Enfocando la actualidad

LO INEVITABLE Y SU RESPUESTA: “MORIR, RENACER Y VIVIR”

“Cierta es la muerte para los nacidos Y cierto el nacimiento para los muertos; Por consiguiente, uno no debe lamentarse por lo inevitable.”

Bhagavad Gita

En esta frase sobre lo inevitable de la muerte y de la vida humana, encontramos la explicación a lo que representa la vida del ser; la actitud necesaria con la que debemos afrontar la muerte de nuestros seres queridos, y la afirmación de la inmortalidad de la vida que todos llevamos en nuestro interior.

“Nacer, morir, renacer y progresar siempre, tal es la ley”

Allan Kardec -Codificador de la Filosofía Espiritista

En esta otra, el maestro Allan Kardec eleva a rango de ley la continuidad de la vida después de la muerte y el regreso de nuevo a la tierra mediante la reencarnación; para seguir viviendo, experimentando, creciendo intelectual y moralmente. Para rescatar deudas del pasado y acrecentar nuestro futuro inmediato y nuestro destino en condiciones de mayor plenitud y felicidad, desterrando el sufrimiento de nuestro camino evolutivo.

Efectivamente, la vida es tan inevitable como la muerte y precisamente en este sentido el destacar la vida como una dádiva, como un regalo, o como algo que nos permite ser y existir debería llevarnos a valorarla, apreciarla y plantearnos que es lo que nosotros podemos hacer por la vida y no que es lo que la vida tiene que darnos. El sentido de la vida es precisamente la gran clave de la felicidad del ser humano; pues sino somos capaces de entender que somos seres trascendentes y que la vida tiene un propósito, estaremos abocados al vacío existencial, auténtica lacra de la sociedad actual y fuente inagotable de suicidios y desprecios por la vida en todo el planeta.

Las últimas investigaciones de la ciencia sobre la vida también tienen mucho que decir en estos últimos años; tanto es así que, una nueva disciplina científica como el Biocentrismo, aboga por revertir los términos de la vida y el universo; y basándose en los avances de la física cuántica, replantean los términos en el sentido de que el universo conocido no originó la vida; sino que es la vida la que forma, crea la realidad y origina el universo conocido así como los universos paralelos que la física cuántica está descubriendo.

Pero esto no es todo; según apuntan estos científicos, el concepto de muerte es un producto de nuestra conciencia; y así como el universo, el tiempo y el espacio sólo existen como meros instrumentos de nuestra mente, la muerte no existe en un sentido real. Creemos en la muerte porque nos identificamos con nuestro cuerpo físico y sabemos que los cuerpos físicos mueren; pero nuestra vida al morir se convierte en “una flor perenne que vuelve a florecer en el multiuniverso”. El Dr. Robert Lanza es uno de los pioneros del Biocentrismo y este investigador afirma poder probar que existe la vida después de la muerte; y que esta última no existe de la manera en cómo la percibimos.

Todo esto no hace más que confirmar la inmortalidad del ser humano; se enfoque el asunto bajo la perspectiva científica, espiritual, psicológica, filosófica o religiosa. Son tantos los argumentos que se vierten en este sentido que, la descreencia en el más allá de la vida y en el azar y el vacío después de la muerte, se encuentra en franco retroceso a medida que avanza la ciencia de la física cuántica, y sobre todo, con los recientes estudios sobre la mente y la conciencia que en estos últimos años están abordando eminentes neurocientíficos, psiquiatras e investigadores en las más avanzadas universidades del mundo.

¿Existe una división entre Vida y muerte?. Sin duda la vida, para todos nosotros es un proceso de continuidad; en el que nos identificamos en nuestra propia memoria (recuerdos), en las experiencias que vivimos, en las luchas que sostenemos. Por ello tratamos de unir el concepto opuesto de la muerte para relacionarlo con la vida, con la continuidad de la misma, y de aquí surge la creencia en el más allá, en la continuidad de nuestro ser. Tristemente no nos interesa saber lo que es la vida, la cual incluye a la muerte, únicamente queremos continuar siendo y existiendo y no terminar de ser.

