Educación Mediumnica

FACULTADES INSTRUIDAS

“En el momento aparezca una opinión nueva, por poco que la creáis dudosa, pasadla por el tamiz de la razón y de la lógica; lo que la razón y el buen sentido reprueban, rechazadlo con vigor, más vale rechazar diez verdades que admitir una sola mentira, una sola teoría falsa. No obstante, si hoy rechazáis ciertas verdades porque no se os demuestran lógicas, muy pronto un hecho o demostración irrefutable vendrá a afirmaros en la autenticidad.”

Erasto – “El Libro de los Médiums”- Item . 230 Allan Kardec

A lo largo de todos los artículos expuestos en esta sección, hemos ido abordando características, procesos, peligros, ventajas e inconvenientes de una facultad en el ejercicio de su compromiso espiritual.

En esta ocasión comentaremos algunos de los aspectos que se pueden conseguir con aquellas mediumnidades bien orientadas e instruidas, que trabajando de forma altruista y desinteresada, son conscientes de su misión en la tierra, e intentan llevarla con dignidad, honestidad y eficacia.

El desempeño de una facultad con acierto y coherencia, no sólo nos prepara para el día de mañana un futuro más feliz y venturoso sino que, como consecuencia de nuestro trabajo, nos ofrece una importante ventaja a la hora de partir al más allá, dónde recogeremos con creces los frutos de nuestro esfuerzo; no olvidemos nunca que Dios concede “ciento por uno” a todos aquellos que trabajan en el amor altruista y desinteresado, sea cual sea el área donde realice su trabajo (social, espiritual, profesional, familiar, etc.)

Los beneficios no sólo se recogen en el “más allá” o en posteriores vidas de mayor dicha y progreso, sino  incluso aquí en la misma vida física que disfrutamos, la ley de causa y efecto nos devuelve todo el bien que hacemos a los demás. Muchas veces, ignorantes como somos de  nuestro endeudamiento y trabas del pasado no nos percatamos que podríamos estar en peores condiciones de las que nos encontramos. A veces esto ocurre porque la justicia divina, perfecta y sabia, nos concede moratorias en la restitución de nuestros errores, al comprobar que estamos aprovechando nuestra existencia y que trabajamos conforme a la ley.

Existen innumerables casos en los que el karma se ve atenuado o suspendido de forma temporal, precisamente porque la persona que debe sufrirlo, está llevando una existencia de entrega y sacrificio por los demás y esto le permite no sólo restituir los errores de su pasado, sino también dulcificar en cierta medida aquel dolor que se había comprometido a experimentar en esta existencia.

Pero lo más importante de todo es la gran satisfacción interna que el espíritu siente, al comprobar que la misión que ha traído a la tierra se está cumpliendo bien; esta satisfacción interior que suele convertirse con frecuencia en equilibrio, armonía psíquica, física y espiritual, concede al espíritu la fortaleza moral necesaria para afrontar todas aquellas pruebas y vicisitudes que la vida le va presentando. Tanto es así que, cuando un espíritu responde a su compromiso y está en condiciones de seguir progresando, la vida, lejos de volverse acomodaticia, le presenta nuevos casos de ayuda y sacrificio, nuevos retos y trabajos, a fin de que aproveche al máximo todas las ventajas que le concede un progreso rápido como el que se consigue en la tierra.

Otro importante aspecto de aquella facultad instruida y realizadora de su compromiso es el hecho de que, al mismo tiempo que avanza en su progreso, también avanza en su facultad, tanto es así que casi con toda seguridad desde el plano espiritual le irán ampliando las condiciones y facultades propias a fin de que pueda ayudar más y mejor a todos aquellos que se desenvuelven a su alrededor. Así pues no es de extrañar que, grandes hombres y mujeres que han venido a la tierra en estas condiciones, no sólo hayan tenido una única facultad sino que esta ha sido posteriormente complementada con otras facultades, concediendo a ese espíritu una serie de atributos que se ha ganado por su propio esfuerzo.

