dejará.

 

Porque Dios no desespera;

infinita es su paciencia

y esperará a que nosotros

conquistemos para el alma

su primitiva inocencia.

 

No miremos hacia atrás;

olvidemos el pasado;

por mucho que lo queramos,

no podremos alterar

todo lo ya realizado.

 

Pensemos que en el presente

está la oportunidad

mediante un esfuerzo duro

rescatar las viejas deudas

asegurando el futuro.

 

Quedando limpia la casa

será ya de Dios morada,

y en la morada de Dios

tendrán las almas entrada.

 

María Luisa Escrich

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

AUTOCRÍTICA FINAL

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Autocrítica final

AUTOCRÍTICA FINAL

Soy María Luisa Escrich.

Quizá esto que ahora escribo sea el final de cuanto he ido escribiendo a lo largo de estos últimos años. He cumplido noventa, y me encuentro algo cansada; no por el hecho de escribir, no es esa la causa. La verdad es que nunca me ha gustado la inactividad y no recuerdo haberme visto de brazos cruzados; así pues, son muchas las causas de mi cansancio, físico y mental. Hace algún tiempo, en uno de mis relatos apunté que, por ejemplo, recordar también fatiga, y yo tengo muchos recuerdos…

Hoy escribo, y lo  que quiero es hacer una autocrítica de todo cuanto dejo escrito. Mis poemas son sencillos; jamás me consideré una poetisa; para optar a este título hay que acercarse, aunque solo sea un poquito, a Machado, Lorca, Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández… y tantos otros del pasado más remoto y del presente más cercano. Así pues, mis versos son solo eso: mis versos; mis «Poemas del alma»; aunque es posible que ni siquiera sean considerados como «poemas» por los grandes eruditos, y tal vez debería haberles dado el nombre de Impresiones del alma. De cualquier manera, fueron escritos desde el corazón a todo cuanto guarda la naturaleza y a las impresiones que experimenta el espíritu. En cuanto a los relatos, son un juego entre la historia y la fantasía y la propia invención. Un divertimento.

Como dije, ayer, día 24 de abril de 2020, cumplí noventa años en plenas facultades mentales y con un enorme cansancio físico agravado por un confinamiento forzado a causa de esta tremenda pandemia que azota a toda la humanidad.

Muchas son las horas que dan margen para meditar reflexionar, para hacer una valoración de todo cuanto acontece y la oportunidad que tenemos para pensar en nosotros mismos: cómo podemos ahondar en nuestro interior; sacar a la luz todo lo que hay dentro de nosotros , lo bueno y lo menos bueno, con valentía; qué hemos hecho mal, en todos los órdenes; en qué medida deberíamos asumir nuestra parcela de responsabilidad en esta y otras pandemias, contaminando la tierra, el aire y el mar, generando virus cada vez más agresivos… Hoy sufrimos una pandemia originada por un virus desconocido que se está cobrando una ingente cantidad de víctimas.

Esta epidemia global y este confinamiento me han dado muchas horas para hacer esta reflexión: Cuántas pandemias ha sufrido la Humanidad desde que el hombre ha ido impactando sobre la naturaleza, las ya olvidadas ‘peste negra’, ‘sida’, ‘gripe española’, ‘ébola’…

Pero esta pandemia que hoy nos ataca no es la única, desde hace muchos años la raza humana sufre una crisis pandémica crónica: es la del hambre, la sed y la insolidaridad originada por ese modelo de bienestar que nos hemos dado: Pocos con mucho, muchos con poco; muchísimos sin nada.

Este virus pasará, como pasaron los otros, pero las pandemias crónicas seguirán, y seguirán sin contabilizarse las víctimas porque estarán olvidadas; como si no existieran. Perdurarán, a menos que haya un cambio en las conciencias.

Dedico un recuerdo y agradecimiento a todos aquellos que, como soldados de ataque en primera línea de fuego, están y estarán hasta el final, dando lo mejor de sí mismos, auxiliando a sus semejantes. No es necesario conocer sus nombres ni lo que están haciendo; está en la memoria de todo hombre de bien. Pero que no duden jamás que están apuntados en el Libro de Dios. Todo queda apuntado en el Libro de Dios.

No acuso. No soy juez. Solo reflexiono.

Mª Luisa Escrich.

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

UN TRABAJO PERSONAL

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Un trabajo personal

Un trabajo personal

Funesta inclinación la del hombre al huir de sí mismo cuando se contempla, porque le horroriza lo que ve; siendo así al contrario: no debe apartar nunca la vista para evitar los extravíos y los ímpetus de su corazón, viviendo esa vida íntima que no consiente las manifestaciones sino después de consultar la razón y dirigida la voluntad hacia el bien. Procurar estudiarse con interés, con ahínco, con entusiasmo, sin acobardarse ni desistir, y en medio de ese rudo trabajo distraerse con los goces del arte; la inteligencia con la cultura intelectual. (De la obra: Higiene del Espíritu. Año 1904).

