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EL ÁNGEL DE LA GUARDA

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El ángel de la guarda

El ángel de la guarda

El ángel de la guarda o espíritu protector; viejo amigo. Hablamos de él constantemente; le evocamos pidiéndole ayuda y protección, la mayoría de las veces por inercia, porque desde pequeños nos han enseñado que, cuando nacemos, nos ponen un ángel para que nos proteja de todo mal. Pero no nos enseñan cómo es en realidad la misión que nuestro ángel, libremente aceptada por él, ha de cumplir con nosotros. Su misión es la de orientarnos; qué debemos hacer para no equivocarnos en nuestras actuaciones, y eso lo hace mediante la inspiración. El problema está en que nosotros tomamos decisiones sin consultar con la razón, que es precisamente en donde él deposita sus consejos y orientaciones.

Cuando nos lanzamos a realizar un proyecto, no nos acordamos de él, y antes de ponerlo en marcha y pedirle ayuda para no tomar decisiones precipitadas; que nos ilumine para no equivocarnos; lo que hacemos en realidad es poner en marcha el proyecto sin meditar las consecuencias, y le pedimos que todo nos salga bien; le pedimos un milagro.

No nos han enseñado que todo cuanto tenemos que realizar en la Tierra es un trabajo que debemos hacer nosotros, y que nuestro ángel está ahí para impulsar nuestros deseos de trabajar, para ayudarnos a levantar nuestro ánimo cuando nos vence el desaliento. Él nos dice: ¡Ánimo, hermano! ¡Levántate; trabaja! ¡Tu esfuerzo tendrá su recompensa, y yo estoy aquí para ayudarte!

Sin embargo, no podemos escucharle porque estamos desintonizados; transitamos por la vida envueltos en una vorágine materialista que no cede tiempo para el análisis de nuestra existencia; averiguar para qué estamos aquí y cuál es nuestra misión en la Tierra, que no es otra que la que explicamos más arriba: trabajar por y para nosotros, pero como entes espirituales; solo así, con el conocimiento de cómo somos y cómo debemos ser, la sintonía con nuestro ángel estará garantizada y nos será muy fácil advertir su presencia a nuestro lado y escuchar sus consejos, muchos de los cuales nos los da en forma de señales, y que si nos detuviéramos unos momentos para hacer memoria, encontraríamos algún episodio en el cual nos dio esa señal.

He narrado en varias ocasiones mis experiencias con el espiritismo, y Dios, que ha decidido mantenerme en este mundo, me da la oportunidad de seguir observando para adquirir nuevas experiencias y conocimientos, pero basados en la razón, en la observación… ¿Puede ser esto una prueba?

Después de toda una semana recluida en casa a causa de un fuerte catarro, a la semana siguiente, y encontrándome mejor, decidí salir de casa el día de nuestro trabajo en el centro; sin embargo, aun encontrándome mejor, como ya he dicho, no estaba bien del todo, así que pensé: Quiero ir, ese es mi deseo; sin embargo, puedo recaer. Aun así, como mi deseo es noble, mi buen ángel me ayudará… ¿Qué hacer?

 Llegado el día, dispuesta a ir al trabajo, un golpe de tos, un brusco malestar y un tremendo dolor en todo mi cuerpo acabaron cancelando mi salida. ¿Casualidad? Nada ocurre por casualidad. Pedí a mi ángel ayuda para hacer lo correcto y él respondió a mi demanda; esa fue su señal: me puse peor para que comprendiera que, al no estar bien del todo, debía quedarme en casa hasta quedar totalmente recuperada.

Así pues, solo necesitamos dedicar unos minutos a la reflexión antes de tomar decisiones precipitadas, pidiendo ayuda mediante la oración a nuestro buen ángel; establecer con él el compromiso de trabajar sin desmayo en nuestro mejoramiento moral, y de ese modo, poco a poco, conseguir esa sintonía que va a hacer posible sentirle a nuestro lado y oír sus consejos; seremos capaces de interpretar las señales que nos proporciona como advertencia de lo que no debemos hacer, lo que equivale a eso que conocemos como voz de la conciencia.

No le evoquemos, pues, por inercia; hagámoslo como al mejor amigo al que Dios nos ha confiado; un amigo incondicional que solo desea que le escuchemos para que no nos desviemos del camino que conduce a la plenitud, que es el destino final del espíritu.