“Creamos en la reencarnación, o en cualquier otra forma de continuidad del ser, siempre intentamos unir lo conocido a lo desconocido, establecer una relación entre pasado y futuro….; nuestro principal deseo consiste en saber cómo unir la vida y la muerte”

Jiddu Krishnamurti – Filósofo – en su libro “La Libertad primera y última”

Muerte y Vida, son aspectos de un mismo espectro que tiene como punto de partida a todos los seres animados e inanimados que pueblan los universos que conocemos y aquellos otros que no conocemos. Y en cuanto al hombre, el principio inteligente del universo (alma o espíritu) es el que anima y dota de vitalidad a los seres humanos, mientras que los animales, vegetales e incluso minerales tampoco se encuentran exentos de esa energía anímica, psíquica, que les dota de vida en sus diferentes estados. Este principio fluidico, bioenergético o bioplasmático, no es otra cosa que el FCU (fluído cósmico universal) que da origen a la vida en todos los universos físicos y espirituales.

No existe el vacío en el universo (como también demuestran los astrofísicos en esta última década al comenzar a conocer las propiedades de la materia oscura), porque todo está impregnado de vida, de energía que fluye y se manifiesta de forma diferente en cada ámbito. Es por ello que los estudiosos de la conciencia y de la física cuántica coinciden en afirmar que todo en el universo está conectado; que una partícula subatómica separada de otra a enorme distancia, reacciona a los cambios de esta última sin que aparentemente exista conexión alguna entre ellas. Lo mismo ocurre con nuestra conciencia y nuestra psique, capaz de abordar lo inabordable, algo totalmente impensable para nosotros, según demuestra Stan Groff en sus ensayos sobre psicología transpersonal.

La muerte efectivamente no existe, sólo existe la vida, cuyo origen espiritual se encuentra en la Causa Primera e inteligencia suprema a la que pobremente llamamos Dios, que no tiene forma, que no podemos abarcar, ni comprender ni estudiar. Y la vida se abre paso a través de los mundos, las galaxias, las constelaciones y los universos del macrocosmos y microcosmos que estamos descubriendo. La vida nadie puede detenerla; y el espíritu humano; obra cumbre de la vida, es la pieza elevada de la misma. Por ello, cuando nuestro envoltorio biológico termina y se deteriora, nuestro ser inmortal sigue viviendo, manifestándose en otros planos y dimensiones, hasta que, nuevamente, se le ofrece la oportunidad de volver a entrar en la vida física, en una nueva experiencia en la carne, para aprender, crecer, corregir y avanzar en su progreso evolutivo.

A esto último se le denomina reencarnación; y cómo bien dice Allan Kardec en la cita mencionada arriba, esta circunstancia no es aleatoria, es una ley consolidada en el universo espiritual, instituida por el creador de la vida para que el hombre vaya alcanzando cada vez más desarrollo y perfección, hasta llegar un momento en que por él mismo pueda contribuir a crear más vida, más conciencia, participando junto a Dios de ese gran acontecimiento único y sublime que denominamos como Creación.

Por consiguiente, y volviendo al principio del artículo, muerte y vida son procesos inevitables del ser, algo que no podemos modificar pues constituye una realidad incuestionable. La esperanza y el consuelo viene de la continuidad de la vida, pues esta es una certeza en todo el universo conocido, y aún más allá; en todos los universos desconocidos que actualmente estudia la ciencia.

Todo es vida, y la muerte no es más que la circunstancia que transforma una forma de vida en otra, sin que ello suponga el cese de la misma. Y en lo que respecta al hombre, esta vida continúa eternamente en diversos ciclos evolutivos de reencarnación, en otras dimensiones espirituales, en otros mundos físicos, etc.. porque no es el cuerpo lo que permanece sino la conciencia, el ser inmortal, el espíritu, el que progresa y evoluciona hacia formas más perfectas de vida y de crecimiento personal.

Antonio Lledó Flor

©2015, Amor,paz caridad

“La fuente de todas las miserias para el hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte.”

Epicteto de Frigia (55-135) Filósofo grecolatino.

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