Palabras de aliento

EL AROMA DEL EJEMPLO

Aparecen discretamente como gotas de rocío, con su brillo particular, en un rinconcito, como una pequeña luz que las señala en el camino.

Son algunas personas anónimas, pero que les gusta trabajar en grupo. Los nombres o creencias no importan. Dan ejemplo con sus obras. La mayoría de esos grupos se han ido forjando a lo largo de muchos años, de un trabajo colectivo, de unos sacrificios que la gente desconoce. Dejando atrás las amarguras, los sinsabores, las cicatrices de un camino angosto y lleno de espinas. Sin embargo ahí quedan los resultados, en su manera de comportarse, de hacer las cosas, en su grado de compromiso con su entorno, con las tareas que les surgen. Para una mayoría ocupada y a veces distraída, los ven brotar entre la multitud. La gente comenta: “Los conozco desde hace tiempo, trabajan bien, son discretos, se preocupan por los demás.”

Es el aroma del ejemplo, su fuerza, su jovialidad. Aportan confianza, seguridad; demostrando con su comportamiento diligente un camino posible y seguro.

Son un estímulo para los demás. Son el jarabe que repone, que da fuerza y aleja los miedos y sinsabores.

Al margen de las conciencias envidiosas que los critican o distraídas que los ignoran, al resto nos obliga a mirarnos a nosotros mismos. A hacer un examen de conciencia. Es como un toque de atención: ¡Ojo! ¡Ellos lo han conseguido! ¡Van por el buen camino!

Estos comportamientos establecen una diferencia clara entre lo utópico y lo posible, pues ellos demuestran día a día su realidad práctica.

No hacen falta tantos formulismos, darle vueltas a los mismos temas, a los mismos problemas. Todo es cuestión de buena voluntad, de sencillez, de una predisposición sincera, noble.

No son santos, ni superhéroes, son gente normal y corriente. En el trato son muy amables, cariñosos, nobles. Nunca te van a engañar. Si ven debilidades o faltas se las callan, no las divulgan. Empero, si se ven obligados a afrontarlas lo hacen con suma delicadeza, sin herir, sin menospreciar.

El mundo de las sombras, consciente del daño que les causa, arremeten contra ellos. Buscan la manera de desmoralizarlos, de que se enfrenten entre ellos mismos, porque su fracaso arrastraría al resto que los miran con ojos de esperanza.

¡La esperanza! Es intolerable para los intereses de las sombras. Es preferible el desconsuelo, el lío, la confusión. Es mejor que piensen que todo es muy complicado y difícil, muy difícil. ¡A ver si con un poco de suerte y teniendo en cuenta la fragilidad humana desisten o se desvían por caminos estériles!

Los buenos ejemplos son faros de luz, referencias seguras. Levantan la moral, refuerzan el optimismo. Arrancan una sonrisa cuando se les ve llegar. ¡Hacen tanta falta!

 

José M. Meseguer

©2015, Amor, paz y caridad

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