El Ángel de la guarda por: María Luisa Escrich

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

PUERTA EQUIVOCADA

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Puerta equivocada

Puerta equivocada

 

Queremos abrir las puertas

que se nos cierran, y entrar;

se nos ofrecen abiertas

y no queremos pasar.

 

Así ocurre con el alma:

llama alocada a las puertas,

clamando felicidad

a puertas que están cerradas.

 

Hace siglos, el Maestro

las abrió de par en par

mostrándonos generoso

cómo poderla encontrar.

 

Pero era duro el trabajo;

había que renunciar

a lo que al cuerpo apetece,

y nos negamos a entrar.

 

Han pasado veinte siglos,

pero seguimos igual,

llamando a puertas cerradas

clamando felicidad.

 

Y la seguimos buscando

en el sitio equivocado,

aun sabiendo dónde está.

 

Puerta equivocada por: Mª Luisa Escrich

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

ENTENDER EL AMOR

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Entender el Amor

Entender el Amor

Cuántas, cuantísimas veces hemos hablado del amor situándolo en torno al campo de la materia, es decir, limitándolo a los sentidos, a eso que es en general atracción física y que, superada esta, solo nos queda un vacío emocional, y en muchos casos el hastío, porque solo interactúa en nuestra parte más primitiva.

Esta pequeña reflexión acerca del amor, del que tantos poetas y escritores han hablado, no tiene ningún valor nuevo que añadir; sin embargo, si nos fijamos bien, veremos que siempre encontramos a alguien que nos impulsa a reflexionar, y vemos que, acerca del Amor, nunca se acaba de decirlo todo.

Sócrates, en el libro Diálogos del pensador griego Platón, nos relata las enseñanzas que recibió de Diotima, una mujer de Mantinea, sabia en todo lo concerniente al Amor y otras muchas cosas. Prescribió a los atenienses un sacrificio que retardó una peste de la que estaban amenazados.

Diotima dice a Sócrates, entre otras consideraciones, lo siguiente:

Todos los hombres, Sócrates, son capaces de engendrar según el cuerpo y según el alma, y cuando han llegado a cierta edad, su naturaleza siente avidez de engendrar. Además, no puede producir en la fealdad sino en la belleza: La unión de hombre y mujer es una producción, y esta producción es una obra divina: fecundación y generación, a las cuales el ser mortal debe un carácter de inmortalidad. (Platón, Diálogos, extracto de la página 183).

El subrayado es mío.

Esto es, pues, lo que es el Amor divino; este es el que se distingue del Amor simplemente humano; al menos esto es, a mi parecer.

En uno de mis poemas dije lo que para mí significa saber buscar el amor, algo que, sin duda, aprendemos cuando nos acomete la decepción, porque nos hemos equivocado cuando, como y donde hemos buscado. En aquel poema, en uno de sus versos me referí al tiempo que puede perdurar el Amor, y que de nuevo recuerdo:

Amor eterno en el tiempo

cuando es Amor verdadero;

cuando este es solo pasión,

será Amor perecedero.

Creo que es así como podemos comprender mejor las palabras de Diotima cuando asegura que el amor es una producción divina; y no puede ser de otro modo, porque es un producto que nace del espíritu y el espíritu es un producto de Dios, y por lo tanto, inmortal.

Es muy de desear que, más pronto que tarde, el ser humano aprenda a buscar el Amor allí…

donde reside en verdad,

y una vez lo haya encontrado

que no lo deje escapar,

creando un campo fecundo

donde florezca con fuerza

ese Amor Universal.

 

                                                        Entender el amor por: María Luisa Escrich

                                                                          © 2021, Amor, Paz y Caridad.

 

 

EL SUBLIME PEREGRINO

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El sublime peregrino

El sublime peregrino

 

Un espíritu perfecto

en cuerpo mortal cautivo,

que descendió de los Cielos

para decirle a los hombres

que es eterno su destino.

 

Hay quien negó su existencia

y que fue tan solo un “mito”,

que jamás estuvo aquí;

y negando su presencia,

negaron también la Cruz

donde le hicieron morir.

 

Si nunca encarnó en la Tierra,

si se niega su presencia

¿qué humano fuere capaz

de difundir enseñanzas

como su divino verbo

con las bienaventuranzas?

