La Rueda de la Vida

LA DEPRESIÓN

La depresión es en esencia un problema psicológico-espiritual de los más importantes de nuestra época. Psiquiatras y psicólogos de todo el mundo se encuentran con este problema-desafío cuyos márgenes para definirlo y tratarlo a veces resulta complicado.

Desde el punto de vista biológico se presenta como un disturbio que afecta a las neuronas cerebrales ante la falta de dopamina, serotonina y la noradrenalina, entre otras substancias, que son los que afectan directamente al bienestar psicológico como son la alegría, el equilibrio, el bienestar, etc. Se le atribuyen factores hereditarios, genéticos, etc. No obstante, afrontar el problema, como ocurre en otros casos, desde un punto de vista exclusivamente material, no ayuda a resolver definitivamente un problema que además de muy numeroso puede llegar a ser grave.

Partimos de dos premisas fundamentales. Desde el punto de vista de la reencarnación, sabemos que tenemos un pasado, un bagaje de vivencias y experiencias en contacto con nuestros semejantes. Del mismo modo, actualmente somos el fruto de una personalidad forjada a lo largo de los siglos. No somos algo espontáneo que dependa exclusivamente de una organización celular, hereditaria que nos marca un destino. Esto sería como elevar como causa fundamental lo que es en realidad, la consecuencia de una manifestación espiritual que es quien da la verdadera vida al ser. Al mismo tiempo y como consecuencia de ese trabajo pretérito, con sus aciertos y errores; traemos un compromiso, una tarea a desarrollar, una serie de desafíos que van a ir marcando el devenir de nuestra vida, en base al desempeño y uso del libre albedrío del que Dios nos dota. A mayor evolución, mayor nivel de conciencia para identificar los compromisos y el desenvolvimiento feliz de las tareas encomendadas. Sin embargo, el atraso evolutivo que caracteriza a la mayoría de seres que poblamos la Tierra, nos condiciona ante las imperfecciones que todavía arrastramos. Las mismas que nos endeudaron en el pasado y que nos indujeron a cometer errores, afectando nuestra condición humana actual.

La segunda es el poder de la mente. Somos lo que pensamos. Actuamos según el nivel de conciencia adquirido y condicionado por las circunstancias que nos envuelven en la actual existencia. El hombre, como ser integral, influye con sus pensamientos continuos en el organismo vivo que lo sustenta. “Mens sana in corpore sano” (Mente sana en cuerpo sano) como reza el viejo axioma. De tal forma que cada pensamiento, sentimiento y emoción impregna positivamente o negativamente todas las células del cuerpo humano. Por tanto, el pensamiento, la mente, es un poderoso generador que no actúa sólo. Vive en constante contacto con otros “generadores” encarnados o desencarnados, que interactúan mutuamente.

La llave que permite cambiar la naturaleza de dichos pensamientos se llama “voluntad”. Somos los responsables directos de aquello que pensamos, somos los forjadores de nuestro destino. Las decisiones que tomamos en cada momento, marcan el rumbo y el devenir de nuestra vida, sea para bien o para mal. Formamos parte de una gran escuela de aprendizaje preparada concienzudamente, para que crezcamos y evolucionemos sin fin, adquiriendo nuevas conquistas, superando retos, reparando errores del pasado, desarrollando cualidades innatas, que todos poseemos en estado latente en el camino de la perfección.

Efectivamente, con la voluntad orientamos el barco de nuestros pensamientos, de aquello que interpretamos respecto a las situaciones que nos asaltan, nos envuelven. Debido a nuestra niñez espiritual, todavía no hemos sido capaces de salir del “hombre fisiológico” hacia el “hombre integral”, consciente, lúcido, asumiendo las riendas de su progreso, aceptando y esforzándose por comprender el sentido superior de aquello que le acontece, como elemento educador y ascensional.

Joanna de Ângelis reflexiona al respecto: “Una importante mayoría de individuos solo abrigan ideas negativas, elucubran pesimismo, sustentan malestar. Como resultado, se debilitan sus resistencias morales, debilitándose también los valores espirituales y se alimentan de la propia insania.”