Esta amplia visión de la realidad que poseen estos espíritus elevados, les permite no sólo ser más indulgentes, más caritativos y más altruistas sino que al mismo tiempo les faculta para realizar grandes obras de bien, a menudo anónimas, ayudando desinteresadamente a innumerables espíritus que, necesitados de consuelo, conocimiento espiritual o consejo, acuden a ellos buscando el remedio a los males que les aquejan. Y no sólo a los desencarnados, sino también a los encarnados que, atraídos por sus capacidades y acciones de bien altruísta acuden hasta ellos en busca de consuelo, esperanza y claridad.

¿Cómo reconocer a estas facultades? Es fácil; por su discreción, ejemplo moral y dedicación exclusiva al bien encontraremos aquellos espíritus en condiciones favorables para ejemplarizar con su facultad. Además de ello, el conocimiento espiritual es una constante en estas facultades. Aunque algunas de ellas no hayan recibido instrucción cultural o formación académica, el conocimiento espiritual que poseen es tan grande, que pueden desenvolverse perfectamente a su manera, aunque carezcan del complemento material de la formación académica para poder explicar y comprender mejor a los demás, algo que suplen sobradamente con la sabiduría de aquellos espíritus que les inspiran y con la sencillez de su propio comportamiento.

Lo ideal, indudablemente, es la cultura y el estudio personal, la instrucción espiritual a dos niveles, el de la experimentación de la facultad y el que nos ofrecen las obras escritas, a fin de cotejar, comprender, ampliar y desarrollar más si cabe la facultad para beneficio de nuestro prójimo. Pero todo ello, sin la puesta en práctica de la continua reforma moral apenas queda en nada; pues son los sentimientos nobles, y los esfuerzos por superarnos interiormente en nuestras debilidades, los que nos elevan por encima de la materia y nos acercan por sintonía y frecuencia vibratoria a espíritus que poseen en esas mismas cualidades.

Cuando una facultad cumple con su misión en la tierra, los amigos del espacio que le ayudan, no sólo su protector sino otros muchos, le tienen como punto de referencia, pues desde lo alto están deseando ayudar al plano material, y sabiendo que esta facultad está velando y ayudando a tanta gente; a una petición suya acuden con más frecuencia y facilidad  que a una petición formulada por otras facultades cuyo camino no es tan acertado.

De aquí que, algunas facultades tengan mayor éxito en sus peticiones, y otras se encuentren que necesitan pedir muchas veces para que desde el plano espiritual acojan su petición. Es extraordinario conocer facultades de esta dimensión, pues fortalece el ánimo de todos aquellos que, comenzando a estudiar esta doctrina o a desarrollar incipientes facultades podemos tropezar con la falta de un ejemplo a seguir y una orientación necesaria.

No todo se encuentra escrito en la codificación, pues como bien dijo Allan Kardec “el espiritismo, marchando con el progreso nunca se desbordará pues si nuevas verdades le demuestran estar equivocado sobre un punto se modificará sobre ese punto y si nuevos conceptos se revelan a la humanidad los aceptaría”. Con gran sentido común, Kardec sabía que la evolución humana es imparable y que nuevas facultades surgirían con el paso del tiempo,  nuevos conceptos filosóficos, científicos y nuevos desarrollos de la mediumnidad que en el siglo XIX eran impensables.

Así pues, la experimentación de estas grandes facultades instruidas son tratados espirituales sin escribir, que no quedarán para la posteridad, pero sí calarán hondo en aquellos que sean receptores de esos conocimientos que no están escritos en ningún sitio y forman parte de la propia evolución del ser espiritual cuando alcanza niveles de progreso y evolución elevados. Y si bien el ejemplo de su ejercicio responsable y altruísta en la mediumnidad servirá a muchos que comienzan; no es menos cierto que estas personas brillarán más en la memoria por sus cualidades morales, nobles sentimientos y amor al prójimo en el diario vivir de su existencia terrena.

Hemos comprobado algunos aspectos importantes de aquellas facultades instruidas que, aprovechando la oportunidad de progreso que Dios nos brinda cuando nos concede una facultad, saben llevar a buen puerto la misión encomendada dejando tras de sí la huella de vidas ejemplares de amor y sacrificio altruista.

Antonio Lledó Flor

 

© 2015, Amor paz y caridad

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