 

¿Qué humano fuere capaz

de enseñar la Caridad,

el amor y el altruismo?

Dijo “¡Amad primero a Dios

y al prójimo como a sí mismo!

 

-¡Quien cree en mí no morirá

y tendrá la vida eterna!

 

Esas hermosas palabras

y esa bendita esperanza

en tan glorioso destino

solo las pudo ofrecer

el Sublime Peregrino.

 

Mª Luisa Escrich

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

ESPÍRITUS AGRADECIDOS

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Espíritus agradecidos

Espíritus agradecidos

Desde que comencé a relatar mis experiencias, he comentado que todas ellas fueron auténticas lecciones para nosotros, pues de cada una sacamos conocimientos del mundo de los espíritus a través de las manifestaciones mediúmnicas; consejos, orientaciones, mensajes que los propios hermanos desencarnados nos hicieron la caridad de ofrecernos.

Sabemos que hay una verdad evidente, nunca dejar de instruirnos; a veces induciéndonos a reflexionar acerca de cualquier tema que se suscitara. Muchas ocasiones, y sin que nos demos cuenta, influyen en nosotros a la hora de tomar decisiones, siempre justas, aunque no siempre les hagamos caso, porque aún no hemos aprendido a escucharles. Y a veces, tal es desde hace algún tiempo mi caso, extrayendo de mi memoria los recuerdos y experiencias que he venido contando, alguno de ellos totalmente olvidados. Hoy me dispongo a relatar una de estas anécdotas en la que los espíritus nos volvieron a sorprender.

Contar esta anécdota da al traste con mi decisión de no seguir escribiendo, lo que me lleva a una reflexión: Mientras permanecemos ocupando el cuerpo que se nos dio para nuestro crecimiento espiritual, es señal inequívoca de que todavía nos queda algo por hacer.

(*)Esta anécdota constituyó un nuevo aprendizaje:

Estábamos, como siempre, reunidos, y acabado el trabajo, nos dispusimos a tomar nuestro cafetito y pastas caseras. La conversación se fue generalizando, y cada uno de los compañeros fueron contando recuerdos de juventud, chistes, chascarrillos, que dieron lugar a momentos de gran jolgorio y sana alegría; así fue transcurriendo la tarde hasta que alguien se dio cuenta de la hora, y advirtió:  ̶ Creo que es el momento de marcharnos; no olvidéis de dispersaros al salir a la calle.

Cuando estábamos a punto de abandonar la casa de Isabel, nos dimos cuenta de que esta se había quedado quieta y callada, tal y como ocurría cuando entraba en trance; nos sentamos de nuevo y, en efecto, transcurridos unos segundos se manifestó el hermano guía de nuestro grupo, que dijo:

 ̶ Queridos hermanos. He solicitado permiso para venir de nuevo a daros las gracias…  ̶ Ante nuestra sorpresa, agregó ̶ : Sí, daros las gracias por el buen rato que nos habéis hecho pasar con vuestras anécdotas, chistes y chascarrillos; nos hemos reído de lo lindo. De nuevo, gracias. Adiós.

He dicho que toda manifestación e intervención de los espíritus encerraban lecciones, enseñanzas… Con esta última, yo personalmente aprendí que tristeza, beatitud, misticismo, actitud contemplativa, no forman parte de la doctrina de los espíritus, lo que supuso un auténtico descubrimiento, el cual arraigó en mí de tal manera que, desde aquel día, ha sido como un lema, mi lema:

El Espiritismo es serio, pero no es triste.

 Queridos amigos, acabo de compartir con vosotros el último recuerdo arrancado de mi memoria por los hermanos de la otra orilla. ¿Quedarán más?

Espíritus agradecidos por: María Luisa Escrich

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

(*) Esta anécdota transcurre durante el periodo de postguerra en España, una época llena de restricciones y de represión; hablamos de los años 40 y 50 del siglo pasado.

LAS INSTRUCCIONES

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Las instrucciones

Las instrucciones

¿Somos espiritistas porque creemos en los espíritus sin más, o por el contrario, lo somos porque hemos abrazado sus postulados?