Como nos comenta la Mentora Joanna de Ângelis, la mente mal orientada actúa como un poderoso factor de perturbación; el pesimismo, la retroalimentación de experiencias desagradables, la visión negativa de aquello que nos rodea, bombardea la mente, muchas veces descontroladamente, en caída libre, generando perturbación psíquica de consecuencias anímicas y orgánicas.

La falta de un ideal superior, ciñéndose exclusivamente a ciertas aspiraciones materiales genera frustración cuando no se consiguen los objetivos inmediatistas, y un vacío interior cuando se pasa de “poseedor de riqueza ha poseído por la misma”, dejándose dominar por la ambición y las ansias de notoriedad.

Por lo tanto, el materialismo, el pesimismo, los pensamientos negativos consecuencia de nuestras imperfecciones morales, pueden desembocar fácilmente en rebeldía interior, insatisfacción o frustración por no conseguir los objetivos inmediatistas anhelados.  Además el odio, rencor, etc. hacia nuestros semejantes, encuentran rápidamente sus análogos que los refuerzan, de mentes tanto encarnadas como desencarnadas que sintonizan rápidamente, potenciando los estados depresivos y autodestructivos.

No obstante, dentro de las causas de la depresión existen otros factores más o menos sutiles que también pueden degenerar en esta problemática. Por ejemplo, la pérdida de seres queridos, pasando de una tristeza natural por la “ausencia” convirtiéndola en un “apego” injustificable que puede durar muchos años. La falta de fe, la autocompasión, la falta de autoestima, también son elementos que arrastran, cuando no se dispone de recursos o de voluntad firme, hacia estados de desequilibrio, alimentados por ley de afinidad y como hemos comentado, por espíritus obsesores que potencian dicho estado.

Otro factor muy importante como posible causa del problema es la “obsesión”. Es decir, enemigos del pasado que vuelven para cobrarse los agravios de situaciones vividas generalmente en otras vidas. Espíritus inferiores que vienen con la intención de desestabilizar lo máximo posible a su víctima de hoy, tomándose la justicia por su mano. Estos son los casos más difíciles y delicados pues requieren de un tratamiento espiritual adecuado. Tratando a dos bandas tanto al intruso como al afectado.

Sin duda, la mejor terapia, además de las ya conocidas llevadas a cabo por especialistas y por personas con un amplio conocimiento espiritual para que nos puedan orientar, es la oración, ya que nos sintoniza con la Fuente Suprema, de donde parten todas las esencias de amor y sabiduría, regenerando, reorientando, fortaleciendo en una palabra, aquellas defensas que quedaron disminuidas, erosionadas por las luchas diarias. No existe mejor terapia, más poderosa. Del mismo modo, cuando esa oración es colectiva, con otras personas que buscan unos mismos objetivos superiores, las fuerzas no se suman sino que se multiplican.

Esa es la gran tarea, buscar el verdadero sentido de la vida, un significado profundo, superior. Cuando nos apartamos del camino, y sobre todo cuando persistimos en el error, en la percepción equivocada de la realidad, se encienden las alarmas, las luces rojas que nos empujan a comprender que no vamos en la dirección adecuada. Una de esas luces rojas es la depresión; estado interior, que más pronto o más tarde nos impulsa a buscar soluciones para modificar la situación incómoda, lamentable, reorientándonos hacia la comprensión del problema, al cambio de actitud ante la vida, de la percepción de los problemas saturados de viejos clichés caducos y nocivos.

En la mayoría de los casos, la ciencia moderna ha comprendido el sentido del problema, explorando y potenciando el valor del pensamiento positivo, incluso el valor de la oración, como comentábamos anteriormente, como práctica demostrada de regeneración interior, del ser, con sus innumerables beneficios terapéuticos. Convergiendo inevitablemente en el cruce de caminos que ya está uniendo a la ciencia con la visión espiritual de la vida.

 

La depresión:    José M. Meseguer

©2016, Amor, Paz y Caridad

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