Eso es lo que deberíamos perseguir. Sin embargo, tratamos de evitar reconocer cómo somos en realidad; deberíamos ser capaces de estudiarnos con objetividad; observarnos con interés y valentía; no apartar la vista, ni huir de nosotros mismos; evitar los ímpetus del corazón; aprender a consultar con la razón antes de pensar o actuar, y de esa forma dirigir la voluntad hacia el bien; sacar fuera de nosotros todo lo bueno y lo malo que nos caracteriza, analizándolo en profundidad con el fin de ir desechando toda negatividad mediante una limpieza que vaya potenciando nuestros valores morales, que, tal como nos señala el mensaje, nos proporcionará esa vida íntima que no consiente los extravíos; un trabajo personal, en solitario, fortalecido con la oración.

Y en medio de ese rudo trabajo, distraerse con los goces del arte, que es así mismo sustento para el espíritu y para la materia. El arte como la música, la poesía, la pintura o la buena literatura, son las facultades que Dios concede a sus hijos para el desarrollo de la inteligencia; cultura intelectual, que a veces menospreciamos porque la consideramos innecesaria, siendo así muy al contrario; una humanidad con un buen acervo cultural haría posible, entre otras, la coexistencia, porque aprendería la diversidad de las sociedades.

Una inteligencia bien desarrollada conduciría, sin lugar a dudas, a la comprensión, la tolerancia y el respeto a quienes poseen otras costumbres, otra forma de pensar, de ver las cosas. Y en ese punto, nunca intentaría imponer su propia forma, sino que procuraría conciliarse con los demás mediante un ejercicio de buena voluntad.

Pero esto solo será posible si estamos dispuestos a reconocernos tal como somos y si estamos decididos a trabajar con ahínco en nuestra renovación espiritual. Solo así, potenciando nuestra voluntad día a día, lograremos un drástico cambio personal, haciendo posible el cambio de toda sociedad.

Cuando vamos pronunciando esas bellas palabras que Jesús nos enseñó (venga a nosotros tu reino) no comprendemos bien el alcance de ellas; el Reino de Dios es un reino de Amor; pero el amor no se adquiere en ningún comercio, no se compra; nosotros somos quienes lo gestamos mediante el rudo trabajo de la renovación interior; no son las palabras, son los hechos los que cuentan. Porque el Reino de Dios está en nosotros, pero no lo vemos ni lo disfrutamos, porque para que así sea necesitamos una buena higiene del espíritu.

                                                  Un trabajo personal por: Mª Luisa Escrich

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

LAS IMPERFECCIONES DE LA TIERRA

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Las imperfecciones en la Tierra

Las imperfecciones en la Tierra

No debe uno dejarse llevar por las corrientes de la vida como barca sin timón ni brújula, sino resistirse a ellas, proclamándose con firme voluntad el fin de la perfección y mejoramiento. Dios es dueño de infinitas fincas, o sea, los mundos, cuyo cuidado y progreso confía a los espíritus.

Siendo la Tierra de tan escasa importancia en el Universo, no han de ser ni muy perfectos ni muy elevados los espíritus encargados de su custodia y mejoría. (Párrafo extraído del punto nº 26 del resumen del libro “Higiene del espíritu”. Año 1904).

El estudio sistemático de la Doctrina Espírita nos ha enseñado que el planeta Tierra es uno de los más atrasados (hasta ahora). Cierto es que nuestro pasado está marcado por profundas imperfecciones y defectos debidos al comportamiento de los seres humanos: guerras, genocidios, oscurantismo religioso… Miles de faltas de todo orden que, por siglos, han tenido al hombre rehén de sí mismo, dejándose arrastrar por corrientes ensombrecidas, sin voluntad propia para cultivar otras tendencias acordes con los fines para los que ha sido creado, la perfección y mejoramiento moral.

Para comprender bien el mensaje, es preciso recordar que los espíritus están entre nosotros dispuestos a darnos enseñanzas y deshacer muchos conceptos erróneos, clarificando nuestras ideas. Una de estas ideas era, y aún es en algunos centros espíritas, la creencia de que los espíritus, por el hecho de serlo, han de tener una elevación y sabiduría muy superiores. Ellos mismos nos han enseñado que no es así, a través de sus mensajes.

En aquella época, el espiritismo estaba en pañales, y los espiritistas no habían alcanzado aún la capacidad para comprender todos los conceptos de la nueva doctrina, la doctrina de los espíritus.