Creer en los espíritus no basta, y a este respecto ellos son muy claros cuando dicen «amaos e instruíos». En el Evangelio según el Espiritismo se habla del castigo y del perdón, y nos ha enseñado que la más grande virtud que debe poseer el verdadero cristiano es la capacidad de perdonar todas las ofensas que puedan hacernos; y la doctrina espírita lo destaca muy claramente.

La Caridad más hermosa es el Amor. Así es, cuando se ama de verdad, el espíritu encarnado no puede desarrollar ni odio ni rencor, que son los antagonistas del Amor; y nos la señala como la más hermosa porque implica algo muy difícil de cumplir, y que lo define así:

No es menester amar y perdonar tan solo a los que nos aman, familiares, amigos, conocidos…, es menester hacerlo con todos, especialmente con los enemigos…

 La Caridad, tal y como debe ser ejercida, nos la resume como el compendio de todas las virtudes. Pero nos dice mucho más que lo de «amar y perdonar», que es lo que tenemos aprendido.

En esa maravilla que es el Evangelio podemos advertir esas «instrucciones» que, a veces, no las prestamos la suficiente atención. Nos dicen: ¡Practicad la Caridad! En la caridad debéis buscar la paz del corazón, el remedio contra las aflicciones de la vida. Sed buenos y caritativos, esta es la llave de los Cielos.

El alma no puede elevarse en las regiones espirituales sino por la consagración al prójimo, dejando atrás la horrible plaga del egoísmo…

 Yo quisiera que se fijase más la atención y que hubiera más fe en las lecturas evangélicas, pues se abandona este libro, y se ha hecho de él una palabra vacía, una carta cerrada; se echa al olvido ese código admirable, y vuestros males provienen del abandono voluntario que hacéis de este resumen de las leyes divinas. Leed, por tanto, esas páginas ardientes de la devoción de Jesús, y comentadlas.

¡Hombres de bien, de firme y buena voluntad! Uníos para continuar la gran obra de la Caridad; vosotros hallaréis la recompensa de esa virtud en su propio ejercicio; no hay alegría espiritual que ella no dé desde la vida presente. Estad unidos; amaos unos a otros según los preceptos de Cristo (resumen de un consejo de San Vicente de Paúl).

Son muchas las lecciones que hemos recibido de los hermanos de la otra orilla, pero no son suficientes. Debemos perseverar en el estudio y discernimiento; por mucho que aprendamos, siempre quedará mucho más por aprender. Sin duda cometeremos errores, pero a través del estudio aprenderemos a verlos y a poner en marcha nuestra voluntad firme para enmendarlos. Y nunca olvidemos que contamos con la ayuda de nuestros hermanos, y sobre todo con la Misericordia Divina.

Es muy largo el camino que ya hemos recorrido, aunque, como bien sabemos, es mucho más lo que queda por recorrer; pero hace ya mucho tiempo que estamos recibiendo la Caridad del conocimiento proveniente del mundo espiritual, y lo que hemos aprendido implica para nosotros una enorme responsabilidad, porque hemos tenido la inmensa fortuna de conocer lo que en verdad es Dios; lo que desea de nosotros; lo que nos ofrece…

Nos ha mostrado su inmenso amor, poniendo ante nosotros la realidad de un mundo de amor, un mundo que será nuestro verdadero hogar cuando dejemos el cuerpo material. Todo lo que se nos ha dado a conocer no podemos cometer el error de olvidarlo; no podemos alegar ignorancia. Seguir aprendiendo depende de nuestra voluntad en el estudio.

Las Instrucciones por: Mª Luisa Escrich

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

OLVIDAR A DIOS

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Olvidar a Dios

Olvidar a Dios

Alma en la Tierra encarnada,

alma que vagas sin rumbo;

alma que olvidas a Dios,

¡qué esperas en el futuro!

 

Vagas doliente y cansada

en una existencia yerta;

¡y te rodea la vida!

pero tú caminas muerta.

 

Nunca encontrarás sosiego;

andarás siempre perdida,

pues es morir sin remedio

cuando el alma a Dios olvida.

 

Ruega contrita perdón

en una total entrega,

porque el alma pierde a Dios

cuando de Él se reniega.

 

¿Y por qué le has olvidado?

Él a ti jamás te olvida.

Ruégale misericordia,

¡que te devuelva la vida!

