AUTOCRÍTICA FINAL

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Autocrítica final

AUTOCRÍTICA FINAL

Soy María Luisa Escrich.

Quizá esto que ahora escribo sea el final de cuanto he ido escribiendo a lo largo de estos últimos años. He cumplido noventa, y me encuentro algo cansada; no por el hecho de escribir, no es esa la causa. La verdad es que nunca me ha gustado la inactividad y no recuerdo haberme visto de brazos cruzados; así pues, son muchas las causas de mi cansancio, físico y mental. Hace algún tiempo, en uno de mis relatos apunté que, por ejemplo, recordar también fatiga, y yo tengo muchos recuerdos…

Hoy escribo, y lo  que quiero es hacer una autocrítica de todo cuanto dejo escrito. Mis poemas son sencillos; jamás me consideré una poetisa; para optar a este título hay que acercarse, aunque solo sea un poquito, a Machado, Lorca, Juan Ramón Jiménez, Miguel Hernández… y tantos otros del pasado más remoto y del presente más cercano. Así pues, mis versos son solo eso: mis versos; mis «Poemas del alma»; aunque es posible que ni siquiera sean considerados como «poemas» por los grandes eruditos, y tal vez debería haberles dado el nombre de Impresiones del alma. De cualquier manera, fueron escritos desde el corazón a todo cuanto guarda la naturaleza y a las impresiones que experimenta el espíritu. En cuanto a los relatos, son un juego entre la historia y la fantasía y la propia invención. Un divertimento.

Como dije, ayer, día 24 de abril de 2020, cumplí noventa años en plenas facultades mentales y con un enorme cansancio físico agravado por un confinamiento forzado a causa de esta tremenda pandemia que azota a toda la humanidad.

Muchas son las horas que dan margen para meditar reflexionar, para hacer una valoración de todo cuanto acontece y la oportunidad que tenemos para pensar en nosotros mismos: cómo podemos ahondar en nuestro interior; sacar a la luz todo lo que hay dentro de nosotros , lo bueno y lo menos bueno, con valentía; qué hemos hecho mal, en todos los órdenes; en qué medida deberíamos asumir nuestra parcela de responsabilidad en esta y otras pandemias, contaminando la tierra, el aire y el mar, generando virus cada vez más agresivos… Hoy sufrimos una pandemia originada por un virus desconocido que se está cobrando una ingente cantidad de víctimas.

Esta epidemia global y este confinamiento me han dado muchas horas para hacer esta reflexión: Cuántas pandemias ha sufrido la Humanidad desde que el hombre ha ido impactando sobre la naturaleza, las ya olvidadas ‘peste negra’, ‘sida’, ‘gripe española’, ‘ébola’…

Pero esta pandemia que hoy nos ataca no es la única, desde hace muchos años la raza humana sufre una crisis pandémica crónica: es la del hambre, la sed y la insolidaridad originada por ese modelo de bienestar que nos hemos dado: Pocos con mucho, muchos con poco; muchísimos sin nada.

Este virus pasará, como pasaron los otros, pero las pandemias crónicas seguirán, y seguirán sin contabilizarse las víctimas porque estarán olvidadas; como si no existieran. Perdurarán, a menos que haya un cambio en las conciencias.

Dedico un recuerdo y agradecimiento a todos aquellos que, como soldados de ataque en primera línea de fuego, están y estarán hasta el final, dando lo mejor de sí mismos, auxiliando a sus semejantes. No es necesario conocer sus nombres ni lo que están haciendo; está en la memoria de todo hombre de bien. Pero que no duden jamás que están apuntados en el Libro de Dios. Todo queda apuntado en el Libro de Dios.

No acuso. No soy juez. Solo reflexiono.

Mª Luisa Escrich.

© 2020 Amor, Paz y Caridad.

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