Apartado espírita

LAS MÁXIMAS DE JESÚS

El Evangelio posee la mejor pedagogía, la mejor técnica para la conquista de la autorrealización” (Joanna de Ângelis) Psicografiado por Divaldo Pereira en la obra “DESPIERTE Y SEA FELIZ”

De todas las obras que componen la codificación espírita, la que cubre especialmente el apartado moral es el “Evangelio según el Espiritismo”. Precisamente en las máximas de Jesús que son analizadas en esta obra nos vamos a centrar en los próximos meses para valorar algunos de los aspectos que a nuestro juicio consideramos interesantes.

Cuando se acaba de cumplir, este pasado 2014, el 150 aniversario de su publicación, allá por el año 1864. Justamente hoy día es más imperioso su recordatorio y estudio, ya que nos atañen a todos, en especial a aquéllos que nos consideramos espíritas y queremos trabajar en la buena dirección.

Sabemos que el mensaje de Jesús es imperecedero ya que encierra las grandes verdades, las grandes leyes universales que nos rigen. Todavía no ha sido superado por nadie, el paso del tiempo contribuye a que lo necesitemos cada vez más, precisamente por las consecuencias de su ausencia en nuestra sociedad.

En los próximos artículos analizaremos, procurando no caer en divagaciones estériles o misticismos, los grandes axiomas morales, pero sin ninguna intención de polemizar, porque evidentemente, al ser un mensaje en ocasiones alegórico, se puede prestar a interpretaciones y reflexiones diversas. La nuestra va a ser una más entre todas ellas, a la luz de la lógica espírita, para que cada lector pueda extraerle algo positivo; al menos ésa es nuestra intención.

Tomaremos como referencia y punto de partida “El Evangelio según el Espiritismo”, ya que recoge los aforismos más significativos de los Evangelios,  seleccionados por el autor y complementados por los mensajes espirituales que realzan todavía más esta importante obra. En ella, Allan Kardec elimina algunos mensajes confusos, tergiversados, manipulados interesadamente, y al mismo tiempo explica con gran maestría otros, acudiendo, a la luz de la nueva revelación, al sentido trascendental de la obra del inigualable pedagogo de la humanidad que fue Jesús.

Efectivamente, mucho se ha escrito y dicho sobre la vida y obra de Jesús. Él, mejor que nadie, supo ejemplificar en su vida aquello que decía, haciendo real aquella máxima: “las obras vayan siempre por delante de las palabras”.

Su mensaje inigualable ha perdurado a través de los siglos, siendo la base espiritual de la religión cristiana y otras escuelas espiritualistas.

Si analizamos dicho mensaje y lo comparamos con los transmitidos por otros grandes maestros que han pasado por nuestro mundo, encontramos grandes analogías entre todos ellos, sobre todo en su idea central que es el AMOR, manifestado y ejemplificado en la verdadera CARIDAD, como el único camino  hacia el progreso espiritual. Alrededor de esta consigna se han constituido la práctica totalidad de religiones y escuelas espiritualistas de todas las épocas.

Como comentábamos anteriormente, hoy día para revitalizar dicho mensaje tenemos la aportación del Espiritismo, el Consolador Prometido por Jesús: “Y yo rogaré al Padre, y Él os dará otro Consolador para que esté con vosotros para siempre; es decir, el Espíritu de verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque ni le ve ni le conoce, pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros.” (Juan 14:16-17).

De ese modo, la doctrina espírita nos explica racionalmente él porqué y para qué estamos aquí. Aporta los consuelos y las esperanzas ante un futuro mejor. Nos ayuda a ser conscientes de nuestra realidad espiritual, aclarándonos que venimos al mundo para corregir viejos defectos,  patrones de conducta perniciosos, hábitos causantes de desdicha y sufrimiento, para sustituirlos por cualidades que nos engrandezcan y nos hagan felices. El camino para conseguirlo ya sabemos cuál es: EL AMOR.

Por todo ello, con la aportación tan valiosa del Espiritismo, se le puede extraer mayor jugo a las máximas expresadas y ejemplificadas por Jesús hace dos mil años, ya que al ser imperecederas y tan profundas, todos los avances posteriores: científicos, filosóficos y psicológicos contribuyen a su engrandecimiento y comprensión. El Maestro sabía perfectamente que su obra habría de germinar, no en aquel momento, sino cuando el hombre estuviese en condiciones de comprender y madurar.

 

José M. Meseguer

© Amor, paz y caridad

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