PROCLAMAR LA VERDAD

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Proclamar la Verdad

Proclamar la Verdad

En los últimos años, a instancias de mis queridos compañeros del Grupo Villena, he ido relatando todas y cada una de mis experiencias espiritistas, acumuladas durante muchos años, y que nunca pensé que pudieran tener la importancia que ellos me hicieron entender.

Todas aquellas experiencias, recuerdos y vivencias han estado siempre vivas y claras en mi memoria; fueron enormemente importantes como para ser olvidadas. Deseo recordar que todas ellas fueron vividas a una edad en la que todo es nuevo; cualquiera enseñanza que un niño recibe, cualquier materia, es un descubrimiento, y… ¿qué impacto puede recibir un espíritu «joven» cuando ese descubrimiento proviene de un mundo que, aun sabiendo que existe, no se ha manifestado hasta ese momento?

He apuntado joven entre comillas ya que, como todos sabemos, el espíritu puede ser mucho más viejo de lo que creemos, pero a los catorce o quince años, eso se ignoraba: el espiritismo aún estaba en su desarrollo y luchando por su supervivencia. Como he referido más de una vez (y es necesario seguir recordándolo), todo cuanto teníamos era el testimonio aportado por aquellos viejos espiritistas que sobrevivieron a los acontecimientos que tuvieron lugar en aquellos años; carecíamos de libros; muchos fueron quemados, no solo aquellos que fueron víctimas de lo que se conoce como «Auto de Fe» de Barcelona, en el año 1861, donde fueron quemadas 300 obras espiritistas, sino otros muchos que lo fueron, por miedo, años después.

Así pues, no debe extrañar que, desde el mundo espiritual, viniera esa ayuda que necesitábamos, y Dios, bondadoso, permitió aquellas manifestaciones, en aquellos tiempos extraordinarias, que impactaron en mí, y que han sido mis compañeras de mi viaje por este planeta.

Siempre albergué el temor de que aquellos acontecimientos de orden espiritual, como he dicho extraordinarios, fueran considerados (creo haberlo apuntado ya) pura invención o, lo que considero más doloroso, un afán de protagonismo. Los alegatos de mis compañeros me hicieron recordar una hermosa frase que recogí del libro “Higiene del espíritu”. La frase rezaba así:

«No hay falta más grave que saber la verdad y ocultarla, o enseñar una mentira».

Por lo tanto, mi decisión fue dar a conocer todas mis experiencias, fueran o no creídas.

Hoy, cuando esta maravillosa doctrina goza de buena salud y tiene en su poder herramientas para constatar la veracidad de estas afirmaciones por medio del estudio y el discernimiento, pueden ayudar mucho para entender y conocer mejor el espiritismo y sus manifestaciones operadas por los hermanos desencarnados, o espíritus, en momentos concretos en los que eran absolutamente necesarios. Recordemos que los espíritus no hacen nada que no tenga una utilidad.

Quiero aquí reincidir en un mensaje recibido de un espíritu que se identificó en su momento como «un espíritu que os ama», y que ya fue publicado en otro de mis artículos, para aclarar dudas, si las hubiera, y al mismo tiempo deshacer conceptos de cómo se pueden comunicar los espíritus.

(*)No se extrañen los centros espíritas de estas manifestaciones que alguna vez se reciben de espíritus elevadísimos, pues teniendo en cuenta que los hombres, en general, son muy atrasados y muy llenos de imperfecciones, es muy natural que Dios no escatime a sus hijos enfermos, ni en cantidad ni en calidad, todo aquello que necesiten para su mejoramiento y progreso.

 Es grandísima la influencia de esos espíritus y su amor, que les lleva a acudir a donde mayor falta hacen, y a menudo se comunican sin dar sus nombres para no fomentar el orgullo en los centros.

Como vemos, este mensaje queda avalado por las propias palabras del Maestro: «Los enfermos son los que necesitan médico».

Este podría ser mi legado: un pobre legado sin ningún valor y que solo lleva en sí el estudio, las experiencias y conocimientos que fue acumulando un espíritu en su largo viaje por el mundo de los encarnados, aún inacabado.

                                      Proclamar la verdad por: Mª Luisa Escrich

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

(*)Del libro “Higiene del espíritu”, que fue publicado en Villena en 1904, en la página 488, nº 185.

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