 

Caminante de este mundo;

tu destino no es morir;

vuelve a recordar a Dios

que tu futuro es vivir.

 

Olvidar a Dios por: Mª Luisa Escrich

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

ADIÓS, 2020

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Adiós, 2020

Adiós, 2020

Ahora, recién acabado el año, en estos días en los que, por tradición, nos hemos deseado ¡muy feliz año nuevo!, he vuelto a reflexionar una vez más acerca de ello; porque, en efecto, es una tradición, no un deseo real, pues si así fuera, nosotros nos haríamos las preguntas clave: ¿Realmente deseo que esta persona, a la que solo conozco de vista, sea muy feliz?; y si sé que, en algún momento, es infeliz, ¿haría algo por ella?

Si miramos hacia atrás veríamos que, pasados apenas unos días del nuevo año, todo lo que eran sonrisas y parabienes se meten en el saco del olvido, y ya nadie se reconoce; nos cruzamos con los mismos con que nos cruzábamos sin siquiera mirarnos; en muchas casas, los vecinos se encuentran en el ascensor, escalera o portal sin dirigirse la palabra; a veces, ni los buenos días, o noches, o tardes. La humanidad ¿se ha deshumanizado? Creo que, en parte, sí. Como todos sabéis, mi edad es ya muy avanzada; sin embargo, guardo en mi memoria cómo era la relación que existía, no ya entre los miembros de una casa vecinal, sino de todo el barrio. Como ejemplo, os relataré un caso (uno entre otros).

Un día, una vecina del barrio, que no brillaba por su poder económico, dio la alarma acerca de otra vecina, viuda con tres hijos, que se encontraba enferma. No se había podido levantar de la cama para ir a trabajar; si no trabajaba, no había salario; si no había salario, los niños y ella no comían… ¡y el barrio se movilizó! Durante el tiempo que estuvo enferma, los niños fueron atendidos debidamente: se les aseaba, vestía, se les daba el desayuno y se les llevaba al colegio; se atendió a la enferma y a su humilde hogar. ¿Quién hacía todo esto? ¡Todos! Y todos los días del año, cada cual según sus posibilidades, que en general eran más bien escasas. Eran malos tiempos para todos; eran los años cuarenta, cincuenta, del siglo XX… pero en los corazones anidaba la solidaridad.

No voy a caer en el error de pensar que hoy no existan seres con espíritu altruista, no; los hay, y son muchos. Sin embargo, hoy las circunstancias son más positivas. Hay pensiones más o menos dignas (que todos deseamos); hay muchos parados, pero hay también muchos que tienen trabajo… En aquellos años había pocas pensiones y los trabajos eran mucho más precarios; había pocos recursos; había escasez de alimentos; había cartillas de racionamiento, y… aunque también existían los «listos» que se beneficiaban con el estraperlo, las gentes se preocupaban  y ocupaban de los demás…

Se ha ido el año 2020 y lo ha hecho de vacío, pues se ha marchado solo, dejándonos dolor y muerte; un año para olvidar, pero difícilmente olvidable; un año cruel que ha prohibido las expansiones de amor entre los seres queridos… Un año que ya se marchó.

Dios ha dispuesto que sea testigo de tu desaparición, y al mismo tiempo que se haya incrementado en mí la Fe, la Esperanza y la Confianza en Su misericordia. Así pues, quiero haceros llegar parte de un mensaje de esperanza que nos ha dejado nuestra querida Joanna de Ângelis en el libro Nuevos Tiempos. Más o menos, dice así:

(…) Reconocemos que a la madurez para el mundo regenerador, donde ya está, le queda mucho camino, y ese camino es ético y moral, sin excepciones a las peculiaridades de países y continentes, de hombres o mujeres, ricos y pobres. Por eso, este virus ha venido, no para quedarse, sino para modificar conductas sociales, sanitarias y emocionales que quemarían las energías del hombre viejo, y tendrá más fuerza para que surja el hombre nuevo.

Nada temáis, no decaigáis, la nueva era ha comenzado y con ella nuevas energías y ayudas vendrán de todo el planeta, de la galaxia e incluso del sistema solar que vibra y gira solo para estos nuevos acontecimientos del ser nuevo que genera su regeneración (…).

