Apartado espírita

MI REINO NO ES DE ESTE MUNDO

Hay muchos momentos en la vida del Maestro que han dejado una huella imborrable, de gran enseñanza y motivo de análisis y meditación para todos los que se afanan en buscar y comprender. El momento sublime, muy conocido, del diálogo entre Pilatos y Jesús también ha trascendido a todas las épocas. Este hecho marca claramente la diferencia radical entre los intereses y motivaciones del procurador romano y el Sublime Maestro.

Trasladándolo a nuestra época observamos su total vigencia y nos encontramos con la disyuntiva entre aquellos que se afanan en buscar su reino en la tierra: centrados exclusivamente en lo material, sin pensar en el porvenir y darle un sentido superior a sus vidas; de aquellos que buscan la Vida Mayor; en sembrar hoy para recoger mañana, atendiendo las necesidades materiales pero sin que ello sea el foco principal de atención existencial; también buscando, analizando las respuestas a las preguntas trascendentes de la vida que enriquecen y amplían el horizonte del ser.

O dicho de otro modo, podemos decir que existen básicamente dos tipos de seres humanos. El hombre fisiológico y el hombre psicológico. El primero vive casi exclusivamente para cubrir sus necesidades como son el comer, dormir, practicar sexo, gozar. Predomina la parte sensorial sobre todas las demás. En el segundo caso, también cubre, como es lógico, sus necesidades básicas pero, sin embargo, actúa a través de la razón. Tiene tendencia a la búsqueda de ideales superiores que le den un sentido a su vida pues intuye que no hemos venido al mundo porque sí. Son sensibles al arte, la belleza y a cualquier manifestación intelectual que despierte emociones superiores.

Al mismo tiempo, el ser humano recibe constantes invitaciones al cambio de orientación existencial, es decir, hacia una propuesta superior. Las recibimos constantemente desde todos los ángulos de la vida: científico, filosófico, mediúmnico, etc.

La obra El Cielo y el Infierno de Allan Kardec, recoge, además de valiosos análisis filosóficos sobre la vida después de la muerte, desmitificando dogmas; ejemplos valiosísimos sobre las consecuencias que experimentan los espíritus después de su desencarnación, en función de cómo fueron sus vidas.

Resumiremos un caso recogido en dicha obra que resulta bastante significativo: Adelaide-Marguerite Gosse. Niña muy pobre que a la edad de 11 años entró a servir a unos ricos ganaderos de una pequeña población en Normandía (Francia). Unos años después, unas fuertes inundaciones provocadas por la crecida del rio Sena ahogaron prácticamente todas las cabezas de ganado. Un golpe que unido a otros contratiempos provocaron la caída en desgracia de esta familia. La joven Adelaide, venciendo su egoísmo y en un gesto de generosidad sin igual, les entregó, a sus señores, quinientos francos que eran todos los ahorros de su vida. Continuó, mientras tanto, al servicio de estas personas sin cobrar paga alguna hasta la muerte de los dos, unos años después. Nuestra protagonista, encontró trabajo en las labores del campo y se casó con un hombre que también trabajaba, los dos decidieron acoger a una hija del matrimonio malogrado, ya que había quedado viuda y sin recursos. Pues bien, fue como una más de la familia, la continuó llamando como “mi ama” hasta su desencarnación cincuenta años después. El gesto y comportamiento de esta mujer sencilla, abnegada y extraordinaria llegó al conocimiento de las autoridades locales que la homenajearon hasta el momento de su desencarnación.

Evocada en la Sociedad Espiritista de Paris, a finales de 1861, explicó su caso. El motivo de una vida tan sacrificada y de renuncias no se debía a faltas pasadas, sino a que en sus dos últimas vidas había sido una mujer rica, a quien hacer el bien, practicar la caridad, no le suponía sacrificio ni apenas trabajo. A su vuelta al mundo espiritual comprendía que el progreso realizado era ínfimo, muy pequeño. A partir de ese momento se planteó una empresa mayor, un sacrificio sublime para el que se preparó concienzudamente y con la inestimable ayuda de muchos espíritus superiores que le ayudaron y orientaron. El resultado fue exitoso para ella, la misericordia divina le había recompensado con creces y su elevación espiritual había mejorado considerablemente. Preguntada sobre su posición respecto a sus “amos”, estos la veían a ella como a un ser muy superior.

Por tanto, a raíz de este breve ejemplo que hemos expuesto y que se puede encontrar en la inestimable obra del maestro Kardec, podemos reflexionar y preguntarnos: ¿Dónde está el verdadero reino de Dios?, ¿Al espíritu libre y con un cierto grado de conciencia le preocupa la posición que ocupará en la tierra provisionalmente o la vida futura? ¿Merecen la pena los sacrificios si posteriormente la recompensa es enormemente gratificante? Pensemos en ello.

Paralelamente, y volviendo a la época actual encontramos en el campo científico, investigaciones y experiencias que definen la realidad espiritual en el que vivimos, ya no sólo es una cuestión filosófica o religiosa, sino que llega mucho más allá. Empezando por las investigaciones de la doctora Elisabeth Kübler-Ross con los moribundos, enfermos terminales que le relataban sus vivencias, entremezclándose los dos planos y narrando aquellas cosas maravillosas que eran capaces de percibir, así como una sensación de paz y armonía que les envolvía. También el doctor Raymond Moody con sus trabajos de investigación y su bestseller “Vida después de la Vida”, del que se han vendido millones de copias en todo el mundo.

Mucho más reciente la experiencia, casi mística del neurocirujano, profesor en Harvard, Eben Alexander. Durante una semana estuvo en coma provocado por una meningitis en el año 2008. Se recuperó milagrosamente y narró una experiencia vivida fuera del cuerpo durante todo ese tiempo. Había sido hasta ese momento un científico de corte tradicional, materialista, y encuadrado en los esquemas del rigor académico establecido. Esta experiencia le cambió radicalmente su vida y en la actualidad se dedica a divulgar básicamente que: “La vida continúa. La experiencia en el plano físico es temporal y debemos prepararnos para un futuro mejor”. Su obra “La prueba del cielo” también es un bestseller en todo el mundo.

Por lo tanto, y cómo podemos comprobar, las palabras inolvidables del Maestro: “Mi reino no es de este mundo” se han ido consolidando con el paso del tiempo en las conciencias de los hombres de buena voluntad. La humanidad ha podido comprobar las dos fuerzas que se contraponen; es sembrar hoy para recoger mañana. No centrarse exclusivamente en acumular dinero ni poder, puesto que todos esos elementos que tanto fascinan, son instrumentos pasajeros cuyo objetivo es hacer el bien a los demás, y por tanto, nos pueden elevar o hundir. Sepamos pues elevarnos con nuestro esfuerzo y trabajo para que cuando llegue la hora de la cosecha, cuando volvamos a nuestra patria espiritual, podamos disfrutar del verdadero reino de Dios que envuelve y vitaliza todo el universo.

José M. Meseguer
© 2015 Amor, paz y Caridad

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