Trayectoria íntima del alma

UN EJEMPLO ÚNICO PARA EL ALMA

Continuando la serie de esta sección, en el capítulo anterior mencionábamos que el alma humana, después de un largo periodo de oscurantismo, violencia y primitivismo, necesitaba una nueva era, un ejemplo en el que mirarse, un paradigma que abrazar para seguir ascendiendo en su trayectoria.

Puesto que el alma progresa mediante la inteligencia y el sentido moral, y este último estaba profundamente estancado, se hacía necesario una revolución única, personalizada y con una referencia incuestionable. Ante esta coyuntura, los mentores espirituales que dirigen con sabiduría el progreso de las almas en este planeta recurrieron al amparo del auténtico gobernador espiritual del globo, el cual contempló las necesidades evolutivas y comprometió su propia condición para ser ÉL MISMO el artífice de tal revolución moral.

Decidió encarnar en el planeta para ser ese paradigma, esa referencia del Amor De Dios que sirviera de guía a las posteriores generaciones y las almas tuvieran dónde recurrir y cómo alcanzar mayores niveles de progreso moral. Instauró así un código ético-moral todavía no superado ni comprendido en su totalidad por los hombres, dos mil años después.

Con Él se dividió la historia, por Él los hombres todavía discuten y se enfrentan, pero también por Él se aman y se reconcilian, se perdonan y se ayudan, se encuentran y se convierten en prójimo. Se convirtió así en un ejemplo único para el alma humana.

En esta serie de artículos sobre la trayectoria íntima del alma era preciso hacer referencia a Él; sin duda el mayor ejemplo del que la humanidad tenga constancia sobre la pureza del alma. Por ello, aunque en esta sección presentamos una visión intimista del alma a través de sus etapas en las diferentes épocas de la historia humana, es necesario reconocer la enorme influencia que tuvo en ello la venida de Jesús de Nazaret a la Tierra.

Al igual que el hombre de la caverna imitaba por mimetismo y observación a los animales en sus primeros comportamientos, el alma del hombre, después de la venida de Jesús, ha tenido el ejemplo que necesitaba para su regeneración y ubicación en el camino recto que conduce a su sublimación y plenitud.

Era preciso desterrar el egoísmo y la violencia a través del perdón y la entrega desinteresada; y en ello, el campeón con diferencia en la historia de la humanidad es Jesús de Nazaret, pues entregando su vida por Amor a la humanidad, en el acto supremo de su muerte solicitó el perdón para aquellos que le ajusticiaban.

Una nueva era de Luz llegaba a la Tierra para que el alma del hombre reconociera en ella lo que es realmente: un espíritu inmortal creado para la felicidad y el Amor. Tantos siglos de oscurantismo habían debilitado el alma del hombre en aquellos atributos divinos que atesora (perdón, generosidad, entrega, sacrificio, abnegación, etc.) 

El ejemplo del divino Maestro de Nazaret vino a reactivar esta gran verdad; como él mismo dijo: “Lo que yo hago, vosotros también podéis hacerlo. Sois dioses”. Con ello se refería a la naturaleza intrínseca del alma inmortal, para la cual nada es imposible si se lo propone, pues al ser creada por Dios goza de la esencia de la inmortalidad y a ella está destinada.

Jesús vino a recordarnos lo principal, que transmutando el odio por Amor y la venganza por el Perdón, no sólo nos elevamos por encima de lo material, sino que liberamos nuestra alma de la pesada losa del primitivismo ancestral, del resentimiento y la violencia, alcanzando de ese modo la Paz interior que precisamos para continuar nuestro recorrido con paso firme hacia la perfección y la plenitud:

“Sed perfectos como mi Padre es perfecto; y como mi Padre trabaja hasta hoy yo también lo hago”

En esta frase vuelve a marcar el camino del alma; caminar hacia la perfección con el desarrollo de las virtudes, eliminando los defectos ancestrales arraigados en nuestra alma. 

Pero ello sólo se consigue con el esfuerzo, con el trabajo sincero, noble y desinteresado en el bien; por ello remarca que su Padre (Dios) sigue trabajando y creando hasta hoy, y que Él hace lo mismo, invitándonos a seguirle en la lucha y el trabajo necesario para la elevación de nuestra alma inmortal.

Era necesario presentar este artículo con el inciso que supuso para la trayectoria del alma inmortal el ejemplo del Jesús. Algunos ven en él el Maestro del dolor, creyendo que el sufrimiento vicario que experimentó nos salva a todos de nuestros errores y faltas. Nada más alejado de la realidad; sus hechos y sus palabras, como las explicadas arriba, son la prueba evidente de que nada se consigue sin esfuerzo.

Es preciso, pues, trabajar en nuestra alma, en nuestras posibilidades de perfección y desarrollo moral; pero muchos se preguntan ¿es posible ser perfecto en una sola vida? Evidentemente, no. Jesús también lo dejó dicho y escrito: 

 “Sed perfectos como mi padre es perfecto” y “Para alcanzar el reino de los Cielos os es preciso nacer de nuevo”. 

Con esta frase sentenciaba con claridad la trayectoria inmortal del alma a través de la Reencarnación; pues son necesarios miles de años y muchas vidas en la carne para rectificar errores, trabajando y alcanzando los mayores niveles de  evolución y desarrollo moral que nuestra alma necesita para su auténtica liberación y plenitud.

Todo en Él es esclarecedor respecto a la trayectoria que le espera a nuestra alma inmortal; y precisamente por ello era necesario e imprescindible mencionar en estas líneas que, no sólo su palabra y su obra, sino fundamentalmente su ejemplo fue lo que plasmó la veracidad de sus palabras en su venida a la Tierra.

Aquello que dijo lo testimonió con su vida, y demostró además que el alma inmortal necesita de Dios, su creador, pues este es el que la dota de los recursos y talentos necesarios (los atributos latentes) que lleva implícitos en su interior y que la encaminan con el tiempo y la certeza más absoluta a la sublimidad y la felicidad.

Este ejemplo de Jesús iluminó el pensamiento del hombre, cambió la historia de la humanidad, abrió una era de Luz que todavía no ha terminado, y dejó establecido que más pronto que tarde se avecina una nueva etapa en la trayectoria del alma: su ascenso a un mundo superior donde la maldad ya no exista y sea más fácil la lucha contra la imperfección que todavía nos domina.

Esta advertencia del Maestro Galileo hemos de tomarla al pie de la letra para no perder el tiempo; pues cómo Él mismo dijo, “yo, como mi Padre, también trabajo hasta hoy”, lo que equivale a invitarnos a no perder el tiempo en la reforma y esfuerzos por mejorar la condición moral de de nuestra alma inmortal.

Un ejemplo único para el alma por:  Antonio Lledó Flor

©2018, Amor, Paz y Caridad

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