Hermoso mensaje. Ojalá que así sea en verdad; que haya un despertar de las conciencias, especialmente entre aquellos a los que les fue confiado el cuidado y bienestar de sus compañeros de viaje en este planeta Tierra; y tampoco debemos olvidarnos de la parte que a cada cual corresponde. El Trabajo es de todos.

¡Adiós, 2020!

Adiós, 2020 por: Mª Luisa Escrich

© 2021, Amor, Paz y Caridad.

HERMOSO PLANETA

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Hermoso planeta

Hermoso planeta

 

Alguien abrió mi ventana

enmarcada por la yedra.

¡Allí la vi, tan hermosa!

¡Buenos días, Madre Tierra!

 

Contemplé mi cuerpo inerte

tendido sobre la cama:

me sentía más que viva;

ningún dolor me aquejaba.

 

Desprendida de mi cuerpo

rara fuerza me empujaba;

me sentía tan ligera…

me alejé de la ventana…

 

Hacia un Planeta ignorado

me empujaba aquella fuerza,

y apenas pisé su suelo

en su influjo quedé envuelta.

 

Me senté junto a una fuente

para jugar con el agua

limpia, pura, transparente

que mi alma refrescaba.

 

Después seguí caminando:

cuanto veía, admiraba,

y me embriagaba el perfume

que aquel Planeta exhalaba.

 

¿Qué hermoso mundo es aqueste?

atónita preguntaba.

Ningún Ser me dio respuesta:

la brisa me contestara.

 

En este hermoso Planeta

hay mil ventanas abiertas

por donde entran las almas

cuando del cuerpo se ausentan.

 

¡Pero antes hay que limpiarlas!

 

Han cerrado mi ventana:

ya todo es oscuridad.

He regresado a mi cuerpo:

es hora de despertar.

 

Ha sido un hermoso sueño

que puede ser realidad.

De ti depende, Alma mía;

de ti, poderlo alcanzar.

 

                                   María Luisa Escrich

                                  © 2021, Amor, Paz y Caridad.

EL REINO DE DIOS

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El reino de Dios

El reino de Dios

Anoche cuando dormía

soñé, ¡bendita ilusión!,

que una fontana fluía

dentro de mi corazón.

Estos versos de Antonio Machado me hicieron recordar que a través de los sueños podemos obtener esas respuestas que buscamos denodadamente, respuestas a preguntas trascendentales tan difíciles de conseguir.

Y yo pregunté, me dormí y soñé…

El camino era incómodo; piedras de todos los tamaños obstaculizaban mis pasos. Caminaba apartando a manotazos una maraña de maleza que herían mis manos, brazos y piernas; entre aquel dédalo de espinas y aguijones, de vez en cuando asomaban tímidamente pequeñas manchitas de diversos colores, semejantes a florecillas, ávidas por sentirse libres; no es difícil comprender que, erradicando la maraña de maleza, el camino quedaría libre.

Estoy cansada; ahora siempre estoy cansada por mi mucho caminar. Me senté sobre una piedra; cerré los ojos por un instante para reflexionar mejor acerca de mi camino recorrido; cuando los abrí de nuevo, un inmenso muro se hallaba ante mí que impedía retomar mi andadura. No comprendía lo que aquello podía significar. Miles de preguntas saltaban por mi mente. ¿Por qué aquella pared obstaculizaba el paso? ¿Por qué me impedía avanzar? ¿Acaso había llegado al final de mi viaje? Si así era, ¿qué hacer? ¿A dónde dirigirme? ¿Qué había tras aquel muro?

De nuevo me senté; de nuevo cerré los ojos y, exhausta, me dormí; y… Otro sueño dentro del sueño. Sentada sobre aquella piedra contemplaba aquel muro cuando atrajo mi atención una pequeña manchita verde que asomaba por una grieta; poco a poco, aquella manchita fue creciendo y creciendo hasta cubrir por completo la enorme pared, dejando al descubierto una puerta de reducidas dimensiones… un tanto estrecha, pero con una fuerte y poderosa atracción. Me dirigí hacia ella y entré.

Imposible describir toda la belleza que contenía aquel mundo; porque no cabía duda alguna, aquello era otro mundo: el mundo soñado; el mundo anunciado; el mundo prometido. Flores de inigualable belleza y diversidad; colores y luces de extraordinaria luminosidad; olores que harían imposible su comparación con los de nuestras flores y plantas. Todo se me ofrecía con profusión, llenando mi alma de sentimientos y emociones jamás sentidos.