Hoy, gracias a la Codificación y los avances en el estudio, hemos adquirido más conocimientos; el mundo espiritual se ha acercado mucho al mundo material con las manifestaciones mediúmnicas, directas o psicográficas, sus lecciones… Una de ellas fue darnos a conocer, con el Libro de los Espíritus, la escala evolutiva de los espíritus, por cuya razón estos ocupan su lugar de actuación, según la afinidad al lugar donde desarrollan su trabajo; pero debemos entender que esos espíritus van alcanzando grados de progreso evolutivo, gracias a su empeño y dedicación, aun a pesar de lo poco o mucho que progresemos nosotros.

Así pues, su elevación, a pesar de no ser perfectos según la escala, es muy superior a la nuestra, y muchos hermanos superiores se acercan a nosotros cuando lo estiman oportuno, útil o necesario para instruirnos, y, al tiempo, ayudar a esos hermanos a seguir creciendo. Es toda una manifestación del más puro Amor.

Nuestro planeta, tal como se anunció, está inmerso en un cambio total. La transición planetaria ya en marcha. De acuerdo a lo que se nos ha dicho, ya está “madura”, y para llevar a cabo tal empeño, numerosos espíritus altamente preparados ya están entre nosotros, tanto encarnados como desencarnados, y el Maestro Jesús, gobernador de la Tierra, haciendo cumplir la voluntad de nuestro Padre Celestial.

Muchos de los hermanos que trabajan por nuestro progreso quizá soliciten reencarnar de nuevo; ir a otros mundos llevando sus conocimientos a hermanos más atrasados, o seguir trabajando desde el mundo espiritual, todo acorde con la Ley de Amor y Solidaridad.

A nosotros, los espiritistas de hoy, nos cabe una enorme responsabilidad con esta reencarnación. Se nos ha dado una preciosa oportunidad, y solo nosotros debemos decidir qué hacer con ellos. Dios no hace las cosas porque sí, y cuando hace una elección otorgando esos conocimientos, es con un propósito; y en este momento Su propósito es transformar nuestro mundo de sufrimiento en uno feliz y, sin duda, a nosotros nos ha señalado para que seamos obreros en esta transición, desde este lado de la vida.

Hagamos algo con nuestros conocimientos; hagamos que fructifiquen, sembrando Amor y Solidaridad entre nosotros los encarnados, y colaborando en la labor del mundo espiritual.

Las imperfecciones de la Tierra por: Mª Luisa Escrich

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

 

SALUD DE CUERPO Y MENTE

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Salud de cuerpo y mente

SALUD DE CUERPO Y MENTE

“Son excelentes remedios para curar las enfermedades del alma y, por lo tanto, las del cuerpo, la lectura, la meditación, el estudio y la música; pero el más poderoso es la Actividad».

«Existen también dos elementos esencialísimos y de maravillosa eficacia: la verdad y la naturaleza” (del libro Higiene del Espíritu).

Contemplar la Naturaleza en toda su maravillosa perfección nos lleva inevitablemente a considerar una Verdad incuestionable: su Creador, ¡Dios!

Cierto es que la lectura de un buen libro, la meditación, etc., etc., son capaces de aliviar, y aún curar, lo que conocemos como enfermedades del cuerpo, y que no son otra cosa que una deficiencia en el conocimiento del alma. Dios, a lo largo de toda la historia de la humanidad, ha ido forjando cerebros con capacidad para transmitir todo cuanto el ser humano precisa para su desarrollo como ente espiritual, a través de todos esos elementos; literatura, música, pintura, arquitectura, poesía…todo inspiración de la Suprema Mente Creadora.

Así pues, cultivando sanamente nuestro espíritu, nuestro cuerpo se sentirá beneficiado; pero sin olvidar que el cuerpo es materia que necesita ser atendida y cuidada; al fin, es el vehículo que sustenta al alma, en tanto está encarnada.

-La Actividad, la fuerza más poderosa –nos dice el espíritu amigo. Sin duda. Todos esos remedios deben ser aplicados para mantener el cuerpo y la mente activos. La Pasividad nos estanca, y el espíritu retrasa considerablemente su progreso.

La Pasividad es hermana gemela de la Pereza. Dios ha dotado al ser humano de armas muy poderosas, en forma de capacidades, para combatir todo cuanto al alma pueda entorpecer en su desarrollo. Lo ha dotado con la Voluntad.

Desarrollar esa fuerza que todos tenemos nos liberará de esa pereza que nos hace caer en la desidia. La fuerza de voluntad nos hace capaces de alcanzar más pronto que tarde nuestros objetivos. Con una buena dosis de esa fuerza mantendremos un cuerpo sano a través de una mente sana.

                                           Salud de cuerpo y mente por: Mª Luisa Escrich García

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