Enfocando la actualidad

NATURALEZA Y EVOLUCIÓN

DE ANIMALES A HOMBRES

En la teoría de la selección natural enunciada por Charles Darwin, el ser humano es, hasta hoy, el resultado cumbre del proceso evolutivo. No obstante hay antropólogos que, a este respecto, se hacen preguntas sobre qué hubiera ocurrido si, por ejemplo, los dinosaurios no hubieran desparecido de la tierra debido a un cataclismo planetario que los exterminó hace ahora 66 MM de años. Todos ellos afirman que, a raíz de la desaparición de los dinosaurios, especie dueña del planeta en aquel entonces, fueron los mamíferos los que ocuparon su lugar como especie dominante; y a raíz de aquí la propia evolución de los mamíferos derivó en la aparición del homo-sapiens.

Hubo millones de años antes de la aparición del homo sapiens en que los animales dominaban la tierra, y la naturaleza evolucionaba de forma coordinada mediante el proceso que la había formado; las plantas creaban el hábitat y el sustento para los animales, y en la evolución de los mismos no existían interrupciones en la historia natural.

Nunca sabremos qué hubiera ocurrido de no producirse el cataclismo anteriormente mencionado; ni tampoco qué especie sería la que actualmente controlaría y dominaría la naturaleza del planeta, pues al igual que evolucionaron los mamíferos, también otras especies evolucionaban de forma incluso más rápida.

Lo cierto y verdad, es el hecho de que, el homo sapiens es apenas una especie de nueva aparición si tenemos en cuenta que la formación del planeta aconteció hace ahora 4.500 MM de años y el homo sapiens apareció hace ahora únicamente 70.000 años. El ser humano, se cree el rey de la creación, pero solamente su ignorancia y orgullo puede permitirle hacerse el dueño del planeta cuando apenas tiene hollados sus pies en el mismo, en comparación con otras especies millones de años más antiguas.

Si extrapolamos esta reflexión a la evolución y desarrollo de la naturaleza en otros planetas, hemos de seguir reconociendo nuestra ignorancia más supina; puesto que las condiciones que permitieron la habitabilidad de este planeta (oxígeno, fotosíntesis, etc..) no tienen porqué asemejarse de forma alguna a ningún otro planeta que podamos conocer superficialmente; ni tampoco a la forma o manera en que pudieron desarrollarse la vida y las especies, si es que estas existieron o existen.

Dejamos estas ideas para la reflexión, en el sentido que nos ocupa; pues otras especies animales que se desarrollaron a lo largo de la historia natural de la tierra podrían estar ahora ocupando perfectamente el lugar del ser humano, e incluso, por qué no, con mayor inteligencia o desarrollo que el que ahora nosotros poseemos.

Sin recurrir al conocimiento espiritual, es muy difícil responder a los interrogantes que arriba se plantean; pero cuando se conoce el proceso evolutivo del psiquismo humano y la aparición del espíritu en la tierra, tal como nos avanza la ciencia del espíritu, todo queda meridianamente claro.

En el estudio evolutivo del psiquismo comprendemos que los animales juegan un papel fundamental en el desarrollo del hombre; pues nuestra naturaleza psíquica debe mucho de su herencia a la formación del psiquismo animal que durante millones de años va evolucionando en las distintas especies. Veamos que dice Kardec al respecto:

“El espíritu no llega a recibir la iluminación divina que le permite la conciencia, el libre albedrío y la noción de su destino, sin haber pasado por la serie, divinamente fatal, de los seres inferiores; entre los cuales elabora lentamente su individualidad. Y es a partir de ese día cuando el espíritu toma lugar entre la humanidad”  

Allan Kardec –  Libro “El Génesis” Cap. VI

Pero es preciso resaltar que el psiquismo no es el espíritu; el primero forma el sustrato suficiente para que el segundo pueda incorporarse en una materia y permitir el inicio de su evolución y desarrollo. Y es en esta incorporación donde el psiquismo se ve modificado; al adquirir nuevas capacidades como la conciencia de sí mismo, la aparición de la inteligencia humana y el libre albedrío que lo distingue del resto de los animales. En esa modificación, el psiquismo animal pasa a formar parte del periespíritu (Ver Item. 93 Libro de los Espíritus de Allan Kardec) que permitirá el definitivo acoplamiento del espíritu.