Caminaba y caminaba… y caminando llegué a un paraje magnífico, inigualable: inmensos árboles, cargados de raras frutas colgando de sus ramas, parecían danzar movidos por una suave brisa, esparciendo aromas nunca olfateados; de la tierra fértil y generosa brotaban innumerables plantas y hortalizas frescas y tiernas…

Un suave rumor atrajo mi atención; un rumor que provenía de lo que parecía ser un reguero de piedras y que, en realidad, era un claro y límpido riachuelo. Me senté a su orilla, hundiendo mis manos en sus más que claras aguas; un suave frescor recorrió todo mi ser y me sentí renovada.

Una alegre algarabía de palmas, voces y canciones irrumpió en aquel tranquilo y plácido lugar: desde todos los puntos fueron apareciendo hombres, mujeres y niños de toda edad, raza y condición. En sana armonía fueron tomando de la tierra y de los árboles las frutas que cada uno necesitaba, y que aquella opima tierra les ofrecía. Una vez tomadas, saciaron su sed en las frescas aguas del río y fueron reagrupándose, volviendo a desaparecer por cada punto, dejando que la naturaleza se recuperase y generara, de nuevo, lo necesario para todos.

Aún sentada junto al riachuelo cerré otra vez los ojos y solo pude murmurar: ¡Dios mío!

En todo cielo limpio y azul hay una nube blanca que guarda en sí la respuesta adecuada. Hice la pregunta y obtuve la respuesta:

                                       ¡Este es el Reino de Dios!

El ensueño terminó y desperté de mi sueño. Ante mí se alzaba la enorme muralla, y bajo mis pies, el empedrado y duro camino.

Estaba en mi mundo.

Esa muralla, formada por la codicia, el orgullo, la ambición, la insolidaridad y el desamor, nos separa del otro mundo… ¿por qué no derribamos la muralla?

El Reino de Dios está al otro lado…

 

El reino de Dios por: Mª Luisa Escrich

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

SINCERIDAD Y AUTOCONOCIMIENTO

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Sinceridad y autoconocimiento

Sinceridad y autoconocimiento

«Los labios de la sabiduría están cerrados, excepto para los oídos capaces de comprender».

Esta frase del Kybalión me ha hecho reflexionar acerca de una de las cualidades que deberían adornar a todos los que formamos el llamado género humano y, a estas alturas de crecimiento espiritual, a todos los que nos denominamos espiritistas. Me refiero a la sinceridad que debe reinar entre los miembros de un grupo. Pero la sinceridad está basada en la confianza, y difícilmente puede abrirse nadie a los demás si no se está seguro de ser bien comprendido y no juzgado.

Con cada experiencia que la propia vida nos proporciona, ¿aprendemos algo? ¿Sabemos aprovechar esas lecciones que la propia Naturaleza ofrece? Durante todo este tiempo de confinamiento obligatorio a causa de esta crisis pandémica, desdichadamente aún presente entre nosotros, me he propuesto aprovechar la oportunidad para hacer una retrospectiva de mi existencia con valentía, sin esconder absolutamente nada; hurgando en lo más profundo de mi interior; sacando a la luz todo lo que he ido acumulando desde que tengo consciencia de quien soy…

El Espiritismo nos insta constantemente a conocernos a nosotros mismos; pero eso, a mi entender, quiere decir reconocerse, lo que equivale a la aceptación de nuestras debilidades; de nuestra inferioridad; el reconocimiento de nuestros errores.

Otro razonamiento basado en la sinceridad es aceptar de antemano la falta de comprensión, o mejor aún, la valoración siempre errónea que pueda hacerse de todo cuanto me he propuesto realizar conmigo misma, proyectando esa película de que nos habla la doctrina, y que se abre ante nosotros, mostrándonos todo el recorrido de nuestra existencia: todo lo que hemos hecho bien o mal; aquello que pudimos hacer y no hicimos; aquello que, voluntaria o involuntariamente, dimos al olvido; o lo que tratamos de ocultar, como si no hubiera ocurrido. En una palabra, la película que inexorablemente se proyecta ante nosotros cuando llega la desencarnación.

