EL ALMA DE UN GRUPO

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El alma de un grupo

El alma de un grupo

Todo, absolutamente todo cuanto nos acontece en este mundo tiene una razón de ser; todo tiene un sentido, un propósito, una finalidad; nada ocurre por casualidad.

Este párrafo, tantas veces comentado, forma parte del conocimiento que, de la mano del espiritismo, hemos adquirido y aceptado, sobre todo por aquellos que en su día decidieron sumarse a la gran familia espiritista..

Hoy cobra de nuevo vigencia, como consecuencia de la terrible crisis que nos envuelve. A pesar de poseer esos conocimientos, cuando un acontecimiento extraordinario nos golpea no siempre reaccionamos de forma positiva y nos dejamos arrastrar por corrientes comunes… Hoy se manifiesta con fuerza una de esas razones o finalidades; es decir, que nada ocurre por casualidad.

Tenemos conocimiento de la Transformación Planetaria, y en esa transformación concurren varios fenómenos, de los cuales ya estamos viendo y sintiendo sus efectos; el último, el coronavirus.

Esta terrible pandemia ha sacudido con extrema virulencia a toda la humanidad, y sin duda alguna, a todos nos ha afectado de una u otra forma, y los grupos espiritualistas, o espiritistas, como prefiráis, no están exentos; antes al contrario, son más vulnerables, y sabemos por qué.

Creo sinceramente que todo cuanto está sucediendo desde hace ya algunos años, y con esta pandemia en particular, el mundo superior (en el que todos creemos) ha venido poniendo a prueba la solidez de los grupos, y creo también que deberíamos preguntarnos si realmente son tan sólidos como debieran. ¿Cómo saberlo? No es difícil; someternos constantemente a un autoexamen; cada uno de los miembros debe ahondar dentro de sí, analizando su propia solidez; analizando sus sentimientos, sus motivaciones.

Cuando un grupo lleva mucho tiempo de convivencia, esta corre el riesgo de transformarse en rutina, y eso no es bueno. Para que eso no suceda, cada uno debería preguntarse, precisamente, lo que le motiva a acudir al centro, porque a un centro espírita no se puede ir ni por inercia, ni por obligación ni por sacrificio. A un centro espírita se debe ir con ilusión, con el deseo de compartir con los compañeros unas horas de estudio, de oración y trabajo en común, y por qué no, de una sana y alegre camaradería.

Para que todo funcione bien hay que poner el alma, porque el alma del grupo se sustenta con lo que cada uno aporta, y a mi modesto entender, en cuatro pilares fundamentales: confianza, sinceridad, lealtad y compromiso de trabajo. Todo ello puesto al servicio de todos, bien cubierto con una buena dosis de la más sublime caridad.

Un centro espírita debe ser como una piña, palabra muy manida, pero sí, una piña siempre verde, fuertemente cerrada y prieta; con todos los piñones dentro, y que todos se afanen en evitar que a la piña le salgan manchas marrones, y si esto ocurre se volverá parda, se secará y se abrirá; y los piñones se caerán, dispersándose…

Un centro espiritista es una escuela permanente en donde la asignatura más importante es el Amor.

En un centro espírita, sobre todo ahora, cuando toda la humanidad sufre tan terrible prueba, no se debe olvidar (insisto) que esta prueba es especialmente importante para los grupos. La familia espiritista no debe vivir con miedo; sí con responsabilidad. La familia espiritista no debe olvidar nunca que Dios está aquí, con todos sus hijos, y tiene apuntado cada acontecimiento y pruebas que nosotros hemos elegido y que, de una forma u otra, tendrán su cumplimiento.

Os invito a recordar las palabras del evangelio: Se pedirá mucho al que haya recibido mucho.

Queridos amigos-compañeros-hermanos en doctrina:

Somos trabajadores de la última hora y el trabajo que se nos ofrece es muy duro; podemos considerar que nos ha tocado lidiar con el peor ganado, pero no retrocedamos; lidiemos con valentía, y el Mundo Superior lidiará junto a nosotros. Y Jesús, el Maestro, sonreirá contento al ver a sus hermanos pequeños ¡unidos!

                                Mª Luisa Escrich

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

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