La Rueda de la Vida

ABORTO Y REENCARNACIÓN

Continuando con el análisis de los distintos aspectos de la reencarnación, ahora nos vamos a detener en un problema muy actual, el del aborto.

Hemos hablado en anteriores artículos sobre la preparación espiritual que precede a una nueva encarnación. La importancia para el espíritu de tomar nuevamente un cuerpo físico que le permita crecer en valores y experiencias, en rescatar deudas del pasado, corrigiendo errores, sometiéndose a distintas pruebas que le permitan engrandecer su conciencia, avanzar en su camino evolutivo.

Por desgracia el materialismo supone un grave hándicap espiritual. Los planteamientos difieren extraordinariamente cuando partimos de unas bases u otras, de unas realidades que muchos desconocen por distintas causas. Pensar que todo empieza y termina con la vida física, que únicamente somos un cuerpo biológico que piensa y trata de sobrevivir sin más; que las cuestiones sobre el más allá, de la vida después de la vida, de una dimensión trascendental, de una planificación divina, pertenecen a la categoría de simples creencias, ajenas a nuestra realidad cotidiana. Dichos planteamientos nos pueden inducir a cometer errores, imprudencias, consecuencia de esa falta de claridad, de un conocimiento verdadero.

Insistimos que no estamos hablando de conceptos religiosos o de creencias, sino de convicciones producto de amplios estudios desde diversos ángulos, tanto científicos, filosóficos como espirituales que convergen en unos puntos comunes, reforzando determinadas ideas fundamentales que ponen en valor la vida y su sentido trascendente.

Partimos de un hecho, y es que desde el momento en que el espermatozoide se une al óvulo, se forma una célula nueva llamado cigoto, que va a recorrer su propio camino de crecimiento, atravesando las distintas etapas de gestación hasta alcanzar su culminación aproximadamente nueve meses después. Por lo tanto, desde un punto de vista biológico estamos hablando de un ser singular, aunque dependiente del seno materno donde se desarrollará y crecerá.

Allan Kardec, el insigne codificador de la doctrina espirita profundiza más y afirma al respecto: “Desde el instante de la fecundación, el espíritu designado para habitar en un cuerpo determinado, se une a él por un lazo fluídico, que no es más que una expansión de su cuerpo espiritual, el cual se va estrechando a medida que el germen se desarrolla.”

Sin embargo, el estudio del conocimiento espiritual nos indica que el proceso no se inicia con la concepción sino mucho antes. El espíritu que va a reencarnar se somete a una planificación espiritual donde se cuidan todos los detalles, a una elección previa de quienes deben ser sus padres, aquellos que por distintos motivos lo deben de acoger en su seno. Por tanto, no es una cuestión menor. Son las necesidades reciprocas las que reúnen a distintos seres bajo un mismo hogar para crecer juntos, amarse, comprenderse y ayudarse mutuamente.

El problema que se plantea para la futura madre y que le provoca el gran dilema, son las circunstancias y el momento de su vida en que le llega el embarazo. No vamos a desglosar las enormes variantes, de todo tipo, algunas muy trágicas, que desembocan en un embarazo inesperado, no deseado. No obstante, hay que valorar el hecho consumado, independientemente de que el origen pueda encontrarse en errores, imprudencias o hechos trágicos de violación, etc. La realidad resultante es la que se debe de afrontar con coraje y amplitud de miras, la aparición de un nuevo ser indefenso, que trata de vivir, de abrirse camino, de amar y que le amen.

“Está demostrado que no existe mayor amor, más puro y desinteresado que el de una madre hacia su hijo.” (Anónimo)

Hay que reseñar que el nuevo ser se va acoplando progresivamente a su nueva madre desde el momento de la concepción, ambos espíritus se sintonizan, interactúan, permanecen conectados psíquicamente. Buena prueba de ello se encuentra en los casos tratados por especialistas, en la denominada Terapia de Vidas Pasadas (TVP); donde se recogen innumerables casos de pacientes con traumas y conflictos psicológicos provenientes del pasado, de otras vidas, incluso provocados durante el periodo de gestación de la madre en esta misma existencia. Casos hay en los que, a través de dichas regresiones o inducciones psicológicas, el paciente revive situaciones de angustia, de sufrimiento, ante la posibilidad de un aborto no consumado, de rechazo, de dudas por parte de los padres. Este hecho traumático provoca secuelas que más pronto o más tarde aparecen de un modo u otro. Lo cual demuestra que el nuevo ser es testigo consciente de los pensamientos, emociones e intenciones, no sólo de la madre sino también del padre o la familia, a través de los estrechos vínculos con ella.

Al mismo tiempo, el rechazo frontal del nuevo ser, cuando la madre decide abortar, cortando toda posibilidad de una nueva vida, para el espíritu en cuestión, si todavía no está esclarecido y no tiene unos valores morales y espirituales desarrollados, puede convertirse en su principal enemigo. Su sufrimiento le puede llevar a no perdonar, pasando de víctima a verdugo, provocando una perturbación espiritual sobre la madre o los padres, dependiendo de los casos, creándose situaciones complejas de las que, casi siempre, cuesta muchísimo salir

Del mismo modo, aquella mujer que se sobrepone a las dificultades, y que afronta con coraje el embarazo desafiando las incertidumbres, puede que esté saldando deudas muy importantes, puede estar solucionando un conflicto con un espíritu enemigo del pasado, puesto que la ley del Amor nos pone en el camino los medios para transmutar el odio en amor, muchas veces reuniendo en un mismo hogar a enemigos acérrimos de vidas pretéritas. El olvido de las existencias anteriores y los lazos familiares producto de la unión de padres e hijos son casi siempre la mejor terapia para resolver problemas enquistados de otras vidas.

Como podemos ver, la decisión última de la gestante, puede ser el final de un conflicto o el principio de otro. La ignorancia y el desconocimiento de nuestra realidad espiritual,  una vez más, nos pueden sumergir en situaciones que contrarían la paz y la estabilidad que se buscan con este tipo de decisiones extremas.

Ahora bien, alguien se preguntará: ¿Y cuando está en peligro la vida de la gestante? ¿A quién se debe de salvar, al feto o a la madre? Sin ninguna duda que a la madre, puesto que ella tiene una vida hecha, otras personas pueden depender de ella, otros hijos, etc., el ser que está en camino todavía no. Cuando no hay más remedio y se tiene que elegir, siempre es más lógico salvar a quien puede entre otras cosas, tener la posibilidad de ser madre en el futuro, cuando sus problemas físicos se solucionen.

Por lo tanto y para ir concluyendo, hay que pensar que el primer derecho natural de todo ser es el derecho a la vida. Las circunstancias y el momento en que llega el embarazo pueden no ser las mejores, pero siempre de un mal, o aparente mal, salen grandes soluciones. La vida es generosa y siempre hay que darse una oportunidad de crecimiento personal tomándose el embarazo como un reto y no como una desgracia o accidente inoportuno.

Vamos a concluir con un ejemplo. El extraordinario tenor italiano Andrea Bocelli contaba en un concierto que a su madre le desaconsejaron los médicos que siguiera adelante con su embarazo puesto que su hijo iba a nacer con malformaciones. Tras agradecer públicamente su decisión de tenerlo concluye diciendo: “Espero que con esa misma valentía muchas madres quieran, en situaciones parecidas, salvar la vida de los hijos.”

 

 

José M. Meseguer

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