Así pues, he querido realizar mi película mostrándome a mí misma como soy, o más bien como creo que soy, porque nunca haremos una valoración justa, ya que somos imperfectos. Si algo he comprendido es que todo cuanto hacemos o pensamos, y que creemos bueno, a los ojos de Dios sea menor esa bondad (o incompleta), mientras que aquello que consideramos deplorable, a Sus ojos no lo sea tanto. ¿Cómo podemos, pues, realizar nuestra película?

Es simple: siendo honestos con nosotros mismos, analizando nuestros actos concienzudamente, y ver si cada uno de ellos ha obrado solo sobre nosotros o si ha sido causa de dolor o menoscabo para nuestros hermanos de camino; si ya son un obstáculo para la evolución del espíritu los errores que cometemos, cuando repercuten en los demás la carga es aún más pesada, así como la responsabilidad.

Con el espiritismo hemos aprendido que Dios no castiga; Él es todo Amor; que ni siquiera nos juzga: cuando nos dio la vida nos otorgó también todos los atributos necesarios para nuestra evolución espiritual y las herramientas necesarias para ella; nos dio a conocer el bien y el mal, y la responsabilidad de elegir. Siendo así, no es de extrañar que seamos nosotros mismos quienes nos juzguemos; pero es absolutamente necesario aceptar el principio de conócete a ti mismo: Sé honesto y valiente reconociendo tus errores; sé humilde y pide perdón cuando creas que has podido causar daño a otro, y muéstrate ante Dios dispuesto a la renovación.

En este tiempo de confinamiento he querido compendiar toda una vida, extrayendo de lo más íntimo todos los recuerdos, los gratos y los ingratos; mis acciones y reacciones ante los acontecimientos que tuvieron lugar a lo largo de mi existencia, y si fueron correctas y, en su caso, sinceras…

He puesto ante mi conciencia la sinceridad de los sentimientos de Amor y Fraternidad que he proclamado, y creo haberme dado una respuesta sincera a la pregunta de si aquellos actos altruistas que tuve la oportunidad de realizar partieron en verdad del corazón, olvidándolos después.

He puesto ante mis ojos todo cuanto recuerdo de mi larga existencia con honradez; me he juzgado con sinceridad y he querido analizar con valentía cómo he realizado el trabajo al que me comprometí antes de reencarnar.

Este confinamiento ha supuesto para mí una preciosa oportunidad para poner, en la medida de lo posible, orden en mi espíritu, y… sincera soy mientras escribo estas líneas, aun siendo consciente de no ser, del todo, bien comprendida.

Ha sido como un examen de fin de carrera sin saber si habré logrado aunque solo haya sido un simple aprobado. Porque el juicio es mío, pero… de Dios es la sentencia.

Sinceridad y autoconocimiento por: Mª Luisa Escrich

© 2020, Amor, Paz y Caridad.

COMPROMISO ADQUIRIDO

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Compromiso adquirido

Compromiso adquirido

 

Tenemos un compromiso

de un trabajo por hacer;

nada hay casual en la vida;

todo está planificado

desde antes de nacer.

Dios no nos ha puesto aquí

sin una finalidad;

nos ha dado a conocer

una nueva realidad

que trasciende más arriba

de lo que es la vida humana:

la vida del más allá.

Y esa nueva realidad

nos demanda el compromiso

de establecer en nosotros

un nuevo orden moral

que garantiza el futuro

de nuestra alma inmortal.

Se nos ofrece un trabajo

difícil de realizar

en el campo material,

mas nos da unas herramientas:

son las potencias del alma,

fe, paciencia y voluntad.

Y este paso por la Tierra

nos brinda oportunidad

de conseguir para el alma

estancia en la eternidad.

Mas la puerta de esa estancia

permanecerá cerrada

hasta que el alma del hombre,

con esfuerzo y con dolor,

no quede purificada.

El cambio que se avecina

ya no tiene marcha atrás;

la Tierra está en convulsión;

hay que borrar el pasado.

Dios nos demanda el esfuerzo

de hacer un mundo mejor.

¡No nos asuste el trabajo!

¡Somos obreros de Dios!

                                        Compromiso adquirido por:  Mª Luisa Escrich

                                        © 2020, Amor, Paz y Caridad.