En un primer estadio no existe apenas diferencia; el nuevo ser, se basa casi exclusivamente en su instinto para sobrevivir; con el tiempo, las experiencias y las existencias, la inteligencia irá sustituyendo al instinto como primer motor. También en un primer estadio evolutivo el espíritu, creado sencillo, simple e ignorante, asimila el entorno que le rodea como si de otro animal se tratara; pero, habiendo heredado la socialización del clan en el que se desarrolla, va modificando la misma mediante la relación afectiva con el resto de su especie que va creciendo poco a poco en su interior.

Esta relación afectiva le dota de un sentido de pertenencia a sus congéneres y, en los primeros homo sapiens, la tribu, es el lugar donde todos se protegen, se alimentan, se reproducen y se ayudan. Estos primeros hombres, nómadas e ignorantes, desarrollan entre ellos estructuras sociales que incluso hoy podemos vislumbrar en las pocas tribus salvajes que aún quedan en el planeta. Al ser eminentemente cazadores-recolectores, no tienen sentido de la propiedad privada, y el egoísmo apenas aparece más que para procurarse el mejor alimento. La naturaleza les proporcionará todo lo que necesitan para sobrevivir, y su simbiosis con la misma es la base de su supervivencia.

Con el espíritu, el sapiens no sólo habla y se comunica con sus iguales, sino que comienza a imaginar, a pensar por sí mismo, y aquí convierte su lenguaje, (hablado y gestual), en algo diferente, algo que le permite distinguirse del resto de los animales que no tienen conciencia de sí mismos ni saben utilizar su lenguaje para explicar el pasado, el presente o el futuro.

El sapiens lo hace, y con ello, con su imaginación y su lenguaje comienza el proceso que le distinguirá definitivamente del resto de especies animales y le encumbrará hacia el dominio de la naturaleza y del resto de las especies.

Todo este proceso no se inicia hasta que el espíritu encarna en el cuerpo del homínido cuyo psiquismo ya ha sido individualizado; es el momento de la intervención espiritual; y en esto consiste el trabajo de los arquitectos espirituales que, habiendo preparado las condiciones, y con la autorización de la Causa Primera, la fuente divina de la creación a la que llamamos Dios, proceden a acoplar el espíritu recién creado al psiquismo individualizado.

Y esta individualización, que viene dada espiritualmente por Dios al permitir encarnar una chispa divina de su propia esencia, tiene su correspondencia psíquica en el trabajo realizado por esos espíritus elevados que colaboran con EL en la evolución de los mundos y de las humanidades. Ellos preparan el psiquismo animal hasta que lo individualizan, una vez este ya tiene el desarrollo adecuado para albergar un espíritu. También existe una correspondencia biológica que se produce al mismo tiempo; y esta no es otra que la mutación del ADN como resultado de la individualización del psiquismo animal.

Esta modificación del ADN no es otra cosa que una mutación genética que se produce inicialmente en el psiquismo celular y se traslada a la célula biológica cuando el primero ha sido individualizado. Y esta mutación genética es la que los antropólogos de la Universidad de Chicago han descubierto en los homo sapiens de hace 50000 años al comparar los ADN de homínidos anteriores y sapiens de esa época. Este estudio fue publicado en el año 2005 , y denominado como “el eslabón perdido, Adn modificado o big-bang de la inteligencia”.

Concluimos entonces en el hecho de que el origen del hombre es claramente debido a una intervención espiritual: la creación del espíritu y su incorporación a un cuerpo grosero y primitivo previa conformación del periespíritu; pero no es menos cierto que fisiológicamente procedemos de la selección natural que la teoría evolucionista de Darwin confirmó.

Russell Wallace, naturalista y descubridor al mismo tiempo que Darwin de la teoría evolutiva, se mostró más acertado al explicar que el eslabón perdido fue, sin duda, obra de una inteligencia espiritual que produjo la inclusión de la conciencia en los animales superiores.

Comprobamos pues cómo la ciencia y la espiritualidad pueden compartir, sin problemas, paralelismos, correspondencias y evidencias que, lejos de excitar el orgullo y el exclusivismo humano, nos acerca a la verdad de nuestro origen a pasos agigantados.

En pocas décadas comprobaremos cómo este extraordinario paralelismo será uno más de los que se están evidenciando en la simbiosis ciencia-espiritualidad a la hora de responder, cada vez más certeramente, a los grandes interrogantes de la vida y de la existencia humana, del hombre y de la naturaleza.

 Antonio Lledó Flor

© 2015, Amor,paz y caridad

“Los descubrimientos de la ciencia glorifican a Dios en vez de rebajarlo; y sólo destruyen las ideas absurdas que de Dios se han hecho los hombres”

Allan Kardec

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